Capítulo 1: Camino de regreso
Tras una larga noche en vela, logró encontrarla. Han pasado cinco años, sin embargo, sus seis ojos aún pueden percibir con claridad su energía maldita. Le satisface enormemente ver lo mucho que ha crecido, su energía espiritual ha cambiado un poco tras el paso de los años, pero él lo sabe aún con los ojos cerrados, es la misma Kasumi Miwa de la que está completamente enamorado.
Aldea tras aldea, ciudad tras ciudad, recorriendo todo el sur de Tokio, acabando con un par de maldiciones horrendas a su paso, finalmente ha logrado llegar a ella, pero de todos los escenarios que surgieron en su mente fantasiosa ninguno se ha vuelto realidad aún. Y aunque lo ha rechazado al menos tres veces desde que volvió a ponerse en su camino, él persiste. Sigue sus pasos con una sonrisa ensanchada en el rostro y no se detiene, como un perro faldero. Está tan feliz de volver a verla con vida y tan fuerte que ni siquiera hay espacio dentro de su cuerpo para sentirse mínimamente patético.
—Iré contigo. Esta vez lo haré bien… En serio —le promete nuevamente mientras la ve caminar con decisión delante de él. Pero, mientras los minutos pasan y la ciudad vuelve a cubrirse de la más espesa penumbra, comienza a preguntarse a dónde se dirige. Ya no hay electricidad en esta ciudad, las luces de la calle no se encienden y apenas puede vislumbrar el rumbo gracias a la escasa luz de la luna que de vez en cuando se ausenta cuando las nubes cubren el cielo nocturno—. Kasumi-chan. Está oscureciendo, puedo llevarte a algún lugar habitado para pasar la noche —dice y ella no contesta, solo sigue caminando—. No estoy insinuando que pases la noche conmigo, aunque eso es negociable —le dice esperanzado, levantando el dedo índice como si ella estuviese viendo su sugerencia.
Ella se voltea a mirarlo por un momento, y lo observa de una manera bastante particular; como si no pudiera creer lo descarado que es, como si se le hubiera olvidado con el paso de los años. Sin embargo, no le contesta, sino que sigue caminando hacia un rumbo que él desconoce.
—¿A dónde vamos? —pregunta y ella suspira.
—Deberías volver a casa, Gojou.
—¿Huh? ¿No me oíste? Voy a acompañarte. Ya ha anochecido… No pensarás seguir exorcizando maldiciones hasta que amanezca, ¿o sí?
—Claro que no… Voy a dormir… no muy lejos de aquí.
Gojou guarda silencio, teme la respuesta que llega poco tiempo después, cuando Kasumi entra en una casa cuyas paredes se han llenado de enredaderas verdes, con el césped crecido con al menos medio metro de alto. Él se detiene cuando ella abre la puerta y se voltea a verlo.
—¿Qué? ¿Demasiado humilde? —le dice sonriendo y entra a la pequeña casa.
Él camina entre la penumbra, se agacha un poco para pasar bajo el marco de la puerta y observa a Kasumi encender una vela sobre una pequeña mesa de comedor. Del otro lado hay una bolsa de dormir sobre un sofá y unas latas de comida abiertas junto a las velas.
—Kasumi, yo puedo llevarte a donde quieras —vuelve a sugerir en un tono menos animado.
—No hace falta —contesta, sacando una mochila de debajo del sofá. Deja un par de latas sobre la mesa y un tenedor limpio—. Sólo necesito dormir unas horas y mañana terminaré con el trabajo —A este punto espera que el lúgubre escenario logre escarmentarlo, pero no lo hace. Gojou cierra la puerta detrás de sí y toma asiento en una de las sillas frente a la mesa—. Pero tú deberías irte, este es mi trabajo.
—Te dije que puedo llevarte a donde quieras, sabes que puedo traerte a primera hora mañana.
—¿Cómo crees que he hecho las cosas antes de que llegaras? No es como si pudiera irme de nuevo a la ciudad a pasar la noche y volver. Es más fácil así… además es difícil encontrar una casa decente… Una en la que no me encuentre algún cadáver o una maldición…
Satoru medita por un momento en las palabras de Kasumi. Imagina que ha llevado esta rutina desde hace un buen tiempo y parece estar completamente preparada para pasar la noche aquí.
—Está bien, supongo… ¿Qué vamos a cenar? —pregunta recuperando el ánimo, ensanchando una sonrisa.
