Disclaimer: South Park es propiedad de Matt Stone y Trey Parker. Los Mitos de Cthulhu son propiedad de H. P. Lovecraft y los miembros del Círculo Lovecraft.


Universo Lovecraft-Park

Epílogo

En las Tierras del Sueño


Una noche voló por encima de oscuras montañas donde brillaban débiles y solitarias fogatas de campamento, muy diseminadas, y había extrañas y velludas manadas de reses cuyos cabestros portaban tintineantes cencerros; y en la parte más inculta de esta región montañosa, tan remota que pocos hombres podían haberla visto, descubrió una especie de muralla o calzada empedrada, espantosamente antigua, que zigzagueaba a lo largo de cordilleras y valles, y demasiado gigantesca para haber sido construida por manos humanas. Más allá de esa muralla, en la claridad gris del alba, llegó a un país de exóticos jardines y cerezos; y cuando el sol se elevó, contempló tanta belleza de flores blancas, verdes follajes y campos de césped, pálidos senderos, cristalinos manantiales, pequeños lagos azules, puentes esculpidos y pagodas de roja techumbre, que, embargado de felicidad, olvidó Celephaïs por un instante.

—H. P. Lovecraft, Celephaïs


El invierno tocaba a su fin nuevamente en el reconstruido pueblo de South Park. De sus poco más de tres mil habitantes, ahora sólo quedaban unos seiscientos. Los únicos que decidieron quedarse y reconstruir. Como cabecera municipal del Condado Park, el pueblo debía levantarse nuevamente. De los primeros lugares en ser reconstruidos en los seis años transcurridos desde aquel oscuro incidente del enorme castillo, se encontraban el ayuntamiento, la iglesia, el centro comunitario y la escuela primaria. Desafortunadamente, dada la escasa población, no se había hecho lo mismo con la escuela Preparatoria, por lo que los alumnos de ese nivel ahora debían ir a estudiar al cercano pueblo de Evergreen.

El parque también había sido reconstruido, aunque se había agregado una cosa más. En el centro de un jardín invernal, se había alzado una escultura de bronce. En ella se alzaban seis figuras en honor a los héroes que a costa de sus propias vidas habían salvado South Park. Mysterion, Cometa Humano, Toolshed, El Coon, Dark Prince y The Princess estaban inmortalizados en aquella escultura inaugurada apenas un año atrás, en el quinto aniversario de aquellos acontecimientos que les habían quitado la vida.

Justo aquella tarde fría de finales de invierno, seis años después de todo eso, Henrietta Biggle se detuvo frente al monumento. Sabía que era lo más cercano que habría a una lápida. A pesar de que algunos ya discutían la posibilidad de crear tumbas de honor para los héroes en el cementerio municipal, una vez que los trabajos de reconstrucción y recuperación de algunas tumbas terminaran, para ella no habría otro lugar como ese. Esto se debía a que no era una tumba o mausoleo, este lugar era una prueba fehaciente de que ellos existían aún en algún lugar del basto universo. Por tal motivo, jamás llevaba ofrendas banales como flores o velas para encender en memoria de esos héroes.

Su mirada se posó en Mysterion, aquel joven de aspecto misterioso —como su propio apodo lo indicaba—, que al frente de sus amigos parecía estar listo para saltar en defensa de alguna persona.

—Han sido ya seis años, Kenny —dijo ella—. Me gustaría poder decirte tantas cosas en persona. Supongo que algún día podré hacerlo. No te rendirás, ¿verdad? No es tú estilo. Seguirás luchando hasta volver, con todos tus amigos, por supuesto. Aunque suene conformista, sigo esperando a que eso pase.

Se giró para abandonar el lugar. La nieve caía a su alrededor bañando todo de blanco como de costumbre. Siempre, en esa época, pedía un fin de semana libre en la escuela para poder regresar a South Park únicamente para ver si por alguna razón ellos estaban de vuelta. Antes simplemente vagaba por el reconstruido pueblo, tratando de recorrer los lugares en dónde sabía ellos se reunían. Un año atrás, se sumó a esto una visita al monumento.

—Henrietta…

La voz de Wendy Testaburger llamó su atención. La chica que insistía en vestir de negro, no porque de pronto se hubiera vuelto gótica, sino porque llevaba una especie de luto en espera a que Raven regresara.

—¿Necesitas algo, conformista? —preguntó Henrietta mordazmente.

—No muchos lo saben, pero tú les ayudabas a hacer eso. Stan, Raven, como le llamas, me dejó una carta. En ella me contó todo. Dijo que, si no salía de ese castillo, es que posiblemente no había sobrevivido o estaba en otro lugar.

La gótica encendió un cigarrillo.

—Y, ¿qué tengo que ver con eso?

—Tú sabes a qué se refería con «otro lugar». —Wendy avanzó algunos pasos, deteniéndose frente al monumento y sin apartar la mirada de la escultura de Toolshed—. ¿Sabes que estudió psicología en Yale? —preguntó—. En algunas clases hablamos sobre lo que comúnmente se denominan sueños lucidos. Sobre las teorías de Freud acerca de que los sueños son manifestaciones del subconsciente y que al interpretarlos se puede entender mejor a un paciente. Hay toda una rama de la psicología dedicada a esto.

