OSCURIDAD EN LA LUZ

La superioridad numérica y de poder de fuego de la flota imperial les dio la victoria, las naves de los guerreros de hierro flotaban destrozadas e inservibles, no obstante la nave inquisitorial y la "Sophos Rex" recibieron daño crítico; la travesía de la "Sed de Justicia" con los Salamandras llegó a su fin, tendrían que regresar a los astilleros en cuanto las reparaciones críticas se completaran.

— ¿Cuánto tiempo nos tomará estar listos para el viaje disforme?— inquirió Deimos leyendo una placa de datos.

El tecnosacerdote en jefe de su nave profirió —86 horas, 26 minutos y 34 segundos en tiempo Imperial estándar.

Deimos se acaricia la barbilla con hastío — ¿Cuántas fragatas me quedan?

—Cuatro.

Bertrán se cubrió el rostro furibundo y angustiado —Necesitaré más recursos— suspiró y se levantó de su silla —. Quiero a la nave lista en tres días, no me importa cómo lo hagas, debo contactar a la Eclesiarquía lo más pronto posible.

—Entiendo mi señor— el tecnosacerdote se inclinó y se retiró.

Marcellus desde el rincón habló — ¿Y ahora qué?

—Esta nave no está en condiciones de entablar otra batalla— profirió el Inquisidor —. Tendrás que regresar, conseguir refuerzos y hallarme en Nocturne lo más rápido posible.

— ¿Yo señor?— musita Marcellus confundido.

— ¿Hablé en bajo gótico o qué?— gruñó Bertrán.

—No, pero... ¿Qué hará usted?

—Continuaré este viaje a bordo de la "Furia Cerúlea", debo estar presente si logran hallar al Primarca, si no regresan a tiempo todo el material aquí perdido será en vano.

—Comprendo señor.

Bertrán asintió —Necesitaré a la bruja xeno, quiero seguir intentando hacerla hablar personalmente. Sabe algo que nosotros no, eso está claro. Prepara su traslado conmigo a la Furia Cerúlea.


Los guerreros de hierro se replegaron hacia las ciudades que ya controlaban, se dividieron en varios grupos para dificultar la acción de los bombardeos orbitales y a sabiendas de que los defensores no eran los suficientes para darles caza a todos los grupos, con su orgullo herido y el odio pululando en sus rencorosos corazones, la partida de guerra fue duramente golpeada, no solo perdieron cientos de hermanos de hierro en el asedio, si no también naves irremplazables en la batalla del vacío. La mayoría de las divisiones logró ponerse bajo cubierto en los escudos de las ciudades a las que llegaron, sus fuertes escudos de vacío soportarían los impactos de los torpedos y lanzas desde la órbita, y sus muros fortificados harían imposible que las compañías de Salamandras tomaran las ciudades antes de que sus hechiceros contactaran con otra partida de guerra y llegasen los refuerzos.

Sobre un Decimator Fero ingresó a la ciudad, los cultistas se arremolinaban desesperados, algunos tropezaron y cayeron delante las orugas del tanque que impasible como si aplastase hormigas continuó su camino hasta la el palacio de la ciudad que ahora era la fortaleza del herrero de guerra, un bastión de ferrocemento de estilo barroco. Falkos con su pesada armadura cae con dureza sobre la calle, agrietando el rococemento de la avenida.

—Preparen los sacrificios rituales— masculló Fero —, saquen a los prisioneros de los reclusorios y a los esclavos de las fábricas.

—Pero, señor...— profirió Ataro con un evidente tono de confusión.

—No llegaron aquí esperando nuestra presencia, no tienen la capacidad para recuperar las ciudades y fortalezas de Zero de nuestras manos, y tampoco hay nada con el valor suficiente por lo cual desgastar sus fuerzas, debemos irnos.

Las naves estelares orbitaban Zero como basura, lentamente se apagaban las llamas mientras se consumía el combustible y el oxígeno de sus galerías; los guerreros de hierro no tenían otra opción para salir del planeta, debían invocar la ayuda de sus dioses oscuros.

