Syrenne había estado pensando bastante sobre lo dicho por la Reina Teela en la Batalla de la Jungla de Vid acerca de su habilidad con el rifle, y tras mucha deliberación interna llego a una decisión, ahora estaba de camino a un pueblo en Zarkoran junto a su padre para ver a un viejo amigo de la familia que le puede ayudar a pulir sus habilidades con las armas a distancia.
— Me alegra que hayas aceptado venir a entrenar con Arten, hija, ya verás como mejoras con su entrenamiento —Decía Clamp-Champ conduciendo el Wind Raider.
— ¿No estás molesto con que dejara de intentar emular tu estilo? —Preguntaba Syrenne.
— Para nada, es más, me alegra que hayas decidido tomar tu propio camino, yo no llegue a dónde estoy ahora al haberme estancado en un estilo que no me servia —Dijo sonriendo Clamp-Champ calmando la conciencia de su hija.
— Gracias papá —Dijo genuinamente.
— No hay de que, hija. Te va a encantar su hogar, su esposa es jn encantó y sus hijos te van a caer bien —Prometía Clamp-Champ.
Tras unas horas volando el continente finalmente llegaron al Reino de Zarkoran, específicamente a una aldea en la frontera en dónde vivía Arten y su familia. Tras aterrizar y que Clamp-Champ fuera a tocar a su puerta, Syrenne empezo a intentar relajarse y no parecer tensa al momento de verlo.
Una vez Arten abrio la puerta Syrenne pudo verlo con claridad, se trataba de un hombre de piel oscura tan alto como su padre y con una gruesa barba capaz de competir con la de Fisto, vestía una coraza y botas verde con un taparrabos marrón peludo, a su lado estaba su esposa, tenía piel caucásica y cabello rubio, vestia un vestido azúl bastante simple pero bonito cuya falda le llegaba hasta los pies.
— ¡Arten, Lahri, cuanto tiempo sin verlos! —Exclamo Clamp-Champ bastante felíz.
— ¡Raenius, que grata sorpresa, no esperaba que vinieras! —Dijo Arten abrazando a su viejo amigo.
Mientras los dos hombres terminaban de saludarse Lahri se percato de Syrenne.
— ¿Syrenne? ¡Por la Diosa, si que has crecido, la ultima vez que te vi eras apenas una bebita! —Dijo Lahri pellizcando las mejillas de Syrenne para la vergüenza de esta—. ¿Pero dónde esta tu her…
— ¡No hablamos de ese tema! —Exclamaron padre e hija al unisono.
— Toque un tema sensible, ¿Verdad? —Pregunto Lahri.
— Lo siento, es solo que no nos gusta hablar de eso —Dijo Clamp-Champ frotandose la mitad de la cara.
— Mejor entremos y cambiemos de tema, por favor —Pidío Arten.
Tras entrar Clamp-Champ y Syrenne le explicaron el porque de su visita, a lo que Arten estuvo de acuerdo en ayudar a Syrenne a pulir su puntería. Tras eso Syrenne paso a entrenar durante los siguientes días con numerosas dianas preparadas por Arten, algunas eran estacionarias, otras se movían por un sistema de poleas operado por sus dos hijos, un niño y una niña, otras estaban muy altos en los árboles del bosque que está justo al lado de la aldea, otras muy lejos, y así muchas más. En todos estos casos Syrenne demostro una puntería excepcional al acertar en cada una de ellas sin muchos problemas.
— ¡Guau, si que es buena! —Expreso Lahri.
— Sin duda, ella tiene un talento nato —Dijo Arten—, sin embargo veamos cómo le va contra mi en una competencia.
— Se gentil con ella, amor, que apenas es una novata —Le pedía Lahri.
— Si soy gentil con ella se perdería el punto de que mejore, es mejor que vea cómo lo hace un profesional —Dijo Arten.
Luego de que sus hijos pusieran cerca de doscientas dianas por todo el campo de tiro, llegó la hora de probar las habilidades de Syrenne contra un oponente experimentado.
— ¡No pienso perder! —Exclamo Syrenne.
— Eso está por verse, no en vano me llaman Hot-Shot en las filas de los Amos del Universo —Decía Arten.
— ¡Vamos papá! —Le animaba su hijo.
— ¡Tu puedes hacerlo! —Exclamaba su hija.