—¿Realmente planeas quedarte? —él asiente y los hombros de Kasumi bajan, no tiene fuerzas para seguir discutiendo con él. Toma su mochila y saca un par de recipientes plásticos de ramen instantáneo—. Iba a guardarlo para los últimos días, pero supongo que te lo mereces por haber exorcizado esa maldición por mí. Y también por… todo lo que has pasado en los últimos días…
—¿Podemos contar esto como nuestra primera cita oficial?
La quijada de Kasumi cae, aún logra sorprenderle que pueda ser tan perseverante en esta búsqueda que para ella no tiene ningún sentido. Mira los recipientes plásticos, uno frente a ella, el otro entre los largos dedos de Satoru y vuelve a suspirar.
—¿Te parece que esto califica como una cita? —pregunta mientras se pone de pie y toma una tetera para llenarla con agua potable.
—Bueno, hoy nos besamos dos veces así que yo diría que sí, es una cita.
—No lo es, para que sea una cita tienes que invitarme a salir y yo tengo que aceptar…
—Oh, bueno… Entonces, ¿quieres cenar conmigo, Kasumi-chan?
Gojou pasa por alto el cansancio en los ojos de Miwa, pasa completamente de la expresión de su rostro.
—Cenaremos juntos —dice ella, recuperando el decidido tono de su voz—, pero no es una cita. Gojou… ¿No deberías estar en Tokio?...
—Tengo asuntos más importantes que atender en este momento. ¿Cuánto tiempo planeas pasar aquí?
—Hasta que no haya una sola maldición en el pueblo —dice, esperando que el agua hierva—. Esa es la idea.
—¿Y cuánto tiempo llevas aquí?
—Al menos una semana. Eso creo.
—¿Sola?
—Así es.
—¿Quién te contrató?
—¿Por qué tantas preguntas?
—¿Por qué? Huh… Bueno, no he sabido nada de ti en los últimos años… Me da mucha curiosidad saber qué has estado haciendo durante todo este tiempo.
—Lo sé, pero… ¿podríamos simplemente… comer? Me siento un poco aturdida… Es decir, sé que has pasado mucho tiempo… sellado. Pero aún estoy procesando las cosas y esto se siente un tanto… extraño.
—Está bien —termina aceptando, sin perder el gesto que yace sobre su rostro.
El agua hierve sobre una pequeña estufa y Gojou abre su recipiente para que Kasumi lo llene, luego lo cubre y ella hace lo mismo con el suyo. Él la observa sentarse cansada y agradecer por la comida antes de meter sus palillos dentro de la sopa. Él sonríe mientras la observa, iluminada solo por la escasa luz de la única vela que ha encendido.
Es el mismo bello rostro que vio la última vez que estuvo a su lado, aunque hay ligeros cambios en su apariencia, sus mejillas ya no se ven tan llenas como años atrás, sus pestañas parecen más largas, como su cabello. No puede evitar ver los botones desabotonados de su camisa y preguntarse si ha ganado algo de peso en los lugares correctos. Tantas horas observándola caminar desde atrás también lo habían llevado a esa conclusión, aunque aún no se lo ha mencionado.
—¿Qué? —pregunta ella, sintiendo la mirada de Gojou sobre sí misma, a pesar de estar cubierta por una venda oscura.
—Nada… sólo me preguntaba si los dos entraremos en esa bolsa de dormir —comenta, mirando de reojo el sofá.
Los arcos de los labios de Miwa se doblan y ella esquiva su mirada antes de que su sonrisa se termine de formar. Es difícil no caer en sus bromas.
—Te halagas demasiado. No va a pasar.
—Lo sé, sólo quería saber si aún puedo hacerte reír.
Kasumi lo mira, parece que no le molesta la banda que cubre su rostro en lo más mínimo. Ella tiene el rostro cansado, pero no sabe si está cansada por las faenas que lleva a cabo a diario desde hace una semana o por su personalidad, que él reconoce es bastante desagradable. Cualquiera sea la razón es suficiente para hacer a Gojou desistir de seguir insistiendo, aunque sea medio en broma, medio real.
—Sólo guarda silencio y come… —dice, retomando su ramen, pero esta vez Gojou logra ver una ligera curva sobre sus labios.
