FELINETTE NOVEMBER

- 2023 -


"Siempre fuiste tú"


Capitulo 14: Susto

Horas después, conduciendo a través de París, luego de haber pagado una voluminosa factura médica, Argos, el nuevo pequeño gatito de Emma Fathom ronroneaba sobre el regazo de su dueña.

En el coche de Louis, en el maletero, llevaban todo el equipaje que Emma tenía en el Hotel.

- No puedo creer que nos echaran. - murmuró Louis, prácticamente masticando los dientes.

Emma tampoco lo podía creer. Tuvieron suerte de hallar un veterinario que atendía urgencias. En un par de horas, el pequeño Argos había recibido un tratamiento inicial para ambas dolencias, la pérdida de media oreja y un ojo infectado. Lo habían bañado y despulgado, dejando ver el precioso pelaje negro del animal. El problema realmente surgió cuando Emma se presentó en el hotel, con el gatito en brazos.

- No aceptamos mascotas. - le dijo la recepcionista. - Lo dice claramente en nuestra pagina web. -

Emma abrió la boca, intentando explicarse, pero fue Louis quien intercedió, alegando que sería por poco tiempo, que podían pagar un suplemento, que era una excepción.

- Usted no se hospeda con nosotros. - le contestó la recepcionista.

Ambos hervían de indignación. Louis se planteó quedarse con el gatito, pero Emma se negó. Al no poder hablar, le escribió rápidamente una nota en su cuaderno, diciendo que ella era la más capacitada para atender gatitos bebés con tratamiento médico. Toda su larga lista de felinos griegos la avalaba. Además Louis no sabía alimentarlo ni darle las medicinas.

Al insistir ambos con la estancia del animal, los encargados del Hotel les pidieron amablemente que se marcharan, porque en definitiva, el gato no entraba. Así que ambos, mortificados, se dirigían hacia el piso de soltero de Louis Agreste, a pasar la noche.

De un momento a otro, la indignación de Louis se trasformó en felicidad, por cobijar a Emma y a su gato, para pasar directamente a la angustia. El piso donde vivía no estaba nada ordenado. De hecho, él recordaba perfectamente que no tiró de la cadena del baño, por la mañana. Ni que limpió la mesa donde ayer había cenado comida hindú. Tenía que quitar aquel chicle que dejó pegado sobre la encimera de la cocina, porque quería masticarlo de nuevo.

Por suerte, Emma no le prestaba ninguna atención a él durante todo el viaje. Estaba concentrada en acariciar al dulce Argos, pasándole el pulpejo del dedo entre los ojos del gato, haciendo ronronear de puro gusto. Susurrándole palabras de amor.

Louis deseó ser Argos, por un largo tiempo.

Y deseó también que Emma no se diera cuenta de lo desordenado que era. Sin embargo, Emma rio levemente, cuando entró en su hogar y contempló aquel espantoso desastre. Louis , al borde de una crisis nerviosa, la obligó a quedarse de pie, en el recibidor, mientras él literalmente volaba por todo el apartamento, tirando basura, limpiando el baño y arreglando la habitación. Emma aprovechó el caos para contemplar las fotos que Louis tenía encima de la mesilla del recibidor.

En una de ellas, una mujer rubia y sonriente bastante guapa, abrazaba a un joven Louis recibiendo una diploma. De fondo, se veía la fachada de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de La Sorbona.

- Es mi tía Zoe. - le contó Louis, en tanto daba vueltas metiendo cosas en una enorme bolsa de plástico negra. - Es la hermana de mi madre, siempre viene a verme. Vive en Italia, regentando un Hotel. Le comentaré lo que nos hicieron hoy. Estoy casi convencido que ha sido ilegal. -

Emma se sorprendió.

Habitualmente ella siempre salía en las fotos con sus padres. El día de su graduación, Emma Fathom, primera de su promoción, posó con absolutamente toda la familia de su padre. Su abuela paterna, Amelie Graham de Vanily, su madre, Marinette Dupain-Cheng, sus niñeras, todas ellas, el jardinero de su mansión, el chofer de sus padres, las amigas británicas de su madre y por último, sus amigos, ya bastante mayores, de la escuela pública nocturna donde ella terminó el bachillerato.

