¡ATENCIÓN! Este fic está escrito originalmente en catalán, siguiendo las normas del doblaje en catalán. Lo he traducido automáticamente con el traductor de Google, y aunque lo he revisado para ver si había algún error, es posible que se haya colado alguno. Si encontráis algún error no dudéis en decírmelo.


El entrenamiento oficial ya había terminado, pero Shouyou y Tobio se habían quedado un rato más, y Hitoka estaba con ellos, observándolos.

–¡Kageyama, colócamela! – Exclamó Shouyou mientras corría hacia la red.

Antes de que Tobio lanzara el balón, Shouyou ya había saltado, y no pasó ni medio segundo desde que Tobio lanzó el balón hasta que Shoyou remató. Su ataque coordinado era tan rápido que Hitoka no se lo podía creer. Cada vez que veía aquello se le ponía la piel de gallina.

Los dos chicos siguieron entrenando remates, pero después de no mucho rato, Tobio lanzó mal el balón y Shouyou no pudo rematarlo. Esto les extrañó a los tres.

–Ostras... Lo siento... – Dijo Tobio con la boca pequeña, ya que no le gustaba disculparse.

–No pasa nada. ¡Sigamos! – Dijo Shouyou.

Tobio decidió hacer caso a Shouyou y lanzó otro balón, y aunque Shouyou pudo hacer el remate, ambos vieron que el balón estaba mal lanzado, a diferencia de Hitoka, que no vio nada mal. Shouyou volvió a mirar a su compañero.

–Kageyama.

–¡Sí, ya lo sé! – Dijo Tobio, molesto.

Shouyou volvió a ponerse en posición y Tobio le lanzó otro balón. Este fue el peor de todos. Shouyou no pudo hacer el remate y el balón fue muy lejos. Este se empezó a molestar y miró a su compañero.

–¡Kageyama! ¿Se puede saber qué te pasa?! – Al verlo, Shouyou se extrañó al ver que ponía una cara rara, como si estuviera cansado o soñoliento. – Kageyama, ¿estás bien? No tienes buena cara. – Dijo mientras se acercaba a él.

Shouyou le puso la mano en la frente a Kageyama, primero sorprendiéndole y luego enfadándole.

–Parece que tienes algo de fiebre.

Tobio apartó el brazo de Shouyou dándole un golpe con la mano.

–¡No me toques!

–¡Eh, ¿qué haces?! – Exclamó Shouyou molesto. – ¡Qué me preocupo por ti!

–¡Pues no hace falta que lo hagas!

Antes de que la discusión fuese a más, Hitoka intervino.

–¿Es verdad? ¿Tienes fiebre, Kageyama?

Antes de que Shouyou pudiera decir nada, el propio Tobio respondió.

–No, estoy bien. Puedo seguir.

–¡No es verdad, Kageyama! ¡Tienes fiebre! – Dijo Shouyou. – Tienes que ir a casa.

–¡Estoy bien! ¡Sigamos, venga!

–¡No, Kageyama! Si te esfuerzas con fiebre puedes empeorarlo y no estar al 100% para el próximo partido. Tienes que descansar.

–¡Si descanso no habré entrenado lo suficiente para el próximo partido y quizás perdamos! ¡No pienso parar!

Viendo que los dos chicos estaban a punto de pelearse, Hitoka intervino.

–Pienso que Hinata tiene razón. – Dijo. – Si quieres estar en plenas condiciones para el partido, lo mejor es que ahora descanses. Si no puede que para el partido estés peor y no podáis ganar.

–¿Lo ves?! ¡Incluso Yachi te lo dice! ¡Vamos, no seas tan terco y haznos caso!

Tobio estaba molesto. No quería parar, pero al final terminó cediendo.

–Tsch... Está bien... ¡Pero mañana estaré recuperado y haremos un entrenamiento intensivo!

–¡Lo estaré esperando! – Dijo Shouyou sonriendo.

Una vez que había recogido sus cosas, Tobio se marchó del gimnasio.

–¡Que te mejores, Kageyama! – Dijo Shouyou.

–¡S-Sí! ¡Mejórate! – Dijo también Hitoka.

Ahora ella y Shouyou se habían quedado solos. La chica pensaba que él también se iría, pero le sugirió otra cosa.

