Está historia se desarrolla durante la Gran Agitación, dos años antes de que Adam se convirtiera en He-Man, y sigue al Rey Stratos de Avion acompañado de un regimiento entero de Avionianos dirigiéndose a la batalla en la ciudad de Tratvera.

— ¿Cuántas veces van ya que esa ciudad se ha quemado? —Preguntaba uno de ellos.

— Esa ciudad está maldita, lleva siendo destruida por el fuego desde la muerte del Rey Grayskull —Respondió Hawke—. Para este punto sigo sin entender el por qué siguen reconstruyendo y rehabitando el lugar.

— Ahora eso no importa, luego discutiremos si ese sitio debe ser abandonado permanentemente o no, por el momento nuestra prioridad debe ser asistir a nuestros aliados y rescatar a los civiles —Dijo Stratos.

— ¡Si, señor! —Exclamaron todos.

— Ojalá lleguemos a tiempo —Susurraba Stratos.

Al llegar tras un largo rato, vieron como la ciudad estaba reducida a escombros mientras los ruidos de explosiones y disparos se seguían oyendo fuertemente.

— Menos mal, todavía queda gente con vida —Se dijo a si mismo—. ¡Hijos e hijas de Avion, demuentrenles a esas sucias bestias lo que nuestra noble estirpe es capaz de realizar, no dejen ninguno con vida!

— ¡Señor, si, señor! —Exclamaron todos listo para la batalla.

— ¡Por Avion! —Grito Stratos arrojándose en primera línea a la Tratvera en llamas.

Tras la cruenta y dura batalla que se libró aquel día, las fuerzas del Concilio de los Reyes resultaron victoriosas, aunque con enormes perdidas, Stratos, por poner un ejemplo, perdió cerca de un tercio de sus tropas, así como su hermana resultando gravemente herida y teniendo que ser llevada a un hospital de campaña urgentemente.

Ahí, mientras veía pasar a Ram-Man llevando a un niño pequeño con Tarrak, finalmente recibió noticias sobre el estado de su hermana.

— ¡¿Como se encuentra mi hermana, Doctora?! —Quiso saber poniendo sus manos en los hombros de la Doctora y temblando.

— Esta estable, afortunadamente vivirá sin consecuencias graves a futuro, sin duda fue de las suertudas —Respondió la Doctora.

— Gracias a la Diosa, es la única familia que me queda, no sé qué haría sin ella —Revelo Stratos.

— Descuide, a su hermana todavía le queda mucho por vivir, algo que lamentablemente no puedo decir de gran parte de Tratvera —Dijo la Doctora con pesadumbre—, la cantidad de muertos es tanta que hemos perdido la cuenta, por no mencionar a aquellos que quizás nunca se recuperen de lo que vieron ahí dentro.

Esto último lo dijo mientras veía la mirada perdida y sin vida del niño que Ram-Man había llevado con Tarrak.

— ¿Por que tuvo que pasar todo esto? —Se preguntaba Stratos viendo a los traumatizados sobrevivientes.

— Esto no es más que el resultado del podrido odio que infecta nuestra sociedad —Empezo a afirmar la Doctora—. Si tan solo lo hubieran dejado ser Rey nada de esto habría pasado.

— Tampoco es seguro, sus acciones incluso antes de convertirse en Skeletor ya dejaron ver lo putrefacto de su ser, de haberlo dejado ser Rey puede que terminaramos igual o peor —Decía lo que pensaba.

— Al final nunca la sabremos, lo único que nos queda es sobrevivir a estos aciagos tiempos en los que vivimos —Dijo arreglando la maleta en la que guardaba su equipo médico—. Fue un placer hablar con usted, pero tengo que ir a otra tienda de campaña a atender más heridos, si me disculpa procedo a irme.

— No tiene porque ser la última vez que nos veamos, siempre es bueno conocer a gente con la que se pueda hablar de estos temas y no veo por qué no nos podríamos reunir más adelante —Decía Stratos.

— Lo pensaré —Dijo la Doctora saliendo de la tienda.

— ¿Puedo al menos saber su nombre? —Quiso saber.

— Delora —Contesto ella.

— Que cosas, tienes el mismo nombre que mi hermana —Dijo entre risas que contenía.

— Significa que sus padres tenían buen gusto —Afirmo Delora saliendo de ahí con una sonrisa.


Algunas Semanas Después.

Stratos se encontraba rebosante de felicidad al ver que Delora acepto volver a reunirse con el, y nada más encontrarse prosiguieron a charlar de temas varios que pudieran encontrar interesantes.

