ESCRIBIENDO UN NUEVO FUTURO

Capítulo 17: Confesiones:

Al día siguiente, Matsuda tuvo que poner atención extra al conducir. Estaba bastante cansado, ya que apenas había conseguido dormir dándole vueltas a la confesión de Sayu.

"Sayu… No puedes estar hablando en serio… No estoy seguro de que yo pueda hacerte feliz" pensó sintiéndose perdido. "¿Qué debería contestarte?".

Llegó al cuartel y aparcó. Al caminar por los pasillos se encontró con Mello viniendo de frente en su silla de ruedas y el policía lo reconoció inmediatamente por los retratos robot que había visto de él.

-Vaya, vaya. Así que tú eres el famoso Mello – comentó mirándolo con seriedad y el otro le devolvió una dura mirada.

"¿Qué le habré hecho ahora a este idiota?" pensó el rubio.

-¿Acaso tienes algún problema? – adivinó Mello.

-Pues puede que lo tenga, sí – asintió Matsuda – Te suena de algo el nombre de Sayu Yagami, ¿verdad?

-Oh, por el apellido debe de tratarse de la hermana de Kira – razonó el otro – ¿Qué pasa con ella?

-¡La secuestraste! – le acusó.

-Torturamos un poco a esa chica a cambio de salvar muchas vidas, ¿no te parece justo? – preguntó el rubio mirándolo con condescendencia.

-¡Me parece horrible! – exclamó Matsuda apretando los puños.

-Eres policía, ya deberías saber que en toda estrategia tiene que haber sacrificios – contestó con seriedad – Mantener la paz nunca sale gratis.

Matsuda no aguantó más y agarró al otro por el cuello de la camiseta.

-Eso, pégame. Será lo último que hagas – le aseguró Mello con una sonrisa torcida.

El policía apretó con rabia el puño de la mano que tenía libre dispuesto a estampárselo en la cara a ese fanfarrón, pero en ese momento alguien lo sujetó del brazo.

-Agente Matsuda, por favor, conténgase – le pidió Lindner con diplomacia – Le recuerdo que Mello aún está convaleciente.

El moreno tomó aire para tranquilizarse un poco.

-Está bien – accedió soltando por fin al rubio.

-Hablas de esa Yagami… No es como si yo hubiera salido indemne – murmuró Mello avanzando con la silla de ruedas.

En ese momento el rubio pasó al lado de una ventana y gracias a un rayo de sol Matsuda pudo ver mejor la cicatriz que ese chico tenía en la cara…

"Supongo que en ninguna guerra hay ganadores. Solo quedan vencidos…" pensó el policía con algo de tristeza.

Entonces Matsuda se dio la vuelta y siguió avanzando hacia la sala de control.

-Buenos días – saludó al entrar.

-¿Ya está Mello causando problemas? – le preguntó Near señalando de un cabeceo una pantalla de vigilancia mientras se retorcía un mechón de pelo.

-Oh… creo que lo de antes también ha sido culpa mía – le restó importancia el policía – Debo de haberme dejado llevar por todo lo ocurrido. Lo siento.

"No he podido evitarlo. Al ver a ese Mello he recordado todo lo que Sayu sufrió por su culpa…" pensó Matsuda. "Yo solo quiero que algún día ella pueda volver a sonreír de verdad…".

El policía se sentó en una de las sillas y levantó la vista. A través de las pantallas, podía observarse que Mello y la agente Lindner ya habían llegado a la sala de rehabilitación. En ese momento, ella empezaba a darle un masaje.

Pero Matsuda no era el único que miraba las pantallas, ya que Near también observaba cómo una tercera persona estaba a punto de unirse a Mello y a Lindner.

OoOoO

Un par de golpes sonaron en la puerta de la sala de rehabilitación y momentos después Yuko se asomó al interior.

-Hola, perdón si molesto – habló la morena – Solo quería ver cómo iba todo.

-Pues llegas justo a tiempo de verme sufrir – contestó Mello con cara de dolor mientras Lindner continuaba con sus masajes.

-Exagerado… – murmuró la rubia.

-No te quejes tanto. Sé de sobra que estás en manos de una profesional – respondió Yuko.

