El dia lunes llega algo lento. Fui a la parte norte del bosque a recolectar fresas y a cazar aves, es más lejos, pero desde la casa de los comerciantes si sirve para llegar y no ser vistos. Pero fuera de eso no pude hacer más. Los deberes de la escuela no es algo que me compliquen, en cambio a Prim, a ella si le complican los números. Ordenamos las cajas. Está todo empacado. No quiero irme de mi casa, de alguna forma siento que papá está aquí. Pero sé que es una gran oportunidad para que Prim tenga una mejor vida.

Me ducho en casa, sabiendo que será la ultima que me de aquí en un tiempo. Me pongo mi vestido verde y mis zapatos blancos. Suelto mi pelo y masajeo mi cara, porque dormí terriblemente.

—Hola patito — saludo tomando su rostro con cariño.

—Cuaktniss — dice y yo rio. — Te tengo algo — saca un frasco pequeño con una crema roja.

—Mis manos también estan agrietadas? — pregunto haciendo referencia a su extraña interacción con la madre de Peeta.

—No, estuve revisando unos libros de mamá, y con una de las fresas que trajiste puedo hacer un tipo de labial, mira — abre el frasco y con un pequeño pincel le da delicados toques a mis labios. — Te queda hermoso. Mirate! — voy al espejo y realmente se ve bien, es un tono malva brilloso que se siente hidratante en mis labios.

—Esta muy lindo Prim — le concedo. Me da el frasco. Es diminuto. — Te gusta la boticaria… — ella asiente.

—Es interesante, mucho —

Mamá me da un pan para el almuerzo, tiene verduras y carne de conejo. Tomo mis cosas y tomo a Prim para irnos a la escuela. Definitivamente hay un cambio cuando se me permite comer algo.

Dejo a Prim en su salón, me voy al mio y me siento en mi puesto que es el del fondo.

—Hey, Katniss! — saluda Madge con su pelo en una trenza impecable. — Te ves muy linda. — le sonrío aunque más bien hago una mueca. — Tienes cita con Gale?— mi expresión confundida la hace reír — Qué? Todos sabemos que son novios.

—No lo somos — respondo.

—Pero lo serán. Eso de seguro — ella luce más contenta de lo usual y se apoya en mi — amo el amor — yo rio por lo tonta que a veces me parece Madge, pero es una gran persona.

—Qué tanto sabes del amor, si nunca te ha gustado nadie — ella se reincorpora para decir:

—Lo veo, quizá no lo siento y no lo sienta nunca, pero definitivamente lo veo — con mi mano cubro su cara para molestarla. — Por cierto, comiste hoy?

—Si, traje almuerzo también — respondo avergonzada.

—Bueno, de todas maneras te traje algo. No dejaré que mueras de hambre.

—No soy una obra de caridad, Madge, estoy bien. Traje comida.

—Y por eso te desmayaste ayer, huesuda — escucho a una chica que desconozco.

—Te desmayaste? — Madge luce preocupada.

—No es tu problema — le digo a la chica rubia que me mira burlesca. Quien diablos es esa?

—Claro, buena forma de llamar la atención de Peeta Mellark, porque de otra forma no podrías — siento mi cara arder. Ella se va luciendo victoriosa.

—Qué pasó con Peeta Mellark ayer? —susurra Madge a lo bajo.

—Me maree y el me ayudó. Solo eso, no pasó nada — respondo quitándole importancia.

La clase inicia y no puedo evitar fijarme en el puesto de Peeta. Luce algo cansado, y su camisa color blanca hace que sus ojos azules destaquen por mucho. Me mira, y yo evito su mirada. Eso fue vergonzoso. Vuelvo a percatarme y si, sigue mirandome. Me sonrie y hace un gesto con su mano. Le sonrio. Madge me está mirando con la ceja alzada.

La clase pasa rápido. Es hora de almuerzo y le digo a Madge que se adelante, que iré a lavarme las manos. Ya dentro del baño puedo mojarme además la cara, secarme y echarme de esa crema que me dio Prim.

—Si, es mañana, su padre quiere hacer una comida para él pero no quiere, dice que el distrito está en malas condiciones como para tener una comida grande — escucho a una de mis compañeras que están más lejos.

—Peeta es muy considerado, la verdad es que creo que es un gran gesto de su parte, nosotros igual podriamos darle un regalo — la voz de Delly es la única que reconozco.

—Pero es su cumpleaños! Hay que celebrarlo — insiste la chica regordeta del lado.

Así que mañana es el cumpleaños de Peeta. 4 de marzo. Su cumpleaños es el 4 de marzo.

Voy donde Madge a comer mi sandwich. Me siento no tan hambrienta, pero Madge me hace comer todo, más lo que me trae ella.

—Madge, de verdad lo agradezco pero estoy bien — ella niega.

—Estás muy delgada Katniss, y muy pequeña, aun puedes crecer — yo rio y me permito comer un poco más, porque sé que Madge es demasiado insistente como para discutirle.

