CAPÍTULO 19. SLYTHERIN VS RAVENCLAW
Decidí pasar el fin de semana encerrada en mi habitación. No quería cruzarme con Mattheo Riddle más de lo estrictamente necesario. Pansy había salido a Hogsmeade con Malfoy, así que me había pasado la tarde del domingo leyendo en mi cama.
La gema parlanchina que me había regalado Anthony vibró en mi muñeca, sobresaltándome. La miré extrañada cuando se tornó de color negro. Conocía los colores de la gente que me enviaba normalmente: cuando era Pansy se tornaba rosa chicle; cuando era Theo, gris claro; y cuando era Anthony se volvía de color azul cielo… Toqué la gema con el dedo, con curiosidad, y el mensaje apareció rápidamente frente a mis ojos.
Mattheo: Llevo dos días buscándote. Estoy a punto de tirar la puerta de tu habitación y entrar a la fuerza, princesa.
Genial. No era suficiente que me persiguiera en persona, ahora también lo hacía a través de mensajes. Estúpido Riddle.
Ignoré el mensaje e intenté concentrarme de nuevo en la lectura, pero la gema volvió a vibrar.
Mattheo: Rosalie, te juro que como no me respondas, le echaré maldiciones imperdonables a todos los alumnos de primero hasta que salgas de tu habitación.
No pude evitar que se me escapara una sonrisa estúpida ante sus palabras. La gema vibró de nuevo.
Mattheo: Hoy es mi cumpleaños…
Rosalie: Felicidades, idiota.
Suspiré con exasperación. ¿Por qué siempre tenía que conseguir lo que él quería? ¿Por qué siempre me hacía ceder?
Tras ver que no seguía con su acoso, volví a agarrar el libro, pero antes de abrirlo, la gema vibró, haciendo que mi corazón se acelerara estúpidamente.
Mattheo: Arriésgate, Rosalie. Habla conmigo, vamos, conóceme. Te reto.
Rosalie: ¿De qué quieres hablar?
Mattheo: Quiero hablar de ti, tus esperanzas, tus sueños, todo lo que quieras en la vida.
Rosalie: Solo para que te quede claro: soy demasiado lista como para dejarme seducir por esas cursiladas.
Mattheo: Bueno, por eso me gustas.
Rosalie: ¿Te gusto? Dirás que te gustó follarme.
Mattheo: Bueno… Define gustar. No duermo, me siento mal todo el tiempo, como si tuviera algo en mi maldito estómago.
Rosalie: ¿Mariposas? Buenas noches, idiota.
Mattheo: Buenas noches, cara mia.
Me estaba empezando a dar cuenta de que el diablo era real, y no era un pequeño hombrecillo rojo con cuernos y cola… El diablo podía ser hermoso, porque después de todo, era un ángel caído, y solía ser el favorito de Dios…
Los siguientes días transcurrieron con relativa calma. Intentaba mantenerme alejada de Mattheo tanto como fuera posible, pero la verdad era que no resultaba tarea fácil. Siempre parecía encontrar la manera de aparecer cuando menos lo esperaba, con alguna broma sexual.
Cuando acabé las clases, me dirigí al campo de quidditch. Le había prometido a Anthony que iría a ver el estúpido partido de Slytherin contra Ravenclaw. Encontré a Pansy en las gradas y me senté junto a ella. Me había sentido algo culpable las últimas semanas por no haberle contado nada sobre mi "encuentro" con Mattheo, pero cuanta menos gente lo supiera, mejor.
El comentarista presentó a todos los jugadores de Slytherin y Pansy aplaudió como una loca cuando Draco salió al campo con su reluciente Nimbus 2001. Tras él, salió Mattheo Riddle. Estaba impresionante. Jugaba con una destreza que dejaba a todos boquiabiertos. Se movía ágilmente por el campo, esquivando las bludgers y lanzando la quaffle con una precisión asombrosa. No podía negar que su habilidad en el juego era excepcional, a pesar de mis esfuerzos por ignorarlo.
El partido estaba bastante parejo, y ambos equipos se esforzaban al máximo. Mattheo volvía a tener la quaffle, y se dirigía con gracia hacia el aro, pero Anthony lo placó, haciendo que la pelota se le escurriera entre las manos. La grada de Ravenclaw rugió con pasión.
Anthony, con una mirada desafiante, se interponía constantemente en el camino de Mattheo, como si estuviera decidido a no permitirle anotar. Esto no iba a acabar bien…
A Mattheo se le acabó la paciencia finalmente cuando Anthony lo placó y le arrebató la quaffle de nuevo. Se dirigió a toda velocidad hacia el golpeador de Slytherin, quien le entregó el bate, y golpeó con fuerza una bludger directa a la cabeza de Anthony, quien la esquivó por los pelos.
La señora Hooch advirtió a Mattheo, pero él solo levantó las manos en señal de inocencia, con una sonrisa burlona en los labios.
Unos minutos después, Draco atrapó la Snitch, y el silbato marcó el final del partido. Slytherin había ganado y la multitud estalló en vítores y aplausos.
Vi desde lejos cómo Malfoy le entregaba la Snitch a Mattheo, quién la agarró dentro de su puño y se acercó volando hacia mi sitio en la grada a toda velocidad.
—¿Qué hace? —preguntó Pansy confusa, mientras lo veía acercarse.
—No tengo ni idea —admití.
Cuando Mattheo se detuvo volando frente a mí, con una sonrisa triunfal, abrió la mano, ofreciéndome la Snitch Dorada y noté cómo todas las miradas del campo se detenían sobre mí.
