Capítulo 3: Lo que yace bajo la piel
Con un cheque recién cobrado en el bolsillo, Kasumi se dirige al mercado más cercano para abastecer a los muchachos. Ya tiene asignada su próxima misión que comenzará dentro de pocos días. Luego de la noticia de la muerte de Kenjaku, comenzó a planificarse la recuperación del territorio de Tokio, el cual tomará tiempo y mucho trabajo, ya que las maldiciones que aún habitan allí son gigantescas y casi ningún chamán ha aceptado encargarse. Si la paga no fuera tan buena quizás ella tampoco lo hubiera hecho. Y mientras aguarda en la fila para pagar por sus compras revisa su agenda telefónica y se pregunta si su ex socio aceptaría esta misión, ya que siempre ha sido tan codicioso como ella, por diferentes razones.
Luego de cargar veinte bolsas de compra en el auto, Kasumi sube al asiento del conductor y, mientras se coloca el cinturón de seguridad, recibe una llamada. Le resulta curioso, aunque no extraño, que Megumi Fushiguro esté llamándola en este momento, pero no tarda mucho en atender.
—Fushiguro —dice y escucha con atención su respiración intranquila.
—Uhm… Miwa-san… ¿cómo has estado? —le pregunta y Kasumi sabe que es demasiado amable como para preguntarle de una vez lo que realmente quiere saber. De hecho, Kasumi ha estado esperando esta llamada, probablemente él ha estado llamando a todos los hechiceros que conoce para dar con el paradero de Gojou.
—Bien… Llamas por él, ¿cierto? Por Gojou Satoru —contesta y se sonríe al escuchar un suspiro del otro lado.
—Espero no molestarte, Miwa-san —dice cortésmente—. No me parecía apropiado preguntártelo sin antes preguntar como has estado, tú y tus hermanos. Llamé a Utahime y a Kusakabe, pero no lo han visto.
—Lo imaginé, estamos bien… y sí, sé dónde está Gojou.
—¿Lo viste? ¿Dónde?
—La última vez que lo vi estaba en mi casa, espero que siga ahí, mis hermanos se fueron a la escuela y Kano está trabajando así que supongo que está aburrido… Pero no creo que salga, dijo que no quería que nadie supiera que estaba en Kioto. Pero no puedo ocultarte esa información a ti, supongo que estás preocupado por él.
—Sí… salió hace dos noches de Tokio sin decir a dónde iba, lo único que dijo es que tenía asuntos pendientes. ¿Tienes idea de a qué se refería?
La respuesta se detiene sobre su garganta y Kasumi traga, a la vez que deshace la idea que se forma en su mente.
—No lo sé.
—¿Cómo está?
Esta vez tarda un poco más en contestar, se deja caer sobre el asiento de su auto y mira el reloj en el tablero. Gojou lleva solo en su casa al menos tres horas y esto la incómoda.
—Se ve bien, pero… No sé cómo explicarlo, se ve demasiado bien.
—Él siempre ha sido extraño… pero…
Megumi tampoco saber qué decir en esta ocasión.
—Lo enviaré a Tokio apenas llegue a casa, y si no está allí volveré a llamarte.
—Gracias, Miwa-san. Estaré esperando tu llamada y si no quiere venir, iré por él.
Estira el cuello, las vértebras suenan y suspira aliviado. Observa el cielo, las nubes y las aves sobrevolando la región mientras escucha la radio. La abuela Chou está sentada en una mecedora junto a la puerta, vigilándolo mientras poda el césped. Ahora al menos puede usar su técnica del infinito para evitar mancharse el uniforme con los trozos de césped que salpican de las astas de la podadora.
Siempre es divertido mostrarle a alguien el infinito, y la abuela Chou no ha sido la excepción. Sus ojos cansados se abrieron de par en par, abrió la boca con el mismo asombro de un infante y él sonrió, como siempre lo hace.
—Qué suerte tengo —dice la abuela cuando Gojou se retira para tomarse otro vaso de jugo recién exprimido de naranja—. Si Kasumi-chan no se hubiera ido a trabajar, no te hubiera tenido toda la tarde para mí sola.
—¿No le preocupa que su esposo la escuche? Podríamos meternos en problemas —contesta, dirigiéndole una sonrisa lasciva a la anciana.
—Oh, tonterías. Shin está sordo, aunque sospecho que la mayoría del tiempo finge su sordera para no hacerme caso.
—Suena como un tipo inteligente. Usted habla demasiado abuela.
—¿Ya te has aburrido de mí?
—Un poco. Ah… pero qué otra opción tengo, Kasumi-chan aún no ha regresado.