–Yachi, ¿quieres entrenar conmigo?

–¿Eh? ¿Y-Yo? – Se sorprendió a la chica.

Shouyou asintió.

–¡¿Qu-Qué dices?! ¡Yo no sabría cómo hacerlo!

–Tranquila, solo tienes que lanzar balones por encima de la red y ya está.

–B-Bueno... De acuerdo...

–¡Genial! – Exclamó Shouyou contento. – Voy a pasarte todos los que hay en el otro campo.

El Shouyou pasó por debajo de la red y mientras corría fue cogiendo los balones que había en el otro campo y pasándoselos uno por uno a Hitoka, que los volvía a colocar en el carro para luego lanzárselos a Shouyou.

–¡Vamos, Yachi!

–¡S-Sí!

Hitoka decidió mostrarse determinada y empezó a pasarle balones a Shouyou. Aunque no era una experta, no era muy difícil, ya que sólo se trataba de lanzar los balones más arriba de la red para que Shouyou los rematara.

Después de varios balones, los dos estaban muy animados, y se les podía ver contentos, lo que hacía que Shouyou, inconscientemente, rematara más fuerte el balón. Y Hitoka, por otra parte, lanzaba los balones más tranquila, sin preocuparse tanto de dónde iban a parar. Esto hizo que, en un momento, Hitoka lanzara un balón sin demasiada destreza, que además Shouyou remató con todas sus fuerzas. Los dos hechos juntos hicieron que Shouyou se hiciera daño en los dedos.

–¡Ay! ¡Aaaaay!

Shouyou se cogió los dedos de la mano derecha con la izquierda. Hitoka, preocupada, se acercó a él.

–¡Hinata! ¿Estás bien?

–Ay... Me he hecho daño en la mano...

Hitoka hizo una reverencia.

–¡Lo siento! ¡Soy muy mala lanzado balones!

–Tranquila, no es tu culpa. – Dijo Shouyou. – Si no se me recupera por el día del partido... ¡Kageyama me matará!

Shouyou estaba aterrado imaginándose a Tobio completamente enfadado con él por haberse lesionado entrenando. Hitoka entonces recordó algo.

–¡Ah! Creo que tengo una crema para las lesiones en la mochila.

–¿En serio?

Hitoka asintió y fue a buscar su mochila, junto a los bancos. Shouyou fue con ella. La chica revisó la mochila y rápidamente encontró la crema.

–Aquí está.

–¡Genial! ¡Gracias, Yachi!

Los dos se sentaron en el banco, uno al lado del otro, Hitoka a la derecha de Shouyou, junto a la mano que le dolía. Hitoka se puso un poco de crema en la mano izquierda.

–Dame la mano.

Shouyou asintió y acercó su mano derecha a Hitoka, apoyándola sobre la mano derecha de la chica. Esta, al sentir el contacto de la mano de Shouyou con la suya se sobresaltó un poco. Hacía años que no cogía la mano de un chico, desde preescolar, y estaba algo nerviosa. Hitoka tragó saliva y con la mano izquierda empezó a aplicar crema sobre la mano derecha del chico. Aquel simple contacto, pasar su mano izquierda por la mano derecha de Shouyou, frotándole la palma de la mano y los dedos, la puso bastante nerviosa. El corazón le latía muy deprisa, y la chica empezaba a olvidarse de que estaba poniendo crema a Shouyou, y empezaba a mover su mano y sus dedos sólo con la idea de frotarlos con los de Shouyou, ya que aquel contacto, aunque le hacía sentir nerviosa, también le resultaba agradable. Poco a poco, Hitoka se fue dejando llevar por esa sensación, simplemente moviendo su mano y sus dedos para sentir cómo se frotaban con los del chico, llegando a poner juntas las dos palmas, con los dedos extendidos.

Su mano es más grande que la mía...

La chica movió todos sus dedos un poco hacia la derecha, entrelazando sus dedos con los de Shouyou. La mente de Hitoka estaba en otro mundo, y se había olvidado completamente de que el chico estaba viendo y notando todo lo que ella estaba haciendo. Shouyou estaba un poco extrañando viendo lo que estaba haciendo su amiga.

–Esto... Yachi...

–¡Ah! ¡¿S-Sí?!

–¿Ya estás?