La recién llegada se sentó entonces sobre una colchoneta que había extendida en el suelo y observó la terapia.

-Bien, deberías estar listo para intentar ponerte en pie – anunció Lindner un poco después.

-¿Tú crees…? – preguntó Mello no del todo seguro.

-Pues claro. Usa la barra de sujeción para ayudarte – indicó la rubia señalándola con el dedo.

El chico rodó con la silla hasta aquella barra atornillada a la pared, pero entonces recordó el gran dolor que sintió el día que intentó levantarse por su cuenta y le dio algo de miedo. Dirigió una rápida mirada a Yuko y ella alzó el pulgar para darle ánimos.

Tomó aire y se agarró con ambas manos a la barra para después impulsarse hacia arriba, pero en el momento en el que tuvo que hacer fuerza con el pie sintió un gran dolor.

-¡Ay! – se quejó él volviendo a quedarse sentado en la silla de ruedas.

-¡Mello! – exclamó Yuko preocupada.

El rubio bajó la mirada. Sentía tanta rabia que tenía ganas de golpear algo con el puño.

-Tranquilo, es normal que la rehabilitación vaya despacio – intervino Lindner poniéndole la mano en el hombro – Dejémoslo por hoy, es mejor no tratar de forzar.

-Lindner tiene razón – la apoyó la morena – No te rindas, verás cómo mañana se te da mejor – añadió con una sonrisa, haciendo que Mello se sintiera nervioso.

El chico le apartó la mirada inmediatamente y avanzó con su silla dándoles la espalda a las dos mujeres, aunque al momento sonrió para sí mismo.

-Por supuesto que me seguiré esforzando. ¿Por quién me habéis tomado? – les preguntó girándose para mirarlas finalmente.

OoOoO

Los días siguieron transcurriendo poco a poco y la rehabilitación de Mello continuó su curso. Además, siempre que Yuko podía pasaba a verlo, como era el caso de esa mañana.

-Muy bien. Eso es – animó Lindner al chico mientras este se ponía en pie sujetándose a la barra.

Tras muchos días de esfuerzo, el rubio por fin podía sostenerse y dar algunos pasos, aunque siempre agarrado a la barra.

-Ahora intenta andar sin sujetarte – le pidió la agente.

Mello se soltó, pero no tardó en torcer el tobillo y caer al suelo.

-¿Estás bien? – preguntó la rubia preocupada.

-¿Tú qué crees? – bufó él.

-Será mejor que lo dejemos aquí por hoy – contestó Lindner ayudándole a ponerse de nuevo en pie – Además, tengo otras cosas que hacer.

-Parece que últimamente hay bastante movimiento en las sombras – comentó Yuko con preocupación mientras les acercaba la silla de ruedas.

-Exactamente – asintió la otra chica mientras echaba una mano a Mello para sentarse – En fin, nos vemos, chicos.

Lindner tomó sus cosas y se marchó.

-¿Aún tienes miedo? – preguntó Yuko entonces en un susurro.

-No debí habértelo dicho – refunfuñó Mello mirando para otro lado.

-No me estoy burlando de ti – se quejó ella.

-Tampoco me gusta que me tengan lástima – contraatacó.

-No es lástima. Tan solo estoy un poco preocupada por ti.

-Eso es innecesario. Deberías saber que soy un tipo duro – presumió él.

-Ya – contestó la morena rodando los ojos.

-Piensa lo que quieras, pero lo superaré – aseguró Mello entonces con seriedad.

La chica entonces se quedó mirándolo y sintió que, aunque el rubio trataba de hacerse el fuerte, en realidad necesitaba más ánimos que nunca.

-Por supuesto que lo superarás – opinó Yuko abrazándolo.

-¿Qué haces? Su… ¡suéltame! – exigió completamente avergonzado.

-Oh, vamos. No seas crío – contestó ella – Hasta los tipos más duros necesitan un buen abrazo de vez en cuando.

En ese momento, se abrió la puerta y se asomó Near, encontrándose a la chica abrazada al otro.

-Oh, buscaba a Lindner – dijo el del pelo blanco algo cortado.

