La policía extendió sus hombres alrededor del terreno. Su paso por el lugar levantó volutas de nieve y una sirena intermitente parecía marcar la marcha. Iori posó una mano sobre el hombro de Kyo al no recibir respuesta a sus palabras. El castaño parecía observarlo todo desde algún punto ajeno a él. El contacto del pelirrojo pareció hacerle aterrizar los sentidos.
— Confirma si están bien. —aconsejo Iori presionando el hombro del castaño—. No saques conclusiones precipitadas Kusanagi. — Instó suavizando la tensión. Kyo asintió abstraído en las sombras amorfas de la policía y marcó a Benimaru sintiendo la confianza en el bienestar de sus amigos, siendo mellada por cada eco de las sirenas.
Kaoru respondió a la llamada, su voz cargada de desesperanza reaccionó con sorpresa al escuchar la inquisidora pregunta de Kyo acerca del estado de todos.
La chica explicó de manera simple y resumida como la situación se había salido de control antes de informarle en que hospital se encontraban. Kyo decidió que era mejor terminar aquella conversación personalmente y tras una despedida breve colgó.
— Parece que están heridos, pero vivos. El hospital no está muy lejos. — Habló Kyo guardando el celular y agradeciendo con un gesto evasivo.
— Hay que evitar ser vistos. Lo mejor será rodear la zona boscosa. — Puntualizó Iori dando un empujón pequeño en la espalda del castaño, instándole a regresar a la moto. Kyo le siguió un poco abstraído en el destello bicolor sobre la nieve. Luego poso la mirada sobre la espalda ancha de Iori. Era extrañamente satisfactorio tener la atención y colaboración de este sin ninguna dificultad, pero aun así no lograba acoplarse y sentía como si existieran aspectos que no alcanzaba a percibir en él.
Ambos hombres partieron rumbo al hospital, evadiendo cualquier contacto con la policía que acordonaba la zona.
Cuando arribaron a la calle indicada divisaron a Kaoru a lo lejos, parada en una cera solitaria que daba acceso a la zona de estacionamiento. Aguardaba por ellos sola, menuda y pálida, con extensas manchas de sangre en su chaqueta gris, casi con el aspecto de una niña perdida.
Iori percibió la patrulla apagada a un costado de la clínica frente a la entrada y desvió la moto a distancia prudencial. La estacionó en una calle pequeña, aledaña al terreno del hospital. Depositó el casco con calma sobre el manubrio y extendió una mano para evitar que el castaño se alejara presuroso. Kyo lo miró extrañado, tenso, sin comprender el gesto. Iori se deslizó de los hombros la gabardina y rodeo a Kyo con esta. La tela de prenda del castaño estaba destrozada por el fuego y sus brazos expuestos marcaban densos enrojecimientos de quemaduras leves.
Kyo dio un respingo al contacto de la piel con la tela, pero acepto con docilidad el gesto de Iori. Su expresión inmutable solía molestarle, pero en esta ocasión le calmaba.
— Tus amigos son buenos en esto Kusanagi. —acotó Iori deslizando las manos por el cuello de la gabardina, enderezándolo—. Intenta no aterrar más a esa chiquilla con la expresión fatalista y soez que tienes. — Agregó con voz calma.
— No logró acostumbrarme a tu lado amable. — Dijo Kyo dulcificando su expresión.
— ¿Prefieres que te diga lo tonto y testarudo que eres? — Inquirió Iori regresándole una sonrisa desdeñosa. El castaño rió.
— Ya habías durado bastante sin hacerlo al parecer. — Agregó socarrón dando la espalda y saliendo del callejón.
Kaoru vislumbró primero a Kyo y luego apretó la chaqueta con sorpresa y alivio al ver que tras el castaño caminaba el pelirrojo, alerta al entorno. Imitó a Iori analizando su alrededor antes de avanzar hacia ellos. La patrulla se encontraba vacía y los policías yacían dentro del hospital. Al no ver amenaza alguna corrió al encuentro de ambos.
Saludo con una sonrisa triste y expresó a Iori el gran alivio al ver que se encontraba bien. Kyo la rodeo con el brazo y la guio a un local cercano al otro lado de la calle. El sitio se denotaba un poco vacío dada la hora y se ubicaron al fondo del mediano espacio de mesas, tras pedir tres bebidas calientes de paso.
— Ahora sí, dime que sucedió. ¿Cómo están todos? — Preguntó Kyo y la joven asintió con tristeza.
— …Kioshi había sido perseguido por asesinos a sueldo. Mai los enfrentó hasta que llegaron los demás. Ahora ella está siendo atendida por las heridas que tenía previamente... —suspiró con tristeza—. El señor Bogard está en cirugía y no hemos tenido novedades de los médicos. Al parecer un impacto de bala perforó uno de sus riñones y el pronóstico es reservado. Esta grave… — Suspiró nuevamente sin levantar la vista de la mesa.
— Él es un hombre fuerte. — Aseguró Iori con desden.
— Si…saldrá bien y su recuperación será rápida. — Agregó Kyo palpando la cabeza de la chica, que asintió con voz apagada.
— Nikaido donde está. — Instó Iori. Le intrigaba su ausencia.
— Fue convocado por el personal del hospital cuando llego la policía hace poco. Dijo que se encargaría de desviar las indagaciones para que no nos reportaran.
— Estoy seguro de que lo lograra, y siendo así es mejor que regreses. Esperaremos aquí cualquier noticia sobre Terry. Luego hablaremos con detalles de lo sucedido. — Agregó Kyo mientras la chica terminaba su bebida. Ella asintió con dejo cansado depositando el pocillo vacío sobre la mesa. Ambos hombres observaron la espalda menuda de la joven al abandonar el local bajo algunas miradas especulativas de los pocos comensales.
Se hizo un silencio tranquilo acompañado por el ocasional cruce de un auto y el murmullo leve de las conversaciones ajenas. Ninguno de los dos tocó la bebida caliente que termino por enfriarse.
— ¿Realmente quieres hacer esto Iori? — Preguntó Kyo resolviendo profundizar en el tema.
— ¿Que si deseo aplastar a Takeshi mientras ve como su poder de anulación sobre nuestro fuego no funciona? Si. — Respondió Iori sabiendo bien que no sería fácil aplacar la idea en Kyo.
— No es solo la anulación. Su energía es diferente, su fuego es muy poderoso. Pude verlo con claridad cuando nos enfrentamos. Se que retrocedió solo porque algo lo limitaba… —
— ¿Algo como uno de los Yokai ligado al pacto, el mismo que nos pide liberarlo? — Indago Iori sarcástico. Kyo gruño impaciente.
— ¿Qué te hace creer que en vez de orquestar tú muerte cuando enfrentemos a Takeshi, te va a ayudar? — Insistió Kyo.
— Si ese fuera su deseo, ya estaría en manos de los Bihksu. Aparte de ello, Chizuru esta con él…su espíritu de alguna forma es remanente y desea que la ayudemos a liberarlo.
— Y ahora sigues hablando de "nosotros" con esa cínica naturalidad, cuando lo primero que hiciste fue meterte solo a ese lugar...que nos asegura que en realidad si sea ella y no un engaño, algo que quiere hacernos creer que es su espíritu. — Instó molesto. Iori posó su mano sobre la de Kyo y apretó con fuerza sin herirlo. Había intentado apartar a Kyo de todo aquello y no había logrado nada, salvo arriesgar tanto su vida como la suya.
