Buenas, queridos lectores uwu.

Aquí molestando una vez más con el ultimo capítulo de esta historia UwU
Aunque, ojo, no es el fin de todo (aunque sea medio paradojico), ya que la siguiente semana saldra el prologo de esta historia UwU
Pero bueno, espero que realmente les guste, nos leemos la siguiente oportunidad

Enjoy :D


Encuentra tu camino

Parte 3: El Héroe Berlitz

—¡Díganme donde esta Monika! —gritó Níquel.

Los tentáculos de Richie habían tomado por sorpresa a dos reclutas en medio de la ruta 204. Ambos, desarmados, luchaban por liberarse del poderoso agarre de la chica. Un tercer recluta salió de la base asaltada para intentar ayudarles, disparando una flecha que Richie logró tomar en el aire.

Una vena se saltó en el rostro de Níquel por el intento de golpearla. Lanzó a los dos reclutas contra los árboles y fue por el responsable de dispararle. El hombre trató de huir, pero la chica se lanzó como un animal salvaje y lo envolvió por completo en la sustancia de Richie. El hombre apenas podía hablar por la presión en todo su cuerpo.

Pero no era necesario que hablara, pequeños tentáculos entraron por su nariz, directo a su cerebro. Gritos ahogados salieron del hombre mientras sentía como su nariz se quemaba por dentro y su cerebro de inflamaba, provocando que sus ojos se blanquearan por el extremo dolor. Todo aquello fue en vano, pues él tampoco sabía nada.

La quinta y última base de Team Age y nada, no había registro de Monika. Níquel había rastreado las guaridas gracias a los numerosos guardias que se había encontrado en la ciudad, pero con cada guarida que destruía menos eran las posibilidades de encontrar a Monika. No estaba muerta, lo sabía por las mentes que leyó, pero nadie sabía su ubicación.

Furiosa, volvió a entrar a la base para ver si encontraba algo en las computadoras, pero todos los discos duros habían sido eliminados cuando atacó al primer guardia. Le temían, no había pokémon o arma que le pudiese detener en ese estado, todos los que le hicieron frentes estaban en el piso, inconscientes y convalecientes.

—Esa maldita nos tiene miedo —dijo Richie, sobresaliendo del abrigo de Níquel.

—Y mientras no la encontremos seguirá siendo un peligro para mi madre.

Dijo, destruyendo las computadoras de la base. Esta era la última base, todas las memorias de los reclutas que encontró lo confirmaban, pero ella no estaba. Titan no fue de ayuda, ella fue la que descubrió todo por su cuenta, así qué tampoco sabría nada de Monika.

Su mente solo podía pensar en las posibilidades, en cómo esas escorias se acercarían a su madre y le apuñalarían, o le dispararían en la cabeza. Conocía sus tácticas, por lo que ni ella ni su padre podría sobrevivir a un asesino silencioso. Solo quería prevenirlo, acabar con Monika antes de que girara la orden, cortar cada una de sus extremidades y después matarla de un solo corte limpió.

—Hacerla sufrir como a estos —dijo Richie, observando a un recluta—. Solo velos, arrastrándose, como cucarachas.

Níquel dirigió su mirada a una de los reclutas que había lanzado contra los árboles. La mujer se arrastraba por el suelo, pidiendo ayuda débilmente. Níquel sintió una extraña sensación que le hizo acercarse a ella lentamente. Al escucharla acercarse la mujer volteó a verla aterrada.

—N-no, por favor, ya déjame —dijo suplicante.

Los ojos de Níquel se clavaron en ella, en la sangre corriendo por su cuerpo y su ropa desgarrada. Su cabeza comenzó a llenar de ideas, en ese momento podría sacar su hacha y cortar su cabeza en dos, o quizás destruir sus piernas con un mazo, tal vez un golpe en la columna sería mejor, ese crujir de huesos parecía escucharse lo suficientemente bien mientras lloraba y se torcía como un animal.

—Eres muy creativa, hagámoslo —dijo Richie, por detrás—. Dime ¿cómo experimentamos con ella?

Níquel se agachó y tomó el pelo de la mujer, levantándola y viéndola directamente. Al alzarla pudo ver el logo del Team Age, una A hecha de hierro.

—¿Sabía cómo se divertía Impex conmigo? —dijo, creando un pequeño escarpelo.

—N-no por favor, te lo su-suplico, no me hagas daño.

—Cortada pequeños pedazos de piel para analizar mi ADN, fueron muchos cortes que dejaron cicatriz —acercando el escarpelo a la cicatriz de su mejilla—. Y esta me la hizo tu rey con su espada, nunca pude devolverle el favor, y como ustedes creen mucho en el honor, tal vez deba hacerles lo mismo.

La mujer lloraba y suplicaba mientras Níquel alzaba el arma, sin embargo, antes de hacerlo, recibió una llamada. Richie le pidió que lo hiciera y contestara después, pero conocía ese sonido. Golpeó la cara de la mujer en el suelo, dejándola inconsciente, y contestó.

—¿Qué rayos quieres, Titan? —contestó, molesta—. Estoy limpiando la basura que tú…

No terminó de hablar cuando Titan le explicó lo que había ocurrido en el Lago Agudeza. La chica no dejó terminar al chico cuando gritó.

—¡Maldito bastardo hijo de perra!

Lanzó su teléfono y de su abrigo salieron un par de alas, volando hacía el lugar de los hechos. En su mente solo había un pensamiento; matar a Iridio.

[…]

La policía no tardó demasiado en llegar al lugar, en cuestión de segundos el lago se llenó de policías y reporteros que buscaban reportar la nota del ataque a la Berlitz. Ya estaba en boca de todos que alguien estaba casando a los remanentes del Team Age para prevenir un ataque que finalmente había ocurrido.

Afortunadamente la policía acordonó el área para evitar que los reporteros se comieran vivan a una lastimada Platinum que descansaba en una camilla. La hemorragia del disparo se detuvo rápido gracias a los médicos que también revisaban a Iridio. Ambos necesitaban ser ingresados al hospital, pero Platinum deseaba esperar a que todos los niños se fueran antes de ser atendida. Además, quería saber cómo estaba Iridio antes de irse. Diamond también había llegado a ver a su esposa, le pidió que fuera pronto al hospital para que su herida no se infectara, pero Platinum era terca y solo se preocupada por Iridio. Hasta que supiera que estaba bien, se iría en la ambulancia.

Iridio estaba bien, salvó algunos huesos rotos que tendría que ser revisado en el hospital. Faiker estaba a su lado, esperando a que el paramédico terminara su diagnóstico, una vez que terminó se acercó a él.

Iridio estaba nervioso, en su mente solo pasaban los momentos en lo que peleó contra aquel sujeto que ahora descansaba en la patrulla de la policía. Podía sentir el fuego que brotaba de sus manos con cada golpe y el ardor de los golpes recibidos. Pero sobre todo, la sangre, la sangre de Platinum hizo que le diera un escalofrió enorme por todo el cuerpo. No era la primera vez que la veía, pero esta vez era algo completamente diferente, una sensación que le recordó a su padre, a la sangre que manchó sus zapatos.

—¿Cómo está la señora Platinum? —preguntó Iridio, serio.

