Más allá de la razón

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 6


Candy deshizo el abrazo con Terry abruptamente con solo escuchar la voz de su marido, la invadió la ansiedad ese sentimiento de intranquilidad que siempre sentía con él. Terry quedó un poco desconcertado también.

-Luke... No pensé que vendrías, ya el servicio está por terminar, todos se han marchado...- balbuceó nerviosa.

-¿Qué clase de marido sería yo si no asistiera al funeral del padre de mi mujer? Y no creo que se hayan marchado todos... ¿No me vas a presentar a tu amigo?-

dijo en un tono sarcástico mientras miraba a Terry con intensidad y una incómoda sonrisa. Terry pensó aprovechar ese momento para irse, pero algo no lo dejaba, se le activaba un instinto inmediato de proteger a Candy, un una necesidad que conocía muy bien, aunque jamás había podido explicárselo.

-Es Terry Grandchester, él es... parte de mi familia paterna...- dijo sin ofrecer más detalles, ya que en cierto modo, era la verdad. No compartían la misma sangre,

pero era hermano de su tío político, los sobrinos de Terry eran primos de Candy.

-Mucho gusto, Terry. Soy Luke Froderman, el esposo de Violet- le dijo con petulancia y le extendió la mano con palpable hipocresía.

Violet...- pensó Terry, había olvidado que ese era el nombre real de Candy. Al parecer, todo había cambiado y no quedaba nada de aquella mocosa, ni siquiera el dulce nombre por el cual siempre le conoció.

-El gusto es mío. Me retiro.

Ya había dado varios pasos hacia la salida, pero algo lo hizo volverse. Una sensación de dejá vu que no lo dejaba en paz, algo que hacía que sus pies caminaran hacia ella, como siempre.

-Candy... ¿Estarás bien?- le preguntó con su voz seria y grave, mirándola de forma inquisitiva y sin importarle la presencia de su tal esposo que no dejaba de provocarle incomodidad por alguna razón.

-¿"Candy"?- preguntó Luke, levantando una ceja, sin disimular su incomodidad hacia el comportamiento extrañamente familiar de ese hombre del que "Violet" jamás le había hablado.

Candy inexplicablemente sintió deseos de refugiarse nuevamente en sus brazos y admitir que estaría de todo, menos bien. Sobre todo, no quería estar con Luke.

-Estaré bien, Terry. Gracias por venir- le brindó una sonrisa que no le llegó a los ojos, Terry notó que su mirada era suplicante, algo en ella imploraba... Quizás solo se lo estaba imaginando, debía ser la nostalgia y los remordimientos.

-Puedes irte en confianza, vaquero. Puedo cuidar bien a mi esposa.

Terry finalmente se marchó, los ojos de Candy lo siguieron hasta que desapareció por la puerta, no era consciente de que se había quedado mirándolo. Se abrazó a sí misma, sintiendo de pronto aquel frío que se había adueñado de su alma cuando se habían despedido, cuando él la había arrancado de su vida de raíz, mientras ella aún sentía sus labios en los suyos, en su cuerpo, aún lo sentía sobre ella, dentro de ella. Nada en la vida le había dolido tanto, fue como si le hubiese desprendido el corazón.

-¿Quién diablos era ese y por qué te llama Candy?- Luke la sacó de sus pensamientos.

-Ya te he dicho quién es. Candy era cómo me llamaban de niña, era una niña cuando lo conocí...- suspiró al omitir la parte en que precisamente con él

había dejado de ser una niña.

-Pensé que solo tu padre te llamaba así- Candy resopló con fastidio

-Sinceramente, Luke... ¿A qué viniste?

-Creo que el luto te ha nublado la razón, es muy estúpida tu pregunta, ¿no te parece?

-Eres el colmo, el cuerpo de mi padre aún no se enfría y te atreves a insultarme en pleno...

-Perdón, estás sensible, debí suponerlo... Estoy aquí porque soy tu marido, es natural que...

-No eres mi marido, Luke. No importa cuánto te niegues a firmar los papeles del divorcio, tú y yo no somos nada- le espetó con odio y los ojos vidriosos.

-Violet, estamos en una crisis, como cualquier pareja, pero me casé contigo para siempre y así será- la tomó con fuerza del brazo

-Luke, suéltame, por favor.

