Abro los ojos esperando encontrar cualquier cosa menos a él. Peeta Mellark me tiene entre sus brazos mirando con plena preocupación mi persona. Intento soltarme de su agarre pero pero mi cuerpo no me responde. Uno de sus brazos está rodeando mi espalda y el otro está tomando mis manos. Su calor corporal y olor a canela me tienes bloqueada. No puedo moverme ni decir algo. Solo lo miro confundida. ¿Qué está haciendo aquí?

—Katniss… Katniss, me escuchas? — si, si lo escucho, pero no logro responderle nada. Suelta una de mis manos para tocarme la frente, me paralizo más si es posible. — Estás muy fria, Katniss… — sus ojos azules y rubias pestañas son lo único que logro observar. — ¿Te llevo con tu madre? — sigo sin responder, el toca mis mejillas — Estás muy helada, Katniss, no te molestes pero… ¿haz comido algo? — frunzo el ceño y quiero decirle que eso no le interesa, pero no logro hacerlo, estoy muy debil hasta para hablar — Haber… Un parpadero no, dos parpadeos si. — hace una pausa — Katniss, ¿me escuchas? — parpadeo dos veces — Comiste algo hoy? — parpadeo dos veces. — ¿Estás enferma? — Parpadeo una vez. — Te voy a llevar con tu madre.

—No — logro responder. El me ayuda a sentarme a su lado. Pero me mareo rápidamente. El vuelve a sostenerme.

—Katniss … — tiene precaución para decir mi nombre — No haz comido, ¿cierto?

—Comí temprano — Respondo. El casa algo de su bolsillo.

—Es una barra de cereal, tiene avena, miel y nueces, come — Me la pasa. Yo solo puedo pensar que a Prim le gustaría. La conservaría por ella. — Comela, hazlo — Me ordena. Pero se la devuelvo, el la toma y abre de su empaque. La acerca a mi boca pero solo lo miro cautelosa. Ya me salvó una vez, ya no puedo aceptarlo.

—No tengo con qué pagartelo — respondo. El niega.

—No te la estoy vendiendo o permutando. Te estoy diciendo que la comas. — vuelve a acercarmela en la boca y esta vez ya no puedo resistir. Tomo una mordida muy fina, que ni parece que alguien la mordió. — come mas.

—¿Por qué haces esto? — logro preguntar.

—No te podía dejar aquí. — Responde otra vez acercandome esa barra a la boca. — Come. — insiste.

—Gracias, pero ya tuve suficiente. — el rueda los ojos. Y vuelve a ponerme la comida en la boca.

—Te dejaré tranquila hasta que te comas unos 2 tercios de la barra. Lo prometo. — sus ojos azules me parecen fascinantes, increiblemente logra hacer que me coma practicamente toda la comida que me ofrece. Me parece que sus pestañas son demasiado largas, me sorprende que nose enreden cuando parpadean, sus pelo rubio y rizado me da una sensación de oleaje, a pesar que es poco lo que he visto del mar. Sus mejillas destacan por su color rosa en medio de su blanca piel. No puedo evitar fijarme en cada detalle solo porque está tan cerca.

—Diablos, Prim! — grito asustandolo, intento levantarme y rápidamente caigo de nuevo en él. Peeta me sujeta y me toma de la cintura para poder levantarse conmigo. Peeta es considerablemente más alto que yo, así que verlo hacia arriba es incluso más imponente — Gracias. Prometo que encontraré la forma de devolverte eso, pero debo ir a buscar a mi hermana.

—Dónde está? — pregunta.

—En casa de Hazelle, debe estar preocupada — respondo.

—Voy contigo — su ofrecimiento me sorprende, no, sorprendida es un eufemismo en comparación con la conmoción que me causa.

—Ya te he molestado mucho, no es necesario — pero el niega.