—Bueno, bien para haber recibido un disparo —dijo Faiker, cruzándose de brazos—. Eso fue algo jodidamente increíble.

Iridio suspiró, mirando al otro lado donde Platinum esperaba junto a Diamond. Había algo importante que quería decirles, se levantó e intentó caminar, pero Faiker lo detuvo.

—Oye, creo que te deben llevar al hospital.

—Estaré bien, no es la primera vez que me rompo algo.

Faiker hizo un gestó y decidió ayudarlo a caminar hacía Platinum, su pierna cogía un poco y le costaba mantenerse parado. Al llegar, antes de poder hacer algo Diamond decidió abrazarlo. Aquello sorprendió a Iridio y molestó un poco a Faiker al ver que el chico aún seguía herido.

—Gracias, enserio, gracias —dijo Diamond, lanzado unas pocas lagrimas—. Gracias por salvarla.

—Yo… —Iridio no pudo continuar.

Era como aquella vez, sintió un pequeño cosquilleó que le hizo sentirse bien, realizado, que había hecho lo correcto. Sonrió alegre y le devolvió el abrazo a Diamond, era la primera vez que sentía eso, gratitud. Cuando se separaron, Platinum de inmediato se levantó un poco y tomó a Iridio de los hombros.

—¿Estas bien?

—Estoy bien, no se preocupe por mí —dijo Iridio, sonriendo.

—Ay, gracias a Arceus.

Platinum hizo lo propio, abrazándolo. No solo sintió gratitud, Iridio sintió algo que no había sentido desde la muerte de su padre; preocupación. Platinum se preocupa por él, por su bienestar, podía sentir en Platinum aquel cariño y preocupación de alguien que podría llamar… ¿madre? Los huesos rotos no le impidieron abrazarla de vuelta, con fuerza, sentir ese calor desprendido por ella le hizo llorar un poco, se sentía emocionado, querido, amado.

—Tranquilo, no llores, todo está bien —Platinum sonrió y miro a Iridio, a pesar de las lágrimas, el chico estaba feliz—. Estas bien, estamos bien, y todo gracias a ti. Dijiste que querías ser un héroe, y creo que puedes lograrlo.

Iridio se sorprendió por aquellas palabras. Diamond puso su mano en su hombro y también se lo dijo, seguido por Faiker.

—Si pudiste con eso, puedes con más —admitió Faiker, dándole un ligero golpecito en el hombro—. Cuidado, sabandijas, Iridio ira a patear traseros.

—Faiker, lenguaje —reclamó Platinum, para luego reír alegremente.

Iridio solo se quedó pensando en todo, en como ahora entendía el verdadero sentido de ser héroe, el ver a las personas que quería estar bien, sentía que aquel era su propósito y sonrió, sonrió alegre de haberlo logrado, de ser un héroe, de honrar a su padre y a su propósito.

—Yo solo quiero que todos estén bien —admitió Iridio—. Y señora Platinum, que bueno que este a salvo, yo quería decirle…

No tuvo tiempo de terminar su frase cuando pudo escucharse el sonido de un objeto cayendo con fuerza del cielo. Todos voltearon a ver a la figura responsable de la caída, Níquel. Diamond y Platinum se alegraron de verla, pero Iridio no pudo evitar retroceder al verla.

Richie no solo se había convertido en su chaqueta, si no que él era toda su ropa al completo, con tentáculos saliendo al aire y algunos replegándose en su piel y sus rostros. Su rostro y él de Richie le hizo recordar la gran advertencia que le había hecho su padre sobre el poder de la sombra, aquel miedo que le había inculcado ahora se hacía presente.

Níquel no digo nada, de su brazo se extendió la sombra que tomó a Iridio y lo lanzó contra un árbol, lejos de ahí. Sintió como otros huesos volvieron a romperse al romper el tronco del árbol, pero no tuvo tiempo de descansar cuando la sombra lo rodeó y los estrujo con fuerza. Lucho por respirar mientras Níquel se acercaba con una espada por mano.

—Pagaras por lo que le hiciste a mi madre —reclamó Níquel con ira—. Tú, desgraciado bastardo.

Faiker intentó detenerla, pero fue lanzado al suelo por uno de sus tentáculos. Fue hasta que Diamond se puso frente a ella que la chica de detuvo.

—Níquel, tranquilízate —dijo Diamond, preocupado.

—Quítate, papá, debo acabar con esta basura.

—Esto no es lo que te hemos enseñado —dijo Diamond—. ¿De dónde viene esta ira?

—Sabes muy bien de donde, este mocoso puso en peligro a mi madre y lo va a pagar —dijo, apretándolo más fuerte—. Ahora hazte a un lado.

—Hija, por el amor de Arceus, que te pasó…

—¡Níquel Daipura Berlitz!

Aquella era la voz de Platinum. Níquel volteó de inmediato a ver a su madre, no se esperaba verla parada aún después del disparo, y mucho menos dándole un fuerte cachetada en la mejilla.

El golpe fue directo, dejando en silenció a todos los presente. Iridio sintió como Richie le dejaba respirar mientras Níquel se acariciaba la mejilla y miraba con incredulidad a Platinum, la cual le miraba profundamente enojada.

—No pienso tolerar más impertinencias de tu parte, te fuiste por semanas y luego vienes e intentas hacer esta barbaridad —Platinum se cruzó de brazos—. ¿Acaso te volviste loca?

Uno de los tentáculos de Richie se comenzó a levantar, amenazante, pero Platinum solo arqueó la ceja.

—Te atreves a hacerlo y te olvidas que alguna vez fui tu madre —dijo, con el rostro completamente serio y oscurecido.

—Adoptiva —dijo Níquel en voz baja.

—¿Qué fue lo que dijiste? —preguntó, molesta.

—¡He estado haciendo esto por ti! —gritó Níquel, enojada— Me la he pasado cazando a las basuras del Team Age por todo este tiempo para protegerte, y solo me queda ese mocoso para que estés a salvo, y así me lo agradeces.

—No otra vez este cuento —llevándose las manos a la cara—. Nadie te lo pidió, hija, y además fue Iridio el que me ayudó.

—¿Qué?

—Sí, uno de los profesores sustitutos era un miembro infiltrado del Team Age, él atacó a tu madre e Iridio la salvó —agregó Diamond.

—Esto no hubiera pasado si alguien no se hubiera desaparecido —dijo Faiker sujetándose el estómago por el golpe—. Este chico de aquí salvó a la señora Platinum.

Níquel se quedó de piedra, mirando al vacío mientras su rostro se descomponía. Comenzó a respirar fuerte mientras sus tentáculos comenzaban a moverse de manera errática, Iridio conocía esa señal.

—Señorita Níquel, no puede usar a Richie de esa manera —Iridio se acercó—. ¿Cuánto tiempo lleva con el fuera de su cuerpo?

Níquel no respondió, solo le miró con odio mientras los tentáculos le amenazaban. Platinum intentó decirle algo, pero la chica dio un enorme salto hasta la patrulla donde estaba arrestado el miembro del Team Age.

Las advertencias de los oficiales y sus pokémon no le detuvieron, arrancó de un golpe la puerta de la patrulla y sacó al hombre de un solo jalón, entrando de golpe directamente a su cerebro, extrayendo la información.

