Capítulo 9: Un hombre honesto
En pocas ocasiones se ha sentido tan desorientada al despertar, tan terriblemente inclinada a cerrar los ojos y continuar durmiendo a pesar de que su alarma no deja de sonar. Estira su mano a la pequeña mesa junto a la cama y de pura casualidad encuentra su celular, pero, aunque presiona los botones laterales no hay manera de hacer que la alarma deje de sonar, martillándole la cabeza.
El pitido es tan intenso, tan insoportable, que Kasumi termina levantándose de la cama en busca del sitio del que proviene y se encuentra a sí misma en un sitio que apenas reconoce. Del otro lado de la cama suena la alarma de otro celular y al desactivarla, se da cuenta de que hay alguien en el baño, tomando una ducha.
Como si un rayo la partiera en dos, recuerdos difusos de la noche anterior empiezan a llegar desordenadamente a su mente y termina mirando lo que trae puesto, que no recuerda haberse vestido.
Cuando la puerta del baño se abre, Kasumi está esperando que alguien considerablemente más alto salga de allí y dirige su mirada a lo más alto de la puerta, pero se ve forzada a bajar la vista para encontrar a Momo, secándose el cabello con una toalla. Un suspiro sale pesadamente de sus pulmones, al menos no fue tan estúpida para volverse a acostar con Satoru considerando todo lo que pasó.
—¿Qué tal esa resaca? —pregunta Momo, caminando hasta tomar su celular para revisar sus mensajes.
—Necesito agua.
—Saca lo que quieras —dice, volteándose apenas a una pequeña nevera—. La cuenta la pagará Gojou Satoru así que pedí servicio al cuarto.
Kasumi abre la boca para recriminarle, pero finalmente termina tragándose sus palabras, sabe bien que poco efecto surtirán en ella y el tremendo resentimiento que guarda por Satoru.
Ligeramente avergonzada se levanta en pijama y toma una botella de agua que se bebe casi por completo y luego voltea al desayuno que yace sobre la mesa. Apenas es capaz de morder una tostada untada de mermelada y voltea insegura a Momo.
—¿Utahime-sense…? —pregunta al borde de tartamudear.
—Tuve que explicarle la situación. No tenía mucho sentido que repentinamente tengamos una suite…
—¿Qué… qué fue lo que dijo?
—Si tenía algo que decir, probablemente se lo haya dicho a él.
Kasumi se deja caer contra el sofá, abandonando por completo la tostada para llevarse ambas manos al rostro, apenas logrando ocultar toda la vergüenza que le llena cada poro. Las orejas le arden de vergüenza, ni siquiera cree que tendrá el valor de salir por el umbral de la puerta sintiendo anticipadamente que todos están al tanto de su desliz.
Si alguien dudaba sobre quién era la alumna que Gojou Satoru se tiraba cinco años atrás, ahora lo sabe con más certeza de la que le gustaría.
¿Cómo podrá sostenerle la mirada a alguien el resto de la mañana? ¿Cómo podrá mirar a Utahime?
En este momento desearía ser de esos ebrios que olvidan todo al día siguiente, cada indiscreción o cada palabra vergonzosa salida de lo más profundo de su mente. Lastimosamente, cada segundo que pasa una nueva escena se cuela en su mente y cada dialogo revive en su interior trayendo consigo sino más vergüenza.
—Apresúrate, nuestro vuelo sale en una hora y media —le dice Momo mientras se viste y cepilla su cabello.
Con un nudo en la garganta, ve de reojo a su amiga, incapaz de sostenerle la mirada y con las mejillas profundamente abochornadas. El pecho se le hunde mientras piensa en todas las cosas que le dijo a Satoru la noche anterior.
—¿No vas a regañarme? —le pregunta, sus ojos pegados al suelo.
—Creo que ya sabes lo que voy a decirte —responde, mirándose al espejo, acomodando su cabello en dos pequeños rodetes—. Además… supongo que ya tienes suficiente, ¿no es así?
Ella asiente, no levanta el mentón y apenas la observa por medio segundo antes de volver sus ojos azules a sus pies descalzos. Suelta un silencioso suspiro y se levanta camino a la ducha. Lo único bueno esta mañana es que no tendrá que pasar mucho más tiempo aquí y podrá regresar a Kioto en un par de horas.
Cuando siente el agua golpeando su cabello, relaja sus hombros y escucha del otro lado de la pared a Momo despedirse, recordándole que la esperará en el lobby del hotel.