-Se ha ido ya – le informó Yuko y entonces se dio cuenta de lo que estaba haciendo y soltó a Mello.

-Seguiré buscándola – respondió Near dándose la vuelta, cerrando de nuevo la puerta tras de sí.

"¡No puede ser!" pensó la chica.

-Voy a adelantarme, ¿podrás volver tú solo a tu habitación? – le preguntó la morena a Mello.

-Por supuesto – aseguró él – Ya me he acostumbrado a manejarme por aquí con la silla.

-Estupendo. ¡Nos vemos luego! – se despidió.

Yuko salió de la sala y empezó a correr por el pasillo.

-¡Near! – le llamó al verlo a lo lejos.

-¿Eh? ¿Pasa algo? – preguntó él girándose.

-Oye, oye, ¿no te habrás pensado que hay algo entre Mello y yo? Po… ¡porque no lo hay! – intentó explicar ella.

-Pero… está claro que os lleváis muy bien – contestó el del pelo blanco jugando con un mechón.

-No, no te confundas – negó la chica con la cabeza – Te digo que él no me gusta. Al menos no románticamente, ¿vale?

-Yuko, no pasa nada – respondió Near – Es tu vida, puedes hacer lo que quieras. Que no te importe lo que opinen los demás – añadió dándose la vuelta para seguir caminando.

-Claro…

"¡Oh, no! ¡Creo que está convencido de que me gusta Mello!" se temió ella.

OoOoO

Esa misma tarde, Matsuda pudo escaparse un rato antes del trabajo, así que aprovechó para tratar de ver a Sayu. Tras pensarlo detenidamente, había llegado a la conclusión de que al menos quería intentar hacer feliz a esa chica.

Aparcó justo al lado del campus universitario y al salir del coche no tardó en divisar a Sayu entre todos los estudiantes que salían de allí.

-¡Sayu! – le llamó, pero ella no lo escuchó y siguió andando a toda prisa – ¿Adónde irá?

Echó a correr tras ella en un intento por alcanzarla, pero enseguida la vio entrar en una floristería. Al llegar, el chico se quedó escuchando en la puerta de la tienda.

-¡Mamá! Ya estoy aquí – escuchó la voz de Sayu proveniente del interior.

-Qué bien, hija – le contestó su madre – Estaba dudando entre dos tipos de flores, ¿qué te parece a ti?

Matsuda se asomó con disimulo y vio a la chica junto con su madre Sachiko observando unos ramos.

"Genial, con la suegra delante" pensó el policía irónico. "Va a estar difícil declararse… Pero no puedo estar pidiéndome horas libres todos los días. ¿Qué debo hacer?".

-Vaya… ambos tipos de flor son preciosos – decía Sayu en ese momento – Pero creo que me quedo con las amarillas.

-Entonces está decidido – contestó su madre – Nos quedamos con las flores amarillas – añadió dirigiéndose al tendero.

-Por supuesto – respondió el hombre – ¿Desean que les prepare un ramo?

-Sí, por favor – asintió Sachiko.

-De acuerdo. Denme un par de minutos – les pidió el tendero.

El hombre salió de detrás del mostrador y empezó a fabricar el ramo con las flores amarillas.

-Menos mal que has venido, hija – comentó la mayor – Si no me habría pasado aquí toda la tarde eligiendo.

-No exageres, mamá – respondió la chica riéndose un poco.

Sayu giró un momento la cabeza y le pareció ver un bulto en la puerta, así que salió a la calle para ver qué era.

-Matsuda, ¿qué haces aquí? – preguntó ella sorprendida al verlo allí medio escondido.

-Eh… Ah… ¡Ah, sí! Te he visto antes y quería devolverte esto – respondió él echándose la mano al bolsillo y sacando un colgante para móviles.

-Gracias, ¿dónde estaba? – preguntó la chica – Llevo un par de semanas buscándolo como loca.

-Se te debió de caer en mi coche el otro día cuando te acompañé a casa – le explicó él mientras se lo devolvía.

-¡Menos mal que lo has encontrado! Ya lo daba por perdido – respondió Sayu – Por cierto, ¿has… pensado eso? – preguntó completamente avergonzada.

