REY DE LOS DEMONIOS
¡Hola! Al fin llegó el último capítulo :(
-Guest: Así es, tanto sufrimiento tuvo al fin un final feliz, gracias por leer la histona y acompañarme en cada uno de los capítulos. Espero que te haya gusto y hayas disfrutado de ella tanto como yo.
-Lin Lu Lo Li: Al fin todo se pudo resolver y me alegre demasiado que hayas acompañado la historia hasta el final :) ¡Muchas Gracias! Y espero que te guste este último cap.
-Susanisa: ¡Hola! No sabes cuanto me emocionó saber que la historia te ha gustado y que hayas leído todos los capítulos de golpe :O ¡Eso es fascinante! Aquí está el Epílogo tan deseado y el final de esta historia. ¡Espero que te guste!
PARA TODOS: ¡Muchas gracias por darle una oportunidad a esta historia que surgió como una ocurrencia o idea loca! Este es el primer FanFic que escribo y no pensé que les gustaría. Me alegra demasiado haber llegado a este último capítulo y sobre todo haber compartido esta historia con todos ustedes.
Y bueno, solo puedo decir muchas gracias y espero que disfruten de Epílogo.
P.D. Tengo pensado publicar una nueva historia. Supongo que FanFiction les enviará una notificación apenas lo haga. Nos leemos.
Atte. XideVill
Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.
EPÍLOGO
KAGOME
No podía.
Desde que volvió simplemente no podía dejar de mirar aquel par de ojos dorados. Era como encontrar luz entre tanta oscuridad.
Me fue inevitable no sonreír cuando sus ojos dieron con los míos a la distancia y la calidez me invadió por completo.
–Ya deja de hacer eso.
–¿Hacer qué? – respondí cuando lo tuve enfrente.
Inuyasha me rodeó la cintura con una de sus manos mientras que con la otra me peinaba delicadamente.
–Mirarme de ese modo –susurró.
–Yo te miro como siempre lo hago.
–Ese es el problema, me miras como si me fuera a ir y eso no va a pasar – aseguró dejando un beso rápido sobre mis labios.
La música y la bulla era lo único que nos envolvía en este momento. La boda de Sango y Miroku fue lo que el Reino necesitaba para pasar la página y borrar todo lo malo que había pasado, todo el terror, todo el sufrimiento y, sobre todo, olvidar a Naraku por completo.
–Lo sé, pero aun así me aterra pensar en volver a perderte y más ahora.
–¿Por qué lo dices?
Mi sonrisa no pudo ser más real cuando vi su confusión. Extendí una mano para que me diera la suya y cuando lo hizo lo sostuve con cariño tratando de ocultar mi nerviosismo.
–Porque es ahora cuando más te vamos a necesitar –dije bajando nuestras manos hasta mi abdomen un poco abultado.
–¿Vamos…?
Entonces lo comprendió y pude ver la sorpresa y la emoción bailar en sus ojos.
–Kag… ¿tú…? –asentí mientras contenía las lágrimas– ¿Un bebé? –dijo incrédulo.
Asentí mientras se me escapaba una risa nerviosa y un par de lágrimas.
–Sí… y aún no lo asimilo por completo.
Sus brazos me rodearon y me dejé embriagar por su delicioso aroma.
–Un bebé… –volvió a repetir como si así lo hiciera real. Pero la realidad es que ya lo era– ¿Desde cuándo?
Me separé un poco para verlo a los ojos y cuando vi la humedad en ellos, el corazón me dio un salto. Pasé una de mis manos por sus mejillas tratando de secarlas y es que hasta ahora fui consciente de lo mucho que Inuyasha también quería ser padre, me había enfocado tanto en mí que había dejado de lado lo que él también quería y todo su dolor al no conseguirlo.
–Desde hace unos meses.
–Creí que… –tragó saliva– Nunca podríamos serlo, tú me dijiste que no existía una cura.
–Sé lo que dije, pero supongo que me equivoqué. Debes de agradecérselo a Rin después de todo, fue ella la que creó una cura.
–Kagome.
–Dime.
Me sonrió.
–Eres la razón de mi completa felicidad.