Los sacerdotes oscuros prepararon pozos de sacrificios, rostros retorcidos y corrompidos por las energías disformes, mascullaban votos impuros a sus sanguinarias deidades; ocho sacerdotes alrededor de ocho pozos de mármol de un negro profundo, ocho dagas curvas ceremoniales con mango de hueso de campeones xenos y grandes siervos del señor carroñero del Imperio, ocho almas desdichadas y marcadas con versículos profanos, listas para ser ofrecidas a los poderes ruinosos, desnudas y abatidas gimotean en agonía e impotencia; entre maleficios y cánticos blasfemos entonados por neófitos en túnicas carmesíes bordadas con círculos con ocho puntas aserradas. Los sacerdotes derramaron la sangre, se dibujaron runas malditas mientras esta fluía por los surcos del mármol, antes de que la última gota cayera los diáconos perversos marcaban las inscripciones corruptas a la próxima víctima y entregaban la nueva ofrenda a sus maestros, ocho veces ocho se derramaría la sangre para el ritual, eso complacería al Caos Absoluto, ese era el camino óctuple.


Tu'shan se hallaba en su tacticarium junto a sus capitanes, He'stan y Valeris, frente a ellos se proyectan los tres comandantes de las otras naves; los refugiados eran cargados en las naves preparadas para acogerlos, la "Sophos Rex" sufrió daños considerables y ya no era apta para prestar los servicios de asistencia para los refugiados, la "Sed de Justicia" regresaría a los astilleros de Bakka junto con unos cuantos de los habitantes de Zero; no obstante había otros asuntos que discutir.

—Inquisidor Bertrán. Canonesa Dalia— saludaba el Señor del Capítulo hasta que se percató de la ausencia de uno de los comandantes —. Capitán Saavedra, ¿qué es del Magos Fortis?

—Fue llamado por el señor de la forja, se encuentra en la superficie, me ha encargado sus funciones en su ausencia— respondió.

—Muy bien.— expresó con estoicismo — Debemos discutir el destino de Zero.

Deimos comentó casi al instante después de que hablara Tu'shan —No podemos perder más tiempo aquí, este mundo ha sido tomado por los vástagos perversos del Primarca traidor Perturabo, no tenemos ni los medios, ni los refuerzos para expulsarlos, debemos destruirlo.

—No apresure su decisión, Inquisidor— dijo Valeris apoyando sus manos sobre la mesa del holoproyector —. Todavía hay millones de personas que no han caído ante la seducción del caos, están esclavizadas y encerradas en las fortalezas.

—No tenemos las fuerzas para asaltar las fortalezas de los guerreros de hierro, y tampoco podemos asegurarnos que aquellas desdichadas almas no han sido manchadas— formuló la canonesa Dalia.

—Pero no podemos simplemente abandonarlos a su suerte— mencionó Mir'san —, nuestro deber es proteger a los ciudadanos imperiales.

—Estoy de acuerdo, Hermano Pellas, no obstante debemos ser pragmáticos, no podemos hacer mucho por ayudarlos — señaló Agatone, sus palabras fueron recibidas con tanto o más pesar con que las dijo.

—Deberíamos buscar otra forma, no podemos simplemente dejarlos— He'stan percibió la dirección del debate, y no le agradó en lo absoluto.

—Padre Forjador, tenemos muy pocos recursos para pensar en una campaña realmente efectiva contra los guerreros de hierro— mencionó Agatone con un tono resignado.

—Comparto la opinión del Capitán Agatone— la señal de Deimos se distorsionó por un instante antes de que su holograma pudiera continuar —, no podemos liberar a los ciudadanos, pero tampoco deberíamos marcharnos sin más. No podemos dejar que un mundo imperial se use como base para una deleznable legión traidora.

—Con nuestra flota libre de actuar en órbita, tenemos más rango de acción— Hugo cruzó los dedos de sus manos frente a su boca mientras piensa —. Podríamos tener más opciones estratégicas a la hora de sortear las fortalezas.

—Valdría la pena planificar algo y someterlo a una simulación en los cogitadores— musitó Valeris, más como un ruego que como una idea per se.

Vulkan He'stan con voz solemne y autoritaria profirió —Eso haremos, no abandonaremos a la población sin haber sopesado toda opción.