—No tienes que ser tan honesto, niño. Pierdes un poco tu encanto, cuando uno se acostumbra a tu lindo rostro empiezas a prestar más atención a tus palabras y no son muy agradables.
—Sí, soy un poco desagradable. Lo sé.
—¿Y así piensas conquistar a Kasumi-chan?
—¿Huh? Ya lo logré una vez, ¿por qué no podría hacerlo de nuevo?
—Oh… —musita la abuela como si acabara de dar con un descubrimiento—. Así que eres él…
—¿Él? ¿Kasumi ha hablado de mí?
—Uhm… —sale de la garganta de la abuela y cambia completamente su expresión amable. Desenamorada de Gojou, le dirige una mirada ligeramente hostil—. Si eres esa persona entonces tengo que advertirte, si lastimas a esa niña de nuevo yo misma me encargaré de ti.
—Abuela… ¿qué le ha contado?
—Nada bueno, niño. Nada bueno… ¿Acaso viniste a rogarle que regrese contigo?
—¿Rogarle? Bueno, eso no estaba entre mis planes —contesta, cruzándose de brazos—. No sé qué sepa usted, pero yo sé lo que ella siente por mí y lo demás me es francamente indiferente.
—Bueno, no sé a dónde puedas llegar con esa actitud arrogante. Sólo voy a decirte una cosa, si ya has echado a perder tu oportunidad tendrás que hacer muchas enmiendas para tener otra. Kasumi es una mujer, una mujer que probablemente has herido más de lo que te puedes imaginar. Y dudo mucho que alguien con tantas responsabilidades quiera tener a su lado a un niño engreído, ella ya tiene muchos niños qué cuidar. Tal vez tengas que demostrar que has cambiado, sé un hombre, sé responsable y respetuoso.
—Responsable y respetuoso… —piensa Gojou y no tarda en darse cuenta de que él es la antítesis de estas dos palabras.
—Justo a tiempo… —suelta la anciana y Satoru levanta la vista hacia el pequeño auto azul que se estaciona frente a la casa de junto.
Kasumi baja, pero se detiene a atender el teléfono mientras Gojou se pone de pie y sonríe en su dirección. Permanece quieto y ve claramente la forma en la que su rostro se entristece y suspira.
—Ahí estaré… —dice al finalizar su conversación y cuelga, luego levanta la mirada y lo ve.
No le sorprende demasiado encontrarlo en el pórtico de la abuela, ella es rápida para este tipo de manipulaciones y se sonríe al ver el césped recién cortado.
—¡Kasumi-chan! ¡Linda! —le dice la abuela y se apresura a la cocina para volver con un recipiente entre las manos que no tarda en devolver a Gojou—. Gracias por la comida, tesoro.
—¡De nada, abuela! —contesta y rodea el auto para sacar las compras.
—Ve, ve a ayudar, rápido —le susurra la abuela a Gojou, empujándolo del pórtico.
Sigue siendo extraño verlo, como si todo fuera un interminable sueño lúcido. Gojou se acerca y toma más bolsas de las que ella podría soñar con cargar y se sonríe, intentando sacar las llaves de su casa.
—No tienes que llevarlas todas —le dice ella.
—No me gusta hacer dos viajes —contesta sonriéndose.
Al llegar a la puerta, lo mira de reojo, una ligera risa le curva los labios y abre la puerta.
—¿La abuela te obligó a quitarte la venda de los ojos?
—Se podría decir…
Una vez dentro de la casa vacía, sin la risa de los niños ni los pasos retumbando sobre el suelo de madera, Kasumi deja las compras sobre la mesa y se apresura a ordenar. Satoru está a su lado, sacando las compras de las bolsas, observándola en todo momento mientras de mueve hacia los estantes de la cocina y el refrigerador.
—¿Quién te llamó? —le pregunta repentinamente, sin dejar descuidar sus labores—. Te veías preocupada.
—Me llamaron de la escuela de los niños…
—¿Hideki?
—Usagi. Se metió en problemas… golpeó a un niño en la cara.
—¿Usagi? —pregunta Gojou como si estuviera a punto de reirse—. Parecía una niña muy buena.
—Lo es, por eso estoy segura de que lo hizo por defender a Hiro. Lo molestan mucho en la escuela.
—¿Por estar pasado de peso?
—Sí…
—Los niños tienden a hacer esas cosas.
—Y por ser huérfano.
—Oh…
—Y porque su tutora es un chamán.
—Entonces son sus padres, hablando a través de sus hijos. ¿Quieres que les de una lección? Podría darles un buen susto.