—¿Qué tiene que ver con todo?

—En su carta, Stan hace constantes insinuaciones a los sueños y un lugar llamado Tierras del Sueño. No entendía a qué se refería, hasta que hace unos meses, en una clase se tocó el tema de los sueños lucidos y los sueños recurrentes de ciertos artistas y escritores, quienes describieron paisajes increíbles y ciudades maravillosas que habían visto en sus fantasías oníricas. Claro, todo esto siempre se ha interpretado desde un punto de vista científico. Sin embargo, alguien aportó el hecho de que algunos filósofos a lo largo de la historia lo habían visto desde puntos de vista más metafísicos. La posibilidad de la existencia de ciertos planos que solamente podían ser alcanzados por los humanos mediante los sueños.

Hizo una pausa. Se giró para a ver a Henrietta. La gótica dio una calada profunda a su cigarrillo, sin apartar la vista de Testaburger. Parecía realmente interesada en lo que estaba diciendo sobre los sueños. Wendy tomó aire, cerró los ojos y luego prosiguió tras abrirlos:

—Obviamente, nuestra profesora refutó esas teorías. Muchas culturas, dadas ciertas creencias religiosas y místicas, han buscado significados en los sueños. A final de cuentas, explicó, no son más que meras manifestaciones de anhelos, temores y deseos de los seres humanos, tal como lo dijo Freud.

—Pero tú no lo crees.

—No cuando pienso en lo que Stan dejó en aquella carta. Estoy convencida, de alguna manera, que Stan y los otros están atrapados en otro plano, uno que sólo es accesible a través de los sueños. Stan lo llama Tierras del Sueño. Dice que ese castillo, el que destruyó South Park hace seis años, venía de aquel lugar. Es por eso por lo que su arquitectura, su mera existencia, resultaba ajena a nuestro mundo.

Henrietta se dio cuenta de que Wendy estaba llorando.

—Quiero creer en esas palabras. Quiero desafiar la lógica y pensar que es posible llegar hasta aquel mundo y traer de vuelta a Stan y a los otros. Tú les ayudaste, por eso creo que debes saber algo al respecto.

Henrietta dejó caer el cigarrillo. Se llevó las manos al bolso negro y sacó uno nuevo, encendiéndolo con el zippo de color negro que Michael le había regalado años atrás. Dio una calada antes de responder.

—Existen las Tierras del Sueño —dijo—. Debes estar a punto de graduarte. ¿Dónde harás la residencia?

A Wendy le tomó por sorpresa esto.

—No lo he decidido, aunque debe ser ya. Me queda un mes de límite o perderé todo el siguiente año.

—Sanatorio Mental de Arkham, en Massachusetts. Y, antes de que lo digas, no tiene nada que ver Batman. El cabrón de Bob Kane debe haberse inspirado en dicho lugar, pero no tiene nada que ver. Supongo que han estudiado la historia de la psicoterapia en Américas, de ser así, sabes que fue uno de los primeros hospitales psiquiátricos modernos en Estados Unidos.

Wendy asintió.

—¿Crees que allí pueda…?

—¿… investigar sobre las Tierras del Sueño? No, no te ayudara en eso. Estarás cerca de Miskatonic, sin embargo, y de la biblioteca Orne. Miskatonic se toma en serio todo eso, créeme. No por nada estudió allí. No por nada Kenny iría allí. Es a grandes rasgos tu mejor opción para comprender esto y tratar de hacer algo.

Dio una última calada a su cigarrillo, y luego se alejó lentamente, dejando a una decidida Wendy detrás. Lo haría, investigaría todo al respecto, encontraría la manera de llegar a esas Tierras del Sueño. Volvería a ver a Stan.

- ULP -

La taberna era un lugar sucio y oscuro, como todos los establecimientos similares que se hallaban sobre la calle del muelle en Dylath-Leen. En el lugar se podía ver toda clase de hombres y criaturas de extraño aspecto. Los marineros fornidos que cargaban mercancías que llegaban y salían hacia los innumerables puertos de las Tierras del Sueño se detenían allí a beber unos tragos luego de tantas semanas de duro trabajo en altamar. También había algunos de aquellos hombres de Leng, quienes como de costumbre compraban grandes cantidades de esclavos negros pagando con aquellas misteriosas y preciosas gemas.

Precisamente, en esos momentos tres personas encapuchadas —nada extraño, puesto que la mayoría de los que se hallaban en aquella taberna vestían de forma similar— observaban a un grupo de estos hombrecillos peculiares, cubiertos con pantalones bombachos de colores chillones y enormes turbantes de seda. Acababan de cerrar un trato con un esclavista local, al cual le habían comprado una centena de hombres fuertes y robustos.

