Los personajes no me pertenecen.


—¿Qué tal? ¿Cómo estuvo el campamento de entrenamiento? —Hinata daba brincos de emoción alrededor de Kageyama, como si él mismo no tuviese mucho que contar habiéndose colado a otro. Yamaguchi no entendía cómo podía estar emocionado en vez de nervioso, enterándose de sus próximos rivales en las nacionales. Por su parte, a veces ni siquiera podía dormir y tenía que llamar a Atsumu, esperándose contagiar de sus mismas ganas de jugar tan alto, con la posibilidad de enfrentarse. Las últimas noches habían sido así. Le llamaba hasta que se tranquilizaba lo suficiente para dormir con sus palabras llenas de determinación y optimismo, y con los gruñidos de su hermano de fondo, quejándose desde debajo de la litera.

—Increíble. Fue muy instructivo —asintió con solemnidad. Y sí que debió ser muy educativo, pues desde que había llegado que se notaba más pensativo y centrado.

—¡Pero dime más! —Las protestas del otro se volvieron más fuertes y decidió ignorarlos. Tenía bastante a lo que darle vueltas por su cuenta sin tener que intimidarse por la fama de otros jugadores. Su misma alma gemela estaba en esa lista, por lo que sabía. Es más, hasta había recibido mensajes suyos acerca de lo "santurrón" que era "Tobio-kun"… fuera lo que fuera que eso significara. — ¡Te encontraste con nuestros próximos oponentes!

—Sí. Me di cuenta de lo que tengo que mejorar.

Tadashi decidió darles privacidad, así que se apresuró en cambiarse para ir a la cancha, para que pudieran intercambiar información de los asistentes de sus respectivos campamentos.

Aunque sabía que en la cancha tampoco tendría salvación en cuanto al tema de quiénes vendrían en su contra en los próximos partidos. Todo el mundo hablaba de lo mismo. Él solo quería practicar tranquilamente su saque y fingir que todo estaría bien sin importar cuál fuera el resultado, por más competitivo que fuera Atsumu y el hecho de que no fuera un jugador tan grandioso como para merecer ir a las nacionales.

—Lo que sea que estés pensando, quítatelo de la cabeza —dijo Tsukki, pasando a su lado con fingida indiferencia. Y como si alguna vez Yamaguchi hubiera podido quitarse las preocupaciones con pura fuera de voluntad. — Tendremos un partido amistoso contra Dateko. Céntrate en eso primero, lo demás viene después.

Después. Después, cuando volviera a ver a su alma gemela, esta vez en Tokio. Después, cuando quizá confirmaría algunos de sus temores.


Llegar a Tokio ya era emoción suficiente. Su corazón se disparaba todavía más pensando en lo que estaba por hacer ahora.

¿Ya vienes?

Revisó el mensaje de Atsumu escondido dentro de su futón para no despertar a nadie con el brillo. Se había vestido para salir, y también se había vuelto a acostar con esa ropa, indeciso sobre la idea. A fin de cuentas, su primer partido era mañana. Tal vez debería quedarse acostado, aunque fuera sin dormir y dando vueltas todo el tiempo. Eso o podía ir a ver a su alma gemela por un par de insignificantes minutos, donde quizá terminaría tranquilizado gracias a él.

¿Por qué estaba dudando tanto?

Antes de volver a arrepentirse, tecleó rápidamente una respuesta afirmativa y salió con sigilo. Sus latidos sonaron desbocados todo el camino, hasta que logró verle a lo lejos, relajado recostado en un sofá. Y apenas vio su sonrisa, fue capaz de corresponderla también.

Caminó más rápido para poder sentarse a su lado, apreciando la calidez que irradiaba.

—Qué bueno que viniste. Comenzaba a preguntarme si se te había pegado lo santurrón de tu compañero también.

Tadashi rodó los ojos, todavía sin entender muy bien por qué le llamaba así.

—Solo me movió el hecho de recordar esa linda promesa tuya de enfrentarnos en un futuro.

—Haré todo lo posible para ganar, aunque sea contra ti. Lo sabes, ¿cierto?

—Por supuesto. No esperaba otra cosa —admitió— Además, una victoria a medias no tiene sentido. Recuerda que ibas a invitarme a comer después del partido, sin importar el resultado. Y que me ibas a cocinar algo si ganaba yo.

