Más allá de la razón

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 4


***Avertencia: Lemon, escenas eróticas, controversiales, quizás*** Si ya saben cómo me pongo, ¿pa qué me leen? Jajajaja ya me conocen y las que no me conocen, quedan advertidas, disfruten!


Esa madrugada, Candy entró directo a su recámara, ante los ojos atónitos de Annie, quien la siguió en silencio y luego cerró la puerta para interrogarla. Los ojos verdes de la rubia desbordaron el llanto contenido.

-No le importó nada-dijo con desolación y las aletas de la nariz dilatadas.

-¿Estuvieron juntos?-quiso confirmar Annie.

-¡Tù qué crees!-le gritó con rabia y dolor, aunque luego experimentó algo de remordimiento.

-Lo siento, Candy... Aunque era muy obvio como iba a terminar todo...

-¡Pero que ni siquiera lo recuerde! Es lo más humillante que me han hecho.

Ya para el mediodía, las chicas estaban listas para regresar a la Florida, donde ese loco fin de semana quedaría atrás, aunque muy presente en la memoria de Candy.

...

Había cedido por la insistencia de Candy o quizás por un sentimiento dormido dentro de sí mismo. La besó como jamás la habían besado, apoyado por los efectos del alcohol, tal vez. Recibía señales de alerta que no podía acatar, lejos de detenerse, sus labios ardientes pasaron de la boca tierna al delicado y blanquísimo cuello, el cual succionó, besó y mordió con fervor. La chica sintió chispas por todo el cuerpo, el pulso se le disparó y llegó una inminente humedad en su entrepierna. Sutiles gemidos salieron de su boca, apenas perceptibles.

Se abrazó al torso desnudo y cálido, aspirando su olor ligero a alcohol, cigarrillos, y el olor natural de sí mismo, a hombre.

-Deberías irte a casa ahora...-le pidió aùn besándola en el vientre de piel dorada que su blusa corta le permitía ver, donde se situaban sus posesivas manos, creando un calor inigualable.

-Yo solo quiero estar contigo...

-No seas necia, Candy-dijo apartándose y recuperando algo de voluntad.

-¡Tú eres el necio! Si estoy aquí, ¡es porque quiero!- le espetó.

Su determinación y el coraje con que dijo eso le fastidió, pero a la vez le excitó. La tomó en brazos y se la llevó a su habitación. La fue guiando lentamente a la cama, donde la recostó e inclinándose sobre ella, le besó los muslos hasta llegar a su entrepierna. Le alzó la falda hasta la cintura y le besó las caras laterales de sus muslos, besando finalmente su sexo a través de las bragas. Candy volvió a gemir y por instinto arañó la espalda de Terry, provocándole un cosquilleo que lo excitó más.

Desde el reencuentro había reconocido que era linda, pero la hermosura recién la iba descubriendo en su piel delicada, su aroma juvenil y virginal. Le desabotonó la blusa y descubrió que no tenía brasier. Su cara se volvió tan dura como su miembro al pensar que otros hombres en la dichosa fiesta pudieron haberlo notado. Sintió un deseo profundo de castigarla por ese atrevimiento, así que tomó sus pechos pequeños y lozanos con violenta pasión y se los besó, enrojeciéndolos y excitándolos hasta que ella gimió con placer y también con dolor, empuñando su pelo castaño por la nuca, cosa que le hizo perder la calma.

Terry se puso de pie y se quitó el pantalón de prisa, junto con el calzoncillo, creando en Candy una gran ansiedad al verlo totalmente desnudo, imponente y viril. Cierto temor la invadió y se preguntó si realmente estaba preparada para lo que venía, pero segura estaba de que no iba a retroceder.

Él le quitó las botas por fin, hizo lo mismo con la falda y la blusa, dejándola únicamente con las bragas que no ocultaban su humedad.

Se inclinó nuevamente sobre ella, acariciándole la hermosa y salvaje melena rubia, luego rozó su dedo índice por los labios rojos y carnosos, introduciéndolo suavemente en su boca y ella por instinto lo succionó con timidez al principio, con fascinante excitación después.

Terry estaba que estallaba, pero a la vez quería sentir mucho más.

Besándole los labios con desenfrenada pasión, introdujo dos dedos en sus bragas, acariciando el fràgil y húmedo tejido de su feminidad, sintiendo como se agrandaba y endurecía aquél botón diseñado ùnicamente para el placer. La escuchó gemir más alto y murmurar su nombre mientras se estremecía el pequeño y delgado cuerpo adolescente que dentro de muy poco se haría de mujer.

Entró en ella, no con extrema delicadeza, pero tampoco con vehemencia, sino con el ritmo justo que le permitía disfrutar de un camino dulce y angosto que nunca había sido pisado y en el cual él iba a dejar su huella imborrable.

Por supuesto que estaba sintiendo dolor, pero no iba a detenerlo, ni siquiera le pediría que lo hiciera. Su instinto de mujer había nacido esa noche desde que sus labios se tocaron y sus manos hicieron magia en su piel. Ahora lo tenía dentro de ella y era lo más maravilloso del mundo.

-¿te estoy lastimando?- preguntó deteniéndose un instante y pasando su mano por el rostro perlado de ella.

Negó con vehemencia y tomándolo del cuello lo atrajo hacia ella para que continuara hasta que el placer lo venció y terminó en su interior agotado y pleno para minutos despues dormir sobre ese cuerpo que lo había cobijado y que aùn temblaba bajo su peso.

-¿Señorita?- la llamó por segunda vez la azafata.

-¿Sí?

-¿Desea tomar algo?

-No, gracias.- respondió resentida al ser interrumpida en sus recuerdos.

Una vez en Florida, Candy lloró mares enteros por días, pero la vida continuó después de Terry y durante esos siete años otros amores pasaron por la vida de ella y él pasó a ser una sombra borrosa en el baùl de los recuerdos.

...

Albert había muerto en un accidente de tránsito causado por el alcoholismo en el que se hundió cuando su esposa le fue infiel sumado al tedioso proceso de divorcio.

Candy ya contaba con 25 años y recientemente también había pasado un matrimonio tormentoso.

En el funeral, se le notaba la tristeza profunda, el rostro ojeroso y la delgadez, aunque llevaba el luto con una sobria elegancia que había dejado atrás la figura juvenil por una expectacularmente madura.

Aunque los familiares y amigos hacían lo posible por mostrarse solidarios con sus excesivas atenciones, Candy solo conseguía sentirse abrumada. Se alejó un momento para tomar algo de aire. Sintió una mano sobre su brazo y se volteó con indiferencia, pensando que era otro inoportuno familiar.

-¿Qué haces aquí?- le reclamó con sorpresa y evidente enfado.

Continuará...


Hola! Gracias por sus comentarios, continuaré subiéndoles hasta el capítulo 6. Gracias por el apoyo una vez más!