Esta historia transcurre algún tiempo después de la Batalla de Vaderia entre las Tropas de Keyle y los Amos del Universo, y sigue a la princesa Dyperiana y miembro de la Familia Grayskull, Edwina, quien estaba afuera de la ciudad capital de su reino por motivos menos que legales.
— ¿Tienes lo que te pedí? —Pregunto Edwina cubierta de una capucha.
— Tuve que cortar algunos cuellos para conseguirlo, pero aquí está —Contesto el contrabandista sacando un espejo de mano con inscripciones de los Antiguos—. Pero antes la paga.
— Ya, ya, aquí tienes —Dijo Edwina entregando una joya rubí bañada en la sangre de una virgen que afortunadamente no fue necesario matar.
— Fue un placer hacer negocios contigo —Dijo el contrabandista antes de irse.
Edwina no sabía para que quería ese collar, y francamente no quería saber,
ya el simple hecho de mandar a su mejor sirvienta a un hospital para obtener esa sangre ya había sido lo suficientemente malo como para pensar en lo que ese tipo haría con esa gema, con suerte y la sirvienta no fue capaz de identificar a su agresora, pero lo importante para ella ahora mismo era el espejo.
Por ello regreso de incógnito al palacio de Dyperia y se encerró en su cuarto para no ser molestada, aunque tampoco es como si hubiera alguien que quisiera pasar tiempo con ella como para molestarla. Una vez dentro miro al espejo y deseo ver su futuro y lo que le aguardaba de aquí a unos años, con suerte y su familia desaparecía y ella se volvía la Reina de Dyperia.
Cuando el espejo empezó a proyectar el futuro Edwina se vio tres semanas en el futuro de vuelta en el callejón en dónde se había reunido con el contrabandista, y parecía que volvería a ser el caso, pues estaba cubierta con una capucha y mirando un zafiro azúl marino con algo brillando dentro.
— Llegaste más temprano de lo que me esperaba —Dijo la futura Edwina al contrabandista.
— Que puedo decir, ahora que veo que eres alguien con quien puedo hacer buenos negocios no voy a arriesgarme a perder a tan buena socia —Explico el contrabandista—. Dime, ¿Tienes lo que pedí?
— Aquí está, un zafiro con el último aliento de vida de un Unicornio —Mostraba el zafiro Edwina.
— ¿Mataré a un Unicornio? —Se pregunto la Edwina del presente.
— Pues aquí tienes lo que pediste —Dijo el contrabandista entregándole una pequeña Santalita en sus manos.
Las Santalitas siempre habían sido algo muy alejado de su familia, con todo eso de no poder utilizar la Santalita de Dyperia por no ser verdaderamente los gobernantes legítimos de este reino y todo eso. Por eso le sorprendió ver a esa Santalita de color negro rojizo.
Pero lo que más le sorprendió fue que su yo futuro se metió en un callejón sin más oscuro y empezó a absorber el poder de la Santalita, volviéndolo suyo en el proceso y haciendo que la Santalita se volviera polvo, luego se fue de ahí teletransportandose con su nueva magia.
— Esos poderes se ven muy bien —Dijo Edwina del presente—, ¿Pero en serio tendré que matar a un ser vivo?
Después de que volviera a ver el espejo este mostró un mes en el futuro en donde se repetía el mismo escenario, esta vez con una gema amarilla que contenía la energía de un Hombre de Fuego muerto. Y nuevamente el contrabandista le entrego una Santalita a la cual dejo seca de su poder.
Y así otro mes, y otro, y otro, y otro. Al final los poderes mágicos de Edwina eran tan poderosos que bien podría igualar a un Gran Mago, pero había algo que incómodaba a la Edwina del presente, y eran esas manchas verdes en su piel que su yo futuro no parecía percatarse, en cambio volvió al callejón para obtener otra Santalita.
— No me gusta a dónde está yendo esto —Dijo la Edwina del presente.
— ¿Ahora que quieres de mí? —Pregunto Edwina.
— Solo es cuestión de que nos hagas un trabajito a cambio de la Santalita. Como ya no necesitamos más gemas y a mi proveedor no le gusta dar sin recibir algo a cambio tan solo necesitamos que nos hagas un favor —Explico el contrabandista.