—¿Yo dije eso? ¿Cuándo? —Sería una mentira decir que no le dolió que Atsumu no recordara su encuentro en sueños. Su promesa fue una de las cosas que lo mantuvo a flote en muchas ocasiones, cuando se sentía inútil en el vóley y le daba miedo salir a la cancha. ¿No fue tan importante para él acaso? ¿Era solo una promesa que dejó atrás luego de enamorarse de alguien? — No soy muy bueno en la cocina, así que tengo más motivos para ganar. Lamento decir que si llego a cocinarte no volverás a salir conmigo.

Yamaguchi se tensó cuando Atsumu pasó su brazo hasta su cintura. Bien, quizás ahora comenzaba a ponerse incómodo lo de sentir su calidez. No estaba listo para avanzar a ninguna base, para él ya era suficiente fugarse a escondidas para verlo de noche.

—Que exagerado —rio nervioso. — Me diste falsas esperanzas. Creí que practicarías.

—¿Practicar en la cocina? Bueno, tampoco es que sea pésimo. Mi hermano y yo solemos hacer onigiris. Si te portas bien, podría llevarte algunos antes o después de un partido —Sonaba adorable. Tanto que casi conseguía relajarse a pesar del estrecho abrazo en que se encontraba.

—Estaré esperándolos entonces. Yo siempre me porto bien, a diferencia tuya —Armándose de confianza, se atrevió a recostarse un poco contra él, descansando la cabeza en su hombro. Sonrió al darse cuenta de que el otro también se tensaba, feliz de no ser el único nervioso. Era consciente de que el otro tenía más experiencia con las citas, pero se alegraba de haberle tomado desprevenido. Quería tomar más la iniciativa, de dejar en claro lo que tenían. Estaba convencido de que si lo hacía volvería a sentir aquello que sintió en sus sueños.

—¿Te parece que escaparte de tu habitación es portarse bien? No lo sé, Tadashi-kun, me parece que estás equivocado.

—Hey, lo hice por ti. Me llevas por el mal camino, Tsumu.

—¿Cómo me llamaste? —Casi saltó de su asiento por la impresión, aunque no entendía por qué, si ya sabía que él era de poner apodos. — No, perdón, olvídalo, no importa… Es que mi hermano también me llama así. Supongo que tienes sentido que lo hagas si nos volvemos más cercanos. Y bueno, supongo que espero llevarte por algunos de esos malos caminos en el futuro —Algún día, seguro esa sonrisa terminaría por matarlo. De un ataque cardiaco por todo lo que se insinuaba detrás. Le era tan difícil imaginarse con Atsumu… ¿por estar yendo rápido? No, tenía más que claro que lo normal era ir más rápido que esto. De hecho, era un poco raro que a estas alturas todavía ni siquiera se besaran. — Si me dejas, por supuesto.

Ah, se había percatado de su falta de entusiasmo por avanzar. Qué desastre.

—Obvio que quiero. Es lo que espero desde hace tiempo —Desde la primera vez que lo vio en sus sueños que quería estar a su lado. Que la forma de difuminara y deformara no cambiaba ese hecho. Yamaguchi decidió que este momento lo decidiría todo: si con un beso podía reafirmar esas ganas, daría todo por ser su novio. Si por el contrario solo existía la incomodidad, seguro el otro también decidiría dejar hasta aquí las cosas.

—¿Desde hace tiempo? —Sonaba sorprendido y complacido a partes iguales. Sin embargo, al parecer lo que dijo fue suficiente para que se acercara más. — No tienes idea de cuánto me alegra saberlo —Yamaguchi podía sentir su suave aliento en su rostro, su mirada intensa posada en sus labios. Quiso tragar por los nervios. Humedecerse los labios. Cualquier cosa que pudiera apaciguar las llamas que consumían su estómago. Pero tenía claro que cualquiera de esos gestos podría hacer que emprendiera la retirada, así que se mantuvo quieto y esperó.

Atsumu se inclinó más hacia él. A Tadashi se le olvidó cómo respirar. Y justo cuando estaban a punto de juntarse sus labios, el sonido ensordecedor de un tono de llamada quebró todo.