—No es necesario, además eso solo empeoraría la imagen que tienen de nosotros… —dice y se detiene, tomando un par de latas entre las manos—. Es la segunda vez en el año, pero no voy a regañarlos. Al menos Usagi sabe defenderse, pero Hiro es más tímido.
—Querías hablar conmigo sobre Hideki, ¿cierto? —pregunta Gojou, toma unos cuantos paquetes de galletas y la sigue hasta la cocina.
—Así es… —Kasumi abre la puerta de la alacena de puntas de pie y deja las latas. Luego se voltea hacia él y lo ve a los ojos. Es difícil volver a verlo, tenerlo tan cerca y al mismo intentar no verse como una niña de dieciocho años. Sin embargo, le sostiene la mirada y continúa sin dejarse intimidar por su sola presencia—. ¿Podrías investigar su árbol genealógico?
Gojo se estira sobre ella y Kasumi se congela, la puerta de la alacena sigue abierta y él aprovecha la oportunidad para acercársele sutilmente, dejando las galletas en el aparador.
—Uhm… —balbucea, tratando de no ruborizarse—. ¿Podrías? Es decir, ahora que regresaste seguramente aún tendrás los recursos del clan Gojou… Intenté hacerlo por mi cuenta, pero no pude llegar muy lejos. La mayoría de los registros quedaron destruidos después del incidente.
—¿Hay algo más sobre él? Además de la energía maldita, claro.
—Cuando lo encontré… No había ninguna maldición. La ciudad estaba desértica y… los cuerpos de sus padres estaban bastante descompuestos… Pero Hideki seguía viviendo en su casa, no sé cuánto tiempo llevaba ahí solo. Supongo que sobrevivió con lo que sea que quedaba comestible en su casa y el suministro de agua potable que le quedaba… Aun así, tenía un alto grado de desnutrición, por lo que es más pequeño que un niño de su edad. Pero incluso en ese momento tenía una cantidad de energía maldita impresionante… No me ha dicho mucho sobre sus padres, sólo sé sus nombres… ¿Podrías hacerme ese favor?
—Tendría que regresar al clan —contesta con cansancio—. Por lo que dices supongo que sigue en pie.
—Fushiguro también llamó, está preocupado por ti.
—Qué tierno, pero no tiene de qué preocuparse. Le dije que tenía algo importante qué hacer, puedes decirle que no pienso regresar por el momento.
—No pensarás ignorar tus responsabilidades ahora, ¿o sí? Eres importante, ya has desaparecido por demasiado tiempo, Gojou. Tu clan debe estar buscándote.
Satoru suspira, siente que la cabeza le pesa y recuerda el consejo de la anciana entrometida. Tal vez no es el momento de parecer un irresponsable, ni de ignorar a Megumi. Y, aunque no tiene deseos de marcharse, termina por acceder.
—Lo haré, con una condición.
—¿Cuál?
—Un beso de despedida.
Kasumi desvía la mirada rápidamente, casi tan rápido como el calor sube a sus mejillas y la deja hecha un manojo de nervios.
—Tienes que estar bromeando. Tienes a Fushiguro muy preocupado como para estar pensando en esas tonterías.
—Tenía que intentarlo. ¿Qué tal esto? Iré a Tokio, hablaré con Megumi y los miembros del clan, a ver qué puedo hacer al respecto de Hideki-kun. Pero me quedaré a cenar contigo y los niños, ¿qué te parece?
Es toda una tarea, esto de sostener una fachada inflexible, cuando la sonrisa se le escapa con tanta facilidad. Gojou sabe muy bien cuáles son sus puntos débiles y los usa a su conveniencia, pero no puede molestarse cuando su pedido parece tan inocente y realmente no le molestaría en lo absoluto volver a compartir una comida con él.
—De acuerdo —termina diciendo—. Pero ahora tendrás que acompañarme a buscar a los niños a la escuela. Tengo que retirarlos de detención.
—Me trae recuerdos, también tuve que hacerlo por Megumi un par de veces.
—¿Fushiguro se metía en problemas?
—Sí, sus días de bully fueron muy divertidos.
La faceta de madre preocupada de Kasumi es encantadora. Escucharla hablar con el profesor que tiene a los niños en detención requirió un poco de paciencia de parte de Gojou y no extraña para nada tener que encargarse de este tipo de cosas. En aquel momento trataba de sacárselos lo antes posible de encima, con trabajo pretendía entender la severidad de las acciones de Megumi aunque lo cierto es que no veía motivo alguno para retenerlo después de clases.