Todos los recuerdos comienzan a ordenarse y sólo en este momento se da cuenta de que realmente debe tener algo de resentimiento guardado en su corazón para tener tanto que decirle a Satoru, que jamás ha dicho en voz alta. Permanentemente esforzándose por ser una buena muchacha, Kasumi no sería capaz de decirle tales palabras totalmente sobria. De aceptar los celos y la inseguridad que le genera un hombre como él y el dolor que aún se aloja dentro de ella al imaginarlo con otra mujer. El recuerdo de sus noches más tristes la golpea y la seguridad de que jamás fue un hombre fiel son demasiado para volver a soportarlo. Sin embargo, esta vez sabe que se deben una conversación. Que no fue amable de su parte marcharse, así como así luego de acostarse con él, sin darle ninguna explicación, convirtiéndose en aquello que más la lastima.
Siendo sincera, no hay nada que le gustaría más que evitar esa charla y seguir con su vida como si nada. Pero algo le dice que esto no tendrá fin si ella no se lo pone. Y luego se da cuenta de que esta certeza la deja inquieta, cerrar todas las puertas, quemar todos los puentes que apenas si comenzaban a reconstruirse se siente devastador. Ya que una parte de ella, un pedazo de su corazón, se retuerce de solo imaginarse su ausencia.
Tal conflicto no parece sano. Desprenderse por completo de él y dejarlo seguir con su vida, perseguir a cualquier persona que desee y olvidarse de ella es una idea que más bien le duele. Tal vez porque en realidad ella jamás pudo dejarlo ir.
Desde su súbita desaparición, Satoru ha sido un pensamiento constante. Pero por alguna extraña razón le daba más tranquilidad saberlo encerrado que imaginarlo por el mundo haciendo de las suyas. Un sentimiento tan posesivo no puede ser amor, al menos de eso se convence mientras cepilla su largo cabello y lo acomoda en una cola de caballo. Se viste una camisa limpia y ve al espejo como las marcas de su noche de pasión apenas comienzan a desaparecer. Se ajusta el cinturón y toma su pequeña maleta, dudando sobre tomar el picaporte hasta reunir el valor suficiente para ser capaz de mínimamente disimular no estar llena de vergüenza.
Es obvio que aún siente algo por él, un sentimiento posesivo y quizás sobre protector. Lo cual no tiene sentido, Gojou Satoru no es un objeto de su propiedad y es el que menos necesita protección en todo el puto planeta. Sin embargo, lo acepta. Suspira y se mira nuevamente al espejo aceptando que este doloroso sentimiento aún vive dentro de ella. No hay manera de negarlo y si realmente es la mujer que dice ser, tendrá que encontrar una manera de lidiar con ello, trabajarlo incluso hasta que finalmente desaparezca por completo.
En otra suite, una que se vio obligado a reservar en medio de la madrugada, Satoru se encuentra recostado sobre una cama sin deshacer. Sus ojos fijos en el techo, sobre una bonita lámpara llena de adornos y firuletes que realmente no está mirando en absoluto.
No ha logrado cerrar los ojos en toda la noche, quizás porque durmió demasiado la noche anterior con Kasumi, en el dormitorio de Tokio. O tal vez sea porque el último discurso de Momo Nishimiya se le ha colado hasta los huesos.
Un mensaje hace sonar su celular, el que tuvo que volver a pedirle a Ijichi antes de salir de la ciudad. Megumi le ha dejado saber que adelantó su vuelo ya que su presencia es necesaria en Tokio. Debería preocuparse y preguntar qué ha pasado, pero no lo hace. No hace más que contestar con un emoji y deja el celular nuevamente tirado sobre la cama.
No está muy seguro de cómo se siente, aunque culpable es la palabra más acertada para describirlo. Hacía poco tiempo no hacía más que preguntarse qué estaría pasando en un mundo sin él, pero jamás a tal detalle. Saber que Kasumi tenía problemas incluso para recordar sus horas de comer le hace sentir como un verdadero idiota.
No es que no pensara en ella en absoluto, de hecho, Kasumi era uno de sus pensamientos más recurrentes y seguía siéndolo hasta el día de hoy. Pero más que nada, se llenaba a sí mismo de sus recuerdos ya que, lastimosamente, estaba casi seguro de que mientras más tiempo pasara encerrado, más seguro era que ella hubiera muerto.
Cansado de sentirse tan miserable, se levanta de la cama para darse una ducha muy rápida y vuelve a vestirse un atuendo casual. Su vuelo a Tokio está programado para dentro de un par de horas más, por lo que decide bajar a tomar un ligero desayuno, esperando no tener que volver a encontrarse con Shimiko en el corredor.
Una vez junto al elevador, siente una corriente de energía muy familiar y voltea a verla. Ella camina a pasos agigantados, con los puños apretados y el entrecejo fruncido.
—Te lo advertí.
Hay un rugido bajo esta voz, la amenaza inminente que llega aparejada lo hace suspirar con cierto fastidio. Utahime lo deja acorralada contra un corredor y Satoru fuerza una sonrisa.
