Por suerte hoy era sábado, ya podía levantarme a… hacer nada, no hay bosque. Prim se encargó de ordeñar a Lady para después de almuerzo llevarsela a los Mellark. Desayunamos y yo me dedico a preparar el almuerzo, mamá está empacando, aunque me asegura que no hay presión de mudarnos si aun no me siento cómoda. Decido hacer un guiso de verduras y una sopa. Tampoco es como que sepa hacer más.

Les sirvo a ambas y Prim me sonríe.

—Me agrada Peeta, no sabía que eran amigos — comenta inocentemente.

—No, no lo somos, solo somos compañeros. — corrijo.

—Oh, pero de todas formas te ayudó, me agrada más. — Dice Prim.

—Es un gran chico, igual que su padre — comenta mi madre.

—Conociste al señor Mellark? — pregunto.

—Si, fuimos muy amigos de pequeños, nuestras casas estaban al lado. Y buenos, nuestros padres querían casarnos — La miro sorprendida. — Claro que yo no quería, ya estaba enamorada de tu padre. Pero Rye Mellark fue un caballero siempre, era un amigo increible y Peeta es digno hijo de el.

—Y cómo es que terminó casado con la bruja? — pregunto sin siquiera mirarla.

—Darla siempre fue algo tosca, no le agradé nunca, ni siquiera en el colegio y bueno, supongo que sus padres arreglaron el matrimonio. — responde mi madre.

—Yo no quiero casarme así — dice Prim. — Yo quiero enamorarme tanto como tu y papá. — mamá sonrie ampliamente.

—Lo estarás. — mamá le pellisca la mejilla a Prim cariñosamente.

—Katniss, ¿podrías acompañarme a la panadería? — le asiento a Prim.

Mamá se queda lavando los trastros y me yo voy a asearme. Me coloco uno de mis vestidos y dejo mi cabello suelto. Cuando busco a Prim le tomo tres de las botellas para ir hacia la panadería.

—Te ves muy linda, Katniss — dice Prim.

—No tanto como tu.

Al irnos acercando nos topamos con Gale.

—Hola niñas, les ayudo? — Prim niega.

—No gracias Gale, ya queda poco, además, deberías ayudarle a Rory con matemáticas, la profesora lo ha regañado mucho esta semana — Gale rie y asiente.

—Eso es ser bocona, Prim — le menciono.

—Hey, estoy ayudando.

Caminamos hasta la panaderíay vamos por atrás, tocamos la puerta y es uno de los hermanos de Peeta quien nos recibe.

—Hey, las chicas Everdeen. Pasen pasen. — Dice Tye. Entramos de manera cautelosa. Si la bruja que tiene Peeta por madre se aparece prefiero salir corriendo.

—Llamaré a papá y podrán hacer la venta, pónganse cómodas! — Me sorprende tanta simpatía, pero considerando como es Peeta no lo encontré tan extraño.

—Niñas, aquí estan — el padre de Peeta luce más viejo de lo que realmente es, tienes varias canas de lo que pareció ser un cabello rubio, pero sus ojos azules tienen el mismo brillo que el de Peeta, el de un niño pequeño que está maravillado con un juguete. — Que bueno que la acompañaste, Katniss, ayer se me olvidó sugerir que Peeta les fuera a echar una mano, además que llego algo tarde y venía tan contento que no quise perturbarlo. — no puedo evitar avergonzarme, porque que Peeta se haya quedado tanto tiempo fuera fue mi culpa.

—Estuvo en casa ayer, ayudó a Katniss porque se desmayó, y se quedó a comer con nosotras.— El padre de Peeta luce realmente contento con esa respuesta. Amo con mi vida a Prim, pero a veces me parece que habla demás, bueno como cualquier chica de 13 años.

—Si, lo siento, fue mi culpa que llegara tan tarde — murmuro con vergüenza. El se carcajea alegremente.

—No te preocupes, no es ningún problema. — suspiro aliviada. No sé como quedarse con la bruja de su esposa siendo el tan agradable.

—Papá no nos quedan masas de… — la voz de Peeta me hace alzar la vista. Está completamente de blanco y con un delantal en su cintura. Me sonríe al verme — Hola Katniss.

—Hola Peeta — saludo incomoda. Su cabello revuelto me hace querer sonreirle, se ve más cabezota que antes.