Cruzado de brazos, mordiéndose la lengua, Gojou escucha la reprimenda que recibe Kasumi y no tarda mucho en darse cuenta de que son más severos con ella de lo que fueron con él, años atrás. Tal vez se deba a que es un chamán, y este profesor lo sabe. Quizás también se deba a que es mujer y que se espera mucho más de ella como tutora, de lo que alguna vez alguien pretendió de él. Es difícil acertar, saber si es una opción o la otra o quizás una mezcla de las dos. Sin embargo, Kasumi logra maniobrar la conversación con dignidad y termina subiendo a los tres niños al asiento trasero del auto.
—Lo hiciste demasiado bien —la felicita Satoru, subiéndose al asiento del copiloto. Esta vez recuerda abrocharse el cinturón de seguridad, aunque no fue difícil, considerando que todos los niños lo hicieron al mismo tiempo—. Podríamos demandar a la escuela por el acoso que recibe Hiro, ¿quieres que te preste al abogado de clan?
—No voy a demandar a la escuela, Gojou. Es la única escuela que hay en el área…
Satoru se apoya contra su asiento y mira al callado trío detrás de él. Se ven tan apenados que se le ocurre la idea de invitar la cena, pero luego recuerda que no tiene dinero, ni tampoco un celular que funcione. Volver a Tokio en este momento se vuelve más obligatorio, y si bien Miwa no es MeiMei, necesita dinero para conquistar una mujer.
Al llegar, Kano ya está en casa, sentado en el sofá con el nudo de su corbata deshecho. Los ve, mientras se abren paso por la sala y vuelve a mirar a Gojou, arquea una ceja y antes de que la pregunta que su mente clama pronunciar se haga oír, Satoru lo interrumpe.
—Me invitaron a cenar, Kano-kun, ¿no te alegra? —pregunta con ambas manos en los bolsillos, agachándose a su altura.
—Como sea, hoy le toca a Kasumi cocinar.
Insatisfecho por la poca predisposición de Kano a discutir con él, dirige su atención a Kasumi y los niños. La escucha con atención mientras los envía a sus cuartos a cambiarse en el primer piso. Afila sus oídos sobre las pisadas de los niños, corriendo rápidamente, arrojando sus uniformes en sus dormitorios. Y mientras lo hace, ve de reojo a Kasumi revisar unos mensajes en su celular, se da media vuelta y se marcha a su dormitorio.
A Satoru no le queda más opción que sentarse junto a Kano en el sofá. Tal vez demasiado esperanzado en que el mundo volviera a detenerse con su llegada. No puede pretender que Kasumi deje de trabajar o cuidar niños para concentrarse en él, y le cuesta admitir que necesita un poco más de atención.
Desde que llegaron a Kioto, no ha tenido más que unos cuantos minutos a solas con ella. Y quizás es algo a lo que debería acostumbrarse si realmente pretende formar parte de esta familia. Aunque, siendo sinceros, él jamás se hubiera esperado encontrar a Miwa con tres hijos adoptivos. En su imaginación, perdido dentro de aquel sello, sólo se veía a sí mismo, Kasumi, Sochi y Kano.
—Oye… —interrumpe súbitamente sus cavilaciones un susurro. Gojou se voltea a Kano y encuentra en su expresión una mezcla incómoda entre incertidumbre y molestia.
—¿Qué?... ¿estás molesto conmigo?
—Baja la voz… No, no lo estoy, ¿por qué lo estaría? ¿Hiciste algo malo?
—No, no he hecho nada. ¿Por qué susurramos?
—Porque no quiero que Kasumi o los niños escuchen.
—¿Un secreto? —susurra Gojou con una sonrisa.
—¿Qué pretendes con mi hermana?
Jamás había sido increpado de esta manera por un muchacho tantos años menor que él. Gojou no se da cuenta, pero un ligero color le pinta las mejillas mientras guarda silencio sin saber exactamente qué debería contestar. Prohibido de decir la verdad, por una promesa expresa con Kasumi, Gojou contesta lo primero que se le viene a la mente e intenta no balbucear, aunque siente la lengua enredada dentro de su boca.
—Somos amigos.
—Amigos —contesta Kano estrechando la mirada, escupiendo la palabra con cinismo.
—Así es… ¿acaso no tienes amigas, Kano? ¿Eres de esos que no creen en la amistad entre el hombre y la mujer?
—Claro que no, sí tengo amigas. Pero no miro a mis amigas como tú miras a mi hermana. ¿Crees que no me he dado cuenta? Lo he sospechado desde la primera vez que te vi y sigues siendo el mismo sensei descarado de aquella época.
—Kano, tienes una imaginación brillante. Seré el primero en comprar tus mangas cuando consigas alguna editorial que los publique.
