Capítulo 7: Tiempo fuera
En algunos momentos de la noche, cuando la luz del alba comienza a colarse mezquinamente a través de las cortinas, su mente trae a colación vestigios de lógica que vuelven a desaparecer cuando la besa. El juicio se vuelve a desdibujar, intoxicada por el olor de su piel y sus grandes manos reclamando nuevamente cada rincón de su cuerpo.
Hay una voz latente en su interior que gana fuerza a medida que Gojou la pierde, cuando sus ojos comienzan a cerrarse, más y más cansado de hacerla suya continuamente. Algo que le recuerda quién es él y de lo que es capaz, lo que le ha hecho y lo mucho que a sufrido a costa de él. Sin embargo, cuando se encuentra a sí misma con los ojos abiertos, y él dormido entre sus brazos, acariciando su cabello mientras escucha su suave respiración rozándole el pecho, descubre que carece de la fuerza suficiente para soltarlo.
El magnetismo que la une a él se vuelve innegable y al final, cuando él duerme plácidamente, abrazándola con ambas manos, Kasumi vuelve a sentirse una ilusa que cayó en la misma trampa que le tendieron hace cinco años.
Comienza a pensar si esto no es más que un refugio para él, una forma de alejarse de toda la muerte y desdicha con la que se había topado en el cementerio del colegio. Tal y como lo fue para ella el día en el que Isao murió frente a sus ojos. Y a pesar de que la sensación le es demasiado familiar, Kasumi sabe que el sexo puede ser un reconfortante y conveniente aliciente para este tipo de dolor.
Las palabras de amor y la latente necesidad de Gojou no se le han pasado por desapercibido, ni la forma tierna y dulce en que la besó tras cada uno de sus orgasmos. Pero no es algo en lo que puede confiar plenamente, la verdad es que le cuesta creerse las palabras de Satoru, por muy sinceras que suenen.
Su celular suena, y la campana no lo perturba en absoluto. Se ha quedado profundamente dormido y Miwa sabe que ese debe ser Ijichi, esperándola en un auto a las afueras de la escuela.
Sutilmente se desliza entre las sábanas, con extremo cuidado para no despertarlo ya que teme la conversación que le espera luego de esto; que ella considera un enorme tropezón en su búsqueda por desterrar los sentimientos que aún tiene por Satoru.
Lentamente camina de puntillas por la habitación, recogiendo su ropa arrugada en el suelo y se viste tan deprisa como puede, toma la perilla de la puerta aún metiendo su blusa bajo su falda y antes de cerrarla se queda inmóvil viendo el rostro de Megumi de otro lado, con una taza de café sobre su mano derecha.
Kasumi voltea hacia la cama en la que Gojou duerme completamente desnudo, su rostro palideciendo segundo a segundo, luego regresa su rostro al de Megumi, a quien jamás había visto tan sonrojado.
Avergonzada, Kasumi cierra la puerta detrás de ella y balbucea nerviosa, abrochando su camisa atolondradamente y dice lo primero que se le viene a la cabeza. Su rostro comenzando rápidamente a tornarse rojo desde el cuello hasta las orejas.
—¡N-no es lo que parece!
Él se aclara la garganta, evidenciando su incomodidad, desvía la mirada e intenta mantener el tono firme de su voz.
—No es asunto mío, Miwa-san —dice, retomando su caminata hasta la biblioteca, lamentándose mentalmente mientras escucha los pasos de Kasumi detrás de él.
—N-no quiero que te lleves la impresión equivocada —sale de su boca como verborrea, como si a la vez intentara convencerse a sí misma—. Lo lamento, Fushiguro-san…
—Miwa, sigues siendo mi sempai… No me debes explicaciones —responde él, deteniendo sus pasos—. Vine a decirte que Ijichi te espera afuera, ya que no contestas los mensajes. Creí que podrías haberte quedado dormida.
—Sí… —contesta con la mirada pegada al suelo—. Muchas gracias por tu hospitalidad y la de Tsumiki-san.
—Piensas… ¿marcharte sin despedirte?
