Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y toda su banda.


Saga juntó los dedos de las manos y los movió de tal forma que estos tronaron, unos contra otros, era hora de trabajar. Tal vez Kanon no le creía, pero la verdad era que Saga disfrutaba de su nueva vida y la paz interior que sentía desde que había dejado de ser el sujeto gruñón que había sido gran parte de su vida, y justamente por eso era que Kanon dudaba. Después de que su hermano menor regresara a lo que los demás denominaban como "el estado original", este se la había pasado criticando cada cosa que Saga hacía como parte de su nueva normalidad.

Si Saga encendía un incienso para armonizar el ambiente de la casa, Kanon se acercaba moviendo las manos de un lado para el otro, intentando espantar el humo.

—¡Cielos, Saga! —decía— ¡Pero si tú odias el olor de estas cosas y hacen que me duela la cabeza a mi.

Si ponía un disco con los mejores éxitos zen, llenos de música de cuerdas y cantos de monjes tibetanos, Kanon hacía un gesto de aburrimiento.

—Esto es la cosa más aburrida que he escuchado en mi vida, ¿acaso quieres matarnos de aburrimiento, Saga? Gracias a los dioses Camus me compartió su lista de Spotify, escucharemos mejor los grandes clásicos de Led Zeppelin.

Si Saga movía los muebles de la casa, buscando aumentar la energía positiva de su hogar, Kanon llegaba apenas él salía de la habitación y regresaba todo a su lugar, trayendo consigo el caos y desorden (o eso creía, en realidad su padre y tío también solían regresar todo a la normalidad, no entendiendo nada de eso de las energías).

Y así era, todos los días, cada vez que se encontraban frente a frente. A pesar de que había intentando ignorarlo, Saga estaba comenzando a sentir que su fuerte muro de relajación y energías positivas poco a poco se resquebrajaba, cada vez que veía o escuchaba a su gemelo. Hasta que no pudo más, y en un arrebato de lo que él consideró ira, pero que para Kanon no fue nada, le preguntó a su gemelo por qué lo molestaba tanto, cuál era el problema que lo aquejaba, por qué no lo dejaba alcanza el estado de felicidad y serenidad absoluta que todo el hombre necesita alcanzar.

Al escucharlo, Kanon tuvo la decencia de parecer avergonzado sólo por un breve instante, antes de señalar que él no estaba haciendo nada, excepto decirle que ese no era el camino, puesto que ni siquiera podía o sabía meditar correctamente.

La acusación hizo que Saga sintiera algo en su interior, como fuego recorriendo todo su cuerpo, como si tuviera una molesta piedra en el zapato o hubiera cometido un terrible error al momento de entregar un trabajo importante. Intentó controlarse, inhaló y exhaló una y otra vez hasta que el fuego desapareció, no obstante, no desaparecieron las palabras de su hermano, hasta el punto en el que Saga terminó ahí, sentado en una habitación de hotel pidiendo ayuda.

—... Así que… decidí tomar la crítica de Kanon como algo positivo en lugar de algo negativo, y aquí estoy, esperando poder aprender de alguien que sabe meditar.

Al escucharlo, Shaka entrecerró los ojos al reconocer los malvados planes de Kanon detrás de las palabras de su hermano mayor, pero no dijo nada, en su lugar asintió lentamente.

—Entonces hay que meditar.

En silencio, ambos se sentaron uno frente al otro en el suelo, en posición de loto.

—¿No vas a encender un incienso o poner música? ¿No vamos a hacer ejercicios de calentamiento? ¿Algunas poses de yoga?

—No me gusta el olor del incienso, esa música me aburre y no necesitamos hacer ningún ejercicio, sólo vamos a sentarnos por horas —Shaka desvió la mirada y sonrió con algo de sorna—. No es la gran cosa.

Saga no dijo nada, pero sintió que algo de la irritación anterior regresaba. Para él era sumamente importante la preparación, eso lo ayudaba a concentrarse, no podía hacerlo de otra manera.

—Creo que lo principal es concentrarte en la respiración. Intenta que sea regular, tranquila —explicó Shaka, cerrando los ojos. Nunca había necesitado explicarle a alguien cómo meditaba, al haberlo aprendido de niño siempre lo había visto como un ejercicio sencillo, sin ninguna ciencia—. Y… no lo sé… mantén la mente en blanco.

Saga asintió una vez y también cerró los ojos, intentando concentrarse. Su hermano gemelo le había dicho que no tenía la paciencia necesaria para sentarse a meditar, y Saga se negaba a creerle, a aceptarlo.