De no ser por la escasa luz, también vería el suave rubor que comienza a teñirle las mejillas. Si tuviera oídos más afilados escucharía claramente el intenso latido del corazón de Kasumi. Tan estruendoso sobre su pecho que ella teme pueda escucharlo en cualquier momento y ganar más seguridad sobre lo que ya le ha dicho; que es una mentirosa y que aún lo ama.
La verdad es que quiere creer que no es así, pero su sola presencia le hace dudar qué tan cierto es esto. Quiere creer que sólo está feliz de verlo vivo y sonriendo igual que antes, a pesar de que apenas dos días atrás formó parte de una pelea terrible en la que Yuuji Itadori murió. La sonrisa de Miwa se desdibuja de solo pensarlo y lo mira de reojo mientras come del otro lado de la mesa. No es posible que Gojou esté tan bien después de todo eso…
Una idea comienza a formarse dentro de su mente, quizás Gojou solo está buscando desesperadamente algo de compañía después de tanto sufrimiento.
—Gracias por la comida —dice él al terminar.
Kasumi se toma su tiempo. Evita mirarlo a los ojos y su mente se llena de preguntas que no hace. Estas preguntas no son nuevas, muchas veces las ha pensado a lo largo de los años. Se pregunta cómo es el interior de la prisión confinadora, cómo se siente el paso del tiempo allí adentro, qué ha estado haciendo él y qué estaría pensando durante tantos años. Luego se pregunta cómo habrá tomado la noticia de todas las personas a las que perdió y si está allí solo para evitar enfrentar todo aquello. Y esa incertidumbre le pesa, tanto que no se cree capaz de volver a mandarlo de regreso a Tokio. Es difícil para ella no brindar ayuda, incluso a alguien que ha sido capaz de lastimarla tanto en el pasado.
—Voy a cambiarme —dice Kasumi, levantándose de la mesa—. Si quieres dormir en el otro sofá seguramente encontrarás algunas cobijas en las habitaciones. Aunque no te garantizo que estén limpias.
—Sigue en pie la oferta de la bolsa de dormir.
—Lo siento, es para una sola persona de un metro sesenta.
Gojou sonríe, la tarea de reconquistar una mujer que prácticamente no conoce le está resultando particularmente divertida.
Kasumi entra al baño y él se levanta de la mesa para recoger los recipientes vacíos. Mira los alrededores, todo se ve bastante limpio a pesar de que esta ciudad parece haber estado abandonada desde hace muchísimo tiempo. Se pregunta qué ha pasado, ni siquiera le dio tiempo a Megumi para ponerlo al corriente de la situación del país.
Al cabo de unos minutos, cuando Gojou ya se encuentra sentado en el sofá de un cuerpo, Kasumi sale del baño usando una camiseta larga y unos pantalones cortos. No tarda mucho en envolverse en la bolsa de dormir y lo mira de reojo.
—No hace mucho frío durante la noche… pero deberías buscar algo de abrigo…
—No te preocupes por mí, Kasumi-chan. Descansa.
Le gustaría decir que no se preocupa por él, pero aún después de todo lo que ha pasado, se siente feliz de volverlo a ver. Imposible resulta no estarle agradecida por haber terminado con el horror que dio vuelta el país entero. Aquello que comenzó en Shibuya y se extendió como ponzoña por cada ciudad, convirtiendo su vida en un infierno.
No le ha mentido cuando le mencionó que se sentía mareada. El reciente regreso de Gojou se siente irreal, tanto como la confesión que le profesó hace pocas horas, en dos ocasiones. El solo recuerdo le avergüenza y cubre su rostro con la bolsa de dormir esperando que sea suficiente para ocultar la constante reacción de sus mejillas.
Ciertamente no le cree, en lo absoluto. Con los años ha llegado a creer que alguien como Gojou simplemente es incapaz de amar a alguien como ella, quizás no es capaz de amar a nadie en absoluto, más que a sí mismo. Sin embargo, esta seguridad no le ha hecho resentirlo, no le ha llevado a odiarlo ni carga consigo ninguna emoción negativa. Kasumi no siente más que compasión por ese hombre que la ha estado persiguiendo por esta ciudad en ruinas desde hace ya varias horas. Quizás sólo ha logrado sentir desesperantes momentos de frustración y tristeza, un odio efímero que se terminó borrando entre lágrimas y deseos que jamás se volvieron realidad.
—Gojou… —pronuncia suavemente y él levanta el mentón en su dirección. Kasumi dirige su mirada a él por un instante—. ¿Realmente estás bien?