La pregunta de Megumi la toma por sorpresa y levanta el mentón, con los ojos bien abiertos. Él mismo se siente un poco contrariado, posiblemente la confesión de Gojou haya hecho que sienta un poco de lástima por él en este momento.
—Despídete de Gojou-san por mí, por favor.
Megumi observa cómo el rostro de Miwa se marchita a medida que las palabras salen de su boca, sin embargo, asiente y evita hacer muchas más preguntas.
—Buen viaje —le dice finalmente y la ve reverenciarlo por última vez antes de partir.
Suspira, luego inhala el aroma que ha quedado impregnado sobre su almohada; es el olor característico del cabello de Kasumi. Sin darse cuenta, sonríe con los ojos cerrados y arrastra los dedos sobre las sábanas en busca de su menudo cuerpo desnudo. Frunce el ceño al no toparse con el suave tacto de su piel y abre los ojos para encontrarse con una cama completamente vacía. Extrañado, se sienta sobre el colchón y observa la habitación tenuemente iluminada y se da cuenta rápidamente que la ropa de Kasumi ya no está en el suelo, junto con la de él. Pero antes de llegar a la conclusión que más teme, se levanta completamente desnudo camino al baño, toca un par de veces, llama su nombre y luego abre la puerta para encontrarse a sí mismo en el espejo.
Esto jamás le había pasado antes. Él siempre es el primero en marcharse después de un encuentro fortuito y no conoce la sensación de abandono que genera encontrarse a sí mismo en una habitación vacía después de haberse sacado el corazón del pecho ante una mujer.
De forma súbita un recuerdo rehabita su mente, aquel día en el que Shoko lo encontró en el momento en que besaba a Kasumi en la enfermería, luego de lo que huyó de la ciudad, y de su alcance. Pero esta vez la incertidumbre es mayor, ya que ingenuamente se había dejado creer que con una noche de pasión podría reconstruir el puente que se derrumbó entre los dos.
Hay cierto bochorno en vestirse las prendas que ella le sacó con tanta desesperación la noche anterior, una suerte de humillación que crece al ver las marcas en su arrugada camisa y pantalones que por suerte puede ocultar bajo la chaqueta de su uniforme.
Al salir de cuarto de Kasumi, inspecciona los alrededores aún sabiendo que ella no podría ocultar por completo su energía innata, de sus seis ojos. Sin embargo, un pequeño destello de esperanza no muere y camina por los alrededores en su búsqueda hasta toparse con Megumi, mientras lee un libro sentado en la biblioteca.
—Ya se fue —le dice él, sin quitar su vista de la página que está leyendo—. Me pidió que… me despidiera de ti por ella… Tenía prisa —agrega aunque no algo que le haya escuchado decir a Miwa, como si intentara consolar a alguien que usualmente no precisa de esos detalles.
Satoru sonríe para sí mismo, con cierta amargura. Luego camina hasta Megumi para sentarse frente a él.
—¿Hace cuánto se marchó?
—Una hora —responde, mirándolo de reojo, preguntándose si estará calculando mentalmente el trayecto del vehículo que la lleva a la estación más cercana para regresar a Kioto—. Y si estás pensando en seguirla… primero piensa en que quizás se marchó porque necesita espacio.
—¿Por qué lo necesitaría?
—No quiero saberlo.
—Pero, sabes, creí que todo había quedado claro anoche.
Megumi se cubre la vista con su mano derecha y acaricia sus cejas, maldiciéndose nuevamente, esta vez por haber abierto la boca más de lo que debería.
—Realmente no quiero saberlo.
—¿Dijo algo antes de irse? —pregunta Gojo, como si ignorara la súplica de Megumi.
Él suspira, cierra el libro que intentaba leer y lo deja sobre la mesa pensando en las palabras de Kasumi.
—Dijo… "no es lo que parece".
Satoru suelta una ligera risa socarrona que muere a mitad de camino en su garganta.
—Es exactamente lo que parece… —contesta, cruzándose de brazos, comenzando a sentir la ligera indignación que le produce ser negado—. No sé qué fue lo que sucedió desde anoche a esta mañana… ¿Habré hecho algo? —pregunta para sí mismo y Megumi no está seguro si contestar a su pregunta.
