Era un hermoso día en uno de los numerosos estados de América, para ser más concretos el famoso estado de Ohio, que albergaba unos de los principales centros industriales de Estados Unidos, las aves cantaban, las flores brotaban, la gente salía con su mejor sonrisa forzada a realizar su rol en el mundo, ya sea bueno o malo, con beneficios o pérdidas.

La luz caliente que emanaba nuestro enano amarillo del Sistema Solar penetraba la ventana para entrar en aquella solitaria y gris habitación, hasta llegar a su destino que sería un joven con cabello negro algo largo y desordenado, con unas cejas y nariz promedio y de piel morena, que dormía plácidamente y estaba totalmente estático en una literatura bastante desgastada, que parecía sacada de una típica escena de terror.

Cuando aquel rayo luminoso finalmente llegó a su cara de un momento a otro abrió los ojos de manera repentina, sin hacer ninguna otra acción típica de aquel preciso momento como sería el bostezar o estirarse.

Como si estuviera ya programado cual máquina, sin muchas ganas caminó lentamente hacia el servicio para iniciar su día.

Cuando abrió la puerta del baño lo primero que vio fue su reflejo en el espejo, consecuente a eso comprobar el gran moretón que yacía en su ojo derecho, de manera tranquila posó una de sus manos en aquella herida, frotando suavemente su piel dañada con las yemas de sus dedos y contemplando aquella violeta marca, negando con la cabeza relajó su mente y eliminó aquellos pensamientos que carcomían su mente debido a la fatal noche de ayer.

Pero antes incluso de poder coger el cepillo para empezar su limpieza bucal la puerta del baño se abrió bruscamente dejando ver a un robusto hombre uniformado con una mirada para nada agradable.

-Niño, el director te quiere ver... Ahora- claras y directas fueron las palabras de aquel hombre que solo se cruzó de brazos esperando inmediatamente que aquel chico obedeciera la orden.

Encogiéndose de hombros se miró una última vez en el espejo antes de suspirar y con un sentimiento de rendición total, salió del baño en dirección a la salida.

Sabiendo que ya conocía bien el camino, el hombre solo miró con fastidio como aquel joven salía perezosamente de aquella habitación, escupiendo en su cama se dispuso a ir detrás del adolescente con una mano posada en su bate negro.

Solo por si acaso.


-Es la cuarta vez en esta semana que vas causándome dolores de cabeza mocoso... sigue así y tu trasero acabará en un sitio peor que este- sobándose la cabeza el director general operativo de aquel reformatorio para jóvenes delincuentes solo suspiró de manera cansada por las acciones de aquel problemático muchacho.

Aparentemente ayer cuando ya era su última hora de trabajo y por ende la hora de disfrutar de su ansiada taza de café diaria, le llegaron noticias de que el mocoso violento le había partido la nariz y le había volado algunos dientes a su compañero de habitación, que fue trasladado a otro reformatorio en Kentucky, lo que le costó más papeleo, más horas de trabajo y de tener que estar despierto toda la puñetera noche debido a aquel muchacho.

-Lo siento... pero ese dolor de culo con patas estaba meando en mi cama cuando volví de la cena, ese maricón ya llevaba chingándome varios días seguidos- explicó el chico con cierta satisfacción mientras se rascaba un poco el cuello, dejando ver marcas rojas en los nudillos de sus manos a causa de los golpes que había dado anoche.

-No me interesa que haya meado en tu pocilga, no vuelvas a hacer algo así de nuevo... ahora largo de mi vista- John realmente quería que ese adolescente de mierda se fuera ya y dejase de causarle tantos problemas.

En secreto deseaba que nunca lo hubieran atrapado, quizás así tendría algo de paz en su día a día.

El chico solo sonrió como una manera de decir que sí y se guardó las manos en los bolsillos bastante despreocupado, realmente no le importaba demasiado si le echaban de ese cuchitril para meterlo en un sitio peor, o incluso dejarlo en la intemperie de las oscuras calles de Estados Unidos, que para un chico de su edad podría llegar a ser el mismísimo infierno.

Dándole la espalda al director, comenzó su andar lento hacia su habitación para terminar lo que dejó pendiente, que era su aseo personal matutino, cuando finalmente salió de aquella sala el cuerpo de John se desplomó en su cómodo asiento con bastante cansancio, dejando ver el estrés que aquel chico estaba provocando en su vida con tan solo estar allí presente unas pocas semanas.

