¡Rayos! Actualizaré esta historia en cuanto pueda porque noté algunas faltas de ortografía en el primer capítulo n_n
En fin, aquí les traigo el segundo y último cap, digamos que quedó algo hot XD jaja
Agradezco mucho por todos los reviews, les prometo mejorar para la próxima historia y bueno, se aceptan críticas constructivas.
Sin más, dejaré esto por aquí y me retiraré lentamente jaja. Besos y abrazos.
XoXo.
La noche prometía ser ajetreada en el centro de la ciudad.
Tres jovencitas llegaban a un restaurant bar a divertirse después de un largo día en la universidad.
Malin se apresuró a tomar la puerta del establecimiento para abrirla y entrar.
—Vamos chicas, hay que encontrar un buen lugar.
—Si, ya vamos —contestó Athena.
La idol tomó la mano de Hinako para ayudarla a caminar un poco más rápido con esos tacones altos que llevaba puestos.
Segundos después las tres entraron al establecimiento y encontraron una mesa donde sentarse.
—Fantástico, desde aquí se ve muy bien el escenario —exclamó Hinako alegremente.
—Si… —musitó Athena al mismo tiempo que su mirada se dirigía hacia el escenario. Ahí fue que observó a Iori tocando junto con su banda.
En el instante que sus ojos se posaron sobre el pelirrojo sintió como el alma abandonaba su cuerpo. Y todo empeoró cuando él también la miró.
—Y ¿ya decidieron que pedirán? —les preguntó Malin a su amigas.
—No lo sé, empecemos por algo para beber ¿no?
Las chicas hablaban mientras Athena estaba distraída mirando a Iori sobre el escenario. Su presentación estaba terminando.
Si bien, ella no tenía miedo del joven, si tenía un poco de nervios al no saber de lo que él era capaz con tal de vengarse de ella. Él se había quedado realmente molesto en aquella ocasión.
—¿Athena?.
Sus amigas se dieron cuenta de lo distraída que ella estaba así que Hinako la tomó por el hombro y la sacudió suavemente. La joven volvió en sí.
—Ah… ¿qué pasó?.
—¿Que pedirás?.
Athena observó a Iori bajar del escenario junto con los demás integrantes de la banda y por alguna razón tuvo una muy mala sensación. No quería encontrarse con él bajo ninguna circunstancia.
—Chicas yo… será mejor que me vaya —musitó ella nerviosa al mismo tiempo que se levantaba de la mesa y tomaba su bolso.
—¿Que?, pero acabamos de llegar…
—Lo sé, pero… les explico después —se acercó a sus dos amigas y se despidió de ellas con un abrazo.
—¿Segura que no quieres que te acompañemos? —preguntó Malin preocupada.
—Oh no, no es necesario… tomaré uno de los taxis de aquí afuera —sonrió. —¡Nos vemos después!
Al quedar en ese acuerdo Athena empezó a caminar rápidamente hacia afuera dejando a sus amigas con muchas dudas y una notable preocupación.
[...]
Al estar afuera, Athena se dio cuenta de que no había ningún taxi cerca; era evidente, el centro estaba abarrotado de personas por lo que era claro que muchos necesitarían de sus servicios.
No le quedó de otra que caminar varias cuadras hasta encontrar alguno disponible.
Sus pasos poco a poco la hacían alejarse de las multitudes dirigiéndose ahora a las calles más vacías. No encontraba ningún taxi a la vista y tampoco conocía el número telefónico de alguno.
Entonces continuó caminando cuando de repente un auto empezó a detenerse justo a su lado. Al mirar hacia dentro pudo ver conduciendo a cierto pelirrojo de quien intentaba escapar.
Su cuerpo se tensó en ese momento pero por ningún motivo permitiría que ese hombre la viera tan nerviosa. Así que siguió caminando con la cabeza en alto. Sus pasos eran lentos y firmes, sus manos estaban hechas un puño intentando contener su nerviosismo.
Iori la vio y no pudo evitar sonreír un poco mientras un deseo se encendía en su mirada. El caminar de ella se asemejaba al de una modelo de pasarela, además le causaba algo de gracia que quisiera hacerse la difícil. Él estaba decidido en no dejarla escapar esta vez.
Avanzó más con el auto y giró un poco colocándose frente a ella impidiéndole que siguiera caminando. Bajó el vidrio del lado del copiloto y pudo ver cómo ella dio un pisotón ya frustrada.
—Sube —ordenó él.
Athena hizo un puchero y giró su cabeza hacia sus alrededores. Logró ver a varias personas cerca, le daba vergüenza armar una escena justo frente a la mirada de todos ellos así que decidió subir al auto con Iori, después de todo ella no le tenía miedo.