Los Growlithe le atacaron, pero Richie le creó una protección para salvarla del fuego mientras el hombre gritaba de dolor y se retorcía. Platinum y Diamond le gritaron que se detuviera, pero no les prestó atención. Iridio, aún lastimado, se lanzó contra ella, pero Richie expulsó parte de su sombra para lanzarlo contra unos arbustos, cubriéndose de esa extraña sustancia negra.

De no ser por qué su Zangoose salió de su pokéball para salvar al hombre, él hubiera muerto. De pronto, todos sus pokémon salieron de sus pokéball; los seis pokémon le miraba con preocupación, apoyaban la idea de sus padres, debía parar con esto, había hecho demasiado.

—Por dios, hija, ¿qué rayos te pasó? —preguntó Diamond, asustado—. Debes dejar de hacer esto, debes…

—No voy a detenerme, Diamond —dijo, girándose—. Esta basura me dio lo que necesitaba, un cabo suelto más y esto habrá terminado.

—Níquel, te lo advierto, si intentas algo más yo…

—Sabes que es lo mejor, Platinum —una de las manos de Níquel se convirtió en una espada—. No eres mi verdadera madre, ninguno de ustedes dos, y no necesitó su estúpida autorización, hare lo que me plazca —los tentáculos se convirtieron en alas—. Así que, váyanse a la mierda.

Impulsándose con sus piernas, Níquel dio un enorme saltó y se fue volando hacia el norte. Platinum y Diamond le gritaron que se quedara, pero solo la vieron marcharse.

Cuando Platinum la vio alejarse, las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos, cayendo al suelo. No podía entender que había pasado, como su hija con la cual le costó tanto tiempo formar un vínculo ahora la trataba como basura. Diamond corrió a abrazarla, junto a los pokémon de Níquel que parecían igual de asustados que sus padres.

Iridio pudo escuchar los sollozos de Platinum y se levantó poco a poco, la sombra de Richie aún estaba impregnada en él. Al levantarse pudo ver a Faiker que iba hacia a él, pero se quedó parado en el justo momento que sintió un extraño piquete en las manos. Los restos de Richie entraban a su cuerpo.

Sintió sus venas arder y los recuerdos de Níquel entrar en su mente, sus acciones, sus pensamientos, una fracción de su ser presente y pasado. La pequeña niña que había perdido a sus padres, su vida en el cementerio, su acercamiento con Diamond, su viaje, sus amigos, sus acciones, todo eso dentro de su cabeza, nunca había experimentado algo igual, tanta información le hizo sangrar la nariz y caer al suelo, sujetando su cabeza, un dolor insoportable.

Los recuerdos, los sentimientos, los traumas, todo eso de golpe le hizo querer arrancarse los trozos de Richie que habían entrado dentro de él, pero no podía hacer nada. Diamond y Platinum se acercaron a ayudarle, pero no podía hacer nada, era como si su cerebro fuera licuado.

El dolor se desvaneció progresivamente, su mente se acostumbraba a los nuevos recuerdos. Se sentía confuso, todo parecía verse muy raro alrededor, sentía que había cambiado, que ese cuerpo no era el suyo, se sentía como si él fuera Níquel, como si fuera ella. Se miró las manos, miró a Diamond y Platinum y dijo.

—¿Papá? ¿Mamá?

Diamond y Platinum se miraron, extrañados por la pregunta. No, este no era él, eran las memorias de Níquel, debía aislarlas, recordar quién es él. Y sobre todo, recordar que haría ella.

—Per-perdón, se siente raro —dijo Iridio, confundido—. Sé a dónde voy, digo, a donde va ella.

—¿Estas bien? —preguntó Platinum, preocupada.

—Comparto la mente de Níquel, es extraño, se siente que si yo fuera ella, que soy yo, digo… —Iridio se cacheteó la cara—. Olvídenlo, ella va por Monika, y Richie la controla cada vez más, si no se lo quita, Richie me controlara por completó, digo a ella.

—Por Arceus, entonces era eso —dijo Platinum, asustada—. ¿Dónde está?

—Una base oculta por la Mansión Abandonada, donde conseguí… consiguió a Rotom, necesitó llegar antes que ella para recuperar a Richie, voy a matar, dijo, va a matar a Monika.

—Llamare a Titan para que vaya —dijo Diamond, tomando su teléfono—. Iré también.

—Yo también iré —dijo Platinum.

Aunque quiso darse la vuelve, un pequeño tentáculo salió de la mano de Iridio y detuvo a Platinum con suavidad.

—Ma… digo, señora Platinum, usted no puede ir, ya está muy lastimada.

—Por Arceus, Iridio, es mi hija, no puedo simplemente quedarme de brazos cruzados y…

—Señora Platinum, su pierna está sangrando otra vez.

Toda esta acción le recordó a Platinum que tampoco estaba en condiciones para hacer eso. La adrenalina del momento había mitigado el dolor, pero pasó a pasarle factura y le hizo caer, por lo que el Banette y Zangoose de Níquel le ayudaron a levantarse y acercarla a una camilla.

Platinum no estaba contenta tampoco en que Iridio fuera, sabía que estaba herido, heridas que muy pronto sanaron gracias a la regeneración que esa pequeña parte de Richie le ofrecía.

Diamond también iría, tomando el Rapidash de su esposa para llegar más rápido, mientras que Iridio sería transportado por Dragapult, quién se ofreció a llevarle a sabiendas del peligro de su entrenadora. Faiker por su lado se quedaría ayudando a Platinum, era lo mejor que podía hacer dadas las circunstancias.

—Al final lo de Richie fue cierto —dijo Faiker, nervioso—. Ve con cuidado, no quiero perder a mi nuevo compañero de entrenamiento.

—Solo esperó no ser tan fuerte… digo, ella, esto es demasiado complicado.

—Ten mucho cuidado, Iridio —advirtió Platinum—. Si la cosa se pone fea huye de ahí, y sobre todo, cuida a mi hija.

—Lo hare, madre… usted me entiende —dijo, sonrojado.

Platinum solo sonrió ligeramente para ver como Iridio se montaba en Dragapult y alzaba el vuelo. Al ver también a su esposo marcharse cerró sus ojos, rezando a Arceus para que todo saliera bien.

[…]

Siete, siete eran todos los miembros del Team Age que quedaban y se resguardaban en la base secreta del Bosque Vetusto. Monika sabía que su soldado infiltrado había fallado en su misión de matar a la Berlitz, y sabía que Níquel venia en camino a cazarla, por lo que este sería su batalla final.

Cuatro hombres y tres mujeres que formaron frente a ella, las piernas les temblaban y el sudor de sus frentes les hacían limpiarse la cara constantemente. Al verlos, Monika no evitó hacer un gesto de asco, pero no tenía más opción, eran los únicos que quedaban.

—El rey se sentiría decepcionado de estas excusas de soldados —dijo Monika, apuntándoles con sus brazo mecánico—. Juraron defender el honor del rey, y mírense ahora, queriendo correr por una simple niña.

Todos tragaron saliva y evitaron su mirada inquisidora. Monika bufó y se acercó a una computadora que mostraba los planos de la guarida donde estaban, destacando la enorme habitación que estaba debajo de todo, ese sería el lugar desde donde harían su último asalto.