— ¡La competición inicia en 3, 2, 1, fuego! —Avisaron los dos niños al mismo tiempo.
Antes de que Syrenne pudiera siquiera apuntar con su rifle, Arten ya estaba aventajandola por veinte dianas destruidas en cuestión de segundos. Al ver esto ella se puso más seria y trato de alcanzarlo lo mejor que pudiera, dándole a varias dianas en el centro, pero por más rápida que fuera, Arten seguía superandola y al final el fue el ganador.
— ¡Joder! —Exclamo Syrenne llevándose una mano a la frente—. ¿Cómo eres tan rápido?
— Años de práctica. Es solo cuestión de tiempo para que tú también alcanzes mi nivel, así que por favor no te rindas —Le decía Arten.
— ¡No pienso rendirme llegado a este punto! —Dijo Syrenne con determinación.
— ¡Ja, ja, me gusta oír esa respuesta, en tal caso prepárate, que ahora sí empieza el verdadero entrenamiento! —Exclamo Arten.
Y así los meses pasaron mientras Syrenne pulía cada vez más su habilidad con el rifle de la mano de su maestro. Cada día su velocidad y reacción mano-ojo mejoraba significativa mente. Entonces un día Syrenne decidió ir por la revancha.
— ¿Segura? —Pregunto Arten viendo las noticias acurrucado con su mujer.
— Estoy más que segura, es hora de ver el verdadero fruto de mi esfuerzo —Dijo Syrenne.
Arten se miro con Lahri durante unos segundos antes de que ambos estuvieran de acuerdo.
— Muy bien, que así sea, veamos cuánto has mejorado —Dijo Arten con una sonrisa—. Morien, Laina, vayan a preparar el campo de tiro.
— ¡Si papá! —Respondieron los dos al unisono.
Tras preparar el campo los dos niños se apartaron del sitio y fueron con su madre para ver la competencia.
— ¡Adelante! —Exclamo Morien.
— ¡Los dos pueden! —Les ánimo Laina.
— ¡3, 2, 1, fuego! —Esta vez fue Lahri quien dió comienzo a la competición.
Esta vez le fue mejor a Syrenne, quien empezó primero y logro mantenerse igualada a Arten durante toda la competencia dándoles en el centro a cada una de las dianas. Incluso Arten estaba sorprendido por el progreso de Syrenne, por eso se decidió a no perder contra su alumna. De esa manera ambos eliminaron todas las dianas menos una, la cual fue eliminada por los dos al mismo tiempo sin querer hacer tal cosa.
— ¡Vaya, chica, parece que ya estás a mi nivel! —Arten trato ocultar no muy bien lo poco de celos que tenía mezclado con orgullo.
— Todo se debe a que tuve un gran maestro —Dijo Syrenne extendiendo su mano a Arten.
— Tu también fuiste una gran alumna —Dijo Arten estrechando la mano de Syrenne—. Creo que ya va siendo hora de que vuelvas a Ciudad Grayskull. Raenius vendrá dentro de nada, además, tus amigos han de estar extrañándote.
— Supongo que tienes razón, gracias por todo —Agradecio Syrenne con un fuerte abrazo—. Prometo visitarlos de vez en cuando.
— Por favor, tu presencia siempre será bienvenida —Le dijo Lahri.
— ¡Si, vuelve pronto! —Le pidió Morien.
— ¡Te estaremos esperando con una sorpresa! —Le avisaba Laina.
— Lo prometo, pequeños, volveré dentro de nada —Dijo Syrenne abrazándolos.
Finalmente Clamp-Champ llegó en el Wind Raider para recoger a su hija, la cual se despidió con un fuerte abrazo de Arten y su familia antes de abordar el vehículo. Una vez este despegó Syrenne les dió un último adiós.
— ¡Buen viaje! —Fue lo que dijo conforme a la tradición Eterniana de nunca decir "Adios".
— ¡Buen viaje! —Le dijeron la familia ahí abajo.
— ¿Entonces lograste lo que te propusiste? —Le pregunto Clamp-Champ.
— Por supuesto —Respondió con una sonrisa Syrenne.
— Me alegro oír eso, sin duda serás una gran francotiradora —Dijo Clamp-Champ.
Y una vez dicho esto, el dúo padre-hija volvió a Ciudad Grayskull para volver a reunirse con los Amos del Universo, quienes esperaban con ansias ver a la nueva Syrenne.