—Ya voy —rodó los ojos mientras abría la puerta y subía a su lado en el coche.
Después de cerrar la puerta Iori empezó a conducir. Athena se cruzó de brazos mientras lo miraba pero él estaba más concentrado en su conducción así que no le dirigió la mirada.
—¿A donde me llevas? —preguntó ella.
—Ya verás.
Al conducir varias cuadras, el auto por fin se detuvo frente a la residencia de Iori. Él bajó del coche y se aproximó a abrirle la puerta a su acompañante.
Ella bajó mientras inspeccionaba los alrededores.
—Sabes que puedo escapar cuando yo quiera Iori, no tiene caso que me traigas a tu casa —musitó evitando su mirada.
Iori la tomó del rostro con fuerza haciendo que sus mejillas se inflaran por la presión ejercida sobre ellas.
—¿Eres una cobarde acaso?, ¿no puedes terminar como es debido lo que empezaste? —dijo apretando los dientes.
Athena hizo fuerza con la cabeza para soltarse de sus manos.
—No te tengo miedo, Yagami…
—Ah, eso me alegra niña idol. Entonces vas a venir conmigo —declaró él al mismo tiempo que la sujetaba de la muñeca y se la llevaba casi a rastras hacia adentro de la casa.
Los dos atravesaron este lugar para después salir por la puerta del patio trasero.
Al llegar ahí Iori soltó a Athena quien aún se resistía a caminar con él. Ante el repentino cambio de fuerzas ella cayó de rodillas en el césped.
—Te daré una oportunidad… —comentó Iori dándole la espalda.
Athena lo miró sin entender.
—¿A que te refieres? —preguntó con intriga ladeando la cabeza.
—Será un combate… — reveló su idea —Si tú me derrotas, te largas.
Athena se quedó mirando un punto del césped mientras entendía a dónde iba todo esto. Iori se dió la vuelta y empezó a caminar hacia ella.
—Pero si yo te derroto, voy a hacer contigo lo que se me de la gana.
Al llegar con ella detuvo sus pasos y la jaló de la mano haciendo que se pusiera de pie.
—¿Entendiste?.
—Si Iori, si entendí —contestó mirándolo a los ojos con reproche —No pudiste dejar así lo que sucedió aquella vez… tan solo…
Él interrumpió.
—Nadie me utiliza, maldita mocosa… eso vas a tener que entenderlo ya sea por las buenas o por las malas —se alejó de ella algunos metros —Entonces… empecemos con esto.
Al dar esa indicación él se puso en posición de combate. Athena se sacudió la ropa como si con ello pudiera deshacerse de su nerviosismo.
—Si te derroto me iré y también dejarás de molestarme —lo miró desafiante.
—Entiendes rápido.
— …
Entonces la pelea inició.
Athena empezó lanzándole una psycho ball tras otra, Iori esquivó cada una de ellas sin ningún problema mientras se acercaba cada vez más. Ella estaba un poco distraída y nerviosa, no entendía por qué. Intentó teletransportarse pero un error de cálculo en su movimiento hizo que Iori la embistiera en el momento exacto impidiendo que ella pudiera lograrlo.
Él la tomó por el cuello y se la llevó hasta un árbol, azotando su cuerpo en este. Athena se quedó sin aliento por unos segundos, recuperó el control en el momento que un golpe de Iori estaba a punto de impactar en su rostro pero ella alcanzó a agacharse.
—Demasiado cerca… —musitó ella con un hilo de voz mientras se alejaba rápidamente.
Iori seguía lanzando un golpe tras otro los cuales afortunadamente fallaron. Él realmente se lo estaba tomando en serio.
Athena volvió a teletransportarse y esta vez lo logró. Iori se dió la vuelta rápidamente esperando encontrársela detrás de él pero no la veía por ningún lado. Entonces fue que Athena bajó envuelta de una energía brillante y con ese ataque logró golpear el cuerpo del pelirrojo.
—¡Phoenix arrow! —exclamó ella mientras continuaba cayendo. Al llegar al suelo ella soltó una patada que también impactó en él, haciéndolo caer.
—Nghh maldita mocosa… —se quejó él al mismo tiempo que se ponía de pie.
Al incorporarse completamente, él se acercó a ella corriendo con rapidez. Athena retrocedió pero una patada baja por parte de él la hizo caer.
En el momento que él se acercó a más a Athena, ella hizo una espada psíquica con la intención de golpearlo pero Iori logró hacerse a un lado a tiempo causando que el ataque de ella no lograra impactarlo.