—No escribo ese tipo de mangas, lo mío es shonen… Oye, ¡no cambies el tema!
—¿Y ahora por qué discuten?
Con un suspiro y sumo cansancio la voz de Kasumi irrumpe en la conversación. Con intriga Gojou sonríe en la dirección del más joven, ni siquiera puede sostenerle la mirada a Kasumi y probablemente no sepa qué contestarle.
—Hablábamos sobre la trama del manga de Kano. Suena interesante, la mente de Kano es excepcional para la ficción, ¿no crees, Kasumi-chan?
—Oh, sí. Kano siempre ha tenido una imaginación muy vívida.
—Debe ser porque soy muy observador —contesta, apuntando sobre su ojo derecho—. Tal vez no tenga seis, pero puedo ver mejor de lo que ustedes creen. Y los estoy observando con los ojos bien abiertos.
—Qué ominoso sonó eso —contesta Gojou.
—Sí, qué tétrico.
—¿Desde cuándo da tanto miedo?
—Con los años se ha vuelto más…
—¡No hablen de mí como si no estuviera oyéndolos!
Una brisa cálida llega por el corredor cuando la puerta delantera se abre. Con sólo ver la sonrisa de Kasumi, Gojou intuye que se trata de Sochi. El joven llega, sudado y cansado, pero con una sonrisa ensanchada en el rostro, una que parece iluminarse más de sólo ver a Gojou sentado en el sofá de su casa. Deja de mochila en suelo y se deja caer junto al sensei.
—Tenía miedo de que te hubieras ido y que no pudiera despedirme de ti.
—Me quedaré a cenar y luego volveré a Tokio, pero volveré pronto.
—¿Jugamos? Ahora tengo una PS4.
—¡Claro! Oh… uhm… ¿tienes tarea?
—No tengo.
—Entonces juguemos.
Los juegos de guerra siempre le han parecido entretenidos, incluso interesantes, pero después de tan solo tres días de haber vivido una, no le parecen tan realistas. Se encuentra a sí mismo haciendo comparaciones mentales constantemente. Los estruendos, las explosiones, incluso la percepción de los colores le parece inapropiada y sin querer revive aquellos últimos momentos en su mente. Parece que sólo salió de ahí hace un instante, que en su último parpadeo estaba sellado. Siente en su pecho un palpitar extraño, demasiado sonoro para un momento tan tranquilo. Traga, vuelve a sentir bajo su nariz el hedor de sangre, el profundo e inconfundible olor a hierro. El incomparable y putrefacto hedor de la carne humana quemada, consumida hasta volverse ceniza. Un nudo se cierra sobre su garganta. Se limpia las palmas sobre los muslos y vuelve a tomar el mando. Tiene la vista pegada a la pantalla, sin embargo, su mente se desconecta repentinamente.
—Gojou-sensei… —escucha en un sitio lejano—. Gojou-sensei —se repite y él parece despertar—, tienes tiempo sin jugar, ¿cierto? Estás perdiendo.
—Cierto… —comenta y esfuerza una sonrisa—. Me distraje por un momento, pero no te confíes. En la próxima ronda te haré pedazos.
A pesar de que no los han regañado en casa, Hiro y Usagi se mantienen demasiado callados. Bajan después de cambiarse y se sientan en la mesa a terminar sus tareas, observando de reojo y Sochi jugar con Gojou.
Por alguna razón el chamán no logra controlar sus palpitaciones, se limpia las manos constantemente sobre el pantalón, ya que los dedos se le resbalan sobre los botones del joystick. Sus sentidos se sienten más agudos que de costumbre. Puede escuchar claramente los platos en la cocina, la salsa burbujeando, el olor del pollo frito le llena los pulmones y parpadea un par de veces ya que la vista se le nubla repentinamente.
Su cuerpo comienza a sentirse aletargado, los músculos de su cuerpo están completamente exhaustos.
Para la hora en la que la comida está lista, ya ha jugado al menos tres partidas con Sochi, pero sólo pudo ganarle la última. Lo único que puede asumir es que está oxidado, ha pasado años sin jugar video juegos y probablemente Sochi se ha vuelto mejor en este tiempo.
Con los platos dispuestos sobre la mesa, vuelve a tomar la cabecera contraria a la de Kano. Kasumi vuelve a llenar su plato, de la misma forma en la que lo hizo en la mañana y le sirve un vaso de agua.
—El pollo frito siempre les levanta el ánimo —dice Kasumi, sonriéndole a los niños.
—Cuidado, Hiro, vas a manchar tu playera —suelta Kano.
—Me he vuelto muy bueno, le gané dos veces a Gojou-sensei.