Ambos parpadearon confundidos, como si los hubieran separado directamente. El rubio se dio cuenta de que era su móvil, y luego de hacer un gesto de disculpa presionó para contestar.

—Tsumu, imbécil, ¿dónde demonios estás? Dije que fuiste al baño pero estás tardando mucho —escuchó que decían. Su hermano, a juzgar por el dato que el otro le dio hace poco.

—No hay forma de que me deje atrapar por las tontas payasadas de ustedes —se oyó a Suna de fondo. — Más vale que regreses ya.

—Sí, claro, yo… —dejó de hablar cuando le colgaron de improvisto. Se encogió de hombros y volvió a centrar su atención en él. El mayor lo miró con las disculpas impresas en su cara. El momento ya se había roto. — Lo siento. Tengo que irme.

—Tranquilo, probablemente yo también deba regresar.

—Gracias por entender —se veía algo avergonzado por la interrupción. Y no era para menos, considerando qué estaban por hacer. — Es obvio que eres un romántico, así que en la próxima oportunidad lo seré. Por ahora… —Volvió a acercarse, esta vez con los ojos cerrados. Pareció detenerse el tiempo, los segundos estáticos mientras en cámara lenta… besó su mejilla. Y se veía tan adorablemente satisfecho que ni pudo decepcionarse. A fin de cuentas, Atsumu ya había dicho que habría una próxima vez. — Espero que te conformes con esto.

Lo hacía. Tanto, que esa noche fue capaz de dormir sin problemas.


El primer día de las nacionales fue intenso, y no solo por el partido. Yamaguchi se dio cuenta de la presencia de Atsumu desde las gradas, por suerte desde el comienzo. Si lo hubiera notado al momento de servir sus nervios habrían terminado de matarlo. Y ya estaba lo suficientemente mal, con el problema de adaptación a esta cancha. La academia Tsukihabara era un rival duro y ellos no estaban acostumbrados a jugar en las grandes ligas. Sintió que era un milagro que ganaran. Y a pesar de alegrarse, seguía carcomiéndole la pregunta de si había hecho suficiente o no, más aún con él ahí. No juzgándole, pero tal vez midiéndole, al igual que al resto de karasuno. Ahora, con su equipo atentos al entrenador Ukai y Takeda-sensei, continuaba dándole vueltas a lo inevitable: mañana serían rivales.

—Seguro que ya están pensando en mañana, pero déjenme decirles algo. Felicidades por su importante victoria en el torneo —Aquellas amables palabras ayudaron a aliviar un poco su carga.

—¡Sí! ¡Sí! —Hinata y Nishinoya comenzaron a gritar, acompañados por los apalusos de Yachi y Kiyoko de fondo.

—Bueno, hablemos de mañana —interrumpió el entrenador, consiguiendo que volviera la seriedad al grupo. Tras un instante, pareció desinflarse solo por pensar en ello. — Aunque la realidad no cambiará solo por decirlo… Jugaremos contra el segundo lugar del inter high de este año. La preparatoria Inarizaki de Hyogo. Bueno, es la realidad… digamos que son los favoritos. Primero, su mayor anotador, el número 4, Aran Ojiro. Es alto y poderoso. Igual que Bokuto, está por ser de los tres mejores rematadores. Es capaz de superar eso cuando está en plena forma. Igual que al jugar contra Ushiwaka, no dejen de pensar en pararlo y conseguir el balón. Lo detendremos solo con la defensa total.

Yamaguchi había escuchado de él desde los labios de Atsumu. Por lo que había logrado deducir, un mártir de la paciencia que los conocía a él y a su hermano desde pequeños. Datos cotidianos que no le habían inquietado, a diferencia de todo lo que acababa de escuchar ahora. — Y su bloqueador central, el número 10, Suna Rintarou. Es más pequeño que muchos bloqueadores, pero su instinto es genial. No dejen de verlo cuando ataque. Seguramente se acostumbrará al ataque rápido. Aprovechen el espacio que tengamos al atacar.

