Turn on music and dance together.
«No sólo no se puede explicar el amor. La verdad es que no se puede ni hablar del tema.»
—Charlie Brown.
Jon no conocía a la mejor amiga de Soi Fong hasta el momento, si había oído su voz por el celular de la capitana, la voz de la mujer era bella y parecía ser agradable, pero era lo único que sabía con certeza. Shaolin le había comentado que Mei era cantante e instructora vocal, eso podría explicar su tono cristalino, también que estaba casada y el esposo de ella parecía tener algún tipo de cautela hacia Shao, cosa divertida, pero era todo.
Por muy gentil que la mujer pudiese parecer, Jon seguía muerto de los nervios, sus manos sudaban y tenía un nudo en el estómago. No dejaba de pensar en lo que podría pasar si él no le generaba una buena impresión a Mei Ling, había oído muchas historias de terror acerca de cómo la mejor amiga de tu novia puede hacer tu vida un infierno si no te aprueba para ella. También cabía la posibilidad de que Mei pudiese ser una bruja cuyo único aspecto bonito era su voz, montones de escenarios, uno más fatalista que el otro pasaban por la mente del héroe, si no fuese un hombre invulnerable que podía hasta pararse en el sol y sobreviviente de cinco años encerrado en otra dimensión lo más probable es que hubiera estado temblando.
—No pongas esa cara. Mei no va a comerte ni nada por el estilo —le dijo Soi Fong cuando se dirigían de la mano al lugar de trabajo de Mei.
—¿Tú no te pusiste nerviosa cuando te presenté a Damian como mi pareja?
—No, porque sabía que no cambiaría que me sigue viendo como una bruja —respondió la capitana.
—¡Pues esto es diferente! —replicó Jon como si estuviese a punto de llorar— Yo estoy a punto de conocerla por primera vez.
Soi Fong suspiró y con la mano libre le acarició el brazo. —Está bien, Jon. Seguro ella te va a amar.
—¿Cómo estás tan segura?
—Porque nunca le has dado motivos para desconfiar de ti o algo parecido ¿Crees que yo sería capaz de decirle algo sobre ti que hiciera que te odiara?
—No, claro que no.
—Entonces no tienes que preocuparte por eso —luego ella se sonrojó y apartó la mirada—, y puede que también...
—¿Qué? —preguntó Jon.
La joven se puso más roja y ocultó sus ojos tras su flequillo, eso significaba que iba a decir algo muy lindo, o muy atrevido, o quizá ambos. Jon esbozó una sonrisa traviesa y se inclinó un poco sobre ella.
—Shaolin —dijo tentativamente—. Sabes que aunque no me digas algo yo lo sabré.
—Tú sabes.
—¿Sé qué?
—Tú también tienes... Tu encanto natural —Shaolin se cruzó de brazos, como queriendo poner una barrera y se negó a mirarlo—. Sería raro que no le agradaras.
—¿Dices que soy encantador?
Su novia lo fulminó con la mirada. —No vas a hacerme repetirlo.
Los ojos de Jon brillaron de ternura y fue a abrazarla.
—Eres tan linda.
—¡Estamos en público! —reclamó ella, ahora su rostro parecía una farola de navidad. Aunque esos arranques de timidez que solía tener combinados con su pequeño tamaño la hacían ver más linda a ojos de Jon.
—¿Cuál público?
Efectivamente, no había nadie pasando por esa calle, por lo que una Soi Fong arrebolada de pies a cabeza sencillamente se dejó abrazar por el héroe. Se quedó un ratito dejando que él la apretase contra su pecho hasta que carraspeó y se apartó con cuidado. Ahora Jon tenía una gran sonrisa.
—Creo que me siento mejor —dijo el de ojos azules a lo que la capitana giró los ojos.
—Bueno, simplemente vamos.
Dicho esto Soi Fong volvió a agarrarle la mano a Jon y lo arrastró hasta el edificio. En su mayor medida era una academia de artes, pero ocasionalmente sí sacaban canciones y vídeos musicales como proyectos finales. Soi Fong le había dicho que allí había conocido a Mei y también había estado puliendo sus habilidades de baile últimamente, a Jon le alegró un montón eso porque la Soi Fong que él había conocido a sus dieciocho, la que era una maravillosa bailarina pero no se daba la oportunidad de volverlo a disfrutar desde que su maestra se marchó estaba empezando a crecer, a redescubrirse a sí misma. Y él estaba ahí para verla.
