Es bueno volver a verlos, mi nombre es Scrollos, y me dedico a narrar las historias de los héroes y villanos del universo. Se que los grandes campeones de ambos bandos son los que se llevan naturalmente el foco de los reflectores, pero no por ello debemos ignorar a aquellos que los ayudan a diario en su misión, pues también tienen sus historias que contar. Es por eso que me tomaré un momento de mi vida para narrarles las historias de estos individuos.
Está historia en específico transcurre en paralelo con la Batalla de la Jungla de Vid, y ocurre en un pequeño poblado cerca de la frontera con el Hemisferio Oscuro. Naturalmente estar tan cerca de un lugar tan de pesadilla hizo que el pueblo fuera el lugar idóneo para que la peor escoria se ocultara ahí, a salvó de las miradas de los Veintiún Reinos. O eso creían, pero desde la llegada de Rio Blast a Eternia, este ha estado viajando de pueblo en pueblo desmantelando el crimen organizado en nombre del Rey Adam, y en esta ocasión no estaba solo, pues estaba acompañado por Ileena, quien lo estaba ayudando a neutralizar un cartel de drogas en la zona.
Tras unas pocas horas de llegar al pueblo de incógnito, Rio Blast y Ileena por fin habían hallado la base del cartel. Para no llamar la atención, Ileena se colo dentro sin que nadie la oyera, y sin tardar elimino uno a uno a los guardias que custodiaban la entrada sin que ninguno de ellos se diera cuenta hasta que ya era demasiado tarde. Una vez eliminados, abrió la puerta para dejar pasar a Rio Blast.
— Dejeme decirle algo, señorita, usted si que sabe cómo moverse por estos lares —Reconocía Rio Blast.
— No es la primera base de un cartel de drogas en la que me infiltró —Revelo Ileena.
— Pues me alegro de contar con su ayuda —Dijo Rio Blast—. Bien, ahora es momento de buscar al jefaso de estos malandrines y así poder llevarlo ante la justicia.
Y sin perder más tiempo se adentraron más dentro de la guarida del cartel, hasta que oyeron unas risas desde una habitación en el fondo. Cuando se acercaron a la habitación y miraron dentro de la puerta que había quedado abierta, pudieron ver a varios narcotraficantes celebrando mientras su líder se burlaba de un hombre al que tenía prisionero.
El líder era un hombre Gar de piel pálida, baja estatura, bigote Fu Manchu, y ropajes verdes. El prisionero no era otro que Karryll, el guerrero Salamareriano que salvó al Príncipe Valen y a Andras durante la Batalla de Vaderia.
— ¡Oh, no! —Dijo angustiada Ileena al ver al Gar.
— ¿Sabes quién es? —Pregunto Rio Blast.
— ¡Es Jarvan, un hechicero Gar que He-Man encerró hace años en la Prisión Mina! —Explicaba Ileena—. ¡Es un desgraciado que usa una fuerte droga para someter a la gente a una horrible adicción y usarlos como sus peones en sus planes!
— Si, me he encontrado con escoria similar en Loredos y otros planetas en el pasado —Recordaba Rio Blast—. ¿Y conoces al otro?
— ¡Es Karryll, un guerrero Salamareriano que participó de nuestro lado en la Batalla de Vaderia! —Explico Ileena.
— ¡Bueno, miren quien quedó encerrado como una simple rata, el Salvador del Príncipe Valen!, dime idiota, ¿Que te hizo pensar que tú solo podrías derrotarnos a todos nosotros? —Quiso saber Jarvan.
Karryll tan solo le escupió en la cara y lo miro con asco. El tenía a la raza Gar en alta estima, pero está basura de persona le asqueaba hasta lo más profundo de su ser.
— ¡Serás hijo de puta! —Maldijo Jarvan al tiempo que le lanzaba un hechizo de electricidad para torturarlo—. ¡Rayos y truenos que a la tierra van a impactar, hagan que este infeliz se refuerza en este lugar!
— ¡Así es jefe, dele una lección a ese niño bonito! —Grito uno de los narcos.
— ¡Quiero oír sus gritos de dolor! —Ansiaba otro.
— ¡Debemos salvarlo! —Exclamo Ileena antes de ser detenida por Rio Blast—. ¡¿Que te pasa?!
Rio Blast apunto a Karryll, quien no iba a darles la satisfacción de oírlo gritar de dolor, en cambio se hecho a reír por más que su cuerpo se retorciera de dolor, enojando aún más a Jarvan.
— ¿¡Que te resulta tan divertido, no vez que estás encerrado y a nuestra merced!? —Quería saber Jarvan.
— Eso es lo que me da gracia, que pienses que tú tienes la situación bajo control —Dijo Karryll para segundos después escupir algo al suelo.
El objeto era una bomba de humo, y tan pronto toda la habitación estuvo llena, Karryll se escapó de su celda sin que nadie supiera como y agarrando una espada de un narco, empezó a cortar gargantas. Rio Blast y Ileena se unieron poco después, ayudando a acabar con más narcos hasta que solo quedó Jarvan.
— ¡Por la autoridad concedida por el Concilió Eterniano, se te declara culpable de tráfico de drogas, trabajo esclavo, y retención de rehenes, será mejor que vengas sin resistirte o esto se pondrá feo! —Exclamo Rio Blast.
— ¡Te haremos pagar por todas las vidas que manipulaste! —Juraba Ileena.
— Sin duda hablas por experiencia propia, dime, ¿El rey ya te ha perdonado por casi matarlo debido a a tu adicción? —Pregunto Jarvan para hurgar en las heridas de Ileena.
