Cook a meal together.


«Trata de no pasarlo bien, después de todo esto es educativo.»

—Charlie Brown.

—Soi Fong-taicho está algo rara ¿No, Yoruichi-san?

La aludida miró a su amigo de la infancia y no se molestó en reprimir una carcajada por la expresión que este tenía, el rubio se cubría la boca con su abanico para disimular su mandíbula desencajada y la sombra del sombrero sobre su rostro resaltaba de forma casi cómica sus ojos desorbitados, Tessai parecía igual de sorprendido, aunque de forma más disimulada.

—¿Qué pasó, Kisuke? ¿Te dolió que Soi Fong no llegara diciéndote que ojalá te mueras o algo así?

—Esto no es natural, está completamente fuera de mis conocimientos, Yoruichi-san ¡Soi Fong-taicho ha pasado de mí! ¡No podré vivir en paz con eso!

Tanto Tessai como Yoruichi pusieron los ojos en blanco.

—¿No deberías estar contento de que Soi Fong-taicho no esté planeando tu asesinato mientras duermes.. Y en voz alta? —cuestionó Tessai.

—¡Eso era lo divertido de las visitas de Soi Fong-taicho! Sus amenazas y quejas, pero hoy no dijo nada ¿Estará enferma? ¿Y si le lavaron el cerebro o algo? —el tono del tendero sonaba exageradamente alarmado, Tessai negó con la cabeza.

—El amor le lavó el cerebro, Kisuke —dijo Yoruichi, con un tono entre divertido y genuinamente enternecido.

La mujer morena miraba en dirección a la habitación de Soi Fong, y el mismo tendero se acercó para asomar un ojo por la abertura de la puerta entreabierta. La capitana estaba sentada de piernas cruzadas sobre su futón, dándole la espalda y claramente con su teléfono en la oreja, Yoruichi parecía que podía escucharla desde su posición gracias a su oído animal, pero no fue así con Kisuke, cuando él se acercó fue cuando pudo entender qué pasaba allí y él mismo terminó enterneciéndose igual.

Lo primero que oyó el rubio fue una risa.

—You're so funny today... I don't know, I'm just here for a mission... —decía Soi Fong al teléfono— I would like to see you this days... No! —una risa— You know what I mean.

De por sí oír a la ácida ex-discípula de Yoruichi reír y hablar inglés era algo totalmente nuevo para Urahara, pero aparte de eso ella hablaba con un tono que nunca antes le había oído. No era sólo su acento inglés el que hacía oír más dulce la voz profunda de Soi Fong, sino que esta mostraba un sentimiento que no sabía que ella fuese capaz de expresar. Puro cariño, anhelo genuino.

Sin saberlo las mismas mejillas de Kisuke se sonrosaron un poco.

—I saw the sunrise last night and I remembered you... Don't ask me why, I just did... —seguía hablando Soi Fong, inconsciente o quizá incluso ignorando al tendero que la espiaba— Don't fun of me! I know you are the same as me!

Urahara y Yoruichi no pudieron evitar exhalar una risita, apostarían lo que fuera a que la menor tendría su rostro rojo al grado de soltar humo, con lo que quiera que le hubiese dicho Jon al otro lado de la línea. Un momento de silencio le siguió, parecía que él le estaba diciendo algo a la capitana.

—I know... I'm sorry, I can't be there with you —de pronto la voz de Soi Fong sonaba triste—. But... I promise you I'll visit you when you move on and you won't expect It. Have I ever broken a promise to you? —otra risa— You see? I'll see you and it will be amazing... I must go. I love you, Jonny.

Soi Fong dijo aquella última frase con tal suavidad y ternura que la sonrisa fue inevitable para el tendero, y la de Yoruichi se ensanchó. Soi Fong se despidió y colgó el teléfono, dejó salir un pesado suspiro y luego dijo.

—¿No te dijo tu madre que es grosero espiar, Urahara?

Kisuke pegó un brinco, la frialdad y agresividad habían vuelto a la voz de la capitana, y al mismo tiempo ella lo miró por encima del hombro con una expresión en blanco, ni siquiera parecía enojada.

—¿De qué hablas, Soi Fong-taicho? —respondió Urahara en un tono jovial que escondía muy bien el haberse visto descubierto— Sólo vine aquí a decirte que tu gigai nuevo ya está listo.

La joven suspiró de nuevo y sin decir ni una palabra se puso de pie, agarró un perchero de piso que servía de decoración a la habitación, sin nada colgado... Y luego lo arrojó sin consideraciones hacia Urahara, de milagro este esquivó el objeto de madera que pasó a estrellarse contra la pared opuesta.