-Sí. En realidad, por eso estoy aquí – admitió el chico – Verás, yo…

-Buenas tardes, Matsuda – le saludó entonces la madre de la chica, haciendo que él detuviera su confesión inmediatamente – ¿Qué estás haciendo por aquí?

-Ah, buenas tardes, señora Yagami. Yo… he venido a… – dudó él.

-Ha venido a devolverme esto – intervino Sayu mostrándole a su madre el colgante.

-Ya veo – asintió la mujer – Sayu, se nos está haciendo tarde. Debemos darnos prisa si queremos llegar a tiempo.

-Tienes razón, mamá.

-¿Adónde vais? – les preguntó él.

-Al cementerio – le explicó Sayu.

-¿Puedo… acompañaros? – se ofreció Matsuda – Os puedo llevar en mi coche. No me importa, en serio – insistió.

-La verdad es que llegaríamos más deprisa – observó la chica – ¿Tú qué opinas, mamá?

-Está bien – accedió la mujer.

-Pues entonces está decidido – contestó Matsuda con una sonrisa. Al menos tendría alguna oportunidad para declararse.

OoOoO

Mientras tanto en el cuartel, Yuko pasó a la habitación de Misa.

-¿Eh? – se extrañó la rubia al ver a la otra entrando con el carro de dulces.

-Aquí traigo lo que habías pedido – anunció la morena.

-Eh, no sé de qué… – empezó a decir la artista cuando la otra la miró con intensidad – Ah, ya, ya – rectificó entendiendo que quería que le siguiera la corriente.

Yuko sirvió una taza de té y después también dejó sobre la mesa una bandeja con pastas, y Misa se dio cuenta de que también había una servilleta doblada. La abrió y vio que había algo escrito en una letra tan diminuta que sería difícil que las cámaras de seguridad la captaran.

"Se cree que me gusta otro" leyó mentalmente la rubia.

-Oye, siéntate un poco – le ofreció Misa entonces señalando el sofá de enfrente – Me has traído demasiadas cosas. No creo que pueda con ellas yo sola.

-Está bien – aceptó y entonces se sirvió otra taza de té.

-¿Sabes? Estaba pensando que hay gente que nunca se entera de nada, ni aunque le pongas un letrero brillante frente a sus ojos – habló la rubia intentando parecer casual.

-Te entiendo. Conozco a algunos así – Yuko le siguió el juego.

-En esos casos lo mejor que se puede hacer es atacar directamente y con claridad, no dejando ninguna duda de lo que quieres decirle al otro.

-¿Y si es algo que da mucha vergüenza decir? – preguntó la morena.

-No pienses. Solo actúa – le aconsejó – Así es cómo yo me declaré a Light. Si tan solo lo hubiera pensado un poco, jamás me habría presentado en su casa.

-Ya veo – respondió dándole un bocado a una pasta.

"Así que actuar sin pensar…" repitió Yuko mentalmente.

OoOoO

Los últimos rayos del sol iluminaban tímidamente aquel silencioso cementerio. A aquellas horas, apenas quedaba nadie más en aquel lugar aparte de Matsuda, Sayu y su madre.

-¿Sabes, hermano? Acabo de empezar un nuevo curso en la universidad – contó Sayu frente a la tumba de Light – Espero que estés orgulloso.

Entonces, madre e hija depositaron juntas el ramo de flores amarillas y después encendieron un incienso. Se quedaron en silencio durante un par de minutos, recordando algunos momentos familiares felices… queriéndose imaginar que todo seguía igual que antes.

Por su parte, a Matsuda le resultaba incómodo estar honrando a Light después de todo lo que les había hecho, pero hizo un esfuerzo y fingió lo mejor que pudo que no tenía ganas de darle una patada a la tumba.

-Chicas, empieza a hacerse de noche – les advirtió el policía mirando un momento hacia el cielo – Creo que será mejor que vayamos pensando en regresar.

-Sí… Además, ya no queda nadie por aquí – observó Sayu – Adiós, hermano y papá.

-Vendremos pronto a veros de nuevo – les prometió la madre.

Los tres se dieron la vuelta y se dirigieron hacia la salida. Sin embargo, cuando estaban a punto de llegar divisaron en la entrada a un chico joven que estaba echando el cierre.