Luego de subir unas escaleras y pasar por un par de aulas y lo que parecían ser salas de grabación llegaron a una puerta negra, que sólo estaba ajustada, Soi Fong giró la manija y sólo asomó la cabeza, la música y una voz femenina, dulce pero poderosa fue lo que Jon escuchó, al parecer estaba insonorizada la sala. Soi Fong se giró hacia Jon y le hizo un gesto.
—Podemos entrar.
Así lo hicieron, y Jon sintió que las manos le volvían a sudar.
Cerca de ellos y dándoles la espalda estaba un hombre de cabellos oscuros que al parecer era el productor, tenía audífonos grandes en su cabeza similares a los que la mujer al otro lado del cristal utilizaba, el lado del micrófono. Ya Jon había visto a Mei en algunas fotos del teléfono de Soi Fong así que fue fácil reconocerla: Su cabello negro era similar en color a Soi Fong porque se veía azul por ciertas partes, era bastante más alta que su novia aunque sólo le llegaba a él a los omóplatos, bastante curvilínea, rasgados ojos azules, pestañas espesas y rasgos afilados.
—Esta es una última vez y podrás descansar —dijo el productor— En el inicio procura sonar más melancólica, y eleva el tono en donde te dije, como si estuvieras cansada de todo y sólo quisieras desahogarte ¿Puedes hacer eso? —Mei asintió— Bueno, comienza.
—Siéntate, Jon —le llamó su novia señalando una silla junto a ella, ya se había sentado, Jon hizo esto con movimientos que intentaban ser discretos, tratando de no ser notado y no interrumpir la grabación.
La canción volvió a empezar, aunque parecía que estaba incompleta, era una canción de desamor y el fragmento que Mei cantó era el que Jon había oído cuando entraron. Jon se atrevería a decir que en lo poco que escuchó, se hacía una idea del talento vocal que tenía la mujer, el que la exigente Soi Fong varias veces había elogiado.
Pero el tema de la canción también llegó a ponerlo nervioso, más de lo que ya estaba. Volvía a pensar que podría terminar arruinándolo, no sólo al conocer a Mei sino acabar arruinándolo todo con Soi Fong en general, pensando que él quizá podría convertirse sin querer en alguno de esos tantos sujetos a los que les dirigían este tipo de canciones.
Demonios, por esto no le gustaban las canciones nostálgicas, lo hacían sobrepensar.
La música se detuvo, el productor le dijo a la mujer que reposara un rato y salió, y Jon aún no se sentía listo. Mei se quitó los audífonos, los colgó en el micrófono y salió de ahí. Fue cuando Soi Fong se puso de pie y se acercó.
—Hola, Mei-chan —Mei dejó salir una sonrisa y se acercó a Soi Fong para abrazarla.
—Hola, Soi Fong. No pensé que ibas a venir aquí —Mei se separó de la capitana, aunque sus manos seguían sobre los hombros de esta—. Pensé que me verías en mi casa.
—Siempre es divertido incomodarle el día a tu marido, pero hoy no —respondió Soi Fong—. Traje a alguien conmigo.
Era su momento, Jon, maldiciéndose a sí mismo cuando sintió que sus palmas volvían a sudar se puso de pie y se acercó hasta posicionarse delante de ellas, hizo el máximo esfuerzo para no parecer tan torpe cuando hizo una reverencia cortés.
—Un placer conocerte, Mei Ling. Yo soy...
—Jon Kent. El novio de Soi-chan ¿No?
—Así es —respondió nerviosamente el muchacho mientras se volvía a incorporar.
La mujer, aún abrazada a Soi Fong miró a Jon fijamente, con una expresión que ponía a Jon cada vez más nervioso ¿Lo estaba analizando? ¿Lo estaba juzgando? Soi Fong nunca le había dicho que Mei no fuera de esas personas superficiales que te desechan porque te notan inquieto ¿Pero y si sólo lo dijo para hacerlo sentir mejor? ¿Y sí...