Él aprovechó ese momento para embestirla mientras aún estaba en el aire. Ella salió disparada hacia un árbol causando que su cuerpo se golpeara con este, después cayó sobre el pasto. Estaba derrotada e incluso un poco lastimada.
Iori se acercó a ella y notó cómo ya no hacía el esfuerzo de levantarse, se había rendido. Él la tomó entre sus brazos y por unos segundos se preocupó por ella, quizá se había pasado un poco.
—Todo terminó niña idol —se burló intentando ocultar su preocupación.
Ella no contestó nada, simplemente giró su cabeza en otra dirección evitando su mirada.
Iori se la llevó a la habitación y la puso sobre la cama. Iba a dejarla descansar pero después la vio sobre las sábanas blancas… miró sus hermosos labios y no pudo evitar recordar lo que había sucedido entre ellos en aquella ocasión. Además quería vengarse, ese era el propósito de todo esto.
Entonces él también empezó a subirse en la cama... sobre ella. Sin poder contenerse más la sujetó del rostro dejándolo inmóvil y empezó a apoderarse de sus labios.
Athena abrió sus ojos con sorpresa mientras su rostro se cubría de un rubor intenso. Ella solo pudo seguir el beso moviendo sus labios con torpeza, intentando seguir el ritmo de los labios de él, sin éxito.
Segundos después, Iori bajó sus besos para apoderarse ahora de su cuello. Besaba y lamía cuidadosamente esta área provocando unos leves suspiros por parte de Athena.
—Ah… I-Iori… ¿q-qué haces?… —preguntó con la voz temblorosa.
Él no respondió. Sus labios se dedicaban a satisfacerse de la dulce esencia de la chica. Iori sentía como ella temblaba bajo su cuerpo… sin poder resistirse más a ese extraño deseo empezó a meter su mano debajo de su blusa… lentamente la dirigía hacia sus pechos, al toparse con ellos empezó a acariciarlos suavemente.
Athena se sonrojó aún más y empezó a sentirse nerviosa.
—Mmm… Iori, n-no, bast…
Y sus palabras fueron detenidas por otro beso en los labios.
Iori masajeaba los labios de ella con los suyos mientras lentamente empezaba a levantarle la blusa. Sus lenguas se deslizaban acariciándose entre sí, sintiendo su suavidad y su calor. Sus labios entreabiertos se humedecían mutuamente.
Athena juntó sus piernas sintiendo un extraño cosquilleo apoderarse de su vientre. Ella solo podía sentir como Iori la besaba y acariciaba su cuerpo, no quería admitirlo pero le gustaba… todo lo que él le hacía era simplemente delicioso.
Su mente empezó a perderse y el raciocinio abandonaba su cuerpo poco a poco.
De pronto sintió como Iori dejaba de lado sus labios solo para acercarse a besar sus pechos. En ese momento no pudo evitar morder sus labios intentando contener sus suspiros.
Él empezó a lamer esos preciosos botoncitos rosados rodeándolos con la lengua. Su mano se pasó ahora a la pequeña intimidad de la chica mientras sentía como ella le jalaba el pelo con fuerza.
—Nghh… I-Iori… —susurraba ella intentando contenerse.
Él empezó a acariciar suavemente su intimidad, aún por encima de la ropa. Sus caricias eran suaves y lentas, procurando ser sutil. Dejó de lado sus pechos por un momento para volver a besar sus labios.
Athena sintió como un leve gemido quedaba ahogado entre sus bocas al sentir los labios de Iori apoderándose de los suyos una vez más. Su mente estaba completamente perdida ahora y al sentir como él acariciaba su intimidad no pudo evitar temblar por ese desbordante placer que le provocaba.
Iori dejó de besarla por unos segundos mientras unía su frente con la de ella y sus miradas se cruzaban.
—Vas a pagar con creces lo que hiciste… —advirtió.
Athena ni siquiera podía contestar, el simple hecho de sentir esa mano que la acariciaba hábilmente la tenía completamente hechizada.
Iori volvió a besarla, sus labios se unían una y otra vez frenéticamente, con devoción se dedicaban a satisfacerse de su dulce sabor y esencia. Athena soltó un pequeño gemido ahogado en el momento que Iori la tomó del pelo con fuerza dejándola inmóvil, encargándose de ser él quien tomara el control.
La mano libre de él se encargaba de bajar lentamente sus calzoncillos. Mientras hacía esto no dejó libres sus labios en ningún momento.
