El encierro en la casa de los Black se había vuelto algo mejor para Sirius. Llevaba ya más de un año encerrado y únicamente salía para misiones de sigilo en las que se transformaba en perro y vagaba por las tierras en busca de señales de mortífagos.

Dumbledore había entrado en razón y le permitía aparecer en batallas siempre que los aurores del Ministerio no estuviesen presente. Eso le permitía desfogarse bastante pero no era suficiente. A menudo volvía a estar dentro de la casa de su infancia, atrapado y solo. Únicamente tenía a una niñata engreída que le recordaba a su prima Narcissa y a su "pareja" que solía venir a verle y a intercambiar fluidos.

Sirius no estaba amargado. Tenía a Harry, Remus, Amelia y muchos miembros de la Orden que venían a menudo a traer malas noticias pero aun así le hacían compañía. Sin embargo, poco a poco su moral iba cediendo. Cada vez que paseaba por estos pasillos podía ver a sus habitantes de hace veinte años y le recordaba cómo había fallado con aquella rata. Debió haberla matado cuando pudo.

El tiempo que estaba solo daba vueltas por la casa, se encerraba en alguna habitación donde lloraba o bebía. Grimmauld Place siempre había tenido importantes cajas de vino de alta calidad. Durante casi dos años esas existencias se estaban agotando. A menudo tenía que decirle a Molly o a Kreacher que trajesen algo que beber. Incluso Mundungus a quien consideraba un alcohólico delincuente le ofrecía líquidos corrosivos que aceptaba sin dudar. Estaba seguro de que cada habitación tenía al menos una caja de alcohol escondida.

Miró detenidamente la foto sobre su cómoda. Los Merodeadores al completo, o casi ya que había eliminado a Peter en cuanto pudo. Su cuarto tenía cientos de fotografías de chicas muggles desnudas y motocicletas. Imágenes que ni siquiera él podía retirar. La magia usada en su adolescencia era lo suficientemente fuerte como para que nadie pudiese eliminarla. Tampoco recordaba los encantamientos así que de nada servía.

Se sentó en la cama y examinó multitud de cartas tiradas por el suelo. Algunas rotas, otras sin abrir. Sospechaba que muchas de esas cartas tenían décadas, el pergamino amarillento le decía de donde venían esos papeles.

Miró una carta y pudo ver fotos amarillentas en movimiento. Chicas enseñando el sujetador o mostrando su trasero. Aun recordaba cuando había acompañado a su padre al Callejón Knockturn para ir de putas. Orión podía ser un mago sin escrúpulos en muchos aspectos, de eso estaba seguro, incluso un pirado dispuesto a creer las cosas más horrendas. Lo que sabía de su padre era que nunca le había puesto una mano encima. El hombre le lanzaba maldiciones pero nunca causaban daño. Gracias a él resistió el Imperius con diez año y había logrado permanecer cuerdo sus primeros días en prisión.

Mientras observaba los papeles sintió que algo se movía por la casa. La magia parecía responder ante una perturbación extraña. Irritado dijo—Kreacher que ocurre…—el elfo se personó hizo su referencia y afirmó con rotundidad—La casa Black tiene una nueva madame…—el elfo parecía incluso feliz, algo que agobio al hombre mucho.

Se levantó rápidamente dispuesto a ir a la sala del tapiz y ver quien había tomado el manto de Lady Black. Su padre le había legado el título pero era un presidiario que aún no había sido perdonado por lo que comprendía que su título no se registrase en el Ministerio ni en el árbol. Sospechaba que se trataba de Harry. Bajó las escaleras pero antes de que pudiese descender más escuchó lo que siempre había deseado oír. Necesitaba esto más que nada.

—Vaya Vaya…Te ves más viejo Siri—bromeó una voz femenina que se acercaba desde las sombras por detrás suya. Había estado esperando a que pasase. Sonrió ante esto y se dio la vuelta con lentitud.