Satoru escucha su pregunta, llena de pena. De ser sincero consigo mismo se diría que no se ha hecho esa pregunta desde que salió del sello.
—¿Estás preocupara por mí? —pregunta y extiende una ligera sonrisa ladeada.
—Claro que lo estoy, después de todo lo que ha pasado sería de lo más normal que no te encontraras bien. Cualquier persona normal…
—Tú lo has dicho, Kasumi. Cualquier hombre normal… Yo soy Gojou Satoru —contesta, sin perder la petulancia de su tono—. Soy el más fuerte, aún.
Kasumi reprime un nuevo suspiro. Observa su expresión confiada, la forma en la que se cruza de brazos y levanta el mentón, aun creyéndose la octava maravilla del mundo. Esta exhibición de vanidad es suficiente para recordarle con quién está hablando. Quizás se equivocaba al creer en algún punto que Gojou, al final del día, era tan hombre y tan mortal como cualquier otro, a pesar de sus monstruosos poderes.
—Buenas noches, Gojou…
—Buenas noches, Kasumi-chan.
Él se acerca a la mesa, apaga la vela luego de humedecerse dos dedos y vuelve a sentarse en el sofá con ambas manos dentro de los bolsillos. Kasumi tiene problemas para dormir con él allí, incluso llega a pensar que todo lo que ha pasado hoy no ha sido más que otro sueño en el que se reencuentra con él, como tantos que ya ha tenido con anterioridad. Sin embargo, no parece serlo. Lo ha besado dos veces hoy y de alguna forma sus labios aún cosquillean por su contacto. Su corazón no deja de latir con fuerza y le cuesta mucho quedarse completamente dormida. Quizás se deba a que presiente que no estará ahí al despertar, aunque se ha empeñado en mandarlo de regreso por donde vino desde que volvió a encontrarse con él. Aún así es una idea que le roba el sueño. No deja de ser un temor palpable; el de despertar para darse cuenta de que todo esto no ha sido más que el sueño de una mente cansada de batallar.
Gojou espera silenciosamente de otro lado, observando atentamente su rostro medio cubierto por el cabello suelto. Echa un vistazo a las katanas agarradas sobre el respaldo de una silla y ve los destellos azules sobre su empuñadura. No tiene idea de cuántos cabellos hay cosidos en cada una, pero toda la empuñadura se ve completamente cubierta de azul cian. Probablemente Kasumi tema quedarse sin sus espadas, quizás algo ha ocurrido en el pasado que la obligó a cargar con dos y ella es una chica demasiado lista como para dejarse cometer el mismo error dos veces.
Pasada una hora, y con Kasumi completamente dormida, Gojou se pone de pie. Ha estado pensando en esta idea desde que ella le comentó el tiempo que ha estado pasando sola en esta ciudad desértica. Teme despertarla si abre la puerta, por lo que junta sus palmas y desaparece de la habitación sin dejar rastro alguno. En un parpadeo, está sobre la ciudad con los ojos bien abiertos, buscando en cada recóndito rincón abandonado.
—Hora de trabajar… —se dice a sí mismo con una sonrisa—. Veamos… hay tres en esa dirección. Uno bajo el puente y cinco más en el área comercial. Dos en el cementerio, uno en aquel mercado… y varias en el área residencial… —Junta sus palmas y hace tronar sus nudillos.
A primera hora de la mañana, el sol se cuela por las frágiles cortinas blancas, rasgadas, probablemente comidas por algún insecto. Kasumi separa las pestañas y mientras lo hace ve la figura borrosa de Gojou, aún sentado en el sofá. Lo que comienza como una mancha de tintes blancos y púrpuras se vuelve rápidamente claro. Tiene el rostro apoyado sobre sus nudillos y los bordes de su sonrisa se elevan al verla incorporarse. Kasumi bosteza y se talla los ojos, luego parpadea varias veces y lo ve nuevamente. Realmente esperaba que no estuviera ahí.
—Sigues aquí… —sale de sus labios sin pensárselo demasiado.
—Oh… ¿temías que no lo estuviera? —pregunta, apoyando ambos codos sobre las piernas, inclinándose en su dirección—. No planeo irme a ningún lado sin ti, Kasumi.