Al deshacerse de su ropa interior terminó el beso y empezó a bajar su rostro completamente hasta su intimidad. Con la mayor delicadeza empezó a lamer ese pequeño botoncito de placer causando que Athena emitiera un gemido incontenible.
—¡Ahhh! —gimió ella al mismo tiempo que le jalaba el pelo con fuerza e intentaba juntar sus piernas instintivamente.
Ella empezó a temblar mientras sentía como Iori la sujetaba de las piernas impidiendo que pudiera moverse… su cuerpo parecía querer hundirse en la cama mientras era prisionera de un placer intenso, el placer más delicioso que nunca antes había experimentado.
Con sus manos presionaba la cabeza del pelirrojo pidiendo más… quería más de esas exquisitas sensaciones.
Iori sonrió con malicia mientras notaba como ella disfrutaba lo que él le hacía… era hora de darle una cucharada de su propia medicina cortando de golpe ese momento, no continuaría más.
Entonces se detuvo.
Athena intentó tomarlo del pelo una vez más pero no logró hacerlo. Iori se puso de pie mientras la veía en la cama respirando con dificultad, sus mejillas encendidas de un rosado brillante y su ropa a mitad de camino por todo lo que estuvieron haciendo momentos antes.
Ella lo miró suplicante, juntó sus piernas mientras sentía como su cuerpo le pedía más.
—I-Iori… por favor… —mordió sus labios a mitad de la oración, le daba vergüenza pedirle que continuara.
Él tomó sus pequeñas bragas blancas de la cama y se las pasó a Athena.
—Anda, vístete que nos vamos… —le ordenó.
—¿Q-qué?, Iori… —musitó mientras se incorporaba en la cama quedando ahora sentada en ella. Vio cómo Iori empezaba a caminar hacia la ventana y encendía un cigarrillo.
Ella sonrió incrédula, frustrada. No podía creer que él la estaba dejando así ahora.
Sin más empezó a acomodar su ropa nuevamente y se levantó de la cama. Se acercó a Iori mientras él aún le daba la espalda.
—¿Cómo es posible que me dejes así?, eres muy malo… —hizo un pequeño puchero.
—Sólo disfruté de ti lo que quise y te dejé cuando había tenido suficiente… es lo mismo que hiciste tú —respondió él.
Athena debía admitir que él tenía razón, definitivamente la había hecho pagar.
Iori terminó de fumar su cigarrillo y se dió la vuelta tomando a Athena de la muñeca para dirigirse junto con ella al auto.
—Nos vamos.
Dicho esto, los dos caminaron hacia la entrada de la residencia; al estar frente al auto los dos subieron. Athena se cruzó de brazos aún sin poder digerir lo que había sucedido.
Entonces Iori empezó a conducir.
[…]
Minutos después los dos llegaron a la casa de Athena. Iori bajó del auto y se aproximó al lado del copiloto para abrirle a su acompañante.
Ella no bajó del auto, seguía con los brazos cruzados y un pequeño puchero en su rostro. Iori frunció el ceño y la jaló del brazo obligándola a bajarse.
—Deja de ser tan molesta, tú te buscaste todo esto —le reclamó.
—Está bien —respondió ella con antipatía. Se dió la vuelta y en ningún momento cruzó miradas con Iori.
Él la sujetó de la muñeca y la hizo voltearse. La tomó del rostro con fuerza haciendo que sus mejillas se inflaran por la fuerza ejercida en ellas. Sin más, le plantó un beso.
Athena se quedó paralizada al no esperar algo así, su estado de ánimo empezó a cambiar un poco, pasando de estar molesta a estar sorprendida y sonrojada.
Al terminar el beso Iori la soltó y se rió burlonamente al notar ese cambio en ella. Era demasiado fácil contentarla.
—Anda, ya métete a tu casa —la apresuró.
—S-si… —respondió Athena ahora con una voz más suave.
Ella empezó a caminar hacia su casa mientras Iori estaba recargado en el auto mirándola retirarse.
Él no quería admitirlo, pero había hecho un enorme esfuerzo por parar y no terminar haciéndola suya. Se detuvo unos segundos a admirar su belleza aprovechando que ella no lo estaba mirando; pese a ser una chica muy molesta era realmente hermosa. Aunque tenía que aceptar que finalmente todo había terminado, al menos había logrado vengarse.
Athena abrió la puerta de su casa y giró levemente su cabeza para ver a Iori una última vez. Él continuaba recargado en el coche, esperando a que ella entrara.
Ella se debatía internamente si hacer o no hacer algo que le carcomía la mente de tanto pensarlo.
Entonces se decidió.
