Al despertar la luz despuntaba nuevamente cerca al cenit del día. Kyo bostezó fastidiado, se sentía perfectamente pero al precio de cuanto tiempo. Se levantó algo frustrado y antes de darse un baño revisó el talismán. Este había cambiado de tonos. Ahora su interior parecía contener un matiz denso, rojo con vetas doradas brillantes.
Por lo menos había logrado recargarlo, observó pensativo y se dispuso a tomar baño para luego pedir algo de comer, antes de intentar imbuir a Yagami con aquella energía concentrada.
Palpó la frente fría de Iori al terminar de vestirse y apreció la palidez de su semblante. ¿Cuánto llevaba Iori sin comer? Se preguntó. Y como no estaba muy seguro de que le gustaba comer, solicitó abundante comida variada con diferentes tipos de carne. Por lo menos eso sí parecía disfrutarlo en los banquetes que ofrecían los torneos.
Ya había pasado parte de la tarde y el clima nevado daba la impresión de que la noche se acercaba a pesar de no ser así.
Tras recibir los paquetes de comida, Kyo se acercó a la habitación. Se inclinó sobre el pelirrojo y extendió el talismán a varios centímetros sobre su pecho titubeando por un momento. Desconocía qué efectos podría tener en el cuerpo de este la combinación de dos energías tan diferentes, pero considero que si lo ayudaban a recuperar sus propios niveles, sería algo bueno a fin de cuentas.
Dejó que el cristal se deslizara lento hasta posarlo en el pecho y presiono su mano sobre ambos intentando traspasar un mínimo de su esencia para incitar el traspaso. El efecto fue justo el deseado y tras un destello rojizo el cuerpo de Iori se tensó de repente.
Los matices dorados del cristal se revolvieron con cierta violencia en una espiral extraña y empezó a desvanecerse mientras la respiración de Iori se aceleró y los músculos de su abdomen se marcaron con brusquedad. El pelirrojo gruño tensando el cuello y arqueando la espalda. Cuando el talismán estaba totalmente traslúcido, sus ojos se abrieron de repente totalmente teñidos en sangre.
Kyo dio un respingo maldiciendo. Esa era claramente la cara salvaje del disturbio, pero Iori parecía resistirse dentro de su propia inconsciencia.
— ¡Eh Yagami! Controlalo. — Le espetó Kyo tomándolo de los hombros y Iori lo enfocó con un salvajismo intimidante, pero bajo una completa rigidez, no se movió. Resopló con gruñidos guturales cerrando los ojos con fuerza y en ese instante el cristal en su pecho se tiño repentinamente de un violeta intenso con toques negros. El objeto comenzó a calentarse y a vibrar con brusquedad.
Kyo lo miró confuso y se retiró justo a tiempo para ver cruzar muy cerca de su rostro varias esquirlas del talismán, que habían salido despedidas con un destello violeta. Los pedazos se dispersaron como balas hasta clavarse en varias partes del techo y la pared frontal.
Desvió parte de la energía al talismán...observó Kyo sorprendido y apreció como Iori con las manos empuñadas y la respiración alterada apretaba las sabanas hasta paulatinamente ir tomando el control.
El castaño se acercó de nuevo con la intención de ayudarlo a sentarse pero Iori lo apartó con violencia y le gritó que no lo tocara.
El pelirrojo se sentó al borde de la cama con la cabeza inclinada hacia abajo y respiro con dificultad hasta regular la tensión corporal. No soportaba la cercanía de Kyo en ese momento, era como si lo instara a perder el control. Las voces en su cabeza se habían alzado repentinas de forma extremadamente violenta, tanto, que se sintió por un instante capaz de matar a Kyo.
Jadeo recuperando la calma lentamente, saboreo el dejo metálico en su boca y dejo ir sosegadamente el dolor que le producía el disturbio. Miro sus manos temblorosas, su cuerpo yacía como si hubiese recibido de repente una descarga de adrenalina y a pesar de la relajación paulatina, era como tener la ansiedad aguda y al límite.
Se cubrió el rostro queriendo que aquel malestar desapareciera y un tacto delicado separó su mano lentamente. Se topó con los ojos castaños de Kyo que lo observaban con sincera preocupación, serios. Iori sonrió con desdén.
— Estoy bien Kyo. — Aseguró despreocupado alejando el contacto del castaño con delicadeza. Aún tenía la leve pulsión de lanzarse encima suyo.
— Entre la mirada asesina y casi dejarme ciego con un talismán roto, supongo que si, estas bien. — Habló con tono jocoso queriendo quitar seriedad al asunto. Iori recibio con agrado el comentario tonto y sonrió de forma delicada.
— Llevas demasiado tiempo sin comer. Incluso anoche no pediste absolutamente nada. Pero de eso ya me encargue yo. Ven a la cocina y no aceptaré negativas. — Anuncio Kyo a modo de orden indicando la dirección con un movimiento de cabeza. El pelirrojo sintió casi a modo de respuesta un gruñido bajo, en el estómago.
Las náuseas parecían ceder y dar paso a un vacío famélico. Se levantó con mucha mayor facilidad que la última vez y percibió su cuerpo desnudo bajo la piel gruesa de la gabardina. Leves recuerdos cruzaron, la visita de King y vagos vestigios de tener a Kyo entre sus piernas...mientras yacía presa de intensas oleadas de placer. Dejó pasar el recuerdo acompañado de un leve escalofrío agradable. El remanente deseo ajeno de dañar a Kyo saboteaba la imagen en su cabeza.
Gruñó fastidiado y miró las esquirlas aun violetas y algo renegridas del talismán perforando parte del techo blanco. Lo que hubiese hecho esa bruja Kagura le había regresado gran parte de su lucidez, incluso había impactado en la maldición de su sangre al punto de evocar un disturbio. Aun así le desagradaba mucho esa intensa sensación de alerta sin sentido, una tensión constante por ninguna razón en particular.
Pero a pesar del cansancio que parecía mantenerse, ya no sentía como si la gravedad de un enorme planeta se posara sobre su espalda.
Anunció a Kyo que se daría un baño primero y tras una ducha revitalizante se vistió con ropas más propias y se acercó a la cocina donde el castaño revisaba el celular con un takoyaki a medio morder en la boca.
— mpedi alfunas codsas sadbrosas. — Hablo mientras terminaba de escribir algo en el celular, tras lo cual deslizó el palillo afuera y tragó la bola de pulpo.
Sobre la mesa había una generosa variedad de platos individuales. Desde pollo asado y carne al vapor, hasta pescado cocido y rollitos dulces de manzana. Iori observó la comida con cierta reticencia, a pesar del hambre intensa había algo dentro de sí que parecía rechazarla.
— Olvidalo, de esta no te escapas Yagami. — Espetó Kyo acercando repentinamente una bola de pulpo a la boca de Iori y metiéndola sin esperar ser aceptada. El pelirrojo cedió sin mayor resistencia aunque frunció el ceño incómodo y trago.
— Puedo comer solo Kusanagi. — Gruño molesto. Y Kyo rió por lo bajo, divertido ante la reacción de enojo algo infantil de Iori.
— Casi nunca te he visto comer. A veces me pregunto cómo has sobrevivido todo este tiempo. — Acotó divertido.
— Me alimento de la sangre de mis enemigos. — Agregó Iori con despreocupada seriedad, dando otro desganado bocado a la comida.
— Si no te conociera diría que es cierto. —bufó el castaño—. En los torneos sí que podrían creerlo. — Rio mirando a Iori de soslayo, robando algo de pollo de la bandeja de la cual comía el pelirrojo. Este le obsequió una expresión aguda, como si fuese a morderle la mano. El castaño rió.
— Quien diría que con hambre eres jocoso, Iori Yagami. — Agregó Kyo con tono provocante zampándose el pedazo de pechuga robado.
— Ya callate y come Kusanagi. — Puntualizó Iori con una sonrisa torcida.
Era agradable tener ese tipo de conversaciones tan casuales y sencillas, pensó Kyo. Ya Iori parecía más dócil respecto a la rigidez natural que manejaba.
En qué momento habría cambiado eso, se preguntó. Pero concilio la idea de que había sido algo tan lento y paulatino que no lograba recordar el punto de inferencia de su relación.
— Si miras menos y comes más, con seguridad no terminarás por quitarme el apetito. — Puntualizó Iori sin mirarlo.
Y ahí estaba el Yagami huraño, ya se había demorado, sonrió Kyo.
Ambos comieron tranquilamente entre sencillos comentarios sobre los gustos gastronómicos y lo que definitivamente no probarían de tener la oportunidad. A Kyo le sorprendió descubrir la leve aversión de Iori por la comida Hindu y a Iori que Kyo no fuera muy amante de las carnes rojas.
La abundancia de comida no bajó mucho ya que ninguno alcanzó a comer lo justo y Iori cedió ante el malestar sosegado del despertar, dejando varias de las copiosas raciones para más tarde.
Kyo se dispuso a guardar la comida restante de manera descuidada y amontonada en la nevera, pero fue apartado tras un leve golpe. Entre gruñidos inconformes de Iori que reorganizó de forma metódica los contenedores dentro del reducido espacio. El castaño lo observó divertido.