Ella se levanta del sofá y toma una botella con agua para darle un sorbo. Envuelve la bolsa de dormir y lo ve por última vez sin decir nada para marcharse nuevamente al baño. No puede contestar a sus insinuaciones porque siente la lengua enredarse dentro de su boca, por lo que decide no decir nada en lo absoluto. Nada es mejor que balbuceos o una respuesta medio tartamudeada.
—Kasumi-chan —la llama él del otro lado de la puerta—. ¿En qué estado está Kioto?
—¿Huh? —musita, con el cepillo de dientes dentro de la boca—. Relativamente normal… La gente trabaja y los niños van a la escuela…
—¿Hay sitios para comer?
—Sí, ¿planeas ir a Kioto?
—Claro, iré contigo.
Kasumi escupe la pasta dental y toma un sorbo de agua para enjuagarse. Se voltea incrédula hacia la puerta y espera a que se explique, pero no lo hace. Abotona nuevamente su camisa, se coloca los pantalones y sale para encontrarlo parado del otro lado. Kasumi levanta el mentón y lo ve, alerta, se aparta rápidamente y se coloca el arnés de sus katanas.
—Podría tomar un tiempo hasta que exorcice todas las maldiciones.
—Ya me encargué de eso.
Se detiene camino a la puerta y se voltea a él.
—¿Qué dices?
—Supuse que querrías regresar a casa así que terminé el trabajo por ti mientras dormías.
—No hablarás en serio…
—Fue fácil, sólo me tomó un par de horas, pero la ciudad está limpia.
Repentinamente no sabe qué hacer, no sabe si sentirse ofendida o gradecida. No es como si le agradara dormir aquí cada noche y vivir de comida enlatada, pero esto no le sienta del todo bien.
—Debiste preguntar si me sentía cómoda recibiendo tu ayuda. Me pagan por hacer esto.
—¿Huh? También soy un hechicero, Kasumi. Es mi trabajo, igual que el tuyo.
No tiene nada qué responder. Aunque quisiera seguir esta discusión por alguna razón frustrante que no comprende. Frunce el ceño y comienza a recoger sus cosas. Gojou la observa, la ve andar por la casa con el rostro fruncido metiendo sus pertenencias en una mochila y ajustársela en la espalda.
—Entonces me marcho, gracias por tu ayuda Gojou-san —dice antes de tomar la perilla de la puerta.
—Espera, ¿estás molesta? ¿estás enojada conmigo? —pregunta, confundido—. Pero si no he hecho nada malo, ¡espera! ¡Kasumi! ¡Kasumi-chan! —la llama, pero ella no voltea en su dirección—. ¡Te has vuelto orgullosa, Kasumi! —le grita, siguiendo sus pasos nuevamente—. ¡Oye! ¡Kasumi! ¿No sería más fácil si te llevo a Kioto? ¿Haces siempre este recorrido a pie?
—Claro que no —responde ella y saca unas llaves de su bolsillo—. No tienes que llevarme, puedo volver sola. Tengo en qué volver…
—¿Tienes auto? ¿Por qué lo dejaste tan lejos?
—No es como si alguien fuera a robárselo… Además, suelo recorrer la ciudad antes de encontrar un lugar en el cual pueda pasar la noche.
Satoru ya se había imaginado este escenario, durante la noche, mientras ella dormía. Imaginaba a Kasumi llegando a esta ciudad, completamente sola, recorriendo una decena de casas hasta encontrar la menos corroída por el paso del tiempo, armando su campamento para luego dedicarse a trabajar.
—Ha sido difícil, ¿cierto?
Kasumi continúa caminando sin mirar atrás. Encuentra un sentimiento extraño en la voz de Satoru, no sabe si es lástima.
—Me las he arreglado.
—Eso veo. Parece que te las arreglas demasiado bien, ¿la paga es buena?
—Es suficiente.
Gojou la ve detenerse junto a un auto azul, pequeño, de tres puertas. No tiene alarma y a Kasumi le toma solo una vuelta de llave abrir la puerta y subirse. Él camina hasta la ventanilla y la ve a través de la ventana. Kasumi no está segura de lo que debería hacer. Mandarlo de vuelta a Tokio no significaría más que obligarlo a afrontar algo para lo que quizás no está listo. Invitarlo a acompañarla tal vez no haga más que revolver aún más sus enmarañados sentimientos. Lo ve del otro lado del cristal, tal vez esperando una invitación. Se siente derrotada, Kasumi no es de las personas que pueden abandonar a alguien en medio de la carretera, aunque haya tenido malas experiencias subiendo desconocidos a su auto. Se inclina sobre el asiento del copiloto y levanta el seguro de la puerta. Luego se vuelva a él, lo mira un instante y luego vuelve los ojos a la carretera.