Era bastante costumbre que en los cumpleaños, Emma saliese en medio de una marabunta de personas cercanas a ella, ya sean familiares de sangre o amistades que hacía en el camino. También era frecuente que ella cogiese el primer gato que tenía en casa y posaba con él.

Al lado de aquella foto, había otra, donde Louis era un niño y acariciaba a un perro beagle en su regazo. El perro era sólo un cachorrillo.

- Él es Chopin. Fue el único perro que tuve. Mi padre lo regaló a la perrera porque ladraba mucho. No duró conmigo ni un mes.- Louis ahora estaba usando la fregona, intentando limpiar el baño. Él se detuvo un momento, y cuando habló, su voz sonó triste y quebradiza. - Ya debe haber muerto. Fue hace tanto tiempo. Lo quería tanto. -

Emma tembló, al saber el destino cruel que Chopin había sufrido. ¡Que hombre tan cruel es Adrien Agreste!, se dijo apenada, me trató fatal en la comida, estuvo muy soberbio y arrogante, e incluso se largó, sin despedirse de Louis, ahora entiendo su maldad.

Ella entendió que era mejor mantenerse alejada de aquel hombre, lamentó profundamente que alguien tan bueno como su amigo Louis tuviese un padre tan horrible.

Louis tiró de las sábanas de su cama, y las echó dentro del cesto de la ropa sucia. Cogió otras limpias y planchadas, y empezó a preparar su habitación.

- Y al lado de esa foto, está la foto de la boda de mis padres. Se divorciaron apenas nací yo. Creo que sólo estuvieron casado un par de años. Luego de eso, mi madre desapareció. La veía de vez en cuando, si es que venía a París. Mi madre viaja mucho, Emma. Le gusta estar en todos los sitios, y también en ninguno. En cambio, mi tía Zoe siempre ha estado conmigo, cada día que podía. -

En la foto, los novios miraban serios a la cámara. La novia, la madre de Louis, estaba muy guapa, llevaba un vestido hermoso, de corte recto y hombros desnudos, parecía una modelo de revista. El padre de Louis, el infame Adrien Agreste, lucía muy joven, pero el rostro totalmente apagado. Como si en vez de una boda, estuviesen en un sepelio. Estaban de pie en las escaleras de lo que debía ser una gran mansión. A la izquierda del novio, un hombre mayor y viejo observaba con ojos severos y rictus de enfado. A la derecha de la novia, la tía de Louis también observaba con tristeza y melancolía. Sin quererlo, Emma observó fijamente al novio. Se parecía mucho a su padre. Quizá todos los rubios se pareciesen entre sí. Y eso era lo que le molestaba de su propio cabello rubio.

Emma había visto películas de terror y se había dado cuenta que las rubias siempre mueren primero.

También había escuchado el cliché estúpido que decía que los rubias no eran listas.

Y por último, ella estaba enamorada del liso cabello negro de su madre. Aunque estaba impresionada por el cabello aún más hermoso de Kagami Tsurugi. Emma suspiró. Hay cosas que nunca serían. Tener el pelo negro sería una de ellas. Cuando tuvo quince años, intentó pintarse ella misma de color azabache, con resultados bastante complicados. Su madre hizo todo lo que pudo, pero por un par de años, llevó el cabello muy corto. Después de eso, el pelo le salió mucho más rubio. De sólo recordarlo, Emma se ponía triste.

En medio de su melancolía, Emma concluyó que la familia de Louis era disfuncional y hasta cierto punto, egoísta y desunida. No quiso comparar familias pero por ejemplo, en Londres, Emma Fathom tenía una gran foto de su padre y su madre, abrazándose y dándose un beso, ambos radiantes y contentos. Suspiró, dándose cuenta de lo distinta que había sido la vida para Louis, con respecto a ella.

Unas pocas horas antes, algún ser humano había lanzado a un gato enfermo metido en una bolsa, dentro de un contenedor de basura.

Días antes, un padre se había largado de una comida, sin despedirse de su hijo.

Años antes, un hombre había regalado un perro a la perrera, donde de seguro sería sacrificado, simplemente porque hacía ruido.

Y algún tiempo antes que eso, un par de novios se habían casado, tristes y apagados, en lo que debía ser, el día más feliz de sus vidas.