En las catacumbas bajo Zero miles de servidores andaban incesantemente, con sus ojos grises que ya no miraban nada, y sus músculos abotargados que ya no le obedecían, sin embargo, se movían; perdieron toda sensación que no fuese dolor. Cargaban la sagrada información que guardaba el corazón de Zero. Los vapores de las grandes máquinas cesaron, el ambiente paulatinamente bajaba su temperatura, las cañerías de refrigerantes era lo único funcional, acompañando con su ritmo a las frías pisadas de los servidores. En las últimas horas, seres mecánicos, solo un poco más humanos que un servidor, se unieron a sus labores, deambulaban en sus túnicas rojas tomando registro, esparciendo incienso en botafumeiros con símbolos del mechanicus y entonando cantos votivos en binario.

Gael se presentó frente a los tecnomarines salamandras, la espiritualidad de aquel lugar consagrado a la máquina maravilló a Gael y a sus subordinados, tecnología hace milenios perdida, preservada en esas catacumbas sagradas. La información de sus sensores ópticos y cogitadores que analizaban los resultados de los escaneos llenaba de un júbilo primordial el sistema nervioso de los tecnosacerdotes, torrentes de dopamina se regaban en su sistema de irrigación encefálico. La grandeza de la máquina se dejaba ver en cada centímetro de su cableado, la superioridad de lo inorgánico sobre lo orgánico destellaba de los cogitadores, el venerable antepasado con su inmensidad atestiguaba la victoria del acero sobre la carne y el tiempo.

Argos, Señor de la Forja, permanecía en estado catatónico, su cuerpo rígido lucía como una estatua de metal, cables y ceramita. Inmóvil sobre el trono se lo repetían códigos binarios, algoritmos voraces, matrices hexadecimales, cálculos cuánticos y numerología sagrada, números divinos del Dios Máquina.

Nor'tek era el tecnomarine a cargo. —Magos Fortis, no hemos podido sacar al Señor de la Forja de su estado de estupor profundo— las mecadendritas del tecnomarine chasqueaban alrededor de su pinza hidráulica montada en su hombro derecho.

Fortis, todavía embelesado por aquel descubrimiento, tardó unos cuántos milisegundos extras en procesar las palabras de Nor'tek.

—La información divina que se le fue otorgada debió ser demasiado para sus procesadores y la materia gris encefálica, la carne no soportó tal descarga. Su mente debe seguir descifrando todo lo que le ha sido revelado— su voz digital era estoica e inhumana.

—¿Saldrá de su estado con el tiempo?

—Podría ser, quizás su mente se quiebra antes de lograrlo— profirió mientras sus escáneres analizaron la actividad encefálica.

—¿Qué deberíamos hacer?— inquirió Nor'tek, se le vió genuinamente desconcertado.

—Crear un puente, compartir la carga informática y así procesar rápida y eficazmente los datos— Fortis endereza su postura para mirar al tecnomarine.

Nor'tek gruñó dentro de su armadura —Supongo que no tenemos demasiadas opciones. Me ofrezco como voluntario.

—Sin ánimo de ofenderte, tecnomarine. Usted no es uno con la máquina, lo orgánico prima sobre el metal en su ser. Tan solo lograría terminar igual que vuestro maestro— indicó con la mecánica frialdad de un adepto de Marte.

Nor'tek movió sus hombros y sus mecadendritas traquetearon —No me gusta lo que está por sugerir, Magos.

—Es eso o nos arriesgamos a perder todo el conocimiento sagrado que el venerable ancestro tenía para ofrecernos.

Una voz carente de emociones, sin pasión, sin angustia, absolutamente vacía; Nor'tek no sabía como responder ante ella, conocía a los tecnosacerdotes. Individuos ambiciosos, herméticos, deseaban tanto el conocimiento como un dragón de las antiguas leyendas el oro, y así misma era su avaricia. En un instante sopesó toda opción, todo escenario, calculó las probabilidades y comparó estadística algorítmicas; no podían cometer más errores, ni perder más tiempo.


—Nave imperial, identifíquese— pidió un adepto que operaba los instrumentos de la Sed de Justicia —. Identifíquese, nave imperial.

—Emer...gencia, motores averiados, me dirijo al hangar 12B.

— ¡Identifíquese, nave imperial!

—Emergencia, mis moto... en llamas... Emergenc...

— ¡Mierda! — El operador presiona botones y calibra su emisor —Hangar 12B, prepárense para un ingreso de emergencia.