Satoru regresa sobre sus pasos mentalmente, buscando alguna respuesta a la pregunta que se acaba de hacer. Luego vuelve al momento en el que la persiguió por los corredores de la Academia mientras huía de él, y luego hasta el cementerio en el que buscaba alguna palabra de alguien que ya no existe.
—No lo sé… Tal vez… pensó las cosas con más claridad —susurra Megumi.
—¿Qué tanto necesita pensar? —se pregunta y el otro decide no contestar, ya que para él resulta obvia la respuesta—. Megumi, ¿tú qué harías en mi lugar?
Hay cierta tristeza en el tono de Satoru, una que le hace a Megumi enderezar la espalda. Decide prestarle más atención ahora, ya que parece que esto realmente le importa.
—Todo el asunto del matrimonio arreglado debe hacer las cosas un poco más complicadas de lo que deberían. Si no fuera por ello… te diría que seas sincero e intentes mejorar la situación, enmendar lo que sea que hayas hecho.
—Aún no le he mencionado eso.
—¿No? —cuestiona extrañado—. ¿Hay algo más?
—No seas tan intuitivo o comenzaré a pensar que también has aprendido a leer mentes.
—Entonces hay algo más.
Satoru suspira.
—¿Por dónde empezar? Bueno, el clan está al tanto de la existencia de Kasumi. Al parecer han estado al tanto desde el principio. Han monitoreado todos mis movimientos ya que por alguna razón no confían plenamente en su líder.
—Me pregunto por qué será… —contesta, arqueando una ceja—. Entonces eso significa que Miwa-san está siendo vigilada por el clan.
—No creo que lo hagan en este momento, aún están esperando una respuesta de mi parte. El problema es que… Si no acepto una de las candidatas podrían amenazar la vida de Kasumi y la de sus hermanos. Y si… en el alocado caso de que decidiera proponerle matrimonio y ella aceptara… deberá recibir la protección del clan y cambiar su vida como la conoce para vivir en el templo —voltea nuevamente a ver el rostro de Megumi y siente un escalofrío recorrerle el cuerpo—. Mierda, qué espanto verte tan parecido a tu padre, aún no me acostumbro del todo.
—No sé si has considerado esta opción, pero… si realmente estás tan… —no puede reproducir la palabra en la que está pensando—, podrías abandonar el clan. No serías el primero en hacerlo. Si fuera yo… lo haría.
—Eres más parecido a él de lo que creía —contesta, ensanchando su sonrisa—. Y si se tratara solo de mí lo haría sin titubear, pero… podría convertirme un enemigo del clan y aun así poner a Kasumi en peligro. Tu padre se fue del clan y te tuvo para negociar con el mismo clan que abandonó, probablemente para que dejaran de perseguirlo.
—Ya no estoy tan seguro de eso.
—¿No?
Megumi niega.
—Hace unos años vino a verme alguien, Shiu Kong… Dijo que necesitaba a un chamán para cumplir con un trabajo y me ofreció mucho dinero a cambio. Como las cosas estaban un poco ajustadas aquí… decidí escucharlo. Me dijo que ya nos conocíamos pero que era lógico que no lo recordara, ya que sucedió cuando yo era tan sólo un bebé.
—Ese nombre me suena familiar.
—Trabajaba con mi padre… antes de que se casara y después de la muerte de mi madre. Según él… mi padre se dedicó a tener una vida ordinaria cuando se casó.
—Bueno, a decir verdad, no es la primera vez que escucho algo similar. Tuve la… oportunidad… de conocer a algunas viejas compañeras de tu padre y alguna mencionó que Toji Zen'in se borró de mapa tras su primer matrimonio. Tu padre era un desgraciado, Megumi, pero no era infiel —dice a punto de echarse a reír.
—El punto es que… —suelta Megumi, comenzando a sonrojarse—, es una opción. Y la otra es… casarte con alguien más y olvidar todo.
Gojou parece no escucharlo en absoluto, y si pudiera realmente leer su mente se encontraría con una repentina pregunta que llegó a él sin siquiera darse cuenta: "¿por qué diablos Kasumi toma píldoras anticonceptivas?".