Si ella hubiera sido un gato, tal vez ya estaría muerta, tal vez ya la habrían tirado a un contenedor, o si hubiera sido un perro, la habrían regalado a una perrera. O en vez de sonrisas y besos diarios, la hubieran llenado de lágrimas y tristeza.

Y aunque no quiso, recordó aquella vez en que descubrió su extrañeza, su singularidad.

- "Es una niña especial" - Emma leyó ese diagnóstico en un antiguo informe médico realizado por su pediatra, cuando era tan sólo una niña. Ella ya era mayor de edad y debía presentar aquel viejo informe en la Universidad para gestionar su seguro de salud. - "En los primeros años de vida, la niña no fijaba su mirada, ni aceptaba relacionarse con otros que no fueran sus padres. Lloraba incoerciblemente por las noches y por los días, y sólo dormía si se le daba un sedante. Con el paso de los años, los padres notaron que todo empeoraba si sonaba alguna música, alguien daba alguna voz, o algún teléfono timbraba. En cambio, ellos se dieron cuenta que si todo estaba en silencio, la niña estaba tranquila, pero apenas surgía un ruido, empezaba de nuevo, el llanto, los gritos, las lágrimas, la desesperación..."-

Durante muchos días, Emma no pudo terminar de leer aquel informe que sus padres habían guardado en sus archivos personales. Emma no les dijo que lo necesitaba, simplemente lo cogió de la oficina de su padre en la mansión.

- " Sin embargo, es capaz de aprender. Deduzco que aunque no tolera el ruido, entiende lo que se le dice, si se le habla bajito. Y desarrolla ejercicios matemáticos que ha aprendido viendo vídeos sin sonido. También sus padres ayudan en su educación, le enseñan ellos mismos. Han contratado docentes que se encargan de ella, siendo previamente capacitados en niños especiales." -

Especial, especial.

Emma Fathom sabía que era especial.

Lo que no sabía era que eso fuera un diagnostico médico. Un carnet de discapacidad. Una excusa para no asistir al colegio normal, o para que la echaran de uno.

Jamás le dijo a sus padres, que ella había encontrado su historial médico, guardado dentro de las cosas importantes de la mansión.

- "Tiene una mente aguda, aunque llegar hasta esa mente, se vuelve complicado. Sus padres han diseñado un sistema para que ella no se someta al ruido, le colocan tapones en los oídos, y además, han conseguido unos cascos canceladores de ruido, como los que usan los trabajadores de maquinaria pesada. Con eso, Emma Fathom ha logrado salir al exterior, moverse por la ciudad, asistir a clases en la escuela pública nocturna de mayores y por fin, asistir a la universidad, aunque en la modalidad a distancia." -

Emma se secaba las lágrimas, tratando de no gimotear. Temblaba escondida en su habitación, leyendo todo lo que pensaban de ella aquellos especialistas. Habían desnudado y especificado cada detalle de su personalidad. Sin embargo, nadie había hablado de lo que ella sentía. De su dolor.

- " Sus reacciones ante el ruido, o el mínimo sonido, son compatibles con episodios de pánico y ansiedad, todavía bien tolerados sin requerir ninguna medicación. Su falta de conexión con el medio, indican algún grado de autismo. Su hipersensibilidad al ruido, la hace una persona altamente sensible."-

Todo eso ya lo sabía ella. No era necesario que nadie lo escribiera en el papel. Su abuela le acariciaba los rizos mientras fingía acomodarle los cascos en la cabeza, la balanceaba de atrás hacia adelante y la besaba en la frente. Así calmaba sus ataques de pánico. Ella desviaba la mirada para evitar que los demás le hablasen, ya que el sonido de la voz de las personas también le molestaba. Era preferible no interactuar con nadie. Y el ruido, oh, el ruido, ella simplemente prefería no escuchar, si tenía a sus tapones, ¿Qué más necesitaba?

Y si el mundo se hundía en una guerra, ella moriría al primer cañonazo. Eso lo tenía claro. Cielo santo, no era necesario que la trataran como si estuviera enferma. O como si fuera anormal.

- Eres la niña más hermosa del mundo, Emma, la más lista, la más buena. - le decía su padre, todos los días.

¡Y ella lo creyó!¡Si lo decía su padre debía ser cierto!