—Pasas demasiado tiempo jugando video juegos. Deberías concentrarte más en la escuela.
—Pero es un día especial, ¡Gojou-sensei volvió!
—Yo también quiero jugar con Gojou… —dice Usagi en un tono afligido—. ¡Yo también quiero jugar esos juegos!
—Mejor juega algo acorde a tu edad, Usagi —contesta Kano.
—¡No es justo! ¡Sochi los juega desde que tiene mi edad! —grita Usagi, levantando una mano acusadora y empuja su vaso.
Los platos sobre la mesa se arrastran en un instante, como si una onda expansiva invisible hubiera estallado, al mismo tiempo que el cristal se revienta contra el suelo. La mesa rechina sobre el suelo, moviéndose medio metro contra Kano. Las sillas de Sochi y Kasumi hacen lo mismo. La comida se salpica sobre la mesa y un par de palillos vuelan al otro lado de la habitación.
Gojo se queda totalmente quieto y observa como todo a su alrededor se aleja de sí. Su técnica activándose y expandiéndose involuntariamente. Levanta la vista y ve atónito las expresiones de los niños y de Kasumi. Se voltea a ésta última, llevando su atención a su mirada perpleja, aferrada de la silla que se arrastrado súbitamente contra la pared.
—¿¡Qué fue eso!? —exclama Kano.
Kasumi se levanta rápidamente de su asiento y camina hasta él. Con el infinito desactivado, lo ve a los ojos y se da cuenta que instantáneamente que tampoco esperaba que esto pasara.
—¿Estás bien? —le pregunta y lo toma su rostro entre ambas manos. Levanta los cabellos desordenados que le cubren la mirada y observa las bolsas oscuras bajo sus ojos—. No tienes fiebre, ¿cuánto tiempo llevas sin dormir?
—No lo sé, desde el 2018 —contesta y se ríe, pero esto no le causa ninguna gracia a Kasumi.
Repentinamente recuerda a la perfección lo que sucedió la última vez que pasó tres días sin dormir. Siente las manos tibias de Kasumi sobre su piel y su ritmo cardiaco comienza a normalizarse. Borra su sonrisa con tan solo ver su rostro, tan preocupado y consternado que llega a sentirse culpable de que le agrade su reacción.
—¿Te he preocupado, Kasumi-chan?
—Claro… —contesta, levantando las comisuras de su sonrisa—. No puedo enviarte así a Tokio, hablaré con Fushiguro. Quédate a dormir esta noche y vuelve mañana por la mañana.
—Supongo que puedo hacer ese sacrificio…
—Bien, pero se quedará en mi cuarto —irrumpe Kano, acomodando las cosas sobre la mesa.
—Eso fue muy extraño… —dice Usagi, usando una servilleta para limpiar y Kasumi se marcha para regresar con una escoba y recoger las cosas que han quedado regadas en el suelo.
—No te sientas mal, Gojou-sensei —le dice Sochi, acercándole su plato—. Cuando nos mudamos se me cayó la caja con la vajilla y comimos en platos plásticos por dos meses.
A pesar de sonreír al escuchar este comentario, Gojou no logra sentirse del todo tranquilo. Es la primera ocasión en su vida en la que pierde el control de sus poderes de esta forma. De haber sido más grave el exabrupto, la situación podría ser grotesca. Algo en él se despertó repentinamente, como si su cuerpo buscara protegerse naturalmente de algún ataque sorpresivo.
Después de tantos años de haber rozado a la muerte, es extraño que ahora ese recuerdo parezca tan cercano. Que aún una fibra de su cuerpo esté contemplando la idea de ser atacado por la espalda.
La cena continúa sin mayores inconvenientes. Y aunque todos parecen estar tomándose demasiado bien la situación, Gojou percibe sobre él miradas efímeras llenas de preocupación y curiosidad. Satoru observa, al acabar la cena, como los niños levantan los platos con diligencia y él permanece sentado sin soltar palabra alguna, con su técnica completamente desactivada y manteniendo especial atención en el curso de su energía maldita.
Kano camina al primer piso y regresa con unas mudas de ropa que le entrega desinteresadamente.
—Ponte esto, creo que te quedará bien —le dice, como si intentara no sonar amable.
—Gracias, Kano-kun.
—Y esto —le dice, entregándole un cargador—. Tal vez te sirva.
Gojou mira la ficha con una sonrisa, aunque no está seguro si el celular encenderá. Se marcha al baño, se viste la ropa de Kano y lo sigue hasta su dormitorio con unas cobijas y una almohada que Kasumi le entregó luego de llamar a Megumi.