Realmente estaba feliz de saber que ella seguía con vida, que incluso ha reemplazado a Gakuganji y tomado la dirección del Colegio Metropolitano de Kioto. Sin embargo, esta no es el reencuentro que hubiera deseado, aunque mentiría si dijera que no lo había anticipado, sobre todo después de percatarse de la forma en la que lo fulminó con la mirada la noche anterior.
—Te lo dije, ¿o no lo hice? Te dije que te mantuvieras alejado de ella o… —repentinamente siente las grandes manos de Gojou sosteniéndola por los hombros y sin mucho esfuerzo arrastra sus pies hasta el elevador que permanecía abierto junto a ellos. Satoru no pierde el tiempo y presiona uno de los botones sin siquiera mirarlo y ella lo observa, algo indignada.
—¿No prefieres tener esta conversación en privado? ¿Por el bien de Kasumi?
—¿Por el bien de…? —pronuncia exacerbada—. Eres todo un caso, ¿huh? Te dije que te mantuvieras alejado de ella, ¿y lo primero que haces al verla es sacarla de su dormitorio? ¡¿Acaso no tienes vergüenza?!
—Creo que esa versión de la historia no se ajusta muy bien a lo que pasó anoche.
—Ni siquiera quiero saber lo que pasó anoche.
—¿Sabes qué? Estoy algo cansado de tener constantemente la misma conversación una y otra vez. ¿Crees que tengo que rendirte alguna clase de explicación? Huh, yo no lo creo… Metete en tus propios asuntos Utahime, y trata de no colmarme la paciencia.
—¡La única que está teniendo paciencia aquí soy yo! Miwa-chan es mi alumna.
—Era. Ella era tu alumna y ya no lo es. Es una mujer adulta, igual que tú y puede decidir por sí misma si quiere malgastar su tiempo con un cretino como yo, o no. Tal vez, hace unos años tenías todo el derecho del mundo de interferir, pero ahora no. Kasumi no es una niña, y tú no eres su madre así que deja de actuar como tal y no vuelvas a joderme porque, y lo digo en serio, no estoy de humor.
—¿Qué no estás de humor? ¿Acaso me estás amenazando? ¿A mí? ¡Ten algo de respeto!
—No, tú ten algo de respeto. Ya no soy un sensei, ella no es una alumna y por eso respetarás nuestra intimidad, o lo que sea que tengamos. Déjala elegir por sí misma lo que quiere hacer, ¿quién te crees que eres? ¿Acaso ella te pidió que vinieras a amenazarme?
—Claro que no, ella nunca…
—Exacto. Si Kasumi quisiera que estuvieras hablando por ella te lo haría saber, entonces, ¿qué haces aquí? Porque, déjame decirte… no estás defendiendo el honor de una niña. ¿Qué es lo que tanto te molesta?
Utahime presiona sus labios y se voltea hacia el tablero en el que se iluminan los pisos por los que están subiendo.
—Es lo que pensé —pronuncia Gojou y la puerta se abre sobre el séptimo piso. Sale del elevador y vuelve a estirarse para presionar el botón hacia la planta baja—. Nos vemos, Utahime.
Ni siquiera él sabe por qué está tan molesto. O por qué ha dejado salir este pequeño destello de ira contra ella. Aunque no ha mentido, de hecho, está bastante cansado de escuchar a terceros opinar con tal libertad sobre su vida cuando realmente no saben nada de él. Nadie sabe cómo se siente, nadie conoce a detalle la culpa que no lo ha dejado dormir en toda la noche ni la certeza de que quizás nunca pueda recuperar a la única mujer que realmente le ha llegado a importar tanto.
Frustrado, decide bajar las escaleras a paso lento mientras recuerda las palabras de Momo. La imagen de Kasumi sufriendo por más tiempo del que él es consciente, mientras él estaba encerrado en un sello, se le ha venido a la mente tan constantemente que se siente como tortura.
Quizás ahora tiene más sentido su primera reacción a él. El tiempo que le ha tomado recuperarse de sus pérdidas, lo desconoce totalmente.
Tal vez él es el idiota que todos siguen diciendo que es. De hecho, Kasumi fue una de las pocas personas que no llegó a notarlo, al menos no a tiempo, no antes de confesarle que lo amaba.
Ahora comprende que no ha sido sólo ese pequeño vistazo a su idea de la fidelidad lo que la tiene tan renuente a volver a él, sino más bien todo el trabajo que le tomó levantarse luego del incidente de Shibuya. Quizás incluso ha llegado a escuchar muchas veces las mismas recriminaciones de las que él es victima ahora y su orgullo le impide ver que, esta vez, es sincero.
Sus ojos se encuentran con los de ella, sus cejas se elevan con ligera sorpresa aunque parece haberlo estado esperando allí parada, con su celular sobre la palma de su mano.