La clase termina, Madge tiene que irse a su casa unos minutos antes porque el alcalde tiene visita de unos geologos. Yo guardo todo y me dirigo a la salida. Puedo ver a Peeta con su numero grupo de amigos. Todos rubios, ojos azules, hijos de comerciantes. Paso por el lado, Peeta dirige su mirada hacia mi y me saluda. Veo como eso le molesta y sorprende a sus amigos. Le sonrio lo mejor que puedo. Cuando estoy saliendo de la ciudad, mis pensamientos me distraen demasiado por lo que me provocan dejar caer mi mochila, pero siento que gritan mi nombre y doy la vuelta. Es Peeta. Viene corriendo a mi dirección.

—Katniss — dice llegando a mi.

—Peeta… ¿Qué haces aquí? — le pregunto. El toma mi mochila del suelo y se pone a mi lado. Carga mi mochila en su hombro y se encoge de hombros.

—Solo… Quería saber que tal estabas, hoy te vi mejor — dice mientras caminamos lentamente a mi casa de la veta.

—Eh, si, estoy mejor… pero, por qué te preocupas de lo que me pase? Nunca habíamos hablado antes — obviando la vez que me salvó de morir de hambre.

—Solo quiero acompañarte, no sé si te moleste — su sonrisa me hace querer desaparecer, de alguna manera me incomoda que sea tan amable.

—No, no me molesta. Y gracias por lo de ayer. Por… no dejarme tirada ahí, por alimentarme, de nuevo, por acompañarme a casa y bueno… por presenciar una incomoda discusión familiar — ayer cuando anunció que se tenía que ir no lo pensé tanto. Pero hoy, es la oportunidad de agradecerlo todo.

—Fue un placer Katniss, no te preocupes por nada. — seguimos caminando y siento las miradas extrañas de mis vecinos. — Mañana irás a clases?

—Si… Y tu? — pregunto de vuelta. El se encoge de hombros.

—No lo sé, mamá insiste en que me quede en casa a ayudar, vienen mis abuelos al parecer, y es necesario más ayuda de la que Tye y Usher pueden entregar. — quizá es su cumpleaños, pero a su madre eso poco le importa.

—Eso parece algo aburrido… — algo aburrido para tu cumpleaños, pero me abstengo. — Aunque debe ser agradable tener abuelos vivos.

—Son personas… extrañas, me agradan más los padres de mi padre. Pero son mucho más viejos, si queremos verlos tenemos que ir nosotros. — asiento. — Tus abuelos…

—Solo sé que uno murió, y que al parecer mi abuela vive con una tia que no conozco. Por parte de mi padre murieron incluso antes de que yo naciera. — suspiro sin pesar — Solo somos Prim, mamá y yo.

—Las chicas Everdeen — comenta agradablemente.

—Exacto — nos quedamos callados unos segundos, me pregunto si no se le hace incomodo. Suelo ser algo callada y nunca me ha molestado, pero no creo que el piense igual.

—Extrañas ir al bosque? — su pregunta me sorprende, aunque para nadie es un secreto que soy una cazadora.

—Un poco… Suelo sentirme algo inutil sin poder sustentarle a mi familia — confieso.

—Hay un poco de bosque aun cerca de mi, de nuestras casas — asiento.

—Si, ayer pude verlo. Es algo más lejos de lo que me gustaría, pero para ir un par de veces… creo que no está mal. — el sonríe.

—Oh, quieres? — saca algo de su mochila, es una fruta, sé que la comí una vez con mi padre.

—Es naranja? — el asiente. — De donde la sacaste?

—Papá ha hecho tratos con el verdulero, los agentes de la Paz consumen mucho las tartas de manzana y de naranja. Ten, pruébala — me extiende y aunque mi cabeza me dice que no lo haga, no soy capaz de negárselo. Me lo hecho a la boca y si bien está muy jugosa, está algo acida. Es algo que quema la garganta pero me gusta, es fresco y extraño. Peeta por el contrario es algo más expresivo, su cara se arruga lo suficiente para hacerme reir a carcajadas. — Creo que no ha sido la mejor naranja — sacude su cabeza y vuelvo a reír.

—Me gusta, es ácida. Aunque me gustó más tu cara probándola — comento sin cuidado haciendo que el se sonroje y sonría más. Me avergüenzo quiero corregirme, no era lo que quería decir — O sea, fue muy graciosa tu expresión… — el sigue sonriendo. Y asiente.

—Tranquila, entiendo. Creo que yo soy más de cosas dulces — asiento.

—Tienes alguna fruta favorita? — el se queda pensando.

—Si, creo que si. Cuando tenía unos 8 años papá le compró a tu padre unas fresas, frutillas, las compró para un pastel, pero al darme a probar una insistí en que quería otra, mi padre terminó dándomelas todas, eran tan frescas, tan dulces, pero mamá lo descubrió y regañó a mi padre. — bufo instintivamente. — Así que esa fue la única vez que pude comer fresas frescas, después estaban la mermelada de algo que parecía fresa, pero nunca fue lo mismo. — Se le ve sonreír mucho, dentro de todo debe ser un recuerdo grato. — así que creo que las fresas son mis favoritas… Tu tienes alguna fruta favorita?

