¡Hola!
Quería aclarar algunos errores que atrapé:
-Error del timeline en capítulo 5: Naruto habla llegado un mes después del breakup solo era 1 semana
-Tsunade no es la Hokage, es Kakashi. Creo que no he sido muy consistente porque tengo fics donde ella lo es, y me confundo.
Si hay otras cosas que no tienen sentido, no duden en señalarlas :)
Open Relationship
Capítulo 8
Tres días se fueron volando. Sakura la miró de lado cuando divisaron Konoha. Ino siguió caminando. Su estómago se hizo un nudo. Un mes atrás había huido de todos sus problemas, hoy regresaba no solo a enfrentarlos, sino a solucionarlos. Estaba resuelta en su decisión de volver a Konoha, a ellos, pero eso no le quitaba los nervios.
—Ya casi estamos ahí, ¿puedes? — preguntó Sakura alcanzándola. Ella solo asintió. Caminaron en silencio, media hora más. Cuarenta y cinco minutos si Ino reducía la velocida. Sakura la miró con reproche cuando lo intentó. Ino puso los ojos en blanco, pero continuó a su ritmo normal. Treinta minutos sería.
Reconoció su silueta incluso antes de que las puertas de Konoha fueran más que una imagen borrosa. La estaba esperando. La había sentido venir. Ino no estaba segura de que podría ocultar su embarazo de él. No estaba lista.
Una vez en las puertas Sakura simplemente estrechó su mano en la de ell e inclinó la cabeza a Naruto como único saludo. No quería robar protagonismo. Ino y Naruto necesitaban ese tiempo para ellos.
Quedaron solo ellos, con excepción de los guardianes de las puertas. Dos pares de ojos azules, diferentes en sus tonalidades, se encontraron. Ino sintió su corazón encogerse lo notó más delgado, prominentes ojeras bajo sus ojos, su cabello estaba más largo. No se veía como alguien que estuviese bien. Y aún así, sus ojos destellaron lo mucho que la había extrañado.
—Camina conmigo — pidió Naruto. Ino dudó por un minuto. —No, claro que no querrías caminar, llevas tres días caminando.
—No, no es eso — encontró su voz al fin — Caminar suena bien.
Naruto ofreció llevar su morral, pero Ino insistió que podía con él. La verdad, quería deshacerse del peso en sus hombros, pero tenía miedo de que su piel rozará la de él, transmitir lo que su boca no podía decir.
—Naruto yo…
—Ino, lo…
Los rubios hablaron a la par.
—Tú, prime…
—¿Puedo ir pri…
Hablaron a la vez de nuevo. Los dos rieron incómodamente. Naruto se rascó la nuca. Los dos rubios más estrepitosos de Konoha reducidos a un manojo de nervios que les quitaba el habla. Quien diría que algún día se verían en esa situación.
—Sí, puedes ir primero — concedió Naruto. Llegaron a un claro, eran solo ellos. Naruto la guió a un árbol muy conocido para los dos. Saltaron a una de sus ramas, sentándose a pocos centímetros del otro.
—Naruto, lo siento por esa noche. En verdad no debí violar tu confianza de esa manera.
—Está perdonado. Entiendo porqué lo hiciste. Tenías razón de sospechar, te estaba escondiendo algo — volteó la cabeza para verla — Yo también te debo disculpas Ino. Nunca debí dejar de hacerte sentir especial.
Sus hormonas de verdad que estaban descontroladas porque esas simples palabras la hicieron romper en llanto.
—No, Ino, no llores, por favor — Naruto de verdad que sonaba como un niño vulnerable que estaba muy preocupado, le causó aún más ternura a Ino. Ese era parte de su carácter que amaba, su manera tan optimista de ser, alegre, y a la vez tan sensible y considerado de las emociones de los demás. Lo quería abrazar, a lo mínimo agarrarle de la mano, pero le conocía. Sabía que si Naruto se enteraba de su embarazo la elegiría an ella, pero Ino deseaba ser escogida por quien era no porque llevaba dentro a su bebé. A esta proximidad era muy probable que él pudiese sentir las diferencias en su flujo de chakra, pero Naruto no se podría callar algo así, por lo cual se inclinaba a creer que aún no lo había notado.
—Son lágrimas de felicidad — le aseguró, con el dorso de su mano más cercana a él se limpió los restos de gotitas salinas de las mejillas. —Era lo que te quería escuchar decir
—¿Recuerdas la primera vez que vinimos a este árbol?