-¿Está cerrando la puerta? ¡Eh, espera! – le pidió Sachiko.

-¿Está sordo o qué le pasa? – se quejó Sayu al ver que no les hacía ni caso.

-Va escuchando música por los auriculares – observó el joven policía – Desde aquí se oye perfectamente la canción…

Los tres llegaron hasta la entrada y trataron de forzar la puerta, pero efectivamente, ya estaba cerrada con llave y no se movía ni un milímetro.

-¿Y ahora qué hacemos? – preguntó Sayu preocupada – ¡No quiero pasar la noche aquí dentro!

-Calma – le pidió Matsuda – Te prometo que saldremos pronto de aquí. Confía en mí, ¿vale?

-Vale – respondió ella algo más tranquila.

El chico probó a dar golpes en la puerta y a gritar para ver si llamaba la atención de cualquiera que pudiera estar cerca de allí, pero aquello no parecía dar resultado.

En ese momento el aire empezó a moverse e hizo ruido al agitar las hojas de los árboles cercanos.

-¿Qué ha sido eso? – se alarmó la madre.

-No… no… no me digas que hay un fantasma – contestó Sayu con miedo.

-¡Ah! ¡Socorro! – chilló Sachiko.

-Calmaos, calmaos – trató de tranquilizarlas Matsuda – Parece que tan solo es el viento.

-Sí, sin duda es el viento – repitió Sayu para calmarse, pero en ese momento las ramas crujieron más fuerte aún – ¡Ah! ¡Eso no parecía el viento! – gritó.

Matsuda miró con atención el lugar del que procedía el ruido.

-Es un gato trepando por las ramas – dijo el policía aliviado al ver que tan solo se trataba de eso.

-Aun así, ¡tengo mucho miedo! – exclamó Sayu – ¡Quiero salir de aquí!

El felino saltó entonces al suelo con un estruendo llevando algo en la boca y después se ocultó corriendo entre las sombras. Parecía que había atrapado una presa y que iba a disfrutar de su comilona en algún lugar.

-Eso ha sido bastante siniestro – comentó la madre.

"Ambas están muy tensas, tengo que hacer que piensen en otra cosa" se dijo Matsuda. "¡Ya sé! Aunque… ¿tiene que ser eso? Pero no se me ocurre nada mejor…".

-Señora – llamó él a Sachiko.

-¿Sí? – contestó ella.

-Yo… ¡quiero a su hija! – exclamó el chico de repente.

-¿Qué? ¿Cómo? – preguntó la madre sorprendida.

-Que quiero a su hija – repitió Matsuda – Sí, de manera romántica – aclaró.

Sachiko lo miró sorprendida y después enfadada.

-Lo siento. Sé que eres un buen chico, pero no puedo aceptar una relación entre mi hija y un policía – respondió la mujer con seriedad.

-Él me quiere… y yo también lo quiero – intervino también Sayu.

-Pero Sayu, ¡sabes de sobra lo que puede ocurrir! – le regañó su madre – Es que… ¿quieres acabar como yo?

-¡Pues sí! Yo también deseo pasar todo el tiempo que pueda con la persona que quiero – contestó ella desafiante – ¿O me vas a decir ahora que te arrepientes de haber vivido con papá los años que has podido estar con él?

-Cómo voy a arrepentirme de eso… – respondió la mujer con un nudo en la garganta.

-Sé que su oficio es muy peligroso, pero nadie sabe lo que va a pasar en el futuro – continuó Sayu – Si todo el mundo estuviera obsesionado con las cosas que tal vez podrían pasar, entonces nadie haría nada. Así es como lo veo yo.

-Hija… – murmuró la mujer y ella la abrazó.

-Por eso te pido que lo entiendas, mamá – le pidió la chica – Nos han pasado muchas cosas malas, ya es hora de que nos ocurra algo bueno, ¿no crees?

Matsuda entonces se agregó al abrazo, lo cual hizo que ambas se sorprendieran.