Kasumi ha estado deliberando la idea de enviarle un mensaje, aunque aun recuerda su advertencia la noche anterior por lo que ha decidido esperar por él en este corredor, justo junto a la recepción.
Satoru echa un vistazo a su pequeña maleta y una ligera sonrisa le curva un lado del labio. Vuelve a suspirar con un horrendo presentimiento pesándole sobre el pecho. De alguna forma lo sabe, sabe a la perfección que sólo puede estar esperándolo para tener una conversación que repentinamente comienza a temer.
—Satoru-san —pronuncia gentilmente y acomoda un mechón de cabello cian detrás de su oreja—. Tenemos que hablar… ¿cierto? —pronuncia y sólo en este instante Satoru entiende a la perfección esta temida oración que tanto a oído en otras ocasiones. Él jamás hubiera imaginado que él, el chamán más fuerte, pudiera temerle a una charla con esta linda muchacha. Sin embargo, hace un enorme esfuerzo por ensanchar su sonrisa y cuando está a punto de contestarle, un par llama su atención del otro lado, junto a la puerta.
Kasumi voltea al ver cómo su atención se centra en ellas, en la forma en la que Utahime y Momo ven a Satoru antes de voltearse rumbo al taxi que espera por ellas.
—Pero… mi vuelo sale en una hora. ¿Tal vez en otra ocasión?
Aunque le gustaría asentir, aceptar que esta funesta charla se de en otro momento en el que no estuviera tan seguro de que ella terminará definitivamente su relación con él, sabe que es inevitable y que él no es ningún cobarde.
—Puedo cambiar tu vuelo, si quieres conversar ahora. Podemos ir a mi habitación, si quieres… —pronuncia con cautela y nota rápidamente un rubor naciendo en sus mejillas pálidas. Sus cejas se encuentran sobre su frente y Satoru percibe ligera desconfianza, lo que su sugerencia le ha provocado—. O si prefieres… podemos salir de aquí y tomar un café.
Kasumi asiente, sus manos entrelazadas firmemente sobre su abdomen.
—Ahora que lo pienso… —dice, a punto de reírse—. Tendré que pedirle a Ijichi que cambie tu vuelo. Será sólo una llamada, saldrás en el siguiente vuelo a Kioto.
—Está bien, iré a avisarles a Utahime y Momo mientras haces la llamada.
Pocos minutos después se encuentra a sí mismo abriéndole la puerta de un taxi, con las maletas de ambos en el portaequipaje. La mira de reojo mientras ella elude su vista hacia la calle, observando atentamente a la gente caminando y sin soltar una sola palabra sobre la conversación que sostendrán dentro de muy poco.
Satoru jamás había sentido un nudo en el estómago como este. Jamás se ha sentido tan nervioso y su pie derecho se mueve copiosamente sin que se de cuenta. Toma su celular de su bolsillo y escribe una reseña bastante extensa para su clan, tarea que ha estado postergando desde la noche anterior, con su mente completamente ocupada en ella; en la mujer que lo ignora sentada a su lado.
Nadie jamás, en toda su historia, había terminado con él. Al menos no como Kasumi parece estar planeando hacerlo. Con tanta amabilidad, como la adulta que ahora es. Tal vez, las pocas ocasiones en las que una mujer decidió dejar de relacionarse con él se dieron simplemente porque no había realmente nada allí. Ellas siempre han querido más, más conversaciones, una forma más compleja de intimidad que en ese momento él no lograba entender.
Cuando el taxi se detiene y Satoru ya ha enviado su informe, el nudo sobre su estómago se aprieta tan fuerte que se sonríe, se ríe de sí mismo como si no fuera más que un niño. Sorprendido por las reacciones de las que creía su cuerpo incapaz.
Como un caballero, que raramente es, Satoru rodea el taxi y le abre la puerta, le extiende una mano para ayudarla a salir del taxi mientras el conductor deja sus maletas en la acera sin miradas de repulsión, como las que recibía cuando ella era una adolescente.
Ambos miran de soslayo a la pequeña cafetería en la que los han dejado. Satoru levanta las maletas y camina detrás de ella. Aprovecha este momento para echarle un vistazo a los jeans y la camiseta rosa que trae puesta, una que cree poder recordar. Es la misma camiseta que usaba el día en la que lo invitó a cenar a su casa, con sus hermanos. O eso le parece a él.
Una vez sentados uno frente a otro, Kasumi vuelca su atención a un pequeño menú en el que Satoru no podría estar menos interesado. La verdad es que, extrañamente, siente que no podría meterse nada a la boca. La espera lo está matando, la intriga por saber qué tendrá para decirle se mezcla con el temor de escucharla rechazarlo de la manera más cordial.
—¿No vas a ordenar? —pregunta ella, lo mira atentamente a través de sus grandes ojos azules y él nota que hay un dejo de púrpura en su mirada cuando el sol brilla sobre sus ojos.
