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Más tarde a paso lento había regresado a mi casa con mi madre siendo mi apoyo. Quería culparla por haber hecho enfadar a Pikachu echando por tierra mis intentos de ganarme su confianza.
Un par de horas después que tomé un baño y me cambié de ropa por la indumentaria que el verdadero Ash Ketchum usaría, incluso la gorra que aunque no soy mucho de usarlas, a mi tía me vendría bien para taparme el sol. Viejos hábitos de alguien que se estuvo quedando calvo. Sin embargo, aunque llevaba la playera negra con los jeans y los tenis también, ni de chiste me puse la chaqueta en un día soleado como ese.
Me quedé en la sala relajándome unos momentos cuando Delia, mi madre, se sentó a mi lado y pasó su mano sobre mi hombro contrario.
—Vamos, hijo. Anímate. Son gajes del oficio. Adelante. Los otros chicos seguramente están muy adelante, será mejor que los alcances.
Esa mujer era realmente hermosa. Lamenté haber reencarnado como su hijo y no como su esposo. Miré a Pikachu a quien tras el incidente no había podido volver a ver por lo resentido que quedé con él, algo que pareció percibir y por lo menos agradezco que parece sentirse avergonzado al respecto.
Fue muy tentadora la idea de mandar al demonio a la trama del anime supongo estaba siguiendo solo por hacerlo sin que nadie me obligara a ello y quedarme en casa, en serio "mi madre" parecía genuinamente entusiasmada con la idea de que me marchara. Por primera vez me cuestiono la lógica de mandar a un niño de diez años a recorrer un país por ningún motivo razonable en realidad. ¿Cuál era la maldita lógica del juego, del anime, y más importante, de aquella realidad?
—¿Sería tan malo que renunciara y me quedara aquí dedicándome a otra cosa?
—¡Ash, te prohíbo que hables así! Tienes que abrir tus alas y volar al firmamento como un Spearow.
Estaba seguro de haber escuchado un diálogo muy similar en otra parte del anime. De momento se me escapaba la parte en la que después de recibir por segunda vez un impactrueno junto a su madre y sus vecinos, Ash regresaba a casa para cambiarse de ropa. Como sea, aquella mujer sí que sabía apelar a la culpa y… no negaré que una parte de mí tenía mucha curiosidad por saber hasta qué parte del anime podría llegar de seguir la aventura.
Me puse de pie y le di un estrecho abrazo a la mujer que casi sollozante me devolvió.
—Te extrañaré, hijo.
—Y yo a ti, mamá —por formalidad le respondí, siendo que difícil de extrañar a alguien que acababa de conocer—. Me marcharé entonces.
Me dirigí hacia la puerta y noté entonces a un apenado Pikachu muy distinto a aquel Pokémon terco del primer episodio que se rehusaba a seguir las instrucciones de Ash. Me seguía dando algo de miedo, más ahora que había experimentado lo que era capaz de hacer, pero… era mío, y por su forma de actuar parece que no necesitó que una bandada de Spearows nos atacarán para volverse dócil, solo necesito morder la mano de quien en todo momento le demostró respeto. Más de dientes para afuera me palmeé el hombro a la vez que me incliné hacia él.
—¿Aún quieres acompañarme , amiguito?
Permanecí en esa posición casi un minuto completo antes de que Pikachu se decidiera a trepar por mi brazo y encaramarse sobre mi hombro.
—Pika… —gimió de forma lastimera.
—Está bien, Pikachu. Sé que no nos lastimaste intencionalmente.
O tal vez si lo había hecho, o es el tuyo por lo menos eso intuyo por la manera en que bajó la cabeza avergonzado al notar que mi madre lo miraba con cautela y temor.
—Hasta luego, mamá.
Y así fue como salí de "aventura".
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Bueno, aunque era tentador usar los guantes de plástico que tenía en la mochila, de poco servirían con Pikachu sobre mi hombro en lugar de estarlo arrastrando con la cuerda para tender la ropa como hizo Ash en el anime.
Preguntando a los aldeanos del pueblo, fue como supe cuál sendero seguir tras salir de pueblo Paleta para dirigirme hacia la ruta que me llevaría a ciudad Verde. Que extraño me resultaba pensar en estos lugares como sitios auténticos.
—Entonces… ¿qué sigue ahora? —no estaba seguro si solo estaba hablando en voz alta por hacerlo o si le hablaba a Pikachu—. En el anime se supone que trato de capturar a un Pidgey y… se supone que no resultan las cosas como me gustaría.
—¿Pi, ká?
Es casi como si me hubiese preguntado "¿Por qué?". Curioso.