—Así me aseguro que no te desmayes en el camino. Además, ni siquiera puedes caminar sola — dicho esto toma uno de mis brazos y lo hace pasar por su cuello, el pasa su brazo apoyandose en mi cintura, pero con la mano hecha un puño, evitando tocarme. Aunque mi shock es muy grande como para responderle, mi cuerpo sigue sus movimientos. Es muy fuerte y mi cuerpo no parece pesarle nada. Ni siquiera me preocupo de mirar el camino, su rostro es lo único que observo. El parece saber donde vive Hazelle. Su perfil es muy suave. Y su calor me da algo que hace mucho no experimentaba. Toco la puerta de Hazelle esperando ver a Prim, pero solo es Rory.

—Hey, Katniss, qué te pasó? — pregunta. Niego con la cabeza.

—Estoy bien. Prim sigue aquí? — el niega. Frunzo el ceño.

—Después de ir con el panadero la fui a dejar a su casa, ya que no volvías — Responde.

—Al panadero? — pregunto. El asiente. Qué iría a hacer con el padre de Peeta?

—Si, está en su casa. — Veo como Hazelle se asoma a la puerta y me mira curiosa por el agarre de Peeta pero no dice nada.

—Hola Katniss, hola Peeta, Prim ya está en su casa — nos sonríe. Peeta le sonríe amablemente. — Oh, tu madre me pidió que comprar esto — me pasa dos fuentes llenas de lo que parece ser comida.

—Con qué dinero? — pregunto. — Te lo pagó?

—Claro que me lo pagó, Catnip — ella rie. Peeta toma ambas fuentes con una mano — Nos vemos, Katniss y descansa — me sonríe y da otra sonrisa a Peeta. Cierra la puerta y Peeta parece tomar la dirección de mi casa. ¿Cómo sabe donde vivo?

—¿Conoces a Hazelle? — pregunto mientras caminamos algo más lento.

—Si, claro. Es algo asi como amiga de mi padre — responde. No tenía idea — Te sientes mareada aun?

—No, estoy bien — al darme cuenta intento empezar a caminar sola, pero el vuelve a pasar cuidadosamente mi brazo por su cuello y su brazo por mi cintura, aun evitando tocarme.

—Prefiero sujetarte, me da miedo que te caigas — su suave forma de hablar no me permite refutarle nada. Seguimos caminando. Pero ahora me pregunto como es que mi madre consiguió ese dinero, es mucha comida para que ella hubiera estado permitiendo que pasaramos hambre si tenia todo ese dinero. Peeta me guía tranquilamente, como si esta fuera su casa y no la mía, hasta que llegamos a mi casa y el toca la puerta. Le iba a decir que solo tenía que abrir, pero las palabras nunca llegaron a mi boca. Prim abre la puerta y me sonríe gratamente.

—Katniss! ¿Por qué tardaste tanto? — pregunta dandome un abrazo. Peeta me suelta para que Prim pueda abrazarme.

—Tuve un problema, pero Peeta me ayudó. — ella se separa de mi y observa a Peeta muy curiosa, le sonríe y lo abraza como saludo. El le devuelve el abrazo y le sonríe.

—Hola Prim — ella nos da la mano a ambos y nos hace pasar. Peeta se rie y yo estoy algo avergonzada.

—Mamá está en la cocina, arreglando algo. Pero ya vendrá. Tenemos dos noticias. — anuncia Prim entusiasmada. Mamá llega con una sonrisa que no le veía hace años. Observa a Peeta y le sonríe más si puede.

—Hola, cariño, hola, Peeta. — saluda. Peeta está a mi lado muy sonriente y algo nervioso, y cómo no, si nunca había venido a mi casa. Ni hablado conmigo.

—¡Los abuelos murieron y nos dejaron una herencia! — comenta Prim muy ansiosa. Mi madre la mira con desaprobación. Pero asiente.

—¿Qué abuelos?, ¿Los que nunca se preocuparon de nosotras, ni cuando papá murió? — digo. Me siento en el sofá y le hago un ademán para que Peeta se siente. El de buena gana se acomoda a mi lado.