–Y tú Inuyasha Taisho eres la mía. Te amo.
–Y yo las amo a los dos.
–Aún no sabemos si será niño o niña –increpé.
–Estoy seguro de que será una niña hermosa como tú.
–¿Y si no lo es?
–Entonces –empezó a acariciar mi vientre mientras sonreía con picardía– Será todo un galán como su padre.
No fue capaz de esquivar mi puño, cuando golpeé su hombro en señal de fingido enfado.
–Ya quiero tenerla con nosotros. Ya quiero tenerla entre mis brazos, ya quiero verla dar sus primeros pasos.
–¿No crees que te estás adelantando mucho? –dije entre risas– Aún falta mucho para eso.
–Lo sé, pero nada pierdo imaginando el futuro, siempre y cuando esté a tu lado.
Las trompetas sonaron y tuve que mecer al pequeño bultito entre mis brazos para que no llorara.
–Estimados ciudadanos y distinguidos visitantes, es con inmenso placer y regocijo que nos encontramos aquí para compartir una noticia de gran trascendencia –empezó a hablar el Gran Maestro del salón– Hoy, en el corazón de nuestra amada monarquía, celebramos la llegada de un nuevo rayo de luz a la familia real. Con gran emoción, presentamos a Moroha Taisho, la recién llegada hija de sus majestades, el Rey Inuyasha Taisho y la Reina Kagome Higurashi. Moroha es un símbolo de amor y esperanza, un lazo que fortalece aún más los vínculos que nos unen como nación.
Sentí la mirada dorada de Inuyasha sobre mí y me fue imposible no mirarlo con una sonrisa mientras mecía a nuestra pequeña hija.
–Que su presencia sea un recordatorio constante de los valores que guían nuestra tierra: la sabiduría, la compasión y la determinación. En este momento de alegría, extendemos nuestros mejores deseos a la princesa y a sus ilustres padres. Mientras contemplamos el futuro con optimismo, celebremos juntos este nuevo capítulo en la historia de Lothar. ¡Larga vida a Moroha y al reino que la acoge con brazos abiertos!
–¡LARGA VIDA! –vociferaron en conjunto.
Inuyasha se levantó y tomó a Moroha en brazos para que el Reino entero la conociera. Los aplausos y felicitaciones no tardaron en llegar mientras que él sonreía con orgullo y presumía a nuestra hija.
–Espero que la promesa siga en pie.
Giré para ver de quien se trataba y sonreí al ver a Koga junto a su esposa Ayame frente a mí.
–¿Qué promesa? –preguntó Ayame sin entender nada.
Yo sonreí mientras buscaba con la mirada a Inuyasha para que se acercara a nosotros.
–Bueno, hace mucho le hice una promesa al Rey de los Okami –dije tomando de vuelta a Moroha en mis brazos.
–¿Qué promesa? –cuestionó Inuyasha al instante.
Sonreí sabiendo que probablemente la idea le disgustaría, pero una promesa era una promesa y tenía que cumplirla. Miré a Koga mientras le entregaba a Moroha con suma delicadeza. Este sonrió al tenerla entre sus brazos.
–Kagome… –dijo Inuyasha ansioso.
–Tranquilo. Recuerdas cuando viniste por mí al Reino de los Okami.
–Lo recuerdo claramente, pero a qué viene todo esto.
–Bueno, ese día le hice una promesa a Koga para que me dejara ir tras de ti y con el Kotodama no Nenju.
–¿Qué clase de promesa Kagome? –insistió ya más ansioso.
–Sí, ¿qué promesa? –agregó Ayame sin dejar de mirar a su esposo y peinar a Moroha.
–Bueno cariño, estás frente a tu ahijada. Kagome me prometió que sería el padrino de su primer hijo o hija y me alegra mucho que haya sido una niña idéntica a ella, porque no me imagino llamar ahijado a alguien idéntico a Taisho.
–Idiota…
–Inuyasha –reñí entre risas.
–Tú y yo hablaremos más tarde– me susurró al oído.
Sabía que su enfado no era del todo cierto, había un tono intrigante en su voz que me hizo estremecer.