Gojou vuelve a ensanchar su sonrisa y asiente.
—Un café —le dice a la muchacha que espera por su orden.
—Y azúcar extra, por favor —completa Kasumi, devolviéndole el menú.
Al menos así se asegura de endulzarlo antes de mandarlo a volar, piensa Satoru y la ve acomodarse incómodamente el mismo mechón de cabello tras la oreja.
—Es un lindo sitio —comenta ella, mira la decoración estilo vintage como si intentara enfocar su atención en algo que no sea especialmente él—. Nunca había venido aquí.
—¿Ya habías estado en Osaka?
—Un par de veces, con Utahime… Esta no es la primera reunión a la que asistimos.
—¿Qué piensas de lo de anoche? —pregunta y parece sentir que su lengua se vuelve un nudo bajo su garganta—. Sobre la reunión, me refiero… Tu trabajas sola.
—Lo sé, ¿crees que también me… me hubiera pasado a mí? —pregunta, ligeramente consternada.
—Mentiría si dijera que no es una posibilidad, dado que todos los blancos fueron mujeres solas. Espero que no pienses continuar trabajando sola después de eso. Ahora más que nunca debes tener precaución.
—Lo sé. Encontraré una solución —le asegura, aunque no logra reconfortarlo.
La mesera llega justo cuando el silencio entre ambos se extendía a un nivel incómodo. Deja ambas tazas sobre la mesa y un pequeño cuenco con suficiente azúcar para saciar el apetito de Gojou.
Satoru mete un manojo de cubos de azúcar sobre su café, encorvado sobre la mesa con ambos codos junto a su taza, meciendo su cuchara desinteresadamente. Repentinamente se da cuenta de que, de hecho, esta podría bien ser su primera cita en público con Kasumi. Aunque ha resultado ser un evento más improvisado de lo que podría esperar.
—No, es la segunda vez… —murmura sin darse cuenta y ella lo ve con ligera intriga. Satoru termina sonriendo, revolviendo con cierta melancolía el azúcar en su café—. La primera vez que salí contigo fue el 4 de abril. Tu cumpleaños, ¿recuerdas?
Kasumi se remueve incómoda, recordando aquella noche que parecía ser la mejor de su vida hasta el momento en el que se dio cuenta que él la estaba ignorando. Luego asiente, rememorando la emoción que le provocaba estar en su presencia.
El sentimiento ha cambiado mucho desde aquel momento. La ingenuidad ha desaparecido casi por completo y se da cuenta de que ya no ve a un ser perfecto, uno sin igual, incomparable. Satoru no es más que un ser humano más, con tantos defectos como ella.
—Lo recuerdo bien —responde y una sonrisa muy ligera le curva los labios.
Tras el primer sorbo de café, que por algún motivo le sabe insípido, Satoru decide terminar con este preámbulo y levanta el mentón, creyéndose suficientemente preparado para lo que vendrá.
—¿De qué querías hablar?
Ella se aclara la garganta y traga, su frágil y níveo cuello lo hace evidente.
—Creo que deberíamos hablar sobre lo que pasó anoche.
—Soy todo oídos…
Kasumi aprieta los labios, intentando ordenar las palabras que repentinamente comienzan a agolparse dentro de su boca. Las gafas oscuras de Gojou se han deslizado por el puente de su nariz dejando al descubierto esa mirada celestial suya.
—Quería pedirte disculpas —dice, baja la mirada y sus mejillas vuelven a teñirse de rosa.
Satoru contempla extrañado la expresión sumisa de Kasumi y parece no creerse las palabras que ha escuchado.
—No debí beber tanto… Ni decir las cosas que dije… Por eso quería disculparme contigo, todo lo que pasó anoche… es muy vergonzoso.
Es honesta, su rostro no hace más que acompañar sus palabras.
—No tienes nada de qué disculparte, Kasumi. Creo que fuiste bastante sincera, ¿no crees? ¿O acaso no recuerdas todo lo que sucedió? —Ella evita su mirada nuevamente y vuelve a apretar los labios—. ¿Recuerdas todo? —vuelve a preguntar.
—N-no… —miente—. No todo… pero lo suficiente para sentirme avergonzada.
—¿Eso es todo lo que querías decirme? —pregunta él, luego de unos cuantos segundos de silencio y ella niega, pero parece tener problemas para seguir hablando—. No es todo, ¿cierto? —pregunta esforzando una sonrisa.
Repentinamente desea obligarla a decirlo, forzarla a que termine con esta pequeña tortura a la que lo está sometiendo.
—También debemos hablar sobre lo que pasó en Tokio —responde, ya no evade sus ojos y lo mira directamente a pesar de que su rostro está casi completamente cubierto de rubor.