—Ya sube al auto…
Una ligera risa sale de los labios de Satoru mientras da la vuelta y se sube al auto. Descubre rápidamente que es muy pequeño para alguien de su estatura. Tiene las piernas demasiado largas y las separa tanto que toca la palanca de cambios con la rodilla.
—Hay una palanca bajo el asiento para ajustarlo —aconseja Kasumi, señalando con el dedo. Gojou estira la mano entre sus piernas, pero no logra encontrarla.
—¿Dónde?
—Ahí, más a la izquierda.
—No la encuentro.
—Permiso.
Kasumi se inclina, con una mano sujeta del volante y la otra entre las piernas de Gojou. Pero antes de que él pueda hacer un comentario al respecto, el asiento se va hacia atrás y Kasumi vuelve a su asiento, se coloca el cinturón de seguridad y enciende el auto.
—Colócate el cinturón —le ordena, a pesar de que su petición no tenga ningún sentido tratándose del chamán más fuerte del mundo. Quizás se deba a que está acostumbrada a decir esto cada vez que sus hermanos se suben a su auto.
—Nunca tuve un viaje en carretera con alguien. Debí haber traído algo de comer —comenta cuando el auto comienza a moverse.
—Si quieres busca en el asiento trasero, suelo empacar algunas cosas antes de salir.
Satoru se estira hacia la parte trasera del auto, obligando a Kasumi a inclinar su cuerpo contra la ventana. Su torso es tan ancho que el auto se siente terriblemente pequeño para ellos dos. Lo siente revolver entre sus cosas, probablemente en busca de algo dulce para comer.
—Me muero de ganas de ver a Sochi —comenta él—. No tanto por ver a Kano, pero supongo que tengo que caerle bien si quiero ser parte de su familia.
El vehículo se detiene súbitamente y Gojou se golpea contra el parabrisas, aún no había cumplido con el pedido de ella de abrocharse el cinturón. Kasumi se ve molesta, tan molesta que se le arrugó el entrecejo; incluso tiene los labios fruncidos hacia abajo.
—S-será mejor que aclaremos esta situación antes de seguir adelante —suelta, perdiendo un poco la compostura.
—Me parece bien —responde, volviendo a acomodarse sobre el asiento del copiloto.
—Voy a llevarte a Kioto conmigo, pero solo porque aún siento estima por ti… a pesar de todo. C-Creo… creo que incluso podríamos ser amigos… eventualmente. Si realmente alguna vez te preocupaste por mí o llegué a importarte, tal vez podamos serlo… ser amigos. Pero no creas que sigo siendo una muchacha enamoradiza, ya aprendí mi lección. Ahora, déjate de bromas, deja de pretender que quieres intentarlo otra vez. Ya no es gracioso.
—No intentaba ser gracioso.
—¿Entonces qué pretendes? Porque si me lo preguntas a mí, parece que estuvieras burlándote.
—No… no estoy burlándome de ti. Es sólo que… No sé cómo hacer esto —contesta y se sonríe, como si admitiera algo que le da un poco de vergüenza—. ¿Cómo se supone que te demuestre mis intenciones si no me das la oportunidad?
—Tal vez simplemente estuviste solo por demasiado tiempo, y sólo necesitas compañía. Eso puedo entenderlo… mejor de lo que crees. Sólo deja de hacer esas bromas, no quiero que menciones nada de eso a Sochi o a Kano. Ellos no tienen idea de… lo que pasó entre tú y yo. Solo intenta ser mi amigo, es todo lo que puedo ofrecerte y si no estás dispuesto a aceptarlo entonces baja—.
—Trato hecho —contesta, acomodándose en su asiento para luego abrocharse el cinturón—. Pero, que quede claro que no me rendiré. Tú lo sabes Kasumi, mejor que yo, tú aún sientes algo por mí y voy a demostrártelo.
—En ese caso la nueva regla del viaje en carretera es que tienes prohibido hablar.
—¿Nada?
—Absolutamente nada.
—Pero es un viaje largo hasta Kioto, en auto deben ser al menos unas seis horas.
—Absolutamente nada —repite Kasumi en un tono demandante.