Por fortuna para Kasumi, Ijichi tenía un par de cosas qué hacer en la ciudad y gracias a eso no se sintió tan culpable por haber ocupado su tiempo esa mañana. Luego de dejarla frente a la estación de trenes hizo una llamada rápida a Kano para asegurarle que todo estaba bien y que fuera a recogerla dentro de un par de horas a la estación principal de Kioto. Omitió los detalles más escabrosos de su encuentro con Naoya y sus ominosas amenazas, aún incómoda por la idea de que aquella situación escale y se vea envuelta en alguna nueva pelea innecesaria. Preguntándose al mismo tiempo si debería poner a Kamo en aviso de los planes de Naoya, si es que aún no lo sabe.
Ciertamente Naoya debe sentirse muy confiado en estos momentos para amenazar a más integrantes del colegio Jujutsu, como si no temiera otra visita de parte de Maki Zen'in. Pero encontrarse bajo la protección de chamanes mucho más poderosos que ella vuelve a hacerla sentir minúscula como lo hacía en la preparatoria.
El trayecto en tren le sirve para pensar en más detenimiento todo lo sucedido la noche anterior, preguntándose cómo diablos pudo caer tan profundo y tan rápidamente entre las manos de Gojou. Pareciera que su confesión de amor se repite sobre sus oídos una y otra vez como un disco rayado, pensando que él ni siquiera debe entender el verdadero significado de lo que profesa.
Ni siquiera ha pasado una semana desde su regreso y ya lo logró, a pesar de sus constantes negaciones que ahora le parecen tan vacías.
Lo cierto es que una parte de ella se moría por besarlo de nuevo, y esta certeza le hace sentir incluso más débil que antes. Porque ahora que es una mujer hecha y derecha, debería saber con certeza que la mayoría de las cosas que salen de la boca de Gojou Satoru son tonterías.
Al llegar a la estación ensancha su sonrisa para que Kano no se de cuenta de que las cosas no marchan bien y le alivia saber que en casa no ha ocurrido ningún otro incidente extraño. Luego de un corto recorrido vuelve a suspirar con alivio al ver las paredes de su hogar, a pesar de que está vacío ya que los niños están en la escuela.
Dadas las faenas de la noche anterior, Kasumi muere de ganas de darse una larga ducha y descubre con horror al verse desnuda al espejo que Gojou no ha dejado sitio sin marcar en casi todo su cuerpo.
Lo único que quiere ahora es vestirse un pijama limpio y hundirse bajo las sábanas para dormir y olvidar por un momento toda la vergüenza que llena el rostro de pudor. Regañándose por haber disfrutado tanto lo que sucedió entre ella y Satoru. Pero al salir de la ducha descubre que tiene tres llamadas perdidas y escucha un golpe fuerte contra la puerta principal.
Alertada, sale de su cuarto al momento en el que Kano abre la puerta y se tranquiliza al escuchar el tono embobado de su hermano menor.
—Momo-sempai —suspira el muchacho mientras la pequeña rubia lo sacude de su camino, dirigiéndose directo hasta Kasumi.
—¡No puedo creerlo! —le grita indignada y Kasumi se pregunta cómo diablos se enteró tan rápido de lo que pasó—. No vas a creer lo que acaba de pasarme, ¡estoy tan indignada! ¡Cómo se atreven!
Extrañada, Kasumi mira el vestido particularmente ceñido que ella trae puesto, muy diferente a lo que acostumbra a usar. Un presentimiento la obliga a hablar.
—¿El Clan Zen'in?
—¿Cómo lo supiste? ¿Acaso a ti también te llevaron a la fuerza?
Sabiendo que no podría conversar sobre lo que realmente sucedió, Kasumi toma a Momo de un brazo y la lleva hasta su cuarto para cerrar la puerta, dejando atrás a Kano con un saludo colgando de los labios.
—Sí, ayer… ¿Qué fue lo que te dijo Naoya? —pregunta cuando se encuentran finalmente a solas.
—¿Quieres saber lo que me dijo? No vas a poder creerlo. Yo aun no me lo creo, ¡ese imbécil! ¡Después de lo que hicieron con Mai tienen las agallas de llevarnos allá y…! ¡Desgraciado!