— ...me acabas de golpear por organizar mal la comida?
— Eres un desastre en todo lo que haces. — Refunfuño el pelirrojo con aire de superioridad cerrando la puerta del frigorífico.
— Soy mejor que tu peleando. — Respondió Kyo con saña mirando a un lado con el rostro recostado en una mano. Iori se acercó lo suficiente para sentir su aliento tibio.
— Incluso como estoy ahora te demostraría lo contrario Kusanagi. — Su mirada carmesí lo penetró con un aire de amenaza y tentación.
— Aunque darte una paliza siempre suena agradable—. habló Kyo por lo bajo a la cercanía de un beso—. No tengo la costumbre de golpear enfermos. — Acotó con cierta jocosidad.
La cercanía volvió a incitar los ecos bajos en el interior de Yagami. La pulsión de dañar, la tensión que reptaba pausada e insidiosa. Gruñó con desdén y se apartó. Pero Kyo percibió la leve sonrisa irritada.
Aunque sabía lo mucho que Iori odiaba sentirse débil, reconocía ese tinte bestial que le impregnaba Orochi. El de un animal que observa a su presa.
Iori tomó asiento recostando la cabeza en la poltrona. La sensación irritante se elevaba sin control y respiro profundo deseando un cigarrillo. Se levantó de nuevo con la ansiedad a tope. Haber despertado había sido como cambiar de un estado de absoluta quietud y silencio para ser expulsado a un exterior caótico y bulloso. Las voces incluso habían regresado a sus ya conocidos sonidos bajos y susurrantes.
Kyo se acercó con un par de bebidas frías y se recostó en la ventana del salón tras dejar la de Iori en la mesa del centro.
El pelirrojo se denotaba inquieto e incómodo. se irguió en la poltrona buscando algo alrededor y Kyo le aseguró desde la ventana que no había cigarrillos. Este pareció suspirar irritado hasta quedarse quieto un instante largo mirando el suelo. Y el castaño considero la idea de salir a comprar una. Ciertamente Iori la necesitaba en ese momento así que se dispuso a buscar su chaqueta en la habitación.
Iori había detenido la vista sobre un pulcro papel desdoblado, una carta que iniciaba con el nombre de Kyo y finalizaba con la firma de Yuki. Algo desconocido para el pelirrojo arrebujo dentro de él. Un extraño enojo que mezclado con la incesante alteración de Orochi se le hacía exponencial.
Al Kyo regresar con la chaqueta en la mano se extrañó ante el cambio de semblante del pelirrojo y percibió la carta de Yuki sobre la mesa.
— Veo que no estuviste perdiendo el tiempo. — agregó Iori con desdén, aunque se notaba cierta tensión en sus palabras. Kyo se sintió algo irritado por la intromisión y emitió un bufido corto.
— ¿Nadie te enseñó a no husmear en cartas ajenas?— Preguntó Kyo un poco irritado. Molesto consigo mismo por dejar aquella carta descuidadamente. El pelirrojo le dio una mirada de desprecio, algo crispado.
— No. No me interesa en absoluto saber que quieras hacer con tu novia. — respondió con dejo amargo.
— No quiero hacer nada y ella no es...
— Ya te dije que no quiero saber nada al respecto. — Le interrumpió el pelirrojo cortante tomando la gabardina de la poltrona y vistiendola con la intención de salir. La irritación parecía tener picos extraños por momentos, y sabia a que se debía, era mejor alejarse un rato de Kyo o cualquier nimiedad la sentiría como una provocación absurda.
Kyo gruñó molesto por el repentino cambio de humor de Yagami y extendió la mano hasta atrapar el brazo de Iori y detener su partida. Lo atrajo con brusquedad como acto reflejo. Y aunque Iori se resistió la fuerza de Kyo superó por un instante a la suya evitando zafarse. Sentirse débil de esa manera lo irrito intensamente. Y cortó el contacto con brusquedad.
— Ya no somos nada maldita sea. Como podríamos serlo...ahora estás tú y…
Iori sonrió con malicia y rabia.
— ¿Hm? ¿Te molesta no poder regresar a lo mismo con tu chica? — preguntó insidioso. La sensación creciente de rabia ascendía con cada palabra. Y le enojaba no alcanzar a diferenciar su propia molestia de la influencia de Orochi.
— Maldición Yagami, no...—intentó organizar las palabras Kyo, pero una maliciosa burla orgullosa brotó con la naturalidad que solía tener cuando se enfrentaban. — No me digas que ahora estás celoso. — Indagó con tinte cínico en la voz, pero el pelirrojo frunció el ceño con semblante enojado e impaciente y le dio la espalda sin mediar más palabras. Kyo maldijo por lo bajo y se adelantó para retenerlo un instante.
—Iori…—suspiró—. Ahora que estoy contigo, nadie más podrá ocupar ese lugar —. hablo con cierta dificultad, lo que menos deseaba era pelearse con Yagami justo cuando había logrado despertar con lucidez. — Solo...nada de esto es culpa de Yuki. Y yo no quiero que ella sufra mas por mi culpa.
El pelirrojo lo miró de soslayo un instante, le enojaba de formas irracionales ver a Kyo afectado por aquella mujer, pero comprendía su intención, incluso entendía a esa maldita mujer y eso le molestaba aun mas. No quería hablar más, sabía que la mitad del caos emocional que lo embargaba en ese instante era producto remanente del disturbio y le tomaría un poco más reponerse de aquel malestar. Guardó silencio con frivolidad esperando que esa maldita conversación ya hubiese terminado. Pero Kyo desvió la vista algo incordiado.
— Nosotros hablamos cuando desperté tras la destrucción de los Hokora. Ella había acabado de abrir los ojos, estaba desorientada. Y aun así lo primero que mencionó fue tu nombre. Ya lo sabia...no se como, o que le dio conciencia de ello, pero sabía lo importante que eres para mi y...—. hizo una pausa intentando mantener el curso delicado de sus palabras, sintiendo esa densa sensación de culpa repentina. — Esto es muy confuso para ella y pensé que se me dificultaría eventualmente explicarle porque ya no podríamos regresar a lo mismo. Pero no hubo necesidad. — Miró a Iori dubitativo sin saber si formular la pregunta que lo embargaba desde la noche anterior.
— ¿Tú…le dijiste algo, Yagami? — preguntó Kyo con cierto desconcierto, sin saber que aquello fuera posible, pero sin juzgarlo.
Iori podía ver en sus ojos la consternación de no poder hacer nada por la chica y suspiro pesadamente agotado de solo considerar el tema.
— No. Solo libere su espíritu y le dije que regresara contigo. — Puntualizó Iori con dejo cansino y tras evadir al castaño salió del apartamento finalizando la conversación.
Kyo se recostó en la pared del recibidor con un suspiro corto. Nunca había sido muy bueno expresando emociones y aun así siempre era bueno lastimando a otros. Sonrió con tristeza. De nuevo ese no había sido el momento indicado para tocar el tema.
Se puso la chaqueta con la intención de alcanzar a Iori. No tenía certeza alguna de su estado energético y no quería que hiciera alguna de sus famosas y repentinas desapariciones.
Cerró la puerta dejando tras de si la carta y las palabras de la chica que alguna vez fue su novia. No podría hacer nada al respecto, no en el momento. En este instante todo lo que debía importarle se posaba sobre Iori.
Tras buscarlo varios minutos en cuadras abarrotadas de gente a pesar del frío, lo percibió a lo lejos, apartado del bullicio, sentado en un pequeño malecón solitario con vista al mar oscuro. Se denotaba más tranquilo, sin trazos de enojo, solo, con un un aire taciturno rondando mientras densas volutas de humo bailaban a su alrededor, demasiado densas para disiparse rápido.
Kyo se acercó con lentitud, sabía que no necesitaba anunciarse, Iori ya debía haberlo percibido desde mucho antes. Tomó asiento al costado del pelirrojo, extendió la mano a modo de petición y este silenciosamente deslizó un cigarrillo que Kyo tomó con delicadeza.
— Sabes, cuando te busqué por primera vez pensé que ibas a hacer que me mataran. — Rompió Kyo el silencio con dejo despreocupado dando una calada lenta al cigarrillo.
— Eres el único insensato que se atraviesa frente a un arma de fuego. — Respondió Iori con la misma calma sin dejar de mirar el mar.
— Nunca aprendiste a dar las gracias ¿Eh?— indagó Kyo divertido—. Recuerdo que fue intentando que no te mataran a ti. —
Un bufido tenue de Iori dejó escapar una pequeña voluta de humo.
— Se cuidarme solo Kusanagi. —
— Sigo sin tener esa misma impresión. —rio Kyo dando otra calada profunda—. Y si que dolió, como un demonio. La mejor parte fue cuando desperté en un apartamento en vez de un hospital. — agregó entre resentido y divertido.
— Sabía que no morirías por eso cuando te revise. —acotó con sincera diversión el pelirrojo—. No hacía mucho había recibido un daño similar. No era nada que no pudieras manejar. — Agregó con una sonrisa casi malvada que se formó ante la expresión indignada del castaño.
