Capítulo 10

El día tan esperado para mí al fin ha llegado, voy a donde se encuentra el amor de mi vida, camino rápidamente hacia el lugar de la cita y alcanzo a distinguir su figura, aunque estoy tan lejos que bien podría ser otra persona, pero estoy seguro de que es ella por los latidos frecuentes de mi corazón.

Me acerco y comienzan a sudar mis manos, me siento como un jovenzuelo. Independientemente del resultado de esta reunión la veré, si tengo suerte, podré tocar sus manos. Moriría sin dudarlo por un solo instante a su lado…

- Hola tarzán pecoso, no has cambiado nada, bueno, a excepción de tu peinado ¿Dónde quedaron esas dos coletas que te hacían lucir más joven?

- Terry, tan fresco como siempre ¿A caso no piensas que para mí es muy difícil esta situación para que encima de eso me sigas hablando con apodos?

Ignorando lo que me dijo, trato de disimular el nerviosismo que siento al tenerla cerca.

- ¿Sabes que estas más linda que nunca? Realmente te ves más hermosa que cualquier mujer que haya visto en mi vida, a veces me pregunto porque no te lo dije antes.

Mi pecosa se sonroja y no sabe qué hacer, evita mirarme a los ojos, ¿A caso será que aún me ama y teme q pueda leer la verdad en sus ojos? Mi esperanza crece de forma desmedida, de tal forma que mi corazón se hincha de alegría, sé que no debo emocionarme, es muy temprano para predecir qué pasará.

- Honestamente no sé para qué me has hecho venir aquí, quiero que te quede claro que solo vine por Albert y porque la tía abuela, a pesar de su carácter me rogo que asistiera.

- Calla pecosa, no digas nada-

Toco sus labios para callarla y siento su calidez, el sólo tocarla me hace estremecer, ella cerro sus ojos al sentir mis dedos, como si disfrutara ese contacto, ¿Será que aún me ama? Mi corazón no deja de sentir esperanza ante un futuro tan bello, en el que nos quedamos juntos. Interrumpo sus pensamientos y pregunto:

– Dime, ¿Lo amas? - Su cara denota sorpresa, supongo que se siente ofuscada por haber hecho la pregunta de forma tan apresurada, pero ya no puedo esperar más. Ella ha bajado su mirada y entrelaza sus manos de forma nerviosa, parece que va a titubear

- Terry, él ha estado conmigo en las buenas y en las malas, siempre tomándome de la mano, acompañándome mientras crecía, se ha preocupado por mi desde que me conoció, he descubierto que es el príncipe de la colina, el chico que de alguna forma inspiro todas mis acciones, la convivencia en nuestra casa después de lo de Susana, fue clave para que yo estuviera en pie, también hizo que fuera a buscarlo a Rockstown con el objetivo de que pudiera verte de nuevo, ha hecho lo imposible por mi bienestar, todas sus acciones son pruebas de lo que siente por mí.

La interrumpí de nuevo haciendo una mueca de desagrado.

- Esta bien, está bien, pero eso no quiere decir que lo amas, sino que estás agradecida, ¿A caso no te das cuenta de lo difícil que será tu vida a su lado, sin amor? ¡Imagínate! Tendrás que tocarlo, besarlo… - En ese momento la voz parece que se me ha quebrado, el tan solo pensar en que mi Candy lo bese me hace sentir el hombre más miserable del mundo, me pongo de pie y le doy la espalda, aprieto los puños tan fuerte que me duelen las manos. He enfurecido como si fuera aquel mocoso caprichoso del San Pablo, trato de recobrar el control porque no quiero qué, si es la última plática que tendré con ella, le deje un recuerdo amargo de mí .

– Pecosa, tú y yo siempre nos hemos entendido sin palabras, hoy ni siquiera has podido decirme que lo amas y no me miras a los ojos, por favor dime, ¿Lo amas?

- Oh Terry, ¿Por qué haces las cosas tan difíciles? Date cuenta de que hoy estoy con Albert, tú… tú elegiste quedarte con Susana, me dejaste sola, además…

La interrumpí bruscamente diciendo:

- No, no me decidí por ella, tenía una aberrante obligación, una responsabilidad que tuve que cumplir y que me hizo miserable desde ese día, tú te fuiste, me abandonaste, ni siquiera me disté la cara para despedirte, tu fuiste la que tomo la decisión por ambos.

- Eres un cobarde Terry, ¡no puedo creer que me culpes! Yo sabía que no podríamos estar juntos: ¡Nunca encima de ella! Yo vi cómo iba a sacrificarse una vez más por ti, se dejaría caer desde la azotea para que tú y yo estuviéramos juntos, ella en realidad te amaba, ¿Qué querías que hiciera? ¿Tú crees que fue fácil para mí? ¡Una parte de mi corazón murió ese día!

- De ninguna forma te culpo, sólo es qué… me orillaste… bueno, realmente no. ¡Ay, Perdóname pecas! no sé ni lo que digo, debí buscarte de inmediato, no debí quedarme con ella, pero ya no puedo corregir mis errores pasados, no tengo cara para decirte cuanto lo siento, me odio por haber estado acompañándola, porque sólo fue eso: compañía, Nunca pude quererla, creo que en mi interior la odiaba, le reprochaba el no poder estar a tu lado, me siento tan miserable por pensar eso, por decírtelo a ti, pero eres la única en la que puedo confiar, eres la persona con la que puedo abrirme y decir lo que mi corazón siente, aunque mi conciencia me destruya, ¡Perdóname por favor! Elegí mal, tome decisiones que hoy me están costando la vida, no sabes lo arrepentido que me siento.

- Pero ahora que lo pienso: ¿Cómo es eso de que te envío a Rokstown? No entiendo… ¡Realmente eras tú la que estabas en el teatro! ¡No fue una alucinación! ¿Por qué no fuiste a hablar conmigo? Porque una persona como tú, nunca me dejaría en la inmundicia en la que vivía ¿o sí?

Agradezco los comentarios de:

Cla 1969

Australia 77

Cecilia Rodríguez2

Mía Brower Graham de Andrew

Los Invitados

carmen grandchester

SugarlyGrandchester

El final se acerca a chicas, disculpen la tardanza, pero mi mamá se encuentra delicada de salud.

No sé que sucede con el corrector de estilo, pero por más que reviso los textos no puedo dejarlos sin errores, ya que me cambia una palabra por otra o adiciona puntos que no puse, en fin, espero que haya logrado que al menos no existan. . tantos cambios.