Capítulo 6: De vuelta al inicio


Sonrojada, con los labios entreabiertos y los ojos apuntando en otra dirección, Kasumi permanece parada fuera del apartamento de Ren, en el centro de Kioto. No esperaba que luego de tocar la puerta, la recibiera sin camisa y nunca ha sido la mejor a la hora de disimular lo que le causan los chicos guapos, en especial los que tienen esa curva en la cadera que conduce al sur de su figura.

—E-espero que no estés ocupado… —dice, sumamente incómoda y haciendo un esfuerzo gigantesco por sostenerle la mirada y esbozar una sonrisa. Sin embargo, él no se preocupa en devolver el gesto. La mira de arriba abajo y luego a los ojos, de una forma completamente carente de sentimiento. Luego rola los ojos y se aparta del marco de la puerta.

—Ya entra, no te quedes ahí parada —le dice y camina hasta el sofá para tomar una camiseta roja que no tarda mucho en ponerse—. La próxima no vengas sin avisar.

Es difícil para ella dar un par de pasos dentro del departamento de Ren, sobre todo después de escuchar la bienvenida que tiene para ella. Kasumi cierra la puerta detrás de sí, incapaz de quitarse del rostro el rubor que le pinta las mejillas.

—Creí que no contestarías… No contestaste mis últimos mensajes.

—Sí, supongo que tienes razón —dice y se sienta en el sofá.

Han pasado años desde la última vez que Kasumi estuvo aquí, y en aquel momento Ren no tenía más que un par de muebles. Ahora tiene un televisor de pantalla plana de al menos 50 pulgadas, todos los muebles parecen haber sido cuidadosamente seleccionados, la mayoría negros y de aspecto contemporáneo.

—Parece que te está yendo bien —le dice, observando las piezas de arte abstracto colgadas en las paredes.

—¿A qué vienes, Kasumi? Supongo que no a admirar mi gusto en arte moderno.

—No —se ríe—, claro que no. Lo que sucede es que… ahora que vuelvo a verte dudo que te atraiga la propuesta que tengo para ti.

—¿Una propuesta? —cuestiona Ren y repentinamente se ve intrigado.

—Me ofrecieron un trabajo grande, se paga muy bien —comienza Kasumi, sacando del bolsillo interno de su chaqueta el contrato que aún no ha firmado.

—¿Y por qué te ofrecieron a ti algo tan peligroso? —pregunta Ren enarcando una ceja, tomando el contrato para leerlo superficialmente.

—¡Ah! ¡Porque soy un chamán responsable!

—¿¡Tokio!? ¿Estás demente, Kasumi? Sabes perfectamente que un chamán de tu categoría jamás podría limpiar el centro de Tokio. Ni siquiera las escuelas Jujutsu lo han logrado… Es por eso que nadie ha aceptado el trabajo… eso explica la suma que te ofrecen… Haces esto y puedes descansar al menos dos años. Ahora tiene sentido por qué viniste a buscar a tu viejo compañero —dice sonriéndose—. Tendrás que disculparme, no estoy interesado en volver a trabajar contigo.

—Pero hacíamos buen equipo…

—Lo sé, y mira a dónde nos llevó eso. Ahora somos dos extraños —contesta y toma de la mesa una caja de cigarrillos, saca uno y lo enciende frente a Kasumi.

—Podemos dividir la paga, con un año libre me es suficiente para organizar mis cosas. Los niños necesitan mi atención y…

—Tal vez deberías pedirle ayuda a tu otro ex.

Los labios de Kasumi se aprietan en una línea recta y Ren observa con desagrado como el rubor se expande por toda su piel.

—Gojou Satoru tiene otros asuntos que atender ahora y, además, él ya ha hecho suficiente.

—¿Entonces entiendes a la perfección la aversión que puede generar trabajar codo a codo con tu ex?

—No pensé que pudieras sentir tanta aversión por mí… Después de todo, en algún momento dijiste que podíamos ser amigos eventualmente.

—Estaba intentando ser mi mejor versión, pero no lo soy, Kasumi. Aún te aborrezco, tal vez nunca pueda ser tu amigo. Y la verdad es que ni siquiera es tu culpa, soy rencoroso, lo reconozco… Y… si eso es todo lo que has venido a decirme puedes marcharte ya.

Ella recibe nuevamente su contrato y vuelve a verlo una última vez antes de darse media vuelta y marcharse.

—La misión comienza en dos semanas. Si te arrepientes… estaré esperándote en la línea 20 de Hachiouji.



Es decepcionante para ella finalmente llegar a la conclusión de que Ren y ella ya no son amigos. Que el daño que le ha hecho simplemente es irreparable y no hay mucho que ella pueda hacer para rescatar lo que haya quedado de esa relación. Y esta idea le trae a la mente su oferta de amistad hacia Gojou. Kasumi no está segura, si como Ren, ella simplemente no pueda olvidar el daño que constantemente está presente detrás de su mente. En segundo plano siempre yace el recuerdo de su engaño, de sus mentiras y ocultamientos. Esta vez, Kasumi ve a Gojou por lo que realmente es y no como la versión idealizada su yo de dieciocho años.

Estaciona su auto frente a la casa sintiendo un extraño nudo sobre su estómago. Al entrar escucha ruido en la cocina y se anuncia, como siempre lo hace.