— Sin mencionar que intentaste estrangularme.
— Y tú me inyectaste una sobredosis de calmante.
Kyo bufo echandole tierra al asunto y tras un par de risas lentas de ambos, suspiró pensativo.
— Cómo es que pase de desear estrangularte cada cierto tiempo a quererte de esta manera Yagami. — Hablo el castaño con tono bajo y una sonrisa dulce y divertida. Le dirigió una mirada directa a Iori y este sin saber que responder ante aquella declaración directa, bajo la vista pensativo.
Kyo se acercó lentamente hasta acortar el espacio que los separaba. El frío calaba y el vaho tibio de sus respiraciones se cerró en un beso delicado y largo.
Se quedaron un instante con las frentes juntas sin decir nada, solo sintiendo la tensión de la cercanía y el nerviosismo de dar inicio a una intimidad de aspectos más significativos.
Su respiración mutua revoloteo en el aire helado y la nieve comenzó nuevamente su caída lenta, posándose con la delicadeza de una mariposa en el cabello de ambos.
— Que demonios pensabas cada que me perseguías jurando matarme. —preguntó Kyo apartándose con suavidad—. Eras un maldito dolor en el trasero.
Iori río por lo bajo.
— Justamente eso, Kusanagi. Matarte. — Respondió con tono sincero y Kyo lo miró un instante con seriedad, parecía casi sorprendido.
— Y por que nunca lo hiciste entonces. Creo que tuviste varias ocasiones desaprovechadas. — Acotó con falso resentimiento. Iori sonrió mirando la quietud helada del mar.
—...una parte de mi quería reducirte siempre, una que no era incitada por Orochi. Pensaba que tal vez así las voces me dejarían en paz y podría vivir con algo de normalidad. Pero siempre fuiste algo vibrante e incandescente, dominante y aguerrido. Una flama que encendía más que el odio que me ofrecía Orochi. — Hablo pensativo y Kyo lo observó en silencio, intentando comprender la complejidad de lo que iori vivía dia a dia con aquella maldición.
— Fue progresivo el deseo de poseerte...de maneras que no podías ni imaginar. —agregó Iori con una sonrisa tenue y maliciosa, aunque algo triste—. Incluso pensé que Orochi había logrado dañar todo en mi interior y decidí alejarme cada que pude. Esa extraña dualidad que generabas en mi desmoronaba y enaltecia gran parte de mi resolución...Hpm, quería destruirte, pero a la vez estaba cada vez más arraigado el deseo de tenerte, perpetuo, ardiendo para mi... — Puntualizó iori haciendo una pausa abstraída hasta que miro a kyo de soslayo.
El castaño no supo cómo tomar aquellas palabras. ¿Eran como una clase de amenaza que exaltaba su encanto? Su expresión era algo confusa pero por alguna razón se sentía avergonzado.
— Que Kusanagi...¿ahora me consideras perverso? — preguntó Iori parcialmente divertido. Kyo sonrió molesto.
— Siempre supe que eras medio degenerado. —dijo con naturalidad y esta vez fue Iori el que pareció algo indignado—. Pero siempre has sido más que eso, más profundo y con delicados talentos inesperados. — agregó el castaño mirando el suelo pensativo.
— ...cuando pienso en qué momento empecé a verte de otra manera, siempre rememoro aquel concierto de jazz. Pero en realidad creo que fue cuando detuviste a Orochi...resistir lo imposible y entregarlo todo por nosotros…—rio Kyo incómodo—. Creo que fue ahí cuando admire por primera vez tu verdadero yo. Aquella fortaleza y resolución en contra de los propios instintos, en contra del mismo demonio...y luego bueno, empecé a percibir mucho más de ti en algunos momentos. Y tras lo que sucedió en NESTS…— Hizo una pausa evadiendo aquellos recuerdos amargos.
— Pero aquella noche de música. Verte allí con los ojos cerrados rodeado de una calma sin precedentes, interpretando una melodía tan hermosa, con un aire tan propio. Plantó una extraña impresión en mí, una muy profunda. Supongo que ya tenía curiosidad por saber quien eras detrás de esa máscara de odio.
Iori sonrió cansado.
— La música fue para mi tal vez el único escape. Un pequeño oasis en medio de la tormenta que implicaba Orochi. Esos momentos que sagradamente ocupe en desconectar todo y solo sumergirme en las melodías, me salvaron varias veces de la locura. Supongo que eran las mejores ocasiones donde podía ser yo mismo sin la sombra de Orochi marcando mis pasos...y tú lo viste. —rió levemente—. A pesar de todo, lo percibiste siendo mi enemigo. Pudiste ver lo que hubiese sido sin la maldición.
— Lo que eres Yagami...y lo que puedes ser. — Resaltó Kyo con seriedad mirando fijamente a Iori. Aquel tono fatalista no le gustaba en absoluto.
El pelirrojo solo desvió la vista en dirección al abismo oscuro que era el mar en ese momento. Sin agregar nada más, dejando que un silencio apaciguador se plantara cómodamente entre ambos.
La nieve se deslizó densa entre los hombres. Ya las partículas blanquecinas cubrían gran parte de sus cabellos haciendo que Iori tiritara levemente. Este estaba evitando usar su energía para calentarse. No deseaba tentar a Orochi a manifestarse de ninguna manera. No en ese momento.
— Regresemos a casa, hace mucho frío aquí afuera. — Anunció Kyo y se levantó extendiendo una mano a modo de invitación.
Por un corto instante Iori observó sorprendido al castaño. La frase "Regresemos a casa" había resonado profundo en su interior, aunque Kyo la hubiese dicho de manera descuidada. ¿Acaso en algún momento existiría algo así para ellos? se preguntó.
Se levantó sin tomarle la mano pero extendió un brazo hasta tocar la espalda del castaño en un medio abrazo. Quedando con los cuerpos muy cerca, caminaron juntos. Aunque inicialmente Kyo pareció un poco incómodo al caminar entre algunas personas, poco después se relajó y habló con naturalidad.
Ambos avanzaron lentamente bajo la nieve llevando una charla más casual sobre sucesos pasados y torneos casi olvidados, mencionando a quienes Kyo consideraba que ya también eran amigos de Iori. Cada palabra, cada risa baja de Kyo era acompañada de una sonrisa tenue de Iori, todo en ese instante totalmente ajeno al conflicto que seguía sus pasos.
Terminaron por abrigarse con otras personas en un restaurante pequeño de la zona, ante una ventisca repentina. Allí pasaron algunas horas entre bebidas casuales, cruzando historias de los diferentes torneos y la sinergia de sus respectivos equipos.
Kyo hizo algunas bromas respecto a Mature y Vice, a las cuales llamó las mujeres de Orochi, pero el desagrado de Iori hacia ellas superó cualquier burla.
Iori le pregunto por el tonto amigo que lo seguia como un perro a todos lados y Kyo lo sorprendió diciendole que su padre lo había aceptado y recluido hacia casi un año en un entrenamiento especial con los viejos luchadores del clan, y al parecer había logrado evocar una pequeña cantidad de fuego. Pero no había logrado repetir la hazaña.
— Desde hace unos meses no se nada de él, supongo que no se ha enterado de nada, o lo tendría encima 24/7. —
— Que molesto. —gruño Iori con desdén—. Tal vez lo mejor es que siga sin enterarse. No les ha ido muy bien a los que han intentado ayudarnos.
— Cierto...— Asintió Kyo con un suspiró, preguntándose cómo estaban Mai, Terry y Benimaru.
Ambos observaron como la calle ya estaba despejada y el local casi vacío. Unas leves motas blancas caían perezosas. Iori se levantó primero y tras cancelar la cuenta se reunió con Kyo afuera.
— Y yo creí que sería tu papa-katsu una temporada. — Sonrió Kyo bajo la nieve.
— Idiota. —gruñó Iori con una mediana sonrisa—. Apuesto a que aún te mantienen tus padres. — Apuntó con aire engreído y malicioso.
— Claro que no. —espetó automáticamente el castaño antes de caer en cuenta de la broma—. No te conviene provocarme, Yagami. — agregó Kyo con atisbo de enojo pero sin borrar la sonrisa. Iori rió con soltura y avanzó por la calzada vacía.
— Eres una molestia a ratos. — Gruñó el castaño dándole un leve empujón con el hombro a modo de reproche juguetón.
— No pueden perderse las viejas costumbres. — Anunció Iori sonriente.
En el recorrido hasta el apartamento solo vieron calles vacías abarrotadas de nieve remanente de las barredoras. Ya la noche había avanzado y el frío álgido les había permeado hasta la piel. Aunque Kyo manejaba la temperatura con extrema facilidad, Iori se denotaba pálido y la respiración se le hacía algo pesada.
Kyo apreció lo vulnerable que se notaba el pelirrojo a pesar de su porte esbelto y rígido. Aún le faltaba tiempo para recuperarse, pero él no se lo iba a recordar. Conocía muy bien ese orgullo marcado de Yagami.
Llegaron al apartamento entre vahos helados y abandonaron las protecciones humedecidas en el lobby, agradeciendo la caricia tibia que ofrecía el interior.