—¡Soi Fong-taicho! —reclamó el rubio, su sombrero disimulaba bastante bien que sí se le había bajado la sangre con ese ataque repentino.

—¡¿Encima de todo eres un entrometido, Urahara?! ¡No tienes respeto por nadie! —contestó Soi Fong.

—¡Te dije que no estaba espiando!

—¡¿Crees que soy estúpida?! ¡Si te sentí muy bien?!

—¡No sé inglés así que no entendí nada de lo que dijiste si eso es lo que te preocupa! —gritó el tendero echando a correr.

—¡Acabas de admitir que sí me espiabas!

Yoruichi sólo estaba sentada en el suelo con la espalda contra la pared, muerta de la risa mientras presenciaba la persecución por toda la casa. No podían faltar estos pequeños espectáculos que el rubio y la muchacha le permitían presenciar, cuando Kisuke le pidió a gritos que se la quitara de encima Yoruichi gritó entre risas.

—¡¿Eso no era lo que querías, Kisuke?!

Ella había estado escuchando la conversación desde que el teléfono de la capitana vibró y esta se alejó para responderlo, la sonrisa de ella había sido suficiente para que Yoruichi supiese quién la estaba llamando. Le alegraba ver a Soi Fong así, con el rostro sereno, los ojos brillando y mostrándose vulnerable ante alguien aunque fuese en un idioma distinto, no podía decir que había entendido toda la conversación pero sí que se había dado cuenta del tono de Soi Fong, tan íntimo que le contagió calidez al oírlo.

La Soi Fong que ella siempre quiso ver, disfrutando su vida, permitiéndose conectar más allá de la formalidad y dándose tiempo de divertirse y ser feliz.

Le rompe el corazón y yo le romperé la cara por muy intangible que sea.

—¡Yoruichi-san sálvame! —gritó desesperadamente Urahara.

Aunque el mal genio no se lo quitará ni siquiera el Rey Alma.


Jon llevaba un buen rato metido en su pequeña habitación que poco a poco estaba llenándose de cajas, tenía su guitarra acústica en manos y rasgaba las cuerdas distraídamente, golpe, acorde y puntilleo que en realidad no llevaban a ningún lado, sólo le gustaba el sonido profundo y cálido en sus manos.

Profundo y cálido, como la voz de su novia.

Ocho semanas habían transcurrido desde que tuvo que dejar de nuevo la Sociedad de Almas debido a sus clases, sumado a su búsqueda de trabajo, desde el "altercado" en las aguas termales en el que Jon procuraba no pensar demasiado, porque le daba vergüenza, y tres semanas desde que finalmente tomó la decisión de mudarse y después de una búsqueda de tres días sus padres lo ayudaran a encontrar un apartamento nuevo en una calle más cercana a la Universidad, aunque tristemente ya no lo era tanto a la casa de sus padres, pero nada podía ser perfecto.

En su última llamada ya le había contado a la chica todo lo básico acerca de la mudanza, y le había dicho que quería reservarse los detalles hasta que la viera. El arduo proceso físico y emocional de tener que mudarse se estaba repitiendo y pasaría aún bastante tiempo hasta que todo estuviese listo y pudiese salir de aquél complejo. Pero todo iba bastante bien. Shao había lamentado no poder estar ahí para acompañarlo durante el proceso y había que ser honestos, él también se sentía un poco mal por eso, pero además de que su Pookie le prometió brindarle todo el apoyo posible desde lejos —cosa que cumplía todos los días— y visitarlo por sorpresa para dejar que la abrazase todo lo que quisiera, él la reconfortó diciéndole las mismas palabras que ella le dijo cierta vez.

«Yo te necesitaba, y aquí estás.»

Un mes, un mes desde la última vez que se habían visto, en persona mejor dicho. Pero se sentía como si la hubiese tenido en manos apenas hace unos días. Jon no estaba seguro de si ese sentimiento era malo o bueno, porque quizá debería estar ya acostumbrado a tenerla lejos, pero no era así, y aunque era verdad que sabía que ella lo apoyaba desde su lugar, Jon seguía extrañando sus abrazos.

Sus manos empezaron a moverse solas mientras pensaba, golpe, acorde, puntilleo, do, re, mi y do sostenido, pero ya no eran simples melodías sin punto fijo. Sin darse cuenta Jon empezó a crear una melodía, una que sonase lo más parecido posible a ella, su voz, su mirada, sus caricias, su apoyo incondicional y sobre todo la distancia entre ellos. Las notas en el aire empezaron a organizarse y llenaron la habitación, y con ellas los sentimientos que a Jon se le venían a la cabeza, como si a través de su instrumento intentase expresar cuánta falta le hacía y pensaba en ella.