-No os preocupéis. Sé que habéis pasado por tiempos malos, pero a partir de ahora voy a procurar estar siempre a vuestro lado – les aseguró él con cariño – Os ayudaré en todo lo que pueda y evitaré que os sintáis solas.

-Matsuda… – murmuraron ambas a la vez empezando a llorar.

-Tranquilas – les dijo él.

Los tres permanecieron allí abrazados durante unos minutos, hasta que escucharon un chirrido. Se giraron sorprendidos y vieron que la puerta del cementerio se había abierto y habían aparecido dos personas, el chico que los había encerrado y un hombre que por sus vestimentas parecía un monje budista.

-¿Qué hacen ustedes aquí dentro? – preguntó el hombre.

-Nos quedamos encerrados – explicó Matsuda – Intentamos llamar la atención de la persona que estaba cerrando, pero no nos escuchó.

-¿En serio? ¿Cuántas veces te he dicho que no debes escuchar música con los auriculares mientras estás trabajando? – regañó el monje al chico joven – Discúlpate ahora mismo.

-Lo siento. No os vi – trató de disculparse el muchacho.

-Vale, está bien – contestó Sayu – Solo hemos pasado un poco de miedo, pero eso es todo.

-Han tenido suerte. Varios vecinos han acudido al templo asustados asegurando que escuchaban voces en el cementerio – les contó el hombre – Por eso hemos decidido venir a investigar.

-Muchas gracias, nos han salvado – les dijo Sachiko.

Entonces, los tres se despidieron del monje y del muchacho y salieron de ahí. Sayu tomó de la mano a Matsuda mientras volvían hacia el coche de este.

-Vente a cenar con nosotras – le pidió la chica – Después de la aventura que hemos vivido, creo que estará bien que nos relajemos un rato.

-Para mí será un placer – accedió él – Si a usted le parece bien, claro – añadió mirando a la madre de Sayu.

-Ay, el amor de juventud – suspiró la madre observándolos – Pues claro que me parece bien.

-¡Muchas gracias! – exclamaron los otros dos a la vez y Sachiko sonrió. Si su hija era feliz de esa manera, ¿quién era ella para negarse?

OoOoO

-Near, yo… quiero que sepas… – murmuró Yuko dando paseítos por su sala de trabajo – No, no, así tampoco – se regañó – Agh, no encuentro una fórmula que me convenza…

Toda su vida había estado acostumbrada a planificarlo todo y a pensar detalladamente diferentes respuestas, acordes a los múltiples escenarios que pudieran darse, no dejando absolutamente nada al azar. Eso que le había sugerido Misa de actuar sin pensar, improvisar sin tener un plan de apoyo, era absurdo.

Yuko se fijó en las pantallas de vigilancia. Mientras que en la sala de control solo se veían algunas de las habitaciones, desde su puesto de trabajo podía observar todo el edificio, incluyendo las habitaciones de los detectives. En ese momento, Near estaba en la suya haciendo un puzle gigante en el suelo.

"Quizás lo mejor sí que sea eso de presentarme allí sin más" pensó la chica.

Tomó aire y entonces se dio la vuelta para salir de aquel lugar y dirigirse hacia la habitación del detective de pelo blanco. Una vez enfrente de su puerta levantó la mano para dar un par de golpes, pero en ese momento se detuvo y dio un paso atrás, sintiendo deseos de darse la vuelta y dejarlo para otra ocasión.

"No, no puedes estarlo posponiendo para siempre" se dijo mentalmente mientras se pasaba un mechón de pelo por detrás de la oreja con nerviosismo. "Puede que él no sienta lo mismo, pero al menos obtendré mi respuesta" trató de animarse y ahora sí dio un par de golpes en la puerta.

-¡Adelante! – escuchó la voz del chico.

Yuko entonces abrió la puerta de la habitación de Near y pasó dentro.

-Hola – le saludó y él levantó la vista del suelo para mirarla.

-Bienvenida – le saludó también – ¿Qué te trae por aquí? ¿Aún quieres decirme algo sobre Mello? – adivinó y ella se puso nerviosa.

-Sí, más o menos – admitió.

La chica avanzó mientras observaba el puzle que el detective estaba haciendo. Parecía tratarse de un paisaje montañoso con poca variación de colores. Mucho azul del cielo y mucho blanco y marrón de las montañas.