Ino asintió. Este árbol donde sentaban había sido en el pasado un refugio para Naruto de niño. Desde donde estaban podían ver el monumento de los Hokage a lo lejos. Ya estaba anocheciendo así que empezaban a encenderse las luces a lo largo de la aldea.
—Eres la única persona que he traído aquí— confesó Naruto trazando con su pulgar las iniciales N I que habían tallado en el tronco del árbol casi dos años atrás, junto a esa misma rama donde se sentaban ahora.
Esto conmovió a Ino. Estaba viendo al hombre del que se había enamorado.
—Sasuke piensa que deberíamos estar todos juntos — parecía un brusco cambio de tema, pero Ino sabía que tenía todo que ver con lo que hablaban antes. Ella compartió que Sakura había tenido la misma idea — Y si tú quieres, es algo que haría. Pero no quiero volver a hacerte sentir que no eres especial.
Ino contempló lo que acababa de decir
Al igual que ella, Naruto tenía dudas sobre "formalizar" su relación con la otra pareja. No serían una relación abierta, más bien una relación de cuatro. Al igual que ella, era algo que él quería , pero Naruto estaba dispuesto a no aceptar para ponerla a ella primero. Saber esto la llenaba de amor por él.
Notó que Naruto buscaba algo en el bolsillo de su pantalón, pero nada la pudo preparar para lo que sacó de él. Una pequeña y simple banda dorada.
—No es mucho, y algún día espero poder cambiarla, pero este último mes sin ti ha sido el peor de mi vida, me ha hecho entender que no quiero pasar un día sin ti. Ino Yamanaka, ¿quisieras ser mi esposa?
—Na-Naruto— las palabras se ahogaron en su garganta. Esto era demasiado. Era lo que quería escuchar de él, ¿pero que significaría para Sakura y Sasuke si ellos se comprometieran? Su corazón estaba latiendo desenfrenadamente.
Ojos azules la miraban con expectativa, su mano buscó la suya, pero Ino la apartó. Él estaba haciendo esto por ella. No porque llevaba un hijo suyo dentro, no porque ella lo había pedido, por ninguna otra razón más de que la amaba. E incluso así no podía tocarlo, no aún. Su corazón estalló de felicidad y a la vez se encogió con ansiedad.
Desde su conversación con Sakura en Suna pensó que había tomado una decisión, luego las palabras de Kiba le habían dado pausa, pero en su camino de regreso de Konoha había encontrado la resolución que creía correcta, y ahora Naruto estaba frente a ella pidiéndole matrimonio, causando otro revuelo interno. ¿Qué era lo que ella quería?¿Cuál era su decisión?
Naruto se veía nervioso y es que su silencio se había alargado de más. Pero no podía llegar a una conclusión.
—¿Puedo pensarlo? — Naruto asintió, pero Ino se percató de la tristeza qué pasó rápidamente por sus ojos.
—Claro que puedes pensarlo, Ino — respondió alegremente, su sonrisa característica enmascarando su decepción — Debes estar cansada de tu viaje, debí esperar. Vamos, te caminaré a casa.
Se guardó el anillo en el pantalón y saltó de la rama al suelo. El camino a casa se fue en silencio, aunque no incómodo. Fiel a su palabra, la acompañó a su apartamento, e Ino no pudo evitar la ligera punzada de tristeza que le causó que casa no fuese el apartamento de él que compartían. Sin embargo, no dijo nada, en realidad necesitaba un tiempo a solas. Tenia mucho que procesar.
~.~.~.~
Tenía mucho que hacer. Demasiado que hacer. La floristería tenía instalado regadores automáticos, al igual luces automáticas que imitaban luz solar para las plantas con mayor necesidad de luz de la que entraba al invernadero, y además había encargado a un primo lejano venir a chequear las plantas más delicadas una vez a la semana. Pero incluso con todas esas medidas, la floristería necesitaba de al menos uno o dos días enteros de trabajo para estar en completo orden. Eso sin contar el número de pedidos que tenía atrasados y los que empezaría a acumular mañana cuando abriese oficialmente la tienda.