Su improvisada canción terminó con algunas vibraciones más, Jon no iba a dejar pasar eso que había sucedido, dejó a un lado su guitarra y buscó en su armario una libreta y un bolígrafo en su escritorio y comenzó a anotar las notas que había tocado antes, cuando escribió el último corchete Jon parpadeó varias veces y pareció darse cuenta como tal de lo que acababa de hacer. Sus mejillas se sonrojaron con fuerza.

Era tan cursi.

Se sobresaltó al oír el ringtone de su teléfono, no podían ser sus padres porque ambos estaban en reuniones importantes, tampoco Damian porque a estas horas debía estar entrenando con Dick, sólo podía ser una persona. Al pensarlo el corazón de Jon pareció aletear de una forma especial.

De cualquier forma agarró su celular en su cama y contestó, era videollamada. Sonrió.

—Hola, Shao. Ya te iba a llamar.

Ella sonrió: —Hola, Jon ¿Qué estás haciendo?

—Estaba practicando guitarra —Jon movió la cámara del teléfono para mostrarle dicho instrumento aún puesto en la cama—. Necesitaba tocar algo que no fuesen mis apuntes o libros.

—No has tocado guitarra en mucho tiempo —dijo la mujer.

—¿Verdad?

De un momento a otro el estómago de Jon gruñó, el joven se puso colorado y ella se rió.

—¿Cuánto tiempo ha pasado desde que comiste?

—Como cinco horas.

—Yo también tengo un poco de hambre. Hoy los entrenamientos fueron tan pesados que tuve que ir de un lado al otro, ni siquiera mi papeleo he podido terminar —comentó Soi Fong.

—¿Haz almorzado?

—Claro que sí, o me hubiera desmayado desde antes —sonrió la capitana.

Un momento de silencio entre ellos, a Jon se le ocurrió una idea.

—¿Se te antojan unos waffles? —preguntó el muchacho.

—¿A esta hora?

—Nunca es tarde para unos deliciosos waffles —Jon sonrió ampliamente y se levantó de su cama en camino a su pequeña cocina— ¡Podemos hacerlos juntos! ¿Tienes los ingredientes?

—Pues sí pero... ¿Ahora? ¿Por llamada?

—Por supuesto. No puedo volar hasta allá y explicarte cómo se hace —bromeó Jon— ¿O qué? ¿La comandante del Omnitsukido no sabe prepararse unos simples waffles?

Soi Fong frunció el ceño ante esa insolencia por parte de Jon, pero luego sonrió sarcásticamente y se puso de pie en dirección a su propia cocina. La estaba desafiando, y ella no negaba nunca un desafío.

—¿Con quién crees que hablas, Kent? Claro que puedo hacer waffles, y serán tan buenos que lamentarás estar tras una pantalla y no poder probarlos.

—Ya lo veremos.

Ambos apoyaron sus celulares, asegurándose de que el otro pudiese verlos, y casi al mismo tiempo sacaron los ingredientes y se colocaron manos a la obra. Jon sintió ternura al ver mejor el atuendo de su novia. Un simple mini vestido de mangas largas y cuello en V blanco. Era el vestido que Kara le había dado por su cumpleaños una vez, Soi Fong ese día le había preguntado cómo supo sus medidas con tal exactitud y Kara sólo había sonreído ampliamente y mostrado una revista.

—Hay un artículo completo sobre los tipos de cuerpo según el sistema Kibbe, sólo tuve que echar un vistazo a tu cuerpo en traje de baño.

No hacía falta decir que Soi Fong le había gritado a la vez que se colocaba roja como manzana, pero evitó golpearla (más que todo porque sería como golpear metal) y le agradeció su regalo. No era la primera vez que Jon la veía usándolo, por eso sintió una calidez especial en su pecho.

Pero luego el héroe sacudió la cabeza y se centró en el pequeño reto de cocina que llevaban.

En un principio, mientras hacían sus respectivas mezclas para hacer la masa y preparaban la máquina lo hicieron en silencio, aunque no uno incómodo ni pesado sino uno ligero al estar tan concentrados en lo suyo. Jon había decidido sacar unos arándanos y miel para decorar los que él iba a hacer y por el momento no se había dado cuenta de que Shao había sacado salsa de chocolate y fresas para su propia decoración.

Ambos sin querer habían elegido el dulce y la fruta favorita del otro para sus waffles.

