La noche se hizo presente, encontrándose a la dueña del palacio en el balcón, observando la luna

- Tsukiyomi - pronunció su esposo

- ¿Sabes algo? - respondió desesperadamente, volteando

- Yo... lo lamento - murmuró

- No... ella... no puede ser... - sus ojos se llenaron de lágrimas - ¿Mu... murió?

- Tsukiyomi - se acercó, abrazándola - No... Kagome está con vida - pudo notar como el cuerpo de su esposa se relajó - Inu No Taisho está esperándote en el salón

- ¿Qué? - susurró, encontrándose con los ojos verdes de su esposo, quién estaba notoriamente preocupado

Ambos se dirigieron al salón de juntas, el mismo en el que, esa mañana, la youkai le había relatado la historia de su espada, a su hija del medio. Abrieron la puerta, al mismo tiempo en que el youkai de ojos dorados, dirigía su vista hacia ellos

- Taisho - murmuró

- Tsukiyomi - se acercó, abrazándola, en señal de consuelo . Ha pasado tiempo

- Si - respondió, mientras se alejaban - ¿Cómo se encuentra Kagome?

- Bueno... - desvió la mirada - No se encuentra en el mejor de los estados, sin embargo, no vine a hablar de ella

- ¿Cómo? - peguntó, posicionándose al lado de su esposo

- Ella está bajo el cuidado de mi hijo, Inuyasha - miró en dirección en la que el pasillo secreto se encontraba - Es tu hija menor quien me preocupa

- ¿Qué sucedió con Rin? ¿Dónde está?

- Esta en el castillo - ambos demonios abrieron ligeramente sus ojos

- Entonces...

- Así es, Hoshiyomi - dirigió sus orbes dorados al hombre - Tsuki y Tenseiga se encontraron

- Eso no es bueno... - murmuró la mujer, sentándose en una de las sillas - Ella aún no está preparada para una batalla... ¡recién recibió su arma!

- Lamento decirlo, Tsukiyomi - su semblante se ensombreció - Pero... le lucha se llevará a cabo al amanecer

- ¡¿Qué?! - se puso de pie

- ¿Tan pronto? - preguntó el youkai

- Tenseiga atacó a la joven... probó su sangre y... no se detendrá hasta asesinarla, Tsukiyomi - la miró - Tú sabes a lo que me refiero

- Si - asintió - Tsuki y Tenseiga necesitan que sus recuerdos se unan... sólo de esa manera...

- La historia terminará

- La historia de las espadas - se quejó el hombre - Pero no la guerra, Taisho

- Para vencer a Zero y Kirinmaru, deben luchar juntos - frunció el entrecejo - Sesshomaru aún no ha reclamado a colmillo sagrado como suya - hizo una pausa - Hablaré con él ésta noche - volteó, dirigiéndose a la salida - Le diré que modere su fuerza y no lastime a tu hija

- Taisho - el youkai se detuvo, mirándola por sobre su hombro - Ayúdala en su entrenamiento

- De eso se encargará Sesshomaru - sonrió, saliendo de la habitación

La mujer suspiró, volviendo a sentarse

- ¿Te encuentras bien? - se arrodilló frente a ella

-Si - sonrió, acariciando su mejilla - Pero... temo por la seguridad de las niñas - cerró sus ojos - Ellas... están en peligro

- Las protegeremos - apoyó su frente sobre la de ella - Las protegeremos... a como de lugar

Los años que nos abandonaron

El silencio reinaba en la habitación, el hanyo estaba sentado al lado de la mujer, observándola tristemente mientras que, a su lado, Tessaiga descansaba sobre el suelo. Unos metros atrás, cerca del pedestal vacío, Rin estaba sentada, con su rostro entre sus rodillas

- Kagome - murmuró, acariciando su mejilla, mientras ella seguía profundamente dormida

Pasó su mirada por sus heridas, al mismo tiempo en que sus ojos temblaban y él se maldecía internamente, por no haber estado a su lado. En ese momento, la puerta se abrió, provocando que ambos seres la miraran

- Hermana - se puso de pie, acercándose

- Rin - la abrazó fuertemente - ¿Qué haces aquí?