—¿Te pidió que tengas un hijo con él?
—¿¡Qué!? ¡No! El idiota me sacó de casa amenazando la vida de mi perro y cuando estaba frente a él simplemente dijo… "tráela de vuelta cuando le crezcan las tetas". Pedazo de mierda… Espera… ¿¡Te dijo que tengas…!?
Antes de que las palabras de Momo salgan del dormitorio, Kasumi cubre su boca y deja ver a través de su rostro una súplica.
—Kano aún no lo sabe —le susurra y ella parece comenzar a calmarse.
Anonadada, Momo se sienta sobre la cama tratando de encontrarle algo de sentido a las palabras de Kasumi.
—¿Perdió la razón después de la paliza de Maki-san? Tiene que ser una broma… No crees que lo diga en serio, ¿o sí? —pregunta preocupada mientras Kasumi se sienta pesadamente a su lado—. ¿Qué piensas hacer al respecto? —le dice, repentinamente aliviada de no encajar en los estándares de Naoya.
—No hay mucho que yo pueda hacer, así que creo que sólo esperaré que Fushiguro-san y Gojou lo solucionen —contesta sin pensárselo demasiado.
Cuando las palabras salen de su boca y la habitación se sumerge en un incómodo silencio por unos eternos segundos, Kasumi se da cuenta de que ha cometido un error.
—¿Acaso dijiste Gojou? —cuestiona rápidamente en un tono que le hiela la sangre y los labios de Kasumi se tuercen—. ¿El maldito Gojou Satoru? ¿El mismo Gojou Satoru que se aprovechó de una inocente Miwa de dieciocho años? ¿¡Ese Gojou Satoru!?
—S-sí…
—¡¿Volviste a verlo!? Volviste a verlo, ¿cierto? —le cuestiona, acusándola con el dedo, con el entrecejo completamente fruncido. El rostro petrificado de Kasumi es como un libro abierto luego de tantos años—. ¡Lo viste! —le dice y repentinamente las mejillas de Kasumi se tiñen de rosa—. Lo besaste, ¿cierto? ¡se besaron! —repentinamente ella abre sus grandes ojos azules, como si hubiera encontrado evidencia en la expresión de su amiga—. No, pasó algo más… ¿no? No, oh, no, Kasumi. No, no, no. Dime que no es lo que estoy pensando. ¡Dime que no lo hiciste!
Con un lamentable quejido, Kasumi hunde el rostro entre las piernas, oculto entre sus manos.
—¡No sé cómo pasó! —chilla mientras oculta su expresión.
—¿¡Cómo puedes decir que no sabes!?
—¡Fue un accidente!
—Oh, claro, sí eso suele pasar. Cómo olvidar la última vez en la que caí desnuda sobre el…
—¡Momo!
—¿Qué? No fue un accidente, Kasumi. ¿Qué diablos? ¿Cuántos días lleva fuera de la prisión y ya ha logrado acostarse contigo? ¡de nuevo!
—No lo sé, ¡no lo sé! Todo fue muy confuso. Él… fue a buscarme mientras terminaba una misión y ha estado a mi lado en los últimos días —Kasumi suspira, su rostro entristecido—. Se veía tan… perdido. No tuve corazón para echarlo. Ni siquiera había dormido y le ofrecí un sitio en el que quedarse. Él me ayudó a salir del templo de los Zen'in y anoche parecía… tan triste… ¡No sé qué fue lo que pasó exactamente pero simplemente pasó!
—Kasumi… ¿acaso te olvidaste de lo que él te hizo? ¿El estado en el que te dejó la última vez?
Ella niega, incapaz de sostenerle la mirada.
—No lo he olvidado —contesta suavemente.
—¿Estás… arrepentida de que haya sucedido de nuevo?
Ambas se miran por un instante en el que Kasumi se queda sin palabras y simplemente niega con los labios entreabiertos.
—N-no lo sé…
Momo suelta un sentido suspiro.
—Te vi llorar días por ese cretino y sólo porque la ha pasado mal los últimos días no significa que debas ser su… forma privada de terapia. No quiero verte pasar por lo mismo otra vez, con el mismo sujeto. Hay personas que no cambian, Kasumi. Y probablemente él sea uno de ellos. ¿Estás consciente de eso?