-Te noto insistente con el tema – opinó Near mientras Yuko se sentaba a su lado.

-Es que… quiero dejar claro que no me gusta Mello porque el caso es que… ya me gusta alguien diferente – explicó ella – Por eso no quiero que estés confundido y creas algo que no es.

-De acuerdo – asintió el chico y después siguió colocando piezas.

-Esto… ¿No vas a preguntar quién es…?

-¿Vas a decírmelo?

-Eh… Tal vez… – murmuró Yuko.

Near la miró con curiosidad. Todo aquel asunto parecía realmente importante para ella.

-Está bien. ¿Quién te gusta? – preguntó él finalmente.

-Pu… pues… – balbuceó.

"Creo que no seré capaz…" pensó la morena frustrada. "Me da miedo no saber qué podría pasar después".

-Si te cuesta no me lo digas. No pasa nada – le restó importancia Near – No te preocupes, ni siquiera trataré de averiguarlo – añadió y la chica sintió una especie de mazazo.

"¡Oh, no! ¡A este paso nunca va a saberlo!" pensó Yuko horrorizada y justo en ese momento sonó una notificación en su teléfono.

-Parece que tienes un mensaje – comentó el detective y entonces sonó otra notificación – Oh, ahora es el mío.

"No pienses. Solo actúa" las palabras de Misa resonaron en la mente de la chica mientras Near se sacaba el teléfono del bolsillo.

-Vamos a ver… – dijo el chico mientras pulsaba para leer sus mensajes, pero Yuko entonces se le acercó y se atrevió a darle un breve beso en la boca.

-Tú… ¡tú eres quien me gusta! – chilló ella completamente colorada tras separarse de él.

Near se quedó mirándola perplejo durante unos segundos durante los cuales siguieron sonando los mensajes para ambos.

-¿Po… por qué? – balbuceó él como pudo.

-Ta… tal vez te parezca absurdo, pe… pero te portaste tan bien conmigo cuando se nos dijo que mi hermano había muerto que desde entonces me siento así contigo – admitió la chica.

-Solo hice lo que consideré correcto… – le restó importancia – Lo siento. No tenía ni idea de que pensaras eso de mí, pero… creo que yo no siento lo mismo.

-E… entiendo… – contestó la morena notando cómo se le formaba un nudo en la garganta.

En ese momento sonó de nuevo el teléfono de Yuko, aunque esta vez era el sonido de una llamada.

-¿Diga? – preguntó ella sin mirar siquiera de quién se trataba.

-¿Por qué no respondes? Llevo un rato mandándote mensajes – habló L sonando molesto.

-Pe… perdona. Estaba algo ocupada… – se disculpó la chica intentando sonar firme.

-Bueno, da igual – contestó el moreno – El caso es que necesito que vengas rápido a la sala de control. Parece que las cosas ahí fuera se están acelerando. Como nos temíamos, acaba de haber un intento de atentado por parte de los seguidores de Kira.

-¿Qué? – preguntó Yuko con preocupación.

-Date prisa, ¿vale? – le pidió su hermano.

-Va… vale – murmuró la morena, ya casi sin poder aguantar las ganas de llorar.

-Oye, ¿estás bien? – preguntó L preocupado entonces.

-¿Eh? – respondió ella notando cómo empezaban a bajar algunas lágrimas por sus mejillas – ¡Estoy perfectamente! – chilló echando a correr hacia la puerta.

-¡Yuko! – le llamó Near, pero ella no se detuvo y abandonó la habitación dando un portazo tras de sí.

-¿Yuko? ¿Me oyes? ¿Qué está pasando? – escuchó la voz de su hermano a través del teléfono.

La morena no tenía ganas de dar explicaciones, así que le colgó la llamada sin contestarle y siguió corriendo. Daba igual dónde ir, solo quería estar sola un rato…

Bajó unas escaleras a toda velocidad, pero justo en ese momento por el pasillo del piso inferior pasaba Mello con su silla de ruedas.

-¡Eh! ¿También te han llamado para ir a la sala de control? – preguntó el rubio, pero entonces se fijó mejor en su cara – ¿Eh? ¿Estás llorando? ¿Qué te pasa?

