IKIGAI

"La razón de ser"

.

Página XX

.

—… InuYasha tomó el cuerpo de aquel hombre como si se tratara de un hierbajo que flotaba en el río. En más de una ocasión me vi sorprendida al comprender la fuerza que tenía y la criatura sobrenatural que era —noto el modo en que el rosa toca tus mejillas mientras lees.

Otōsan, Okāsan se ha coloreado —apunta nuestra hija, que permanece sobre mi regazo.

—Sonrosado —le aclaro.

—Sonsorado —intenta repetir.

Tú y yo reímos, mientras pones una mano sobre tu mejilla, sin quitar la mirada del libro.

—Continúa —te pido y asientes. Te veo acomodar todo tu pelo sobre un hombro, despejando el cuello en un gesto de inocente coquetería, antes de volver a la lectura.

Me sentí emocionada ante la historia de Shinokuke. El joven buscaba a su novia, Wakana, a la que no veía desde hacía dos años, y eso nos volvió a indicar el camino hacia la aldea de las mujeres oni, aunque aún no lo sabíamos…

—Ohhh… —expresa Moroha, interrumpiendo de forma momentánea la historia. Tú continúas.

Nos encontramos con una comunidad de mujeres que parecían amables y no los oni de los que nos hablaron anteriormente —en ese momento te detienes.

—¿Pasa algo? —pregunto.

Okāsan, sigue —Moroha te insta.

Tú me miras y sonríes un momento.

—Miroku —mencionas. Entonces recuerdo el momento y rio al pensar en lo que no estás leyendo.

—Salta esa parte —te invito.

—¿Saltar? ¿Por qué saltar? —nuestra hija no se pierde detalle de la conversación. Sólo cuenta con cuatro años humanos y es comprensible que no quieras entrar en los detalles que trae consigo el Miroku de aquel tiempo.

—No es importante. Lo divertido viene después —le dices a nuestra a Moroha, para que acepte el paréntesis en la narración. Ella duda y su forma de demostrarlo es cruzar sus pequeños brazos sobre el pecho, sin embargo no dice nada más.

Aquella aldea no parecía la comunidad de mujeres oni que buscábamos, sólo nos parecieron mujeres solitarias, que además nos brindaron un lugar para dormir y lo aceptamos a gusto. Me sentí feliz de dormir bajo un techo, aunque la cabaña estuviese algo vieja y maltratada, era agradable. En ese momento…

Te vuelves a detener y me observas. Te indico con un gesto la pregunta pertinente: ¿Qué pasa?

—Sango —respondes y vuelves al libro para pasar un par de páginas y, probablemente, ver si puedes continuar con la historia.

—¿Qué pasa con Sango obasan?

La pregunta de Moroha se queda en el aire. Ni tú, ni yo nos animamos a responder.

—Creo que esta historia se quedará sin terminar —digo. Tú asientes.

Otōsan —nuestra hija me mira y se queja, arrugando el ceño de forma imposible para un rostro así de diminuto.

—¿Quieres que te cuente otra vez la forma en que okāsan y yo nos conocimos? —le pregunto.

—¿Otra vez? —interrogas, sonriendo, mientras cierras el libro.

—¡Sí! —expresa Moroha, con entusiasmo— Cuéntame sobre la mujer ciempiés y sobre el pozo del tiempo y sobre okāsan y el ¡Osuwari!.

—Lo último es lo que menos me gusta —confieso.

—Sabes que ya no lo conjuro —dices, como si quisieras resarcirte por ello.

—El daño ya está hecho —respondo y aplico un suave masaje sobre mi hombro de forma refleja, como si encontrase ahí un dolor fantasma.

.

N/A

Me gusta escribir estos momentos familiares, me da mucha paz.

La comunidad de mujeres Oni aparece en el capítulo 288 del manga.

Gracias por leer y comentar.

Besos

Anyara