Levanto la vista de las manos, apreciando la expectativa y reticencia del castaño.
— ¿Lo sientes Kyo? — Preguntó Iori con tono impaciente captando su mirada. Kyo lo percibió; la energía caótica, amenazante y cargada de deseo que portaba el fuego Yagami. Asintió sin comprender que tenía que ver aquello.
— Ya te lo he dicho. Esa sensación, en menor o mayor nivel es la que percibo de ti, sin importar la distancia. —bajo la fuerza alejando la mano con tacto delicado—. Chizuru también emanaba su propia esencia y al estar tan cerca de aquel espectro de luz, sentí que era ella.
Kyo lo observó sopesando sus palabras, al confrontar aquella criatura con Iori había percibido un fugaz destello de esencia aparte de su propia energía caótica y la emanación debilitada del pelirrojo. Pero no logro reconocerla como Iori, que parecía tener una facilidad absurda para percibir esas cosas.
Comprendió que tal vez si existía una oportunidad irrepetible para tomar las riendas contra sus enemigos, pero aun así sentía profundas reservas al pensar que Yagami debía conectarse con esa criatura para descubrir más. Gruñó asintiendo y Iori tuvo la pulsión de tocarlo, de sentirlo. Aquel semblante de preocupación y frustración por su seguridad, le agradaba.
— Que hiciste para que los Kusanagi no te siguieran. Estabas cerca de tu ceremonia de coronación. Su alteza. — Agregó Iori con dejo cínico cambiando el tema. Kyo le dedico una mirada de reproche.
— Nada. Deben estar buscándome en todos lados supongo. —bufó con amargura—. Tienes un talento innato para complicar mi vida Yagami. — Espetó.
— Yo lo llamaría un gusto particular. — Respondió Iori con una malicia coqueta y dominante, Kyo rio con falsa indignación, aplacando un deseo repentino por besarlo.
El pelirrojo se levantó de la mesa para preguntar al hombre del local si tenía cigarrillos. Kyo agradeció no hablar más del tema, pronto se encargaría de enfrentar a su familia. Desplegó el celular que vibraba suave en su bolsillo y contestó con dejo informal.
— El señor Bogard salió de cirugía. Lo llevaran a cuidados intensivos y dijeron que está estable. Pronto le darán de alta a Mai y esperaremos a Benimaru. La policía ya no nos interrogara. — Aseveró la chica con mejor tono.
— Entiendo. No haremos mucho quedándonos aquí y es mejor que descansen por hoy. Dile a Benimaru que estaremos en contacto. — Imperó Kyo. Kaoru asintió regresando el deseo de un buen descanso a ambos y colgó. Kyo observó el celular un instante, incomodo. A veces olvidaba que aquella chica era la prometida de Iori.
Se levantó de la mesa con la intención de pagar la cuenta, pero está ya había sido saldada. Algunos de los pocos clientes del local le observaban de soslayo; la gabardina estaba algo raída, y sus pantalones medio húmedos y manchados de ceniza, resaltaban. Abandonó el local hasta encontrarse con Iori al borde de la calzada, quien se estaba terminando un cigarrillo.
— Terry está estable en UCI y Mai será dada de alta, por lo pronto no nos reuniremos hasta que pase el revuelo de la policía. Es mejor irnos antes de llamar más la atención. — Inquirió Kyo. Iori deshizo la colilla del cigarrillo en un destello mínimo sin cambiar de expresión.
— Regresemos por hoy al apartamento. Supongo que ya debe estar reparado. — Dijo cruzando la calle al lado del castaño. La calzada de dos carriles no daba muchas señales de tráfico.
— Lo está. —aseguró Kyo y Iori lo observó con dejo indagante—. Desapareciste de repente sin decirme nada. No me dejaste muchas opciones. — Puntualizó el castaño adelantándose al callejón. Iori sonrió complacido.
Esta vez fue Kyo quien demando manejar la moto y se alejaron en un rugido apagado por la calzada.
Kaoru observó la motocicleta pasar desapercibida y empuño las manos entre la tela de su chaqueta recordando las palabras de Kioshi. No sabía que debía hacer y se preguntó angustiada como podría ella proponer semejante locura a Iori Yagami. Ni siquiera ella deseaba dañar a Kyo Kusanagi. Era alguien tan importante para todos, incluso había llegado a albergar respeto y admiración por él, como también alcanzaba a comprender la prioridad que cargaba Kyo Kusanagi para Iori…pero Aki, como podría salvar a Aki de otra forma. Su vista se deformo en lágrimas que gotearon sobre el borde de la ventana cerrada. Tenía que pensar en cómo obtener algo valioso para su clan, sin que fuese la cabeza de Kyo Kusanagi.
— Shh No llores linda. —sonó la voz apagada de Mai que se acercó a abrazarla—. Todo saldrá bien, Terry…—hizo una pausa donde suspiro con alivio—. Esta fuera de peligro. Benimaru alejó a la policía de nosotros y hasta Kyo logró encontrar a Iori. — Agregó con poca emoción, pero con tono reconfortante. Kaoru sintió una enorme culpa perforándole el pecho. Sintiéndose miserable por ser consolada cuando pensaba en alguna manera de afectar a los Kusanagi para beneficio de su familia.
Susurro un "lo siento mucho" y abrazó a Mai en un llanto ahogado, acorralada entre las personas que no deseaba lastimar y salvar a su pequeña hermana.
Kyo y Iori entraron al apartamento en silencio, con un alivio tácito y temporal. El pelirrojo poso la mano sobre el hombro desnudo e irritado a su lado.
— Debemos poner algo en esas quemaduras. — Aseveró en un agresivo intento de amabilidad. Kyo observó la piel resentida un momento, recordando las indelicadas maneras de curación que manejaba Iori.
— Esta bien, buscare algo. Son leves de todas maneras, yo me encargo. — Respondió Kyo con una sonrisa demasiado condescendiente, adelantándose a la habitación.
Iori no comprendió el gesto evasivo de Kyo y se apartó para buscar tras las puertas de madera del bar, encontrando complacido una botella ambarina de cristal grueso; de las pocas sobrevivientes al ataque. Sirvió con el tintineo de los hielos dos vasos y tomó un trago hondo tras posar sobre la mesa el vaso de Kyo.
Divagó por el salón ordenado y limpio. Hacía poco yacía revolcándose en la nieve helada, presa de una condenación ajena, y ahora estaba allí en un ambiente cálido, con secuelas positivas del vínculo que casi les había arrebatado la vida a ambos. Incluso las voces parecían haber sido menguadas tras la conexión y sentía una calma que ya había olvidado.
Bebió otro sorbo de licor que ardió fuerte en su garganta y paseó cerca de los instrumentos metódicamente ordenados por tamaño. Kyo había ido en su ayuda una vez más, a pesar de sus esfuerzos por no involucrarlo, por mantenerlo alejado de cualquier conflicto en desventaja. El castaño se había arriesgado mucho al usar aquella enorme cantidad de energía, al punto de auto infringirse daño. Miro el fondo del corredor, desde donde Kyo emergía con algunas cosas en las manos, en esos instantes Iori podía sentir su poder refulgir agresivo, atrayente.
En tan poco tiempo Kyo le había demostrado sin palabras intermediarias, la importancia que cargaba ahora para él y Iori no pudo evitar el ansía de retornarle algo valioso a cambio.
