Capítulo 16

POV Hayate

Después de que Lindy nos explicara, en privado, lo ocurrido con Fate y su madre biológica, entendimos el cambio tan brusco en la forma de ser de mi hermana de alma. Había comenzado a ser más reservada de lo que ya era antes, incluso conmigo. Ya no sonreía siquiera un poco. Sentí un escalofrío al ver sus ojos opacos, pues estaban igual que cuando decidió intentar suicidarse. Me daba terror de que volviera a hacer lo mismo. No podía ni quería pasar por lo mismo de nuevo, aunque si volvía a hacerlo, quizás esta vez podría no tener tanta suerte y morir. Suspiré y miré a las personas que nos encontrábamos reunidas. Había llamado a Nanoha para organizar una reunión urgente y ella dispuso su casa para hacerla. Sirvió unas bebidas y pastelitos para todas y se sentó frente a mí.

- Bien. Empecemos. –dije y todas me miraron– Como sabéis, Fate-chan no está en su mejor momento. –asintieron– Nanoha-chan, tú y yo sabemos lo que pasó hace dos años con ella. –vi cómo respingó ante el recuerdo.

- Ella no lo haría de nuevo. –habló dubitativa– Ella no… –la interrumpí.

- ¿Has visto su mirada últimamente? –se tensó– Es la misma que…

- ¡No! –dio un golpe en la mesa y comenzó a temblar– Ella no lo hará… Ella no… –algunas lágrimas bajaron por sus mejillas.

- Nanoha-san, cálmate. –le pidió Ginga, tomando su mano y dándole un apretón– Lo que le ha pasado ha sido algo muy impactante para ella. Pasó de tener una familia a quedarse huérfana y venir a vivir con nosotras. –tomó la mano de su novia– Después huyó y podría haber acabado en tragedia. Encontró una nueva familia. –me miró y me sonrió, sonriéndole yo de vuelta– Y ahora se entera de que su madre biológica sigue viva y no solo eso, sino que está casada y viviendo felizmente. –todas suspiramos– Necesita aceptar la situación y los acontecimientos recientes. Y, aunque no pudiera gestionar sus emociones, no le permitiremos que haga lo mismo que la otra vez. –nos miró a todas y asentimos.

- ¿Cuál es el plan? –habló Cinque– He tratado de que salga conmigo en varias ocasiones, pero no lo he conseguido. Ha levantado un muro y te chocas con él nada más pronunciar una palabra.

- Quizás podríamos organizar un viaje en grupo y así distraerla. –propuso mi novia.

- ¡Es una excelente idea! –exclamé, poniéndome en pie.

- No, no lo es. –habló la peli morada– No irá si vamos todas. –miró a la cobriza– Sólo irá si eres tú quien va. Ella confía en ti. Te quiere a ti. –la oji lavanda se sonrojó.

- Creo que conozco el lugar perfecto. –confesó en un murmullo.

POV Nanoha

Una vez terminada la reunión, las chicas se fueron a una cita doble. Sonreí. Quisiera que pronto Fate y yo también fuéramos con ellas, siendo una cita triple. Sería muy divertido. Suspiré. Una vez que recogí todo, fui a la pastelería a buscar a mi madre. Ginga tenía razón. Si había una pequeña posibilidad de hacer volver a nuestra Fate, la tenía yo. En estos momentos era la persona más cercana a ella. Era su novia. Me sonrojé furiosamente y sonreí como estúpida, aunque rápidamente esa expresión se borró de mi rostro. Esa maldita llamada nos interrumpió en el momento en el que Fate y yo íbamos a sellar nuestro amor con un beso. Nuestro primer beso. Suspiré. Ojalá se hubiera dado de esa forma y no que yo le robé un beso cuando no reaccionaba después de la noticia. Exhalé. Entré a la cafetería y fui directamente a la cocina donde mi madre estaría ultimando los pedidos.

- Hola mamá. –saludé al verla.

- Hola, Nanoha-chan. ¿Ya terminaron de cotillear? –dejó salir unas risillas y yo reí con ella.

- No cotilleamos, mamá. –me puse frente a ella– Hablamos de Fate-chan. –ella me miró y entristeció.