—Te divertiste en la Madriguera…Fue una buena actuación—declaró Sirius sonriendo al haber visto como la casa de los Weasley era seriamente dañada por un simple hechizo—¿Viniste a derribar la casa? No te detendré…

—¿Querrías eso? La casa Black sobre tus hombros—ambos rieron mientras se miraban esperando un ataque que sabían que llegaría—¿Y tú zorra pelirroja? —vaticinó la bruja—¿Se asustó?

Sirius respondió con tranquilidad—No le diste oportunidad de venir…Por cierto, ¿Cómo habéis entrado? —la casa era infranqueable. La perturbación que había sentido, eso debió de haber abierto el flu para que estas brujas pudiesen aparecerse.

La mujer ladeó la cabeza pensando y dijo—Tú querido ahijado quería tener tiempo de calidad con la tía Cissy…Lo llevan en los genes supongo—espetó con alegría mientras miraba a Sirius quien se apoyó en la pared pensativo y luego dijo—No puedo negarle el derecho…follarse a la madre de su rival de la infancia…Debe de ser reconfortante—la crueldad en su voz hizo que Bella se lamiese los labios.

—Estoy segura de que no sufrirá daño…Ahora volvamos a lo nuestro—indicó la bruja. —¿Lo nuestro? —dijo Sirius con algo de inseguridad. —Sí. Mi conjuro se desvió…está vez no lo hará—un arremetida de su varita envió al hombre volando contra la pared—Tuviste que molestar hasta en tu lecho de muerte, Siri…El velo tu hubiese matado…está vez no lo tendrás tan fácil…

Sirius se levantó furioso y dijo—Soy masoquista querida…Azkaban te hace eso supongo—llamas surgieron de su varita y comenzaron a quemar todo el pasillo. Las llamas fueron detenidas y luego comenzaron a asfixiarse bajo un viento oscuro que se frenó rápidamente.

—Por fin tendré un digno oponente…Me aburría de pelear contra niños—asqueada mientras lanzaba maldiciones que rompieron paredes. Sirius las esquivaba correteando, su velocidad le permitía no solo esquivar sino intentar preparar una batalla tras una esquina. Una maldición destruyó la esquina lanzando el ladrillo por los aires. Decidió contratacar y ambos se batieron a duelo. Un duelo que únicamente consistía en lanzarse maldiciones explosivas y esquivar.

—Vamos tú puedes hacerlo mejor—instó Sirius mientras lanzaba ráfagas de maldiciones que estaban consiguiendo ensanchar el angosto pasillo. Las habitaciones a los lados se estaban convirtiendo en montañas de refugios—Siempre me gustaron las casas espaciosas…Eres una maquina en decoración…—rió mientras golpeaba con un nuevo maleficio que consiguió tirarla al suelo. Avanzó a por ella para quitarle la varita y la encontró tirada en el suelo intentando levantarse.

—Seré breve…—instó Sirius mientras apuntaba a la frente blanca de la bruja cubierta de cabellos negros rizados.

Sonriendo como una desquiciada, dijo—Hazlo suave Sirius…—el hombre contrajo el rostro mientras ella pateó por un momento golpeando al hombre y consiguiendo reponerse—¿No te enseñó papa a matar y luego preguntar?

—Muggles, no hermosas brujas—dijo el merodeador riéndose mientras azotaba su varita para crear serpientes que comenzaron a ir a por la bruja. Un resplandor verde asesinó a las criaturas antes de que pudiesen morderla—¿Hermosa?

—Sí. Pero Voldemort le pone mejor entonación a la maldición asesina—ridiculizó a ambos y el duelo siguió.

Mientras el duelo seguía por los alrededores del segundo piso, Sirius revivía lo ocurrido aquel día cuando tenía trece años. Aun podía sonreír al recordar cómo había deseado destruir esa caza, ahora al menos estaba cumpliendo su sueño.

Se encontraba en su cuarto hablando con James por su espejo de doble vía cuando su padre entró al cuarto con una mueca de seriedad y vacilación. Al contrario que su madre, Orión Black nunca había entrado a reñirles o a requisarles algo. Ni siquiera les pegaba desde que habían cumplido once años. Suponía que el hombre sentía temor de sus propios hijos una vez que pudiesen usar magia por sí mismos.