Colocó sus largas hebras rubia en una trenza de raíz , ató uno de sus delantales blancos a la cintura, arregló su kit de jardinería y se puso manos a la obra. Amaba crear arreglos florales, el acto de crear algo hermoso que además traería alegría a alguien al momento de ser entregado era tan satisfactorio para ella. Pero el arte de la horticultura, el cultivar, cuidar, y mantener pequeños ecosistemas, ya sea un jardín, una huerta casera, o un invernadero completo, era de lo más gratificante. Le daba un sentido de propósito y le traía paz. Tenía gratas memorias con su padre, quien le enseñó todo lo que sabía, de rodillas llenas de tierra, la sensación del sol en su nuca, el aroma terroso que los envolvía, manos grandes sobre las suyas de niña enseñándole cómo agarrar los instrumentos, risas, lágrimas, silencio… era su lugar seguro. También la ayudaba a desconectarse o a meditar, dependiendo de lo que necesitaba. Si se sentía abrumada podía concentrarse en actividades más técnicas como distinguir entre maleza y planta, desmalezar a las especies invasoras; el riego de las diferentes plantas, recordar que necesitaba que y a qué medida. Si quería desenmarañar algo en su mente que le pesaba, entonces daba prioridad a tareas más físicas como mover sacos de abono, transportar plantas que necesitaba más espacio, podar, sembrar…
Actualmente se sentía en una encrucijada, estaba al centro de dos caminos. ¿Quería pensar o quería desconectarse? Su conversación con Naruto muy presente al frente de sus pensamientos, su propuesta de matrimonio, la decisión sobre abrir la relación oficialmente a más que sólo sexo y lo que Naruto pensaba de esa idea, el no haber compartido las noticias de su embarazo con el padre de su hijo, la paternidad del bebé de Sakura, que pasaría si Naruto también era el padre, ¿convendría estar mejor todos emparejados de este ser el caso?
Era demasiado para una persona. Su mente empezaba a sentirse como un mercado público: llenísimo, y con cosas que llaman tu atención de todas las direcciones. Quizás era mejor desconectarse. Empezaría con la maleza.
Una hora más tarde, gotas de sudor decoraban su frente como perlitas cristalinas, su espalda le dolía de estar agachada en el piso al igual que sus rodillas, y había olvidado sus guantes así que tenía algunas finas y minúsculas cortadas en sus manos que ardían más de lo que dolían. Pero su mente estaba despejada. Ahora podría abordar con mayor claridad cada uno de los temas que le abrumaban y planear cómo resolverlos. Alzó una bolsa de abono, su embarazo estaba en las etapas más tempranas pero le pareció que le tomó más esfuerzo esta simple tarea. Iba saliendo del depósito cuando detectó su presencia y la tempestad se volvió a apoderar de su cabeza. Definitivamente no estaba lista para enfrentar a Sasuke.
~.~.~.~
Nunca habían hablado formalmente del beso que compartieron en aquella misión, ni de lo que significaba, las implicaciones para su dinámica. Habían seguido reuniéndose, platónica y sexualmente, hasta el punto en que los cuatro habían decidido solo permanecer como amigos.
Ino sabía que debían hablar de ello. Básicamente había pasado la mitad de su vida enamorada de Sasuke, o mejor dicho encaprichada, la verdad era que no lo conocía en ese entonces. Se sintió decepcionada cuando él y Sakura empezaron a hablar, y luego formalizaron su relación. Pero cuando los veía juntos no sentía gran tristeza o envidia; si se era sincera había sido más un golpe a su orgullo. Un simple crush, basada en apariencias y no hechos.
Ahí fue que entró Naruto. Ino no estaba buscando enamorarse, de hecho ni en un millón de años hubiese podido imaginar que algo así pasaría con el héroe de Konoha. Pero cuando se enamoró de él fue como caer de bruces al pavimento después de venir corriendo a toda velocidad: abrupto, intenso, una experiencia de cuerpo y sentidos completa, imposible de ignorar, imposible de detener, que la sacudió por completo. La primera vez que sintió que lo amaba, de verdad amar, más allá del cariño, mucho más allá de la atracción, sobrepasando el amor de amistad. Un amar que no había vivido antes, como ver la luz por primera vez y comprender que antes vivías a oscuras, como que era una parte de ella que no sabía que existía fuera de ella. Que no necesitaba de él, pero quería con fervor tenerlo en su vida. Si enamorarse era correr y caer de bruces, amarlo era como correr sin saber que no caerás. Esa fue la primera vez que compartió su mente con él, porque las palabras te amo no daban justicia a lo que sentía. Y cuando los ojos de él se aguaron de ternura y emoción, Ino supo que nunca amaría a ningún otro hombre así.