Apenas y tenían armas y recursos, solo un puñado de tecnología obsoleta y planos de su antiguo rey. Tenían una gran ambición, pero meterse con Iridio les complicó todo, teniendo como única esperanza una extraña antena en la zona segura.

Su última bala tenía un tiempo de carga, Monika necesitaba distraer a Níquel lo suficiente como para poder hacer funcionar su máquina, con un poco de suerte aquellos idiotas que le acompañaban podrían detenerla el suficiente tiempo. Ella y dos reclutas estarían en la sala segura, mientras el resto esperaría a que Níquel llegara. No deberían esperar mucho, pues pudieron escuchar como las puertas del bunker fueron arrancadas y el eco de unas pisadas se acercaba más y más. Antes de que pudieran hacer algo, Níquel había tomado a dos por el cuello.

Iridio llegó al poco rato gracias a la velocidad de Dragapult. Mientras volaba comenzó a preocuparse de lo que estaba a punto de pasar. Debía quitarle a Richie, sin embargo, el absorber por completo las memorias de Níquel podría provocar que su propia conciencia desapareciera, que él dejara de ser él. No quería que pasara, no quería perderse, pero dejarla en ese estado podría ser peligroso para todos.

Intentó recordar alguna lección de su padre sobre eso, pero no encontró nada, él nunca le había mencionado nada sobre esa habilidad de Richie. Era algo nuevo de lo cual debía encargarse, salvar a Níquel y no perderse en el intento, aislar los recuerdos de Níquel y mantener sus propios recuerdos, ser él mismo.

Entró al bunker escondido detrás de la mansión, encontrándose una enorme recepción vacía llena de papeles. Al ver una pluma tirada no dudo en tomarla y anotar su nombre, necesitaba evidencia física de que él era Iridio. Al instante escuchó varios gritos de dolor, por lo que corrió hasta llegar al origen del sonido.

Níquel no tardó demasiado en derrotar a todos los miembros, tres miembros tirados en el suelo, con poco pulso, mientras otro era arrojado con fuerza al techo, rompiéndolo en el proceso. El último miembro, una mujer de pelo castaño, no intentó dispararle, no sacó a sus pokémon, solo sujetaba su arco con fuerza mientras sus piernas temblaban y miraba con terror a Níquel. Entre la luz tenue de la habitación Níquel se acercó a ella con lentitud, provocando que la chica gritara y lanzara su arco, huyendo.

No le permitiría escapar, un tentáculo la tomó de la espalda y comenzó a apretarla con fuerza. La mujer lloraba, suplicaba, pero Níquel no cedió, quería escuchar el crujido de sus costillas mientras la aplastaba como una hoja. Sin embargo, antes de lograrlo, Iridio logró arrancar el tentáculo con una espada de sombra, permitiéndole a la recluta escapar.

—¿Acaso quieres morir como la rata que eres? —preguntó Níquel, molesta.

—¿Eso es en lo único que piensas? ¿Matar? No te das cuenta lo mal que estoy… que estas —rectificó.

Níquel alzó la ceja, confundida. El tentáculo cortado intentó volver a Níquel, pero Iridio lo tomó y los absorbió en su mano. La sustancia recorriendo su torrente sanguíneo le hizo volver a temblar, para después llevarse las manos a la cabeza al sentir otro recuerdo de Níquel. Al verlo, la chica entendió lo que pasaba, al igual que Richie, quien sobresalió por un momento.

—Mírate, eres débil, ni siquiera eres capaz de soportar las memorias de Níquel cuando ella pudo con las tuyas.

—No, puedo hacerlo, puedo hacerlo —se repitió, formando dos guantes en sus manos—. Níquel, tienes que quitarte a Richie, me vuelve… te vuelve peligrosa, te corrompe.

—Cállate, constructo, eres demasiado inútil para manejar este poder, solo una copia barata de la original —la chica formó dos enormes guanteletes en sus manos—. Se lo que intentaste, quitarme a mis padres, ponerlos en mi contra, pero ya no más, hare lo que la inútil de Monika de pudo hacer contigo.

—Yo no intento quitarte a mis padres… a Diamond y Platinum.

—¡No te atrevas a llamarlos así!

Níquel saltó y golpeó con fuerza a Iridio, mandándolo contra la pared. El impacto le hizo lanzar un poco de sangre por la boca. Níquel se puso sobre él y lo tomó del cuello, alzándole.

—Tú no eres su hijo, no eres nadie para ellos, si yo no les hubiera pedido su ayuda no sabrían de tu existencia, deja de creer que les importas.

De otro golpe logró incrustarlo en el suelo. Pudo haberlo matado ahí, pero el haber absorbido un poco de Richie le dio la oportunidad de quitársela de encima. Níquel era muy fuerte, demasiado, jamás había visto que Richie aportada esa cantidad descomunal de fuerza a un solo individuo. Su única oportunidad era debilitarlo poco a poco absorbiéndolo.

Los golpes cuerpo a cuerpo no le servía, debía alejarse de ella para que le lanzara fragmentos de Richie y absorberlos, cosa difícil en una sala mediana como en la que se encontraban, una jaula donde Iridio debía resistir las embestidas de Níquel. Su única ventaja eran sus técnicas de entrenamiento, podía moverse con mucha mejor soltura y de manera coordinada contra una Níquel que actuaba de manera más errática, primitiva, confiando en su fuerza brutal para articular poderosos movimientos y resistir los elaborados golpes de su clon.

Iridio arrancó un tentáculo que le asfixiaba y lo absorbió, momento en el que otro recuerdo llegó a su mente. Pudo sentirse en un cementerio, junto a su abuela, mientras la mujer le entregaba una pokébola con su primero pokémon, Shuppet. Él recuerdo era cálido, podía sentir la enorme emoción de conocer al que en aquel momento era su único amigo.

—Nuestros pokémon intentaron detenernos, ¿eso no te dice algo? —dijo Iridio, alejándose de Níquel—. Vamos, piensa en Nette.

—Deja de hacerte pasar por mí —Níquel golpeó su estómago y lo tomó por el pelo—. Ellos saben que hago lo correcto, saben lo que sufrí con el Team Age, con tu estúpido creador.

Al zafarse de su agarre y reincorporarse, intentó aislar ese sentimiento. Shuppet no era su pokémon inicial, era Shellos, su amigo que lo estaba esperando. Sin embargo, el recuerdo del pokémon se mostraba lejano, no podía recuperar la emoción de ver a su amigo.

Logró absorber otro fragmento de Richie, con otro recuerdo incluido. El día que se encontró con su mejor amiga, Rose. Podía sentir cierta irritabilidad al recordar sus gritos y su emoción por ciertas cosas, pero sentía un genuino cariño, era su amiga, su mejor amiga.

—Rose, recuerda a Rose, ella siempre dijo que hiciéramos lo correcto, ella nos ayudó, no podemos hacerle esto.

Níquel no respondió, solo arremetió con más furia. Rose era amiga de Níquel, no de él, él tenía su propio amigo, ¿no? Si, había un recuerdo tenue, pero no podía recordarlo, solo sabía de un chico, pero ¿quién era? ¿Acaso era Titanium? Si, el chico que conoció en el Monte Corona.