—¡Ya llegué! —dice en voz alta y camina cautelosamente hasta su habitación, empuja la puerta y encuentra vacía la improvisada cama de Satoru. Él realmente se ha marchado y un sentimiento contradictorio la confunde. Habiéndole pedido tantas veces que regrese a Tokio, debería estar satisfecha de verlo marcharse, como prometió. Supone que esta inquietud se debe a que sigue preocupada por él y aquel incidente con su técnica maldita.

No se detiene a pensarlo demasiado, intentando darse por satisfecha e imaginando que Megumi logrará convencerlo de quedarse en el colegio de Tokio.

Al llegar a la cocina encuentra a Kano, aflojándose el nudo de la corbata. Su cabello desordenado, bebiendo de una taza de café recién hecho.

—¿Día duro?

—Se podría decir… —responde con ligera indiferencia, aún parece estar frustrado por lo que sucedió durante la mañana, pero antes martirizar a su hermana fija la vista en la ventana que da hacia la calle y frunce el ceño—. Son esos tipos de nuevo.

Kasumi se voltea a ver el auto estacionado detrás del suyo, negro y de vidrios tintados. Dos sujetos bajan de él y uno se queda parado junto a la puerta del conductor mientras otro camina en dirección a la entrada.

De buenas a primeras, ella cree que se trata de un equipo del gobierno, probablemente de la División de Anomalías. Pero no hay ninguna insignia oficial en las puertas que lo identifique.

—¿De nuevo? —pregunta, volteándose a Kano—. ¿Ya habían venido?

—Olvidé mencionarlo… con todo eso de tu invitado se me olvidó por completo. Vinieron la semana pasada preguntando por ti, pero no me dijeron qué querían.

El timbre de la puerta suena y casi al mismo tiempo tocan la puerta tres veces. Los golpes retumban con fuerza sobre la puerta y esto la inquieta lo suficiente como para pasar por su cuarto en busca de sus katanas antes de abrir la puerta. Observa silenciosamente sobre la pequeña mira sobre la puerta y ve una imagen agigantada del rostro de aquel sujeto que espera por ella del otro lado. Tiene la piel envejecida y llena de marcas, unos anteojos oscuros y el cabello peinado hacia atrás. Estira el nudo de su corbata, tal y como Kano lo hizo hace un momento, bajo su mandíbula cuadrada perfectamente afeitada dejando un pequeño rastro de vello bajo su labio inferior.

Kasumi deja la katana junto a la puerta, desenvainada, en una posición que le dará la ventaja si esto terminara de la peor manera. Con sólo extender sus dedos la tendría sobre su palma y podría defenderse en cuestión de segundos.

Kano observa a punto de cuestionarle qué demonios está haciendo, pero guarda silencio y espera intranquilo mientras su hermana abre la puerta.

La puerta se abre, tan sólo diez centímetros. Kasumi posa sus grandes y desconfiados ojos azules sobre aquel sujeto y la ve bajo las gafas negras.

—¿Miwa Kasumi? —pregunta él y ella asiente.

—¿En qué puedo ayudarlo?

El no contesta, pero Kasumi extiende disimuladamente los dedos de su mano derecha y la katana vibra contra la pared. Él mete una mano dentro del bolsillo de su chaqueta y cuando Miwa está a punto de llamar a su espada, él saca un sobre blanco y se lo extiende.

Los dedos pálidos de Kasumi se relajan y observa confundida el sobre, luego lo toma y vuelve a mirar al uniformado esperando alguna explicación.

—Una invitación.

Un poco más tranquila, abre un poco más la puerta y saca la invitación del interior del sobre.

—¿El clan Zen'in? —pregunta aún más confundida y escucha a Kano acercársele por la espalda, estira el cuello y lee la invitación.

—¿Con código de etiqueta?

—Es una invitación formal, mi amo tiene ciertas preferencias.

—Lo siento —contesta Kasumi volviendo a meter la invitación dentro del sobre para devolverla—. No puedo aceptar esta invitación.

Luego de lo sucedido con Mai, Kasumi encuentra increíble que el clan Zen'in tenga la osadía de extenderle una invitación a su templo. Y, aunque es inevitable preguntarse el motivo, no hay más respuesta en su mente que evitarlos todo lo que le sea posible.

—Verás, muchacha… La invitación es mera formalidad… —le responde, sin recibir el sobre, parado firmemente sobre sus dos piernas—. Te daré unos minutos para cambiarte y ponerte algo apropiado.

—¿Qué no la escuchaste? Dijo que no irá —suelta Kano, interponiéndose entre ella y aquel que se ha vuelto una estatua junto a la puerta, pero Kasumi lo detiene poniendo una mano sobre su hombro.

—Los niños llegarán en unos minutos —le susurra al oído—. Está bien —le dice al que hace guardia afuera de su casa—. Es una reunión de etiqueta, ¿no?

—Ponte una falda —responde con una sonrisa y antes de que Kano se abalance sobre él, Kasumi cierra la puerta frente a su nariz.

—¿Estás loca? ¿No te das cuenta de lo peligroso que es esto? —le increpa, pero ella no se ve tan conmocionada como él.

—Lo sé, por eso es que creo que lo mejor es ir con ellos antes de que los niños lleguen. Si la abuela Chou se asoma por la ventana lo más probable es que aparezca aquí husmeando y no quiero que ella también termine involucrada. La única solución es que vaya a su estúpida reunión para saber qué diablos quieren… quizás solo se trate de un trabajo.