Desde que lo vio por primera vez creyó que era un gran jugador, y aquí estaba la confirmación. Fue inevitable tragar saliva. Sus compañeros lucían determinados, asintiendo a todo lo que decían. — Esas son sus armas principales. Pero el que causará más problemas es el que sabe cómo usar a sus rematadores. Su colocador, Atsumu Miya.

Se estremeció solo con escuchar su nombre. Por suerte la atención de sus compañeros estaba puesta en otra persona—Kageyama debió de verlo en el campamento.

—Sí —confirmó. Tadashi agradecía la confidencialidad de Tsukki, pues sabía que le había visto más veces. Que lo conocía. Que incluso había colocado para él la última vez, y lo maravilla que hacía encajando cada pase.

—Ya lo conocen como el mejor colocador de preparatoria —comentó Suga, cosa que no le hizo ni pizca de gracia al otro setter del equipo.

—Dicen que es capaz de hacer parecer que el rematador ha mejorado. Es fácil golpear sus pases. Son consistentes y sin dudar.

¿Tantos elogios seguidos desde su boca? Pues cada uno era una razón más para estar nervioso.

—¿Lo admites? —Tanaka parecía estar pensando lo mismo.

—Eso no es lo único de lo que debemos ser cuidadosos —continuó Ukai.

—Sus saques —Tobio los había visto ya, y yendo en serio.

—Sí.

—Miya-san hace saques de remate y flotantes por igual desde hace tiempo —Tadashi ya tenía esa información, aunque no la había compartido con nadie, ni siquiera lo consideró, cuando fue él quien le dio consejos la última vez que se vieron.

—No sabremos cuál hasta el último momento.

—Será difícil hacer una formación.

—Oí que ganó el premio de saques en secundaria y preparatoria.

—No necesitaba oír eso.

—Lo siento.

El resto del equipo seguía hablando a su alrededor, pero él no podía participar cuando estaba usando toda su energía en mantenerse firme. Su alma gemela era tan genial. Tenía tanto miedo de enfrentarlo en serio y no parecerle suficiente. Tanto miedo de perder a alguien que ya había perdido antes, sin comprender el motivo. La única diferencia era… que si algo cambiaba a partir de mañana, o si él dejaba de estar interesado, esta vez sí sabría cuál era la razón. Y puede que fuese la misma de hace años: que fuese poca cosa.

—El primero y el segundo del país… ¡podemos jugar contra los dos! —El grito entusiasmado de Hinata lo sacudió mentalmente. Respiró de nuevo, sintiendo el aire menos pesado al notar que los demás también lucían más relajados. Tenían suerte de contar con él.

—Solo si el primero, Itachiyama , llega hasta la final. Están en el bloque contrario.

—Ah, cierto. Pero si alguno le gana, ese sería el mejor, ¿no?

—Sí… ¿Sí?

—No puedo con ustedes —el dramático suspiro de Suga hizo eco al suyo propio, que retenía apenas. — ¿Cómo pueden tener tanta confianza?

Qué gran pregunta. Le gustaría entender, pero de momento simplemente comprendía que había gente temeraria como Hinata, y gente menos valerosa, como él. Deseaba poder ser un punto medio. Claro, también era importante considerar que Hinata podía ser un poco idiota arriesgándose mucho, cosa que quedó claro cuando preguntó:

—Si Atsumu Miya es tan bueno, ¿no deberíamos apuntarle cuando devolvamos el balón?

—¡Sí, buena idea, Shoyo! —Noya era de los suyos, obviamente.

—Esperen, esperen. La grabación que vimos es de la final eliminatoria, pero en ese partido el que suele jugar en posición opuesta no estaba bien y lo sentaron.

—Opuesta… el que está al otro lado del colocador, ¿no? La misma posición que Sawamura-san y Ushiwaka-san.

—Es posible que esta vez sí juegue. Aunque puedan parar a Atsumu Miya, su hermano gemelo Osamu lo cubrirá.

La mente de Yamaguchi se fue en blanco con esas palabras.

¿Sería posible?


¡Hola de nuevo! En el capítulo anterior alguien ya se dio cuenta de todo, y ahora el protagonista lo sospecha. A la historia no le queda tanto, ya pasamos la mitad. Como queda poco, seguiré actualizando lo más seguido que pueda.

Gracias por seguir aquí leyendo la historia

¡Hasta la próxima!