Enamorarse de Sasuke no había cambiado eso. Naruto seguía siendo su primer amor, el amor de su vida. Pero no podía negar que lo que sentía por Sasuke también era amor. Le había costado procesarlo, entenderlo, aceptarlo. Pero después de aquella misión, después de verlo tan afligido a raíz de cómo ella lo trató tan duramente, algo en ella la obligó a sucumbir a lo que sentía. Unas ansias a querer verlo bien, a apaciguar su sufrimiento, a llenarlo de cariño. No era un amor suave, tranquilo y seguro. Era un amor avasallador, desesperado, eufórico. Quizás había sido muy dura con Naruto al esperar que él decidiera entre ella y Sakura. Quizás para él el amor que sentía para las dos era tan diferente que no se podía comparar. Así era para ella con Naruto y Sasuke. Escogería a Naruto siempre, pero ya que había conocido amar a alguien de la manera que lo hacía al Uchiha, era imposible regresar a una vida sin poder profesarlo. Quizás esa era la razón por la que había evadido tanto la conversación con Sasuke, quizás tenía miedo a tener que renunciar a uno de los dos, quizás quería pretender que todo era sexo o que a lo más era solo amor de amigos, porque así era más fácil. Pero para ser sincera, lo que más le asustaba era enseñarle a otro hombre la inmensidad de amor que sentía por él y quedar de segunda a la misma mujer. No podría soportar que Sasuke no la amara. Entonces calló su amor por él, lo besaba con pasión pero sin sentimiento, lo dejaba alabar su cuerpo, se entregaba a él pero solo las partes que no podrían salir lastimadas, nunca su corazón, nunca su mente. Y evitaba sentirlo a él, cuando la miraba intensamente , cuando la sostenía en un abrazo que duraba un poco más de lo necesario, cuando apartaba con inusual delicadeza una hebra suelta que se obstinaba a meterse en sus ojos y la acomodaba detrás de su oreja, la primera vez que tocó el centro de su frente con dos dedos y las muchas veces que lo repitió después… Ino diligentemente se recordaba que las acciones del Uchina carecían de significado profundo, o les buscaba una explicación. Ella no quería saber. Ojos que no ven, corazón que no siente.
En un abrir y cerrar de ojos estaba frente suyo. Sintió la perdida del peso de la bolsa que cargaba antes de que el resto de sus sentidos lo registraran. Otro parpadeo y todo su cuerpo estaba dolorosamente consciente de su presencia. Lo había extrañado.
—Bienvenida de regreso — Ino no dejaba de maravillarse de cómo su tono monótono se transformaba en un matiz de emociones, su saludo estaba cargado de "me alegro que estés aquí", con "que te tomó tanto tiempo?", y una pizca de "te extrañé". NO, se dijo e internamente sacudió la cabeza. Eso era lo que ella quería oír. Sasuke simplemente la había saludado — ¿Donde quieres que ponga esto?
Ino señaló el macetero en el que tenía planeado trabajar, sin poder articular palabras. No confiaba de que no delataran sus emociones. Acababa de llegar a Konoha, aún Naruto y ella estaban en un limbo, mucho más positivo pero un limbo al fin. Tanto él como Sakura habían expresado su aprobación a abrir la relación. Pero ella no había aceptado aún. ¿Estaría fuera de las reglas si algo fuese a pasar en este instante con Sasuke? Mejor era no ponerlo a prueba, ¿no?… y ¿qué le daba a pensar que algo pasaría? Posiblemente Sasuke vino solo para saludarla….
—¿Ino?— su piel se erizó al oír su nombre de sus labios. La miraba con falsa impaciencia — te estoy hablando, ¿tanto te desequilibro?
—¿Arrogante y bromista? No te conocía ese lado — se recuperó rápidamente, dándole un guiño. Sasuke agarró un delantal extra y se lo amarró como si fuera lo más cotidiano en su vida. De hecho, habían pasado muchas horas ahí juntos. Al principio ella enseñándole, y como era de esperar en corto lo había dominando y así quedaron trabajando a la par, hallando un ritmo comfortable, familiar. Sin esperar instrucciones, Sasuke comenzó a recolectar herramientas y buscó quehacer.
—¿No aprecias la competencia? — y así se continuaron molestando. Aplazando la difícil conversación con humor e inconsecuencias. Ino sabía porque estaba ahí. Instintivamente, le era obvio. No venía en plan de amigo recibiéndola después de un largo viaje, ni Chouji la había buscado aún. Naruto le había dicho que habían hablado, y suponía que Sakura lo había puesto al tanto. Sasuke estaba aquí para hablar de la relación. Pero Ino no sabría que decirle, por un lado le hacía ilusión casarse con Naruto, ya cargaba su hijo dentro suyo, podrían mudarse a una casa más grande, tendrían perfectos hijos rubios, envejecerían juntos. Tendrían una buena vida junto al hombre que amaba. Por otro lado, podría estar junto a los dos hombres que amaba, pero siempre sería compartiéndolos con otra, aunque le gustaba la idea de ser todos una gran familia, criar a sus hijos como hermanos… sería difícil, la aldea no lo iba aceptar tan fácilmente, la logística sería mucho más complicada, ¿quién viviría con quién?, ¿a dónde?, ¿se casarían todos entre ellos?, ¿habría un heredero al Ino-Shika-Cho…
—Ino — la regresó al presente, de nuevo su nombre en sus labios… — Así que corriste a Suna.