El castaño, que solo había encontrado en el baño una crema genérica que ayudaba a suavizar el ardor en la piel, tomó asiento en una de las poltronas y se dispuso a retirar la prenda quemada con lentitud. Observaba por momentos los reflejos ocres del vaso de licor sobre la madera negra de la mesa auxiliar, como también analizaba de soslayo el caminar parsimonioso de Iori por el extremo del salón.
El pelirrojo rozó con sus dedos una guitarra acústica sin forro que reposaba inclinada sobre una base metálica; una con la que había compartido parte de las largas horas de vigilia y que salvo por algunos rasguños, parecía intacta. La deslizó entre sus manos y la llevó consigo hasta sentarse de nuevo en la segunda poltrona frente a Kyo.
El castaño separaba hebras que se habían adherido a su piel, haciendo una leve mueca ocasional al retirar segmentos delgados de piel ceñidos a la tela sintética, tras lo cual termino por dejar la camisa a un lado y aplicar la crema, que no parecía hacer mucha diferencia.
Iori dejó escapar un par de acordes asertivos que le indicaban que la guitarra continuaba afinada, mientras Kyo lo observaba de soslayo con curiosidad.
— No sé si sea el momento indicado para estas nimiedades …— Habló Iori mientras tanteaba espacios silenciosos en el diapasón. No se atrevió a levantar la mirada ya que aquel gesto era demasiado impropio para afrontarlo reflejado en los ojos de Kyo. Inicio tentativo y preciso aquella tonada que estuvo componiendo durante largas noches.
El castaño escuchó en un silencio contemplativo como aquella melodía que no se parecía a nada conocido, de alguna manera resonaba con el palpitar de su corazón.
Iori cerró los ojos y los mantuvo así tras el inicio lento de tonos alargados, sintiendo cada nota, haciendo resonar cada acorde con mínimos ademanes pasionales. La melodía avanzó ascendiendo a una intensidad veloz y cortando el aliento del instrumento en altibajos graduales, cargados de una emoción sin nombre. Las notas escaparon con un eco agudo y bajo hasta llegar a cada rincón del salón.
Los últimos acordes, lentos y vibrantes, aplacaron finalmente un momento, que Kyo considero único en Iori.
— …aún no está terminada, pero es lo único que puedo ofrecerte Kusanagi. Raida, incompleta, caótica, pero profundamente intensa y definida. —habló con calma Iori manteniendo la mirada baja. Kyo enmudeció confuso, sin comprender si Iori hablaba de la tonada o de sí mismo. Si era una mezcla de ambas cosas o se expresaba de manera indiferenciada. No supo que decir sintiendo un nudo en el estómago, abrumado ante una escena donde la calma álgida de Iori contrastaba con la leve inseguridad en sus manos—. Feliz tardío cumpleaños Kyo. — Dijo Iori finalmente levantando la vista. Su sonrisa cargada de algo parecido a la amargura, era acompañada por una expresión cansada y amable.
Kyo entendió que aquella melodía había sido creada solo para él, y que las palabras consiguientes, referidas a la canción, si estaban profundamente ligadas a Iori. Contuvo el aliento un instante sintiéndose invadido por una emoción pasional, casi dolorosa. Se levantó del sillón mientras Iori depositaba la guitarra a un lado y caminó dejando toda la inseguridad que lo embargaba, desnudarse ante el pelirrojo. Sonrió con resentido afecto y deslizó las piernas a los lados de Yagami, sentándose en su regazo. Extendió las manos hasta rodear el cuello firme de este y el tacto de sus dedos se hizo helado e inseguro, ya que aún no conciliaba la idea de lo que estaba a punto de hacer. Finalmente se dejó llevar por aquella tibia emoción que exigía una respuesta para aquella expresión de asombro en Iori.
"Raida, incompleta, caótica…intensa y definida." Repitió en su mente el castaño. No necesitaba más de él, no esperaba más de él.
El beso iniciado por Kyo fue lento y pasional, aumentando con una intensidad gradual ante la cual el pelirrojo respondió con ímpetu, y deslizando sus manos por la espalda de Kyo, ciñó su cadera. Sus lenguas se entrelazaron en un vaivén confrontado hasta sincronizar el deseo. Sus manos se exploraron mutuamente deshaciéndose con facilidad de las prendas superiores de Iori que cayeron inertes a un costado.
Al romper el beso ambos jadearon acalorados disfrutando del contacto en la piel. No deseaban pensar en nada más. No deseaban que en aquel espacio existiera algo aparte de los dos. No deseaban cuestionar la imposibilidad de su situación, ni las tragedias que seguían sus pasos. Abrazaron aquel instante que pertenecía solo a ambos.
Kyo sonrió con ese dejo altanero que provocaba a Iori y deslizó las manos por el cuello del pelirrojo que emitió un sutil gruñido placentero. Bajó lentamente por su pecho, haciendo un tacto descendente e inseguro hasta su vientre. Surcó sus músculos definidos y las cicatrices en su abdomen hasta posicionar su cuerpo entre las piernas de Iori, que se abrieron con facilidad solo para él.
Titubeo algo nervioso al reconocer que sería él quien desataría lo inevitable y desabrochó el pantalón con lenta determinación. Deslizó los dedos al interior de la tela y palpo una firme reacción de parte de Iori. Subió la cabeza y paso los labios por el vientre suave mientras sus manos liberaban la excitación del pelirrojo. Iori gruño nuevamente cuando la lengua de Kyo rodeo su miembro, y apretó la tela de la poltrona cuando el castaño envolvió su excitación con la húmeda calidez de su boca. El movimiento reiteró con cierta torpeza, pero enardeció a Iori a cada penetración involuntaria. Las manos del pelirrojo bajaron hasta tocar el cabello de Kyo y este lo apretó con suave amenaza entre sus dientes, prohibiéndole el contacto.
Iori ahogo un gemido corto al Kyo aumentar la intensidad y el castaño bajó a totalidad el pantalón, intensificando una vez más el ritmo hasta hacer estremecer a Iori.
Kyo nunca en su vida había hecho algo así con un hombre y le avergonzaba sentir en su cuerpo tal reacción ante los espasmos controlados de Iori. Deseaba verle manar el placer, escucharle pedir por más. Tras varios minutos bajo un poco el ritmo cuando la respiración de Iori comenzaba a hacerse trabajosa y deslizó los dedos de su mano libre bajo el miembro henchido, tanteando la curva viscosa y húmeda que daba inicio a los glúteos. Intentó copiar lo que Iori había hecho con su cuerpo aquella noche y cuestionó internamente con cierto recelo, el por qué el pelirrojo había sabido como hacerlo.
Iori empezaba a estremecerse cercano al orgasmo, pero se alarmó por el repentino movimiento invasivo de Kyo entre sus piernas. El castaño penetró en su interior sin darle espera a reacción alguna. El pelirrojo se contrajo separando la cabeza de Kyo de su erección en un movimiento brusco, evitando que su mente embotada que, ignoraba ya cualquier dolor, le permitiera esas libertades al castaño. Pero no pudo contener el momento de clímax y su semilla mano sobre el cuello del Kusanagi.
Iori lo observó con cierta rabia entre jadeos entrecortados y Kyo se deslizó fuera de él con un renovado acceso de vergüenza; estaba arrodillado frente al cuerpo desnudo de Iori Yagami, con la semilla de este deslizándose bajo su mentón. Todo parecía nublado por una desbordante excitación que camuflaba el hecho y levantó la vista, dubitativo, resolviendo un segundo después que no había marcha atrás.