–¿Eh? ¡Ah, s-sí! – Respondió Hitoka, claramente nerviosa y con las mejillas rojas. – ¿C-Cómo está?

Shouyou sonrió.

–Mucho mejor, ya casi no me duele. – El chico miró a su amiga y le dedicó una enorme sonrisa. – Gracias, Yachi.

Aquella sonrisa hizo latir fuertemente el corazón de Hitoka. ¿Qué era eso? La chica no sabía lo que estaba pasando, nunca antes se había oído así. Shouyou recogió sus cosas y se despidió de ella.

–¡Hasta mañana, Yachi!

–¡Ah! ¡S-Sí! ¡Ha-Hasta mañana!

Shouyou se fue y Hitoka se quedó un rato allí, mirando al vacío, sintiendo aquella sensación y notando todavía en sus manos el contacto con las manos del chico. Después de un par de minutos, algo más calmada (pero todavía nerviosa) Hitoka recogió sus cosas y se marchó del gimnasio, cerrando la puerta con llave.

Una vez en casa, ya en la cama y con el pijama puesto, la chica miraba su mano izquierda, que había pasado por la mano derecha de Shouyou, incluso llegando a poner juntas las dos palmas, con los dedos extendidos, y entrelazándolos con los del chico. Hitoka se puso roja como un tomate y se tapó completamente con la manta, muriéndose de vergüenza.

¡Noooooooooo! ¡¿Pero cómo he podido hacer algo así?! ¡¿Y si se hubiera dado cuenta?! ¡Qué vergüenza! – Luego se calmó un poco. – Suerte que no se ha dado cuenta... – Entonces se dio cuenta de algo. – Un momento... ¿No se ha dado cuenta? Es prácticamente imposible que no se haya dado cuenta. Estaba pasando mi mano por la suya y... – Hitoka decidió no volver a pensar en aquello o se volvería a morir de vergüenza. – Pero aun así, él parecía que no notara nada. Si una chica hiciera esto a cualquier otro chico, probablemente se pondría nervioso. Si Shimizu hiciera esto a cualquier miembro del equipo se habrían puesto tan nerviosos que no hubieran podido ni hablar. Pero conmigo no ha notado nada... Claro que Shimizu es muy guapa... Puede que... ¿Que no haya notado nada porque no me encuentre guapa? – Pensar en aquello entristeció a Hitoka. – Quizá le parezca fea y por eso no sintió nada. O quizás ni siquiera me ve como una chica...

Hitoka estaba cada vez más triste, pensando en eso. No queriendo preocuparse más, decidió simplemente cerrar los ojos, quedándose dormida al cabo de unos minutos.


Durante los días siguientes, tanto en los entrenamientos como en partidos, Hitoka, desde el banco, pudo ver un par de veces que Kiyoko hablaba con Shouyou, y éste se ponía tan nervioso que era incapaz de articular dos palabras seguidas sin tartamudear. Aquello la hizo entristecer más. Con Kiyoko se ponía tan nervioso que no podía mantener la compostura. En cambio, ella le frotó las manos, e incluso entrelazó sus dedos con los del Shouyou y este no sintió nada. No es que se sintiera triste porque no le gustara a Shouyou, más que nada porque ni ella sabía si le gustaba él. Era por la diferencia de reacciones. Kiyoko podía ponerle increíblemente nervioso por el simple hecho de hablarle, sin necesidad de tocarlo. En cambio, ellos dos se tocaron directamente y el chico no sintió nada. Aunque no le gustase, esperaba que al menos se pusiera un poco nervioso viendo que una chica le pasaba una mano por la suya. Ella lo estaba, y lo hubiera estado igual con cualquiera de los chicos del equipo, aunque no le gustaran. En cambio, no lo habría estado nada si se lo hubiera tenido que hacer, por ejemplo, a un niño pequeño. Aquella comparación la hizo entristecer más, pensando que Shouyou la veía como una niña pequeña, o inmadura, por lo que sería incapaz de sentir nada por ella. Hitoka no podía dejar de dar vueltas a todas estas cosas.

–¿Yachi? – Dijo Shouyou a menos de un metro de ella.

–AAAAAAAAAAH! – Gritó la chica, asustada, haciendo que Shouyou también se asustara, gritando él también.