Sin embargo, conforme pasaban los minutos Saga comenzaba a sentir algo parecido a la desesperación. Podía escuchar los pájaros cantar afuera, el tic tac del reloj dentro de la habitación, el completo y desesperante silencio, y un par de sonidos de notificación que lo hicieron gruñir levemente.

—Lo siento, es mi teléfono —escuchó que decía Shaka. A los segundos escuchó cuando el teléfono se desactivaba y el típico sonido de que estaba escribiendo, cosa que lo hizo arrugar la cara y abrir un ojo, sólo para ver que Shaka concentrado en su teléfono—. Lo siento —murmuró de nuevo cuando levantó la mirada y se encontró con la mirada molesta Saga—, sigue en lo tuyo.

Saga volvió a cerrar el ojo, no tardó en dejar de escuchar el teléfono, lo que creyó que significaría que ya podrían continuar con la meditación y relajación. Intentando seguir el consejo de la respiración, Saga respiró lentamente, una y otra vez, contando cada vez que inhalaba y exhalaba; cuando comenzaba a aburrirse escuchó movimiento frente a él, y al abrir de nuevo el ojo vió a Shaka levantándose.

—Tengo que contestar una llamada —dijo mientras sostenía el teléfono—. Sigue meditando.

—Pero…

—Sólo cierra los ojos y concéntrate. Hasta un tonto puede hacerlo.

Al escuchar a Shaka, Saga soltó un gruñido por lo bajo. Que le costara tanto trabajo concentrarse no siginificaba que era un tonto, y mucho menos quería pensar que indirectamente Shaka lo había insultado, dos veces, primero yéndose a hablar por teléfono y después con palabras. Sentado en el suelo, Saga puso las manos en él y comenzó a golpearlo con los dedos, primero rítmicamente y después algo más rápido, comenzando a molestarse por lo solo que estaba y lo poco que lo estaban ayudando.

Tuvieron que pasar dieciocho minutos más, el tiempo máximo que la paciencia de Saga podía soportar, hasta que decidió levantarse, sumamente ofendido por ser dejado de lado. Una vez que recogió sus cosas, salió de la habitación del hotel y se encontró con Shaka recargado contra la pared del frente, con su teléfono contra el oído. Tratando de ser respetuoso, Saga señaló hacia el pastillo, formulando con la boca, sin emitir sonido, que ya se iba, cosa que hizo a Shaka asentir varias veces.

—Kanon dice que si vas a ir a casa o a otro sitio a juntarte con tus "amigos hippies que no se bañan" —dijo Shaka justo cuando Saga se estaba dando la vuelta y comenzaba a irse.

Al escuchar a Shaka, Saga se detuvo sólo por un momento, soltando un gruñido más alto, antes de continuar con su camino, sintiendo que el fuego anterior volvía a recorrer cada centímetro de su cuerpo. Shaka, por el contrario, volvió a su llamada.

—Ya se lo dije, y lo fastidié justo como querías, ya cumplí con mi parte.

—No sé si eso contaría como cumplir con tu parte —del otro lado de la línea, Kanon se recargó en su silla giratoria y dio media vuelta, dándole la espalda a Rhadamanthys, quien lo miraba con el ceño fruncido debido a que estaba haciendo llamadas personales en horario de trabajo—... ¿Salió muy molesto?

—Demasiado.

—¿Sus cejas estaban juntas?

—Parecía que eran una sola.

—¿Y su cara estaba así toda arrugada como cuando hacíamos algo estúpido y él tenía que venir a ayudarnos?

—Exáctamente la misma, me hizo revivir viejos tiempos.

Sin poder evitarlo, Kanon rodó los ojos y soltó un bufido por lo bajo, era obvio que Shaka sólo le estaba diciendo lo que quería escuchar, pero eso no importaba si al menos no le había mentido al principio y sí había logrado fastidiar a Saga. Esa premisa no la pudo comprobar, hasta horas después cuando encontró a su gemelo en la cocina, serio, mientras calentaba la cena para ambos. Cuando le preguntó a Saga cómo había estado su día, el mayor lo miró fulminante y contó que a grandes rasgos ese día había aprendido que no cualquier idiota podía dominar el arte de la meditación.

Después de salir decepcionado con Shaka, Saga había decidido visitar al primo del rubio, Shijima, esperando que el mayor fuera más comprometido con la enseñanza. No obstante, el mayor habló de cualquier cosa menos meditación, lo que terminó por fastidiar aún más a Saga y sus fallidos intentos por encontrar el camino a la meditación correcta.