— …era mi turno no? — Preguntó Kyo nervioso, con un jadeante tono fogoso. Iori frunció el ceño y tiró de su cabeza hasta levantarlo sobre si, besándolo con brusquedad.
— Eso lo veremos Kusanagi. — Apunto Iori con fiereza tras separar el beso. Kyo sintió un estremecimiento recorrer su cuerpo ante aquellas palabras. Su propia excitación presionaba la fábrica de su pantalón. "Qué demonios estoy haciendo." Refuto en sus pensamientos, mientras ceñía su cuerpo a Iori y reiteraba el beso.
La llegada a la habitación fue algo accidentada, entre pasos acompañados de un anhelo desbordado. El castaño fue sometido sobre la cama y sus prendas de vestir restantes fueron despojadas con agresividad. Kyo gruñó incomodo al quedar expuesto en total desnudes ante la mirada lasciva de Iori, pero al intentar incorporarse el pelirrojo se inclinó sobre él y atenazo uno de sus brazos a las sabanas. Sus ojos no se separaron de los de Kyo, el cual hizo un gran esfuerzo por no rehuir aquella intensidad lujuriosa en su mirada.
Iori deslizó la mano con lentitud por el abdomen del castaño, que se estremeció al contacto delicado. Bajó con roce suave hasta su excitación y la envolvió en su palma deslizando los dedos hasta la base, aquello arrancó un gemido ahogado en Kyo, quien finalmente desvió la vista sonrojado, irritado por su maldita sensibilidad. Iori se acercó al cuello del castaño y lamió de manera ascendente, al igual que su mano subía por la erección. Kyo se tensó un instante, estremeciéndose, cuando la lengua de Iori bordeo su oreja a la par que la mano lo hacía con su miembro.
— Tú no sabes cómo funciona esto Kusanagi. Debes prepararte…—le susurro Iori al oído, tras lo cual abandonó todo el contacto y se irguió—. Tomaremos un baño. — Puntualizó con una mirada lasciva que recorrió el cuerpo predispuesto del castaño. Kyo le dedico una expresión resentida.
— Querrás decir, "prepararnos." — Agregó con gesto altanero, pero aun algo sonrojado por la situación. Iori sonrió con malicia y entró al baño sin dar respuesta. Kyo se sentó y cubrió su erección palpitante con la mano, su cuerpo estaba caliente y sentía que iba a explotar si Iori seguía jugando a tentarlo. Se levantó siguiendo los pasos de Iori.
Kyo apreció desde el dintel del baño la espalda del pelirrojo. Su desnudes dejaba dilucidar las delgadas cicatrices múltiples que bajaban hasta parte de los glúteos. Aquellas marcas cargaban consigo el instante en que el templo Kagura había estallado, ese ínfimo momento en el que Iori siendo aún su enemigo, había arriesgado su vida para salvar la suya. Fue justo después de eso que algo cambió en Kyo. Algo que continuaba desestabilizando toda su realidad.
El pelirrojo estaba un poco inclinado sobre la bañera agregando agua caliente y Kyo se acercó con delicado ademan, hasta alcanzar con sus manos las marcas en la piel de Iori.
— Desde cuando tú…—aventuró Kyo sin completar la frase deslizando los dedos, pensativo—. ¿En qué momento paso esto? — Indagó con tono neutro pensando en cómo llegaron a su actual cercanía, pero con ansiedad incipiente. Iori giró confrontando sus cuerpos, cerró el espacio que los separaba haciendo contacto con su piel y le hablo al oído.
— ¿Acaso importa Kusanagi? —preguntó con tono bajo, suave—. ¿Podrías tú darme esa respuesta? —susurró mientras Kyo intentaba ser reticente a aquel acercamiento—. Ve y limpia bien tu cuerpo. En esta ocasión no escaparas a lo que pienso hacerte. — Susurró una vez más con tono lascivo antes de apartarse, Kyo lo observó con dureza sin controlar el sonrojo que ascendía una vez más a su cabeza.
— Eres un animal lujurioso Yagami. — Habló cortante pero socarrón.
— No alcanzas a imaginar cuantas veces he pensado en poseerte Kusanagi. — Aseveró Iori sentándose al borde de la bañera.
Kyo bufó irritado, algo nervioso, confuso, y entro en la ducha, su corazón no detenía el paso acelerado. Todo aquello le parecía tan incorrecto como deseable y esa antítesis le generaba una fuerte tensión en todo el cuerpo. No cabía raciocinio alguno que sopesara aquella situación y no lo deseaba tampoco. Sentir a Iori de esa manera era un deseo placentero que nacía de la desgracia misma, y el solo cuestionar desde cuando había anidado aquello por él, le generaba un profundo desasosiego.
"No alcanzas a imaginar cuantas veces…" pensó. ¿Desde cuándo Iori lo percibía de esa manera? ¿Cuándo luchaban al principio…lo deseaba con igual intensidad?
Aquel pensamiento anido en Kyo como un golpe abrumador. ¿Qué tanto había influido Iori en él? O ¿Habría sido él quien influyo a Iori? ¿Aquel placer que sentía en cada combate contra Yagami, había estado ligado a una atracción mutua?
Estregó con agresividad cada rincón de su cuerpo como si hubiese descubierto algo sucio en su honor; considerando imposible un sentimiento previo entre ambos, pero a la vez incapaz de asegurarse lo contrario. Suspiro bajo el agua fría de la ducha. Era inútil pensar en el pasado cuando su presente estaba completamente invadido por Iori Yagami. Ahora el deseo era una realidad ineludible que cruzaba limites impensables, anidando en una emoción pura e intensa. Aquello que aún era impronunciable entre ambos, pero que en lo profundo Kyo lograba reconocerlo. Lo quería. Iori Yagami cargaba una importancia mayor a cualquier otra que hubiese tenido alguna persona en su vida.
Pensó en Yuki con una punzada de culpa y cerro la llave.
Al salir con la piel goteante, aceptando una desnudes cómplice y agradable, apreció como Iori medio sumergido en la bañera humeante, yacía con la cabeza recostada sobre la porcelana curva. Sus cabellos húmedos se discurrían pesados sobre la piel, lisos y brillantes, como si gotearan sangre. Su rostro calmo de ojos cerrados le daban la impresión de que estuviese bajo un sueño profundo.
Iori había intentado ignorar aquella sensación de malestar ante los titubeos de Kyo. Era una tristeza sosegada acompañada por una punzante rabia. La enorme influencia que poseía el castaño sobre su vida no importaba a la hora de verse presionado a someter la voluntad de este. Iori no deseaba docilidad alguna en su extraña interacción, le enloquecía el placer de sentir la resistencia en Kyo, pero disfrutaba de sobremanera cada gesto innato de amabilidad y posesividad del castaño. Disfrutaba todo de Kyo, menos aquella duda, aquel titubeo que enardecía su deseo de hacerlo suyo, de reducir aquel mundo a su presencia. Aquel estado de incertidumbre y cuestionamiento hacía que sus emociones sincronizaran con la maldición de su clan.
Suspiró disipando esas ideas, que considero patéticas, y apreció la silueta del castaño tras los cristales esmerilados de la ducha. Kyo, siempre Kyo, pensó casi con molestia, pero sintiendo a la vez la ausencia de su piel y su aliento tibio. Dejo caer la cabeza atrás y cerró los ojos, debía controlar la urgencia que embargaba sus sentidos ante el contacto de sus cuerpos, el deseo irrevocable de posesión absoluta.