Conforme Iridio recuperaba más a Richie, las habilidades de Níquel comenzaban a mermarse. Sus golpes eran menos brutales y se volvía más lenta a comparación del chico. Iridio también sufría cambios, su estilo de combate era mucho menos preciso y más errático, como si olvidara quien era.

Intentaba recordarlo con cada golpe. Él era Iridio Daipura Berlitz. No, él era Iridio Berlitz. No, él era Iridio. Sus padres habían muerto en un incendio, vivió con su abuela hasta que fue adoptado por Diamond y Platinum, recorrió Sinnoh y fue raptado por Impex. No, él era un clon, ¿no? ¿Quién era el clon?

Diamond llegó y miró a Iridio y Níquel peleando. Níquel había perdido gran parte de Richie, pero aún golpeaba con ferocidad. Intentó acercarse, pero Iridio le gritó.

—Aléjate, papá, soy peligrosa —dijo Iridio, golpeando a Níquel.

—¡Él no es tu padre! —gritó con enojo Níquel.

Con dos enormes manos tomó a Iridio y comenzó a golpearlo con fuerza contra las paredes. Diamond le gritó a Níquel que parara, pero ella no lo hizo, solo quería matar a Iridio de la forma más rápida posible.

Aunque los golpes parecían contundentes, Iridio no parecía importarle el daño. En un punto comenzó a no entender que pasaba. Cortó las manos de sombra de Richie y los absorbió, más por un reflejo que por entender exactamente qué pasaba.

Recordó estar encerrada en la sala de Impex, el cómo su piel era cortada día con día para unos extraños experimentos. Ese dolor, ese sufrimiento, todo por culpa de un científico loco que quería hacer un clon, un constructo de su propia sangre. Miró a su atacante, ella misma, un clon con solo fragmentos de Richie, esa cosa que le había dado tan fuerza.

Comenzó a sentir repulsión por Níquel, por ella misma, el resultado de los experimentos de ese viejo asqueroso que la acosaba en el laboratorio. Rápidamente su cuerpo comenzó a rodearse de una armadura oscura que le volvía inmune a todos los proyectiles y golpes físicos. En su mente solo había una cosa.

—Voy a matarte, mi reflejo.

Níquel arqueó la ceja, confundida, pero Iridio logró crear dos grandes manos y atraparla, aplastándola con fuerza. Níquel comenzó a forcejear, peleando por poder respirar.

—Tú eres el origen de todo, la abominación de Impex, la razón por la que sufrí todos estos años —dijo Iridio con rabia, ignorando los gritos de Diamond.

Diamond lo supo, Iridio estaba perdiendo su mente. Intentó recordarle quién era en realidad, pero no funcionó, Iridio se había vuelto el clon perfecto de Níquel. Níquel intentó decir algo, pero el estrangulamiento de Iridio se lo impedía. Richie finalmente sobresalió de ella, mirando con una extraña satisfacción a su antiguo anfitrión.

—Finalmente lo has logrado, te has vuelto fuerte, lo que debes ser —dijo Richie con una sonrisa.

—Cállate, te absorberé para terminar de destruir a esta basura

—No será necesario, te has vuelto digno.

El restante de Richie salió del cuerpo de Níquel y se unión a su viejo anfitrión. Las enormes manos de sombra se desvanecieron, dejando a Níquel en el suelo y dándole la oportunidad de respirar. Diamond corrió de inmediato a auxiliar a su hija.

Al caer al suelo, Níquel apenas estaba consiente, su vista era borrosa y de su boca comenzó a salir sangre. Diamond la tomó entre sus brazos, sabía que no podía levantarse.

—I-iridio —dijo Níquel en voz baja.

Diamond volteó a verlo. Iridio comenzó a sentir como su cuerpo se retorcía, un frio que le helaba la sangre. Sus músculos comenzaban a acalambrarse, retorciéndose, doblándose. El sonido de los huesos crujir asustó a Diamond.

Iridio se llevó las manos a la cara, sentía que su rostro quería derretirse, que su piel comenzaba a arder y caerse de poco en poco. Su rostro comenzaba a deformarse, quería asemejarse al de Níquel, su cabello crecía, quemaba, su cuerpo parecía completar una transformación. Gritó con fuerza, sintiendo dolor en cada centímetro de su cuerpo, retorciéndose, cayendo al suelo.

—Por Arceus, ¿qué le está pasando? —preguntó Diamond, asustado.

—Ri-richie, él esta —Níquel recuperaba poco a poco su energía—. Debe resistir, debe permanecer.

Diamond llevó a Níquel a un rincón donde estuviera segura, debía ayudar a Iridio antes de que fuera tarde, ayudarlo a resistir el cambió, que no se perdiera. Níquel solo pudo mencionarle algo de una guía, algo que le ayudara a recordar quién era.

—¡Iridio, debes recordarte! —gritó Diamond, acercándose—. ¡No eres Níquel, eres Iridio!

Iridio no respondió, apenas y podía escuchar la voz de Diamond en los ecos de sus recuerdos. Recordaba todas las aventuras en Sinnoh, como entrenaba a su equipo, sus amigos, sus amores, sus tragedias, toda su vida una y una vez, las sentía propias, era ella.

—¡Te gusta Spinaraman, quieres ser un superhéroe, quieres ayudar a la gente! —le recordó Diamond—. ¡Tú mejor amigo es Faiker, tu pokémon inicial es Shellos, tu padre es Impex!

No había respuesta, solo miles de recuerdos y el ardor en todo el cuerpo.

De un momento a otro, Iridio dejó de sentir dolor. La oscuridad se fue por completo, ya no estaba en esa enorme sala, ahora estaba en un elegante jardín, el jardín de la mansión Berlitz.

Podía sentir la calidez del ambiente, una pequeña fiesta en su honor por ser adoptado por Platinum y Diamond. Miró a su alrededor, estaban todos los amigos de sus padres, incluso la chica que pronto sería su mejor amiga. No pudo evitar sonreír al sentir la mano cálida de su madre tomándole por el hombro.

—Es verdaderamente hermoso que seas parte de esta familia ahora, Níquel —dijo Platinum, con una sonrisa.

Iridio sonrió y tocó la mano de Platinum, se sentía tan cálida. Se dio la vuelta y la abrazó con fuerza, con amor.

—Ustedes son los mejores padres que podría tener —respondió Iridio—. Soy feliz de haberlos encontrado, a ti, a Diamond, a todos ustedes.

Platinum sonrió y le dio un tierno beso en la mejilla. Se sentía en casa, era su lugar feliz. Sin embargo, en medio de la bella armonía, comenzó a escuchar un extraño chirrido.

Era un sonido tenue, casi inaudible, pero demasiado molesto, lo suficientemente molesto como para que buscara el lugar de donde provenía ese ruido mecánico. Todo el mundo parecía ajeno al sonido proveniente dentro de la mansión, pero cuando Iridio se intentó acercar, la mano de Platinum lo detuvo.

—¿Qué sucede, Níquel? —preguntó Platinum, preocupada.

—¿Acaso no escuchas este chirrido? —preguntó Iridio, arqueando la ceja.

—Solo escuchó el dulce sonido de una fiesta alegre, tal vez solo este dentro de tu imaginación.