— No estaría nada mal un baño caliente. — Anunció Kyo estirándose y se adentro al pasillo dispuesto a llenar la bañera.
— Deberías preguntarle a la bruja cómo siguen tus amigos. — Anunció Iori con desinterés pero Kyo lo observó un instante con agudeza.
— Si estás preocupado, tú también podrías llamar y preguntar. — Acotó el castaño con tono jugueton desapareciendo tras el muro de la habitación. Iori refunfuñó zanjando el asunto y prendió el televisor que seguía en el canal de noticias.
Cuando Kyo regresó a la sala a anunciar la bañera llena, Iori observaba con bastante seriedad el televisor, cosa que le extrañó y se sentó parcialmente en el reposabrazo de una de las poltronas a mirar.
En la pantalla estaban pasando las noticias más representativas del día. Habían muchos hombres de trajes elegantes en diferentes zonas del parlamento, algunos dialogaban y otros estrechaban las manos con extranjeros. Kyo no comprendía muy bien de qué iba el asunto pero el titular llamó su atención.
"Japón da fin a los términos en la Declaración de Potsdam"
— ...Potsdam. —susurró Kyo recordando algo al respecto—. ¿Que no era ese un pacto de la segunda guerra? — Preguntó algo confuso, nunca había puesto mucha atención en la historia del país.
— Fueron las condiciones de rendición de Japón. Aquello asentaba la prohibición sobre producir arsenal militar o rearmar la nación. El gobierno está negociando con influencias extranjeras...King lo mencionó. — Respondió Iori pensativo, incómodo.
— ¿Crees que eso tenga que ver con lo que está pasando? ¿Con Takeshi? — preguntó Kyo extrañado.
— La información que me entregó Saito y que incluía al miembro Kusanagi asesinado, dejaba un claro vestigio de influencias extranjeras. Incluso en la reunión en la que nos infiltramos había presencia extranjera en los círculos privados. —acentuó Iori frunciendo el ceño—. Tiene un ejército privado de mercenarios. Pero ningún Yagami está en esa armada. Lo que sea que esté armando Takeshi es paralelo a la familia. — Siseo Iori por lo bajo apretando los puños en una expresión descompuesta. Kyo frunció el ceño al notar una variación extraña en la energía de Iori.
— Tal vez esto vaya más allá de lo que pensábamos...— Divago Iori pero la pantalla del TV se apagó y Kyo con semblante serio lanzó el control lejos del sillón sobre la otra poltrona.
— Una cosa a la vez, Yagami. Y ahora lo que debes hacer es recuperarte. Esto puede esperar. Ya ha pasado bastante tiempo, unos días más no cambiarán nada. — Anunció Kyo sin dar pie a negativas. Iori respiró pesadamente y se levantó, aceptando los argumentos sin mayor resistencia.
— Eso aplica para ti también Kusanagi. ¿Ya está llena la bañera?
Kyo sonrió a modo de respuesta y le indico con la cabeza que lo siguiera.
La loza pálida reflejaba un tenue fulgor blanquecino que se desvanecía entre el humo leve que despedía el agua. Iori dejó caer sus prendas sin mayor reparo, desnudándose a totalidad y entrando en la bañera.
Se recostó con delicadeza disfrutando cada toque caliente que le envolvía la piel hasta los hombros.
— Disfrutalo. — Anunció Kyo con dejo amable.
— A donde crees que vas Kusanagi. — Habló Iori con voz ronca y extendió la mano hasta deslizarla entre la palma de Kyo que aún estaba a pocos centímetros.
— ¿Qué? ¿No quieres un baño cómodo y relajante? — Indago el castaño evasivo pero sin moverse.
— Si quieres que me relaje Kyo Kusanagi, entra aquí conmigo. — agregó Iori con tono bajo e incitante mientras separaba un poco las piernas bajo el agua, abriendo un buen espacio para el castaño. Kyo sintió una tensión baja en el estómago. Y se maldijo por permitirle a Yagami ponerlo nervioso como a una chiquilla.
— Luego no te quejes por el espacio. — Dijo con tono casual intentando desviar la tensión.
— Hay de sobra. — respondió el pelirrojo con una sonrisa maliciosa recostando la cabeza sobre la curva alta de la bañera y disfrutando del agua.
Kyo se deslizó lentamente tras desnudarse, refunfuño un poco por dentro sabiendo que Yagami lo hacía intencionalmente.
Se dejó caer hasta que su espalda se adaptó a la curva del torso de Iori y su piel fría lo hizo estremecer.
— Debí poner la tina a ebullir. — anunció el castaño acomodándose a la temperatura helada del pelirrojo.
— Tal vez. —habló Iori con voz baja rozando la oreja de Kyo con sus labios—. Pronto estaré caliente. — agregó con tono suave. Kyo se estremeció una vez más.
— ¿Es eso una incitación?
— Tal vez...—susurró Iori deslizando sus manos alrededor del torso de Kyo hasta el vientre y apretandolo contra si en un abrazo delicado. A Kyo el corazón se le contrajo por un instante cuando sintió sus manos recorrer su abdomen y su rostro húmedo reposar sobre el costado del cuello—. Estás caliente Kyo. — Susurró Iori de nuevo mientras su voz se apagaba, para luego Kyo percibir su respiración profunda.
Kyo sonrió divertido y algo frustrado.
— Si sigues calentándome de esta manera no me contendre una próxima vez, Yagami. — Susurró dejando caer la cabeza sobre el hombro de Iori y cubriendo los brazos de este con los suyos. Disfrutando cada centímetro de piel que convergía y dejándose acunar por la respiración profunda del pelirrojo.
A pesar de la calma que los rodeaba el corazón de Kyo no parecía ceder. Aquello era otro vestigio de una nueva intimidad, una más profunda y significativa. Una que ni con Yuki había llegado a conocer.
Iori abrió los ojos. Sentía el cuerpo pesado y adormecido. Una respiración profunda y cálida le rozaba el cuello. Giró el rostro hasta rozar con sus labios el cabello castaño de Kyo. Su piel tibia, su respiración lenta, el tacto relajado y ceñido. Sonrió descubriendo un deseo que era solo suyo, ajeno e independiente a las voces.
Analizó la mano de Kyo sobre su pecho y la sensación agradable de haber dormido muy bien, sin pesadillas o alteraciones. Gruño molesto al descubrir la causa y apartó la mano de Kyo lentamente. El castaño estaba en un sueño tan profundo que no reaccionó en absoluto cuando Iori se deslizó fuera de la cama.
Observó a Kyo dormir, la temperatura de su cuerpo parecía febril y él sabía que era un indicio del uso indebido de su energía. Maldijo por lo bajo determinado a no permitirle a Kyo hacer eso de nuevo y preparo un par de compresas frías.
Tras dejar a Kyo descansando, el pelirrojo empuño las manos al salir de la habitación percibiendo su propia estabilidad. Hacía semanas no se sentía tan bien, pensó. Le seguía sorprendiendo los efectos balsámicos que tenía la energía de Kyo sobre su cuerpo y sobre su mente, pero el costo era alto e inaceptable.
Aun así decidió disfrutarlo una última vez.
Comió poco, hizo algo de ejercicio, tocó la guitarra y tras pasar casi toda la tarde entre tonadas variadas, permitiendo que Kyo durmiera lo necesario para recuperarse, se sentó en el sillón y encendió la TV. Tal vez lograra ver algún vestigio de los movimientos de Takeshi en la política del país.
Media hora después de búsquedas infructuosas entre las noticias de la última semana, donde lo que más resaltaba eran las anomalías en las nevadas, la silueta esbelta de Kyo cruzó el salón de estar y apagó la TV de repente. Se notaba repuesto, estaba vestido e incluso peinado.
— Ya te lo dije Yagami. No más noticias perturbadoras. Estamos en medio de unos merecidos días de descanso de toda esta mierda. — Anuncio poniéndose la chaqueta y agarrando la gabardina del pelirrojo del percho. Iori lo observó con cierto interés.
— Te hacia durmiendo como un tonto debil por usar mal tu energia. — Apuntó Yagami con tono filoso.
— Primero, nunca he usado mal mi energía. Segundo, desperté cuando tocabas guitarra, ni siquiera te percataste. — Apuntó el castaño con actuada decepción. Iori bufó.
— Y elegiste tú solo que era hora de que ambos saliéramos. — indagó con dejo cínico.
— Exacto. —confirmó Kyo con un clásico tono arrogante—. He decidido que no podemos quedarnos enclaustrados. Aún hay festividades en la ciudad, estamos libres y me muero de hambre. Así que deja de mirar con escepticismo y párate. — Apuntó con una sonrisa ancha y le lanzó la gabardina.
Iori gruño no muy conforme con el plan pero se levantó y se puso la gabardina.
— Sabes que no me gustan las multitudes. — Apuntó más en modo casual que reticente.
— Curioso para alguien que suele ser un Rockstar en su tiempo libre. —dijo divertido el castaño—. Tranquilo Yagami, no vas a matar a nadie. Prometo que no dejaré que lo hagas. — Apuntó a modo de chiste aunque sabía que era un tema delicado.