- ¿Cómo está? –negué.

- No muy bien. No quiere salir de su habitación. Estamos preocupadas por ella.

- Pobre chica… Realmente ha sido muy desafortunada. –me quedé callada unos momentos y mi madre volvió a mirarme– ¿Qué ocurre? –ladeó la cabeza.

- Mamá, yo…–me callé nuevamente– Yo…

- Tú… –me instó a seguir, con una sonrisa.

- Quiero llevarla a… –me interrumpió.

- A nuestra residencia vacacional, ¿cierto? –abrí los ojos como platos y asentí lentamente– ¿Iréis todas? –mis mejillas me traicionaron y comenzaron a sonrosarse hasta que alcanzaron un color rojo intenso, provocando que mi madre alzara la ceja– ¿Solo iréis vosotras dos? –sentí que moriría avergonzada mientras asentía muy despacio– Oh. –dejó salir una sonrisa traviesa– Está bien. Podéis ir. Tened mucho cuidado. –me dio un beso en la frente– No te avergüences, Nanoha-chan. ¿Crees que tu madre no sabe que estáis enamoradas la una de la otra?

- ¡Mamá! –cubrí mi rostro y la escuché reír.

- Se os nota a kilómetros de distancia, cariño. –yo la miré, sorprendida– Quizás una declaración de amor sea lo que le haga falta para volver a traer a Fate-chan. ¿Quieres que organice algo romántico?

- Ma…ma…mamá.

- Llamaré a Megane. Ella se encargará de todo. Tú sólo encárgate de llevar a Fate-chan hasta allá. Déjame el resto a mí.

- Gracias, mamá. –besé su mejilla y salí corriendo de allí para ir a casa de Fate.

Cuando llegué a casa de Fate, llamé nerviosa. No sabía si querría verme en estos momentos, después de todo aún tenía mucho que procesar y aceptar. Su madre Lindy me recibió con su cálida sonrisa y me dio paso. Mientras yo esperaba en la sala de estar, ella subió a la habitación a buscarla. Al cabo de unos minutos, bajó.

- Nanoha-chan, Fate-chan no está. –ladeé la cabeza– Qué extraño. No la he visto salir ni tampoco me ha dicho nada. Desde que ocurrió todo, se encierra en su habitación y de ahí no sale, ya lo sabes. –asentí– Voy a llamarla a su teléfono. –lo hizo, pero el teléfono sonó en la parte superior de la casa, provocando que un escalofrío recorriera mi cuerpo.

- ¿Desde cuándo no la ve, Lindy-san? –pregunté, comenzando a inquietarme.

- Desde anoche. ¿Por qué? ¿Ocurre algo? –negué.

- No, no se preocupe. Iré a dar una vuelta a ver si la encuentro. Si regresa, ¿podría decirle que me llame? –asintió– Gracias. Adiós. –salí de la casa a toda prisa y llamé a Hayate– ¡Hayate-chan! Fate-chan ha desaparecido.

- ¿¡Qué!? –retiré el teléfono de mi oído.

- Acabo de dejar tu casa. No está y su teléfono está en su habitación. –hablé con un nudo en la garganta.

- ¿Crees que…? –la interrumpí.

- ¡No lo sé! –exclamé nerviosa.

- ¡Nanoha-chan!

- Lo siento, no puedo evitar que el miedo me inunde. Necesito encontrarla, Hayate-chan.

- Lo sé, lo sé. Yo también. Iré a… ya sabes… donde ocurrió… –me estremecí.

- Voy contigo. –temblé– Iré a recoger mi auto y te paso a buscar. Envíame ubicación. –colgué.