Y ahí estaba. Ino dejó sus tijeras de podar en el suelo junto a sus rodillas. Las manos le temblaban. Esto era demasiada presión. Tres contra uno. Naruto decía que lo dejaría de lado, pero ella sabía que en el fondo, lo quería. Era testamento de su amor, hacer un sacrificio así. Pero si Sasuke también le pedía lo mismo, entonces caería en ella la responsabilidad de decidir. Para que funcionará los cuatro tenían que estar de acuerdo los cuatro. Su "voto" era decisivo. Pero quería decidir sin tener esa presión. Que si los escogía era porque de verdad quería, no por presión. Se puso de pie y se limpió las manos en el delantal, solo por hacer algo. Se acercó a una estación de trabajo, donde había dejado una botella de agua. No tenía sed, pero su garganta se sentía como un desierto. De espaldas a él.
Sasuke la siguió, parándose detrás de ella. Lo más cerca posible sin tocarla, un tortuoso y minúsculo espacio entre ellos. Cualquier movimiento suyo causaría que se rozaran. Estaba inmóvil, la mesa la aprisionaba del otro lado. No tenía escapatoria.
—¿Inuzuka? ¿En serio?— y esto la desconcertó de tal manera que se volteó de golpe, su hombro chocando contra su fuerte pecho. De todos los temas que tenían que hablar, que pensó que hablarían, Kiba ni siquiera figuraba en la lista. Habían pasado sólo cinco días desde su último encuentro, pero había pasado tanto en esos días que la memoria se le hacía tan lejana. De otra vida. Ni siquiera Naruto lo mencionó. Sasuke aprovechó su estado de confusión para levantarla y sentarla en la mesa, agarraba con firmeza su cadera. Rápido como una ráfaga. Ino no procesó hasta que lo escuchó a milímetros de su oído.
—No estoy contento con eso — su voz era en susurro, pero llevaban tanta firmeza que su cuerpo completo se erizó.
—Sasuke… — jadeó cuando sintió sus dientes rozar su lóbulo, pero sin morderlo. No podía. Tenía que separarlo. Puso sus manos en su pecho y le empujó lo más fuerte que pudo, para separarlo por unos meros centímetros. Inmovible. Logró que dos de sus neuronas hicieran sinapsis, y se cruzó de brazos, creando así algo de separación entre sus cuerpos —Que yo recuerde, no soy tu novia, no te incumbe con quien me acueste.
— Te equivocas, me incumbe y mucho — separó sus brazos cruzados y desató su delantal; para poder tocar la expuesta piel de su estómago. Ino se volvió a erizar. Pero lo fulminó con la mirada, para tratar de mantener un esbozo de auto control— ¿No? Entonces se mi novia.
Ante esto Ino se rió. Y cuando empezó a reírse no pudo parar, tuvo que reposar su cabeza en el pecho de Sasuke. Después de lo que se sintió como el más largo minuto, se secó las lagrimas y se despegó de su hombro para verlo de nuevo. La cara de Sasuke era impávida.
—Espera, ¿es en serio? — Ino se hizo para atrás. —Sasuke, no.
—¿Por qué no?— preguntó hundiendo sus dedos en la piel bajo a sus costillas.
—Para comenzar estás con Sakura, y yo con Naruto
Sasuke levantó una ceja — ¿Regresaron?
—Sí — mintió, levantó la barbilla desafinadamente. En teoría no estaba mintiendo, solo que aún no era verdad. No le había dado una respuesta a Naruto, pero volvería con él. No sabía si exclusivamente, como su prometida, o en grupo, pero volverían a estar juntos. Sasuke sonrió de lado.
—Reitero mi petición, se mi novia — con su dedo índice guió su barbilla aún más arriba, para que la mirara directo a los ojos.
—Perdiste la cabeza — contestó al ver que no cedía.
—Al contrario, nunca había estado más seguro de algo.
—No… No entiendo — titubeó.
—Se mi novia, y que el mundo entero sepa que estás fuera de límite — sus dedos pasaron a acariciar un lado de su cara — Excepto Naruto. Se nuestra.
Ino tragó en seco, seguía sin comprender. Esto se sentía más que solo sexo. Había algo ahí, algo que parecía estar a su alcance pero su propia mente lo bloqueaba.