—Huh… —musita y se ríe, baja la mirada y acomoda sus gafas—. ¿Vas a repetirme que estás arrepentida de lo que pasó entre nosotros? Ya lo dijiste… que fue un error.
—Bueno, creo que debo ser completamente sincera… Sería una tontería seguir comportándome como si nada hubiera pasado. La verdad es que… todo ha pasado muy rápido y no he tenido mucho tiempo para saber cómo me siento. Pero, después de anoche… creo que es evidente.
—¿Arrepentida?
—No. Parece ser que, por mucho que me esfuerce en negarlo… aún siento algo por ti.
Satoru la observa, su honestidad abriendo su pecho al medio. Una sensación familiar comienza a llenarlo, aflojando el nudo de su estómago y espera atentamente a lo que está a punto de decir.
—Pero se ha hecho evidente que… no puedo confiar en ti. Es por eso que no creo que…
—No hice nada, Kasumi. Lo juro —dice, ignorando su café.
—Lo sé, pero ese no es el punto. El punto es que la confianza es la base de una relación saludable y yo no confío en ti. Y ya no es tu culpa… —contesta, extiende su mano sobre la mesa y acaricia los nudillos de Satoru.
—Pero aún sientes algo por mí —contesta, convencido de que esto aún no ha terminado.
—S-sí… —afirma, sus dedos abandonando los de Satoru. Sin embargo, él no pierde el tiempo y entrelaza sus largos dedos a los de Kasumi. El rubor se hace más evidente.
—Podemos trabajar la confianza, ¿no?
—Bueno… si eres completamente sincero conmigo… No lo sé, no estoy segura si pueda.
El recordatorio de su falta de honestidad no ayuda a su caso cuando hay algo que ha estado ocultando desde hace un par de días. Pero a este punto ya no hay mucho que pueda hacer, si decide mentir y asegurar que no hay secretos entre ellos, no hará más que seguir siendo el mismo que siempre ha sido. Sin embargo, sabe que lo que tiene para decirle podría terminar por destruir lo poco que ha quedado. Quizás incluso logre desvanecer el sentimiento que aún no ha muerto en el corazón de Kasumi.
—En ese caso… Hay algo… que debería decirte —admite finalmente y se aferra de la pequeña mano que sostiene, acaricia sus dedos con el pulgar mientras piensa que quizás esta sea la última vez que pueda tocar su piel.
—¿De qué se trata?
—Es sobre el clan… —comienza con pesar y se sonríe con amargura—. No he encontrado momento para… No, la verdad es que esperaba no tener que decírtelo. Creí que quizás encontraría una escapatoria, pero… Estoy algo acorralado aquí.
Kasumi siente el súbito deseo de soltarlo, a pesar de ello reprime el deseo y espera con una anticipación que le bloquea la garganta.
—Dímelo.
—¿Recuerdas lo que dije anoche? ¿Sobre los mensajes en mi celular? —ella asiente—. Bueno, era cierto. El clan monitorea mis conversaciones, pero lo hace desde mucho antes… desde hace muchos años —pronuncia, mirándola a los ojos esperando por alguna reacción que no llega. Ella está estática, esperando—. Saben todo sobre ti, Kasumi. Sobre nosotros. Me han puesto en una situación complicada. Agh… El punto es que quieren un heredero para el clan, uno que pueda heredar los Seis Ojos. Tú y yo sabemos de qué va el proceso —dice, intentando sonar gracioso, pero Kasumi no parece animada—. Quieren que tenga un hijo, tienen una lista de posibles…
—¿Vas a tener un hijo? —pregunta, su voz comienza a quebrarse y su rostro apenas se frunce tras escucharlo. Intenta alejar sus dedos de él, pero Satoru la retiene con ambas manos.
—No, me negué, pero… Si no lo hago… el Clan ha amenazado tu vida.
—¿Y no pensaste que yo tendría que saber esta información?
—Creí que tal vez tú querrías…
—¡¿Tener un hijo contigo?! —le cuestiona tan fuerte que todos a su alrededor guardan silencio y voltean con cierta curiosidad. Kasumi sale rápidamente de su indignación y vuelve a avergonzarse, casi escondiendo el rostro entre sus hombros.
—Bueno, pensaba más bien que podrías empezar con un par de citas, tal vez un noviazgo y luego casarse simplemente sería el siguiente paso lógico.
—¡Gojou! —sale de su garganta, indignada—. A-Admito que no me había detenido a pensar demasiado en el Clan Gojou antes… pero esto… ¿Por qué no me lo dijiste antes?
—Porque sabía que no podrías tolerarlo y no tendría ninguna oportunidad de hacerte… de convencerte de volver a intentarlo si sabías todo lo que implicaba.
Los hombros de Kasumi caen, faltos de energía.
—¿El Clan puede obligarte a casarte?