Se sobresaltó cuando de un momento a otro Mei se rió.
—Tranquilo Jon, pareciera que estuvieras en un interrogatorio —la sonrisa de la mujer lo tranquilizó de sobremanera, y más cuando esta soltó a Soi Fong y también hizo una reverencia—. Yo soy Mei Ling, encantada de conocerte en persona finalmente.
Un poco menos nervioso, Jon sonrió.
—El placer es mío.
Estuvieron un rato hablando en lo que el tiempo de descanso de Mei transcurría antes de volver a grabar. Mei era agradable, cuando se dio cuenta de lo temeroso que parecía el joven héroe en un principio ella lo trató con una amabilidad que rozaba lo maternal, asegurándose de darle su espacio y no abrumarlo. Jon lo apreció bastante, y comprendió por qué a pesar de que ella y su novia eran distintas en todo sentido se llevaban tan bien, hasta le recordaba a él y Damian.
Puede que no viniese al caso, pero el muchacho en algún momento se acordó de algunas conversaciones que tuvo con Soi Fong ella le había confesado ciertas inseguridades con respecto a su propio cuerpo, que su cuerpo no tenía nada de especial, la había oído compararse con Yoruichi y Mei por ser estas más exuberantes, y según la misma Soi Fong, más bonitas que ella.
Jon sabía que decirle que para él ella era la más hermosa no funcionaría, porque Soi Fong no se lo creería por más que se lo dijera con el corazón en la mano y por más que eso era lo que él pensaba —con el derecho de sonar cursi o cliché—. Lo que sí pudo decirle fue esto:
«Por más bonitas que sean no sacudieron mi mundo desde que aparecieron, no me enseñaron a fortalecerme más allá de lo físico, no tienen marcas en sus almas que utilizan para hacerle creer a la gente que todavía puede ponerse de pie en lo peor. No impactan igual que tú, Shao. Y te amo por eso»
Jon aceptaba con dolor que ni con todos los halagos del mundo podría ayudarla a aceptar su cuerpo hasta que ella empezase ese proceso, pero mientras tanto sí que podría recordarle que su encanto iba mucho más allá de lo físico, más allá de lo que eran capaces las demás personas, que la hacía especial no sólo a sus ojos sino a los ojos del mundo —porque sí, por accidente se enteró de que Shao poseía un club de fans no tan pequeño entre sus subordinados—.
Y cuando se despidieron de Mei, quien volvió al estudio de grabación, y Shaolin lo llevó a una sala de baile con la intención de ensayar varios pasos frente a él ese pensamiento no hizo sino afirmarse. Mientras veía a Soi Fong mover brazos, piernas, caderas, torso y cabeza con una agudeza tal que cada paso conectaba con el otro, con un control de su cuerpo que podría sin problemas hacerse pasar por el de una bailarina profesional, mientras se le salía la sonrisa al contemplar el brillo natural de su novia del que ni ella misma era consciente lo volvió a pensar.
Sin miedo a sonar cursi o cliché podía decir que su Shaolin era la chica más linda que conocía.
—¿Qué hacemos aquí, Shao?
Ella no le había dicho nada acerca de a dónde iban, pero fueron a parar al mismo edificio donde Mei cantaba y Soi Fong bailaba, sólo que llegaron a la azotea de este. La azotea tenía varios muros en los que había plantas y flores, una altísima verja que impedía que alguien pudiese caer —o a lo mejor saltar— por los bordes. Lo curioso era que había una corriente que tenía enchufado un micrófono y un altavoz, como si alguien hubiese hecho un karaoke improvisado allí.
Soi Fong no le contestó y en su lugar se sonrojó, lo único que le pudo sacar al respecto cuando entraron al edificio, fue el que en el sitio a dónde iban no molestarían a nadie. Pero ahora habían llegado y al parecer este era el lugar. Jon admitía que era un sitio bonito, los muros de las plantas y el suelo eran de un bonito color marrón y había un par de luces encendidas ya, debido a que ya estaba anocheciendo. Pero seguía sin saber qué hacían allí.
La puerta de la azotea se abrió y llegó otra persona. Jon creyó que quizá era un encargado de la limpieza, un empleado o hasta un guardia de seguridad dispuesto a echarlos de ahí. Pero no.