— Llévame directamente con tu proveedor, que me diga lo que quiere a la cara —Exijío Edwina.
— Afortunadamente para ti, el de hecho desea verte —Dijo el contrabandista.
— ¿En que me meteré? —Se preguntaba la Edwina del presente.
Avance rápido a la reunión y Edwina estaba frente a frente a un tipo con una capucha azúl que le cubría todo el cuerpo y no dejaba ver su rostro.
— Así que esta es la nueva acólita de mi sendero, y nada más que una miembro de la Familia Real de los Grayskull, ahora sí te has superado, Kamek —Dijo el tipo con una voz que sonaba como si hubiera fumado diez paquetes de cigarrillos por día.
— Solo lo mejor para mí señor, Amo Darkdream —Dijo Kamek muy orgulloso de sí mismo.
— Conque Darkdream, no me suenas de nada —Dijo Edwina.
— Eso es porque antes respondía al nombre de Tallak —Revelo Darkdream.
— Espera un minuto, ¿Entonces estás queriendo decir que eres el pederasta que abusaba de sus alumnas en la Torre de la Magia? —Quiso saber Edwina.
— El mismo, solo que después de cierto evento que provocó mi cambio y mis nuevos poderes he perdido ese libido que me condenó, ahora mismo mi obsesión es otra de mayor trascendencia, el ser capaz de volverme un Dios de los Sueños, y tú querida me serás de gran ayuda, ¿Que me dices? —Quiso saber Darkdream.
— No hay forma en Eternia en que haga alianza con ese enfermo —Aseguraba la Edwina del presente.
— Hecho —Acepto la Edwina del futuro.
— ¡¿Pero que mierda?! —Reacciono la Edwina del presente ante la respuesta de su futuro yo—. ¿Que le pasa por la cabeza a mi futuro yo?
— Me alegra oír eso, querida —Dijo Darkdream estrechando la mano de Edwina y provocando que los parches verdes se extendieran aún más por su cuerpo sin que Edwina siguiera percatándose de su presencia.
— ¿Que deseas que haga? —Pregunto Edwina.
— Simple, ve a la Torre de la Magia y roba un pergamino especial, y si de paso te encuentras con alguno de mis antiguos compañeros, bueno, ya te haces una idea —Explico Darkdream pasando su dedo por su cuello en forma horizontal.
La Edwina del presente miro con horror como su yo futura se metía en la Torre de la Magia, mataba a varios de los que ahí estaban y se robo el dichoso pergamino, todo sin mostrar el más mínimo apice de remordimiento, e incluso vio como sus manos y partes de su rostro se estaban empezando a deformar, y ni aún así se percató de que aquello estaba pasando.
— ¡Alto ahí! —Exclamo una herida Ayali arrastrándose hasta agarrar la pierna de Edwina.
Edwina la mato en un santiamén como si de un insecto se tratase, luego salió del lugar para reunirse con Darkdream.
— ¡Por la Diosa, esto es demasiado incluso para mí! ¿Por que mi yo futura está tan dispuesta a hacer eso? —Se preguntaba la Edwina del presente hasta que se le ocurrió una hipótesis—. ¿Acaso las Santalitas le nublaron y corrompieron su mente?
Lo siguiente que vio prácticamente se lo confirmo, pues ahora estaba viendo como su yo futura se estaba enfrentando a He-Man y Kamek se enfrentaba a He-Ro para proteger a Darkdream mientras realizaba su ritual mientras los demás acólitos estaban evitando que más Amos del Universo se entrometieran.
— Honestamente, no me sorprende que cayeras tan bajo, Edwina, siempre fuiste una víbora oportunista —Afirmo He-Man.
— Okay, eso ofendió —Expreso la Edwina del presente aún sabiendo que era verdad.
— Que puedo decir, He-Man, al fin y al cabo soy la única de mi familia que no es un retrasado conformista —Afirmo Edwina.
— Okay, eso ofendió —Expreso Dal uniéndose a la lucha junto a Jeremy.