Yuko continuó corriendo como loca por el pasillo, pero al darse cuenta de que por allí no había salida se metió en una habitación. Mello la siguió mucho más despacio y llamó a la puerta.

-¡Vete! – le gritó ella desde dentro, pero el chico abrió – ¡Que me dejes sola!

-¡Venga! ¿Qué te pasa? Ni que te hubieran rechazado – bromeó y la morena lo miró con odio – No me digas que realmente es eso… – añadió cambiando la expresión.

-Lá… lárgate – le pidió Yuko dándole la espalda, llorando aún más.

"Mierda" pensó él.

Mello se miró las piernas. Tras días de fisioterapia estaban algo más fuertes, pero… aún no había conseguido caminar sin apoyos. No obstante, en ese momento se levantó de la silla con dificultad y empezó a dar un paso tras otro. Dolía bastante, pero hizo un esfuerzo para soportarlo.

-Mira, no sé quién habrá sido el idiota que te ha rechazado, pero no merece la pena tu tiempo – dijo el rubio abrazándola por la espalda.

Yuko se sorprendió y se dio la vuelta.

-Mello… estás… ¡estás de pie! – exclamó ella emocionándose.

-Sí. Hace falta mucho más que eso para tumbarme – aseguró.

-Oh, me alegro mucho… – dijo la morena aún con lágrimas.

-Cualquiera lo diría… – bromeó el rubio y la chica volvió a abrazarlo con fuerza, escondiendo su cara contra el pecho de él.

En ese momento, Mello sintió que alguien los observaba desde la puerta y se giró para ver la silueta de Near.

"¡Ha sido él quien la ha rechazado!" se dio cuenta.

El rubio miró a su eterno rival con superioridad y entonces el otro se dio la vuelta para marcharse. Mello sonrió con satisfacción. Por una vez estaba por delante de Near.

"¿Eh? ¿Por qué me importa tanto que esta chica me haga más caso a mí…?" pensó él confuso, hundiendo su mano entre el pelo negro de Yuko para acariciarle la cabeza. "No… No me digas que me gusta…".

El chico cerró los ojos y sintió algo de paz. Era agradable poder estar con la morena así tranquilamente…

-¡Eh! ¿Se puede saber qué está pasando aquí? – preguntó L detrás de ellos – ¿Acaso has hecho llorar a mi hermana? – añadió acercándose amenazadoramente.

-¡No, no, no! ¡No te confundas, hermano! ¡Él solo intentaba calmarme! – intervino Yuko y después ayudó a Mello a volver a la silla de ruedas – Ven un momento. Te lo explicaré.

El moreno se acercó y la chica le contó al oído lo ocurrido.

-¿Qué? – preguntó L visiblemente molesto.

-Por favor, no le hagas nada – le rogó ella – Él no tiene la culpa de que sus sentimientos no sean los mismos que los míos.

-Bueno… Lo intentaré – contestó el moreno.

-Prométemelo – le pidió Yuko mirándolo con seriedad.

-Está bien – accedió L un poco de mala gana.

-Lo has prometido – respondió la chica con satisfacción – En fin, ya estoy mejor. ¿Vamos a la sala de control a trabajar con el caso?

-Vale – contestaron los dos chicos.

Los tres se dieron la vuelta para salir de la habitación y entonces L le pasó un brazo por la espalda a Yuko y la arrimó a él para caminar juntos.

"¿Acaso este tonto está celoso?" pensó la chica divertida apoyando su cabeza sobre el hombro de su hermano. "Gracias…".


¡Hola! Bueno, tenemos triángulo amoroso a la vista. Cualquier cosa puede pasar a partir de ahora (y no vale mirar el final de Strenght, porque hace mucho que no sigo ese guion xD).

En cuanto a la pregunta de si voy a subir mis historias a otro sitio, sí, esta ya la estoy subiendo a Archive of Our Own (AO3). De todas formas, seguiré publicando en ambas páginas y que cada uno lea donde más le guste. Así si alguna de las plataformas vuelve a dar problemas, me podéis encontrar fácilmente en la otra :)