-No voy a soltarte, no te dejaré, me necesitas más que nunca...

-¡Tú eres lo último que necesito ahora!- le gritó, safándose con vehemencia de su abrazo.

-¿Está todo en orden? El servicio ha terminado por hoy...- se acercó un oficial de seguridad armado, alto, fornido y moreno.

-Disculpe, ya me iba...- dijo Candy mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano.

-¿Desea que la escolte hacia su auto o le pido un taxi?-intervino el guardia

-No es necesario, yo la llevaré a...

-Pídame un taxi, por favor- se adelantó ella y Luke resopló derrotado.

...

En el trayecto de vuelta al hotel, Terry pensaba en Candy. En su belleza exótica y esos enormes ojos que siempre lo habían encantado. Sin duda estaba

tan hermosa como siempre, pero también perdida y frágil como antes. ¿O eran ideas suyas? La había notado tensa y hasta incómoda cuando llego su supuesto marido. Luego pensó que dadas las circunstancias, quizás era por él que estaba tensa y no por su marido. Él la había desterrado de su vida de una forma muy dura, le había quitado la inocencia sin ningún reparo y luego quiso hacer lo correcto cuando ya le había hecho un daño irreparable.

Pero eso era el pasado y ahora Candy era toda una mujer adulta. Y casada. Ya no tendría que protegerla, para eso ya tenía a su marido, ¿o no?

Entonces... ¿Por qué seguía sintiendo esa inquietante necesidad de cuidarla tantos años después? Si la última vez, hizo de todo, menos protegerla.

Se quitó la ropa y decidió meterse a la cama, tenía que estar en el aeropuerto temprano en la mañana para regresar a Texas, nunca se fue de Heaven Creek.

No podía dormir, no podía dejar de pensar en ella, con nostalgia, con culpa, con remordimientos y con una especie de amor pasmado que sintió demasiado temprano, y aún así fue tarde.

No dejaba de preguntarse cómo habrían sido sus vidas si tan solo ella no hubiese tenido 17 años en ese momento, de haber tenido al menos 18, ¿qué hubiese seguido luego hacer el amor?

¿Habrían avanzado a tener una relación oficial? ¿Lo habrían aceptado los Andrew? Aunque los Grandchester tenían libre autonomía para manejar el rancho, al final, solo eran empleados de los Andrew. ¿Cómo hubiese reaccionado Albert de haber sabido que él había desflorado a su princesa bajo los efectos de las

incontables cervezas que había consumido? Eso hubiese roto décadas de amistad entre ambas familias, cada código de lealtad, si es que no lo hubiesen matado... y por último... el rancho se hubiese ido a pique, su padre se estaría revolcando en la tumba.

Pero... ¿realmente fueron los efectos del alcohol y el duelo por su padre lo que le nublaron el juicio esa noche que desvirgó a Candy? ¿Su ego de hombre?

¿O de verdad, contra toda lógica... sentía algo por Candy? ¿Desde cuándo comenzó a sentir algo más que fastidio y responsabilidad por cuidarla? Comenzó a

recordar momentos con ella, pues tenía miles de ellos en la memoria.

Era el receso de primavera del 96, Terry tenía 16 años y estaba jugando Supernintendo en la sala de su casa.

-Terry- lo llamó su madre, pero él no la escuchaba, estaba muy concentrado intentando derrotar a Bouser, esquivando lanzas de fuego y evitando que Mario cayera en el fuego.

-¡Terry!- lo llamó Eleanor más fuerte.

—¿Qué pasa, mamá? Me hiciste caer... ¡Maldición!- gritó él con frustración, arrojando el control del nintendo con coraje.

—Primero que nada, cuida cómo me hablas, que aún eres un mocoso y puedo hacerte volar los dientes de un chachetazo.

—Lo siento, ma. ¿Qué quieres?- preguntó poniendo los ojos en blanco.

—Necesitamos un favor...- fue ahí cuando vio a Candy salir detrás de su madre con su eterna expresión traviesa y triunfante.

—¿Qué hace ella aquí?- preguntó con tono grosero.

—Karen tiene complicaciones, voy a llevarla al hospital. No hay nadie más en la casa, necesitamos que vigiles a Candy por unas horas...

—Pero mamá...