Satoru acomoda su improvisada cama junto al tomacorriente más cercano, enchufa su celular y sonríe al ver el símbolo de la batería brillar sobre la pantalla partida. Con impaciencia lo enciende, tendido en el suelo con el mentón sobre la almohada.
—Tendrías que estar durmiendo, ¿no es esa la razón por la que vas a pasar la noche aquí? —cuestiona Kano, metiéndose en la cama.
—Siempre he tenido problemas para dormir.
—Kasumi no estará feliz.
—¿Vas a acusarme?
—Sólo déjame dormir, mañana tengo que trabajar. Es lo que los adultos hacemos.
Problemas para dormir comienza a parecerle desaprecio al cabo de dos horas. Tiene su propio cuarto desde que la Escuela de Hechicería se hizo cargo económicamente de ellos y siempre ha tenido el sueño ligero, por eso usa cortinas tan gruesas, ya que tiende a despertar con el primer rayo de sol. Da vueltas sobre el colchón, de un lado al otro, escuchando los videos que Satoru reproduce en su celular, poniéndose al tanto de todo lo que ha pasado en el país durante su ausencia, aunque esperaría que se inclinara ante problemas de seguridad nacional y no videos virales.
—¿Podrías apagar esa cosa?
—¿Huh? ¿Aún estás despierto? Duérmete, tienes que trabajar en la mañana.
El comentario de Satoru no hace más que enervarle aún más los nervios. Kano se sienta sobre el colchón y arroja su almohada hacia Gojou, pero no lo toca y esto le irrita.
—Suficiente, ya he sido demasiado amable contigo —dice, levantándose de la cama en sus pantalones cortos—. Ve a dormir a la sala, ¡al sofá!
—Esa no es manera de tratar a los invitados, Kano. Sochi tiene más modales que tú.
—¡¿Modales?! ¿¡Te atreves a hablar sobre modales!? ¡Vete de mi cuarto!
Gojou tuerce los labios y suspira, aunque termina levantándose de la cama improvisada que dispuso sobre el suelo y sale de la habitación de Kano. Al salir siente la puerta cerrarse detrás de él y se queda parado en medio del corredor en que están el resto de los cuartos de los niños. Baja las escaleras en medio de la penumbra y vuelve a llegar a la sala, arroja su almohada sobre el apoyabrazos y se echa con el celular aún entre las manos. Sus pies sobresalen del otro lado y se remueve ya que es un poco angosto para alguien de su contextura, pero no se queja. Sabe que se lo ha ganado.
—¿Qué fue todo eso?
La voz de Kasumi le hace sonreír. Se incorpora sobre sus codos y la ve bajo el marco, cruzada de brazos, vestida en su ropa de dormir.
—¿Escuchaste?
—Sí, ¿peleaste con Kano?
—Es un poco temperamental.
Kasumi suspira y lo observa encorvado en esa incómoda posición sobre el sofá.
—Ven a mi cuarto, no puedo dejar que duermas ahí —una ligera ola de calor se le sube al pecho y las mejillas al ver los ojos de Satoru agrandarse—. N-No te imagines cosas…
—No lo hice, ¿tu sí?
—Detente… ¿vas a dormir en mi cuarto o no?
—Sí, señora —contesta, levantándose de un salto para ir detrás de ella con su cobija y almohada bajo el brazo.
La puerta del cuarto de Kasumi rechina al empujarla, Gojou inspira el aroma del perfume y camina despacio. Observa la cama deshecha, los estantes con libros y la foto de su familia junto a un velador que desprende luz cálida y baña las paredes de ámbar. Cierra la puerta detrás de él y se voltea a verla, sentándose tímidamente sobre el colchón.
Sin decir nada, extiende las cobijas sobre el suelo y se recuesta, pero cuando está a punto de volver a darle una mirada a su celular, Kasumi lo toma suavemente de entre sus manos y lo apaga para dejarlo junto al velador.
—Eso sólo te impedirá dormir, tienes que descansar.
Apoya su rostro sobre una mano y mira desvergonzadamente las piernas desnudas de Kasumi, luego alza su perlada mirada hasta su rostro y le sonríe. Se le hace imposible dejar de pensar en cosas que ella probablemente consideraría impertinentes, cosas que le harían avergonzarse y la posibilidad de ser nuevamente enviado a dormir al sofá no es una que le resulte atractiva.
—Si compartimos la cama creo que dormiría mejor —contesta, incapaz de controlar el impulso.
—Gojou… —pronuncia en un tono extraño y él espera otro desaire—, ¿cómo te sientes?