—¿Por qué? Naruto lo entiendo, ¿pero tú?— a esto Sasuke se separó. Por primera vez desde su llegada se mostró impaciente con ella.
—¿Es en serio, Ino? ¿De verdad tienes que preguntar?
La florista sacudió la cabeza diciendo que no entendía.
—Al principio, ¿ por qué no me querías besar? — respondió con otra interrogante. Ella solo negó con la cabeza una vez más —Dilo
Sasuke apretó la parte de arriba de su muslo. Sus ojos negros penetrando los cerúleos de ella. Indagando en su alma.
—Porque te amo — susurró. Era la primera vez que lo decía en alto, para si misma o en general. Se sentía bien, debía admitir. Meses peleando internamente algo que se sentía natural. Sasuke sonrió satisfecho, y en un gesto de ternura besó su frente.
— Pero hay algo más — la presionó incesante. Como si declararle su amor no bastase. No obstante, estaba en lo correcto.
—…
—Ino — su tono era de advertencia. La mano en su muslo viajó a su cadera. Atrayéndola más hacia él, lo cual no había creído posible. Debió darle vergüenza la manera que lo dejó apartar sus piernas con su rodilla, presionado la de el contra su centro. Gimió entre dientes.
—Porque… porque tenía miedo a confirmar lo que tú sientes por mi — soltó y ni un segundo después Sasuke la besó con fuerza. Su boca demandó acceso a la de ella. Su lengua buscando a la de él. Los corazones de ambos latiendo tan rápido y tan fuerte, que en combinación resonaban como uno.
—Lee mi mente — le dijo cuando se separaron para tomar aire. Sasuke sabía que le enfurecía que llamara a su jutsu leer mentes, pero sospechaba que por esa misma razón lo hacía.
Pero lo concedió, como no hacerlo. Y cuando vio lo que él veía, como la veía, como se sentía por ella, su corazón explotó.
—Sasuke — no pudo controlar sus lágrimas. Lágrimas de felicidad. Él pegó su frente a la de ella. —¿Yo?
—Ino, ¿todavía lo dudas? — abrió más de su mente, y ella lo entendió todo. Como Sasuke comenzó a pasar más tiempo en Konoha, como en misiones la observaba todos sus movimientos y la cuidaba, como compartía memorias de su niñez y su tiempo fuera, el hueco que él llegó a sentir cuando ella lo privaba de besarlo, los celos que había sentido de Kiba, como literalmente había matado por ella poniendo en riesgo su carrera.
Y ese amor, ese amor de parte de él era lo que le hacía falta, lo que necesitaba para saltar del precipicio que era la locura de estar todos juntos. Saber que para Sasuke no fue su primor amor, pero se había convertido en la número uno.
Todo este tiempo había visto la complicada dinámica de ellos cuatro como una carrera en línea recta, en la que iba en la retaguardia. Ella tratando de alcanzar a Naruto; Naruto detrás de Sakura; y Sakura en los talones de Sasuke. ¿Quién corría detrás de ella? Hasta cinco minutos atrás, pensaba que nadie. Que equivocada había estado de todo. Tampoco era una línea recta, con Sasuke siguiéndola a ella, eran un círculo. Un círculo no tenía líneas rectas o esquinas o puntos de convergencia, un círculo era una unidad que no tenía principio o fin.
Donde Naruto era su pareja, su igual, una parte de ella fuera de si misma. Sasuke era su complemento, la parte de ella que faltaba y él llenaba. Y el peso de tener que elegir entre los dos se esfumó.
Lo atrajo por el cuello de su camisa para besarlo de nuevo, a frotar sin pavor su intimida contra la rodilla de él. Se sentía intoxicada de amor, que saldría flotando si la llegaba a soltar. Sasuke la acostó contra la mesa, arrancó su falda y la malla debajo, no necesitaba más preliminares, no cuando el saber que ella era su favorita la empapaba como nada más lo había hecho. Con su mano Sasuke presionó en su estómago hacia abajo, queriendo estabilizara al borde de la mesa antes de entrar en ellla. Ahí Ino abrió los ojos. Por un minuto lo había olvidado…
—Creo que es muy tarde — anunció con alto de pesar, que después de todo, al final tendría que escoger. Apretó las piernas juntas y se impulsó de los codos para no estar acostada.
—¿Tarde?