Iori respondió con un gruñido desdeñoso, pero sin darle mayor importancia.
La ciudad era una amalgama de sonidos, risas, voces, tráfico. Las luces estallaban infinitas en una metrópoli que parecía cerrar sus ciclos con festividades en parte occidentales. Iori no parecía tan fastidiado como había dicho, y aunque incomodaba con el humo fumando entre la multitud, a Kyo no le molestaba en absoluto, Yagami parecía tener un efecto en la gente que les dejaba un camino despejado y cómodo para avanzar.
Kyo no sabía en qué fecha específica estaban, ni el porqué del exceso de personas y ruido. Pero tampoco le importaba mucho, se sentía bien, era como cuando salía casualmente con sus amigos. Cuando nada era más importante que la espera y el entrenamiento antes de los torneos.
Respiró profundamente el helado frío del invierno y disfruto la mezcla de aromas callejeros. Tenía hambre, pero no deseaba comer en cualquier lugar. Tenía algo en mente y lo quería compartir con Yagami. Caminaron en un silencio cómodo, a una distancia mínima, percibiendo la cercanía mutua en medio de la multitud.
— Ven por aquí, ya casi llegamos. —Anunció Kyo entre vahos girando por un callejón—. Quiero algo caliente y con fideos.
— ¿Fideos? — preguntó Iori con una leve expresión de desagrado. Claramente no quería comer eso y Kyo rió ante lo expresivo que era en esos escasos momentos.
— Tú puedes comer toda la carne que quieras. Es un lugar especial para ello. — Espetó divertido y llegaron a un dintel de cortinas largas con caracteres clásicos y un aire medio tradicional.
El local no era muy elegante, pero era amplio con un monoambiente muy bien iluminado a pesar del estilo clásico. En la parte central con forma ovalada yacía una cocina con planchas circundantes, donde se estaban preparando variados platos.
Kyo pidió inicialmente un Mizutaki. Aunque estaba bien, se había despertado con algo similar a la resaca y sabía que una comida caliente de ese tipo le sentaría bien.
Iori optó por algo de Yakiniku y comenzó a asar trozos de carne aromáticos y jugosos en un pequeño fogón incrustado en la mesa.
— Este lugar lo conocí por Shingo. — Habló Kyo de repente y Iori lo observó con poco interés.
— Al parecer mi padre lo trajo cuando recién iniciaba los entrenamientos. El me dijo que era uno de los lugares favoritos de Saisyu. El maldito viejo nunca me trajo a mi. — Apuntó Kyo con una sonrisa melancólica. Iori posó otro trozo de carne sobre la rejilla mientras escuchaba calmadamente.
— Shingo aseguraba que vendían la mejor carne Kobe de la ciudad. Algo exagerado diría yo, pero pensé que te gustaria. —lo miró Kyo con una sonrisa—. Aparte, entra dentro de mi presupuesto. — refunfuño divertido y comió un trozo de pollo.
— ¿Ah? ¿No me harás pagar esta vez? — preguntó Iori divertido. Kyo siseo.
— En serio debes aprender a decir gracias. — Puyó con una falsa molestia e Iori rió sonrió.
— Cómo es que ya no tienes el dinero de los torneos. Y eso que ganaron varios. — Indagó el pelirrojo con una sonrisa maliciosa. Mirando al castaño entre el humear de la carne.
— A diferencia de lo que estás pensando no me lo gaste en placeres vulgares, viajes o mujerzuelas. —gruñó Kyo haciéndose el digno—. Bueno tal vez en algunos viajes si y compre mi propio apartamento, pero el resto quedó en el clan. No te imaginas lo controladora que puede ser una madre. — refunfuñó fastidiado.
— Osea que eres un gran accionista de los Kusanagi. — Acotó Iori divertido. Kyo rió.
— No lo creo. Pero tampoco me importaba mucho, el dinero nunca fue mi objetivo. Solo quería demostrar quien era el más fuerte y lo hice. — Acotó Kyo con aire engreído. El pelirrojo lo miró con desdén, pero en el fondo disfrutaba ese lado prepotente de Kyo. Finalmente no era mentira, era un hombre de mucho poder y estaba consciente de ello.
— De todas formas, ahora lo estoy reconsiderando. No me vendría nada mal tener mucho dinero. —suspiró el castaño fastidiado. Iori rió por lo bajo—. Y de donde sacas tu el dinero. ¿De la inagotable fortuna Yagami?
— Hpm, intento usar lo menos posible el dinero Yagami que me corresponde. —respondió Iori secamente—. Me enferma depender de ellos.
— Vaya, entonces tu carrera de músico ha sido muy exitosa. O después de todo si me tocara ser tu papa-katsu — Apuntó Kyo divertido. Iori frunció el ceño.
— Deja de decir estupideces. — apuntó el pelirrojo con una sonrisa contenida.
Kyo rió con energía y Iori continuó asando trozos jugosos.
A mitad de su plato ya Kyo tenía la nariz embotada a causa de la carne asada y dejó el Mizutaki a un lado. Nunca había sido un fan acérrimo de las carnes rojas, pero aquel aroma parecía atraerlo con sucia coquetería.
— Que tal si preparas unas para mí también. Ya hasta mi Mizutaki empieza a saber a carne. — Apuntó el castaño con la mirada fija en los trozos que se cocían a fuego lento.
— ¿Y se le antoja algo más lord Kusanagi? — agregó Iori bajando algunos trozos sobre un plato.
— Lo pensaré y te informaré. — respondió Kyo sonriente. Iori extendió el plato hacia el castaño con algunos jugosos trozos de Kobe.
Kyo los observó un instante dubitativo. Los trozos enrojecidos bordeados por una capa cosida, no parecía divergir mucho de su estado crudo. Casi tenía la impresión de que empezaria a sangrar en cualquier momento.
— ¿Qué pasa Kusanagi? ¿Tu paladar sencillo no puede apreciar los manjares? — preguntó Iori divertido con la expresión reticente del castaño. Este gruño algo apenado y regreso sus trozos de carne a la parrilla.
— Que no me guste comerme el animal prácticamente vivo, no me impide disfrutarlo. — Espetó el castaño con aire digno. Iori sonrió divertido.
— Quítate. La dejaré en el término que te gusta. — Anunció el pelirrojo apartando los palillos de Kyo de la parrilla y le preparo con delicada elegancia un nuevo plato con vegetales.
Kyo lo observó en silencio, había un aire sosegado y calmado en Iori, un semblante diferente, elegante y nuevo. Y eso lo dejó absorto mientras Iori concluía la labor, habían tantas cosas que aún necesitaba conocer de ese hombre, pensó Kyo con una suave calidez en el pecho.
Terminaron de comer, esta vez Kyo canceló la cuenta con un leve sudor frío. Sabía que el Kobe era costoso, pero desconocía el precio exacto. Aun así salió con aire triunfante.
— Ahora que te gustaría hacer Yagami. Hay un festival de luces cerca, aunque con el clima dudo que se mantenga mucho tiempo. — indagó pensativo mientras regresaban a las abarrotadas calles principales. La nieve había empezado un lento descenso sobre sus cabezas.
— ¿Qué te parece un lugar con techo y algo de música? —preguntó Kyo mirando a su alrededor. Iori asintió considerándolo—. Un karaoke de pronto. — Apuntó señalando unos locales luminosos no muy lejos de ellos. Iori gruñó nada convencido.
— No. —rechazó Iori sin dudarlo—. Yo decidiré dónde esta vez. — anunció al castaño deteniendo un taxi.
Tras un trayecto algo largo, Iori detuvo el taxi cerca a unos callejones que Kyo reconoció.
Se bajaron y caminaron entre copos de nieve, hasta que finalmente llegaron al lugar. Algo escondido, pero igual de silencioso y solitario con un parqueadero pequeño.
En aquel bar ya habían estado una vez, no hacía mucho, pensó Kyo. Recordaba bien la gente, los extranjeros y las particulares insinuaciones de aquella hermosa mujer.
Kyo ingresó algo incómodo, no estaba dentro de sus planes pasar una velada con desconocidos, pero el ambiente del lugar había sido bastante agradable.
— No creo que estén, la última vez era un evento cerrado y solo estaban de paso. No tienes que ponerte ansioso. — agregó Iori con una sonrisa cínica y cruzaron el pasillo oscuro, ingresando por el dintel que separaba el exterior del bar.
— No estoy ansioso. — Gruñó Kyo fastidiado, odiaba que Iori lo leyera tan fácil e interpretara lo que le entraba en gana.
Para su sorpresa, a diferencia del exterior que parecía muy solitario y silencioso, dentro del amplio lugar había bastante gente. Casi todas las mesas estaban llenas y había un grupo de músicos mayores con una cantante de avanzada edad, dando una presentación.
Solo percibir el ambiente, las luces, la decoración y las melodías blues lo transportaba a otro lugar, una dimensión muy diferente dentro de la cultura y el caos de la ciudad. La música tenía el volumen preciso, y las conversaciones cruzaban volátiles y apagadas entre murmullos. Entendía muy bien porque Iori prefería ese tipo de ambientes.