-Sé que no nos llevamos muy bien Universo, pero si me estás escuchando, te pido por favor que hagas que ese cabrón se largue YA- fueron los desesperados pensamientos que tenía el director en aquel momento, realmente quería regresar a su vida normal y feliz.


El día transcurrió con normalidad para nuestro protagonista, haciendo sus tareas e ignorando las diversas miradas dirigidas a su persona de los otros adolescentes que allí residían.

Llegando a una de sus horas más tranquilas, que era la del patio, se sentó en una solitaria banca de madera observando a sus compañeros pasar el rato.

A pesar de las horribles habitaciones y el constante olor a sudor que yacía en los dormitorios el patio para sorpresa suya era bastante decente para sus estándares ya establecidos de su primera impresión.

Aquel espacio tenía un campo de cemento ya bastante antiguo pero transitable junto a un pequeño campo de fútbol compartido con unas canastas de baloncesto.

Al parecer les daban opción de jugar los dos deportes si así lo deseaban, con un rostro de piedra observaron a sus compañeros jugar un pequeño partido de Basketball, observando el encuentro se dio cuenta de lo mal que jugaban, pero enseguida descartó esa idea de su cabeza.

¿Después de todo lo importante de los deportes es divertirse no?

Alejándose de sus pensamientos de inmediato percibió la pelota de baloncesto volando hacia su cara con bastante fuerza, con una mirada aburrida la paró con una mano y entrecerró los ojos ante los otros adolescentes que venían acercándose a él.

-Oye rarito, nos falta uno ¿Quieres jugar en nuestro equipo?- dijo el que parecía ser el capitán del otro equipo, de piel oscura y pelo rizado negro, realmente no le parecía que ese muchacho tenía madera de deportista, pero igual seguía siendo una adición más para su equipo.

-¿Cómo que te falta un hijo de puta? ¡Tu equipo nos lleva una persona de ventaja! ¡Él se unirá con nosotros!- exclamó el otro capitán, que era de tez blanca y pelo castaño, los dos adolescentes empezaron a discutir fuertemente sobre el tema gritando, incluso llegando a empujarse entre ellos.

-Simios imbéciles...- realmente le estaba fastidiando los chillidos que los dos estaban pegándose entre sí mientras los miembros de sus respectivos equipos animaban a su líder.

Ya cansado del ruido el chico se levantó de su banca y empezó a caminar con paso lento pero seguro, botando la pelota y acercándose a los jugadores de manera peligrosa y con una mirada desafiante.

Tras llegar al campo los dos capitanes esperaron impacientemente el equipo que elegiría, pero para su sorpresa y estupefacción el chico se dirigió a la mitad del campo, aún botando aquella pelota con suma tranquilidad y calma, incluso con un rostro inexpresivo comenzó a observar cada uno. de los jugadores, analizándolos.

-Ustedes contra mí solo... ¿Qué dicen? - con una expresión imperturbable y un tono serio dejó de botar la pelota para comenzar a girar la pelota con su dedo índice, esperando con paciencia la respuesta de sus compañeros.

Siete era el número total de jugadores, los capitanes incluidos, éstos mismos se miraron entre si y empezaron a reír fuertemente mientras chocaban los cinco entre ellos, esta acción no parecía inmutar la seguridad del muchacho, que seguía girando el balón en su dedo ahora con una mirada de aburrimiento.

Deteniendo su risa los adolescentes hicieron un círculo, parecía que discutían algo entre ellos, después de un par de segundos se detuvieron y encararon al chico que los estaba desafiando, que extrañamente estaba en la misma posición, esperándoles.

Sin decir nada más y sin avisar tres chicos corrieron en dirección al joven problemático para intentar quitarle la pelota, intento que fue en vano ya que éste los esquivó con una agilidad asombrosa y con una habilidad impecable con la pelota, burlando el patético intento de arrebatarle el balón el joven avanzó rápidamente a través del campo.

Ya en la canasta los otros 4 se interpusieron en su camino para evitarle el paso y la posibilidad de encestar, pero lo que definitivamente no se esperaban era que su único rival les diera la espalda y lanzara el balón con bastante fuerza.

Esta acción provocó la victoria del chico.