La fiesta no mostraba indicios de que terminaría pronto, al contrario, los felices novios no dejaban de festejar a viva voz. Cuando Inuyasha apareció con Moroha en sus brazos supe que había llegado la hora de irnos.
–Ya es muy tarde y mejor vámonos antes de que el idiota de Koga se aparezca por ahí y se quiera llevar a mi hija.
–Inuyasha… –dije divertida, pero aceptando su proposición.
Como los suponía Moroha quedó rendida apenas la puse en su cuna. Para cuando me giré Inuyasha ya tenía puesto sus ojos en mí, analizándome con minuciosidad.
–¿Estás molesto?
No dijo nada, solo me extendió una de sus manos para que lo acompañara en la cama. Una vez dentro me rodeó con sus brazos mientras apoyaba mi cabeza en su pecho desnudo.
–Lo hice porque era la única forma de que me diera en Kotodama no Nenju.
–Kag…
–Por favor no te enfades conmigo.
Su risa y las vibraciones en su pecho me hicieron levantar la cabeza para mirarlo a los ojos.
–No estoy molesto.
–¿Ah no?
Negó y dejó un beso tierno en mi cabeza.
–Solo me tomó por sorpresa analizar varias cosas a la vez.
–¿El hecho de que tu rival sea el padrino de tu hija te hizo analizar tanto?
–En parte –soltó con un suspiro– Lo que en verdad me dejó pensando es que cómo es que sabías que tú y yo terminaríamos juntos en ese entonces si no nos llevamos bien.
–Bueno, no es para tanto… –dije sintiendo mis mejillas arder.
–Me acabo de enterar que la Kagome de ese entonces ya sabía que tendría un hijo mío ¿y dices que no es para tanto?
Traté de esconder mi rostro avergonzado bajo las sábanas, pero Inuyasha me lo impidió.
–Tal vez ya lo tenía claro desde entonces.
–¿Qué cosa? quiero escucharlo –pidió con una amplia sonrisa.
–Que serías el amor de mi vida y que no podría existir un mundo en donde no viera tus ojos cada vez que despierte.
–¿Y por eso lo haces ahora? –cuestionó a escasos centímetros de mi labio inferior.
–Sí, porque cada vez que te veo es como ver al Inuyasha de aquella noche cuando nos conocimos por primera vez.
–Y ahora eres mi esposa, la Reina de Lothar y la madre de mis hijos.
–¿Hijos? –dije sonriente.
Inuyasha atrapó mi labio entre sus dientes y el solo roce me derritió por completo.
–¿Piensas tener más? –dije con dificultad, mientras sentía sus besos cálidos en mi cuello.
–De hecho, no puedo pensar con claridad en estos momentos.
Se movió de tal modo que me acorraló bajo su cuerpo. Pude apreciar el hermoso espectáculo de su cabello platinado caer como cortina acompañada de la escasa luz de luna que entraba por la ventana.
–Te amo Kagome –dijo antes de asaltar mis labios con demasiada sed.
–Inu…
Se detuvo de golpe apenas escuchamos el llanto de Moroha. Su sentido de protección se activó de inmediato y bajó de la cama para ir a ver que necesitaba y si se encontraba bien.
Traté de respirar e ignorar mi agitación mientras contemplaba la hermosa escena frente mí. De algo estaba segura, Moroha se convertiría en una niña demasiado consentida por su papá a medida que creciera. Pero era mejor no preocuparme por eso ahora, ese problema se lo dejaría a la Kagome del futuro.
Inuyasha me miró y cuando lo hizo vi que en sus labios se dibujaba una sonrisa juguetona.
No.
Lo conocía y sabía que le encantaba provocarme y hacer sufrir. Mientras Moroha no se durmiera otra vez sabía que nada pasaría y la necesidad de él me estaba asfixiando.
INUYASHA
—¡Mami!
–Ya, ya Moroha, solo fue una pequeña ave –dije tratando de calmar su llanto.
–¡Mami!
–No llames a tu mamá, papá está aquí y no dejará que nada malo te pase.
La vi levantar ambas para que la tomara en brazos y así lo hice. La mecí por unos minutos más hasta que cesará su llanto y cuando lo hizo aproveché para secar sus mejillas.