—Terrence, es una emergencia, por favor- sin decir más, Eleanor se fue, dejando a Terry con su insufrible e inseparable compañera.

—¡Terry! Te extrañé mucho...— le dijo la pequeña y se le colgó del cuello.

—Pues lamento no poder decir lo mismo, ya... ¡Suéltame!- se quitó al pulpito humano de encima y la dejó en el suelo.

—¿Puedo jugar Mario contigo?

—No.- respondió él tajante sin siquiera mirarla, concentrado en su partida.

—Porfis- suplicaba.

—Tú no vas a tocar mi nintendo, y quítate del medio que no veo.

Derrotada y enojada, Candy se sentó a su lado en el sofá y sacó un libro de colorear y crayones de su mochila, pero poco después se aburrió y se puso más inquieta. Sacó un cepillo y ligas de pelo y comenzó a peinar a Terry a pesar de sus protestas.

—No te muevas, Terry. Te estoy haciendo dos coletas como las mías.

Terry estaba concentrado en no perder la partida en la que se encontraba, que no le estaba dando importancia a que Candy jugara con su cabello hasta que sin querer, Candy había hecho que el cable del control de Nintendo se desconectara, causando que la consola no ejecutara los comandos que Terry presionaba y Mario murió víctima de un gumba.

—¡Joder! ¿Ves lo que haces? ¿Por qué no puedes quedarte quieta? ¿No te cansas de fastidiar?- estalló arrojando el control al suelo y llevándose las manos a la cabeza.

Candy comenzó a reírse, desconcertándolo y aumentando su coraje, entonces se percató del motivo de su risa. Aún tenía las dos coletas y media docenas de lacitos que ella le había puesto.

—Te ves muy gracioso- añadió sin parar de reír. Terry se arrancó las coletas y los listones con brusquedad y preso de la rabia, deshizo también las coletas de Candy.

—¡Oye! Mamá va a regañarme, no le gusta que tenga el pelo suelto, se me va a enredar y me darán tirones...

—¿Ah, sí? ¡Pues qué pena me das! Le dijo y comenzó a alborotarle toda la melena hasta dejarla como un nido de pájaros a pesar de las protestas de la niña.

—¡Ya basta! ¿Por qué eres tan malo?- le reclamó con los ojos aguados y cruzada de brazos se sentó en el sofá.

El teléfono sonó unos minutos después, Terry fue a contestar, pero Candy se le adelantó corriendo y contestó ella.

-Hola...- contestó Candy con su diablura infantil

-¡Dame ese teléfono!- le gritó Terry, arrebatándole el auricular.

—¿Terry?- preguntó la chica del otro lado de la línea.

—Hola, Lizzy. No he podido irte a visitar...

—Sí, veo que tienes visita...- dijo la joven con un tono de voz que remarcaba su decepción- Candy seguía revoloteando sobre Terry como una mosca.

—Es la mocosa de los Andrew, me la dejaron cuidando.

—¿A ti?- le dijo con evidente sarcasmo la chica.

—Es lo que he hecho desde que vino a este mundo- explicó enojado, mientras repelía a Candy, quien terminó de todas formas acostada sobre él, jugando con el

cable del auricular mientras él seguía conversando con la chica.

—Supongo que ya no nos veremos...

—¿Y qué tal si vienes?- ofreció él, Candy enseguida se puso alerta y la expresión le cambió.

—¿Yo? Bueno, está bien...- acordaron y ella colgó.

—¿Ella es tu novia, Terry?- Preguntó Candy, con una triste y dramática expresión.

—No es tu asunto, mocosa. Mejor ayúdame a ordenar, tendremos visita- le dijo, apartándola de su regazo.

—Entonces sí es tu novia...

—¿Bueno, y qué?- le espetó mientras organizaba los almohadines del sofá y escondía debajo de estos un par de zapatillas.

—No sabía que tenías novia...- dijo despedazándose en sollozos, dejando a Terry confundido y perplejo.

—¿Qué tienes ahora? ¿por qué lloras?- se le acercó preocupado y se agachó para quedar a su altura.

—Porque ya tienes novia y no vas a querer ser más mi amigo y me olvidarás- dijo llorando aún mas, Terry parpadeó más confundido aún.

—Pero es que yo jamás he sido tu ami...- Terry se lo pensó mejor antes de decir algo que le rompiera más su pequeño corazón.