Iridio quiso volver a centrarse en la fiesta, pero el chirrido se volvió más estridente, como uñas rasgando acero. El agarre de Platinum no fue suficiente, quería encontrar el origen de aquel sonido que le hacía retorcerse ligeramente. Avanzó por la enorme mansión que parecía infinita. Por cientos de puertas hasta llegar a una enorme puerta amarilla. Antes de poder salir, Richie salió de su hombro.

—¿Para qué quieres entrar ahí? Puedo encargarme de ese ruido.

Unos audífonos se materializaron en sus orejas, intentando atenuar el ruido, pero el sonido seguía penetrando dentro de su cerebro. Iridio insistió en abrir la puerta, pero los tentáculos de Richie le detenían el brazo, no quería que abrieran la puerta.

—Perderás todo lo que has conseguido, Níquel, tus padres, tus aventuras, tus amigos, todo, solo acepta tu regalo y vuelve a la fiesta.

—¿Cómo se va a arruinar por acallar ese ruido? No digas tonterías —reclamó—. Déjame acallarlo.

Se arrancó los tentáculos y finalmente entró a la habitación, su habitación. Al inspeccionar rápidamente se encontró el origen de aquel sonido tan molesto. Un peluche en su cuarto, uno que jamás había visto en su vida, un peluche de un Shellos que vibraba y emitía el ruido. Luego de tomarlo entre sus manos, intentó apretarlo, lanzarlo, golpearlo, pero nada de eso lo acallaba.

Sin embargo, al acercarlo a su oído pudo escuchar una voz familiar. Una mujer, Platinum, pero no la Platinum de allá abajo, esta vez era una voz más preocupada, más ajena, no parecía decir algo entendible, pero destacó una palabra; Faiker.

La habitación se transformó en unas enormes praderas. Una chica de pelo rosado apareció en el fondo, corriendo hacia él y agitando dos pokédex. Iridio la reconoció, Rose, su mejor amiga. Corrió hacia ella, sin embargo, el peluche volvió a hablar, Faiker volvió a sonar. Al terminar de decir eso, la chica desapareció, en su lugar había un chico de pelo rubio que le miraba con la ceja levantada, Iridio no lo reconoció.

—¿Quién eres tú y que le hiciste a Rose? —preguntó, enojado.

El chico no respondió, en su lugar cayó al suelo, herido, con la nariz rota. Aunque aquello le agarró por sorpresa, empezó a sentir un sentimiento familiar. Sentía culpa, tristeza, como si aquello fuera su culpa, como si la nariz rota de aquel desconocido le hiciera sentir… remordimiento.

—¿Me recuerdas ahora? —preguntó ese chico, desapareciendo.

No hubo tiempo de réplica. Iridio se transportó al restaurante de Diamond. Miró al hombre entregándole la bolsa de bayas que había robado el primer día que lo conoció. Sin embargo, el peluche lanzó otro nombre; Impex.

Diamond fue cambiado por Impex, y las bayas por un postre de moras. Iridio recordaba que odiaba las moras, pero querría probar ese pastel, probarlo le hizo sentir lo deliciosos que era. Sobre todo, al ver a Impex, ya no sentía odio, rencor, ahora quería abrazarlo, lo sentía cercano, lo sentía como un padre.

—Serás lo que tú quieras ser, Iridio —dijo Impex, desapareciendo.

Iridio. ¿Quién era Iridio? Volvió a un espacio vacío donde solo había un espejo tenuemente iluminado. Su reflejo era el de Níquel, lo que él entendía, pero su peluche no paraba de repetir ese nombre, Iridio.

¿Quién era Iridio? Él era Níquel, o ¿acaso era un ella? Por que sentía que no sabía quién era, por qué aquellos recuerdos comenzaban a sentirse lejanos, y sobre todo, por qué no reconocía a su reflejo. Ya no se veía como una chica adolecente, ahora se miraba como un chico vestido en un traje de superhéroe. ¿Quién era él? ¿Acaso ese reflejo era en realidad él mismo?

—No, no lo eres —dijo Richie, saliendo de su hombro—. No somos ese debilucho, somos más fuertes, somos el original, el perfecto, somos Níquel.

—No lo siento así —respondió Iridio, tocando su cuerpo.

Con el peluche mencionándolo a cada momento, Iridio encontró algo en su bolsillo. Un papel doblado que le decía quién era en realidad, era Iridio. Iridio, el hijo de Impex, el mejor amigo de Faiker, el aspirante a superhéroe. ¿Acaso él era ese chico? Comenzaba a sentirlo más cercano, más afín, más como él.

—Es por qué tú eres Iridio, no eres yo —dijo una voz detrás suyo.

Al voltear se encontró con Níquel, la verdadera Níquel. Iridio se quedó inmóvil, pero Níquel solo se acercó con una sonrisa y lo tomó por el hombro.

—Solo debes recordarlo, recordarte, encontrarte.

—Pero, yo…

—El mundo necesita a un héroe, no a otra chica rara —Níquel sonrió y comenzó a desvanecerse—. Iridio, eres Iridio.

Era Iridio, era Iridio. Los recuerdos comenzaron a volver poco a poco. Él no era Níquel, era Iridio, su clon, una entidad aparte, con sus propios sueños, sus propias metas, su propio todo, finalmente podía sentirse como él. Richie intentó luchar, quería volver al estado anterior, pero Iridio se lo impidió, ahora podía recordar cómo lidiar con él.

Su transformación se detuvo y comenzó a revertirse, el dolor lentamente comenzó a desaparecer y la armadura Richie volvió a su cuerpo. Poco a poco, Iridio volvió a tomar el control de su cuerpo. Cuando su mente se aclaró miró las palmas de sus manos, había algo extraño en él.

Se sentía como él, había logrado aislar los recuerdos de Níquel, sin embargo, sentía su cuerpo extraño, ajeno, pero de alguna manera, mucho más fuerte. Cerró los ojos y suspiró, acostumbrándose a la sensación que le recorría el cuerpo, un cosquilleo que le hizo sonreír. Una voz llamó su atención, era la de Platinum, quién le hablaba desde el parlante del teléfono de Diamond.

—¿Ya eres tú? —preguntó Diamond.

—Sí, eso creo —admitió.

Diamond sonrió con la noticia, avisándole a Platinum. Se sentía completamente renovado. Al poco pudo ver a varios miembros del Escuadrón Galaxia entrar junto a Titanium. Fue entonces que recordó la razón por la que estaba aquí. Níquel había conseguido información valiosa antes del ataque, por lo que no le costó guiarlos hacia la enorme bóveda oculta.

Tenía sus dudas al volver a usar el poder de Richie, pero dos tentáculos salieron con facilidad y lograron abrir la puerta. Los dos guardias restantes intentaron atacar, pero Iridio logró desarmarlos de una, solo quedaba Monika.

La mujer estaba en su computadora, escribiendo un mensaje, con unos audífonos y con la antena haciendo ruidos extraños. Titanium intentó arrestarla, pero otra puerta auxiliar se cerró, dejando solo a Iridio y Monika. Iridio quiso abrir la puerta, pero Monika lo detuvo.

—Ellos no tardaran en abrirla, solo quería unos minutos a solas contigo —dijo Monika, dejando su computadora—. Ese espectáculo de afuera, eso fue digno de tu padre.

—No lograras distraerme, Monika, se lo que intentas —con un solo lanzamiento de sombra, la antena quedó destruía.