A sus cuatro años de edad me sorprendía la fascinante belleza que reflejaba, definitivamente era digna hija heredera del trono.
–Papi, las aves me dan mucho miedo –comentó tratando de justificarse y yo sonreí con ternura.
–Lo sé cariño, fue mi culpa por traerte hasta aquí.
–Me gusta estar aquí –dijo refiriéndose al claro de bosque que tenía el Reino.
–Eres igual que tu madre –comenté.
–Inuyasha, qué dijimos de tenerla en brazos todo el tiempo.
–¡Mami! –exclamó Moroha en cuanto escuchó la voz de Kagome.
Sonreí cuando la vi mirarme con disgusto. Kagome insistía en que dejara de consentir a Moroha y que eso no le hacía nada bien, pero cuando se trataba de nuestra hija me era casi imposible decirle que no a cada una de sus peticiones.
–¿Otra ave? – dijo mientras peinaba con delicadeza un mechón de cabello de nuestra hija.
–Sí –respondí aún con Moroha en brazos.
–Y la cargaste por qué.
–Porque no dejaba de llorar…
–Porque ella te lo pidió no es así –sentenció.
Mi silencio me delató.
–¿Qué se supone que haré contigo? Conscientes mucho de nuestra hija.
–Solo ámame tal y como soy –dije inclinándome para pedir sus labios.
Kagome se estiró para besarme con rapidez antes de quitarme a Moroha y correr con ella al claro. La risa de nuestra hija acompañada de la de Kagome era todo lo que necesitaba en esta vida para ser feliz. Las dos eran mi más grande tesoro y mi más grande amor.
KAGOME
Aproveché y bajé a Moroha para que sus pies tocaran el pasto bajo nosotras mientras corríamos lejos de Inuyasha. A la distancia pude verlo mirarnos con gran contemplación.
–Mami, mi papi se quedó atrás –dijo Moroha entre risas– Creo que papi se está volviendo viejo.
Reí con ganas cuando la escuché soltar tal ocurrencia ¿pero de dónde sacaba todo eso?
–¿Quién dice que estoy viejo? –exclamó Inuyasha alcanzándonos en segundos y tomándola sobre sus hombros.
La risa de nuestra hija hizo latir mi corazón con gran alegría.
–El tío Koga.
Mi risa no tardó en aparecer.
–Tu tío Koga es un tonto.
–Inuyasha –reñí sabiendo que moroha repetía todo lo que escuchaba.
–Tonto, tonto…
Tal como lo dije.
–Ya mujer, deja de mirarme de ese modo y mejor dame un beso.
–¡Sí mami!
–Tonto… –le susurré cuando me acerqué a él.
Inuyasha sonrió gratamente antes de bajar su estatura para reclamar mis labios con la naturalidad que los años nos habían otorgado. Moroha, aún sobre los hombros de Inuyasha, aprovechó el momento para recargar su cabeza sobre la de su padre. Aquel hermoso momento quería conservarlo para toda la vida y muy probablemente así sería.
–Mi Reina, es usted la mujer más hermosa de todo el Reino –soltó apenas nos separamos.
–Me pregunto si seguirás pensando lo mismo cuando nuestra hija cumpla los quince años.
–Para ese entonces estoy seguro de que seguiré pensando igual mi Reina.
–Me halaga su Majestad –dije siguiendo el juego– ¿O debería llamarlo mi Rey?
Besó con rapidez mis labios.
–¿O Rey de los Demonios?
Aproveché su consternación para acariciar su mejilla mientras escuchaba la risilla de nuestra hija sobre él. Ambos nos miramos unos segundos antes de que bajara a Moroha para llenarla de besos y caricias. Sin duda no pediría nada más, me sentía completa y feliz sabiendo que los tenía a ambos en mi vida. No le podía pedir nada más a la vida y sabía que todo lo que habíamos pasado era necesario para llegar hasta donde ahora nos encontrábamos.
Ahora, mientras el sol se ponía en el horizonte y pintaba el cielo con tonos cálidos caminamos juntos, sabiendo que el amor que compartíamos era el capítulo más hermoso, y el más duradero de nuestras vidas.
FIN.