—Imagino que si no les doy una respuesta rápido… van a arreglar el matrimonio sin mi consentimiento y, si me niego…
—Me usarán para forzarte.
—Algo así…
—Es horrible…
—Es el Clan Gojou. Pueden hacer lo que les venga en gana, como lo han hecho siempre. Quieren una boda en primavera y tú sabes todos los preparativos que lleva una boda —dice y se sonríe, nuevamente sin resultarle gracioso a Kasumi—. Entendería que después de saber esto decidas no volverte a asociar conmigo de ninguna manera —comenta, un dejo de amargura bajo el tono de su voz. Deja ir la mano de Kasumi y se sienta derecho contra el respaldo de la silla—. Es lo que esperaba.
Satoru puede sentir perfectamente la decepción que irradia la mirada de Kasumi y apenas siente que puede soportarla. Pero al menos lo ha hecho, ha sido sincero, aunque esto le cueste volver a tener la oportunidad que tanto estaba esperando.
—Primavera… ¿cierto?
—Así es…
—Y tú… ¿quieres casarte?
—Para nada —sonríe, dejándole ver su perfecta dentadura blanca. La observa rolar los ojos y desviar la vista hacia la ventana. Kasumi apoya el mentón sobre la palma de su mano y parece estar pensando en algo que le genera mucha curiosidad.
—¿Qué pasaría si les dijeras que he aceptado casarme contigo?
Perplejo, Satoru cree no haber escuchado su pregunta con claridad.
—No estoy diciendo que vaya a casarme contigo, es sólo curiosidad —completa, frunciendo el entrecejo.
—Bueno, lo primero que harían sería asegurar tu bienestar. Insistirían que te mudaras al templo, claro, con el resto de los niños.
—No pueden obligarme.
—Son persuasivos, pero no podrían ponerte una mano encima…
—¿Luego? ¿Se verían obligados a rechazar a…?
—La lista, sí. Tendrían que enviar un mensajero a las familias para dejarles saber la decisión del Clan.
—¿Y… si me negara a casarme luego? ¿Tomarían represalias?
—Bueno, eso sería una primera vez para el Clan Gojou. Ahora, ¿tienen algún sentido todas las preguntas que estás haciendo? ¿O tu curiosidad es tan grande?
—Tal vez… Si aceptara, hipotéticamente hablando… Eso te daría algo más de tiempo, ¿cierto? Al menos hasta la siguiente primavera. Al menos podrías intentar encontrar una solución a tu problema y no tendrías que casarte forzosamente con alguien a quien no… amas… ¿verdad?
—¿Quieres casarte conmigo?
—¡Hipotéticamente!
—Bueno, es un plan un poco improvisado para funcionar… pero podría. De hecho sí me daría algo de tiempo para encontrar una salida.
—Y mi familia estaría a salvo del Clan, ¿cierto?
—Sólo del Clan Gojou. No puedo hablar por el resto, pero cuando Yumiko, mi madre, estaba embarazada, hubieron unos cuantos atentados y bueno… es un precedente que tengo que mencionar. Ya que estamos en el tema de ser sinceros y todo eso.
—Pero estaba embarazada. Yo sólo estaría comprometida.
—¿De verdad lo estás considerando?
—Tal vez…
—¿Por qué? Acabas de decir que ni siquiera confías en mí.
—Lo sé, pero no soporto la idea de que te obliguen a casarte y mucho menos que me utilicen a mí o a mi familia para asegurarse una respuesta. ¡Es indignante! Siempre creí que al ser el líder del Clan tendrías mucha más libertad de la que tuvieron Maki-san, Mai o Kamo-san. Jamás me hubiera imaginado que serían capaces de extorsionarte de esta manera.
—Kasumi, tengo que advertírtelo. Esto no es un juego. Si te presento ante el clan y no cumples tu promesa, no sabemos lo que pasará después.
—Tal vez no confíe en que puedas ser un hombre fiel, Satoru… Pero confío en que nos protegerás de tu Clan.
—No dejaría que toquen un pelo de esa linda cabeza tuya.
—No digas cosas innecesarias, por favor. Esto es serio.
—Lo sé, sin embargo, no me gusta ni un poco. Tendría que dormir contigo todas las noches para asegurar tu bienestar.
—Eso no va a pasar. Solamente te daré algo de tiempo para encontrar una salida… o quizás encontrar a alguien con quien realmente quieras casarte.
—¿Por qué suenas tan amable y tan cruel al mismo tiempo?
—Supongo que esto nos concierne a ambos. Debí saber que implicarme contigo me involucraría de alguna manera con tu clan. Y si bien no conozco por completo cómo son, desde adentro, tenía una idea bastante desagradable aún antes de conocerte. Esto también es culpa mía, por ser tan ingenua…
—No, es mi culpa. No tenía los ojos tan abiertos como debía.