Ino posó su mano sobre la de él que seguía en su estómago para mostrarle. —Estoy embarazada — pensó que saber que llevaba el hijo de otro lo disuadiría, pero Sasuke se inclinó y besó su vientre. Por enésima vez en las últimas 48 horas, Ino quiso llorar de ternura. Esto no hacía la diferencia, no importaba. Acarició los mechones azabaches y Sasuke levantó la cabeza para verla a los ojos.
—Sé que algún día también te daré un hijo— declaró con seguridad, besó su vientre una última vez, y con nueva delicadeza la volvió a recostar de la mesa, atrajo sus piernas a sus costados, y en un solo movimiento se hundió en ella. Ino se arqueó al recibirlo en su interior. La fuerza de sus sentimientos cambió por completo el acto para ellos. No era "solo sexo", lo había dejado de ser meses atrás, pero aceptar que se entregaban plenamente, que estaban haciendo el amor en todo sentido de la expresión.
Sasuke se encorvó encima de ella, presionando su cuerpo contra la mesa, agarrando una de sus manos a la altura de su cabeza entrelazó sus dedos con los de ella, sus caderas y pelvis sin dejar de moverse. Ino lo rodeó con sus piernas, cruzando los tobillos detrás de su espalda. La posición dándole más acceso a su estrechez, sus paredes contrayéndose sobre su falo con mayor frecuencia. Empezó a besar el lado de su cara, sincronizando cada beso con sus penetraciones. Cada terso beso y precisa estocada eran recibidos con una sinfonía de gemidos: besó su quijada, ah gimió ella, su mejilla, ah, su pómulo, ah, sus sienes, ah, su frente, ahh, la punta de la nariz, ahhh. Hundió sus talones en los glúteos de Sasuke para empujarlo aún más profundo en su interior. Estaba cerca. El beso la punta de su barbilla, las comisuras de su boca. Para la gran final, se posó sobre sus labios y respiró en ellos su muy retrasada confesión:
—Te amo, Ino Yamanaka — la vocalización de sus sentimientos fue como un choque eléctrico que la recorrió de la punta de los pies hasta su coronilla. Su deseo se derramó cubriendo cada centímetro de la hombría que la partía en dos. La constricción de su aterciopelado canal seguida por la descarga de su néctar sobre la palpitante dureza, más un "Yo también te amo, Sasuke Uchicha" dentro de su cabeza porque a Ino le fallaba el habla, desencadenó su orgasmo y Sasuke colmó su feminidad con cada gota de su pasión.
~.~.~.~
Con sus mentes aún conectadas, sintiendo cada sensación que el otro sentía, oyendo cada pensamiento, Sasuke nunca se había sentido tan vulnerable, y tampoco nunca antes se había sentido tan libre.
Ino lo amaba. Ino sabía que él la amaba. Nada más le importaba en ese momento. Sabía que entre él y Naruto, llevaba las de perder. Le daba algo de celos, pero lo entendía. Él se había marchado, lastimándola por primera vez, y cuando regresó escogió a Sakura sin siquiera considerarla como una opción, la segunda vez que la lastimó. Es más, ni siquiera la había registrado. La primera misión que le asignaron fue con ella como parte del grupo. De hecho era él junto al equipo de ella. Intuía que eran como un tipo de chaperones, el equipo perfecto para vigilar que era un shinobi de la hoja reformado. En parte la había resentido, pero en parte le había impresionado lo mucho que había madurado, le seguía pareciendo irritante pero su falta de interés romántico por él promovió que se pudiesen conocer, como compañeros al principio. Allegados al ser ella la mejor amiga de su novia y más tarde, cuando Naruto la empezó a incluir a su grupo, como amiga. Pero nunca podía discernir si ella lo veía así también. Como amigo, o si lo soportaba por obligación a Konoha, a su mejor amiga y a su novio.
Cuando Sakura presentó la idea que ella e Ino habían fabricado, aceptó. Su primer encuentro fue cuando despertó su curiosidad por ella. Verla en toda su gloria desnuda era la menor de las razones. Si no la manera que atendía a Naruto, como se entregaba a él, con toda la intención de complacer todos sus gustos y a la vez era el rubio el que estaba en deuda con ella, en su sumisión sexual se convertía ella en la dominante, y no dejaba nunca que su propio placer no fuese prioridad. La comenzó a desear. Era sexo. Genuinamente, al principio lo fue para él. Algo divertido, que rompía la monotonía de la monogamia. La primera vez que la hizo suya, no pudo dejar de pensar en ella. En la manera que se había dedicado a él. El deseo dio paso a interés, el interés a atención, de atención, y sin ninguna señal de aviso, saltó a enamorarse.
