CAPÍTULO 25. NO PUEDO…
Cuanto más se acercaba el fin de curso, peor estaba Mattheo. Estaba pálido y ojeroso. Prácticamente no comía, ni iba a clases. Sabía que era por algo que le estaban obligando a hacer, y que no podía contármelo. Mi estado no era mucho mejor: verlo de ese modo estaba acabando conmigo poco a poco…
—Señorita Sallow, ¿podría decirnos cuáles son los ingredientes del Veritaserum? —preguntó el Profesor Slughorn, mientras yo jugueteaba distraídamente con la pluma sobre mi mesa.
—No lo sé, profesor… —admití.
El profesor negó lentamente con la cabeza, decepcionado.
—Quiero que se quede a recoger los ingredientes de pociones después de clase, Señorita Sallow. Quizá de ese modo aprenda la importancia de prestar atención en clase —dijo, con severidad.
Asentí sin mirarle. Mi mente estaba en otro lugar, en otra persona…
Al terminar la clase, recogí mis tomos lentamente, esperando a que los demás estudiantes salieran antes que yo. No tenía fuerzas para enfrentarme a sus miradas acusadoras y murmullos incesantes desde que empecé con Mattheo.
Cuando me dirigí a la mesa del Profesor Slughorn para recoger los ingredientes esparcidos, noté cómo alguien tocaba mi hombro. Me giré lentamente y me encontré con los ojos preocupados de Theo.
—¿Estás bien, Rosalie? —preguntó, frunciendo el ceño.
—¿Ahora te importa? —le espeté, taladrándolo con la mirada. —No deberías preocuparte por una "zorra patética" —solté, repitiendo las palabras que me dijo una vez.
Hacía meses que Theo no me hablaba, desde la pelea con Mattheo. Seguí recogiendo los ingredientes y colocándolos en la estantería.
—Que las cosas no estén bien entre nosotros, no significa que me preocupe por ti… Siento mucho haberte llamado eso, yo… —se disculpó.
—Déjalo, no importa —suspiré.
Las lágrimas que había luchado por contener empezaron a descender incesantemente. Sentía cómo la tormenta de sentimientos tronaba dentro de mí. Echaba de menos a Nott, me sentía impotente por no poder ayudar a Mattheo…
Él me abrazó con fuerza, y sollocé aferrada a él, dejándolo salir todo. Vi, por el rabillo del ojo, un pelo rubio platino, y un instante después, Theo estaba en el suelo, sangrando abundantemente.
Contuve un grito, horrorizada, y me arrodillé frente a Nott, que se revolvía del dolor en el suelo, con el torso lleno de cortes. Mattheo y Draco permanecían en el marco de la puerta del aula de pociones, con una mirada fría como el hielo.
—¡¿Qué coño hacéis?! —grité, desesperadamente.
Mattheo simplemente le hizo un gesto a Malfoy, quien se acercó a Theo.
—Vulnera Sanentur —pronunció.
En un instante, las heridas de Theo dejaron de sangrar y empezaron a cerrarse.
—Deberías ir a hablar con él… —sugirió Malfoy. —Yo me quedo con Nott —me aseguró.
Levanté la mirada hacia el marco de la puerta, pero Mattheo ya no estaba allí. Corrí rápidamente por el pasillo hasta que lo alcancé. Lo llamé varias veces, pero no se detenía, así que lo agarré con fuerza de la mano, obligándolo a darse la vuelta.
—¿Ha sido Draco? —pregunté, confundida. —Porque no veo por qué ibas a lanzarle tú una maldición a mi mejor amigo —dije, clavándole la mirada.
—Draco no ha hecho esto. Lo he hecho yo —admitió, con los ojos fríos como el hielo. —He pensado por un segundo que estabas engañándome, así que he desgarrado a Theo. Eso demuestra cuanto control tienes sobre mí.
Sus palabras duras, junto a su mirada oscura, hicieron que un escalofrío recorriera mi espalda. ¿Control sobre él? Lo último que tenía yo sobre Mattheo Riddle era control.
—Y yo aun sigo aquí, contigo —dije. —Eso demuestra el control que tienes tú sobre mí —dije, exhausta.
—¿Te estás escuchando, Rosalie? —rió con amargura. —¡Casi mato a tu mejor amigo, y tú encuentras a alguien más a quien culpar! —exclamó.
—¿Quieres que te culpe a ti? Hecho, es fácil. La has cagado, Mattheo, otra vez —solté.
—¡Gracias! —exclamó con sarcasmo.
—Me has puesto en una posición en la que tengo que defenderte, otra vez. En la que tengo que perder todos mis principios, otra vez. ¡En la que tengo que ir en contra de todo lo que creo, otra vez! —grité desesperada. —¡Porque te amo!
Ahí estaba. Lo que había sabido desde hacía tanto tiempo y me había negado a confesar.
—¡Entonces, deja de amarme! —me gritó él, fuera de sí.
—¡No puedo! —exclamé, conteniendo las lágrimas que amenazaban con desbordarse de nuevo.
—Bueno, ese es el problema… No se puede amar a alguien como yo, Rosalie. Esto no funciona… Esto tiene que terminar —sentenció, cortándome la respiración.
Le había confesado mis sentimientos, después de todo ese tiempo. Había vuelto a ceder primero. Y él no sentía lo mismo, estaba claro.
Sentía que me asfixiaba. Estaba mareada, mientras sus palabras daban vueltas en mi cabeza.
—Acaba de hacerlo… —logré pronunciar. —Esto se ha acabado. Hemos terminado.
—Solo voy a pedirte una cosa más —dijo. —Vete de Hogwarts antes del último día de curso —ordenó.
Estaba en estado de shock, incapaz de hablar, o moverme, así que agradecí cuando Mattheo me dedicó una última mirada distante y se dio la vuelta. Mientras se marchaba por el pasillo de las mazmorras, sus pasos resonaban con fuerza en mi cabeza.
Me quedé allí, en medio del pasillo, con el corazón martilleándome con fuerza en los oídos. Sus palabras retumbaban en mi mente: "Esto tiene que acabar". La realidad me había golpeado con fuerza. ¿Qué esperabas, Rosalie Sallow? Me lo merecía, por imbécil.