—¿En falda? ¿Qué clase de trabajo requeriría que…? No, no respondas esa pregunta. De ninguna manera voy a permitir que te subas a ese auto.

—Tranquilo, llevaré mis katanas.

—Deberías llamar a Kamo-san, es líder de un clan, ¿no? Seguramente él puede hacer algo al respecto. Incluso el idiota de Gojou Satoru podría intervenir.

—No tenemos mucho tiempo para hacer llamadas, ¿no crees?

—Ellos mataron a tu amiga, Kasumi.

—No tienes que recordármelo —contesta, volteándose a su habitación para buscar rápidamente algo que encaje en el supuesto código de vestimenta de su invitación.

—Estás demente —dice Kano, caminando de un lado al otro en el cuarto de su hermana—. Estás loca, no puedes ir. No te lo permitiré. No puedes marcharte.

—Tranquilo, Kano —dice su hermana, discutiéndose mentalmente entre dos faldas que raramente usa.

—¿Acaso tienes una idea de la clase de pervertido con el que vas a reunirte?

—Creo que me hago una idea… Ahora sal de mi cuarto, voy a cambiarme.

—No, te lo prohíbo.

Kasumi no parece inclinada a negociar con Kano y lo mira con decisión mientras desabotona el primer botón de su camisa. Este gesto es suficiente para que él desista se marche, cerrando con fuerza la puerta de su habitación.

Mientras se viste una ceñida falda negra con una ligera abertura sobre el muslo derecho, mira la hora sobre el reloj en su mesa de noche y cuenta los minutos que les tomará a los niños regresar a casa desde la escuela. Tiene suerte si le restan quince minutos.

Para cuando finalmente sale, vistiendo una falda, unos tacones de apenas cinco centímetros y una blusa blanca, Kano ni siquiera puede mirarla.

—Volveré pronto —le promete antes de partir hacia la puerta.

Kano la observa desde la ventana y comparten una última mirada antes de subirse al vehículo negro.



Tras un vuelo de dos horas y un viaje en auto de una hora más, Kasumi finalmente se para frente al templo de la familia Zen'in que fue escenario de la muerte de una de sus amigas, hace ya varios años.

Nadie podría creer la masacre que ocurrió aquí, a manos de Maki Zen'in. Kasumi ve con desprecio cómo han logrado levantar cada pared que ella echó abajo y comienza a contar mentalmente el número de guardias que deambulan por los alrededores. Es sorprendente lo que se logra con el dinero suficiente.

Apenas le reconforta la idea de que, si la quisieran muerta, ya lo estaría. El clan Zen'in no tiene motivo alguno para meterse con ella. Su única relación con los clanes es su amistad con Kamo-san, para quien realiza algunos trabajos de vez en cuando. Pero todo el aire ominoso que la envuelve le da escalofríos.

En silencio es escoltada hasta una habitación en lo más profundo del templo, entre jardines y lagos artificiales que hacen parecer a este templo como cualquier otro. Nadie sospecharía que aquí anidan algunos de los seres más despreciables de todo Japón.

El mismo sujeto que fue por ella, desliza la puerta de una habitación y ella echa un vistazo al interior. Allí dentro, entre antorchas colgadas en las paredes, se sienta el líder del clan Zen'in. Kasumi jamás lo había visto pero supone que la enorme cicatriz que tiene en la mitad del rostro ha sido cortesía de Maki Zen'in, en retribución por el asesinato de su hermana.

"Es lo mínimo que te mereces", piensa Kasumi y camina hasta quedar en el centro de la habitación.

Él bebe sake, sentado en el suelo como si no se hubiera dado cuenta que ella acaba de llegar. Kasumi tiene que aclararse la garganta para llamar su atención y él levanta la vista para verla a la cara. Se sonríe y se pone de pie.

—Miwa Kasumi —la anuncia el que la ha escoltado hasta allí.

—Bien, bien, ya puedes marcharte —le dice y este cierra la puerta mientras él camina a su alrededor, inspeccionando su figura sin mucho pudor. Repentinamente toma su rostro y dirige su mentón hacia su rostro, Kasumi abre los ojos con horror sin saber exactamente cómo debería actuar en este momento y el grado de peligro en el que la pondría intentar desenvainar una de las katanas que tiene colgadas en la espalda—. Bonita —le dice finalmente y ella frunce el entrecejo, completamente confundida por esta simple palabra—. Sí, creo que me agradas. Me habían comentado que eras linda, pero no sabía que tenías buenas piernas. Deberías subirte un poco más la falda para que las vea mejor.

Kasumi da un paso hacia atrás y el líder del clan deja ir su rostro con una sonrisa cínica doblándole los labios.

—¿Cuál es el motivo de su invitación?

—Tranquila, Miwa. Toma asiento, tengo una propuesta para ti. Claro… si puedes sentarte con esa falda tan ajustada —comenta, soltando una ligera risa que le hiela la piel.

Tal vez no hubiera sido tan mala idea llamar a Kamo-san, o incluso a Gojou Satoru, piensa Kasumi mientras ve a su anfitrión volviendo a tomar asiento frente a ella.

—Soy Naoya Zen'in, pero eso probablemente ya lo sabías. Vamos, siéntate. ¿Quieres sake? —pregunta y antes de que ella pueda negarse, Naoya hace un gesto a una de las criadas que yace sentada con ambas manos sobre su regazo y el rostro apuntando al suelo—. Sírvele sake a mi invitada.