No, no, no. No podía perderla. Ahora no. Después de todo por lo que había pasado. Después de todos mis esfuerzos por enmendar mis errores y llegar al punto en el que nos encontrábamos ahora. No. Definitivamente ella no podía hacerlo. No podía dejarme sola. No podía rendirse. Aún tenía mucho que vivir, mucho por conocer y una meta que cumplir. Llegué a mi casa prácticamente sin aliento y me subí al auto para ponerme en marcha rápidamente a la ubicación que me dio Hayate. Una vez que las recogí a ella y Reinforce, puse rumbo hacia aquel maldito barrio donde la encontramos desangrándose. Me estremecí. En mi mente rogaba a cualquier deidad que me escuchara y suplicaba que ella estuviera bien. Detuve el auto y eché a correr. Escuché a Hayate pedirle a su novia que se quedara vigilando el coche y la sentí correr tras de mí. Los vagabundos nos estaban mirando y nos gritaban que no podíamos estar allí, que ese no era nuestro territorio. Hayate me detuvo agarrándome por el brazo.

- Nanoha-chan, espera. –me pidió y se dirigió a un hombre mayor. La seguí, aunque quedándome un poco atrás– Hola Roy-san. –se inclinó a modo de saludo.

- ¡Hola Hayate! Me alegro de verte. ¿Qué te trae por aquí a ti también?

- Igualmente, Roy-san. –le sonrió– ¿A qué se refiere con también, Roy-san? –ladeó la cabeza.

- Fate estuvo aquí hará una hora. –me tensé y pude ver que la castaña también.

- ¿Ella sigue aquí? –pregunté nerviosa y él me miró– Perdón. –me incliné a modo de saludo y él sonrió.

- Tú no deberías estar aquí, jovencita. –me dijo– Este no es lugar para ti. Ni para ti tampoco, Hayate. Esta zona se está volviendo muy peligrosa últimamente. Será mejor que os vayáis.

- Necesitamos saber si Fate sigue aquí, Roy-san. –insistió la castaña.

- No, ella se fue. Me trajo unas mantas, comida caliente y algo de ropa. –mi pecho se llenó de orgullo por el buen corazón de mi novia– Ella viene de vez en cuando a traerme cosas a pesar de que le digo que no venga más.

- Fate-chan es así, Roy-san. Ella seguirá viniendo mientras usted siga aquí. –el hombre asintió– Gracias por su ayuda, Roy-san. Cuídese mucho, por favor. –se inclinó a modo de despedida y yo hice lo mismo.

- Hayate-chan, ¿por qué nos vamos? ¿Y si él no la vio? –negó.

- No. Roy-san no es así. Además, ¿has visto los que había en la zona donde Fate-chan y yo solíamos estar? Si nos acercamos allá, acabaríamos golpeadas y violadas. –me tensé– Estoy cien por cien segura de que Roy-san acompañó a Fate-chan a la salida. –asentí.

- Entonces, ¿dónde está?

Después de varias horas buscándola, no la encontramos por ninguna parte. Habíamos ido a los lugares que podían ser más significativos para ella, como el laboratorio donde su hermana murió y su antiguo hogar. Una profunda ansiedad se estaba apoderando de mí y comencé a temblar mientras apretaba con fuerzas el volante. Hayate puso su mano sobre la mía y me dio un apretón. La miré con lágrimas en el filo de mis ojos y me susurró un "la encontraremos". Asentí mientras veía el azul de sus ojos y algo vino a mi cabeza. Puse en marcha el auto de un acelerón y puse rumbo a la playa. Más concretamente a la parte donde se encontraba un desfiladero. Esa parte estaba apartada y poca gente visitaba aquel lugar. Sería el lugar perfecto si Fate quisiera… Detuve mis pensamientos sacudiendo la cabeza. Aparqué el auto en el parking que había en el desfiladero y salí de un salto, comenzando a correr. Hayate y Reinforce corrieron tras de mí. Por favor, que estuviera aquí y no fuera tarde. No lo resistiría. No podría vivir sin ella. Ella no podía dejarme sola. Me detuve en seco al ver una figura a lo lejos. Se encontraba al filo del desfiladero. Demasiado al filo. Con los brazos abiertos y mirando hacia el cielo. Su pelo se ondeaba con el viento. Un escalofrío me recorrió por entero. No, no, no. Fate no. Hayate gritó su nombre, pero estaba demasiado lejos todavía. El grito de Hayate me hizo reaccionar y comencé a correr de nuevo.