Al cabo de un momento Jon rompió el hielo.

—¿Has hablado con Ling-san?

—Sí, estuvimos juntas hace unos días —contestó Soi Fong agregando leche a su bol—, y antes de que preguntes, sí le agradas. Dijo que eres un chico adorable.

—No iba a preguntar eso —respondió el héroe sonriendo ampliamente—. Pero gracias por decírmelo de todas formas.

La muchacha puso los ojos en blanco, pero sus mejillas se sintieron calientes.

—Kara estaría muy feliz de verte usando la ropa que te regala —dijo Jon concentrado en la masa—. Preguntó por ti ayer, de hecho.

Ella tosió un poco y apartó la vista, sin dejar de mezclar. —Siempre se las arregla para adivinar mi talla a saber cómo. Y me gusta usarla cuando no estoy trabajando... ¿Es otro poder kryptoniano? ¿Adivinar de alguna forma las medidas de la gente?

—Si eso existe yo no le he despertado. Supongo que Kara simplemente es demasiado intuitiva —Jon dejó el bol para apoyarse un momento en la mesa con las manos y sonreír, tan dulce que la misma Shaolin detuvo sus propios movimientos—. Te ves linda.

La joven se volvió a sonrojar, poco a poco empezaba a acostumbrarse a los cumplidos del muchacho, pero la ternura en su sonrisa y la forma en la manera en la miraba la tomaba totalmente desprevenida. Era incapaz de habituarse a eso todavía, aún se le hacía difícil creer que alguien hubiese llegado a quererla de la manera en la que Jon lo hacía, mucho menos pensar que ella sería capaz de querer a alguien con la misma profundidad.

A veces se acordaba de sí misma hace unos años, antes de toda la revuelta provocada por Aizen, antes del regreso de su maestra, de conocer a Mei y sobre todo de conocerlo a él. A veces trataba de buscarla en el espejo y se estremecía al vislumbrarla, la Soi Fong de ojos opacos y expresión pétrea, sin ninguna esperanza ni nada que llenara su vida aparte de su misión como comandante, la que estaba llena de cicatrices externas e internas, la que no era más que un cascarón hecho de piel y huesos y aura tenebrosa cargada de soledad.

Le costaba hoy en día creer que ella hubiese sido así, que hubiese sido tan notorio el vacío en su vida y que se hubiese puesto esa cantidad de corazas. La Soi Fong de hace unos años había transformado en algún momento su corazón en una piedra, una armadura pesada que protegía a una niña que lloraba.

Y sinceramente, le alegraba que eso hubiese cambiado. No se imaginaba volver a actuar, a hablar, a sentirse como se hubiese sentido alguna vez. Y de este mismo modo se sorprendía de haber cambiado tanto que verse a sí misma hace unos años le helaba los huesos.

—Shao ¿Estás bien? —preguntó Jon. Se había quedado callada de repente.

—Sí... —contestó la capitana— Sólo que es extraño.

—¿El qué?

La chica apoyó la espalda en el borde del mesón de la cocina y se cruzó de brazos. Como considerando algo grave.

—Ahora mismo, en teoría estoy sola —comenzó la muchacha—. Pero no siento esa presión en el pecho que creí que me ahogaría mientras dormía, ya no tengo la necesidad de abrazarme a mí misma, cerrar los ojos y por un momento fingir que alguien imaginario me está abrazando para luego reprocharme a mí misma por débil. Sí, en teoría estoy sola, pero ya no siento que me voy a ahogar en soledad.

—Porque ahora tienes con quién contar, Pookie —respondió él casi sin considerarlo—. Puedes contar conmigo siempre ¿Lo sabes?

Ella sonrió, no creía aburrirse pronto de esa calidez en el pecho que le generaba la voz de Jon. Ella se dio la vuelta, se puso en cuclillas, cruzó los brazos sobre el mesón limpio y apoyó la barbilla en sus antebrazos. Ahora estaba más cerca de la cámara.

—Lo sé —susurró ella—. Y tú también sabes que puedes contar conmigo ¿No?

—Por supuesto que sí —respondió Jon.

De un momento a otro ambos sintieron sus propias cocinas más cálidas de lo normal, como si de alguna manera las pantallas de sus teléfonos no fuesen más que una ventana que los separaba unos centímetros.

—A veces me pregunto cómo pude rechazarte tan seguido cuando nos conocimos —afirmó la capitana.

—¿Rechazarme solamente? ¡Huías de mí! —respondió Jon, su tono se volvió una mezcla entre diversión y berrinche— Borrabas tus huellas en el bosque para que perdiera tu rastro y le decías a Yoruichi-san que no me dijera si se había cruzado contigo. Sólo lograba encontrarte por el sonido de tus pasos y porque Yoruichi-san nunca te hizo caso.