Monika solo rio al ver la antena destruida.

—Da igual, tú padre jamás perfeccionar la comunicación entre universos, nuestro mensaje en una botella fue solo una esperanza vil —Monika avanzó hacia un escritorio, tomó una gran espada.

Iridio de inmediato se puso en posición defensiva, esperando entrar en combate. Esta vez no sería como la última vez. No lo sería, por qué Monika solo se puso esa espada en su brazo mecánico y se sentó en una silla.

—Me lleve algunas cosas del laboratorio antes de que ardiera, tú expediente, ya entendí por qué el rey nunca se interesó en clones, era malditamente complicado controlarlos —Monika tomó una botella de vino y empezó a beber de ella—. Dime, ¿cómo esta Richie?

—¿Qué es lo que quieres lograr? Esto ya se terminó, solo ríndete.

—No hay honor en la rendición, pensé que te había quedado claro. Además, quiero aprovechar estos últimos momentos para que los recuerdes por el resto de tu vida, héroe.

Iridio se quedó en silenció, no esperaba que supiera de aquella faceta suya.

—Vi lo que Richie le hizo a Níquel, como la corrompió por completo, como absorbió lo mejor de ella y lo llevó a ti —sonriendo de manera inquietante—. Lo sentiste, ¿no? Esa asimilación, debó admitir que sabía que soportarías el primer golpe, pero, ¿qué te hace pensar que soportaras el segundo golpe?

—No dejare que Richie me controle a mí, conozco a la perfección cada una de sus manías y comportamientos.

—Ahora que eres un niño, pero cuando seas un adulto, cuando tengas la edad de Níquel incluso, serás una bomba de tiempo esperando a explotar —Monika tiró la botella de vino al suelo—. Esa determinación te acabara consumiendo, niño, y lo peor es que lo sabes, ¿verdad?

Iridio tragó saliva, retrocediendo un poco. Miró su mano, sobresalía un pequeño tentáculo que rápidamente ocultó dentro de él, aquello hizo reír a Monika.

—Con el tiempo, veraz que no todo es tan simple como lo vez ahora, que no siempre podrás salvar a todos, hacer lo correcto, todas esas tonterías que tú y este demente mundo cree —Monika finalmente se levantó—. El rey era el único que pudo habernos salvado de esto, pero este resultado me gusta más, uno donde el mundo está condenado por aquellos que dicen protegerlo, que mejor venganza y forma de honrar su legado.

—Eso no pasara —tragando saliva, Iridio golpeo el suelo con determinación—. Seré un héroe, no dejare que nada le pase al mundo, y controlare a Richie, tus profecías solo son mentira.

—Cree lo que quieras, el final esta sellado desde que entraste a esta habitación —Monika dio un fuerte suspiro—. Toma esto como un adelanto… ¡Viva el rey!

Iridio se preparó para el golpe, pero este nunca llegó. En su lugar, el sonido del metal dio pasó a la sangre de Monika comenzando a brotar rápidamente de su pecho. Iridio gritó con horror al ver la escena. Intentó auxiliar a Monika, pero la herida había destruido su corazón, Monika murió con una sonrisa en sus labios.

La sangre mancho el lugar, la ropa de Iridio se vio cubierta por aquella sangre. Titanium y su equipo entraron finalmente, pero Iridio no les puso atención alguna. Su mente solo podía repetir en bucle una y otra vez como Monika se incrusto su propia arma, como había acabado con su propia vida y sonreía de manera fría. Aquella imagen no pudo irse en momentos posteriores, provocando en Iridio una sensación de terror.

[…]

Iridio volvió al orfanato, pero las cosas no volvieron a ser como antes. Todos en el orfanato hicieron eco de la hazaña de Iridio, de cómo había salvado a la directora y a la profesora Níquel. También se alzaban rumores referentes a la nueva presencia que habitaba en su cuerpo.

El chico hizo caso omiso a esos rumores, solo se la pasaba en su cama, pensando. Tuvo que ir a declarar algunas cosas con el Escuadrón Galaxia, y el psicólogo del orfanato intentaba ayudarle, pero Iridio no mencionaba una sola palabra de lo ocurrido, era como si estuviera en automático. En todo este tiempo no había visto a Faiker, ya tenía tiempo de haber vuelto del hospital, pero no habían cruzado palabra.

No fue hasta que Iridio fue al gimnasio que se encontró a su amigo, entrenando frente a un sacó de boxeo. El verlo lo hizo sonreír ligeramente, cosa que igual alegró al rubio, dejando de golpear el sacó de boxeo. Luego de darse un fuerte abrazo, decidieron ponerse al día sobre todo lo ocurrido, saltando la parte de Monika.

—Al menos ya eres un superhéroe —confesó Faiker con una sonrisa—. Y demostraste que esa cosa, Richie, es real, ya es un gran mérito.

Iridio sonrió ligeramente, no prestando demasiada atención a aquel elogió. Miró su mano y un pequeño tentáculo comenzó a salir, rápidamente lo metió y suspiró. Intentó increpar a Richie, pero él seguía sin responderle, solo había silenció en su interior.

—Faiker, ¿puedo confesarte algo?

—¿Acaso ahora quieres convertirte en villano? Si es así al menos, consígueme algo de dinero primero.

—No —dijo, ignorando el intentó de broma—. Monika se suicidó ante mis ojos, pero antes de irse me advirtió sobre Richie, su capacidad de corromper. Viste lo que le hizo a la señorita Níquel, y no estoy seguro que pueda controlarlo por siempre.

Faiker arqueó la ceja, sorprendido.

—Habías dicho que era tú mejor amigo, ¿no? Además entrenaste con él desde hace mucho, ¿no sabes lo suficiente para controlarlo?

—Esa es la cosa, no lo conozco del todo —admitió, mirando su mano—. No sabía que podía abandonarme, no sabía que podía asimilar las memorias de alguien más y transferírmelas, no estoy seguro si podre controlarlo por siempre. Desde que se unió a mí no ha dicho una sola palabra.

—Bueno, no tengo la menor idea de cómo demonios funcione esa cosa, tal vez un día nos termine matando a todos, tal vez un día la controles lo suficiente para convertir por completo en un superhéroe —el chico pensó en la primera oportunidad—. ¿Tan siquiera puedes sacarlo de tú cuerpo?

—Puedo, pero hacerlo haría que busque otro huésped como Níquel. Estoy ligado a él, su único contenedor, y no estoy seguro de poder mantenerlo sellado por toda mi vida.

—Bueno, ten por seguro que si te llega a corromper estaré ahí para advertirte, o al menos darte unas pataditas —dijo el chico, intentando animarlo—. Vamos, eres un chico muy fuerte, seguro encontraremos formas de contenerlo.

—Además, siempre cuentas con ayuda.

Aquella voz la reconocieron de inmediato. Ambos voltearon a ver a Níquel caminado hacia ellos. Al verla Iridio sintió la necesidad de hacer una pequeña reverencia, no había tenido tiempo de disculparse por la pelea. Níquel solo negó con la cabeza.

—Yo te debó las disculpas a ti, y las gracias por quitarme esa cosa —admitió Níquel, sentándose junto a ellos.

Iridio no supo que decir, solo se quedó en silencio y mirando al suelo. Níquel hizo una pequeña mueca confiada, haciéndole una seña a Faiker para que los dejara solos un momento.