—Candy, yo no puedo ser tu amigo... yo...

—¿Por qué no?- lo abrazó por las piernas y se aferró a él como una telaraña.

—Porque... yo soy grande y tú todavía eres una mocosa, tienes que conseguirte otros amigos de tu edad, mocosos como tú— le dijo mientras le limpiaba las lágrimas.

—pero... ¿seguirás siendo mi niñero?- preguntó con ojos suplicantes.

—¿Tu qué? ¡Por supuesto que no!

—¿Por qué tú tampoco me quieres?- lo acusó con verdadero pesar y fue el turno de él para que se le rompiera el corazón.

—Hagamos un trato, mocosa...

—¿Un trato?- preguntó curiosa mientras se secaba las lágrimas y los mocos con la manga de su suéter.

—Tú dejas de llorar, te limpias esos mocos, me ayudas a ordenar y yo seré tu amigo, ¿vale?

—¿Me lo prometes?- le dijo con hipo y extendiéndole su dedito meñique.

—Lo prometo...

—¡Espera!

—¿Ahora qué?

—También quiero nuggets con caritas felices y que me empujes en tu columpio- Terry resopló, pero no pudo rechazar su dedito extendindo esperando sellar la promesa.

—Trato hecho.

Mientras ordenaban el salón, Terry había golpeado a Candy con un almohadín y ella le había echado spray ambientador en la cara, haciéndolo estornudar. Se fue hacia ella y la alcanzó, le hizo cosquillas y la lanzó al aire para luego atraparla en sus brazos. Ella reía a carcajadas, todo rastro de llanto había desaparecido. Se recordó a sí mismo, cuando era un niño y Richard aún tenía fuerzas para echárselo al lomo y jugar con él.

—¿Hola?- llegó una joven de cabello rojizo y rizado, interrumpiendo la escena.

—Eliza... No te escuché llegar...- Terry colocó a Candy en el suelo, esta miró a la intrusa con recelo y se ocultó detrás de Terry.

—Sí, vi que estaban muy ocupados- les dijo con expresión divertida, ya que jamás se hubiese imaginado a Terry jugando así con una niña pequeña,

especialmente luego de haberse quejado tanto de lo insufrible que era.

—Ella es Candy, la mocosa insufrible...- la presentó Terry.

—Me llamo Violet- corrigió Candy, mirando con toda la intención a la forastera.

—¿No te llamas Candy?- preguntó Terry con auténtico asombro.

—¡No! Candy solo me llaman mi familia y mis amigos y esta cara de jenjibre no es mi amiga- ambos adolescentes se quedaron en shock ante la respuesta tan inusualmente grosera de la niña.

¡Candy! Eso no fue amable, discúlpate con Eliza.

—¡No!

—Déjala, Terry. Solo es una niña y evidentemente está celosa- convino la joven sin darle mayor importancia a la grosería de Candy, se le acercó a Terry y le dio un piquito en los labios.

—¡Ouch!- se quejó Eliza al recibir tremenda patada por parte de Candy.

—¿Se puede saber qué te pasa?- le gritó Terry a Candy, estaba furioso y avergonzado.

—¡No la quiero! ¡Vete de aquí!- intentó volver a patearla, pero Terry la sujetó.

—Tienes razón, es una mocosa insoportable. Búscame cuando se la devuelvas a los Andrew- Eliza furiosa se dirigió a la puerta.

—Espera, ¡Eliza!

—Nos vemos en la escuela, Terry.

Terry la vio marcharse dando un portazo, aún trataba de digerir lo que había pasado.

—¿Por qué hiciste eso? ¿Te volviste loca, mocosa del demonio?- le reclamó sacudiéndola. Estaba que echaba humo.

—¡Porque te besó! ¡Y en la boca!- enfatizó con gran indignación.

—¿Y qué? ¡Es mi novia!- le gritó

—Pues no me agrada, ¡y es muy fea!

—¿Sabes qué tampoco me agrada? ¡Tu cara pecosa! Estoy harto de ver tu cara repleta de pecas todos los días- Candy abrió los ojos con asombro y se dirigió

al espejo que decoraba una de las paredes del salón, llevándose sus pequeñas manitas al rostro mientras gruesas lágrimas bajaban por él.