—Hey, Prim! — el recibe las botellas de leche y cuando toma las que yo sostenía que toca la mano por accidente — Lo siento — murmura. Las deja en otra habitación y vuelve a chocar los 5 con Prim. El padre de Peeta está atendiendo y es cuando veo a la madre de Peeta acercarse a nosotros. Los insultos de aquel día hace tantos años siguen vigentes en mi pecho. Y ella parece recordarlo. Su ceño está fruncido, y es algo encorvada para su figura delgada.

—Everdeen — dice y yo asiento. Prim le sonríe.

—Hola señora Mellark! — la mirada de la bruja es algo para recordar, supongo que mi hermana es la copia exacta de lo que fue mi madre en algún momento.

—Primroses — dice finalmente. No sonríe, no hay otra expresion más que desagrado.

—Le traje algo — observo a Prim con dudas, y ella luce cautelosa. — Su marido me dijo que estaba con dolor en sus manos por la resequedad, esta crema es natural, y sé que le haría muy bien — Prim le acerca la crema a la madre de Peeta y esta se ve que no sabe reaccionar de otra forma, o que está absorta en su confusión, debe creer que tiene algo, que mamá la hizo y que solo es una forma de hacerle daño.

—Primroses no… —

—Señora Mellark, es un regalo, puede confiar en que funcionará, sino, puedo hacerle una mejor! — el entusiasmo de una niña tan adorable como Prim no puede ser quebrado ni siquiera por la bruja más maala y aterrorizante que es la señora Mellark. Finalmente asiente.

—Gracias, Primroses. — Prim asiente feliz de que ella aceptara. Peeta llega y nos sonríe.

—Prim, la leche se ve muy bien. — Prim hace un movimiento de orgullo que me hace reir. — Ten la paga. — Prim la toma y empieza a contarla.

—Oh, Peeta. Hay 5 demás. Solo acordamos 3 por botella— Prim devuelve el dinero pero Peeta niega.

—Es lo que me dio papá, dijo que la leche se ve muy fresca, además, mamá insistió.

—Si es por la crema… — Peeta negó.

—No sé de que hablas, solo dijo que trajeras tan pronto como pudieras otros 5 litros. — Prim asintió. Le dio un abrazo rápido y Salió corriendo hacia afuera. Le sonrío incomodamente a Peeta para salir pero es entonces cuando siento que toma mi mano.

—Katniss… — mi nombre en sus labios se siente agradable. Sin poder decir nada solo asiento para que sepa que le estoy escuchando. — Te sientes bien hoy, ¿cierto? — vuelvo a asentir sintiendo como mis mejillas están algo más calientes de lo usual. — y… Se mudarán? — olvidé que el estuvo presente en esa incomoda conversación.

—No lo sé, al parecer si… — respondo sin poder soltarme de su agarre.

—Sería una gran idea… Podría verte más seguido — dice como si nada y me sonríe.

—Me ves cada día en la escuela — le respondo.

—Nunca es suficiente — y es cuando me suelta la mano delicadamente dejandome algo confundida — Llega bien a casa, Katniss… — se despide mientras se va a hacer sus cosas.

Salgo de la panadería un poco intranquila. Si. Definitivamente es extraño. Prim esta feliz contando el dinero y sonrio borrando la confusión de hace un momento.

—Katniss, oh Katniss… — dice con el dinero abanicándole el rostro. No puedo evitar soltar una carcajada — Hoy yo te invito a comer algo — le doy un empujón y ella se guarda el dinero para tomarme la mano.

—Eres un chiste, patito — digo riendo.

—Estoy feliz, Katniss, por fin vas a dejar de arriesgarte tanto. Es tu momento de ser una adolescente!

—Patito, no te entiendo. No me arriesgo tanto, sé cuidarme. — ella me mira desafiante, porque claro ya no es más pequeña que yo, hoy por hoy somos de la misma estatura.

—Detesto pensar en que si te sorprenden puedes morir, sé que amas el bosque, solo quiero que ya no seas mi madre, eres mi hermana. Leí un libro, sé insoportable, sé dramática, ten novios y sal con Madge. — me ordena y vuelvo a reir.

—Tranquila, yo soy así de callada — Prim niega con la cabeza.

—Me propongo hacerte feliz mientras pueda, Katniss… — la abraza por los hombros y rio.

—Si tu estás bien, yo estoy bien.

Caminamos hacia la casa. Quiero pensar que ella siempre estará bien.