— Debo decir que no comparto tus opiniones sobre el trabajo de Savaedra, claramente su escrito trata del deseo de un soñador de revivir su ideal caballeresco en un mundo cruel y deshonroso —Afirmaba Delora.

— Creo que hemos leído el libro equivocado, claramente la autora se está burlando de ese mismo ideal al tener a un loco como su máximo representante —Aseguraba Stratos.

— Eso solo aplica si únicamente lees la primera parte, cuando lees las dos en su conjunto puedes ver hacia donde quería ir la autora con su mensaje —Decía Delora.

— Ya, pero, ¿Que acaso el protagonista no maldice ese ideal al recuperar la cordura momentos antes de morir? ¿Como es eso defender un ideal? —Quería saber Stratos.

— Eso es lo que lo hace una figura tan trágica, al final el mundo cruel lo rompió, pero incluso en su momento más delirante fue una fuerza de cambio para quienes lo rodearon y sus hazañas por si solas, por muy lunáticas que fueran, reavivaron el fuego de una pasión casi extinta en los corazones de la gente —Afirmaba Delora.

— Lindo reflejo de como este libro revivió un género moribundo a pesar de burlarse el mismo sin piedad ni contemplación —Dijo Stratos.

— ¿Saben? cuando los oí hablar de reencontrarse y volver a hablar, nunca imaginé que ustedes dos, par de nerds, se la pasarían hablando de libros de caballería por tres horas —Expreso una completamente enyesada Hawke recostada en un sillón justo al lado.

— ¿Que esperabas? no tengo nadie aquí con quién hablar de mis gustos, ahora guarda silencio y sufre mientras charlamos —Dijo Stratos disfrutando el momento.

— Uno de estos días te daré una cucharada de tu propia medicina, marcas mis palabras —Juro Hawke solo para que Stratos reaccionara riendo para su frustración.


Un Mes Después.

Las reuniones entre Stratos y Delora habían estado ocurriendo con regularidad, y naturalmente, se empezaron a sentir bastante cómodos cerca del otro.

— ¿Por que me habrán traído estas flores que duran tan poco? no encuentro razón para eso —Dijo Stratos viendo como unas Senitias (Planta autóctona de Eternia de color azúl) que le habían mandado los del Reino Meridianus, se estaban marchitando luego de solo una semana con vida.

— Eso agrega aún más a su belleza, su inpermanencia en este mundo las hace efímeramente bellas, como un regalo a la vista que dura poco pero se recuerdo por toda una vida —Afirmo Delora.

— No estoy de acuerdo, algo tan efímero y que se te escapa tan fácilmente no puede ser bello, no de la forma en como lo es el majestuoso océano o una imponente montaña —Dijo Stratos.

— Como se nota que somos como el día y la noche —Dijo entre risas Delora.

— Cierto, pero uno necesita ambos para vivir, y realmente me gusta que tengas tus propias opiniones, como Rey de Avion estoy muy acostumbrado a que todas las personas que me rodean con excepción de mi hermana y los Amos del Universo sean unos lameculos que me dan la razón en todo, es refrescante cuando ocurre lo contrario —Revelo Stratos.

— Pues me alegro serte de ayuda, además de que a mí tampoco me molesta, eso hace más divertidas nuestras conversaciones —Dijo Delora sonriendo.


Seis meses después.

Llegó el punto inevitable para estos dos, en estos mismos instantes ambos se encontraban en una cita explícitamente romántica mirando un atardecer particularmente hermoso, vista que era cortesía de encontrarse en un sitio como las Montañas Místicas.

— ¡Por la Diosa, esto es hermoso! —Exclamo Delora.

— Sabía que te iba a gustar, nadie puede mirar tan majestuoso atardecer y quedar indiferente —Afirmo Stratos.

— Tu gente es tan afortunadamente de vivir en un sitio así, el ver esto todos los días debe de ser como un regalo —Asumía Delora.

— Si, si que lo somos, estás montañas han sido el refugio y sacra morada de mi gente, no sé que hubiera sido de nosotros si no las hubiéramos hallado —Afirmo Stratos.

— Lo mejor será no pensar en eso, lograron encontrar un paraíso al que llamar hogar, no hay necesidad de pensar en el peor escenario —Dijo Delora.

— Cierto, lo mejor será que me enfoque en lo que he venido a hacer aquí de todas formas, y es asegurarme de que pasemos la más hermosa velada —Decía Stratos arreglando el cabello de Delora.

— Creía que ya la estábamos pasando, ¿Como planeas mejorarla? —Preguntaba Delora.

— Eso, mi querida, lo descubrirás en tan solo unos minutos, solo hay que ser paciente y esperar a que Hawke venga de aquella dirección —Respondía Stratos apuntando al horizonte.