Esto sí le resulta gracioso a Kasumi, quizás más irónico que gracioso, pero de igual manera logra esbozar una sonrisa.
—Oye, ¿conoces algún hechizo que pueda proteger a los niños? Creo que si el Clan Gojou es capaz de manipularte a ti usándome a mí, también podrían intentar manipularme usando a los niños.
—De hecho, sí. Hay un par de hechizos que conozco que son similares a mi técnica. No tan efectivos, ni tan exactos. Pero sí, sólo necesitas una gran cantidad de energía maldita. Tienes que trasladar tu energía a algún objeto, maldecirlo y grabar unas runas sobre él. Pero hacerlo te dejaría completamente drenada y es un proceso que tendrías que llevar a cabo cinco veces. Yo podría hacerlo por ti.
—¿Y si el objeto ya está maldito?
—En ese caso solo tendrías que grabar las runas. ¿Qué tienes pensado?
—Creo que tengo una idea que puede funcionar… Si dibujaras las runas para mí, podría…
—Mujer recursiva, me gusta.
—Quizás… si le dices al clan que me has propuesto matrimonio y lo estoy deliberando… podría darme el tiempo suficiente para comenzar el hechizo y proteger a los niños.
—Puedo poner un hechizo sobre tu casa, si te deja más tranquila.
—Sí, eso sería una buena idea. Además… —dice aún meditando con el rostro sobre la palma de su mano—. Me darías tiempo a mí de pensar esto. De verdad quiero ayudarte, pero mi prioridad siempre serán…
—Los niños, lo entiendo —contesta y bebe finalmente de su café.
Este enmarañado plan está muy lejos de lo que Satoru tenía pensado para esta cita improvisada. Kasumi realmente es una mujer asombrosa y sin darse cuenta, se encuentra a sí mismo sonriéndole como un idiota. Como el idiota que es.
—Quizás incluso termines pensándolo tanto que aceptes casarte conmigo.
—Creo que te estás adelantando demasiado.
—No estaría tan mal. Te gustan los niños, ¿cierto? Podría darte uno o dos, y con el dinero del clan no tendrías ningún problema. Podrías ser una madre de tiempo completo y dejar la hechicería.
—Acabo de decir que no confío en que puedas ser un hombre fiel y crees que me convencerás de casarme contigo sólo porque tu familia está forrada, ¿de verdad?
—Es sólo una idea —dice, encogiéndose de hombros—. Además, sí puedo ser un hombre fiel, soy Gojou Satoru, yo puedo hacer cualquier cosa que me proponga.
—No me pareció así anoche, para alguien con una técnica maldita tan perfeccionada tenías muchas dificultades para sacarte a esa mujer de encima.
—Me tomó por sorpresa.
—Claro…
—No volverá a pasar.
—No es de mi incumbencia.
—Si vas a ser mi prometida…
—¡Lo estoy pensando! Aún no he aceptado.
—¿Tengo que arrodillarme o es demasiado cliché? Ni siquiera he comprado el anillo… No vine muy preparado que digamos.
—Ya cállate… —Kasumi murmura, acariciando suavemente su sien.
—Podría hacerlo, si te gustan esas cosas.
—Esto es un arreglo, no tiene nada de romántico.
El nudo desaparece por completo y él le sonríe de una forma que sólo logra hacer que el rubor en sus mejillas se intensifique. Y si bien este súbito arreglo no está muy cerca de su idea inicial, se siente bien al respecto. De hecho, mejor que bien, se siente a un paso de lograr lo que realmente quiere. Los por menores los verá sobre la marcha, como siempre.
—¿Deberíamos turistear? —pregunta, mirando el reloj sobre su muñeca izquierda—. Aún te quedan un par de horas antes de tener de abordar.
Kasumi vuelve a mirar hacia la ventana. No es extraño ver a tantas personas paseando, aunque la mitad del país esté hecho pedazos. Repentinamente esto no le parece tan mala idea, ya que lleva años sin pasear por una ciudad en la que no haya tenido que presentarse a trabajar.
—Podría ser… —responde gentilmente, los arcos de sus labios elevándose en una tímida sonrisa.
N/A: ¡Buenas! Ojalá les haya gustado este capítulo, fue muy lindo escribirlo. Tenía muchas ganas de sentarlos a hablar como dos adultos y finalmente llegó la oportunidad. Pero parece que cada vez que continúo esta historia termina enredándose más y más. Aún así espero les haya agradado.
Como siempre muchas gracias a todos los que se toman unos minutos de su tiempo a dejar un comentario, gracias a Blueberry77, ohmyheartitbreaks, TheOtherDestiny, luc1822vilsi, zulmajea, Wandd, Moria13 e Ina minina (ando esperando cap de días pasados). ¡Espero que estén muy bien! ¡Nos leemos pronto!