Mirándolos con cierta decepción el joven escupió al suelo y procedió a retirarse con las manos en el bolsillo al banco donde éste estaba anteriormente sentado, dándoles a sus compañeros la sensación de no ser nada para él.

-Ese hijo de perra está muerto...- declaró el capitán de piel oscura mientras miraba con ira al chico que los miraba con una sonrisa y con una mano apoyada en su barbilla.

-¡¿LO HAS OÍDO CARA DE VERGA?! ¡ESTÁS MUERTO!- gritó el otro capitán que estaba rojo de la ira que sentía en aquel momento.

La única acción que hizo el adolescente ante las amenazas fue sacarles el dedo medio.


Definitivamente hoy estaba siendo un grandioso día para Larissa Weems, la directora de la Academia Nunca Más, la mañana fue estupenda, no hubo ningún incidente fuera de lo normal.

Si es que se podía considerar normal que uno de sus estudiantes destrozara las mesas del invernadero con sus garras a causa de un repentino impulso desconocido.

Simplemente pensé que era cosa de licántropos, afortunadamente nadie salió herido y el joven que lo provocó no opuso resistencia a ser encarcelado en las Jaulas Lupen hasta el próximo aviso.

Pero aquello no era lo que realmente le ponía particularmente feliz en aquella ocasión, lo que verdaderamente lo provocaba era el alivio de quitarse el peso de encima de por fin encontrar a aquel escurridizo chico que había estado buscando durante semanas.

Era como un fantasma, cada vez que parecía que estaba a punto de dar con su ubicación él se alejaba más y más, el que no tuviera residencia fija, algún documento de identificación o incluso algún contacto cercano no la ayudaba demasiado en su objetivo, pero finalmente tras acabar su duro día de trabajo en aquella misma tarde recibió un informe de uno de sus "buscadores" del lugar específico en el que se encontraba.

No le extrañó en lo más mínimo que estuviera en un reformatorio, después de todo todas las veces que escuchaba algo de él no eran precisamente las mejores cosas, lo llamaban 'causa perdida' 'caos puro' 'problemático' .

Al parecer estando allí le habían obligado a hacerse un documento de identificación para que el joven pudiera tener Nacionalidad Estado-Unidense, que se encontraba a medias debido a que el chico se negó a dar cierta información, su nombre incluido.

Se sorprenderá genuinamente de que el mocoso fuera un normie, pero eso solo lo hacía aún más interesante bajo sus ojos.

Pero dejando de lado esos pensamientos examinados desde la ventanilla de su vehículo el famoso reformatorio llamado "Reformatorio de Corrección y Rehabilitación de Ohio", viajó desde Vermont hasta Ohio solo para intentar poder llevarse al chico a su Academia, el ser una vieja conocida del director aumentaba aquella posibilidad.

Así que parando su automóvil, y posterior a eso, abriendo la puerta, se dispuso a entrar en el edificio.


PAM

PAM

PAM

Era el sonido que se escuchaba en la ahora solitaria habitación del joven, que se encontraba ahora mismo jugando con una pequeña pelota saltarina de goma multicolor, lanzándola y haciendo que rebote contra la pared para volver a agarrarla y repetir el proceso en lo que parecía un ciclo sin fin.

De repente la puerta que conectaba al salón de los pasillos se abrió, dejando ver al mismo guardia de esta mañana, que tenía el ceño fruncido y parecía de mal humor, a veces el chico se preguntaba si este hombre sabía lo que era sonreír.

-Tienes visita... ven- con una voz grave y profunda el hombre dejó aquellas palabras en el aire mientras se cruzaba de brazos y daba unos pasos hacia atrás aún con la puerta abierta, parecía estar esperándole.

El muchacho no lo mostró pero sintió bastante confusión sobre aquello dicho por el guardia, por su mente surgieron millones de pensamientos acerca de quién podría querer verlo, probablemente una persona que se confundió, alguien que lo llevase buscando para algo en concreto, o tal vez un simple pero complejo algoritmo creado por un anónimo para que saliese de allí sin ninguna consecuencia a la larga.

La opción más probable era la segunda, pero simplemente se encogió de hombros y siguió al hombre, con curiosidad de quién podría ser.

El camino hacia la habitación de visitas fue tranquilo y sin ruidos molestos puesto que desde las 8 de la noche estaba estrictamente prohibido hacer sonidos demasiado fuertes.

