Las llamas eran intensas, consumiendo todo a su paso sin dejar nada con vida. Erosionando cualquier estructura cercana hasta dejarla hecha polvo y cenizas en el viento.

Ese era el escenario que la ciudad de Fuyuki estaba viviendo actualmente con un repentino estallido y un inesperado incendio naciendo en medio de la ciudad consumiendo todo a su paso.

Excepto a ellos.

- ¡Hahahaha! - Fue la risa resonante en medio de la llamas de un rey. - ¡Que hilarante encontrarme contigo de nuevo, Kotomine Kirei! -

- Si ... Ciertamente es un milagro. - Dijo el susodicho hombre en respuesta.

El primer hombre que había hablado era nadie más que Gilgamesh, el Rey de los Héroes, en toda su gloria desnuda en su perfecto cuerpo cuasi divino, riendo con complacencia a este escenario inesperado.

A pesar de que su pelea con Saber había sido interrumpida por el Master de la misma y fue bañado en aquel lodo asqueroso del Santo Grial, donde tuvo que encarar la asquerosa presencia dentro del artilugio, no podía estar más agraciado por haber sido bendecido con este nuevo cuerpo.

¡Quizás su vida fuese más interesante ahora!

Por otro lado, el segundo hombre era Kotomine Kirei, uno de los responsables de aquel incendio, aún en un estado catatónico por una segunda oportunidad de vida y un nuevo corazón latiendo dentro de su pecho. Un corazón hecho del mismo barro asqueroso que había iniciado el fuego que ahora mismo reclamaba vidas sin parar.

- Ya es suficiente descanso, es momento de irnos. - Dijo Gilgamesh con una gran sonrisa tomando una tela roja que podría valer millones por el material y su calidad de su Noble Phantasm para luego usarla como manto, ignorando su desnudez. - Quiero conocer los límites de este cuerpo y estas llamas no me están ayudando en eso. -

- Entendido, mi señor. - Dijo Kirei con respeto.

Por consiguiente, el rey dorado empezó a caminar en la dirección donde se encontraba la iglesia de la ciudad. Detrás de él, como un perro obediente el sacerdote lo seguía.

Sin embargo, apenas caminaron unos cuantos metros antes de que Gilgamesh se detuviera de repente, haciendo que Kirei levantara una ceja curioso. Este último noto que el hombre de cabellos dorados estaba viendo en una dirección en particular con cierto interés.

El hombre de cabello castaño volteó su mirada hacia la dirección donde el Rey de los Héroes le parecía entretenido.

Lo que Kirei vio, le generó una cierta curiosidad.

Había un niño, ni siquiera parecía tener más de diez años, de cabello rojo como las llamas, su ropa estaba sucia de cenizas y algo quemada en algunas partes.

Pero estaba vivo, vivo en este infierno ...

Apenas.

A pesar de ello, Kirei no encontraba ninguna otra razón por la cual aquella escena fuese interesante. Pero para Gilgamesh, parecía algo nas entretenido que toda la Guerra del Santo Grial.

Y solamente el Rey Dorado sabía el porqué de ello.

Antes de que el Ejecutor se diese cuenta, Gilgamesh se estaba acercando al niño con un objetivo claro en su mente.

...

Para Shirou, esto no era más que el infierno encarnado, donde él formaría parte dentro de muy poco.

A pesar de que su cuerpo se negaba a morir, su espíritu había sido aplastado hace mucho, o mejor dicho, se había vuelto cenizas entre las furiosas llamas.

Una recién descubierta parte cínica de su mente se preguntó para que vivir, si había perdido a sus padres y un gran futuro por delante por culpa de estas llamas.

¿Realmente existía esperanza para él? ¿No estaba simplemente retrasando lo inevitable siendo tan terco? ¿No debería descansar ya?

Se había tropezado innumerable veces por culpa de los escombros y cadáveres calcinados, pero aún así él continuó avanzando sin saber el porqué, simplemente lo hacía.

Pero todos tenían un límite, y Shirou había alcanzado el suyo hace mucho tiempo, era un milagro que aún se mantuviera movimiento. No obstante, ya era el final y su cuerpo ya no podía continuar.

El pelirrojo cayó sobre su espalda, mirando el cielo de la noche donde se encontraba un sol negro, donde las llamas parecían provenir.

Eso sería lo último que vería antes de cerrar los ojos para siempre ...

- No estás mal entrenado, Mestizo. Bajas tu cabeza para tu rey perfectamente. -

O al menos eso creía.

En ese momento, opacando al sol negro, un hombre desnudo de cabello dorado lo miraba con burla y superioridad, arrogante pero con interés.

La vista era tan sorprendente que Shirou ni siquiera podía cuestionar la desnudez del hombre.

¿Como este hombre podía caminar tan casualmente por este infierno?

- ¿Sabes? Hay algo en ti que me molesta como no te lo puedes ni imaginar, pero también hay cosas que llaman mi interés. - Decía el hombre desnudo para gran confusión del pelirrojo. - Podría simplemente dejarte aquí a esperar como falleces pero siento que me perderé de algo interesante, así que haré esto. -

Antes de que Shirou pudiera abrir su boca para cuestionar las palabras y acciones del hombre rubio, este último saco algo de lo que parecía un portal dorado tan brillante como el sol.

Era una flor, una gigantesca y pintoresca, con colores tan vivos que parecía irreal y única en su especie.

El pelirrojo creyó ver alguna semejante en un libro de la prehistoria, donde existían flores extintas. Para el niño, esta flor delante de él parecía tener millones de años.

Y realmente no estaba muy equivocado.

- Alégrate, Mestizo. - Dijo el hombre desnudo con una gran sonrisa. - Vas a regocijarte de probar un tesoro que ni siquiera yo, Gilgamesh, Rey de Uruk, tuve la oportunidad de probar por mi mismo. Seras el primero y el último en probar la bendición de los Cielos, ¡Lo que presencias no es nada más que ... ! -

Flor de la Vida.

Una Bendición de la Eternidad.

Y había sido salvado.

...

Yo quisiera ...

...