Invitada le suena a exageración, a Kasumi esto le sabe más como a un secuestro e intenta no verse demasiado conmocionada mientras toma asiento frente a Naoya y recibe un pequeño vaso de sake sin protestar.

—¿Cuál es tu bebida de preferencia, Miwa?

—Yo… no suelo beber.

—Qué aburrida… Bueno, con que seas atractiva es suficiente para mí. No es necesario que seas interesante.

—¿De qué se trata todo esto? —pregunta comenzando a inquietarse.

Naoya suspira y hace una mueca de aburrimiento que llega a recordarle a Gojou. Pero el aire que rodea este gesto es completamente diferente al de Satoru, que es más jovial e inofensivo. Naoya le pone los pelos de punta.

—¿Por qué tienes tanta prisa? ¿Huh? Deberías estar complacida por esta invitación. Imagino que tus reuniones con Kamo son de lo más aburridas. Anda, bebe —le pide, pero su tono suena más como una orden y Kasumi no encuentra más remedio que sorber una pizca de sake.

—Solo… me intriga saber el motivo de esta reunión. Yo no soy alguien importante, no sé qué razones tenga para invitarme aquí.

—Bueno, si tanto insistes iremos al grano. Como sabes no hay muchos chamanes en Japón, se podría decir que somos una especie en peligro de extinción. ¿Y qué se hace con las especies en peligro?

Ella sabe la respuesta, pero no se atreve a decirla en voz alta y su expresión logra sacarle una risa a Naoya.

—No entiendo cuál es el punto —dice, tratando de verse indiferente.

—Tengo tres hijos, y aún no han llegado a la edad en la que se manifiesten sus técnicas malditas —comienza, con un poco más de seriedad en el tono—. Supongo que sabes bien que esta familia tiene antecedentes de… restricciones celestiales. Y dado que actualmente estoy reconstruyendo este clan y soy el último miembro de la familia con vida… Bueno, el último que vale la pena… Tengo que tomar cartas en el asunto y asegurar que esta familia crezca lo antes posible.

—¿Y eso en qué me involucra?

—Quiero que tengas uno de mis hijos.

—¿Acaso usted… se me está proponiendo?

—¿Proponiendo? —pregunta, incrédulo, a punto de soltar una carcajada—. Niña, ya estoy casado y de verdad no tengo deseos de tener una segunda esposa. Además, si la tuviera no sería una completa desconocida. Es decir, tú estás bien, tienes un lindo trasero y buenas tetas, no necesito más para…

—No, no está hablando en serio.

—Claro que sí, ¿crees que perdería de esta forma el tiempo si no estuviera hablando en serio? A mí no me importa si mi heredero es de mi esposa o de una amante. Solo tienes que tener al niño y dármelo. Te quedarás aquí el tiempo que sea necesario para garantizar que el niño nazca sano y luego puede volver con tus hermanitos y tus hijos adoptivos a tu pequeña casa en Kioto, con el dinero suficiente para garantizar su educación y lo que sea que necesites. Estás algo escasa de dinero, ¿cierto? Mantener a tantos niños con un sueldo de exorcista no debe ser nada fácil.

Naoya sonríe, la sangre de Kasumi se congela al escucharlo.



Luego de dar una vuelta por la habitación, revolverse el cabello con los dedos y soltar un pesado suspiro, Satoru vuelve a mirar a su madre. Lo cierto es que jamás se había detenido a pensar en cómo era la vida para ella dentro del clan. Quizás porque nunca fue muy expresiva, mucho menos con él. Tal vez creyó que el dinero y la seguridad del clan serían suficiente para ella, pero es evidente que no es así.

—¿Te maltratan? —pregunta Satoru repentinamente, aunque no está seguro de si le importa en absoluto la respuesta—, ¿o sólo estás aburrida?

—Jamás permitiría que me trataran como a las mujeres del clan Zen'in, pero soy la esposa del actual líder del clan y más importante aún… soy la madre de Gojou Satoru. Aunque debo decirlo, no esperaba que ser tu madre fuera mi mayor logro —Yumiko parece percatarse de su propia sinceridad y le dirige una sonrisa a su hijo—, ¿te ofendí?

—Para nada.

—Y bien, se nos termina el tiempo Satoru. ¿Qué piensas hacer? Ya que si vas a casarte con esa muchacha te aconsejo que lo hagas rápido, hay arreglos que deben hacerse.

—¿Cómo cuáles?

—Bueno, por empezar tenemos que traerla al templo. Garantizar su seguridad será prioridad, te aseguro que no sólo los miembros de este clan estarán interesados en ella una vez que se corra la voz de que has elegido una esposa, de una vez por todas. No tienes idea de la cantidad de problemas por los que pasé cuando estaba embarazada… creí que todo terminaría una vez que nacieras y recuperaría algo de independencia, pero eras simplemente demasiado demandante. Todo el tiempo llorando para que te cargue, te negaste a aceptar un biberón por meses así que yo era tu única fuente de alimento. Moviéndome de un sitio al otro con un séquito de Gojous detrás de mí. Tu nacimiento fue todo un acontecimiento, noches y noches sin dormir… Afortunadamente no tuve la necesidad de tener más hijos con tu padre, contigo fue más que suficiente.

—Oh, bueno… lo siento por un ser un bebé, supongo.