Fueron recibidos por una joven mesera, rubia y delicada de ojos oscuros. Ella les indicó una mesa vacía a un costado del bar y les dejó una carta para revisar las bebidas.
Aunque el bar parecía atendido a totalidad por extranjeros, los visitantes eran en gran mayoría japoneses.
— Veo que la gente que atiende es diferente. Ninguno de tus amigos se encuentra hoy. — Habló Kyo mirando la carta.
— El bar suele cambiar constantemente de empleados. La mayoría son extranjeros que estudian o están solo una temporada en el país. A muchos les es difícil conseguir un trabajo por ese lapso de tiempo y aquí les facilitan eso. — Apuntó Iori revisando la carta a su vez.
— La dueña no suele venir muy seguido, salvo en momentos especiales. — agregó mientras observaba divertido la cara extrañada de Kyo con la carta.
— Qué crees que deba pedir. "Green Onions" o "Little Red Rooster" — Anunció Kyo con aparente soltura. Bromeando con la nula claridad del porqué de los nombres.
— El Litte Red es fuerte. Te recomiendo otra cosa, a menos que quieras embriagarte rápido.
Kyo continuaba considerando los nombres y leyendo los compuestos de las bebidas.
— Son algunas de las canciones de blues y de jazz más representativas. Cada trago está compuesto de una forma particular en que pueda representarla. — explicó Iori a Kyo mientras observaba con templanza los músicos de la tarima.
Kyo apreció como había en Iori un estado de tranquila comodidad. Incluso conversaba con soltura. Y aunque le agradaba de sobremanera, sentía que le era un tanto desconocido. Sonrió sintiéndose culpable por casi extrañar a ese molesto Yagami que siempre le jodia el día. Tal vez era porque ya estaba acostumbrado a lidiar con su parte maníaca, y no sabía cómo actuar frente a esa faceta centrada y tranquila. Caviló que finalmente Iori era en totalidad un ser compuesto por muchas facetas y matices, pensar en que casi todas esas caras le atraían, consternó al castaño.
La chica regresó con la intención de tomar el pedido y el pelirrojo pidió por ambos una botella de algo que Kyo no comprendió dado su largo nombre.
La música los envolvió en un abrazo de melodías densas y pausadas, donde la voz de la mujer era un dulcificador de los sonidos bajos. Compartieron varias horas de licor y palabras. Al principio casuales, escasas, llenas de generalidad y personajes externos, pero luego, a medida que el licor calaba en ellos con la calidez fuerte del whisky, las palabras se fueron haciendo más personales, cargadas de una tenue intimidad cómplice.
Iori no parecía en absoluto ebrio. Se denotaba plácido y serio. Disfrutando de la música y la compañía. Pero Kyo sabía que tenía que estarlo, había bebido incluso más que él. El bar comenzaba a ondear con una agradable suavidad.
—...componer una canción requiere más que solo técnica. Hay una infinidad de sensaciones guiadas por la intuición. Es un proceso muy subjetivo Kusanagi. — Le continuó explicando el pelirrojo en tono bajo.
Hacía unos minutos habían tocado el tema de la canción que había compuesto Iori para Kyo. Una melodía sin letra, con momentos de gran intensidad. El castaño solo la había escuchado una vez, pero aun la recordaba muy bien.
— Es como una lucha, que se tantea inicialmente como un acercamiento al fuego. Un aleteo delicado que luego estalla. Y tras arder con fuerza, mengua a pequeñas esquirlas de quietud. Parece casi un coqueteo con la muerte. — Apuntó Kyo pensativo moviendo el vaso a medio llenar de color ambarino. Iori lo miró algo sorprendido.
— Vaya, a veces puedes hablar de formas muy poéticas Kusanagi. — apuntó Iori con una sonrisa agradable, mirándolo. Kyo sonrió con dejo provocador. Iori guardó silencio apreciando sus ojos brillantes y sus labios húmedos. Un pequeño sonrojo cubría parte de sus mejillas, posiblemente por el licor. Sintió el impulso de atraerlo así sí y besarlo, pero se contuvo dada la cantidad de gente que los rodeaba.
A Kyo no pareció pasarle por alto la mirada de rojas intensidades y deslizó la mano hasta posarla sobre la de Iori con suave tentativa.
— Sería encantador poder pasar el resto de nuestro tiempo así, Yagami. — Apuntó Kyo con ebria sinceridad y se acercó lentamente al pelirrojo hasta posar sus labios en los suyos. Iori no alcanzó a reaccionar debidamente, y aunque sabía que esas eran solo otras palabras necias de Kyo, en lo profundo él también deseaba lo mismo. Un instante, un espacio donde pudieran estar juntos sin preocuparse por nada más.
Yagami finalmente cedió ante la demanda del castaño y se besaron de forma lenta y delicada.
Cuando percibió que desde algunas mesas vecinas empezaban a mirarlos entre escandalizados y divertidos, separó a Kyo con suavidad. Este se resistió dándole nula importancia a las razones por las cuales Iori cortaba el contacto.
— Estás ebrio Kusanagi. Mejor regresemos a casa.
—...casa. —sonrió Kyo—. Me gusta como suena eso. Deberíamos conseguir una...— Acotó el castaño con tono despreocupado y la lengua algo enredada. Iori suspiró incapaz de lidiar con aquella deshinibida faceta de Kyo y tras pagar la cuenta, salieron del bar. Tras de sí quedaron algunas miradas expectantes y susurros.
El trayecto al apartamento fue algo largo. Las festividades habían cerrado un par de calles y tuvieron que rodear parte de la zona centro. El taxista no dio muestras de incomodidad alguna ante la mínima distancia que tenían los dos hombres en el asiento trasero. Ni incluso cuando percibió por el retrovisor como el alto pelirrojo entrelazaba su mano con la del hombre castaño, tras lo cual este le dedicaba una mirada retadora.
El conductor no volvió a mirar atrás.
Por segunda vez, al ingresar al apartamento agradecieron la cálida bienvenida de la calefacción.
Iori se sentó en la cama algo mareado por el efecto del licor y porque los efectos de la energía de Kyo empezaban a disiparse. Suspiró profundo relajándose con el cálido interior del apartamento pero unas manos tibias se extendieron hasta envolver su cuello. Kyo yacía parado frente a Iori, inclinándose sobre él hasta besarlo.
— No creas que dejare así esta vez Yagami. — Habló con voz ronca y tentadora lamiendo los labios de Iori después de besarlo. Este se tenso un instante algo sorprendido por la iniciativa del castaño y lo observó quitarse la camiseta, hasta arrodillarse frente a sus piernas.
Iori extendió la mano tomando del cabello a Kyo con fuerza pero sin llegar a ser brusco.
— Estás ebrio Kusanagi. — Anunció algo reticente. Kyo desvió el rostro con una expresión algo lujuriosa y mordió con suavidad la palma de la mano.
— No lo suficiente para no ser consciente de esto y de lo que pienso hacerte. — Anunció con una sonrisa engreída y deslizó sus manos hacia la camisa de Iori, desabotonandola.
Iori no soltó el cabello de Kyo apreciando con detenimiento como el castaño desabrochaba su pantalón, y lo dejó ir cuando este deslizó las prendas a un costado, e hizo lo mismo con su ropa interior.
_INICIO DEL LEMON_
La erección del pelirrojo se alzó rígida e indiscutible.
— Parece que a esta parte de ti no le importa mucho. — Susurro Kyo separando las piernas de Iori y abarcó con su boca el miembro erecto, envolviéndolo cálidamente y haciendo iniciales movimientos profundos, que le sacaron un gruñido ahogado a Yagami.
El castaño estaba de cuclillas con su espalda firme discurriendo una marcada curva hasta sus glúteos. Su boca ocupada generando intensas sensaciones en el pelirrojo y su mirada fija en las reacciones algo reacias de este, disfrutando con cierta lascivia como se iban suavizando.
Kyo aumentó la velocidad mientras masajeaba un poco más abajo la piel sensible del pelirrojo. Este tuvo un espasmo donde dejó escapar un placentero sonido y Kyo percibió cómo su erección se hacía más rígida.
Iori se estremeció ante la expresión de deseo con que Kyo lo abarcaba, llegando casi al límite. Atrapó la cabeza de Kyo por el cabello y presionó con más brusquedad en su interior.
Kusanagi soportó la intrusión agresiva mientras su propio cuerpo se estremecía. Y cuando sintió el jadeo cortado de Iori y su semilla tibia deslizarse en su boca, su propia erección se hizo insoportable.
El castaño se estremeció recostado en la entrepierna de Iori.
Levantó la vista relamiendo un poco de aquellos fluidos y apreció con placer como Iori jadeaba con el ceño algo fruncido, físicamente vulnerable.
La expresión dominante y lasciva que le ofreció Kyo, le generó una descarga de excitación extra al pelirrojo.
El castaño sonrió inclinándose un poco sobre Iori.
— Esta vez te haré mío Iori Yagami. — Sonrió con descarada malicia deslizando su mano lubricada de semen hacia la entrada del pelirrojo.