Tras llegar a la puerta de la sala esperada el chico tomó con su mano el tomo de la puerta, girándolo muy lentamente y haciendo que rechinase de una manera muy fastidiosa, haciendo que su acompañante ahora presente lo mirara mal y se le crispara una ceja.

Jamás se aburriría de molestar a aquel hombre.

Para alivio del guardia la puerta finalmente fue abierta dejando al chico contemplar a su supuesta visitante.

Era una mujer notablemente alta, notablemente, con cabello rubio y ojos azules. Su cabello parece que esté peinado a la perfección y usa maquillaje, sobre todo su constante lápiz labial rojo. Estaba usando un abrigo largo blanco con un cuello exagerado, parecía que mantenía una apariencia adecuada y profesional.

Sin saludar o decir nada el chico entró en la habitación y se sentó en la silla que se encontraba en frente de donde estaba sentaba la mujer, analizándola con desinterés mientras se rascaba la oreja, y así el guardia cerró la puerta de esa habitación dándoles total privacidad.

Permanecieron mirándose las caras el uno al otro durante varios segundos, una con una sonrisa de suficiencia y el otro con una mirada neutral.

-¿Y bien?- rompiendo el hielo el chico hizo su pregunta.

-Realmente me sorprendes... Luke, Antonio, Jack, Eli, ¿Cómo debería llamarte pequeño delincuente?- la sonrisa que tenía jamás dejó su rostro, en respuesta el chico solo bostezó un poco con pereza al ya saber que si esta señora lo buscaba, era probable que también supiera algunos de sus seudónimos que utilizaba.

-No me interesan tus juegos... ¿Qué quieres de mí? - el aburrimiento fue reemplazado con seriedad en un instante, con una mirada gélida el adolescente esperó pacientemente la respuesta de la directora.

-Ayudarte nada más... ¿No estás cansado de este sitio? ¿No quisieras... salir de aquí?- preguntó la rubia de forma sugerente.

-... ¿Cuál es el truco?- el muchacho sabía que ella no mentía sobre el darle la posibilidad de salir de aquel sitio, pero como todo en la vida, si quieres algo debes de dar otra cosa a cambio.

-Soy Larissa Weems, la directora de la Academia Nunca Más, se encuentra en Vermont, el trato es simple, yo te saco de aquí y tú vienes a estudiar ¿Sencillo no?- finalmente la mujer se presentó y dio a conocer sus intenciones.

-¿Nunca Más? vaya nombre de mierda...- no pudo evitar burlarse de ello, aquella acción provocó que a la directora se le congelara su sonrisa y se le formara un tic nervioso en la boca al escuchar lo que dijo el adolescente, pero reprimiendo sus ganas de ahorcarlo ahí mismo, siguió esperando la respuesta a su propuesta.

-Así que básicamente... ¿Quieres sacarme de este agujero para meterme en otro?- preguntó el chico levantando una ceja con recelo.

-Lo que quiero es ayudarte... tienes un gran don, muchas cosas que hacer y mucho por lo que vivir... Pero estás aquí, desperdiciando tu tiempo y cometiendo tonterías- era como si una madre estuviera regañando a su hijo por alguna travesura o por comportarse maleducadamente.

El chico solo se quedó callado una vez más, odiaba admitirlo, pero esa señora tenía toda la razón, desde hace ya bastantes años no paraba de meterse en problemas, varias fueron las veces que tuvo que huir de la ley, extorsionar, estafar, herir, pero tampoco es que tuviera muchas opciones.

Realmente estaba cansado de esa vida, pero la prefería con toda su alma a tener que volver a ese maldito orfanato, si tuviera de nueva la opción de escaparse, lo haría sin dudar otra vez.

Meditándolo unos segundos, el chico sabía lo que tenía que hacer.

-... Iré. Cuando lleguemos ya hablaremos de las condiciones- la sonrisa de Larissa se ensanchó aún más y se reclinó en su silla como gesto de victoria, ya no había nada más que decir sobre aquello, todo estaba dicho.

-Genial, pero aún nos quedan unos minutos para que se acabe el tiempo de la visita... ¿No quisieras jugar una partida?- sugirió la rubia sacando un pequeño tablero de ajedrez portátil de su bolso negro en la pequeña mesa de cristal que los separaba ya su vez comenzaba a poner las piezas correspondientes, tomando ella las piezas blancas.