—Lo estoy… —contesta Kasumi con más determinación en la voz—. Fue un error… no debió pasar. No debí permitir que pasara.
—Bueno, no soy quién para juzgarte… pero lo haré en esta ocasión, eres una idiota, Kasumi. ¿Cómo puedes dejarte caer en los mismos juegos de ese depravado? —recrimina, cruzándose de brazos—. Si creyera que eres capaz de tener una relación de ese tipo sin ningún tipo de ataduras sentimentales no estaría tan molesta contigo. Pero ya sabemos que tu no eres ese tipo de persona.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Es decir, si pudieras hacer todo eso de amigos con beneficios.
—¿Crees que eso es lo que pretende?
—¿Qué más puede pretender?
—No lo sé, ha dicho muchas cosas que no sé si creer…
—¿Te ha dicho que quiere una relación seria? ¿Estás bromeando? ¡Es el líder del clan Gojou! ¿Sabes lo que implica algo así? Además… tú deberías saber cómo funcionan los clanes. Lo que hicieron con Mai y Maki… El padre de Kamo engañó a su esposa y puso a su hijo ilegítimo frente al clan como su futuro líder. ¿Nunca te pusiste a pensar lo humillante que fue eso para su esposa? Esa es la vida a la que puedes aspirar si siquiera consideras la posibilidad de tener una relación con ese infiel. Sobre todo, tú deberías saber mejor que nadie que ese tipo no tiene lealtad.
—Lo sé… Todo lo que dices ya lo he considerado en algún momento… Incluso en su ausencia, ¿sabes? Es decir, ¿qué esperaba cuando empecé esa relación con él? ¿Qué íbamos a casarnos y a vivir una vida tranquila? No sé en qué estaba pensando.
—No estabas pensando, y no confiaste en tus amigas para pensar por ti mientras perdías el juicio por él.
—Bueno, gracias por pensar por mí ahora…
—Para eso estamos las amigas —contesta y extiende su mano, Kasumi no tarda en entrelazar sus dedos con los de ella—. ¿Al menos la pasaste bien?
—Lamentablemente no puedo decir que no.
—Qué remedio… Eso tienen los mujeriegos, es como un poder para engatusar mujeres. Entonces… ¿qué vas a hacer?
—Por el momento solo quiero concentrarme en mi próximo contrato. Ni siquiera quiero pensar en él.
—Entonces tengo una noticia que te distraerá. No sólo vine a comentarte lo que sucedió con ese molesto clan, Utahime-sensei me envió a hablar contigo. Hay todo un alboroto… Tenemos una reunión en la capital, una reunión con un grupo de chamanes.
—¿En Osaka? ¿Qué es lo que está pasando?
—No lo sé, pero supongo que lo sabremos dentro de poco. Utahime nos espera en el aeropuerto para tomar un avión a media noche. Así que prepara tus cosas, nos vamos esta noche.
Siempre le ha costado trabajo quedarse quieto, y aunque ya se ha familiarizado con el constante rechazo de Kasumi, jamás se había sentido de esta manera. Descubrirse solo por la mañana ha sido una experiencia completamente nueva y el sabor amargo no se quita, a pesar de haber puesto siete cubos de azúcar a su té. Cualquiera diría que lo ha arruinado por completo, pero Gojou aún cree que podría echarle tres cubos más.
No tiene su celular y los dedos le pican, deseando poder llamar a Kasumi y aclarar el asunto, aunque Megumi le ha aconsejado que le de un poco de espacio para pensarse las cosas. Incluso él debería estar haciéndolo en ese momento, cuestionándose si este apego que comienza a sentirse enfermizo no terminará por arruinar completamente la vida de Kasumi.
Ahora comienza a creer que ha pecado de optimista, es probable que Kasumi ni siquiera acepte una propuesta de matrimonio de su parte y la misma propuesta le pesa demasiado. No conoce completamente las reglas habituales del cortejo, pero incluso él sabe gracias a un par de películas románticas que hay unos cuantos pasos a dar antes de casarse con una mujer.