—Negativo, esta bahía debe estar despejada para un traslado de prioridad negro.

El adepto aprieta la mandíbula —La nave imperial no responde, solo envía una petición de socorro y se encuentra a menos de un kilómetro. ¡Alístense para el impacto!

— ¡Hijos de perra!

Un transporte de tropas Valkyria ingresa en el hangar, de sus motores fluye un humo negro espeso que envuelve a todo el hangar; vuelan chispas y metal retorcido, sin embargo, la integridad de la nave no se vio comprometida, tan solo era un espectáculo.

— ¡Maldición! — Kirn observaba desde donde hacia guardia junto con unos cuantos cruzados a los que comandaba, a lado de la nave de transporte argo donde se trasladaría a Festhet. — ¡Garner sígueme!

Kirn dejó su posición y se adentró en el espeso humo, debía socorrer lo más pronto posible a los ocupantes, más no podía dejar la nave sin vigías, carraspeó copiosamente mientras se acerca a la valkyria. La rodeó para ingresar por la entrada lateral para pilotos, con la ayuda de su camarada no le costó mucho lograr abrir la puerta, caminó el estrecho pasillo que llevaba a los controles, y no halló a nadie ahí. Confundido fue hacia el compartimento de transporte, estaba lleno, lleno de cadáveres de soldados amarrados a sus asientos con la garganta degollada y disparos en el cráneo; un cráneo con el símbolo del camino óctuple.

Garner al final de la estancia mira a su jefe patidifuso —Todos muertos, todos herejes, sirvientes de los guerreros de hierro.

— Emperador bendito.

Kirn salió de la valkyria siniestrada, solo para observar como la nave que custodiaba salía del hangar a toda velocidad.

— Verga — acertó a decir.


Annelies y las supervivientes de su escuadra llegan agotadas sobre la carrocería de un transporte de logística hasta los hospitales de campaña para recibir atención rápida, de sus veinte serafines, regresaron doce, tres de ellas con heridas graves; a Avil le pesaba la armadura, los hombros le dolían, el ácido láctico se acumuló en sus piernas haciendo que cada paso fuera una proeza, Los ayudantes del Officio Medicae se apresuran a recibir a las sororitas, Annelies ayuda a acomodar a sus hermanas mientras soporta su propio cansancio y heridas.

Al dejarlas con los médicos de campaña tuvo por fin tiempo para sentarse en una silla metálica a las afueras de las carpas, respiró profundamente, el aroma del incienso purificador que se quemaba en los alrededores le hizo recordar a otros tipos de olores quemados; recordó a viejas amigas, buenas compañeras que había perdido, no solo ese día, desde antes que empezara esa travesía, seguían sus órdenes, era el protocolo, debían entregar su vida por el Emperador, sin embargo las órdenes que ella dictaba, ¿lo hacía por el bien del Imperio o para su propio beneficio? ¿Ellas murieron por una causa mayor o lo hicieron por sus intereses personales? No había reflexionado sobre ello antes, sus acciones estaban destinadas a un fin, cumplir la misión, y hacerlo con éxito beneficiaba al Imperio, más no recordaba si alguna vez servir al Emperador fue su objetivo principal o se había convencido de que así era, y realmente sus actos simplemente cumplían con sus ansias personales de reconocimiento.

—Hermana Palatina.

Una voz familiar despertó a Annelies de su ensimismamiento, agobiada por los recuerdos se frotó el rostro, sabía que estaba preocupada por ellas, y también sabía que preguntaría por algo que todavía no terminaba de procesar, aspiró fuertemente, dibujó una expresión estoica sobre su rostro, propia de su rango y obligaciones.

—Hermana Su'ane— profirió con naturalidad.

Aga se veía tan agotada como ella, sus ojos estaban inyectados en sangre y bolsas oscuras colgaban debajo de sus párpados.

—Gracias al trono, me alegro de verla a salvo, se han perdido muchas vidas en esta batalla— expresó con una voz condescendiente; y entonces sucedió: — ¿Dónde está Ariadne?

La palatina da un audible suspiro y respondió: —Se halla entre los devotos mártires que hoy entregaron sus vidas por el Emperador.