¡Aaaaaaaaaah!

–¡¿Qué-Qué pasa?! – Exclamó Hitoka. – ¡Me has asustado!

–¡Tú me has asustado a mí! – Exclamó Shouyou todavía asustado.

–¡Lo-Lo siento!

Después de esto, la chica se calmó, mostrándose con la misma expresión que antes.

–Yachi, ¿estás bien? Te veo un poco triste.

–¿Eh? – La chica levantó la mirada.

Con una sonrisa, Shouyou dijo:

–Sabes que si tienes cualquier problema me lo puedes decir, ¿verdad?

Aquella sonrisa hizo que su corazón volviera a latir fuertemente. Superada aquella sensación, la chica volvió a mostrarse triste y bajó la mirada.

–Hinata... ¿Crees que soy guapa?

Aquella pregunta descolocó completamente a Shouyou.

–¿Eh? ¿A qué viene esto?

–Contesta, por favor... ¿Crees que soy guapa?

Shouyou parpadeó un par de veces, extrañado, pero luego contestó.

–Claro que eres guapa.

Esto sorprendió a la chica, que levantó la cabeza para mirar directamente a Shouyou.

–¿En serio?

–¡Claro que sí! ¿Cómo puedes dudarlo?

Hitoka volvió a mostrarse un poco triste.

–Es que... He visto que cuando Shimizu te dice algo te pones muy nervioso y apenas puedes ni hablar. Y no me extraña, es muy guapa. Pero en cambio puedes hablar conmigo como si nada. Pensaba que quizás era porque no soy muy guapa y por eso puedes hablar conmigo sin problemas.

Shouyou estaba sorprendido por lo que había dicho Hitoka.

–¿Pero qué tonterías dices? – Exclamó, sorprendiendo a Hitoka, que volvió a mirarle directamente.

–¿Eh?

–Es cierto que me pongo nervioso cuando Shimizu me habla, y es cierto que es guapa, pero eso no quiere decir que tú no lo seas. Además, no sólo me pongo nervioso porque sea guapa, sino porque va a tercero, y tengo poco trato con ella, así que no sé muy bien cómo hablarle. En cambio, tú y yo hablamos mucho más y vamos los dos a primero. Que los dos tengamos la misma edad y sea más cercano contigo que con Shimizu hace que me sea más fácil hablar contigo. Además, es mejor así, ¿no?

–¿Eh?

–Es mejor que podamos hablar con normalidad, ¿no? Si hablando contigo me pusiera tan nervioso como cuando hablo con Shimizu no podríamos ser tan buenos amigos. – Dijo con una inocente sonrisa.

Aquella sonrisa hizo, de nuevo, que el corazón de Hitoka latiera con fuerza. Y poco después ella también sonrió.

–Gracias, Hinata. Me siento mucho mejor.

–Me alegro. No me gusta verte triste.

Hitoka amplió un poco más su sonrisa. Entonces el entrenador Ukai llamó a los chicos.

–¡Venga, se acabó el descanso! ¡A entrenar!

–¡Sí! Bien, nos vemos después.

Shouyou ya iba de nuevo en dirección a la pista, pero Hitoka le llamó antes de que hubiera dado ni dos pasos.

–¡Esto...! ¡Hinata! – El chico se giró. – Me gustaría... Pasar más tiempo contigo...

El chico se extrañó un poco, pero enseguida sonrió y asintió.

–Por supuesto. Cuando quieras.

Hitoka y Shouyou ampliaron sus sonrisas, y después de pocos segundos el chico volvió a la pista para seguir entrenando con los demás. Hitoka estaba sonriendo, aliviada. Shouyou había dicho que era guapa y que eran buenos amigos. Aquello le había hecho sentir muy feliz, y ver a Shouyou sonriendo también la hacía sentir así. Hitoka entendió entonces que lo que sentía por Shouyou no era sólo amistad. No estaba segura de que le gustara, pero no descartaba que pudiera acabar gustándole. De hecho, en el fondo incluso deseaba que así fuera.

La chica sonrió, feliz, esperando que el tiempo que pasaran juntos les hiciese más cercanos e hiciera que Shouyou la viera también como algo más que sólo una amiga, y quizás dentro de un tiempo podría decirle a Shouyou que le gusta.