— ¡Maldita escoria, deja de meterte con las cicatrices emocionales de una dama! —Exclamo Karryll.
— Tan solo tenía curiosidad, quería saber si el nuevo rey es más piadoso que el anterior —Decía Jarvan—. ¡Además sirve como buena distracción!
Y procedió a tirar de una palanca escondida para abrir una compuerta bajo los pies de los Amos. Pero para su sorpresa, Rio Blast, Ileena y Karryll reaccionaron con rapidez y se quitaron antes de que la compuerta se abriera.
— ¡Por favor, ¿Sabes cuántos malandros me hicieron el mismo truco durante años?, ya no hay forma en que caiga en un truco tan gastado! —Afirmo Rio Blast.
— ¡Lo mismo va para mí! —Afirmo Ileena.
— ¡Y lo mismo para mí, eres demasiado cliché! —Le insulto Karryll.
— ¡Ya veremos quien ríe al último cuando… —Y recibió un disparo por parte de Rio Blast antes de que pudiera convocar otro hechizo.
— ¡Bueno, esto resuelve el problema, te espera una buena temporada en la Prisión Mina, colega! —Afirmo Rio Blast mientras cargaba al derrotado Jarvan como un saco de papas—. Ahora es tiempo de destruir las drogas aquí presentes.
Ileena estaba extasiada de destruir las drogas ella misma, el solo estar cerca de ellas la ponían de los nervios. Rio Blast y Karryll también la ayudaron a quemar el lugar hasta las cenizas. Una vez afuera.
— Se que es de mala educación preguntar, ¿Pero como es eso de que el Rey Adam casi muere por tu adicción? —Quería saber Rio Blast.
— ¡Más respeto, no hurgues en sus heridas! —Exclamo Karryll.
— No, está bien, tiene derecho a saber —Dijo Ileena—. Fue hace veinte años, la Gran Agitación estaba en su punto de máxima carnicería, y aún faltaban seis años para que terminará. Durante aquellos años yo tenía un fuerte complejo de inferioridad con respecto a mis amigas, Teela y Andra, fue entonces cuando un recién fugado de la Prisión Mina Jarvan me encontró, el me ofreció una poción para mejorar mis habilidades físicas y un anillo para convocarlo cuando quisiera más, cosa que acepte sin pensarlo, lo que no sabía era de la fuerte sustancia adictiva que se hallaba en la poción, y así fue que terminé como la esclava de Jarvan, durante meses hice todo lo que me pidió para poder tener más poción, pues sentía que perdía la cordura si no la tomaba constantemente. Aún recuerdo las cosas horribles que me hizo hacer, las cosas degradantes que me obligó a realizar, y cuando al fin se aburrió decidió que era hora de vengarse del Rey Randor y de He-Man por haberlo encerrado en la Prisión Mina, el quería herir al Rey Randor en dónde más le dolía, su hijo. Puede que no lo parezca, pero el Rey Randor ama a su hijo, y verlo herido era una buena forma de lastimarlo a el.
— ¡Maldita rata! —Injurío Karryll.
— ¿Y que paso? —Pregunto Rio Blast.
— Atraje al Príncipe Adam a una trampa. Por aquellos días el Príncipe Adam reprimía y se negaba a aceptar sus obvios sentimientos románticos por Teela, por lo que se iba con toda chica con una cara bonita y buen cuerpo que pudiera distraerlo de ella. Y de esa forma pude llevarlo a un pueblo apartado de la mano de la Diosa, en dónde Jarvan procedió a atacar al Príncipe Adam, dejándolo al borde de la muerte, los recuerdos siguientes están todos borrosos a partir de ese punto debido que procedí a tomar tanta poción que sufrí una sobredosis. Lo único que recuerdo es que me desperté en la cama de la enfermería del Palacio Real, en dónde un muy mal herido Príncipe Adam trataba de convencer a su padre de que no me ejecutarán, al parecer He-Man apareció en el último minuto y nos salvó a los dos, mandando de regreso a Jarvan a la Prisión Mina.
— Si estás aquí hoy significa que pudo convencerlo de perdonarte la vida —Dijo Rio Blast.
— El Rey Adam se oye cómo un buen tipo —Expreso Karryll.
— Nunca dejaré de estar en deuda con el Rey Adam, el me salvó la vida a pesar de haber conspirado contra la suya por drogas, me tomo mucho tiempo pero pude finalmente superar mi adicción, y desde entonces me esfuerzo cada día por ser útil para los Amos del Universo, para que así el Rey Adam no se arrepienta de haberme salvado la vida —Termino de explicar Ileena.
— No conozco mucho al rey, pero puedo decir con total seguridad de que no se arrepiente, sin duda alguna eres una gran Ama del Universo —Afirmo Rio Blast—. Ahora dejemos de hurgar en tu doloroso pasado y llevemos a este rufián a la cárcel, de preferencia una de la cual no pueda escaparse.
— ¿No vienes con nosotros? —Le pregunto Ileena a Karryll.
— No, estoy bien así, tan solo quería que este infeliz dejara de traficar drogas por esta zona, nos vemos en otra, Amos —Y se fue sin decir palabra.
— Hizo lo mismo tras la Batalla de Vaderia, se fue así sin más —Recordo Ileena.
— Que muchacho más peculiar —Dijo Rio Blast.
— Sin duda. Bueno, es hora de irnos.
Y fue entonces cuando procedieron a irse de ese lugar para llevar a Jarvan ante un jurado, esperando que esta vez lo mandé a un sitio del que no se pueda escapar. Entonces Rio Blast se dió la vuelta, agarro a Karryll, y se la llevó con ellos de todas formas, quisiera o no.