Pero el día de la misión del jefe Matsumoto, cuando entró a la habitación en el justo momento que el puño del desgraciado hacia contacto con el rostro de ella, su ira explotó. Cuando volvió en si, lo primero que pensó, lo único en que pensó fue en ella. Apartó lo que había quedado de Matsumoto y la encontró aún tirada en el suelo. El momento que se arrodilló junto a ella, su corazón latiéndole a mil, el temor que lo poseyó de no saber si estaba bien, ese fue el momento que entendió que la amaba. Que dejaría su carrera atrás, su honor, su vida si significaría que ella estuviera bien. Cuando por fin Ino entreabrió sus orbes aguamarinas, estuvo cerca de confesarle en ese momento, pero se separó abruptamente, las palabras de Naruto aún frescas en su mente. Ella pensaba que él era un monstruo, y se lo acababa de probar. Prefirió construir un muro. Pero horas más tarde cuando ella lo besó, por primera vez, el muro se derrumbó. El beso, ese beso había sido todo. Ino lo amaba, pero se había separado de él antes de que él le pudiese demostrar lo mismo. Sin embargo, desde ese día decidió que haría todo lo necesario para que estuviesen juntos.
Ella amaba a Naruto incalculable e incondicionalmente, y aún así se había enamorado de él. No, a Sasuke no le importaba no ser su primera opción. Ni siquiera el no ser su única opción. Para él tener el amor de Ino nunca sería conformarse. Tener su amor era ganar. Y si no tenía que perder el de Sakura en el proceso, aún mejor. Era un hombre práctico.
A contrario de Ino, Sakura no tenía dudas acerca del lugar que ocupaba en su corazón, por lo cual ella nunca le había preguntado directamente, simplemente había asumido que ella venía primero. Sasuke sentía que romper su ilusión sería más cruel que productivo. No era una mentira, sino una omisión de la verdad. ¿Importaba? La amaba, lo que sentía por ella era real, pero era diferente. Sakura era su incondicional, su apoyo, su refugio en la tempestad. Con Ino… si él era como la luna, ella era el sol. Ella era la luz de su oscuridad. Eran fuerzas opuestas que creaban armonía en el balance. Quizás sentía algo de culpa por no desmentir a Sakura, pero la amaba tanto que tampoco la podía lastimar así. Sería el único secreto que mantendría oculto de ella, y para una vida juntos, un único secreto era un buena transigencia. Las quería a ambas. No quería tener que elegir, necesitaba que Ino aceptara.
No había anticipado las noticias del embarazo, pero como le había dicho, algún día sería su turno. El bebé sería de Ino y Naruto, su mejor amigo y la mujer que amaba, ¿como no querer a esa nueva vida que se creaba de ellos dos? Quería una vida con ellos, y éste podía ser el inicio de ella.
Se removió de su interior y la ayudó a vestirse. Ino no podía parar de sonreír, se llenó de orgullo el poder hacerla feliz. Si hubiese sabido antes de cómo se sentía al respecto de ellos tres, no habría tardado tanto en mostrarle lo que sentía. No podía cambiar el pasado, pero quería cambiar el presente. La agarró por la cintura y ella entrelazó sus manos detrás de su nuca, aún sentada sobre la mesa de trabajo.
—Se mía — Sasuke no rogaba, pero su susurro sonó casi como plegaria — Se nuestra.
Ino lo besó.
—Ya lo soy.
trenza de raíz= trenza francesa. No encontré otra manera de llamarla y no quería cometer un anacronismo.
Largas NDA:
Hola mis fieles lectores. Aquí estoy de nuevo. Ustedes me conocen, saben que yo amo a Ino. Me duraron por un instante, pero claro que no las decepcionaré ;) me sentí mucho más en mi elemento escribiendo este capituló pero los anteriores debo admitir fueron divertidos también. Como dije desde siempre quiero resaltar con esta historia una dinámica entre cuatro. He tratado de dar tiempo igual - misma cantidad de escenas- entre cada uno de los pares, igual sé que no todo el mundo estará 100% contento, pero madurar es aprender a recibir las críticas, aprender de ellas pero manteniéndome fiel a quien soy como escritora. Este proyecto ha sido uno de mis más especiales, de todo lo que he escrito, y ma da cosita que ya pronto lo terminaré. Pienso que uno o dos capítulos más. Estoy comprometida a completarlo y quiero agradecer a ustedes que siguen aquí tantos años después aún leyéndome, leer sus cometarios y ver sus usernames tan familiares ya me transporta a un lugar muy nostálgico y me hace feliz saber que parte de esta comunidad sigue viva. Un gran abrazo!!
nos leemos pronto :)