—Bueno… digamos, amigo, que en el anime tú y yo empezamos de un modo muy distinto al que lo hicimos.
El ratoncito ladeó la cabeza con cara de no saber de qué era de lo que estaba hablando, y no por ser un animal que no me entendía, sino que al contrario, entendía mi lenguaje, pero no el sentido del significado que le daba a las palabras que sí conocía.
—Bueno… verás… ¿Puedo contarte un secreto y prometes no decírselo a nadie, amiguito?
—Pí. —Asintió mostrándose interesado.
—La verdad es que soy la reencarnación de un hombre que viene de otro mundo. ¿Qué te parece?
—¿Pika? —tras mostrarse consternado, alzó su bracito y señaló al cielo— ¿Kachu, kachu?
—Bueno, no me refiero a que sea extraterrestre… creo… supongo que lo soy, o al menos en esencia porque este definitivamente no mi mundo. De donde vengo los Pokémons no existen.
—¡Chá! —se mostró bastante sorprendido.
—Así es. ¿Quieres saber lo más extraño? Aunque no existan, sí los conocemos, pero como personajes ficticios de un videojuego, y de un anime también.
Se mostró confundido.
—Piii… ¿Káchu?
—Un videojuego y un anime son… es difícil de explicar si no tengo con qué compararlo. Es… algo que los habitantes de mi mundo hacen para entretenerse.
—Kachu, káchu.
No entendí por qué bailoteó de mi hombro derecho al izquierdo un par de veces de manera animada.
—Si, es algo extraño. ¿Pero sabes qué? No está tan mal. Digo, alguna vez fue niño y esto me hubiese gustado más de lo que ahora me gusta, pero igual puedo disfrutarlo. Digo, vuelvo a ser joven, delgado y tal vez tenga una oportunidad para ser más popular aquí de lo que lo era en mi mundo. Sabes, cuando era niño no es que tuviera muchos amigos o destacara la gran cosa en la escuela, incluso algunos abusones se metían conmigo y los pocos chicos con las que me juntaba, pero aquí te tengo a ti y eso es genial.
—Pika —exclamó entusiasmado por la importancia que le daba—. Exacto, quizás no de los adultos como el que era, ¿pero qué niño no quisiera estar en mis zapatos en este momento? Recorriendo por su propia cuenta un mundo desconocido lleno de Pokémons como en los videojuegos acompañados del increíble Pikachu y sus inseparables amigos Brook y…
De pronto me detuve cuando caí en cuenta de algo importante y serio.
—Santo cielo, Pikachu. Creo que cometí un error al alejarme de… la trama.
—¿Pika?
—Sí. Se suponía que…
Pikachu me miró intrigado y parecía animarme con la mirada a que continuara hablando, claramente interesado por la narración que por supuesto era capaz de entender. ¿Y qué le iba a decir? ¿Que por una serie de eventos él terminaba mal herido, pero que gracias a ello conocía a una niña llamada Misty a la que por la urgencia de conseguir ayuda para él le robaba su bicicleta que terminaba calcinada, siendo esa la excusa para que se convirtiera en nuestra acompañante?
—Se suponía que debía de encontrarme con alguien.
Miré a mi alrededor y Pikachu lo hizo también fijándose por donde yo lo hacía, quizás tratando de averiguar qué era lo que estaba buscando.
Vi unas aves café rechonchas, varias, ninguna en específico. Todas ella parecía pichones tan gordos como un pollo, pero con cabezas grandes y sin cuello con el plumaje café, a lo lejos y posados sobre un árbol estaban algunos Spearows dormitando o comiendo hojas y picoteando el árbol sin meterse con nadie.
Tomé un piedra del suelo y… ¿y luego qué? Nada garantizaba que tuviese la puntería suficiente para darle en la cabeza y que nos atacara, o que como en el anime conseguiría ponerme a salvo sacrificando el bienestar de Pikachu en un intento desesperado de forzar mi encuentro con Misty, sin saber si estaba en efecto por ahí, a lo lejos, quizás cruzando al río al que suponía debía de caer donde… me ahogaría, dado que a diferencia de Ash, yo no sé nadar. ¿Qué se supone que ahora debía de hacer? Supongo que… resignarme e ir al gimnasio de ciudad Plateada para conocer a Brook, pues no es que tuviese muchos ánimos de pasar por Ciudad Verde y conocer al equipo Rocket.
El cielo comenzó a oscurecerse, pero aún era temprano como para que fuese por anochecer. Nubarrones negros se estaban arremolinando en el cielo y sospeché que dentro de algunas horas podría comenzar a llover.