El joven explosivo solo sonrío.


Ya en el siguiente día y en la mañana, Larissa se llevó al chico a comprar algo de ropa y sus útiles que iba a utilizar en un no tan lejano futuro para poder estudiar.

Cuando llegaron de nuevo al reformatorio el muchacho se aventuró en solitario para poder recoger sus cosas y marcharse de una vez de ese mugroso lugar, como dos de sus maletas ya se encontraban en el automóvil de la mujer, solo reconoció lo único que le pertenecía a él, una mochila azul algo vieja.

Ya estando listo, el chico salió de su ahora antigua habitación, no obstante antes de salir se llevó una pequeña sorpresa.

-Tienes suerte de que mami te haya salvado maricón- de camino al pasillo que conducía a la puerta de la salida uno de los que jugaban baloncesto el día anterior lo cogió de su camisa para decirle esas palabras.

El problemático adolescente se abstuvo de decir cualquier palabra y separándose del agarre del otro adolescente siguió con su camino, ignorando la furiosa mirada que le estaba dando al otro chico.

Ya saliendo por fin del edificio donde una impaciente Larissa con su coche encendido lo esperaba, se dirigió a la parte trasera del automóvil para abrir el maletero.

Dentro del reformatorio se podía ver al director general operativo vio con alivio desde la ventana de su despacho como aquel chico colocaba su mochila en la parte de atrás del coche de su vieja amiga, finalmente su mayor deseo se había cumplido.

Finalmente...

¿Era libre?

-¿Hm?- con uno de sus dedos se tocó la mejilla izquierda sintiendo una sensación húmeda.

¿Estaba llorando?

¿Tanto daño mental le había ocasionado ese mocoso?

Realmente necesitaba su café diario ahora mismo.

Esperando pacientemente que su máquina Nespresso preparara su elixir de la vida, rememoró los momentos anteriores a la gloriosa escena que estaba presenciando y celebrando.


-¡NO LARISA NO! ¡ESE CHICO ES MUY INESTABLE! ¡¿QUÉ CREES QUE PODRÍA HACER EN TU ACADEMIA ALGUIEN TAN PELIGROSO?!- gritó con furia el director, había sido una mañana tranquila y realmente aunque no lo dijera, se alegró de ver a su vieja amiga de visita una vez más, tal vez después de su turno de trabajo podría quizás ir a un café para ponerse al día.

Pero realmente jamás de los jamases se esperó que pidiese una cita para poder ver a su mayor pesadilla, pero no le importó, lo que realmente le sorprendió y le enfureció fue el hecho de que después de su visita al chico, la directora le viniese a pedir personalmente el derecho de sacarlo de aquí y llevarlo a su Academia, le preocupaba profundamente de lo que sería capaz ese muchacho sin ataduras y sin restricciones.

Ante aquel chillido Larissa ni siquiera se inmutó, con su compostura tranquila y profesional dio un pequeño suspiro, recordando lo cabezota y terco que podría ser su amigo en ciertas ocasiones.

-John... ese chico es especial y necesita ayuda... ayuda que solo yo puedo brindarle- dijo de forma segura y confiada, como si tuviera el control total de la situación y control de que el chico no haría ningún desastre.

-En lo único especial que es ese mocoso es en causar problemas por doquier- las palabras fueron dichas con un tono serio y desesperado, el director sacó de su chaqueta un pequeño pañuelo blanco para secarse un poco las gotas de sudor que se generaban en su frente.

La mujer llamativa una vez más y de su bolso sacó una pequeña carpeta marrón, con elegancia y delicadeza lo dejó en el escritorio del director que, con mala gana, lo tomó bruscamente y observó su contenido.

Mientras sus ojos vagaban de izquierda a derecha leyendo el documento, más se abriría su boca, fruto de su sorpresa y estupefacción.

Cuando terminó de leer el informe, solo pudo bajar la cabeza mientras se tomaba el puente de la nariz con sus dedos, dejando el objeto en su escritorio.

Manteniendo esa sonrisa que la caracterizaba Larissa tomó la carpeta y la guardó nuevamente en su pequeño bolso negro, para posteriormente dirigir su mirada hacia su compañero, que seguía en aquella posición.