Corrió hacia él y saltó aferrándose de su cuello mientras le plantaba un profundo beso en los labios. ¿Por qué?, ni siquiera podía explicarlo, simplemente su cuerpo la obligaba a hacerlo como si una especie de magnetismo la atrajera hacia él.
Iori se quedó paralizado por unos segundos cuando sintió ese beso. No tardó demasiado en responder también, pasando sus manos a la cabeza de Athena y sujetándola con fuerza intentando profundizar más ese beso que sus labios compartían.
Él invirtió las posiciones dejando a Athena acorralada entre él y su auto. Ella sintió una extraña emoción invadir por completo su cuerpo. Siendo prisionera de esa intensa pasión que sentía en el momento sólo pudo rodear al pelirrojo con sus piernas por la cadera, apoyándose del auto mientras se besaban con pasión.
Iori la tomó del trasero siendo un soporte para ella. No pudo resistirlo más y la cargó llevándola adentro de la casa.
Él no conocía el lugar así que al entrar la dejó caer sobre el sofá, que era lo más cercano. La miró por unos segundos recostada en este, con sus labios húmedos ligeramente hinchados por sus besos, sus mejillas ruborizadas, su cabello despeinado… sin darle más vueltas volvió a apoderarse de sus labios mientras le arrancaba la ropa con desesperación.
La venganza había terminado y ahora los dos estaban de acuerdo con esto.
Athena también acercó sus manos temblorosas a él para despojarlo de sus prendas. Los dos continuaron besándose mientras sentían como el calor abrazaba sus cuerpos.
Al estar en igualdad de condiciones Iori empezó a apoderarse de ella con paciencia y lentitud. Con sus manos la sujetaba de la cintura firmemente, los labios de los dos se derretían en ese profundo beso.
La mente de Athena estaba completamente perdida, estaba fuera de sí en ese momento. Al sentir como Iori empezaba a incrementar su ritmo sólo pudo permitirse disfrutar de ese momento tan deseado por ambos.
Sus uñas rasguñaban su espalda mientras sentía una fuerte corriente eléctrica recorriéndola por completo. Sus cuerpos se unían como si una especie de magnetismo los atrajera incansablemente.
Después de largos minutos los dos sintieron como tocaban el cielo. Ambos se quedaron recostados, uno al lado del otro en el sofá. ¿Habían llegado demasiado lejos?, tal vez, pero era un hecho que los dos lo habían disfrutado.
Un año después.
—Oye, no te muevas —le decía Athena a Iori mientras intentaba acomodar un poco su cabello. Ella reía divertida mientras observaba como él la miraba con cara de pocos amigos.
Los dos estaban en la terraza del lugar donde se estaba desarrollando el nuevo torneo, justo en donde todo había empezado hace un año.
—Suficiente pequeña idol —masculló el joven mientras sujetaba la mano de ella haciendo que se detuviera.
Athena se detuvo sintiéndose forzada a hacerlo. Hizo un pequeño puchero tras escuchar la manera en la que Iori la llamaba.
—¿Cómo me dijiste? —lo miró con reproche.
—Athena… —corrigió aclarándose la garganta —ya deja de hacer esas…
Sus palabras fueron detenidas por un beso. Este beso pretendía ser pequeño y fugaz, pero en el momento que Athena iba a terminarlo, Iori la sujetó de la cabeza impidiendo que se moviera.
Ella sintió como un intenso calor subía a su rostro y al mismo tiempo un rubor la cubría completamente.
El beso terminó en el momento que Iori escuchó dentro del estadio una voz que anunciaba sus equipos. Serían los próximos en enfrentarse.
—Andando Athena… vamos adentro —la apresuró Iori al mismo tiempo que caminaba hacia aquel lugar.
La chica lo miraba con los ojos entrecerrados y un rubor intenso en sus mejillas.
—S-si… vamos… —musitó.
Los dos empezaron a caminar hacia adentro pero antes de cruzar la puerta Iori la detuvo.
—Ya sabes, el perdedor paga la cena, que no se te olvide —le recordó.
—Oh, claro Iori y el ganador elige su premio, lo sé... —le guiñó el ojo mientras sonreía de forma coqueta.
Iori no comentó nada más y los dos se dieron un corto beso antes de entrar.
[…]
Minutos después, dentro del lugar los dos equipos se enfrentaban en la arena de combate.
Nuevamente sólo quedaban ellos dos.
Athena miró a Iori con una sonrisa mientras él parecía muy concentrado. El último round estaba a punto de empezar.
Entonces una voz se escuchó por medio de los altavoces, dando inicio a este enfrentamiento.
—Final round, ¡Fight!
Y la pelea inició.
.
~FIN