—Sirius, ven conmigo—arrastró las palabras mientras guiaba al chico escaleras abajo.

—Siempre tan hablador—espetó el chico sonriendo por poder fastidiar mientras bajaba las escaleras junto a su progenitor—¡No le hagas caso a mamá! Solo hechice a ese chico porque era un sangre mestiza—dijo sin ningún disfrute. Orión sonrió ante eso vagamente—Veo que no has olvidado las viejas formas…céntrate en sangre sucias hijo…En tu casa de Hogwarts hay bastantes.

Cerró los ojos con fastidio mientras murmuraba—Son insignificantes padre…la mayoría de ellos no son capaces ni de avivar una cerilla…—Orión sonrió más ante eso. Sirius continuó diciendo—Pete apenas logró este año pasar de cerillas a agujas…a veces es tan lento.

—¿Pettigrew? —sostuvo su padre—Su familia nunca fue la más hábil. Puedes divertirte pero no me traigas demasiado problemas…recibo cartas de esa vieja bruja cada semana—suspiró con agobio.

—¿Si me expulsan? —dijo el chico con algo de temor. A menudo James y él procuraban que sus bromas no sobrepasasen cierto umbral por temor a la expulsión. Orión simplemente dijo—Creo que Dumbledore no podrá hacerlo…ese viejo brujo quizás desee echarte pero el dinero compra voluntades hijo…Además tengo entendido que el hijo de Potter—lo dijo con asco—es amigo tuyo…Nadie se opondrá a eso…

Tragando saliva por las implicaciones, dijo—¿Podré atacar a Quejicus sin ningún problema? —Su padre tragó saliva mientras le decía—La contención es importante Sirius…así como la responsabilidad—se pararon frente a una puerta que daba al dormitorio de matrimonio de su padre—Ha llegado el momento de que entres de lleno en la familia y dejes de ser un niño a mis ojos…Tus primas necesitan disciplina Sirius…ayer fui informado de que Andrómeda se fugó con un nacido de muggles. —el chico tragó saliva con temor—No podemos dejar que eso ocurra…

El chico sabiendo como funcionaban las cosas en su familia, vaticinó—Padre…soy incapaz de realizar una maldición Cruciatus…Demasiado pequeño—instó a evitar eso. Su padre una vez más dijo—No usaras esa varita hoy, hijo mío. Te harás un hombre hoy…

Tragó saliva con nerviosismo y dijo—Pero…pero…Bella es mayor que yo y ella me…—tuvo miedo ante la idea de perturbar a su prima de alguna manera. Si bien disfrutaba de molestarla también sabía que era peligrosa y lo odiaba un poco.

—Se someterá…eres un Black. No hay nada más puro que un Black—instó el hombre a su hijo—Además—contuvo la sonrisa y le dijo—es virgen… ¿quieres acabar con eso? —Sirius tuvo una erección momentánea, luego se tranquilizó y le dijo—Cumpliré con mi deber—se lamió los labios mientras entraba en el cuarto para hacer lo que debía. Su devoción a esas creencias era nula pero al menos se aprovecharía de su posición.

Dentro estaban sus dos primas. Con actitudes muy diferentes. Narcissa parecía asustada, la chica era joven, inmadura y a pesar de estar en su año no era demasiado sociable con nadie. Únicamente correteaba con su grupito de amigas sangre pura. Era una chica adorable y querida por todos por lo que habitualmente se libraba de sus bromas. Esa actitud parecía haber muerto en ella tras la fuga de su hermana mayor. Parecía alicaída y respiraba a grandes bocanadas.

Bella lo mirada con una mueca despectiva como si esperase algo más. No parecía demasiado disgustada por la situación aunque tenía una mirada extraña en los ojos, como de añoranza. Sirius pasó rápidamente por ambas adolescentes mientras observaba sus ropajes. Parecían recién sacadas de la cama en pleno verano. Narcisa llevaba un pijama azul que cubría todo su cuerpo mientras que Bella dormía con una simple bata negra que cubría su cuerpo.