Un lapso leve de embotamiento lo distrajo de los sonidos de la ducha y lo primero que quebró sus cavilaciones fueron unas densas gotas heladas que cayeron sobre su cuello. Justo antes de abrir los ojos sintió los labios fríos de Kyo cerrándose sobre los suyos y una lengua tibia cruzando delicadamente a su interior. Abrió la boca para permitir el acceso y aun con los ojos cerrados recibió el cuerpo frío que se inclinaba sobre el suyo.
Los movimientos del castaño fueron dóciles al ingresar a la bañera deslizando las piernas sobre la cadera de Iori. El pelirrojo percibió como algo había cambiado en su lenguaje corporal, algo sutil y contundente. La inseguridad parecía haberse esfumado, cosa que acrecentaba la ansiedad en Iori. El anhelo desbordante que generaba Kyo en su ser no podía ser saciado por un acto vulgar. La carne era una mera manifestación del deseo, pero lo que realmente quería de Kyo Kusanagi era más profundo que la maldición que puyaba en su interior exigiendo la sangre de su enemigo. Temía que esa emoción ajena al mundo y perteneciente solo a sí mismo, alcanzara a Kyo y le arrebatara todo.
Detuvieron el beso y cruzaron miradas silenciosas en las que Kyo había perdido cualquier toque altanero y jocoso, dando paso a una determinación completa ante la unión de sus cuerpos. Su mirada seria y dominante, que no daba espacio a juegos, penetró en Iori como un detonante. El pelirrojo lo atrajo hacia sí, sumergiendo el cuerpo del castaño en el agua caliente y besando su cuello. Kyo presionó la cadera al punto de cruzar sus excitaciones renacientes y sumergió las manos para empalmarlas. Iori reincidió con otro beso, sincronizado al ritmo de Kyo.
Deslizó las manos por la espalda firme del castaño y bajo hasta llegar a la altura de la cadera. Tanteo el espacio entre sus glúteos. Kyo gruñó incomodo, pero excitado. Iori no soportó el reticente estremecimiento de su cuerpo y lo sometió al otro extremo de la bañera. Kyo lo miró altanero, sin detenerse y bajo ambas manos presionando con fuerza sus miembros en un movimiento brusco. Iori entrecorto la respiración ante la sensación agresiva que lo invadió; cada mínimo toque de Kyo, por más audaz o inexperto que fuera, le causaba una desbordante excitación.
Desplegó con una mano el contenedor delgado de lubricante que había posado a un costado de la bañera y embadurno con exceso de contenido y entrecortados movimientos su mano libre. Besó a Kyo ciñendo sus erecciones y abrió un espacio para cruzar entre las piernas del castaño, que rompió el beso al sentir los dedos de Iori tanteándolo.
Kyo desvió la vista incomodo, avergonzado, pero sin detener el proceso y el pelirrojo arrebató el control de la excitación del castaño, mordiendo su cuello, mientras deslizaba los dedos en su interior una y otra vez al ritmo de la estimulación.
La entrada había sido mucho menos densa esta ocasión gracias al fluido y el cuerpo de Kyo se empezó a acoplar en menos tiempo, ahogando gemidos rebeldes cuando Iori usaba más fuerza de la necesaria.
El estremecimiento opositor y placentero de Kyo, alteró la calma metódica en Iori y el deseo se mezcló indiferenciado con la pulsión de su sangre que buscaba lastimarlo. Inclinó la cabeza sobre uno de los hombros del castaño intentando regular la tensión. El agua salpicaba caliente hasta sus mejillas y percibió la piel sonrojada de Kyo bajo su cabello Quería poseerlo ya, escucharlo gemir, hacerlo susurrar su nombre. Abandonó su interior y deslizó su miembro erecto con lentitud. Kyo lo observó de soslayo algo alarmado, pero sin denegarle el paso, apretó los ojos cuando Iori penetró en su interior, incapaz de sostener su mirada. Iori le sostuvo el mentón y lo enderezo obligándole a mirarlo.
— Eres mío Kyo…solo mío. — Susurró Iori al castaño, quien se liberó con brusquedad y encogió la espalda ante la invasión agresiva. Al principio lenta y contundente deteniendo la respiración de Kyo, para luego ir aumentando en intensidad y velocidad a medida que la pasión cegaba la cordura.
Iori tenía a Kyo entregándose con poca resistencia a sus embestidas. Ahogando con los ocasionales gemidos del castaño las voces iracundas de Orochi que amenazaban en su interior, aplacadas por una emoción solo suya, que superaba el odio imbuido durante siglos.
El castaño gruñó y apretó las piernas, soportando las penetraciones desconsideradas de Iori y percibiendo con algo de temor, como bajo el dolor, comenzaba a gestarse una sensación desconocida para su cuerpo.
Iori se detuvo jadeante y estremecido dejando caer la cabeza en el hombro de Kyo.
— No, no así. — Gruñó Iori conteniendo el placentero deseo de continuar sometiéndolo. Kyo bufó molesto, con la respiración trabajosa, sintiendo la presión caliente de Iori en su interior. Empujó al pelirrojo obligándolo a salir.
— Deja de jugar conmigo Yagami. —amenazó Kyo igualando la posición ventajosa de Iori—. Si no piensas hacerlo tú, lo hare yo sin dudarlo tanto. — Imperó molesto, excitado a pesar del dolor. Iori sonrió un instante antes de atraerlo con suavidad.
— Te dije que haría que lo disfrutaras. Hare que me ruegues poseerte Kusanagi. — Susurró dominante. Kyo gruño molesto.
— Deja las palabras lascivas y muéstrame que quieres Yagami. — Puntualizó abandonando la bañera mientras arrastraba una toalla con la que cubrió su insatisfecha excitación. Si Iori continuaba dejando a medias sus intenciones, lo haría arrepentirse.
Kyo observó la cama sintiendo nuevas inseguridades aflorar. Habían ido tan lejos como la última vez, aunque con mayor agresividad y de alguna manera, menos dolor. Antes de que lograra cuestionarse una vez más sus actos, los brazos húmedos de Iori rodearon su abdomen y la boca del pelirrojo se cerró bajo la oreja de Kyo.
— Puedes pensar todo lo que desees. Pero nada cambiara este momento. — Susurró el pelirrojo tras lo cual mordió con delicadeza un costado del cuello y acoplo su forma a la curva de la espalda de Kyo. El castaño cerró los ojos sintiendo las manos de Iori bajar por su vientre hasta desatar la toalla y envolver su rigidez.
Un segundo después su cuerpo fue impulsado hacia la cama hasta quedar arrodillado mientras una de las manos de Iori, presionaba su cuello sometiéndolo. Al sentir la erección de este deslizarse en su entrepierna, Kyo se sintió acalorado, tomado por sorpresa, y giró con un movimiento brusco para quitar al pelirrojo, pero este contrarrestó la evasión aprovechando la ventaja en su posición y lo sometió nuevamente boca arriba sobre la cama. Se irguió con calma quedando arrodillado frente a Kyo.
La prepotente dominancia de Iori irritaba al castaño casi al punto de pensar en rechazarlo, pero a la vez le excitaba de sobremanera confrontar aquel impetú.
— Ábrete para mi Kyo. — Hablo Iori con calma absoluta, en total control de la situación, con el brillo lujurioso de una bestia en sus ojos, mientras embadurnaba una de sus manos y su vientre con un viscoso liquido traslucido.