—Me perseguías cuando trabajaba —intentó justificarse, Jon dejó salir una sola risa burlona.

—¿Los paseos con la asociación de mujeres Shinigami era trabajo? ¿Tus caminatas por los techos eran por trabajo? ¿Ibas a la tienda de Urahara-san a ver a Yoruichi-san por trabajo? ¿Te escondías en el armario por...

—¡Ya entendí ya entendí, ya basta! —la joven se irguió e intentó fingir que ignoraba la carcajada de Jon volviéndose a centrar en su mezcla olvidada de waffles— Sigamos. Me distraje por tu culpa.

El muchacho volvió a reírse, pero asintió y él mismo volvió a cocinar. Sólo que la sensación de cercanía persistía y ni mientras hacían su respectivo plato de waffles dejaron morir la conversación, desde parte de los planes de mudanza de Jon hasta ocupaciones nuevas de Soi Fong que él no conocía el ambiente acogedor persistió, se podía decir que incluso estaban cocinando al mismo tiempo. No era lo mismo que estar juntos en persona en la cocina de alguno de los dos, pero era precisamente esa clase de momentos que compartían los que los hacían pensar que valía la pena seguir intentando esto que muchos a su alrededor decían que no tenía futuro.

Cuando los waffles estuvieron ya hechos y decorados fue cuando se dieron cuenta de que, habían preparado un desayuno ideal para el contrario, y así lo afirmó Jon, que las fresas eran sus favoritas para luego darse cuenta de que había usado los arándanos que le encantaban a Shao. Admitían que les provocó un apretón en el pecho cuando recordaron lo lejos que estaban realmente, pero esa llamada pudo aplacar un poco ese pequeño dolor que sintieron.

Habían leído en alguna parte que si los corazones están muy cerca los cuerpos pueden sobrellevar estar lejos.

—Mamá y Papá acaban de escribirme —dijo Jon revisando una notificación en su teléfono—. Te mandan saludos.

Ya un buen tiempo había pasado, sus platos con waffles estaban vacíos y estaban ya sobre sus camas. Pronto terminaría la llamada.

—Tus padres son demasiado amables conmigo —dijo en voz baja la capitana.

—¿Por qué no lo serían? —contestó Jon— Eres importante para nosotros.

Los ojos de Soi Fong casi se humedecieron con eso.

—Sigue siendo nuevo para mí. Ni siquiera mis propios padres me veían como algo más que un arma y... Ya sabes lo de Yoruichi-sama —comentó ella.

—Te tendrás que acostumbrar, porque ya te consideramos parte de nosotros. Hasta a Conner le agradas.

La muchacha sonrió.

—Dile a Kara que me encantó el vestido, es muy cómodo.

—Pequeña, lo hubiera dicho aunque no me lo dijeras —bromeó el de ojos azules, Soi Fong se rió.

Mientras hablaban Jon se acordó de la kryptoniana rubia, con una libreta y lápiz en mano y frente a ella, sobre la cama la bolsa de regalo con el dichoso vestido, como una especie de diseñadora de modas —más considerando que Kara ni siquiera había medido a Shao con una cinta. Cuando él se acercó ella hizo un puchero, luego sonrió y dijo «Para ser tan pequeña y menuda Shaolin tiene un cuerpo muy bonito. Su S-Line es muy buena»

Jon puso una cara de confusión y justo antes de preguntarle a Kara cómo lo sabía y a qué se refería con S-Line Conner, con una sonrisa burlona le dijo algo que, al recordarlo casi le da un ataque. Dijo «Kara se refiere a que el trasero y el busto de tu novia están bien marcados para un cuerpo tan delgado», Kara había asentido felizmente y respondió «Su cintura tiene una forma muy linda».

Jon se acordó de esa conversación, volvió a ver a su novia con ese vestido que pese a ser suave marcaba perfectamente su figura y luego.

—¿Qué tienes Jon? —preguntó la muchacha la ver que él se había apartado de la cámara de repente.

—¡Estoy bien estoy bien! —exclamó el muchacho con su rostro tan caliente que seguro estaba tirando humo, y por muy raro que pudiese parecer, se sentía como si su nariz fuese a sangrar en cualquier momento— ¡Sólo estoy mirando... Mis zapatos!

—¿Por qué verías tus..

—¡Son muy interesantes! —volvió a decir él sin pensarlo, sólo quería tiempo para poder recuperarse.