El salto es tan grande que teme asustarla con la sola idea, si con una noche terminó corriendo a escondidas.
Luego de terminar su té y aburrirse observando a los estudiantes intentando infructuosamente tocar a Maki en otro entrenamiento, decide volver a deambular por los alrededores del campus.
Sentado, observando el ocaso, vuelve a encontrar el ensombrecido rostro de aquel que para cualquier otro que no posea sus seis ojos, no sería más que otro chamán. El mitad maldición, mitad humano descansa mirando fijamente hacia algún punto del páramo en el que se ha vuelto la ciudad de Tokio.
—No nos hemos presentado —le dice Satoru, caminando lentamente hasta él y Choso ni siquiera se voltea a ver su rostro.
—Ya nos conocíamos —le dice, recordando el incidente en las vías del tren.
—Lo sé, fue una sorpresa encontrarte peleando de nuestro lado.
—Del lado de mi hermano.
—Sí, Megumi ya me explicó todo eso. Un asunto bastante retorcido… pero mientras seas fuerte es un agrado tenerte aquí.
—Esta noche, ¿volverá la muchacha?
—¿La muchacha? ¿Te refieres a Kasumi?
—Mhm… si es así tendré que cambiar de habitación.
—Oh… ¿escuchaste eso? Bueno, te diría que lo siento, pero la verdad es lo mínimo que te mereces después de lo que pasó.
—No necesito una disculpa y tampoco te daré una, si eso es lo que estás esperando de mí.
—Para nada. Y no te preocupes, no creo que venga hoy… Por cierto, entiendo que tu único vínculo aquí era Yuuji, ¿qué piensas hacer ahora?
—Proteger al resto de mis hermanos. Es lo único que tengo que hacer.
—¿Sólo eso? ¿No hay nada más que quieras hacer?
—Lo que yo quiera no importa realmente, ellos son lo más importante para mí ahora y no… no volveré a fallarles.
Satoru guarda silencio, pensando en las palabras de Choso y la convicción en sus ojos vacíos. La devoción que perspira en sus palabras no hace más que recordarle que este es el tipo de amor que él mismo debería profesar, pero no lo hace y su egoísmo se vuelve cada vez más evidente. Dándose cuenta que realmente su estadía en el sello no lo ha hecho madurar tanto como él creía.
—Tal vez debería hacer lo mismo.
Choso voltea a ver su rostro por primera vez, pero Satoru se pone de pie al notar que el mismo vehículo que conducía Ijichi el día anterior se acerca por la carretera, palmea su espalda como si fueran amigos y le dedica una sonrisa.
—A Yuuji le gustaría que hagas algo por ti mismo, además de cuidar a los demás. Tenlo en cuenta, tal vez podrías hacer todo lo que él no tuvo la oportunidad de hacer.
Sin esperar por una respuesta, camina tranquilamente hasta las escaleras que ese momento debe estar subiendo Ijichi. Sin embargo, es difícil controlar la sensación que hace crecer su ansiedad.
Al llegar a la cima de las escalinatas, ve al auxiliar del colegio levantar el mentón para enfrentar su rostro, aunque solo lo hace por un efímero instante. Luego baja el rostro, acomoda sus gafas en un evidente intento de ocultar su expresión y continúa subiendo, mirándolo de reojo y ensayando mentalmente algo que Satoru presiente.
—Uhm… —balbucea al llegar hasta él, acomoda el nudo de su corbata sobre su garganta y parece recordar repentinamente que tiene una bolsa entre las manos—. Compré lo que me pediste… —le dice nervioso y entrega la bolsa, pero Gojou no hace mayor intento de ver en su interior.
—¿Qué pasa, Ijichi? ¿Sucedió algo? —pregunta, imaginando que Kasumi le ha dejado dicho que no vuelta a Kioto, que deje de perseguirla, que desaparezca de su vida, o algo similar.
—Bueno… —comienza, rascándose la nuca, reuniendo el coraje que requiere alzar el rostro para ver el de Gojou-san—. Tu madre… fue por mí a la tienda mientras compraba eso para ti…
Gojou alza las cejas, ahora entiende por qué Ijichi tiembla como una hoja y sus palabras suenan tan entrecortadas. Echa un vistazo dentro de la bolsa que Ijichi le entregó y encuentra una pequeña carta en su interior.