Su'ane se mantuvo en silencio por unos segundos, mirando el rostro imperturbable de Annelies, buscando una expresión que mostrara que sus palabras no fueran más que una retorcida broma, cuando procesó las palabras y las digirió, sonrió con melancolía, un par de lágrimas recorrieron por su piel canela.

—Son los sacrificios que una debe tolerar en el servicio, ¿verdad? — dijo sollozando con una voz congestionada.

La hospitalaria se cubrió el rostro en duelo; tras ella llegó Hoshi que viendo su estado y comprendiendo lo sucedido la llevó hasta el asiento próximo a la palatina.

—Fue una mujer valiente, sirvió bien — mencionó Naoko con delicadeza —. Montaremos una vigilia en honor a los caídos, y encenderemos una vela perfumada en su nombre esta noche, su nombre será escrito en las mártires de la orden, no será olvidada.

Su'ane gimoteó avergonzada de su debilidad y terriblemente afligida —Solo en la muerte termina el deber, ¿no es así como rezan nuestros votos?

—Solo en la muerte, hermana— Annelies apartó su mirada pues temía romperse.


Los mandos de la flota continuaban con su discusión, la falta de una evidente autoridad superior complicaba la toma de decisiones; aunque las hermanas de batalla eran una organización ajena al Ordo Xenos, al que el Inquisidor Bertrán representaba, sin embargo, obedecería sus órdenes. Los salamandras por su lado contaban con el apoyo de un denigrado Magos del Mechanicus y a la gobernadora planetaria de un mundo condenado.

—Tenemos un plan para asaltar la ciudad de Trajano Secundus; cuenta con una defensa moderada y una alta población, millones de ciudadanos esclavizados— He'stan proyecta un holograma de la ciudad.

— ¿Padre Forjador, hasta cuando insistirá con este sin sentido? —interrumpió Deimos. —Aunque lograra rescatarlos, existe el riesgo de que hayan sido manchados por el caos, por el mero hecho de saber de su existencia. ¡No podemos tomar ese riesgo!

El puño de He'stan golpeala mesa con fuerza — ¡Que la inquisición se mantenga alejada de esta gente! Nosotros tomaremos los riesgos y la responsabilidad del porvenir de este pueblo.

Bertrán se levanta de su asiento con alevosía — ¡La corrupción del caos no es baladí! No tome a la ligera sus decisiones.

Un silencio tenso se levantó en torno a ellos, cada quien veía al holograma del otro, rostros duros y apasionados, apenas menguados por las ligeras interferencias que desdibujaban pixeles de sus verdosas proyecciones.

— ¡Basta! — la voz majestuosa de Tu'shan irrumpe el silencio con ímpetu. —Tengo noticias, Padre Forjador. Esta discusión se ha terminado. Inquisidor, cumpla con los deberes del Ordo Xenos que es lo que le compete. Nosotros tomaremos las decisiones que veamos convenientes.

La comunicación se cortó dejando patidifusos a ambas partes en conflicto.

— ¿Qué ocurre señor? — acertó a expresar He'stan.

—Argos nos ha informado que la tuneladora no es la "Llama Desatada". Esta sigue en Gamma Decimus.

He'stan se deja caer en su silla con pesar —Es verdad, ese es mi deber. Mi ira ha turbado mi mente. Ignoré las palabras del venerable ancestro y me deje guiar por mis emociones— sus corazones se entumecen deteniéndose por un segundo. —Preparemos el asalto, Vulkan nos espera.


Las sororitas guiaban ordenadamente a los refugiados, eran los últimos, pronto ellas también embarcarían; después de los Kin y la guardia imperial. Los Salamandras serían los últimos en salir del planeta.
Su'ane junto a las demás hospitalarias y miembros del Officio Medicae llevaban a los heridos. La pelirroja se veía agotada física y espiritualmente, ya no pudo continuar empujando la camilla. El paciente era un kin, su estado era crítico y se le indujo a un coma para ser tratado más adelante. Aga sintió como sus músculos fallaron y su voluntad le negó las fuerzas para continuar. Cuando parecía que iba a desfallecer fue sujetada por un hombre con uniforme de doctor.

— ¿Estás bien, hermana? —su voz era gruesa, pero gentil.

Era un hombre alto, delgado, de tez oscura y ojos de un brillo carmesí; cuando Su'ane se logró incorporar notó que este individuo le superaba en estatura.