Kyo se sintió intimidado por un instante. Los temas sexuales nunca habían sido su punto más fuerte y mucho menos si se trataba de otro hombre, y con mayor razón si era Yagami. Lo que más le inquietaba en su semblante era aquella mirada carmesí, tan similar a la que cargaba ya en sus encuentros de fuego y sangre.
Separó las piernas cuando Iori descendió con lentitud, deslizando sus manos viscosas por el centro de su abdomen y respiro profundo cuando por segunda vez desde que se conocían, la boca caliente de Yagami cubrió su excitación. Los movimientos se dieron sin mucha resistencia y Kyo no necesitó mucho tiempo para estar a punto, ya Iori había tanteado demasiado su excitación. Quiso detenerlo, avergonzado por ello, pero el pelirrojo no dio señales de obediencia, solo minimizó la estimulación disfrutando de los movimientos involuntarios en el torso de Kyo y retomó la exploración sosegada de su interior, manteniendo al castaño al límite, pero sin llegar a él.
Kyo gruño y lo maldijo. Deseaba alcanzar el orgasmo de una maldita vez y no entendía como demonios Iori lograba bloquear su llegada.
— Iori…hijo de…— Gruñó presa de micro espasmos cuando una vez más el pelirrojo abandono la estimulación.
Kyo miró en dirección a Iori, indignado, pero este ya estaba sobre sí y lo interceptó con un beso, mientras su miembro rígido se abría espacio con increíble facilidad a su interior viscoso. La embestida fue poco amable, como casi todo en Iori y Kyo dejo escapar un gemido ante la oleada de placer que le generó estar tan cerca del orgasmo.
Una y otra vez, tras romper el beso, Iori penetró en Kyo inmovilizando sus manos, disfrutando de cada expresión de desesperada vergüenza y placer en su rostro. Incrementó el ritmo cuando percibió como el castaño arqueaba la espalda para liberar su semilla y Kyo finalmente estalló en espasmos placenteros sintiéndose invadido, extraño y extasiado.
Iori observó satisfecho mientras Kyo jadeaba entrecortadamente bajo su peso, mirándolo con un fuerte sonrojo y una falsa indignación consigo mismo. Una sonrisa pedante se marcó extensa, cosa que irrito parcialmente a Kyo, y dejo ir sus manos para luego, al contrario de lo que el castaño esperaba, continuar con movimientos graduales aun dentro de él. Kyo apretó la sabana de los costados ante la reiterada intención de Iori.
— Que dem…— intentó decir, pero Iori embistió con la misma fuerza desmedida de la bañera, arrancando un gemido intermedio.
— Ahora es mi turno Kusanagi. —habló Iori entre jadeos de placer—. Te marcare como mío para siempre. Kyo. — Agregó sometiendo nuevamente las manos del castaño, que se habían atravesado para detenerlo y desfogó todo deseo reprimido, sin consideración alguna. Kyo maldijo, dispuesto a quitarlo, pero la respiración ajetreada y la absoluta excitación en el pelirrojo lo detuvo. Iori, bajo una expresión entre ruda y dócil, parecía estar concentrado en no alcanzar el clímax antes de tiempo, y aquello despertó una particular tentación dentro de Kyo, seguida por esa extraña sensación de placer que parecía crecer sin control.
Disfrutaba que Iori lo dominara, pero a la vez quería poseerlo de igual manera. Deseaba ver aquella misma expresión sometida y placentera en su cuerpo.
Kyo cerró los ojos intentando apartar de nuevo a Iori, pero perdió las fuerzas cuando en su interior, algo reaccionó de manera inesperada y absolutamente extasiante. Lo invadió un sosegado temor, ahogado por aquella extraña sensación; un particular placer descubierto bajo los brazos de su rival.
— Maldito seas... — Habló Kyo en un gemido ahogado y se aferró a la espalda de este, clavándole los dientes al lado del cuello; maldiciendo y deseando mentalmente más de aquella sensación explosiva que amenazaba con llevarlo a otro orgasmo.
Iori fue incapaz de soportar la desquiciante excitación que Kyo le generaba y tras sentir el dolor que manaba en pequeños hilos de sangre bajo la boca del castaño, llegó a un climax intenso y desbordante de placer en el interior de Kyo, que parecía atraerlo aún más adentro.
El espasmo con que Iori ciño el cuerpo del castaño, fue el limite justo para que este también fuera dragado a su segundo climax y estallara solo un instante después.
Ambos jadearon con la respiración entrecortada y los cuerpos húmedos por el sudor.
— Qué has hecho… conmigo, Yagami… — Espetó Kyo entre jadeos confusos, sintiendo en su interior la excitación palpitante del pelirrojo y una calidez ajena.
— No... Aun no termino contigo Kyo. — Aseveró Iori con la respiración agitada, separando sus vientres viscosos. Kyo respiro profundamente, ya no debía existir vergüenza alguna a esas alturas, y sin aceptar con honestidad el deseo mutuo y la perfecta empatía de sus cuerpos, accedió con un gesto incitante, la demandante avidez de Iori.
En el transcurso de la madrugada, ambos se unieron como jamás lo habían hecho en toda su vida. Desembocando en múltiples estados de placer, los dos hombres ofrecieron sus voluntades al deseo absoluto de la razón impura. La comunión de algo más allá de la carne, nació en el momento en que desnudaron silenciosos aquellas emociones mudas, generando un vínculo forjado en la tragedia y consumado en la imposibilidad de su realidad.
El amanecer estaba próximo, a poco menos de una hora. Iori paso los dedos por la frente perlada de Kyo y apreció con detalles su sueño. El castaño dormía profundamente con el rostro calmo y un respirar regular como si no hubiese nada preocupante en su existencia. Dio un respingo que no llego a romper su descanso y frunciendo el ceño como un niño molesto por algo, se giró dando la espalda a Iori. Este discurrió la mano libre por su piel, sintiendo la viscosidad ya leve, perteneciente a Kyo. Ambos habían entregado todas sus frustraciones a ese instante, habían dejado todos sus miedos y odios en aquel acto para refugiarse mutuamente de sus tragedias.
Iori se sentó y recostó la cabeza sobre el espaldar cuadrado de la cama, sopesando la irritación en los brazos del castaño. La energía que este emitía, continuaba manteniendo la misma agresividad constante. Relamiendo el exterior con peligrosa emanación. Algo en él hacía desbordar el poder de su reliquia, y si no nivelaba aquella carga, evocar por mucho tiempo el fuego Kusanagi podría llegar a matarlo.
Iori suspiro cansino, ahora estaban de nuevo frente al panorama nublado del destino inconcluso. La amenaza de enfrentarse a algo desconocido bajo la condición que atrapaba a Kyo. Una vez más pesaba la ira y la desesperación de ir contra el tiempo. Los aliados caídos y los enormes riesgos que conllevaba que compartieran el mismo espacio. Todo fluctuaba como gasolina alrededor del fuego.
El sol se filtró frio y perezoso por las rendijas semi abiertas de la persiana, bañando con tonos invernales los cuerpos desnudos entre las sabanas.
Kyo despertó y dio un respingo al denotar el dolor en su espalda baja, el cual ahora sin el mediador placentero del sexo, se hacía incómodo y completamente vergonzoso.
Ciertamente la delicadeza no era una palabra conocida por Yagami, pensó resentido y apenado.
Al observar a Iori, este yacía con la mirada perdida en algún punto muerto de la habitación. Se denotaba completamente calmado y parcialmente satisfecho.
