Disclaimer: Los personajes y el universo le pertenecen a JK Rowling.

No obtengo beneficio alguno al escribir este fic.


Aviso: Este fic participa en el Reto #72: "Calendario de adviento" del Foro "Hogwarts a través de los años".


Elegí Lista de lugares y me tocó Azkaban.


Visita por navidad.


Era el sitio más espantoso en el que había estado.

Ni siquiera la mansión Malfoy, en la que le habían tenido prisionero por un tiempo se le parecía.

Esto era peor.

Frío, lúgubre, húmedo...

Oía las respiraciones de los dementores incluso aunque su patronus los mantenía alejados.

Ver y sentir a Cornamenta le reconfortaba, pero no era sencillo ignorar los gritos, los lamentos... Y el silencio.

Cuando pasaba por una celda ocupada en la que el prisionero estaba en silencio, se le erizaba la piel.

Sirius le había dicho que en Azkaban lo peor era el silencio. Si uno se callaba, significaba que se había rendido, que había perdido la cabeza.

Y no pasaba mucho tiempo hasta que morían.

Harry aferró con más fuerza su barita.

Tenía que hacer esto.

Lo había prometido.

Ella merecía una visita el día de navidad.

Para él serían unas horas. La mujer tenía que vivir ese infierno cada día y sin patronus que la protegiera.

Entendía por qué estaba aquí, pero le salvó la vida. Sentía una punzada en el pecho cada vez que pensaba en ello.

No había podido devolverle el favor a Narcisa Malfoy.

La habían encerrado.

Durante cinco años, sí, pero estaba aquí de todos modos.

Sus amigos no entendían lo que sentía ni el por qué. Luna era la única. Pero ella era... Bueno, Luna.

Especial a su manera.

A veces, cuando todo era demasiado, cuando Ron y Hermione insistían en algo que le molestaba, iba a hablar con ella.

Sobre todo cuando sus mejores amigos insistían en que dejara atrás ciertas cosas que consideraban pérdidas de tiempo.

Pero ellos no habían estado allí, no se habían sentido igual que él en ese bosque.

No querían perdonar.

Habían perdido mucho y estaban cabreados.

Harry a veces se irritaba por ello.

El mundo mágico no cambiaría. Si no dejaban el odio atrás, en cuarenta años la guerra volvería porque los oprimidos, los marginados, querrían acabar con el trato denigrante que se les daba.

Pero nadie parecía escuchar.

¿Cómo no?

Suponía que no debería tener estos pensamientos tan sombríos en navidad, pero este sitio no inspiraba pensamientos de felicidad, precisamente.

Sin embargo tenía que centrarse porque Cornamenta comenzaba a titilar.

Si perdía su patronus, los dementores se le acercarían en masa, queriendo un beso que él no estaba dispuesto a otorgar.

Se acordó de unas navidades, años atrás.

Sirius estaba vivo y cantaba a todo pulmón mientras decoraban esa casa tan asquerosa.

A Harry le encantaba ese recuerdo.

Su padrino se veía alegre y las sombras por su paso en Azkaban se atenuaron un poco ese día.

Ojalá lo tuviera consigo. Le echaba mucho de menos.

Otra pérdida más de la maldita guerra.

Y de nuevo Cornamenta titilaba.

Suspiró y volvió a su recuerdo de Sirius cantando Hacia Belén va un hipogrifo.

Y por fin llegó.

Le había parecido que caminaba horas, tal era la tensión de su cuerpo.

-Hola, Señora Malfoy. Estoy aquí, como prometí.