—Yo también odio mi cara...- tocó su reflejo en el espejo y a Terry lo atravesó una punzada de remordimiento.

—Candy...- se le fue acercar.

—Violet-lo corrigió la niña.

—Ya no eres mi amigo, eres igual a los chicos de mi escuela. Me odian por mis pecas- Terry se sintió peor.

—¿Te odian por tus pecas?- preguntó incrédulo.

—Sí. ¡Igual que tú!- lo acusó con evidente resentimiento.

—Yo no te odio, Candy, eh, perdón, "Violet".

—Rompiste tu promesa.

—No, el trato era que tú me ayudabas a ordenar y yo sería tu amigo, no acordamos nada acerca de tus pecas.

—Pero dijiste que odias mi cara.

—Porque estaba molesto y además fuiste grosera con Eliza y ella no te hizo nada. Has hecho que se enoje conmigo.

—¿Ella es más linda que yo?- preguntó y esperó la respuesta con tanta ansiedad que parecía que su vida dependía de ello.

—No, no lo es. Vale, lo admito, tú eres más linda, pero...

—¡Pues déjala!- le dijo sonriendo triunfante al proponerle la solución más lógica a su problema.

—Pero Eliza es buena, es simpática y es bonita también.

—Parece un jenjibre- insistió y Terry se comenzó a reir.

—Tienes razón, pero es mi novia y no puedes tratarla así.

—¡Yo podría ser tu novia!- lo dijo como si fuese la mejor idea que se le hubiese ocurrido jamás, Terry soltó una carcajada.

—Tú no puedes ser mi novia porque eres una mocosa de ocho años- le pellizcó la nariz.

—¿Y cuándo tenga 16 como tú?

—Tampoco.

—¿Pero por qué?

—Porque yo ya seré un hombre y tú seguirás siendo una mocosa...

Y cómo le hubiese gustado haber respetado eso cuando la hizo suya esa noche. Fue como si esa pequeña niña hubiese conjurado un hechizo, cumpliéndose así

sus descabelladas ideas infantiles que tuvieron consecuencias reales. Recibió una video-llamada que lo trajo de vuelta al presente.

—Hola, mamá. ¿Está todo bien?- se sentó en la cama y aceptó el modo vídeo.

—Todo está bien, es solo que Richie está un poco inquieto y no ha dejado de señalar tu foto...- el pequeño de 5 años apareció en pantalla.

—Hola, amiguito. Papá también te extraña mucho. Te veré mañana, te lo prometo. ¿Te estás portando bien? ¿Estás obedeciendo a la abuela?

El niño no contestaba con palabras, pero era evidente que toda su carita se iluminó al ver a su papá, su pequeña mano tocó la pantalla, anhelando poder sentir a su papá.

—Se está portando de maravillas, su terapeuta dice que ha tenido avances y que está haciendo esfuerzos por comunicarse, incluso hizo una amiga ayer...

—¿Ah,sí? Esas son muy buenas noticias, Richie. ¿Es linda tu amiga?- el niño llevó a su abuela de la mano para que esta alcanzara la fotografía que estaba

enmarcada en una repisa que él no alcanzaba.

—Enséñale a papá cuál es tu amiga...- el niño orgulloso señaló a la niña que estaba junto a él en la fotografía del nuevo año escolar.

— Es muy guapa. Ya tienes que dormir, mañana tienes clases, además tienes que descansar para que puedas jugar con tu amiga. Papá te ama- el niño formó un corazón uniendo sus dos manos y se despidió de su papá.

...

Luke no había dejado de llamar a Candy, a pesar de que esta continuaba ignorando todas y cada una de sus llamadas. Ella no regresaría atrás. Le costó demasiado dar el paso de salir de esa relación. Dejó que la llamada se fuera a mensajería.

"Violet, contesta por favor. Te extraño.

Quiero que esto funcione y lo estoy intentando.

Pero maldita sea, tú no pones de tu parte.

¿Conociste a alguien? ¿Estás con un hombre ahora?

¿A caso estás con el maldito vaquero ese?

¡No te desharás de mí tan fácil!

¿Me escuchas? ¡Zorra!"

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Candy oprimió el 2 y se dirigió al aeropuerto. Lo había decidido justo en ese momento.

Continuará..