—Okay, okay, absolutamente nada —contesta y hace un gesto con la mano sobre su boca, como si estuviera cerrando una cremallera.
A pesar del trabajo que le presupone, Gojou logra guardar silencio por al menos dos horas de las seis de viaje. Luego silva una canción con cautela, como si hubiera encontrado un vacío legal en su contrato con Kasumi. Ella no objeta, su auto no tiene estéreo y el silencio se ha vuelto aburrido. Luego de otra hora él canta una canción que ella no ha escuchado hace años. Debe ser de las últimas canciones que Gojou escuchó antes de ser sellado. La idea la deprime y termina tarareando al compás de su voz, meneándose ligeramente de un lado al otro hasta que él finamente rompe su promesa.
—Uhm… Kasumi-chan, ¿qué día es hoy?
Ella lo mira de reojo; él mira la ruta y ha dejado de cantar desde hace un buen rato.
—Es 24 de julio… del 2023.
—Verano.
—Sí.
—¿Siempre trabajas sola? —pregunta luego de un largo silencio y Kasumi decide no recordarle su promesa de guardar silencio.
—No… Antes tenía un compañero.
—Oh…
Vuelve a guardar silencio. Las posibilidades se amontonan en su mente y evita preguntar qué pasó con este compañero; si Kasumi lo habrá visto morir o en qué circunstancias se separaron. Una idea se entromete en su cerebro, una chance que se alimenta de la inseguridad generada por el constante rechazo de Miwa.
Lo imagina, lo conoce. Conoce la tensión que se genera en el auge de una batalla. No debe ser difícil sentir esa misma sensación en un escenario como este, tan falto de calor. La adrenalina que llevó a Kasumi a sus brazos varias veces, de hecho, se debió a una maldición que amenazó su vida. ¿Cuántas veces pudo haber experimentado eso? No sería raro que se dejara caer a los brazos de un compañero, luego de salvarse por un pelo. Compartiendo un sitio desolado en el cual dormir, en ciudades desérticas, las posibilidades son muy grandes como para no meditar sobre ellas.
—No murió, si eso es lo que estás pensando —comenta, ya que se ha hecho demasiado evidente para ella el silencio que sopesó dentro del auto luego de responderle—. Sólo… tuvimos unas diferencias. Nada grave, aún somos amigos.
—Ya veo.
Gojou vuelve a meditar. Espera que no haya sido un quiebre tan abrupto como el suyo con Suguru. Sin embargo, no se atreve a preguntar. La anterior idea sigue rondando por su mente.
—¿Falta mucho? Podría usar un hechizo para mandarte con auto y todo a Kioto. Nunca lo he usado con objetos, pero creo que podría hacerlo.
—¿No te gusta viajar en carretera? A mí me gusta, es tranquilo. Sobre todo, lo disfruto después de pasar tanto tiempo exorcizando maldiciones. Ya no hay muchos sitios para vacacionar en Japón… Es lindo ver el paisaje de vez en cuando. Kioto se ha vuelto muy poblado, después de Shibuya… —luego de pronunciar esta palabra, Kasumi traga. Teme que la sola mención de la estación cause algún efecto en Gojou—, los sobrevivientes fueron evacuados a las ciudades que aún estaban en pie.
—Fue caótico, ¿no?
—Sí. El plan de evacuación nacional estuvo muy mal organizado… Momo y yo trabajamos muy duro al principio… El gobierno de Japón formó una división para lidiar con las anomalías. Así es como le llaman…
—Anomalías… ¿he? Suena algo frívolo para lo que realmente son. El gobierno japonés tiende a minimizar las cosas para no asustar a la población.
—Lo sé, pero tenían que hacer algo. No éramos suficientes chamanes para todo Japón.
—¿Qué fue lo que pasó exactamente?
—¿No lo sabes? ¿Realmente te fuiste de Tokio sin preguntar nada?
Kasumi lo mira nuevamente, desde hace un tiempo le ha empezado a preocupar el estado mental de Gojou y la razón por la que evita volver a Tokio.
—Tenía prisa. Oye, ¿aún hay kikufuku en Kioto?
—Pasaremos a comprar camino a casa —contesta sonriendo, y luego continúa—. Después de que fuiste sellado… Kenjaku utilizó a Uzumaki en varias ciudades de Japón… En un principio se estimó que 10 millones de maldiciones fueron liberadas en todo el país… En veintitrés ciudades, que quedaron casi completamente destruidas.