—El punto es que hay muchas personas interesadas en que seas el último Gojou con los Seis Ojos, y para terminar con la línea familiar… el blanco más fácil sería la madre de tus hijos.

—Hijos… —pronuncia Satoru y siente un escalofrío recorrerlo.

—Lo sé, es una idea aterradora. Pero no es tan malo, al menos para ti no lo será, mientras hagas tu trabajo no habrá mucho qué hacer que no hayas hecho ya. Entrenar niños es tu vocación, después de todo.

—No puedo darles una respuesta ahora, tengo que decirle a Kasumi que no está segura… —comenta, cruzándose de brazos—. Será una conversación incómoda.

—Tal vez deberías volver a echarle un vistazo a la lista —dice Yumiko, parándose para volver a extendérsela y Satoru la toma entre sus manos, sin realmente mirar ninguno de los nombres—. Haré lo posible para darte más días para decidir, le diré a tu padre que necesitas un tiempo para pensarlo con detenimiento, después de todo esperan una boda en primavera.

—Eso me da… —dice, contando con los dedos de su mano derecha—. Siete meses de ventaja, no entiendo por qué tienen tanta prisa.

—Porque las bodas toman mucho tiempo en ser planificadas. Pero cómo lo sabrías, ¿no?

Una melodía familiar suena en el bolsillo de Satoru y él mira intrigado en su dirección, aunque en un principio desconoce de qué se trata. Cuando finalmente recuerda que su celular aún funciona lo toma y encuentra un número nuevo sobre la pantalla.

—No te atrevas, esto es importante —dice su madre y Satoru la ignora para contestar el teléfono.

—¿Hola? —pronuncia y escucha una respiración del otro lado, alguien se aclara la garganta y pronuncia con un dejo de duda en el tono de su voz.

¿Gojou?

—Sí, ¿quién habla?

Soy Kano… —comienza pausadamente y Satoru se voltea para escucharlo con atención—. Tenemos un problema.

—¿Qué tipo de problema?

Unos sujetos extraños se llevaron a Kasumi hace unas horas. Intenté encontrar el número de Kamo-san pero no lo encuentro por ningún lado. Pensé que quizás podías ayudarme…

Satoru voltea por un instante hacia su madre, suponiendo que tiene algo qué ver en todo esto, ella o quizás el resto del clan.

—¿Tienes alguna idea de quién y a dónde se la llevaron?

El clan Zen'in… Prácticamente la obligaron a ir con ellos… perdí comunicación con ella hace treinta minutos, cuando llegó a Tokio. Estás allí, ¿cierto?

—Yo me encargo, no te preocupes. Te llamaré cuando lo solucione.

Bien… estaré esperando. Y… gracias.

—Ni lo digas.

Cuelga el teléfono y lo guarda nuevamente en su bolsillo. Traga la saliva que comienza a amontonarse dentro de su boca y abre sus seis ojos intentando amplificar su alcance en busca de la impresión de la energía maldita de Kasumi, pero está demasiado lejos como para encontrarla.

—Yumiko —dice, llamando su atención—, ¿qué relación tenemos con el clan Zen'in?

—Uff… No sé si lo que queda pueda llamarse relación. Después de la masacre los clanes propusieron borrar a los Zen'in de los Tres Grandes. Eso no le sentó muy bien a Naoya…

—¿Naoya es el líder? Mierda.

—¿Por qué? ¿Qué fue esa llamada?

—Naoya tiene a Kasumi.

—Oh… bueno eso sí que complica las cosas.

—¿Tienes idea de qué se trata?

—Si los rumores que escuché son ciertos… no tengo muy buenas noticias para ti, hijo. Naoya está intentando levantar su clan por todos sus medios. Tiene más concubinas que tu padre y se presume que todas están embarazadas. Pero tiene preferencia por las chamanas y la tuya es de primer grado.

—Creo que tendré que hacerle una visita al clan Zen'in.

—¿Qué piensas hacer?

—Sólo esperemos que no sea otra masacre.

—Te advierto una cosa, Satoru. Si pones demasiado énfasis en esa niña, Naoya quizás terminé aún más interesado. Además… te recuerdo, si alguien planea atacarte usarán tu punto débil.

—No tengo ninguno.

—Eso es lo que tú crees.



Sin ser capaz de encontrar las palabras indicadas para rechazarlo, sin saber tampoco si está entre sus opciones, Kasumi permanece con la boca entreabierta observando a Naoya beber nuevamente de su sake.

—Yo… no… —tartamudea.

—Hay otra opción, si es que eres demasiado blanda como para dejar al niño aquí. Puedes venir y trabajar para el clan. Tu y tus niños, ¿cuántos son? ¿seis? Tengo dinero suficiente y si resulta que el niño no hereda ninguna de mis técnicas podrás marcharte. No me servirías de nada, a menos que quieras intentar darme otro hijo, podemos intentarlo las veces que sea necesario. Por mí no hay problema.

Repentinamente Kasumi se sonríe, siente que una risa está a punto de salir por su garganta y la retiene, pero esto no parece divertirle al líder del clan Zen'in.

—¿Qué es tan gracioso?

—¿Qué es tan gracioso? Bueno, por empezar que me crea capaz de acostarme con usted por un poco de dinero. Preferiría morirme de hambre antes que tenerlo a diez centímetros de mí.

—¿Te crees la gran cosa?