- "Su inteligencia y su capacidad de adaptación, lenta es cierto, pero adaptación al fin y al cabo, hacen que el diagnóstico de autismo no sea contundente. Ni tampoco se puede descartar. Tal vez, Emma Fathom no sea nada más que otro ser humano peculiar. Relativamente independiente y sumamente sensible al medio. Es importante en estos niños, un buen apoyo familiar y social, y adecuar la sociedad a ellos, no ellos a la sociedad." -

Eso era lo que sus padres habían hecho. Educarla, cuidarla, darle alas y cascos para que pudiera ser, sencillamente, "normal". Había podido educarse, valerse por si misma.

- Emma. - murmuró Louis, casi enfrente de ella, acercándose mucho y casi hablando sin voz, para que ella también pudiera leerle los labios. - ¿Estás bien? Estás llorando. -

Siempre lloraba cuando lo recordaba. Le dolía todo lo que había pasado en casa, debido a ella y a su extraño comportamiento. Cuando dormía, en sus sueños, Emma se escuchaba hablar en un tono normal. Cantaba canciones de cuna, mientras se balanceaba en el columpio. También soñaba que estaba en una clase con los demás niños, y ella siempre alzaba la mano lo más rápido que podía, ante alguna pregunta de la profesora, y sus demás compañeros la felicitaban. En otros sueños, por sus cascos canceladores de ruido, salía música de verdad, como la que se escuchaba en la radio, o también música clásica, como la que su padre tocaba por las tardes.

Y muchas veces, muchísimas, Emma soñaba que no tenía tapones, ni usaba cascos, y a pesar de ello, ella caminaba a través de Londres, sin quejarse ni agobiarse por el ruido. En esos sueños, ella tenía el cabello liso y no tan rubio, y usaba tacones y vestidos de fiesta. La gente le pasaba la voz al verla caminar. "¡Hola Emma, ¿Qué tal estás?!" le preguntaban, y ella contestaba, con un tono claro y melodioso: "Muy bien, ¡qué gusto verle!".

Cuando ella despertaba, sus ojos estaban llenos de lágrimas, empapándole las mejillas.

Hubiera querido asistir al colegio, escuchar en la radio las canciones de moda, tener amigos, conversar con ellos.

- Sé que mi piso estaba desordenado, pero mira, ya está limpio. ¿Te has enfadado conmigo? Prometo ser más ordenado. ¿He hecho ruido? No encendí la aspiradora, sólo barrí. ¿Está mal, Emma? ¿Debí ser más callado? Por favor, no dudes en decírmelo, no me ofende para nada. Ni siquiera me ofende cuando mi padre se enfada conmigo, ni cuando mi madre se olvida de mi cumpleaños, así que lo que me digas no me va a ofender.-

Emma abrió la boca, todavía llorando, emitió un suspiro entrecortado, camino entre gemido y sollozo.

- No.- dijo Emma, con su voz gutural y sumamente oxidada. - No hi-cis-te ruido, Louis. -

Louis dejó aquel susto a un lado, alegrándose por oír nuevamente la voz de Emma. Así que llenándose de valor, la abrazó con cuidado de no aplastar a Argos. Acarició su espalda, de arriba a abajo y apoyó su mentón sobre su cabeza. Ya averiguaría porque ella lloraba. Lo importante era calmarla, consolarla. No se quedaría tranquilo. Investigaría todo sobre la doctora Fathom, la mujer de sus sueños, la futura madre de sus hijos. Emma, ignorante de todos los planes que tenía Louis con ella, se alegró de ese gesto, tan reconfortante.

Y cuando Louis la sostuvo contra su cuerpo, esa sensación, ese vacío, ese vuelco, ese ardor en el vientre, en el corazón, apareció en el pecho de Emma, de nuevo.

¡Que raro es esto! ¡Son como unas mariposas, vuelan sin hacer ruido, revolotean en silencio!, pensó ella.

Sí, que raro era todo, pero para Emma todo era raro. O especial. O peculiar. Único.

Argos maulló, contento.

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Me siento muy mal por darles capítulos tan cortitos. Sin embargo, esta parte es importante. Emma es lo que es. Es lo que les tocó en la ruleta de la vida a Marinette y Félix. ¿Sabes cómo empiezan las verdaderas historias de amor? Tal vez sí, pero ¿sabes cómo acaban?

Gracias por leer, a ver si publico más contenido.

Abrazos,

Lordthunder1000