—Sí… pude ver los cráteres en el camino. Aún hay energía maldita emanando de ellos.
—Pudimos rodearlos con pergaminos, pero fue difícil llegar a ellos. Osaka es la nueva capital del país y Tokio ha sido declarada un área restringida para el resto de la población. Sólo los chamanes tenemos autorización de cruzar la prefectura. La parte buena es que después de que tantas maldiciones fueron liberadas, el número de ventanas aumentó significativamente.
—Debe tener una relación, el universo siempre encuentra una manera de equilibrar la balanza.
—Supongo que sí, aunque con tantas ventanas en el resto del país el trabajo se ha incrementado mucho y el gobierno ha intentado reclutar a los chamanes en varias oportunidades.
—Ah… todo se salió de control —dice para sí mismo y se cruza de brazos—. Creí que todo había terminado hace unos días, pero considerando lo que dices aún queda mucho por hacer. Estás haciendo un buen trabajo, Kasumi. Te has vuelto una mujer muy fuerte… tu energía espiritual creció mucho desde la última vez que te vi. A pesar de tener una sensei tan mala como Utahime.
—Oye… ten un poco de respeto. Utahime tenía un plan para liberarte a pesar de que hubiera preferido matarte.
—Si su plan hubiera funcionado yo no hubiera estado sellado durante cinco años.
—No tuvo tiempo, todo pasó demasiado rápido… También estuve ahí, ¿sabes? No fue fácil… No fue fácil salir huyendo sabiendo que te tenían en su poder. Yo era muy débil en ese entonces, bueno… aún hoy no hubiera podido hacer nada al respecto. La situación nos sobrepasó a todos.
—¿Fuiste a Shibuya por mí?
—Por supuesto.
Gojou se queda sin palabras, aunque esto solo dura un momento.
—¿Aún sabiendo que no tenías posibilidades de ganar? Pudiste haber muerto, Kasumi.
—Eso no tiene importancia ahora.
—Me conmueves, ¿sabes? —dice, volteándose sobre el asiento en su dirección y logra ver el rubor naciendo en sus mejillas, él ensancha su sonrisa—. Yo también hubiera ido por ti.
—Todos fuimos por ti, Gojou. Nadie iba a abandonarte.
El pecho de Satoru se tuerce en su interior. Todos los que murieron en Shibuya, lo hicieron buscando liberarlo. Esta certeza es dolorosa, demasiado como para mantener la sonrisa.
—Lamento haber dejado que me atraparan.
—Lo importante es que estás vivo —contesta ella, sonriendo en su dirección por un instante antes de volver la vista a la carretera. Cada vez se vuelve más y más difícil estar tan cerca de él.
Hola Lector! Muchísimas gracias por todos sus comentarios, realmente no esperaba que hubieran tantas personas esperando esta secuela. Realmente tengo a Desencanto metido en el corazón, lo escribí revolviendo dentro de mí y me entregué por completo a la historia. Ahora que han leído el primer capítulo, quisiera comentarles que planeo algo más adulto, obviamente ya que Miwa ha crecido mucho en estos años. Espero que en esta nueva historia pueda volver a conectarme con al menos algunos de ustedes a un nivel personal, que puedan verse reflejados en este par y lo difícil que son las relaciones humanas y lo que implica adentrarse en ellas, el trauma y la soledad, que creo que serán los factores más importantes que planeo abarcar en esta historia. Por supuesto, el escenario es completamente diferente e incluiré bastantes OC, así como también organizaciones que se han formado a partir del incidente de Shibuya. En el próximo capítulo vamos a ver nuevamente a la pequeña familia Miwa y estoy muy emocionada al respecto.
Muchísimas gracias también a Hina D. Hitsumakiha, Wandd, arrios18, luc1822vilsi, zulmajea, ina minina, Blueberry77 y TheOtherDestiny por sus agradables reviews. De verdad muchísimas gracias por sus comentarios y sobre todo la fidelidad de muchos de ustedes hacia cada uno de mis aportes a este ship que realmente amo con todo el corazón. Estoy profundamente agradecida por sus palabras y me dan muchos ánimos para seguir adelante con esta nueva historia. Espero hayan disfrutado de este nuevo capítulo, a pesar de que no han pasado muchas cosas. Prometo que el siguiente será mucho más interesante, ¡nos leemos!