—Para nada, de hecho, soy la mujer más ordinaria que podría haber elegido. Seguramente hay muchas chamanas que considerarían esta oportunidad, pero no soy una de ellas.

—No creo que estés entendiendo… rechazarme no está entre tus opciones.

—Zen'in-san… Si por cualquier circunstancia tuviera un hijo suyo, jamás se lo entregaría. Moriría antes de…

Repentinamente la puerta de la habitación se abre tan escandalosamente que Miwa y Naoya se voltean a ver al que se acaba de invitar a su reunión. Naoya abre los ojos, desconcertado por la presencia del mismísimo Gojou Satoru dentro de su templo.

—¡Naoya-kun! —lo saluda en un tono energético, caminando hasta el centro de la habitación ignorando casi por completo la presencia de Kasumi. Detrás de él camina un guardia, extendiendo las manos, completamente desconcertado.

—¡Lo.. lo siento, líder! Simplemente entró.

A pesar de su sorpresa, Kasumi no puede evitar sentirse aliviada de solo verlo allí parado, a su lado. Estaba completamente segura de que tendría que desenvainar sus katanas en cualquier momento y comenzar una batalla que muy probablemente perdería.

—¿Satoru-kun? ¿Estás vivo?

—¿Huh? ¿No te llegó la noticia? Vaya, eso me decepciona… esperaba que todo el mundo estuviera al tanto. ¿Miwa? —pregunta, pretendiendo solo verla en este momento—. ¿Qué haces aquí?

—Discutíamos los términos de un contrato… —contesta Naoya—. Escóltenla hasta el aeropuerto. Retomaremos nuestra conversación en otro momento. Ahora tengo un invitado más importante —dice sonriéndose.

—Miwa, Megumi quería haber contigo. Qué suerte haberte encontrado aquí —le dice a Kasumi, tan tranquilo que nadie podría imaginarse sus verdaderas intenciones—. ¿Te molestaría si la llevo al Colegio Jujutsu?

—Para nada… Puedes esperar en el pasillo, Miwa.

—S-sí… —contesta Kasumi, aún sorprendida. Se levanta y acomoda su falda y sale caminando hacia el corredor, no sin antes dirigirle una última mirada a Satoru.

Cuando la puerta se cierra, Gojou le echa un vistazo al vaso de sake casi completamente lleno que dejó Kasumi antes de marcharse.

—¿Quieres un trago? Oh, cierto, no bebes. ¿Un jugo de frutas? Tú —dice, hacia una de sus siervas—. Trae un jugo de frutas para Satoru-kun.

—No te molestes, no estaré aquí por mucho tiempo. Supongo que comprenderás que tengo una agenda muy apretada estos días, considerando que hace un par de días estaba sellado.

—Es bueno que te lo tomes con tanto humor, para ser algo tan humillante.

—Y tú si que sabes de humillaciones, ¿no, Naoya? Verte al espejo todos los días debe recordarte las tuyas.

El gesto de Naoya se tuerce, sus ojos vacíos se clavan en el rostro imperturbable de Satoru y chista, pero al cabo de un momento termina sonriéndose.

—¿Has venido a burlarte? —le pregunta, volviendo a llenar su vaso de sake—. En todos estos años tu padre no ha tenido la cortesía de visitarme a pesar de los altibajos de mi clan. Supongo que esperaba que me muriera, pero no le di el gusto.

—Descuida, las reuniones con Gosuke suelen ser un dolor en el culo. Hace poco tuve una —comenta, rascándose una oreja—, y solo puedo decirte que me alegra no estar allí ahora. Sólo vine a decirte algo…

—Qué intriga… ¿de qué se trata?

—No vuelvas a meterte con los alumnos del Colegio Jujutsu. Con ninguno de ellos, ni los de Tokio, ni los de Kioto.

—Vaya, ¿eso incluye a Kamo-kun? —pregunta, volviendo a reír—. ¿Qué hay de Megumi-kun? Él es un Zen'in.

—Si se lo preguntas a él, sigue siendo Fushiguro y sigue siendo parte del Colegio, en cuanto a Kamo… no puedo involucrarme si es asunto de clanes —contesta, levantando ambas manos en el aire—. No es asunto mío.

—¿Acaso crees que vas a intimidarme, Gojou Satoru? ¿Debería recordarte que hay más de una forma de mantenerte al margen? Qué gracioso, uno creería que con tantos años atrapado en una caja como un animal te servirían de escarmiento.

—Qué puedo decir, soy un sujeto obstinado. Eso es todo, Naoya, disfruta tu tarde y… mis condolencias por el resto de los Zen'in —dice, comenzando a retirarse.

—Eso me recuerda, aún tengo una cuenta pendiente con la perra estúpida de Maki. Hazme el favor de enviarle mis saludos.



Respirar el aire a las afueras del templo del clan Zen'in se siente como la misma libertad. Mientras camina, ligeramente avergonzada por la falda que está usando, Gojou deambula a su lado con el mismo aire tranquilo y confiado con el que entró a aquella habitación en la que se encontraba junto a Noaya Zen'in. Lo observa disimuladamente por el rabillo del ojo y se le escapa una sonrisa, una sensación extraña invade nuevamente su interior y se debate la razón por la que se siente así.

—Gracias —le dice, no hay manera de serle más sincera—. Lo que hiciste ahí adentro… De verdad estoy agradecida contigo por sacarme de ahí. Pero… ¿cómo lo supiste?