—Empecemos lento—dijo Orión sentándose en una silla observándolo todo—Narcissa siempre disfrutaba de sus sonajeros y sus juguetes…se los llevaba todos a la boca—recordando tiempos pasados—Se bebía los biberones de una…—Sirius se quedó pensativo mientras pensaba en cómo sería él cuando era un bebe. No comprendía a que venían esos viejos recuerdos—Dale uno a ver si sigue así…Sirius saca tu pene—el chico comprendió a que se refería e instantáneamente sacó su rabo frente a la rubia. Si bien era un adolescente no tenía una mente tan pervertida como su padre.

El pene del chico salió y se quedó estático, a la espera de lo que sucedía frente a él. Podía ver cómo sus dos primas observaban su miembro con temor y deleite. Un simple gesto de su padre provocó que la pequeña rubia se adelantase unos pasos y comenzase a lamer la cabeza bulbosa. El placer fue inmediato a pesar de los débiles que eran las caricias. Narcissa se dedicaba únicamente a lamer y poco más. Lo máximo que llegó a hacer fue poner sus labios en la cima y hacer ventosa mientras su lengua lamía. Parte de las gotas que el pene comenzaba a echar acabaran en la lengua de la bruja que seguía haciéndolo.

Al cabo de unos minutos el esfuerzo que la bruja hacía se volvió inútil. Sirius suspiro de alivio al evitar correrse y quedo quieto pensando en sus casos mientras con su mano masajeaba la cabellera platina de su prima. Bella lo observaba pensándose si actuar o no, mientras que su padre observaba la timidez de la chica con algo de desasosiego.

—Podría levantarme cada mañana con esto—dijo Sirius sonriendo con una burla, ganándose una reprimenda de su prima mayor. Orión agarró una copa de vino de un estante y tras beberla, instruyó a su hijo—Podrás hacerlo…durante un tiempo al menos. La tradición dista que siempre que sea posible deben comprometerse entre Blacks como yo y tu madre.

Sirius abrió los ojos ante esto mientras pensaba en las implicaciones a futuro. Si Andrómeda se iba, eso significaba que acabarían casándolo con Bella. Podía admitir que dentro de las hembras sangre pura que su familia aprobaría, Bellatrix estaba en el top superior. Aun así, no podía imaginarse teniendo hijos o manteniendo conversaciones normales con su prima. Sospechaba que su padre evitaría eso, a sabiendas de que su prima podría matarlo.

Orión leyó sus pensamientos y dijo—Por desgracia de la familia, esa tradición no siempre se ha seguido. Yo particularmente estoy convencido de que si eso sucediese podría resultar en serios problemas…los Black somos intensos—Sirius leyó eso como locos. Su padre hacía bien en dudar de matrimonios entre primos hermanos—Muy bien, Cissy retírate…—la chica se lamió los labios y dio pasos atrás, manteniéndose arrodillada.

Sirius acarició el cabello y el rostro de la bruja que estaba sonrojada—No seré duro con ella, tranquila…Si eso te gusta podrás despertarme cada día…—al ver eso Bella rápidamente abrió su bata desvelando su cuerpo más desarrollado. Su pene húmedo pedía acción y la bruja no parecía demasiado contrariada. Se abrió de piernas frente a él en una muestra extraña de sumisión.

—No. A cuatro patas—dijo el chico soñando despierto. Bella extrañamente no se opuso y de un empujón brutal desvirgó a su prima. Tras eso paso horas dándole duro, tanto que su mismo padre tuvo que decirle que parase o ni las pociones anticonceptivas funcionarían.

Sirius se marchó tras un azote mientras murmuraba—Os espero en mí cuarto mañana—miró a Narcissa y le dijo—Instruye a tu hermana en mamar…—la rubia observó cómo el cuerpo de su hermana yacía maltratado sobre la cama, llena de semen y con el rostro en una mueca de ilusión.

Sirius salió de sus sueños mientras esquivaba un maleficio de nuevo. Las maldiciones habían dejado de ser pasatiempos hace tiempo. Su prima intentaba ahogarlo usando algo similar a un látigo que salía de su curvada varita. Maldijo en voz baja al desconocer ese hechizo e intentar resistirse físicamente. La bruja no esperaba el tirón y acabó en el suelo de nuevo quejándose del dolor de espalda.