Con fastidio seguí andando por el sendero ignorando a los Pokémon aves de los alrededores. Se suponía que tras Pikachu debía de capturar un Caterpie, aunque… ¿Debería de seguir el argumento conocido de la historia? Después de todo se había fastidiado ya lo de conocer a Misty, por lo que me quedaba solo Brook en su gimnasio, aunque siendo francos eso no es algo que me entusiasmara tanto como…
Pikachu en un par de saltos con los que recorrió mi cuerpo llegó al suelo donde un tanto agitado se puso a olfatear a su alrededor.
—¡Pi! —exclamo echándose a correr hacia una colina.
—¡Oye, espera! ¿A dónde vas?
¿Es que después de todo le había caído mal a Pikachu y este había optado por abandonarme. Eso sería fastidioso. Igual no quería renunciar a él, por lo que me puse a perseguirlo tanto preocupado como maravillado por la excelente condición física que ahora parecía tener.
Si pude al final darle alcance a Pikachu, fue porque este se detuvo de pronto cerca de unos arbustos donde se giró para verme y con su manita señalarme a ese sitio.
—¿Pika, Pika?
Quería que viera algo que detectó. Bien, al menos no estaba abandonándome como temía. Al ver sobre los arbustos lo que encontró, me sorprendí tanto que me agaché hacia los arbustos para ocultarme.
De espaldas había visto a una niña sentada hacia un promontorio que daba hacia un río con una caña de pescar entre las manos. Aunque no pude verla bien más allá de que usaba una blusa amarilla sin mangas y tenía un claro cabello pelirrojo, me resultó claro de quién se trataba. ¡Misty!
Bien, esto no me lo esperaba. Parece que Pikachu atendió a mis súplicas buscando y encontrando a la persona más cercana interpretando que era con quién le dije buscaba encontrarme, acertando en ello también. La pregunta era cómo se suponía que debía de acercarme ahora. Misty no iba precisamente a pescarme y Pikachu no estaba malherido como para justificar que me robara su bicicleta, y de nuevo, no había ningún evento el que justificara que Pikachu la destruyera y…
¡Cielos!
Voy a reconocerlo, la idea que se me ocurrió no era precisamente la más inteligente que haya tenido, en realidad muchas cosas podrían salir mal, bastante mal, sin embargo de entre todas las cosas que tenía el anime y quería conseguir era el tener a la acompañante pelirroja con la que shippeé a Ash más que con el resto de las pokegirls que aparecerían posteriormente. Y… bueno, Ash era yo, y sí pueden juzgar que suena enfermo que un sujeto de cuarenta años esté tratando de propiciar un encuentro con una niña de doce, pero… técnicamente he vuelto a tener diez, por lo que no se debe de ver tan mal, ¿no?
Digo, soy un niño. No es mi culpa que tenga toda mi vida pasada en mi cabeza de forma tan vívida como hubiese sido… bien, en efecto esa vida la pasada apenas la perdí ayer, pero se entiende, además, puedo sacar mucho más provecho del que el mismo Ash sacó. Yo no soy ningún niño inmaduro (bueno, tal vez mis padres, mis hermanos y quizá quien fuese mi esposa tendrían una opinión distinta), pero estoy seguro que no cometería los mismos errores que cometió Ash, prueba de ello es que no necesité que a Pikachu medio lo mataran para que me agarrara confianza.
Tras haber reflexionado todo esto, en voz baja le susurré a mi Pokémon acompañante.
—Pikachu… ¿ves esa bicicleta?
Le señalé con el dedo una bicicleta naranja con una canastilla azul que estaba de pie sobre su soporte a pocos metros de la chica. Pikachu volteó hacia esta acertando que era esto lo que le señalaba y también lo hizo él levantando un brazito.
—¿Pika?
—Sí, esa. Bien. Escucha con atención, quiero que lo más silencioso que puedas, te acerques sin que esa niña se de cuenta y… le lances un impactrueno a la bicicleta.
El roedor consternado se sobresaltó.
—¿¡Chá!?
—Sí. Escuchaste bien. Quiero que destruyas la bicicleta con el ataque más poderoso que puedas generar,
—¡Pika, pika! —Molesto negó con la cabeza.
—Mira, entiendo que parece raro y… muy malo lo que te pido, pero es por hacer algo bueno a final de cuentas. ¿Ves a la niña de allá? —Pikachu giró su cabeza hacia ella y luego hacia a mí asintiendo—. Bien. Esa niña puede ser nuestra amiga, e incluso querer acompañarnos en nuestro viaje, pero para que pueda seguirnos el paso y para que pueda conocernos, primero tendremos que deshacernos de su bicicleta.