—Kano me llamó, estaba muy preocupado… Huh, eso me recuerda… —comenta y saca su celular de su bolsillo para marcar el último número que se comunicó con él. Después de sólo dos tonos, Kano atiende su celular con un saludo demasiado ansioso—. Puedes estar tranquilo, Kasumi está conmigo.

Eso no me da mucha tranquilidad… Pero supongo que eres mejor que el clan Zen'in.

—Se dice gracias, Kano.

Uhm… Bueno, gracias Gojou. ¿Kasumi está bien?

—Lo está, aunque es muy tarde para enviarla a Kioto, pasará la noche en Tokio, en el Colegio Jujutsu, no la esperes —Gojou cuelga antes de escuchar las protestas del hermano menor de Kasumi y al girarse a ella, lo observa con incertidumbre.

—¿Pasaré la noche aquí? —cuestiona, enarcando una ceja.

—Estoy seguro de que Megumi estará feliz de verte.

—Cierto, Fushiguro quería hablar conmigo.

—Oh, eso… sólo fue una excusa para sacarte de ahí… —dice, mientras recuerda las palabras de su madre—. Tuve que…

—Oh… —suelta Kasumi, caminando a paso lento junto a Gojou—. Tu facilidad para mentir es sorprendente, lo había olvidado.

—Oye, no seas injusta conmigo. Estaba tratando de ayudarte. Hay cosas acerca de los clanes que… son muy complicadas para explicarlas ahora mismo.

—Lo sé… lo siento. Pero tampoco me preguntaste si quería quedarme en Tokio esta noche… Lo niños me necesitan.

—Estoy seguro de que Kano podrá arreglárselas por una noche. Además, está comenzando a oscurecer y el camino a Kioto es bastante largo.

—El camino al Colegio también lo es.

—Puedo cargarte.

—Que ni se te ocurra —contesta frunciendo el ceño, evadiendo su sonrisa.

—Déjame intentar algo… no sé si funcione, pero espero que sí…

Satoru saca nuevamente el celular de su bolsillo y busca entre sus viejos contactos. Presiona el botón verde para realizar una llamada y espera mientras el móvil da tono un par de veces. Al cabo de unos segundos el tono se interrumpe y él aguarda por una voz ente cortada que lo cuestiona suavemente.

—¿Go-Gojou?

—¡Ijichi! —saluda efusivamente y escucha una risa lejana del otro lado—. Es bueno escuchar tu voz.

—Es muy bueno escuchar la tuya también… —contesta y Gojou llega a percibir la sonrisa que se dibuja sobre sus labios.

—¿Aún trabajas para el Colegio?

—De hecho… sí. Fushiguro-kun me dijo que estabas en Tokio, ¿puedo ayudarte en algo?

—Miwa-chan y yo necesitamos transporte —contesta sin duda alguna, deteniéndose sobre sus pasos.

Kasumi observa de cerca la interacción sin poder comprender por completo la forma tan despreocupada en la que Satoru se dirige a una persona de la que no ha sabido nada en cinco años. Le sorprende que sea capaz de pedir un favor así sin más, sin morirse de vergüenza.

—¿Mi-Miwa-chan? —cuestiona y luego parece recobrar la entereza—. Envíame tu ubicación y enseguida iré por ustedes.

Satoru cuelga el teléfono y envía las coordenadas de su ubicación, está seguro de que pondrá el grito en el cielo al darse cuenta de que están tan cerca del templo del clan Zen'in, y la idea la causa gracia.

Voltea a ver a Kasumi cuando termina, probablemente ha escuchando todo y por eso ha decidido descansar bajo un árbol. Se sienta en el suelo y se quita los tacones para dejarse caer contra el grueso tronco de un roble. Él no tarda mucho en imitarla y se sienta a su lado.

—Linda falda —comenta, mirando el ocaso que comienza frente a ellos, llenando el cielo de acuarelas anaranjadas y rosas.

—Gracias —contesta, estirando los bordes de la tela sobre sus piernas—. Cortesía de Noaya Zen'in.

—¿De verdad? —cuestiona—. Debería haberlo matado —piensa sin decirlo en voz alta—. Kasumi, ¿qué quería Naoya? —pregunta a pesar de estar casi seguro de su respuesta.

El rostro de Kasumi se abochorna casi de inmediato y elude su mirada inquisitiva.

—Dijo que… que quería que le diera un hijo.

—¿Qué pasa con los clanes y los hijos? —dice, riéndose entre dientes.

—¿Seguirán insistiendo con ello?

—Es probable, Naoya es un sujeto persistente, pero lo solucionaré. No te preocupes —sus palabras no logran su objetivo, el rostro de Kasumi parece marchitarse de sólo recordar las amenazas de Naoya, pero sus ojos se abren de par en par al sentir los dedos de Satoru tomando su mentón para enfrentar su rostro—. Confía en mí.

Su corazón, aún ingenuo, palpita con fuerza bajo su pecho y Kasumi siente que el aire se le esfuma casi por completo. Por un momento, siente que no ha aprendido nada y voltea el rostro rápidamente, dejando los dedos largos de Satoru suspendidos en el aire.

—No hagas esas cosas —murmura, aun sonrojada.

—No creo poder dejar de hacerlo.

