Memorias de Navidad
Todo es música y alegría a mi alrededor, las personas que pasan a mi lado se detienen para elogiar mi atuendo de este año, soy la pastorcita número 3, la más pequeña del grupo debo agregar, y eso me hace muy feliz.
Faltando tres minutos para dar inicio a la ya tradicional peregrinación, me despido de mi mamá, y mi hermanito y yo nos colocamos junto a los demás pastorcitos.
Es 23 de diciembre de 2006, y esta es la segunda ocasión que participo en la pastorela de mi comunidad, tan solo tengo 4 años, pero me gusta pensar que ya soy toda una gran actriz.
Despego la vista de la vieja fotografía y doy un suspiro, hace mucho tiempo que no revisaba mis tesoros de la infancia. Al mirar el trozo de papel entre mis manos los recuerdos de aquellas tradiciones navideñas inundaron mi mente, fue como si viajara en el tiempo, a esos días cuando mi abuelita seguía con nosotros, cuando éramos una familia unida, cuando la calle fuera de mi casa era bellamente ornamentada con guirnaldas para celebrar la navidad. Aunque en el presente las cosas son muy distintas, esos momentos aún representan lo más importantes de esta festividad.
Un grupo de personas cantando villancicos con velas que iluminan nuestro camino,
un beso por un dulce,
una pañoleta en mi cabeza y un pandero entre mis manos,
un telón pintado por nosotros mismos,
nervios y emoción por salir a escena,
risas por mis absurdas tres líneas,
mi familia mirando mi gran actuación
la caída del telón y el último y más grande "Feliz Navidad" por parte del pequeño elenco.
Un abrazo de mi mamá y la maravillosa visión de toda mi comunidad reunida como cada año,
un bolo olor a cacahuate y naranja
un plato y un vaso esperando a ser servidos de pozole y agua de jamaica, hecha por mi abuelita,
una piñata de mil colores en forma de estrella,
un gran baile con la Sonora dinamita de fondo,
un intercambio de tazas, calcetas y demás pequeños detalles,
un último abrazo y los mejores deseos para esta navidad,
una felicitación por parte de mi abuelita antes de irme a dormir.
Lo anterior sucedido por la tradicional cena de nochebuena el 24 de diciembre,
la colocación del niño en el pesebre,
los abrazos a las 12:00 en punto,
la gran fiesta,
los fuegos artificiales y las luces de bengala,
el brindis de los adultos,
mi zapato bajo el árbol,
y mi último pensamiento por cuáles serán mis regalos al despertar.
Una lagrima resbala por mi mejilla mientras coloco la fotografía en la repisa. Hoy en día tal vez las tradiciones ya no son las mismas, los pequeños pastorcitos hemos crecido y algunos de los adultos que aplaudían por nuestra interpretación, ahora nos miran desde un mejor lugar, pero esos momentos se convertirán en hermosas historias que contare a mis hijos y ellos a sus hijos con la esperanza de que otra niñita pueda usar el pandero que yace al fondo de la caja y pueda recrear la fotografía que descansa en la repisa.