—¿Pi, kachú? —Juro que pareció enarcar una ceja.
—Está bien. Tendrás que deshacerte de su bicicleta, pero será por una acción buena. Además, es sólo la bicicleta, que no te estoy pidiendo que la lastimes a ella como… como cuando lastimaste a mi mamá y a sus amigos sin una buena razón.
El chantaje pareció producir efecto. Pikachu bajó las orejas avergonzado de sí mismo por haber tenido que recordar aquello.
—Pi… ka…
—¿Lo ves? Así que, vamos. Ve y haz lo que por favor te pido amiguito. Verás que algo bueno ocurrirá después si haces lo que te pido.
Pikachu a paso lento y derrotado se dirigió hacia la bicicleta, a medio camino miró a la niña y después se giró y me miró a mí suplicante, con las manos le hize nervioso un gesto para que continuara. Pikachu suspiró y se acercó más a la bicicleta.
—Pi… ka… —entusiasta vi como sus mofletes naranjas se le iluminaron—. ¡CHUUUUUU!
El paisaje desprovisto de la luz del sol debido a los nubarrones formándose, de pronto se iluminó por el potente impactrueno de Pikachu contra la bicicleta. Fue tan potente tal y como le indiqué que me cegó, apenas distinguiendo como la niña se dio la vuelta asustada por lo que estaba ocurriendo.
—¡Pero qué crees que estás haciendo! —Chilló furiosa.
En ese momento me eché a correr hacia ambos.
—¡Pikachu! ¡No! ¿Pero qué hiciste?
La niña ya tenía en alto una pokebola, que bajó apenas reparó en mí.
—¡Tú eres el dueño de ese Pikachu!
—¡Sí! Lo siento mucho, yo…
Y me quedé congelado. Misty, el personaje animado, tenía un diseño de trazos simpático, muy agradable y llamativamente atractivo para un público infantil y quizá un poco juvenil. Misty, la jovencita de verdad, tan real como yo lo fui antes y lo soy ahora, de entre once y doce años, tenía unos finos y hermosos rasgos que sólo podría tener una niña que está comenzando a entrar en la adolescencia. Su piel era blanca salpicada de pecas. ¡Pecas! Pecas que le conferían un mayor atractivo al que ya tenía gracias a su cabellera pelirroja clara agarrada en una coleta, no hacia atrás, sino de lado. Y esos preciosos ojos verde oscuros… ¡Y su piel! No sólo de su muy bonita cara, sino la que mostraba en sus brazos y piernas, en apariencia suave con algo de contextura atlética. Juro que en esos momentos quedé prendado y agradecí infinitamente a Dios o a quien me haya puesto en esta situación el que lo haya hecho, pues en toda mi vida, si bien llegué en mi niñez y juventud a niñas y adolescentes bonitas (que por supuesto nunca me hicieron caso y el que de cuando en cuando me dirigieran la palabra para algo tan mundano como pedirme la hora era el mayor de mis logros), ninguna se acercaba a la belleza que irradiaba esa niña-adolescente que me hacía volver a sentirme feliz de que mi edad no fuese muy diferente a la de ella. Incluso furiosa me parecía muy bonita.
—¿Por qué tienes esa cara? —me espetó de pronto más incómoda que molesta—. ¿Me estás escuchando? ¡Mira cómo tu Pikachu dejó mi bicicleta? —Entonces se me acercó mucho y me gritó a la cara apenas a centímetros de la mía buscando intimidarme—. ¿¡Qué tienes que decir al respecto, niño!?
Y embobado le respondí con toda la sinceridad del mundo.
—Creo que eres la niña más hermosa que haya visto en toda mi vida.
Impactada, retrocedió de pronto y su cara adquirió una tonalidad rojiza intensa. Abrió y cerró la boca varias veces sin saber qué decir tras haber perdido de golpe toda esa confianza y seguridad con la que me gritó. ¡Era una monada! Sonriendo, decidí presentarme.
—Perdona mis modales. Un gusto. Me llamo A…
*¡CLAP!*
Esto no fue como esa minúscula escena censurada del primer episodio en la que Misty abofetea a Ash para reprenderlo por tener a Pikachu tan malherido una vez que los sacó del río con su caña.
—¡Pika!
Pikachu fue a mi encuentro cuando me vio caer al suelo de un modo en que debió de ser doloroso, pero apenas y pude procesar mi caída, siendo que la cabeza me zumbaba y la mejilla me escocía por el muy, pero muy fuerte golpe que Misty me propinó en esa bofetada que hasta me desorientó por completo.