—Siempre a lo muggle…Eres despreciable—ella misma había visto el empujón que le había dado a Lucius en el Ministerio. Ahora ella, con peor complexión física podía apreciar la fuerza de su primo.

Sirius se quitó eso del cuello y usando sus pies, procedió a patear a la bruja. Viéndose superior físicamente, Bella se quedó estática a la espera de lo que ocurría. La bruja estaba bajo él, observándolo a la espera. Sonriendo dijo—¿Recordando viejos tiempos, Siri?

El hombre la golpeó con el puño antes de agarrar su varita y proceder a asegurarla con un par de cadenas. No le dio tiempo, la mujer hizo fuerza y consiguió montarlo. En esa posición, con ella encima Sirius solo tenía una oportunidad. Una, que se estropeó por los mandatos que su pene pedía. Su polla pulsaba contra el cuerpo de la bruja y ella rio ante eso.

—¿Siempre tan juguetón Siri? … ¿Los rumores sobre los gustos zoofílicos de Bones son verdad? —la risa ponía de los nervios al hombre que no podía resistirse ante el trasero de su prima, quien disfrutaba moviéndolo sobre su entrepierna. Era guerra psicológica que no podía evitar.

—¿Cómo has entrado? —instigó Sirius—Nunca pensé que tendrías ovarios para asaltar la sede de la Orden…

La bruja volvió a reír, y proclamó a chillidos—¿Hay alguien de la Orden aquí, pequeño? Me parece que no…—proclamó tras fingir pensar por unos momentos—El ataque a esa fábrica de conejos pelirrojos fue bastante útil…

—¿Cómo atravesaste las barreras? —indicó el hombre. La mujer pensativa dijo—Igual que aquí, pequeño perrito—acarició el cabello sedoso de su primo y dijo—La pequeña Daffy fue de excelente ayuda al avisarnos sobre las barreras y al permitirnos entrar aquí…

Sirius sonrió al decir—¿Entrar? ¿Y salir?

Bella contuvo las ganas de darle un tortazo por esa risa tan estúpida—¿Por qué querría salir estúpido? Solo estáis tú y Potter…junto a la próxima difunta Lady Black…

—¿Difunta? ¿Vas a matarla después de ayudaros? Supongo que has aprendido trucos de tu amo, prima—instigó el hombre. Bella le sostuvo la mirada—¡Solo puede haber una Lady Black! ¡Tomaré el título que tu padre hubiese querido! ¡Asesinaré a todos los que se entrometan!

Sirius miró a su prima y pudo ver su locura. Con algo de pensamiento, intentó darle la vuelta a la situación—Debiste empezar con la chica…mientras tenga el poder podrá dejar entrar a cualquiera. Maneja las protecciones de la casa…puede expulsarte de la familia…

La mujer arrugó la nariz y declaró—Andy la está buscando por el primer piso. Esa pequeña morirá pronto y Potter la seguirá después…—tragó saliva y cuestionó—¿Y yo? —siempre le gustaba saber qué pasaría con él durante las sesiones de tortura grupal. La dama oscura pensó antes de contestar—Permanecerás encerrado en la casa junto a mí y a esa zorra de Bones…ambos seréis perfectos juguetes para mí…Repoblaremos el mundo mágico con hermosas brujas sangre pura Sirius—no le parecía un final particularmente amargo.

—¿La dejará vivir? —instó Sirius. Bellatrix se encogió de hombros al decir—Puede que acabe tan destrozada que ni siquiera querrás follarla pero qué más da…nunca fue indispensable.

Sirius suspiró y pensó por un momento—¿Qué hacemos mientras tanto? —estaba atrapado y con el brazo inmovilizado. No podía hacer nada, convertirse en perro sería un suicidio ya que la bruja podría acuchillarlo rápidamente. Bella se posicionó mejor sobre el pene y comenzó a sacarlo de su confinamiento—Ya que estamos aquí…—comenzó a botar y Sirius por instinto siguió la cabalgada sin ningún temor dejándose llevar por el placer que la bruja brindaba.