-John ese chico... le hice varias pruebas, incluso le hice dos exámenes de Universidad de física y matemáticas avanzadas... sacó una puntuación perfecta- habló Larissa con suma tranquilidad, tras la pequeña partida de ajedrez que tuvieron, donde perdió Rápidamente, convenció al joven de hacer algunas pruebas de inteligencia, entre ellas solicitudes, un test oficial entre otras cosas.

-¿Cuánto?- fue la pregunta dicha por el viejo hombre, que aún parecía consternado debido a la sensación anterior.

-No lo sé con certeza, lo único que sé es que... ese chico... tiene un Coeficiente Intelectual de más de 200 - explicó la directora.

Tras decir aquellas palabras el director solo se encogió de hombros como un gesto de rendición, admitiendo haber subestimado al muchacho por completo.

-Está bien... puedes llevártelo... pero con una condición-

-Te escucho alto y claro-

Estaba claro que no iba a dejar que ese chico se saliera con la suya sin antes dejarle un pequeño "regalo" de su parte.


Realmente jamás se esperó que aquel mocoso fuera un genio, aunque por su manera rara de actuar o el que siempre ganara a todo el mundo en cualquier juego de estrategia le hizo dudar a veces, pero lo verdaderamente importante era que por fin se habría librado de su mayor problema.

TOC

TOC

TOC

Se escucharon toques a la puerta, con un suspiro cansado el director les dio permiso de pasar. Resultaron ser dos muchachos, uno de piel oscura y pelo rizado, y el otro de tez clara y castaño.

-¿Para qué nos llamo director?- preguntó el de pelo rizado con confusión, que él recordara no hizo nada malo ni provocó ningún tipo de problema, esos mismos pensamientos eran los vagaban la mente del otro adolescente que lo acompañaba.

Ante esto John solo frunció el ceño con desconcierto, que el recuerde hoy no había llamado a nadie puesto que no había pasado nada fuera de lo común.

Pero antes de que alguien siquiera pudiera decir o hacer algo más...

¡BOOOOOOOM!

Una gran explosión se escuchó y ahora absolutamente cada rincón del despacho, incluidas las personas que allí se encontraban, ahora estaban cubiertas de pintura azul.

El de pelo castaño empezó a toser pues justo cuando aquella bomba de pintura detonó abrió la boca por la sorpresa.

El director sólo observaba su alrededor con un efecto cómico de cámara lenta, con una mirada abatida, cerró los ojos al mismo tiempo que apretaba sus puños con fuerza, se dejó caer en el suelo para quedarse arrodillado y dejó caer sus manos en el suelo.

Para mirar al cielo al mismo tiempo que tomaba aire para gritar.

-¡HIJO DE-


-¿Escuchaste eso?- fuera del edificio Larissa creyó escuchando el grito de alguien, sonaba desesperado y muy, muy, muy furioso.

-No...- la sonrisa que tenía el chico no se la quitaba nadie.

La directora solo rodó los ojos hacia arriba y negó con la cabeza las acciones de su ahora protegida.

Cuando finalmente el chico guardó sus pertenencias se sentó en la parte del copiloto en el coche y partieron rumbo a su destino.

Los minutos posteriores fueron bastante agradables, no había nada de tráfico, nada de ruidos molestos, pero no queriendo quedarse atrás, Larissa se dispuso a conocer mejor al muchacho que había sacado del reformatorio.

-Y bien... ¿Cómo te llamas en verdad? ¿No pretenderás usar un nombre falso no?- dijo la rubia en tono burlón, ante esta pregunta el chico giró su cabeza hacia la ventana, contemplando los verdes prados del campo que ahora estaban recorriendo.

-Matthew...- aquella respuesta corta pareció satisfacer a la mujer, pero aquella no sería la única pregunta dada.

-Bien Matthew, la Academia Nunca Más fue fundada solo para un propósito... ayudar a los marginados para que puedan crecer y aprender sin importar quién o qué sean- explicó de manera breve haciendo una pequeña introducción al lugar donde el chico se iba a quedarán los próximos meses.

Lo dicho por la directora despertó de inmediato el interés y la curiosidad de Matthew, que casi se rompió el cuello al girar su cabeza fugazmente para mirar a la cara a la mujer.

-¿Marginados?- era la primera vez que escuchaba esa palabra en aquel contexto, su curiosidad le estaba matando por dentro.