—Creo que esta naranja — respondo sin pensar y el rie — Me gustan las cosas ácidas, también el limón — el asiente. Estamos llegando a mi casa.

—Quieres pasar? — pregunto sin saber el porqué. El me pasa mi mochila, la cual no me habia dado cuenta que tenía.

—Me encantaría, pero debo llegar a ayudar en la panadería — asiento aunque algo avergonzada, no era necesario que lo invitara a pasar. Fue cortesía. Fue cortez su rechazo también.

—Oh, claro. Gracias por acompañarme — el me sonríe ampliamente.

—Espero verte mañana, o si no el miercoles! — se va haciendo que lo siga mirando hasta que se borre de mi vista. Unos pasos después se da vuelta, y me ve aun parada en la puerta. Me apuro a abrirla y entrar. Me doy cuenta de las pocas cajas que quedan. Solo las mías.

—Katniss, estás muy roja, corriste? — pregunta Prim.

—No, solo… — niego con la cabeza y me voy a la cama.

La tarde pasa rápido. Duermo y despierto directamente a bañarme. Hoy salgo más tarde de la escuela. Por lo que mamá y Prim se encargaran de llevar las cajas. En el colegio Madge me habla de lo preocupado que está el alcalde por un tema de la mina, pero no logro ponerle tanta atención como hubiera querido.

El reloj marca las 5, es hora de irnos. Peeta no fue. Voy caminando a mi casa de la veta para tomar mi chaqueta de papá. Llego a las 6 a casa, pero solo dejo mi mochila y aprovecho que está oscureciendo para ir al bosque. Es dificil que no me vean, pero tomo mis precauciones. Espero a que sean las 8 para irme corriendo al fondo del bosque. La luna me permite ver muy bien todo. Me trepo un arbol, solo para darme cuenta que no quería cazar, ni siquiera busqué mi arco. El otro lo quemó el incendio, pero tenía 3 mas que papá escondió en su momento.

Gracias a la luna observo el arbusto de fresas. Bajo rapidamente. Se ven maravillosas. Tomo una de mis bolsas y las echo en ella. Saco las más grandes y rojas. Finalmente ato la bolsa y decido irme a casa. Al cruzar la alambrada veo que mi casa está con luces. Llego por la puerta de atrás. Es muy extraño vivir aquí ahora.

—Cariño, cómo te fue?— pregunta mamá.

—Bien bien, ya comieron?

—Prim si, estaba muy cansada. Yo comeré en un rato, debo ordenar la parte de adelante. Hice un estofado para que comas — acaricia mi cara y se va. Voy a la cocina. Si es tarde. Lavo las fresas y las acomodo en una de las cajas pequeñas, 16 fresas grandes y rojas. Se ven bien. Pero no quiero venderlas. Sé que no es lo que quiero.

Escucho como al lado hay un murmureo. Es la familia Mellark.

—Los deseos, Peeta! — escucho decir a su padre.

—Ese no, ese no — escucho a sus hermanos. Después de unos segundos escucho aplausos. Estoy muy cerca, sé lo que pasa de ese lado como de este. Espero una media hora. Mamá sigue en la boticaria. Me escabullo por la puerta trasera y la caja en mi abrigo.

Espero ruido, pero ya no hay tanto. Sé que es tarde y no tengo excusa. Pero de todas formas toco la puerta rezando que no salga la madre de Peeta, pero no. Es Tye.

—Everdeen — luce asombrado y sobre todo curioso — Cómo estás?

—Yo bien eh… — el sonrie.

—Quieres ver a Peeta? — asiento.

—Podrías no decirle a tu familia que estoy aquí? — el asiente.

—Seré cuidadoso, esperalo — y cierra la puerta para que yo empiece a pensar si soy idiota o cual es la verdadera razón por la que estoy aquí. Pasan unos minutos, creo que me veo ridicula. Peeta no sale aun. Suspiro y doy la vuelta cuando siento que abren la puerta de nuevo.

—Katniss… — me doy la vuelta y lo veo. Se ve mucho más sorprendido que Tye. — creí que era una broma de mi hermano. Estás aquí… — asiento.

—Eh si. — logro decir. — Tengo algo para ti. — le digo y ahora pareciera que el no sale de su impresión. Saco la caja de mi abrigo y se la entrego.

—Katniss esto es… — luce feliz, asombrado, impactado, todo en una misma cara.

—Feliz cumpleaños — digo antes de salir corriendo a mi casa. Ya no podía con la vergüenza.

¿Qué diablos hice? Solo pagué una deuda, ¿cierto? Me alimentó dos veces. Se lo debía. Ahora me ignorará, ya estamos a mano. Todo está bien.

Me acuesto en mi cama y ruego dormir pronto. Mi cara arde demasiado. Espero mañana no se acuerde de esto.