—Buenas noches.
—Buenas noches, Ling-san.
Mei Ling le dio una sonrisa, Soi Fong se puso colorada y se alejó de Jon para decirle algo con señas a su amiga, a lo que esta respondió de igual forma, porque Soi Fong no era tonta y sabía muy bien que Jon podría escucharlas si se ponían a susurrar. Jon frunció el ceño mientras las veía cuchichear por señas y lectura de labios ¿Qué estaban tramando?
Mei asintió y se dirigió a dónde estaban el altavoz y el micrófono, mientras que Shao se le acercó, sorprendentemente roja.
—¿Qué está pasando, Shao? —le preguntó.
Ella suspiró y tomó una de sus manos para ponérsela en la cintura y ella llevó su propia mano a su hombro, ya el cuerpo de Jon sabía que hacer por lo que sus manos libres se entrelazaron, como si fueran a bailar.
—Nada, Jon. No pasa nada malo.
Jon miró por sobre su hombro cuando música empezó a sonar, y vio a Mei junto al altavoz con el micrófono en las manos y sonriéndole juguetona antes de empezar a cantar.
—Mírame —dijo la capitana, Jon obedeció. Ella dio un paso adelante y Jon un paso atrás, otro paso y otro al ritmo de la voz de Mei.
—¿Y esto? —cuestionó Jon, Shaolin le sonrió.
—No bailamos en mucho tiempo —contestó ella.
Ahora al que le tocó sonrojarse fue Jon, pero sus pasos se hicieron más confiados a medida que avanzaba la canción, cuánto más se metía en el baile con Shao y olvidaba que Mei los estaba observando, que les estaba cantando. Ella siempre solía decirle que había momentos en los que se concentraba tanto en bailar, en simplemente moverse, que la música pasaba incluso a segundo plano, que ya era sólo su cuerpo moviéndose a su antojo. Y si bien él al inicio no era —o no se consideraba— buen bailarín, con el tiempo le fue sucediendo lo mismo.
Pronto se olvidaron de que estaban en una azotea, de que Mei les cantaba y sonreía con un orgullo digno de una mamá que ve crecer a su hija e incluso ya se movían porque sí. Jon a veces la dejaba caer y otras veces la alzaba en el aire o la hacía girar de tal forma que quien los pudiese ver pensaría que practicaban una coreografía ya hecha de antemano, pero no, sólo eran ellos moviéndose al ritmo del otro.
Era Jon dejándose guiar por su novia al ritmo de la canción que cantaba la mejor amiga de esta. Y nuevamente pensando para sí mismo que era la chica más bonita que conocía.
Bailaron por lo que les pareció una eternidad, y terminaron su pequeña coreografía con Jon alzando a la capitana en el aire y girando. Se detuvieron, con las respiraciones agitadas y los corazones latiendo con fuerza, no habían dejado de verse a los ojos en ningún momento, pero esta vez la intensidad era mucho mayor.
Jon bajó lentamente a la mujer hasta que los pies de esta tocaron el suelo, pero no soltó su cintura en ningún momento, las manos de ella permanecieron en sus hombros. Mientras que Mei seguía cantando como si la electricidad entre ellos le diese más energía y sin dejar de sonreír en algún momento.
Jon no se molestó en preguntarle por qué planeó esto, cuando o como mientras él no sabía nada, no le preguntó por qué en ese lugar y por qué decidió que su amiga cantara para ellos en lugar de poner música en su teléfono. Porque en su cabeza no cabía la idea de romper ese momento. Se inclinó y atrapó los labios de ella entre los suyos propios y Shaolin correspondió como si lo hubiese esperado desde el principio, las manos de la capitana fueron hasta las mejillas masculinas y las acarició.
Por su parte, Mei detuvo su canción y bajó el micrófono sonriente, enternecida. Ella también se había sorprendido cuando Soi Fong le habló de la pequeña sorpresa que tenía planeada para Jon y le pidió que prestase su voz para eso. Era una locura, pero Mei no pudo negarse cuando Soi Fong le dijo lo importante que era el baile para ellos y menos cuando varias veces había oído y visto con sus propios ojos lo enamorada que estaba su amiga, y a su parecer había valido la pena.
Totalmente la pena.