Este frunció el ceño y desvió la cara con molestia, algo sonrojado, pero sin oponerse.
Kyo siguió sonriendo y empezó a masajear lentamente el interior de Iori. Se deslizó con suavidad entre sus piernas una vez más y lamió del cuello a la punta del miembro de Iori. Para luego deslizarlo en su boca de nuevo.
El pelirrojo dio un respingo ante la insoportable sensación del orgasmo reciente. Y llamó a Kyo con un jadeo presionando su hombro para detenerlo.
El castaño lo observó haciendo caso omiso a su ademán. Iori gruño ante la sensación de ser abarcado de nuevo y penetrado a la vez. Su cuerpo se estremeció débilmente. Kyo lo deslizó fuera de su boca mientras insertaba más dedos. Disfrutaba segundo a segundo como la reacia reticencia de Iori a ser invadido, se iba suavizando debilitada por el placer.
Cuando ya sintió viable su entrada al interior de este, se giró sobre Iori y se abrió paso entre sus glúteos, mientras jalaba su cadera a una posición adecuada.
Iori gruño apretando los dientes pero sin resistirse. Su mirada intensa y rojiza era casi amenazante, pero lujuriosa.
— Eres mio Yagami...— Susurró Kyo en un jadeo cuando inició la penetración.
Iori respiró con pesadez al percibir a Kyo deslizarse dentro suyo y disfrutó como la expresión del castaño de doblegaba a la inserción, cerrando los ojos con un jadeo entrecortado.
Sus movimientos inicialmente lentos empezaron a aumentar la velocidad sin miramientos.
Iori gruñó con un sonido profundo cuando el dolor ascendió en el momento que Kyo empezó a embestirlo con más fuerza. El castaño lo miró un instante indeciso, pero Iori lo tomó del cabello atrayéndolo hacia sí.
— No soy ninguna niña virgen. Y tal vez sea tu única oportunidad Kusanagi. — Hablo el pelirrojo con voz ronca y dominante.
— No creas que será...la última. — Respondió Kyo entrecortadamente mientras la presión del interior de Iori aumentaba por momentos.
Se inclinó y lo beso con brusquedad mientras el vaivén aumentaba. Cortaron el beso entre jadeos y Kyo se irguió para estimular el miembro de Iori a la par que lo penetraba.
El pelirrojo se encorvó hacia atrás y clavó las uñas en el antebrazo de Kyo. Su expresión sonrojada tenía de todo menos debilidad. Casi incitándolo a no contenerse en nada.
Tras unos minutos Kyo sintió el clímax ascender, explosivo y demasiado intenso, la cálida tensión del interior de Iori lo dragaba y se convertía en una sensación enloquecedora. Iori gimió bajo y Kyo se estremeció dejando salir todo en el cálido interior de este.
Se inclinó debilitado y satisfecho al ver la semilla del pelirrojo gotear desde su mano.
De nuevo un orgasmo sincronizado, pensó. Sus cuerpos parecían vinculados por el placer y reaccionaban exacerbadamente al contacto con el otro.
La sensación de estar dentro de Iori era maravillosa y Kyo no quiso retirarse.
Iori lo miró con cierto reproche sintiendo las palpitaciones de Kyo en su interior.
—...aún...no...—jadeo Kyo con mirada lujuriosa. Y sosteniendo al pelirrojo de las piernas, sin dejar de penetrarlo, lo levantó con poca dificultad y se sentó, posicionándolo encima suyo—. Quiero verte gemir. — Puntualizó el castaño a modo de orden con la respiración pesada.
Iori sonrió con cinismo, mientras su cuerpo se contrajo entre rezagos de dolor y placer. Se inclinó sobre Kyo besándolo con fuerza y lo empujó bruscamente contra la cama. Kyo lo miró algo sorprendido, mientras Iori lo retenía con una mano en el pecho.
— Seré yo quien te vea gemir Kusanagi. — Susurro dominante y atrapó a Kyo con un intenso vaivén. La semilla viscosa de Kyo se esparció alrededor del punto que los conectaba. La sensación enloquecedora hizo estremecer al castaño, Había acabado de tener un orgasmo. Tener a Iori haciendo eso se le hacía insoportable.
— No...Yagami. — Intento hablar entre jadeos queriendo quitar el brazo firme de Iori, pero este no hizo caso alguno e intensificó los movimientos ahogando leves gemidos que finalizaban en suaves gruñidos. Su miembro erecto se deslizaba suave sobre el abdomen de Kyo y esto hizo aún más insondable la sensación del castaño.
En cuestión de segundos, Kyo quedó completamente doblegado, su expresión sonrojada y sus jadeos intensos solo intensificaban la sedicia de Iori.
—...Iori...—alcanzó a decir el castaño estremeciéndose, vulnerable ante la presión—...no...— susurro mientras un gemido ahogaba su negativa y aprisiono con sus manos la cadera de Iori, presionandolo con violencia contra sí. El pelirrojo se estremeció ante la penetración profunda y Kyo, víctima de un espasmo, arqueó la espalda y se vino una vez más. La intensidad enloquecedora de aquel orgasmo le dejó sin fuerzas, con el corazón en la boca.
Miró a Iori con el rostro acalorado incapaz de agregar palabras a todo aquello. Pero Iori no daba señales de estar satisfecho y eso le generó una punzada de temor. El pelirrojo se irguió con su excitación más exaltada, aun insatisfecha, mientras Kyo empezaba a menguar un poco, extremadamente sensible.
Kyo se sentó algo azorado por las sensaciones agudas en su cuerpo, pero Iori le tomó una mano con fuerza y lo levantó atrayéndolo hacia sí.
— Aún no...— Susurro el pelirrojo con aire dominante muy cerca de sus labios mientras sus miembros se rozaban. Y acto seguido lo giró con brusquedad. Kyo quedó atrapado boca abajo y antes de poder reaccionar sintió los dedos de Iori explorando su interior. Pensó que le dolería, pero su cuerpo estaba tan saturado de sensaciones orgásmicas, que apenas si logró estremecerse. Lo que sentía era casi tan desconocido como la primera vez.
— Que demon... — Refutó intentando resistirse pero una mano lo tomó de la nuca sometiendolo contra la cama.
— No es suficiente. — Hablo Iori en tono bajo, mientras su rigidez se deslizaba dentro de Kyo con poca dificultad.
Aquella sensación inundó al castaño con tal intensidad que su cuerpo perdió la fuerza y sintió un estremecimiento desde la parte baja de la columna hasta las piernas.
—...maldición Yagam...—espeto Kyo entrecortadamente, pero Iori atrajo su cadera hasta pegarla a su pelvis y Kyo no pudo evitar un gemido fuerte.
— Eso me gusta...gime. — Ordenó Iori acercándose a su oreja mientras intensificaba las penetraciones y la lamió delicadamente. Kyo gruño incapaz de contenerse, su cuerpo estaba a total merced de Iori y la erección desvanecida retomó su vigor.
Que clase de monstruo había despertado. Se preguntó mientras la cabeza se le embotada por oleadas de un placer insostenible. Acaso tendría algo más intenso que sentir tras orgasmos tan consecutivos, pensó con una leve debilidad en las piernas, se le dificultaba mantener la posición y no lograba pensar con claridad. Sentir a Iori dominandolo así lo enojaba y avergonzaba, pero también lo excitaba desmesuradamente. Tal vez por aquella fuerza implacable. Aquella posesividad y pasión que lo atraía y fastidiaba de igual manera.
Iori tomó a Kyo por el cabello y lo irguió hacia atrás, posó una mano en su pecho para sostenerlo y empujó con más fuerza, aún más adentro. Kyo gimió una vez más incapaz de ahogar los sonidos y Yagami sintió el clímax inevitable a pesar de querer alargarlo.
Respiro profundo resistiendose y deslizó la otra mano hasta la erección de Kyo estimulándo a la misma velocidad de las penetraciones. Una entrecortada y placentera negativa de Kyo fue cortada por otro gemido y su respiración trabajosa chocaba con la de iori. El castaño se estremeció bajo intensas sacudidas y Iori lo mordió en el cuello con cierta brusquedad.
No pudo contener un segundo más el clímax y se desplegó dentro de Kyo mientras lo apretó contra sí con mayor fuerza. Segundos después el castaño se estremeció con un gruñido bajo, su miembro palpitaba presa de otra eyaculación, con una sensibilidad insoportable. Se dejó caer sobre la cama.
El pelirrojo se deslizó fuera de Kyo y se tumbó a un costado del castaño. Este lo miraba con cierto reproche entre tenues jadeos.
Con su piel erizada y viscosa por el sudor, con su semilla dentro de él y aquella expresión sonrojada, algo avergonzada y plácida, Iori apreció una absoluta belleza erótica en el castaño.
Percibió con bastante incomodidad la propia semilla de Kyo entre sus piernas, pero quiso ignorar cualquier atisbo de reticente vergüenza y se acercó a él.
_FIN DEL LEMON_
— Eres una bestia...—susurro Kyo sonrojado e indignado—. Era mi turno.