Unos pocos minutos después, cuando el cielo ya estaba oscureciendose, una aeronave empezó a vislumbrarse a lo lejos, acercándose cada vez más mientras aún más naves aparecían justo detrás. Y justo cuando llegaron donde la pareja, todas las naves soltaron su carga, la cual era un polvo plateado especial que al verse durante los últimos rayos del sol producían un efecto visual magnífico, simulando la visión del brazo de una galaxia como la Vía Láctea y una aurora boreal en el cielo Eterniano.

Delora quedó fascinada viendo el espectáculo, especialmente cuando las naves empezaron a girar alrededor de ellos y el polvo produjo un efecto de tornado que los rodeo a los dos.

— Solo lo mejor para la mejor mujer del mundo —Dijo Stratos extendiendole su mano—. ¿Me concedes este baile?

— Hoy y siempre —Contesto Delora agarrando dicha mano y empezando un vals mientras de algunas naves empezaban a sonar la música que los acompañaría.

Aquella noche fue sin lugar a dudas una de las más mágicas que tuvieron ambos, y no sería la última.


A la mañana siguente.

— Gracias por haberme hecho este favor, Delora —Decía Stratos haciendo una reverencia a su hermana.

— De nada, fue un placer ayudarte —Dijo Hawke sonriendo.

— Aunque me sorprende que no aprovecharas la situación para vengarte y hacerme quedar en ridículo —Admitía Stratos.

— Eso ofende, no soy tan mezquina como para arruinar las citas de mi hermano por una minucia que pasó hace meses —Afirmaba Hawke.

— Lo siento mucho.

— Aunque por otro lado este parece un buen momento para cobrar mi venganza —Dijo Hawke maliciosamente.

Y en ese mismo instante la habitación en la que estaban quedó bloqueada por una rejas mágicas creadas por un talismán que Hawke consiguió de la Torre de la Magia.

— Delora, ¿Que piensas hacerme? —Preguntaba un tembloroso Stratos mientras se giraba hacia atrás lentamente para ver a su hermana.

— Me alegra que preguntes. Verás, he estado investigando para saber cuál es la tortura literaria más grande actualmente, y vaya que si encontré algo de ese calibre —Respondía Hawke sacando un libro en cuya portada se encontraba el autor haciendo equilibrio sobre una viga de metal con la ciudad de Eternos en el fondo y cuyo título era Fugitivos del Tiempo.

— ¡Hermana, por favor te lo suplico, ten un poco de misericordia! —Exclamo Stratos al reconocer el libro.

— ¿Cómo la que tú tuviste de mi? no lo creo —Decía Hawke sonriendo como maniaca—. Es hora de empezar a leer esta abominación.

Ese día los gritos de Stratos se oyeron por todo el palacio y sus habitantes no pudieron hacer nada más que rezar por fuerzas para su rey.


Un año después.

Stratos y Delora debían de ser la pareja más feliz en Eternia en ese momento, pues estaban directamente intercambiando votos matrimoniales en el altar.

— ¡Que lindos se ven los dos juntos! —Exclamaba Teela entre los invitados.

— Sin duda alguna Stratos es un tipo con suerte —Expreso Adam.

— Debe de ser bastante reconfortante ver a tu hermano encontrando el amor, ¿O me equivoco? —Quería saber Man-At-Arms.

— En lo más mínimo, no sabes la dicha que me da verlo finalmente en el altar, tal y como querían nuestros padres —Contestaba Hawke llorando de la alegría—. Espero que vivan felices para siempre.

Eso lamentablemente no pasaría, pues Stratos murió en acción durante el asalto a Eternos al final de la Gran Agitación, dejando a una hermana destrozada, una esposa viuda y un hijo huérfano.

Aquello es una de las máximas tragedias de las guerras, y desafortunadamente era dolorosamente obvio que eso nunca tendría un fin, pues la naturaleza de los mortales es la de querer destruirse a sí mismos. Sin embargo la familia de Stratos fue fuerte y no se dejó consumir por el dolor, pues eso era algo que Stratos nunca querría de ellos, y además, el haber tenido un hijo garantizo la continuación de su linaje, lo que le permitiría vivir a través de las acciones de su hijo en su nombre.

Con suerte y su hijo se volvería tan grande como su padre y horaria su clan tal como el lo hizo, con suerte, habría que rezarle mucho a la Diosa por eso, pero tampoco era algo imposible, pues el fruto del amor entre Stratos y Delora no se tenía permitido a si mismo fallarle a sus padres, y bajo ninguna circunstancia lo haría.