—¿Así que esos son el objetivo? —susurró uno de los hombres, el cual acababa de llegar—. No se ven tan fuertes.

—No los juzgues, Coon —gruñó uno de sus compañeros—. Además, no queremos atacarlos. Simplemente seguiremos sus movimientos. Según The Princess, ellos tienen contacto directo con las Bestias Lunares.

El Coon sonrió malicioso.

—Entonces, capturemos uno e interroguémosle. Esos maricas pueden llevarnos hasta Nyarla-algo.

—No queremos revelar nuestra presencia, aún —contradijo otro.

—Vamos, hippie, yo sé que quieres venganza por tu noviecito. Esta podría ser la mejor oportunidad. Si atrapamos uno y lo llevamos a Kadath, seguro el pobretón podrá sacarle toda la información que posee. Entonces sería solo cuestión de dirigir nuestros ejércitos contra ellos.

—¡Eres idiota! —espetó de nuevo el tercer sujeto—. Debemos ser precavidos. Además, nos superan en número. Por otro lado, yo tengo que partir esta misma noche en una galera con dirección a Celephaïs.

El Coon resopló.

—Así que abandonas la misión para ir a ver a tu noviecita.

—No seas idiota, gordo, está misión es tuya y de Toolshed. Solamente le asistí porque eres un idiota y te tardaste demasiado.

—¿Has estado allá abajo? —preguntó, refiriéndose al hecho de que su última misión lo había llevado a estar tres jodidos meses en la ciudad subterránea de los gules—. Además, ese cabrón de Pickman ni siquiera tiene comida decente.

—¿Qué esperabas de un gul? —le respondió Dark Prince, obviamente, con sarcasmo.

—No sé, algo mejor que carne podrida de algún cementerio de dudosa procedencia.

—¡Bien, basta de discutir! —se impuso Toolshed—. Si seguimos así se darán cuenta.

—De cualquier manera, tengo que irme —dijo Dark Prince poniéndose de pie—. Tal vez nos veamos en otra ocasión.

—Aun no me respondes para qué carajo vas a Celephaïs.

—Un asunto urgente, gordo. —No dijo nada más y prefirió abandonar la taberna.

Su misión en Celephaïs era importante, y sabía que si el gordo se enteraba intentaría joderlo. Cartman, su hermano, había sido enviado a las zonas inferiores de las Tierras en Sueño en busca de la ciudad que los gules tenían en aquel sitio. Karen les había dicho sobre como las tribus que habitaban allá abajo eran aliadas del profesor Carter. Entre ellos se encontraba el gul Pickman, quien casi un siglo atrás había sido un pintor de Boston, cuando aún era humano, al menos parcialmente. Cartman se convirtió en el embajador del nuevo gobernante de Kadath, Kenneth McCormick, mejor conocido como el Emperador Mysterion.

Ahora, Damien tenía por misión presentarse en la corte del rey Kuranes como embajador. A pesar de que Karen, la princesa de Ooth-Nargai era su hermana, Kenny había considerado que era mejor tener un embajador directo. Además, el objetivo secundario era proteger a su hermana. Kenny había aceptado a regañadientes, luego de que Karen prácticamente lo amenazara, que ellos dos tuvieran una relación formal, y finalmente se había ganado su confianza como para que lo enviara a él en esa importante misión. De cualquier manera, en cuanto Karen cumpliera la mayoría legal para aquellas tierras, ambos se casarían.

Damien sonrió con ironía. Él, heredero del trono del infierno, pasaría a ser el Príncipe Consorte de aquellas tierras cuando el rey Kuranes se retirará y ella ascendiera a ocupar el lugar de reina de Ooth-Nargai. Era completamente extraño y hasta cierto punto surrealista.

Seis años en las Tierras del Sueño eran completamente diferentes a lo que serían en el mundo mortal. A Kenny le tomó técnicamente siglos hacerse con el control de Kadath y sus alrededores, apoyado por los dioses una vez presos por Nyarlathotep y ahora liberados. El Símbolo Arcano se había fortalecido, aunque dando inmunidad a Kenny contra él, al comprobar que no era para nada como sus siniestros padres divinos. Así, los dioses habían acordado que él gobernaría ahora Kadath.

Karen descendió a Ooth-Nargai acompañada de la diosa Bast, para presentarse ante el Rey Kuranes y residir en su castillo. Stan, disfrazado de Toolshed, fue enviado a explorar las Tierras del Sueño y a reunir aliados.

Actualmente sólo la ciudad de los gules en las zonas inferiores y las tierras de Ooth-Nargai contaban entre estos, pero pronto esperaban poder tener más apoyos en las ciudades estados y diversos reinos que cubrían aquellas fantásticas Tierras del Sueño terrestres. El plan de Kenny era poco a poco liberar aquel mundo de toda influencia de los dioses Exteriores y de los Primigenios. Esa era su manera de decirle a aquellos terribles seres que él seguiría desafiándolos hasta el final.

Sus amigos y su hermana no podían estar más de acuerdo, aunque cada uno a su manera.


- FIN -