— Lo fue. —susurró Iori con complacencia—. Y luego siguió el mío. — Apuntó con mirada penetrante.
— Con un demonio que no será la última vez que te tome. — Gruño Kyo y Iori lo silenció con un beso inesperadamente delicado.
El castaño retorno el beso con la misma suavidad, pausada y pasional, mientras Iori lo atraía a su pecho. Tras un largo beso ambos respiraron en silencio abrazados. Había una tensión plantada en ambas partes ante aquella cercanía. Podian sentir los nervios de compartir un instante incluso mas intimo que el sexo.
Kyo posó su cabeza sobre el hombro de Iori sin palabras. Como si tal vez aquel momento no fuese a repetirse, deseando por un instante nunca salir de aquella habitación y enfrentar esa realidad inmediata que los esperaba.
Iori apretó a Kyo contra sí y susurro el nombre del castaño.
—...y si dejamos todo esto atrás...si huimos de este infierno y desaparecemos del mundo juntos...— Sonó la voz de Iori baja, neutral, sin atisbo de duda, nerviosismo o burla.
El castaño se tensó de golpe algo aturdido, el sexo se había llevado cualquier rastro de licor hacia mucho rato y una lucidez pesada empezaba a acentuarse. Sopeso incrédulo con aquellas palabras.
Iori Yagami le estaba pidiendo que dejara todo atrás y se fueran donde nadie pudiese encontrarlos para poder estar juntos...Kyo miró a Iori pero no alcanzó a percibir su expresión en ese ángulo. Él parecía mirar con aire ausente en otra dirección, pero su corazón palpitaba con fuerza y aquello hizo que el mismo corazón de Kyo de acelerara.
No sabía cómo responder, dado lo inesperado de aquellas palabras. Y aunque una parte de él lo deseaba profundamente, la otra, asustada, era bombardeada por la imagen de su padre muerto, su madre confrontando a su familia. La responsabilidad del clan, la gente asesinada, sus amigos.
Una mitad dividida aprecio a Iori como una clase de monstruo egoísta. Pero al instante supo que no era así. Iori estaba tan cansado como él de todo aquello. Habían perdido tanto a pesar de haber ganado algo tan valioso entre ambos.
—...Iori...—habló Kyo sin encontrar palabras. Con un si atascado, pero un no atravesado en la garganta. Embargado entre la dicotomía de la negación y el deseo de poder estar juntos—...no podemos hacer eso...mi madre, Kaoru, los demás...los clanes.—agregó casi en un susurro alejándose de Iori para mirarlo a los ojos, pero tartamudeo confuso ante la sonrisa triste del pelirrojo, como si ya supiera la respuesta. Tal vez el significado de aquellas palabras era mayor de lo que estaba considerando pensó confuso—. Yo...—
Iori que se sentó al borde de la cama.
— Lo sé Kusanagi. No debes darme explicaciones...lo sé muy bien. — Habló Iori dando la espalda.
— Tienes un sentido de la justicia muy superior al mío. Eso es algo que me gusta de ti. — Puntualizó Yagami con lentitud. Kyo no supo qué responder, enmudecido aún por las palabras de este. Aterrizando apenas su significado.
— Iré a bañarme, es muy incomodo tenerte adentro. — Acoto con leve despreocupación.
No quería ver aquella expresión ausente de Kyo, teñida de alguna extraña angustia. Ese momento era solo de ambos y no debían desaprovecharlo.
El castaño no respondió, solo alcanzó a sonreír tardíamente.
Iori salió de la habitación y Kyo se sostuvo la cabeza, sentado a un costado de la cama. Un gran peso le oprimía el pecho.
¿No eran aquellas palabras de Iori, como si hubiese expresado un "te amo" a su manera? Se preguntó aturdido. Enterró el rostro entre las manos. Incluso dando aquella negativa pudo haberle dicho que sentía algo igual de intenso por él. Pero se había paralizado y no entendía por qué. ¿Por qué después de tanto se le dificultaba decirlo?
Se levantó y abrió la ventana de la habitación al invierno sintiendo un frío viento refrescante. Aún había un inamovible toque de imposibilidad en todo. ¿Había sido eso? ¿Sentir que por más que quisiera a Yagami, estar juntos como deseaban era casi imposible?
Agacho la cabeza y apretó el marco de la ventana. Eso no importaba ahora. Eso no hacía que se sintiera diferente hacia él. Antes de alguna manera su vínculo parecía crecer con mayor intensidad a pesar del destino y los hechos. Entonces que había sido aquel titubeo tan evidente, se preguntó mientras la respuesta fluía sin necesidad de palabras.
— Soy un maldito cobarde. —susurro Kyo para sí mismo viendo como la nieve tenue empezaba a colarse por la ventana.
Iori dejó que el agua helada invadiera cada parte de su piel, que aplacara de cierta manera el malestar que solo unas palabras, esperadas, le habían generado. No culpaba a Kyo, ni lo juzgaba.
Era obvio que no podían dejar nada atrás. Todos los esperaban y confiaban en ellos. Incluso Chizuru los había guiado en todo ese tortuoso proceso. Y aunque tal vez había sido ella misma quien los enredó en ese peligroso vínculo con el Yokai, todo había sido por un objetivo superior. Algo mucho más grande que cualquier pérdida pasada...o sentimiento entre ambos. Y Kyo lo había expresado con claridad a pesar de su titubeo. Solo se había dejado llevar por un momento de debilidad, pensó con más frialdad empuñando las manos.
Esa necesidad enfermiza que tenía por Kyo parecía no ser solo una manifestación de Orochi, y sonrió fastidiado con el hecho. Incluso si aquel abrumador sentimiento no era igualmente correspondido, eso no cambiaba nada. Tenían una misión clara.
La fuerte atracción irrefutable entre ambos debería bastar, por lo menos hasta que fuese inviable. Aquel pensamiento se plantó en Iori como algo doloroso, pero necesario.
Miro la caída del agua fría entre sus manos y evocó el fuego violeta que ardió incluso bajo el manar del agua, evaporando parte de esta. Cerró el puño y desvaneció las llamas. Su energía se estaba restableciendo y ya no percibía al Yokai, pero sí podía sentir como la bestia de Orochi se levantaba lentamente. Como la única constante en todas las variables de su existencia. Hizo una mueca de desagrado y salió tras una larga ducha.
Iori avanzó por la habitación con la toalla amarrada a la cintura y una oleada helada le alcanzó con un roce brusco. Observó la espalda desnuda del castaño bajo intrusos copos de nieve que entraban por la ventana. Bañada por los tonos neón del exterior.
Pudo percibir su semilla clara deslizándose perezosamente entre las piernas del castaño y sonrió algo complacido con la imagen. En la piel de Kyo parecía estarse formando una leve capa de escarcha y el pelirrojo se acercó rodeando su cintura por la espalda y posando silenciosamente su rostro en el hombro de este.
Kyo giró con delicadeza la cabeza y lo observó con cierto dejo triste.
— Iori...— hablo en tono suave pero serio.
— No. —le cortó Iori sabiendo a qué iban esas palabras—. Ya te lo dije, no hay nada más que decir. Nos queda poco tiempo de calma Kusanagi. No lo dañaremos con esas cuestiones. — dijo soltando la piel helada y dando un paso atrás. Kyo desvió la cabeza con un suspiro corto y fastidiado.
— Es mejor que te bañes y te limpies...a menos que me quieras tener adentro el resto de la noche. — Apuntó Iori con lascivia observando el cuerpo desnudo de Kyo. El castaño le ofreció una mirada agresiva, pero sus orejas se pusieron parcialmente rojas a pesar del frío.
— Eres un salvaje. — Espetó el castaño con un gruñido, sonriendo. Iori le regresó una sonrisa maliciosa apartándose del camino al baño.
Cuando Kyo avanzó con cierto aire de indignación se detuvo un instante y tomó la mano del pelirrojo. Se acercó con lentitud y le dio un beso delicado y corto en los labios.
— Te quiero Iori. — Le dijo con una seriedad inusitada, como queriendo acentuar algo que Iori no supiera.
— Lo sé. — Apuntó el pelirrojo con dejo engreído y Kyo bufó levemente encaminandose al baño.
Iori se acercó a la ventana pisando el suelo húmedo por la nieve. Los copos que tocaban su piel comenzaban a derretirse con más facilidad. El frío ya no era como mil agujas penetrando su cuerpo, y con una leve emanación de calor evaporó cada pedacito de escarcha formado en su piel. Ya empezaba a normalizar su poder, ya empezaba a sentirse mejor a pesar de tener a la bestia a punto de susurrar en su nuca.
Se asomó al exterior helado apreciando la ciudad vibrante en luces y sonidos a pesar de la madrugada nevada. El tiempo volvía a contar inexorable y aquella quietud se tornaría más amenazante que placida. Dormirian lo suficiente ese día, pensó Iori, disfrutando de un último sueño de intimidad y descanso. Había tomado tiempo, pero entre ambos habían recuperado ese equilibrio que necesitaban.
Al día siguiente podrían visitar a la bruja Kagura y ver cómo seguían los demás. Podrían confrontar de nuevo lo que estaba por venir.