—¿Qué diablos estás haciendo? —dije entre dientes, intentando fingir una sonrisa.
—Te dedico nuestra victoria, princesa —sonrió él, burlón, todavía con la Snitch en la mano.
—Rosalie, ¡cógela! —me pidió Pansy, en voz baja, mientras me daba un codazo en las costillas.
—No —dije rápidamente.
—¡Vamos! —me apresuró Pansy, en un susurro.
—Puedo quedarme aquí todo el día —me aseguró Mattheo, con una estúpida sonrisa en la cara.
Extendí mi mano rápidamente para coger la Snitch, pero Mattheo agarró mis dedos con fuerza y rozó mi dorso con sus labios mientras me dedicaba una sonrisa seductora.
Podía escuchar perfectamente en mi cabeza los gritos mentales de Pansy. Podía escuchar las maldiciones silenciosas que Anthony le lanzaba a Mattheo desde la otra punta del campo. Podía escuchar la risa burlona de Malfoy. Y podía escuchar los murmullos de toda la gente que miraba con atención el espectáculo.
—Idiota —lo fulminé con la mirada, antes de agarrar la maldita Snitch y salir del campo a toda velocidad, seguida muy de cerca por Pansy.
Caminé hasta Hogsmeade para intentar tranquilizarme, y decidí que me merecía tomar una cerveza de mantequilla después de la escena que había montado Riddle.
Pansy había respetado mi silencio durante todo el camino hasta las Tres Escobas, pero, tras el primer sorbo, me obligó a contarle con todo lujo de detalles todo lo que había ocurrido entre Mattheo y yo.
—¡Eres una amiga horrible! —exclamó, fingiendo estar dolida. —¿Cómo has podido callarte esta bomba durante tanto tiempo? —me reprendió. —¿Y durante cuanto tiempo más vas a seguir rechazándolo y fingiendo que no te importa? —preguntó.
—No estoy fingiendo nada, Pansy. Es el hijo de… Ya sabes. Se convertirá en un mortífago, si es que aún no lo es. Además de ser un maldito psicópata. No quiero meterme en nada de eso.
—Te gusta —dijo.
—No me gusta —la fulminé con la mirada. —Pasamos un buen rato, fin del asunto —sentencié.
—Te gusta desde el primer momento en el que lo viste entrar en Hogwarts. Si no, ¿por qué lo tuyo con Anthony no funcionó? Estás loquita por Mattheo Riddle —soltó una risita.
—Lo mío con Anthony no funcionó porque… Porque…
—¿Porque no es Mattheo Riddle? —sugirió, divertida.
—¿Sabes qué, Pansy? Anthony está justo ahí —dije, señalando con la barbilla. —Quizá debería ir e intentarlo de nuevo.
—Si es lo que quieres… —soltó con ironía. —O también podrías quedarte en esta mesa, ya que todo el equipo de Slytherin viene hacia aquí. Todo el equipo —repitió burlona, haciendo énfasis.
—¡Anthony! —lo llamé, mientras me acercaba con decisión a su mesa. —Buen partido —sonreí, sentándome a su lado en una silla.
—Estás de coña, ¿verdad? —preguntó, con el ceño fruncido.
—Mira, si lo dices por lo de Mattheo, yo… —los gritos y silbidos de los chicos del equipo de Slytherin ahogaron mis palabras, retumbando en toda la taberna.
Puse los ojos en blanco al ver cómo levantaban a Malfoy y a Riddle por los aires al grito de: "¡Slytherin Campeón!"
—Oye, Rosalie… —empezó Anthony. —Eres una chica genial: eres divertida, lista y preciosa. Me gustas. Me gustas de verdad. Pero creo que primero deberías arreglar los asuntos que tienes con él —dijo, señalando con la cabeza a Mattheo.
—No tengo ningún asunto con él, Anthony —dije.
Él se quedó callado por un momento, dedicándome una sonrisa triste.
—Creo que eres la única persona que aún no se ha dado cuenta de eso…
—Anthony… —intenté razonar.
Pero me detuve. ¿Qué iba a decirle? No tenía sentido seguir con esto…
—Me ha gustado pasar tiempo contigo —sonreí, finalmente.
Me levanté de la mesa y entré en el servicio. Necesitaba echarme agua fría en la cara para aclarar mis ideas. Mi vida entera se había puesto patas arriba durante los últimos meses.
Estaba cansada y quería estar sola, así que me pasé por la mesa donde se habían amontonado todos los jugadores para despedirme de Pansy.
—Lo siento por lo de tu novio… —sonrió Mattheo cuando me detuve. —Todos esos músculos no le han ayudado demasiado —dijo, haciendo que toda la mesa estallara en carcajadas.
—¿Qué le has hecho, Mattheo? —lo fulminé con la mirada.
Por Merlín.
—Yo no me preocuparía por eso, princesa —soltó con arrogancia.
—Mattheo Riddle, dime ahora mismo lo que le has hecho a Anthony o…
—Solo ha sufrido… Una pequeña transformación —rió Malfoy.
—Sí… —admitió Mattheo. —Hemos pensado que, ya que se comporta como un perrito cuando está a tu alrededor, podríamos convertirlo en uno de verdad.
—Sólo durará unos minutos —intentó tranquilizarme Pansy, al ver mi expresión.
—¿Por qué no nos haces un favor a todos, y te vas al infierno de una maldita vez, Mattheo? —escupí, antes de salir de las Tres Escobas.