—Si, estoy bien, hermano apotecario— dijo con dificultad.

—No, hermana, no soy un marine— sonrió con gentileza —. Soy de Nocturne, si, pero no un Astartes. Mi nombre es Shak Tsugan.

—Oh, entiendo. Su'ane Aga es mi nombre— su tez morena estaba terriblemente pálida.

— ¿Puedes continuar?

Su'ane se tomó la cabeza, le dolía y un mareo se apoderó de ella.

Hoshi que hacía guardia cerca se aproximó —Te ves mal hermana.

—Creo que... ya no puedo...— sus ojos derramaron lágrimas.

Cualquier fuerza que le quedase le abandonaron en ese instante, su vista se nubló y de pronto su mundo se desvaneció.

Las naves de embarco se cargaban hasta el tope de su capacidad, miles de refugiados subían por las rampas con sentimientos contradictorios de desazón y esperanza. Sus vidas estaban a buen recaudo, no obstante, abandonaban su mundo y a sus familiares esclavizados en las otras ciudades. Tenían miedo a un futuro incierto y así mismo temían lo que les esperaba si permanecían. El Dios Emperador había enviado a sus ángeles de la muerte, los guiaban a un camino de salvación; derramaron su sangre por ellos. Cayeron del cielo con fuego y acero, los libraron de su destino funesto, pero, ¿ese era todo todo el poder que el Emperador podía conjurar? ¿Huir era la única opción que el Emperador les ofrecía? ¿Así fue compensada su fe? Estas preguntas rápidamente se esparcieron entre los refugiados, agotados, hambrientos y hacinados la gratitud pronto se convirtió en desconfianza.

Cuchicheos, susurros y maldiciones se empezaron a proferir entre los hacinados, estas acciones fraguaban venosos zarcillos en las mentes de los ciudadanos.


En las planicies yermas se eleva el polvo de un mundo destrozado, el rugido de los motores y orugas de los tanques Land Raider, Predator y Rhinos; artillería autopropulsada de la guardia imperial. Los kin con sus motos gravíticas iban en los flancos. A los pocos kilómetros no ven fuerzas defensivas desplegadas, se aproximan con precaución. Dispararon fuego de advertencia, la munición impactó contra las puertas sin mayor inconveniente, estás se abollaron, más no cedieron.

Adrax Agatone encabeza la ofensiva, decidió detener las fuerzas ante tal improbable acontecimiento.

—Esto es sospechoso— reflexionó en voz alta —. Envíen a los kin en sus motos a inspeccionar.

Así fue hecho, las motos se acercaron, la arena se levantó bajo sus campos antigravitatorios, nada ocurrió, las motos se elevaron por sobre los muros hasta las almenas.

—Vacío señor— informaron por el comunicador.

Abrieron las puertas sin mayor dificultad, el no encontrar oposición y una ciudad vacía causó una incertidumbre y un sentimiento de peligro inminente. He'stan, acompañado de Elysius, tomó la delantera, iba sobre un land speeder, avanzaron lentamente por las calles asfaltadas, muros desgastados, llenos de símbolos del caos, sangre seca y blasfemias.

Siguieron en dirección a la forja de la ciudad, cruzaron calles inquietantes, marcas coaguladas de arrastre, trozos de pellejos regados, marcas de pezuñas en suelo derretido, un aire ionizado anómalo; estas migajas los llevaron al horror.

Ocho pozos oscuros llenos hasta el tope con sangre sobre la cual flotaban coágulos y piel. Cueros desollados, marcados con maleficios, extendidos alrededor como blasones, cuerpos sanguinolentos apilados por cientos, el suelo ennegrecido por la sangre reseca. En el centro un portal masivo hecho con huesos partidos y reensamblados en un círculo de ocho puntas, el asco y la furia llenaron los corazones de He'stan, pero también la impotencia, era muy tarde, se habían marchado junto con los esclavos.

— ¡Quémenlo todo! — ordenó con rabia.

El humo se elevó arrastrando una esencia de carne ahumada. He'stan prosiguió en su búsqueda, cuando llegó a la forja fue recibido por otra escena macabra, cuerpos colgados o clavados en la fachada, la sangre goteaba por los muros; cuerpos abiertos en canal por el abdomen, sus vísceras colgaban podridas, se rompían y dejaban caer comida procesada y heces.