—Satoru… —dice y la sola pronunciación de su nombre hace que a Gojou se ensanche una sonrisa en el rostro—. Aún no he olvidado de lo que eres capaz. Te estaré siempre agradecida por haberme salvado la vida en aquella ocasión, y ahora… también te debo una. Pero eso no significa que…

—¿Me guardas rencor?

Súbitamente, las palabras de Ren vuelven a su mente y se pregunta si ella está actuando del mismo modo. Si realmente todo lo que intenta aparentar siendo hospitalaria y comprensiva no son más que una fachada para ocultar todo el resentimiento que aún tiene hacia él. Kasumi ve el rostro del hombre que hace muchos años le destrozó el corazón y, aunque está segura de que, como le dijo anteriormente, no lo odia, todavía no sabe con exactitud lo que siente por él.

—Ha pasado mucho tiempo para tener rencores —le dice, no muy convencida.

—En aquel momento… —comienza, apenas incómodo por lo que está a punto de decir—. Yo… no me sentía capaz de sentir nada en absoluto. La única vez que había sentido algo por alguien, algo tan fuerte, esa persona me dio la espalda y… tuve que terminar con su vida.

Kasumi escucha con atención a sus palabras, ve su perfil bañado en los colores del ocaso y observa la sonrisa que se dibuja tristemente sobre sus labios. Probablemente esta sea la primera vez en la que Gojou habla abiertamente sobre Suguru Getou, y la primera vez en la que se siente que se desnuda ante Kasumi.

—No, antes de él también hubo alguien que me importó. Una persona que creí que sería capaz de proteger y murió. La cargué en mis brazos hasta la morgue… Esa fue la primera vez en la que comencé a darme cuenta de lo vacío que me sentía por dentro. Y cuando llegaste tú, tengo que confesarte que no tenía las mejores intenciones… Lo lamento, no me di cuenta hasta que fue demasiado tarde y yo había llegado demasiado lejos.

—Yo también… había llegado demasiado lejos —confiesa ella, abrazando sus rodillas—. Supe desde un principio que estaba mal y seguí adelante, mintiéndole a todo el mundo y escapándome para verte.

—No me arrepiento, ¿sabes? —confiesa, sorpresivamente—. Incluso si estuvo mal, debe haber sido el mejor error de mi vida.

—Tampoco me arrepiento —contesta, esbozando una ligera y apenada sonrisa—. Si no hubiera sido por ello, creo que no hubiera sobrevivido en Shibuya, ni después.

—Lo hubieras hecho, Kasumi —dice, volteándose a ella para acomodar un mechón de cabello detrás de su oreja—. Y siento mucho haberte lastimado mientras descubría lo que realmente sentía por ti.

El extraño y familiar calor que solo sabe provocarle Gojou Satoru comienza a invadir cada uno de sus poros. El corazón necio late con fuerza y su estómago se tuerce, encandilada por el suave tono de su voz y las palabras sinceras que salen de su boca desvergonzadamente.

No le recrimina la forma lenta y deliberada en la que acomoda su cabello, no se queja al sentir el efímero toque de su piel, aunque un escalofrío le recorrió hasta la médula.

Kasumi mira la venda y recuerda los bellos ojos que yacen escondidos debajo de ella, luego pasea sus pupilas por el puente de su nariz hasta llegar a sus brillantes labios color durazno y se detiene para voltear nuevamente al ocaso, con una sensación extraña crepitando en el interior de su garganta.

Las mejillas le arden, jamás hubiera esperado escucharlo hablar de ese modo y tener una conversación real, dándose cuenta de que realmente jamás habían tenido un momento así cuando estaba profundamente enamorada de él.

—¿Cuánto más tardarán en recogernos?

—¿Te incomodé? —pregunta, encogiéndose para enfrentar el rostro que lo evita.

—N-No, no has hecho nada malo.

—Oh —dice, tendiéndose en el suelo con los brazos detrás de la cabeza—. No creo que demore más de veinte minutos. ¿Jugamos algún juego mientras esperamos?

—No tengo muchas ganas de jugar ahora.


Nota: Mil gracias a los que dejaron comentario en el capítulo anterior: Wandd, Luc1822vilsi, Ina Minina, Moria13, Camila, arrios18, TheOtherDestiny y claireweker2021 (lo siento muchísimo por tu pérdida y espero que el tiempo te traiga paz, un abrazo muy fuerte para vos).

Originalmente planeaba que en este capítulo pasen muchas más cosas, pero me di cuenta que terminaría siendo demasiado extenso y no quiero que los capítulos se vuelvan un tedio. Alguien había preguntado en el capítulo anterior algo que olvidé contestar, sobre qué días planeo subir los capítulos, pero lamento decir que no tengo un cronograma. Hace muchos años decidí dejar de ponerme fechas porque descubrí que al escribir apresurada no me sentía conforme con lo que publicaba. Prefiero escribir a mi ritmo, en mis momentos libres cuando me siento inspirada y por suerte para ustedes y para mí, este ship me tiene enamorada. Supongo que publicaré al menos una vez a la semana, y sobre el largo que tendrá este fic, sospecho que será más largo que Desencanto porque tengo muchísimas ideas en mente para lo que vendrá. Y si no me organizo bien voy a terminar enredando toda la trama. Tenemos Secuelas de Shibuya para rato. En fin, espero que hayan disfrutado de este capítulo, en el próximo nos espera una reunión incómoda entre los chicos de la escuela de Tokio, Gojou y Miwa. ¡Nos leemos pronto!