— La próxima vez seré yo el que tenga un semblante fresco y cómodo. — Habló Kyo con tono resentido. El pelirrojo desvió la vista distraído y sonrió perezosamente aterrizando en la realidad.
— Tal vez. — Respondió abstraído.
Kyo se sentó soportando la incomodidad en su cuerpo y miró al que se suponía era su enemigo, y que ahora de alguna manera era su amante. A pesar de tener la absurda sensación de no acostumbrarse a la idea, verlo allí con esa sonrisa ausente, a su lado, le hacía palpitar el corazón con fuerza.
Iori se levantó de la cama, dejando expuesta su pálida desnudes bajo los rayos rebeldes provenientes de la persiana.
— Ya ha amanecido y los tuyos siguen sin saber nada de ti. —acotó Iori acercándose a la mesa de noche donde yacía una cajetilla a medio abrir—. Se que estabas a vísperas de la ceremonia... —agregó endureciendo el rostro—. No te atrevas a perder el liderazgo de tu clan Kusanagi. —
— No necesitas decírmelo. —respondió Kyo con tono altanero levantándose de la cama—. Pueden intentar arrebatarlo las veces que quieran. Es mío por derecho. —hizo una pausa en la que se dibujó una sonrisa engreída en su rostro—. Al igual que tú. — Esbozó con tono prepotente, jocoso. Iori lo observó con aire divertido y dio una bocanada profunda al cigarrillo recorriendo a Kyo de pies a cabeza. Detuvo la mirada a la altura de su vientre y sonrió con una malicia lujuriosa.
Kyo, completamente erguido, sintió la desagradable sensación viscosa que descendía entre sus piernas. Enrojeció de repente y miró a Iori con rabia contenida.
— Ya te lo cobrare yo a ti, Yagami. — Amenazó el castaño muy sonrojado y se dirigió al baño.
— Si necesitas ayuda…? — aventuro Iori divertido dando otra bocanada al cigarrillo, y tras recibir un gesto obsceno en respuesta, Kyo cerró de un portazo la entrada al baño.
El castaño avanzó presuroso hasta la ducha y dejo correr el agua. Sentía la temperatura acalorada y supo que tomar despreocupadamente aquello que habían hecho le iba a ser imposible. Se deslizó en el agua fría evitando recordar las extensas horas que habían dedicado a la unión de sus cuerpos. Había un alto grado de frustración y deseo en ambas partes que parecía haberse zanjado parcialmente en el acto.
Sonrió dejando el rostro frente a las gotas heladas. Esa vergüenza que le embargaba al haber transgredido todo un concepto de masculinidad, de posición y responsabilidad para con los suyos, y en parte consigo mismo, no desaparecería en un futuro cercano. Aun así, no llegaría nunca a superar el hecho de tener a Iori a su lado. Pero…
Hundió el rostro en las manos pensando en su padre, en su madre, en Yuki. Aún tenía tantas dudas e inseguridades, y a la vez una enorme determinación radicada en Iori. Pensó en Takeshi. Un solo hombre había enviado su vida al carajo, le había quitado a su padre, a su novia, la libertad...empuño las manos dejando discurrir densos surcos helados por su cuerpo desnudo. No, pensó. Sabía que aquel vacío en su vida antes de que todo colapsara; sus peleas con Yuki, su desinterés en liderar al clan o en hacer algo con su futuro, y las miradas ocasionales a su entorno, buscando inconscientemente aquel acecho deseado, aquel fuego reverberante en una mirada carmesí...era evidente, ya se sentía atrapado antes, asfixiado por una rutina sin sentido y el silencio de su propio poder. De alguna manera todo lo sucedido hasta ahora había forjado en su ser algo diferente, le había llenado de muchas formas a pesar del absorto sufrimiento y les había acercado a él y a Iori a un punto impensable. ¿Habían valido la pena tantas pérdidas? Se preguntó dejando fluir la tristeza con la corriente fría.
Aprisionó en lo profundo de sí la culpa que emergió ante la respuesta irrevocable en su corazón, y esperó que donde estuviese, su padre pudiese perdonarlo por ello.
Iori exhaló profundamente dejando un vaho danzante de humo contra el sol tenue. Era la primera vez en mucho tiempo que las pesadillas y las voces se aplacaban casi a totalidad y aun así la sensación de estar a punto de perderlo todo, no lo abandonaba. Cerró los ojos frente a los rayos pasivos del día.
La idea determinante frente a su naturaleza rondaba ya hacía mucho tiempo y tomaba fuerza paso a paso, con cada acción de aquellas personas que llevaban su sangre. Tenía que ser más cauteloso y preciso frente al Kusanagi, este jamás podría comprender el significado de su destino, y era mejor así. Nada bueno podía salir de acunar a un demonio pérfido que echaba raíces en el vientre de su maldición. Jamás se perdonaría si llegaba a devorar la esperanza que Kyo le ofrecía.
Kyo…pensó. Kyo era su luz. Aquel brillante destello que terminaría por quemarlo, o finalmente seria él quien consumiera su vivacidad. Sonrió al filo de la fatalidad misma en su naturaleza, a la cual no renunciaría y dio la última calada al cigarrillo antes de desvanecerlo entre sus dedos. Si el destino quería escupirle en la cara, no pensaba retroceder, estaría allí de frente para ver su intento, mientras se permitía querer al ser más prohibido que le había entregado su sino aciago.
La salida de Kyo fue cautelosa. Sus gestos apagados y pensativos cargaban un cariño extraño para Iori. El castaño parecía cargar con sus propias cuestiones y a Iori no le interesaba sacarlas a colación. Respetaba abiertamente cualquiera de sus preocupaciones.
Hablaron poco mientras Kyo se organizaba para confrontar a los Kusanagi, pero expresaron mucho en pequeños gestos y contactos silenciosos, mutuos. Finalmente, Kyo sonrió con dejo altanero poco antes de partir.
— Iré a poner todo en orden. Tú… — Esbozó Kyo entre socarrón y autoritario, ocultando la preocupación que le punzaba una posible nueva desaparición de Iori.
— Estaré bien, prometo responder algunos de tus incesantes mensajes Kusanagi. — Lo interrumpió Iori con tono desinteresado. Kyo bufó irritado, pero conforme. Miró a Iori un instante, lleno de cuestiones personales que no quería abordar, pero revoloteaban latentes.
— ¿Qué pasa Kyo…quieres un beso de despedida? — Preguntó Iori con dejo cínico al ver el titubeo en los hombros del castaño. Kyo gruñó molesto, entendiendo que tener a Iori en modo amable y agradable todo el tiempo era demasiado ideal. Pero al acercarse a la puerta y discurrirla, Iori lo atrajo hacia si con brusquedad, hasta tomar sus labios en un beso poco delicado.
Se separaron respirando suavemente tras el contacto.
— El que deseaba un beso de despedida no era yo por lo que veo. — Aventuró Kyo con tono jocoso. Iori sonrió con leve malicia sin dar respuesta y se alejó del castaño.
— Cambiare de ubicación una vez más. Te lo hare saber cuándo ocupe el nuevo lugar. — Agregó Iori dando la espalda y haciendo un gesto simple de despedida con la mano.
— Espero respondas ese condenado móvil. — Puntualizó Kyo antes de cerrar la puerta.