-Si Matthew... verás los marginados son personas con habilidades sorprendentes, como pueden ser los vampiros, los psíquicos, hombres lobo...- una parte del chico no quería creerse lo que acababa de escuchar.

¿Realmente esas criaturas existen? Y si era así... ¿Qué pintaba él en una escuela llena de monstruos?, afortunadamente su otra parte sabía que no mentía, realmente esperaba saciar su curiosidad en ese mismo instante.

-No sé que quieres que haga allí... no soy un 'marginado' - dijo Matthew haciendo comillas con sus dedos cuando dijo marginado.

Larissa solo suena levemente.

-Creo recordar que tenías 15 años... Un incomprendido de su antiguo orfanato del que huyó a los 6 años, al parecer hablas como 8 idiomas aunque no estoy muy segura... Escuché que resolviste el teorema de Pitágoras por tu cuenta con 3 años, bastante impresionante. Yo creo que eres tan marginado como cualquiera de mis alumnos- le sorprenderá la información que había recopilado del adolescente, creía que con una buena orientación y buenas amistades, podría llegar a retomar el rumbo de su torcido camino y ser alguien importante en la vida.

- Entonces yo sería como... ¿Un marginado en una escuela llena de marginados?- riendo un poco ante su propia broma Matthew se hurgó la nariz con su dedo índice izquierdo, sin importarle ni siquiera un poco que lo esté haciendo frente a una persona encima de su futura directora.

Larissa se llevó una mano al pecho de una forma bastante dramática dándole una mala mirada al joven genio.

-No digas eso... estoy segura de que encajarás bien ¿Quién sabe? Hasta tal vez hagas amigos...-

-Ya veremos Weems, ya veremos...- ajustando la posición de su asiento el chico se acostó con comodidad dejando escapar un largo suspiro de satisfacción.

-Por cierto... ¿Cuánto falta?-

-Como 10 horas-

-Joder...-


Tras las largas horas de viaje y llegando ya al estado de Vermont, Matthew pudo divisar en la distancia un pequeño pueblo que se escondía tras el largo y frondoso bosque, la carretera en particular le grababa a las escenas de una peculiar serie que vio en un Televisor de exhibición, 'The Walking Dead' si su memoria no le fallaba, cosa que, nunca pasaba.

Después de unos minutos más de conducir, finalmente se adentraron en aquel pueblo, según tenía entendido que se llamaba Jericho , a su punto de vista el pueblo no tenía nada de especial a parte de ser vecinos y estar involucrados con los marginados, aunque no estaría mal. ir a ver su parque temático 'Mundo Peregrino' , siempre le gustaron las recreaciones de sitios arcaicos, se sintió como si estuviera viajando en el tiempo.

-Matthew, este pueblo se llama Jericho, es el pueblo más cercano a Nunca Más, no hay mucho que pueda decirte sobre él... ya lo irás descubriendo por tu cuenta, aunque en mi opinión sus fiestas son muy divertidas- a Larissa le dio un toque de nostalgia de su juventud, cuando aún era una estudiante inexperta que usaba sus poderes para transformarse en el alcalde de ese tiempo y jugar con el pobre sheriff, ahora alcalde.

El chico no dijo nada y solo se limitó a contemplar por la ventana la pequeña ciudad, admirándola a pesar de no guardar nada interesante, tenía un extraño sentimiento de que varias cosas iban a pasar en este sitio, y no precisamente de las buenas. .

En un parpadeo, aparentemente ya se encontraba en lo que parecía ser su nueva escuela, una estructura que parecía sacada de aquel libro sobre un niño mago que leyó hace ya bastante tiempo, parecía bastante desgastado, además justo ese día y en ese momento el tiempo. era bastante fúnebre, con nubes grises que surcaban los cielos.

Muy buena primera impresión.

Como si fuera magia las puertas de metal que separaba el exterior con la institución se abrieron, dejando el paso para que la directora pudiese ingresar de nuevo en su amada Academia, Matthew se giró una última vez para poder ver el frondoso bosque.

Finalmente el auto se adentró por completo y las puertas se cerraron de manera lenta y macabra.

Hasta aquí el prólogo, pronto subiré el capítulo 1 y el 2, si tienen preguntas sobre cualquier cosa sobre la historia dejen una reseña y en la siguiente actualización con gusto las responderé.

Adiosssss.