— ¡Por la Diosa, que esos malditos sectarios si que pelearon rudo! —Exclamo Jeremy.
— Al fin llegan, patéticos hermanos míos, así por fin verán como asciendo a una diosa todopoderosa mientras ustedes seguirán siendo gusanos bajo el estrado de mis pies —Se jacto Edwina empezando a levitar.
— ¡Si que eres tonta! —Afirmo Jeremy—, ¿Realmente crees que el pederasta ese va a compartir la ascensión con ustedes?
— ¡Basta con tu insolencia! —Exclamo Edwina preparando su ataque cuando oyó un grito que la detuvo.
Era Kamek, el cual había sido abierto en canal por He-Ro, quien ya estaba corriendo hacia Darkdream con espada en mano. Edwina de inmediato dejo lo que estaba haciendo y se apresuró a detener a He-Ro mientras los demás la perseguían.
Al final llegó justo cuando He-Ro iba a decapitar a Darkdream, más no pudo detenerlo y la indescriptiblemente horrenda cabeza de Darkdream cayó rodando por el suelo, cosa que causó que el hechizo saliera de control y explotara en la cara de He-Ro y ella. Si bien He-Ro no sufrió daño y efecto adverso alguno, Edwina si lo sufrió, pues había quedado tan deformada que ya no parecía Humana, pues todo su cabello salvo tres mechones de fue, su piel estaba arrugada y marchita y además emitía un pus amarillo de sus poros, por alguna razón tres de sus colmillos ya no estaban en su boca, en cambio estaban saliendo de su hombro y lado del cuello derecho siendo ahora mucho más grandes, uno de sus ojos era monstruosamente enorme mientras el otro era casi imperceptible debido a grotescos tumores en toda su cara, su nariz ya no existía y por tanto se podía ver el agujero del hueso en dónde debería estar, sus piernas se parecían a las de un Buitre en estado de putrefacción y sus manos lucían como los de una momia con las uñas tan alargadas como su antebrazo y afiladas como las garras de un felino, y ahora sí que notaba lo que le había pasado y grito de horror al ver su reflejo en la Caos de He-Ro.
Toda su familia que ahí estaba presente se reunió a su alrededor y miro a la grotesca criatura que antes fue la hermosa Edwina, y al verlos ella a ellos pudieron ver en sus ojos un deseo que no fue necesario plasmar en palabras. Entonces He-Ro se le acercó a ella con la espada en alto listo para sacarla de su miseria, solo para ser detenido por Dal, quien realizó tal acción el mismo, pues seguía siendo su hermana menor y por tanto su responsabilidad.
Tras eso la enterraron en ese mismo lugar y se aseguraron de que nunca nadie supiera que ahí había alguien enterrada al poner una enorme y pesada roca encima. Cuando volvieron a Dyperia se inventó una historia de coartada para ocultar el destino real de Edwina. Más la Edwina del presente no se quedó mirando más tiempo para saber que historia se inventaron, pues había arrojado el espejo a una pared y este se rompió.
Edwina estaba horrorizada por lo que le deparaba el futuro, el terminar de semejante forma era la peor forma de irse, más las cosas horribles que hizo antes de eso. Sabiendo que si seguía como hasta ahora ese sería su destino, Edwina decidió que bajo ninguna circunstancia permitiría que eso pasara.
Y por eso cuando se reunió una semana después con Kamek, está le tendió una trampa junto a sus hermanos y varios Guardias Reales. Kamek soltó todo y los Amos del Universo pronto atacaron la guarida de Darkdream, más el infeliz escapó, daba igual, sin el pergamino en la Torre de la Magia nunca sería capaz de conseguir su objetivo.
En cuanto a Edwina, ella llego a la conclusión de que su actuar actual la llevaría a ese desenlace, una actitud más moralmente correcta y agradable la salvaría y le daría un mejor destino.
Al principio le fue un tormento ser buena, pero pronto se hallo disfrutandolo genuinamente, y en cosa de nada Edwina sabía que ya no había vuelta atrás, ahora era una más de los tontos bienhechores de su familia, aunque al final no fue tan malo, al menos ahora ella y los suyos estaban salvados.