—Me gustaría decirte alguna anécdota divertida como las que dice mi padre, pero todo lo que se tú lo sabes.

—Sí, tus recuerdos —se rascó el codo al recordar aquellos momentos donde se perdió.

—Sí, ese poder que te da Richie es algo que no podré olvidar, las energías, las ganas de romper huesos. Sin embargo, yo con unos días en usarle me corrompí a ese nivel, y tú en dos años lograste seguir como si nada, tal vez eso te deba decir algo.

—Monika dijo algo sobre la edad, como si su personalidad se amoldara a ello. Sentía la violencia de Richie, pero eran cosas débiles, contigo fueron más fuertes. Creo que a medida que crezca esos impulsos violentos empeoraran.

—Tal vez dependan de la personalidad, ¿no lo crees? Muchos amigos me han dicho que tiendo a lo edgy —admitió Níquel entre risas—. Agradezco que Impex no te haya dado esa cualidad mía —Níquel puso su mano en el hombro del chico—. Creo que soy mucho más cínica con la vida, pero tus recuerdos son diferentes, más a menos, más dulces, como los de mi mejor amiga.

—¿Rose?

—Cierto, lo sabes, y debes saber que ella es una pequeña cosa insoportable a veces. Tal vez eso haga la diferencia, tu visión noble de la vida, mientras no la pierdas creo que el mundo estará a salvo.

—¿Pero y si lo hago? ¿Y si un día pasa algo lo suficientemente malo para que eso pase?

—Bueno, viste morir a tu padre y aún así seguiste creyendo en las personas, es más de lo que me ha pasado a mí —Níquel suspiró y sacó algo detrás suyo—. Enserio que Rose hace que esto parezca sencillo, pero en sus palabras, necesitamos recordar que hay buenos momentos en estas vidas de mierda.

Níquel le entregó una caja de regalo a Iridio. El chico tomó con delicadeza y sorpresa la caja blanca y la abrió poco a poco, encontrando dentro de ella un conjunto de ropa; una camisa a cuadros verde y una falda roja también a cuadros. Tomó la falda y la extendió, cada uno de los detalles de aquella falda le hizo recordar lo perfecta que le pareció aquella vez en el centro comercial. Un calor dentro de él nació mientras tomaba con fuerza la falda y la abrazaba, era hermosa. Sonrió y derramó pequeñas lágrimas de alegría.

—Por Arceus, es perfecta —dijo con alegría—. Gra-gracias señorita Níquel.

—Solo Níquel, después de todo ya nos conocemos por completo, ¿no?

Con lágrimas en los ojos, Iridio abrazó con fuerza a Níquel. Iridio estaba demasiado feliz para recordar que Níquel no le gustaban los abrazos, pero la chica decidió dejarlo pasarla, dándole unas palmaditas en la espalda.

—Supongo que esto te puede dar a la idea de que siempre hay esperanza, ¿no? Si alguien como yo la tiene, ¿por qué tú no la tendrías?

Iridio solo sonrió, aquello le hizo sentir que tal vez no todo estaba tan mal, que tal vez todo saldría bien.

—Solo mantén tu personalidad alegre, mocos —Níquel agitó el pelo del chico—. Siempre nos tendrás a nosotros, algo se nos ocurrirá. —Níquel se levantó—. Debo ir con mi padre, pero sabes que aquí estoy para lo que necesites, y en el regalo encontraras algo que tal vez te ayude con tu problema de identidad, o lo empore, espero que sea lo primero —finalizó con una risa.

Iridio no pudo evitar reír un poco ante aquello. Cuando obtuvo los pensamientos de Níquel supo que lo consideraba una cosa, algo que nunca debió haber existido, pero ese regalo, esas palabras, le hicieron sentirse aceptado por la original. No, no la original, solamente Níquel, y él no era solo el clon, podía ser lo que él quisiera, quien ella quisiera, quién elle quisiera.

Tomó su ropa, el libro sobre género que Níquel le había dado y corría hacia donde estaba Faiker, necesitaba contarle lo que había pasado, y sobre todo, de la nueva esperanza que tenía en mente.

[…]

Níquel estaba feliz por haberle ayudado, pero al llegar a la oficina de su madre el ambiente era otro. Platinum estaba ocupada al teléfono, con una mirada sería y enojada, mientras Diamond observaba desde el otro lado, preocupado. Níquel no pudo evitar sentir un escalofrió al verla y se acercó a su padre.

—¿Qué le pasa a mamá?

—No son buenas noticias, ¿a ti como te fue con Iridio?

—Bien, tus consejos para hablar con personas ayudaron, creo que le subí el ánimo.

—Esperemos que esto no se lo baje.

Níquel arqueó la ceja, confundida, sin embargo, antes de contestar, Platinum lanzó un insulto al teléfono y colgó de inmediato, frustrada. Diamond intentó calmarla al pedirle que respirara, pero Platinum no parecía tener la más mínima intención de hacerlo. Al preguntar por qué Platinum estaba tan estresada, Níquel también se puso así.

Las acciones de Iridio no hicieron más que acelerar lo inevitable. El gobierno consideraba a Iridio un arma peligrosa y debía ser llevado a la agencia de seguridad para su evaluación. Hacer énfasis en que el gobierno veía a iridio como "cosa" solo hizo molestar más a Platinum y Níquel.

—¿No hay forma de aplazarlo?

—No, el abogado hizo su mejor esfuerzo, pero vendrán en unos días —Platinum se masajeó la cabeza, intentando pensar—. Maldita sea con este gobierno asqueroso.

Níquel intentó pensar en algo para mantener a Iridio a salvo. Sin embargo, poco se podía hacer teniendo el ojo del estado en él. Legislar para cambiar las leyes era algo demasiado utópico, aún para la multimillonaria Platinum.

—¿Y si adoptaran a Iridio? —preguntó Níquel, arqueando la ceja.

—Las adopciones son firmadas por el estado, no lo aprobarían —replicó Platinum.

—A menos que lo llevemos a juicio —dijo Diamond, llevándose la mano a la barbilla—. Legislar una ley es difícil, pero un juicio para su adopción no sería más simple.

Platinum lo pensó por un momento. Había algo de razón en aquella lógica, un juicio por la custodia de Iridio sería mucho más sencilla que cambiar todas las leyes. Sin embargo, había un problema.

—¿Cómo conseguiremos que adopten a Iridio tan rápido? Rara vez superamos la adopción por semana.

Diamond arqueó ambas cejas y se quedó mirando directamente a Níquel. La chica, al entender la idea, hizo el mismo gesto, volteando a ver Platinum. Platinum tardó un poco en entender la indirecta.

—¿No estarán pensando en…?

—No sería la primera vez que lo hacen —dijo Níquel con una pequeña risa—. Y no te puedes quejar ahora, Diamond si te avisa.

—Sí, pero no estoy segura si…

—Vamos, amor, sabes que Iridio se encariño mucho contigo.

—Además, él es como mi hermano, digo, casi literalmente —bromeó Níquel—. Ya tienes la mitad del camino, no es tan descabellado.

Platinum comenzó a pensar en aquella idea. Lo admitía, le gustaba el plan, sin embargo, quería estar segura de hacer eso