- ¡Fate-chaaaaaaan! –grité su nombre mientras me lanzaba sobre ella, alejándola del precipio– Idiota, idiota, idiota… –repetí mientras hundía mi rostro en su cuello y lloraba– ¿Qué te crees que estás haciendo?

- ¿Nanoha?

- ¡Fate-chan, Nanoha-chan! –exclamó la castaña– ¿Estáis bien?

- ¿Hayate?¿Rein? –la rubia trató de incorporarse, pero se lo impedí– ¿Qué es lo que pasa?

- ¿Cómo que qué pasa? ¿Qué pensabas hacer, pedazo de idiota? –le reclamó la oji azul.

- Estaba viendo el atardecer. –me incorporé y la miré a los ojos– No llores, Nanoha. –tomó mi rostro entre sus manos y limpió mis lágrimas– ¿Ha pasado algo?

- Tú no… ¿no pensabas…? –me quedé callada, pues no sabía cómo continuar.

- Idiota… Nos has dado un susto de muerte. –exhaló la castaña y mi rubia nos miraba sin entender nada– No te encontrábamos y te dejaste el teléfono en casa. Pensamos que todo esto había sido demasiado para ti e ibas a cometer una estupidez otra vez. –ella abrió los ojos como platos.

- ¿Qué? ¡No! ¡Claro que no! No haría algo así de nuevo. Nanoha… –me miró con culpa– Lo siento. No quería preocuparte. –miró a su hermana y cuñada– A vosotras tampoco. Yo sólo quería tomar el aire y pensar. Necesitaba respirar lejos de casa. Siento lo ocurrido. No volverá a pasar.

- Está bien. –intervino la peli plateada– Llamemos a Ginga-san y Cinque-san para que dejen de buscarla. –miró a la rubia– Nos separamos para buscarte, Fate.

- Oh… Lo siento…

- Vamos, Hayate. –tomó su mano y se alejaron, dándonos privacidad.

- Nanoha… –la abracé por el cuello y la besé sin más mientras mi corazón cabalgaba como loco.

- Te quiero, Fate-chan. –susurré frente a sus labios y choqué nuestras frentes– Quiero que acudas a mí siempre. No estás ni estarás sola nunca.

- Nanoha… –abrí los ojos al sentir su caricia en mi mejilla y mi corazón se saltó varios latidos al ver su intensa mirada– Yo también te quiero a ti. –y esta vez me besó ella, tomándome por sorpresa– Gracias por estar aquí para mí. Pero por favor, confía en mí. No volvería a hacer algo así. Lo juro. –asentí con un nudo en la garganta.

- Yo sólo me asusté, Fate-chan. Lo siento. –ella negó con una sonrisa, restándole importancia– Ne, Fate-chan, ¿puedo secuestrarte? –ella alzó la ceja y yo sonreí traviesa– Ven. –me puse en pie y le ofrecí mi mano– Confía en mí. –la tomó y la ayudé a ponerse en pie– Sólo tengo intenciones impuras. –susurré en su oído.

- ¡Nanoha! –se sonrojó furiosamente y yo reí.

- Confía en mí, Fate-chan. –entrelacé nuestros dedos– Vayamos a tu casa a por algo de ropa. Nos vamos de viaje.

- ¿En serio? –asentí– ¡Nanoha! –me dio la más hermosa de sus sonrisas– ¡Gracias!


Saizoh: Yo también me pregunto lo mismo, pero supongo que la mafia italiana hace milagros xD Precia pudo escapar porque estaba en el túnel comprobando que las medidas de seguridad se estuvieran cumpliendo. Alicia se encontraba en la planta de arriba preparando las cosas para llevar su experimento a cabo, pero algo fue mal y explotó... Precia tuvo la enorme suerte de encontrarse en el túnel en ese momento... No te preocupes, tendrás tu escena Cingin, lo prometo ;D De momento, veremos si Fate decide ver a Precia después del viaje que tenga con Nanoha... Supongo que debe ser difícil de procesar toda esa información... Fate se encuentra en Uminari. Ahí es donde tiene a su demonio de blanco xD Como dices, ya queda poco para el desenlace final... ¡Nos leemos!