Conducir la motocicleta no fue tarea sencilla gracias a la sensación en su cadera. Controló la oleada de verguenza que amenazaba con embargarlo una vez más, al pensar en la razón de aquella incomodidad y se centró en las posibilidades que acarrearía su ausencia en la ceremonia del día anterior.
El día era helado e invernal, aunque no nevaba, el movimiento en las calles era frenético y gozaba de una expectativa latente en el aire. Pronto entrarían las fechas importantes y festividades variadas, ajenas incluso a las tradiciones.
El avance de Kyo por la ciudad se dio sin afanes, alargando el encuentro inevitable con los suyos. Repasando calles conocidas y recordando los momentos compartidos con Yuki y algunos amigos. Se preguntó si algún día llegaría a alcanzar tal casualidad con Iori, pero segundos después rechazo la idea algo escandalizado, sintiéndola indebida. No había modo de zanjar una definición para su relación con Iori, pero aun así, en su pecho se acunó una expectativa extraña ante tal idea.
Tras casi una hora de recorrido, llego finalmente a lo que alguna vez consideró su hogar y que ahora se le tornaba una carga densa, pero necesaria.
Fue recibido poco antes de la fachada por el personal de la casona que facilito su ingreso. La cantidad de agentes había aumentado y Kyo sabía bien que la razón radicaba en su ausencia. Cruzó entre los hombres que mantenían la leal indiferencia de su posición y se dirigió directamente al salón central.
Los corredores de la casona se vistieron de rostros curiosos de sirvientes que saludaban con reverencias y las miradas soslayadas de los ninjas que aparentaban desinterés. Su llegada parecía ser lo más esperado en mucho tiempo.
Al ingresar al salón apreció como tres de los miembros del consejo parecían deliberar algo a puertas abiertas y sin la presencia de su madre.
— Señores. — Espetó Kyo a modo de saludo, sin reverencias ni delicadezas. Los tres hombres giraron entre sorprendidos y rígidos por la repentina llegada del heredero. Los tres se levantaron de sus puertos y saludaron con respeto.
— Joven Kusanagi. —lo abordó uno de ellos—. Llega usted bastante tarde. Tome asiento por favor. — Puntualizo el anciano. Kyo cruzó de largo con gesto poco amable y se sentó en el zabuton central. Los tres hombres tomaron asiento a su alrededor mientras uno depositaba metódicamente unos papeles ordenados a un costado.
— Señor, desconocemos las razones de su privación durante la importante ceremonia de ayer. Pero es nuestro deber informarle, ante la ausencia de la señora Shizuka, que su falta ha expuesto el legado por el señor Saisyu a una nueva deliberación dentro de los líderes del clan. — Abordó el segundo hombre.
— De que están hablando. Vayan al grano. — Espetó Kyo extrañado, pero con tono autoritario. El más viejo hombre del consejo cruzó las manos con expresión preocupada.
— Se ha deliberado dentro de una reunión extraordinaria, que se llevó a cabo al usted no asistir a la ceremonia, que el clan necesita una representación absoluta y urgente. Muchos de nosotros estuvimos defendiendo la determinación de los ancianos, al decidir previamente su rol como líder. Pero otros miembros influyentes de la familia, aprovecharon el, problema, para postular sus propios aspirantes. No esperábamos que una parte considerable del clan se opusiera a su liderazgo, joven Kusanagi. Pero finalmente formaron una coalición que postuló un representante apto para reemplazarlo en sus labores como líder de la familia. — Puntualizó el hombre con calma, sopesando la reacción de Kyo antes de continuar. Kyo miró directamente al hombre sintiendo una tendenciosa indignación elevándose dentro de sí.
— Están diciéndome que al faltar a mi propia ceremonia. ¿Parte del clan me buscó un reemplazo ese mismo día? — Preguntó Kyo con enojo controlado.
— Señor. —habló con calma otro de los consejeros—. La deliberación no fue fácil y estuvo algo acalorada. Su madre contuvo impecablemente la enorme molestia que causo su ausencia a las cabezas del clan que aguardaban su envestidura. — Agregó intentando aplacar la molestia de Kyo.
— Están intentando decir que definieron ya un reemplazo. ¿Si o no? — Preguntó Kyo impaciente.
— No exactamente. —respondió el consejero más viejo atrayendo su atención una vez más—. Sí, existe en este momento un hombre dispuesto a ejercer su papel de líder, y sí, fue elegido por parte del clan para reemplazarle dadas las circunstancias. Pero la reliquia pertenece solo a usted por legado y eso dividió la decisión de gran parte de la familia. Parte de los miembros mas influyentes deliberaron que el señor Makiharu Kusanagi, un reconocido maestro del fuego y hombre de gran sabiduría, que ha entrenado a muchos de nuestros mejores guerreros, era la opción más beneficiosa para la estructura interna del clan. Su parentesco directo con uno de los ancianos, le permitió adoptar una posición de poder frente a la familia y postularse con libertad. —el consejero hizo una pausa y respiró con gesto cansino y preocupado—. Aún no está decidido oficialmente, pero tras varios intentos fallidos de imponer la resolución previa de las cabezas del clan, el señor Makiharu en persona ha solicitado un enfrentamiento con usted joven Kusanagi. Él ha impuesto el derecho de petición por poder, y ha revivido un viejo decreto olvidado, considerando que el derecho a portar la reliquia, es lo único que divide la decisión del clan. — Puntualizó el consejero con gesto agotado. Kyo bajo la mirada pensativo, un enfrentamiento de fuerzas por el liderazgo del clan solo se había dado en una sola ocasión, durante todos los siglos de conformación de los Kusanagi. ¿Acaso habían retornado en el tiempo? Se preguntó Kyo y sonrió con cinismo.
— Si eso quieren, eso tendrán. Serán testigos en primera mano de quien es el verdadero heredero. — Habló con prepotencia, rabia, y sin demostrarlo, en lo profundo de si, con algo de decepción y culpa. Dos de los consejeros hicieron una reverencia cargada orgullo, pero teñida de leves dudas. El más anciano suspiró inconforme y poso una mano en el hombro de Kyo.
— Su madre desea evitar cualquier enfrentamiento joven Kusanagi. Ella está dialogando con algunas de las cabezas del clan para evitar una pelea innecesaria. Solo nosotros sabemos acerca de las dificultades que ha estado padeciendo con su energía desde la muerte de su padre, y deseamos profundamente su bienestar. Me temo que no tenemos seguridad alguna de lo que vaya a suceder en los próximos días y aunque agradezco en parte ver la resolución firme ante la barbárica proposición de la contraparte, esperamos de corazón que el asunto sea zanjado sin recurrir a un enfrentamiento. — Puntualizó el anciano, pero Kyo ya no estaba escuchando, en lo profundo de sí sabía que aquello sería ineludible, tanto por su falta, que había mellado la confianza del circulo interior, como por el deseo personal y egoísta de realizar aquel combate, aninando en su interior.
Si debía pelear con fuego y sangre el derecho a liderar a su clan, que así fuera, pensó dejando fluir la emoción amalgamada e indignante de ser retado por aquello que su padre había forjado incansablemente. La brecha en su alma y la amenaza interior de arder en su propio poder poco le importaba en esos momentos. Perder el liderazgo implicaba no solo traicionar todo el sacrificio de su padre, su honor. Si no también pondría en gran riesgo a Iori.
Se levantó del zabuton sin permitirle a los consejeros suavizar el hecho. Él era y sería la nueva cabeza indiscutible del clan Kusanagi y no permitiría a nadie cuestionar aquella realidad.