—Malnacidos— masculló furibundo el Padre Forjador.

Sol Ba'ken también los acompañó hasta la forja con sus exploradores, las puertas son abiertas sin oposición, al ingresar lo primero que llamó su atención fue una enorme estatua quebrada de cintura para abajo, era la imagen de Vulkan tallada en obsidiana, además de ultrajarlo derribando su monumento, también habían adornado sus restos con símbolos blasfemos y una base de dos metros sobre el cual reposaba un sacrificio humano fresco.

—Malditos sean— Elysius empuña su crozius intentando contener su ira.

He'stan estaba tan furioso como el capellán —Busquemos.

Todo había sido saqueado, la munición, la armería, maquinaria bélica y reliquias, todas las salas y polvorines vacíos. La esperanza moría en los corazones de He'stan.

—He fallado, Elysius— He'stan se derrumbó a un lado de la base de la estatua de Vulkan.

—No es tu culpa, hermano.— Elysius colocó su mano en el hombro de su camarada — Has dado todo de ti, por el momento nos ha eludido. Seguiremos buscando, les perseguiremos. Puedes hacerlo, yo lo sé. Confío en ti.

—Es bueno que uno de los dos lo haga— suspiró He'stan.

— ¡Arriba, hermano! ¡Tú deber termina solo en la muerte!

El salamandra se incorporó — ¡Solo en la muerte!

— ¿No les parece curioso? — dijo Sol.

— ¿Qué cosa? — Elysius le dirigió la mirada.

—Que haya una estatua de nuestro Primarca ennuna forja del Mechanicus.

—No sabemos el motivo del que se encuentre aquí. Solo podríamos hacer suposiciones— mencionó He'stan.

—Hay un viejo acertijo nocturneano. "¿Dónde esconderías a un sauroch?" — comentó mientras revisaba la base de la estatua.

—En un rebaño— Elysius se unió a Sol.

—No lo entiendo— acertó a decir el Padre Forjador.

Sol se detuvo para explicar —Al sauroch no se lo diferencia de los otros en un rebaño. Ahora hagamos la pregunta inversa. ¿Qué podemos esconder en un edificio?

El Padre Forjador lo procesó —Es posible.

—Lo es— dijo Elysius con una convicción que se volvió certeza.

Halló una muesca en la base, el sigilo de Vulkan encajó, y la base se abrió.


Annelies se presentó ante la Canonesa Dalia, fue recibida en el tacticarium; la mujer sin armadura veía una proyección de Zero, la luz verdosa golpeaba sus avejentados rasgos, sus pelos canos estaban manchados de sangre, una nueva raya para el tigre, ya tendría tiempo para atender sus heridas.

—Señora— Avil saluda con el Aquila Imperial.

Dalia levanta la vista, una mirada cansada, los años le pesaban —La bruja drukhari ha escapado, seguimos a ciegas sobre sus intenciones.

Annelies frunció el entrecejo y apretó los dientes — ¿Cuáles son sus órdenes?

—Nos vamos

—¿Irnos?

La canonesa asiente —Se ha tomado la decisión de ejecutar la orden Exterminatus.

Annelies estupefacta profiere —Los salamandras siguen en el planeta.

—No, ya están de regreso. No se destinarán más recursos a esta campaña.

Ahora la Palatina se fijó en la proyección, tenían fijadas las coordenadas de los puntos críticos de las placas tectónicas.

—Prepara a las hermanas; oración, vigilia y ayuno como penitencia.— La canonesa se dirigió a la salida —Una semana con agua. Que el Emperador nos perdone.

Desde la "Sed de Justicia" el inquisidor Bertrán Deimos dio la orden, un proyectil balístico masivo salió despedido desde las lanzaderas, golpeó la superficie a velocidad terminal, la carga de fusión derrite la tierra y la roca hasta que llega al núcleo del mundo, es ahí donde se activa la segunda ojiva, la carga ciclónica estalla con poder apocalíptico, el núcleo se desestabiliza y revienta, la superficie se resquebraja, las placas tectónicas salen expulsadas al espacio, un mundo había muerto y en su lugar quedaban rocas y polvo flotando en el vacío.