—¿Huh?... Bien, el suelo es un poco duro, pero…
—No me refiero a eso… ¿Quieres hablar?... Es decir… pasaste mucho tiempo sellado y sé que al salir no tuviste la mejor bienvenida. Imagino que debe ser duro… y no te has dado el tiempo suficiente para…
—Estoy bien, Kasumi. Soy…
—El más fuerte, lo sé. Aún así… no puedo evitar preguntarme cómo fue para ti…
—¿El sello? —ella asiente, él se recuesta nuevamente y clava la vista en el cielo raso—. El sello es un mundo infinito lleno de cadáveres, el olor es putrefacto.
—¿Fue un parpadeo? Leí que allí dentro el tiempo no pasa.
—Es cierto, dentro de la prisión confinadora el tiempo no pasa, pero es diferente a lo que imaginas. No es como si el tiempo estuviera detenido, como si nada se moviera. El paso del tiempo se siente igual que ahora, después de todo el concepto de horas y minutos no son más que una construcción social para darle algo de sentido a los días y las noches. La única diferencia es que allí mi cuerpo no envejecía, el tiempo pasa y la materia se mantiene en el mismo estado, si está descompuesta no continúa su ciclo como lo haría fuera de la prisión, si está viva, permanece viva. No sentía hambre, ni sed, no necesitaba nada a nivel físico. Pero mi mente seguía funcionando de la misma forma que lo ha hecho siempre. El agotamiento simplemente era…
—Mental. Lo entiendo, eso me temía.
—¿Me echaste de menos?
A pesar de la luz escasa de la habitación, Satoru nota con claridad la forma en la que Kasumi rola los ojos omitiendo responder a su pregunta. A Kasumi aún le asombra un poco la desfachatez que tiene para cuestionarla de esa manera, ya que aún yace en ella los recuerdos de aquella conversación que se suscitó momentos antes del incidente de Shibuya. Sin embargo, volver a increparlo sobre esta cualidad tan suya, no le apetece en este instante. No puede evitar preguntarse qué tan profundas son las heridas que Satoru oculta, o de las cuales aún no se percata.
—Solo cierra los ojos y duerme, ¿es tan difícil?
—De hecho, como ya he pasado varios días sin dormir sí es un poco difícil.
—Tal vez una bebida caliente te ayude a conciliar el sueño.
—¿Sabes qué podría ayudarme?
—¿Qué?
—Acuéstate conmigo —responde, se hace a un lado y palmea el espacio que ha dejado desocupado.
Satoru se extraña al notar que ella medita sobre esta propuesta, le asombra que realmente pueda estar considerándola y su corazón se detiene al verla recostarse sobre las cobijas, a su lado. Expectante, observa la mano derecha de Kasumi alzarse sobre su rostro y siente su tacto, cubriéndole los ojos.
—Cuando traje a Hiro a casa, él también tenía dificultades para dormir. Así que dormimos juntos por una semana… fueron días difíciles para él, así que intenté todo lo que se me ocurrió para hacerlo sentir en casa. Me contó que su madre solía acariciar su cabello cuando lo arropaba, así que lo hice cada noche hasta que pudo dormir solo.
—¿Vas a acariciar mi cabello?
—Si te ayuda a dormir, podría hacerlo. Pero no intentes nada extraño o dormirás afuera, ¿entendido?
—Entendido.
Cierra los ojos, respira profundamente el aroma que destila la piel impoluta de Kasumi, respira lentamente y siente el suave roce de sus dígitos sobre su cabello desordenado. La escucha con atención mientras susurra y comienza a sentir como su cuerpo se relaja por completo.
—Respira profundamente e intenta descansar —le dice en un tono que nunca le había escuchado con anterioridad—. Tal vez te cueste admitir que tienes miedo de despertar y estar ahí de nuevo, quizás ni siquiera sabes que tienes miedo. Pero no te preocupes, cuando despiertes estarás aquí. Nada malo va a pasar, no te preocupes, solo intenta dormir una vez… durante una noche completa.
N/A: Este final de cap fue más dulce de lo que esperaba, y me derrito escribiéndolo. Espero que lo hayan disfrutado, y muchas gracias a las personas que han dejado review en el capítulo anterior. Gracias a luc1822vilsi, Blueberry77, clairewesker2021, zulmakea, ina minina y TheOtherDestiny. Espero que este capítulo los encuentre muy bien y que esperen con tanta ansia el siguiente capítulo como yo, ya que ahora toca visitar el clan Gojou y ME HUBIERA ENCANTADO QUE HAYA MAS INFO, pero del clan Gojou se sabe poco y nada, así que mi imaginación tuvo que ponerse a trabajar. Muchas gracias por leer, nos leemos en el próximo capítulo.