—¿Dejó esto para mí?
—Sí… Dijo que… Dijo que cuando tengas un nuevo móvil la llamaras.
—¿Acaso Yumiko te amenazó?
—Se podría decir que sí… M-me dijo que… hiciera lo que me pediste; que conservara tu celular y utilice tus cuentas bancarias para que el resto del clan crea que sigues en Tokio, si es que planeas… salir de la ciudad. Tu madre es una mujer… aterradora… ¡Ah! ¿Te mencioné que la llamaras? Por favor, Gojou-san, no lo olvides.
Desearía ignorar la plegaria de Ijichi, sin embargo, sabe que Yumiko no dudaría en entregarlo al clan decidiera ignorarla a ella también. Tras sacar el celular nuevo de su empaque y encenderlo, descubre que el número ya está agendado. Voltea al auxiliar y éste se ríe tímidamente, escondiendo el rostro otra vez.
—Te dejaré a solas para que hables con ella —dice, hace una ligera reverencia y se marcha camino a lo que queda de la Academia.
Satoru echa un vistazo a las aplicaciones predeterminadas de su celular y juega con el aparato sobre sus dedos por un rato mientras da vueltas, caminando en círculos sobre el camino de piedra pulida bajo sus pies. Cuando finalmente reúne la energía necesaria, hace la llamada y escucha el timbre sonar sobre su oído solo un par de veces antes de que ella conteste.
—Finalmente —le dice en un tono impaciente, probablemente ha estado esperando esta llamada desde el mismo momento en el que dejó a un tembloroso Ijichi en la tienda donde compró el celular.
—Me descubriste, creí que les tomaría un poco más de tiempo.
—¿Crees que eres el único que tiene un celular extra? Hijo, no eres el único que se le escapa al clan Gojou —dice entre risas—. Bromas aparte, ten cuidado con lo que estás haciendo. De haber sido alguien más quien descubriera tu pequeña travesura… ese pobre sujeto no la estaría pasando muy bien ahora.
—Tendré más cuidado. ¿Están vigilándome?
—No, ahora están un poco ocupados. Tienes suerte, hay un pequeño asunto que los tiene entretenidos. De hecho, de eso quería hablar contigo. Tienes que asistir a una reunión en Osaka como representante del clan. Le enviaré todo a tu asistente en el colegio de Tokio, incluida la maleta que olvidaste.
—¿Una reunión? ¿De qué se trata?
—Supongo que aún no estás al tanto, pero desde que todo salió a la luz y ahora la gente común y corriente sabe de nuestra existencia… hemos recibido un par de ataques. Al parecer hay un grupo extremista anti-chamanes, ¿puedes creerlo? En fin, para resumir la situación han desaparecido algunos durante sus últimas misiones y un gran grupo de chamanes ha organizado una reunión en la capital para decidir como lidiaremos con esto, ya sabes… ahora que no hay peces gordos, todos pueden participar.
—¿Chamanes autoconvocados? Suena interesante… podría usar una distracción en este momento.
—Me alegra que lo tomes así, temía que terminaras pensando en algo alocado como abdicar. Representa bien a tu clan, Satoru. Estaremos esperando novedades a tu regreso.
N/A: Probablemente crean que este capítulo fue corto, ya que es la mitad de largo que el anterior. Pero siento que me tomó un bueeeen tiempo terminarlo. La escena siguiente en Osaka será muy larga y no creo que pudiera escribirla sin terminar con un capítulo de 30 páginas. Preferí que este terminara siendo más una transición. Prometo que el siguiente capítulo será mucho más interesante y voy a incluir muchos personajes nuevos. Temo que la trama esté yendo un poco lenta, pero es que esta historia va a ser un poco más larga que Desencanto y no quiero sacar capítulos apurados solo por cumplir. Así que me tomaré el tiempo necesario para asegurarme de que todo el escenario esté bien planteado para estos dos. Espero que hayan disfrutado el capítulo y esperen con tantas ansias como yo el siguiente. ¡Nos leemos!