- Bueno... - elevó su espada - Ella me llevó hacía Kagome

- Comprendo - murmuró - Las espadas están unidas, al igual que nosotras

Desvió su mirada a su hermana menor, encontrándose con el híbrido, quién no volteó a verla

- Inuyasha

- ¿Cómo estás Kikyou? - preguntó en un tono bajo

La sacerdotisa se acercó, al mismo tiempo en que sus ojos se llenaron de lágrimas

- Kagome - susurró, pasando sus ojos castaños por las heridas de su cuerpo - Ese maldito...

- No puedo esperar al momento en el que pueda poner mis manos sobre él

Antes de que pudiera responder, una de las sirvientas, ingresó a la habitación

- Disculpe, sacerdotisa, aquí tengo todo lo que pidió

- Muchas gracias - sonrió, tomando la bandeja con hierbas, vendas y agua

La mujer se retiró, mientras la mujer comenzaba a preparar las cosas

- Rin - la castaña se acercó - ¿Puedes ayudarme con el ungüento para sus heridas? - puso la mano en la frente de Kagome - Debo preparar rápidamente la infusión para bajarle la fiebre

- De acuerdo - se arrodilló a su lado

- Inuyasha, ¿podrías salir un momento? Debemos apresurarnos para que su estado no se deteriore

Él la miró, con todas las intenciones de decirle que no, sin embargo, la seria mirada en el rostro de la mujer, provocó que se pusiera de pie sin decir una palabra. Caminó hacia la puerta, volteando y mirando a las jóvenes por sobre su hombro

- No permitan... que Kagome muera

- Es mi hermana - respondió la morena - Haré todo lo que esté a mi alcance

El peliplata cerró la puerta a sus espaldas, al mismo tiempo en que Tessaiga comenzaba a resonar

¿He?

Abrió ligeramente sus ojos, elevándola frente a sus ojos

- ¿Y a ti que te ocurre? - el arma volvió a palpitar

No quieres que nos alejemos de ellas, ¿verdad?

- Yo tampoco quiero irme, pero... es lo mejor - la colocó en su cinturón - Mejor vamos a hablar con Sesshomaru, ese idiota está cerca

El mayor de los Taisho se encontraba en el jardín, observando el firmamento, intentando no pensar en ella

- Hm - sonrió, cerrando sus ojos - Ya se me hacía conocido ese repugnante olor

- ¿Hablas del tuyo? - se posicionó a su lado - No sabía que te gustaba mirar las estrellitas - se sentó

Su hermano no respondió, de hecho, los dos permanecieron en silencio un buen rato, absortos en sus pensamientos, sin apartar la mirada del cielo

- ¿Cómo se encuentra? - preguntó de repente

- Aún respira... Kikyou está haciendo todo lo posible para que su estado mejore... y Rin la está ayudando - elevó su mirada, observando su serio rostro - No debió ser fácil para ti, supongo

Él entrecerró levemente sus ojos, ante aquel comentario

El viaje hacía el castillo parecía eterno, debido al incómodo silencio que se había formado entre los dos. Su cuerpo estaba tenso y su mirada al frente, mientras que ella estaba sujetada a su Mokomoko

- ¿Cómo has estado? - preguntó, intentando entablar una conversación

- Eso no te interesa - respondió, en un tono un poco hostil

- Comprendo - sonrió - Aún me odias

- No te odio - respondió con seriedad - Nunca podría odiarte

- Entonces, ¿por qué no puedes hablar conmigo?

- Porque no lo deseo

- Sesshomaru...

- No necesito que me hables con compasión, Kikyou - frunció el entrecejo - Nuestro contacto se terminó hace mucho tiempo y no me interesa retomarlo

- Yo conservo los buenos recuerdos - sonrió - Nuestros caminos no nos llevaban al mismo destino, sin embargo, siempre serás alguien importante para mi

Permaneció en silencio, apresurándose sin que ella lo percibiera, mientras que, la frase que le había susurrado, la última noche en la que habían hablado, pasaba por su mente


¡Muchas gracias por sus hermosos comentarios! Siempre los leo, espero que les esté gustando esta pequeña historia (aunque a veces puede ser un poco enredada jajaja)