—Si esos. — responde Prim. Mamá se sienta y toma a Prim de las manos, para aquietarla.

—Katniss, mis padres nunca aceptaron mi relación con tu padre, sé que te llevaste todo el peso de la familia, por años, porque mi enfermedad no me permitió seguir. Pero ahora, tengo que hacer el papel de madre. — dice tranquilamente. Mi incredibilidad es algo evidente — Yo … lo siento mucho Katniss, a ti también Prim, porque no estuve al nivel de una madre y Katniss… Ahora que el bosque está en esas condiciones, sé que no podrás cazar, y tampoco pretendo que busque empleo.

—¿Y qué pretendes que haga? Lo siento, pero no me da confianza esto. ¿Cómo piensas ganarte la vida tu? — pregunto más desafiante.

—Mi padre murió y mamá se fue con mi hermana. Hablé con ellos hace unos 5 días, no les eras indiferente, sabían que cazabas y que en entos momentos no tenemos como solventar nada — responde. Sus ojos azules brillan tratando de no llorar.

—Quizá hubiera sido más util hace 6 años, cuando yo tenía 12 y no tenía más que pedir teselas porque aun me daba miedo ir al bosque sin papá. — suelto duramente — Ahora cual es tu idea?

—Voy a atender la botiquería, y voy a continuar como sanadora. Tendríamos que vivir allí. Es una gran oportunidad Katniss, te lo mereces — la miro con duda, Prim parece tan emocionada y yo solo puedo desconfiar de mi madre.

—Y esta casa? — le pregunto.

—Seguirá siendo nuestra, solo que viviriamos la mayor parte del tiempo en la parte de los comerciantes. — contesta.

—Y cómo sabremos que funcionará? Qué garantía tengo para saber que no es una trampa de tu familia — ella suspira.

—Ya hice los papeles. La casa es nuestra y la boticaria también. — suspira. — La parte norte del distrito si tiene bosque, yo podría ir a recolectar las plantas que falten, todo está a nuestro nombre, solo tenemos que mudarnos.

Yo suspiro. No quiero mudarme a ese sector del distrito, no pertenezco ahí y sé que me lo harán saber. Prim se ve tan entusiasmada que no quiero cortarle eso.

—Prim, qué hacias con el panadero hoy? — Pregunto. Ella vuelve a sonreír.

—Oh, te alegrará saber que tengo un trato estable con el señor Mellark, para proveerle leche de cabra — escucho a Peeta reír y darle los 5, Prim rie para acercarse y chocar sus manos. Oh no, ni siquiera recordaba que Peeta estaba aquí.

—Peeta… — susurro incomoda. El tiene una mirada suave, no se ve incomodo por haber presenciado esto.

—Solo piensalo, podrías estar más cerca de… tu amigo — dice mamá con cierto doble sentido. Le frunzo el ceño ante tal atrevimiento.

—Por cierto, ¿qué te pasó? — pregunta Prim preocupada.

—Me desmayé y Peeta me ayudó, y me trajo hasta aquí. — Respondo.

—Es porque no has comido. Gracias Peeta, eres un gran chico — Dice mi madre.

—Fue un gusto, señora Everdeen — viéndolo de esta forma me siento incomoda.

—Quédate a celebrar con nosotras! Tenemos te de rosas y unas galletas que… — prim se rie. — Que seguro preparaste tu.

—Es lo más seguro. Pero me podría quedar por un poco de te, si no te molesta — contesta Peeta mirandome.

—No, quédate — el me sonrié a modo de respuesta. Nos sentamos en la mesa y mamá y Prim se encargaron de llenarla de comida. Más de la que había visto nunca en esta casa. Peeta charlaba alegremente con ambas, yo no hablé mucho, pero en el fondo agradecí ver a Prim y a mamá así de contentas.