Saga quería demostrarle a su hermano menor que él era completamente capaz de mantener la paz interior, de mantenerse tranquilo, sin molestarse.

Motivado por eso, Saga aceptó la solicitud de Aioros y Shura para salir a relajarse, en palabras de Aioros. Así, los tres salieron a una heladería, para disfrutar de una sana convivencia, al menos hasta que Shura y Aioros comenzaron a interrogarlo sobre su nuevo estilo de vida.

—Entonces… —comenzó Shura, removiendo su helado napolitano en su vaso— ¿Eres algo así como un hippie? Me golpearon antes que a tí, así que no recuerdo mucho de tu personalidad.

—¿Fuiste antes que Saga, en qué lugar estuviste? —Aioros volteó a ver a Shura con interés, casi no habían hablado de los atentados contra su vida, así que aprovechó la oportunidad para averiguar un poco más.

—Fui el cuarto, Milo me sorprendió mientras salía a tirar la basura en el restaurante.

—Que terrible —murmuró Aioros antes de voltear a ver a Saga, regresando al tema principal—. Entonces… ¿estás a favor del poliamor y la vivienda en comuna?

—¿Qué? —sorprendido, Saga miró a Aioros con los ojos bien abiertos.

—Sí, ya sabes —dijo Shura, mirando su helado con sumo interés, ligeramente avergonzado por el tema que iban a tocar—... sexo sin control y pueblos en medio de la nada.

—¿Es cierto que tampoco te bañas?

—¿Y que vendes artesanías en la carretera?

—También escuché que una vez a la semana tu habitación tiene un olor extraño… y sale humo… bueno… ya sabes… que te pones a fumar…

—Creí que Deathmask y Shijima son los que hacían ese tipo de actividades recreativas.

—Yo también…

Mientras Aioros y Shura comenzaban a charlar, siempre regresando a hacerle una pregunta extraña a Saga sobre sus actividades diarias, él se mantuvo en silencio, incapaz de contestar. Al parecer había una serie de rumores infundados sobre su persona, sobre lo que hacía y no hacía, la gente con la que se relacionaba y sus ideas. No podía creerlo. Definitivamente no podía creerlo.

Estaba ofendido. Bastante, bastante ofendido.

Tanto que volvió a sentir ese fuego burbujeante en su interior, quemando todo, incitándolo a golpear la mesa o a alguno de los dos hombres frente a él, que no dejaban de hablar de su persona como si él no estuviera ahí.

—Saga, ¿estás bien? —Notando que su amigo había apretado su cono con la fuerza suficiente como para derramar el helado en su mano y mesa, Aioros se preocupó — ¿Ocurrió algo?

—Tal vez el estilo hippie es demasiado para él —murmuró Shura, logrando que todos lo escucharan.

Saga sintió que su ojo derecho comenzaba a temblar, y la lava burbujeante en sus venas crecía, en ritmo y calor.

—Todo… está bien —dijo con dificultad, tratando de respirar profundamente para calmarse—. Recordé que debo hacer algo. Debo irme.

—Está bien, Saga, y no te preocupes por el helado, sabemos que los hippies no tienen dinero, nosotros invitamos.

Shura levantó el pulgar derecho con una sonrisa, mientras Saga intentaba no mostrar toda su furia en una sola mirada. Después de que el mayor se fue, Aioros y Shura intercambiaron una mirada antes de que el pelinegro le escribiera a Kanon que la misión estaba cumplida. Habían fastidiado y molestado a Saga tal y como el gemelo menor quería.

Saga salió molesto del lugar, aunque no lo reconociese, pero logró cambiar su actitud antes de llegar a casa, sabiendo que la furia no era el sentimiento correcto para mantenerse. Enojarse no lo llevaba a nada, y sabía que Aioros y Shura no lo hacían por ser malos, sino por simple ingenuidad… o tal vez por consejo, consejo de Kanon.

Pensar en esa premisa provocó que Saga comenzará a sospechar.

Durante los siguientes días Saga fue fastidiado por varias personas, en especial por su propia familia, para aumentar su frustración. De repente, Saga comenzó a sentirse atacado de todas las formas posibles, desde su vestimenta hasta cualquier cosa simple que hiciera, como calentar su pan de pita para el desayuno. Su padre era sutil, amable pero determinante; sus tíos, en cambio, eran filosos, venenosos, serpenteantes, a excepción de Calvera, quien lo defendía con ferocidad; Aiacos, por el contrario, sólo sonreía con algo de burla cuando lo veía, mientras que Milo parecía más ocupado peleando con Kanon por ser excluido del grupo de amigos que por hablar o discutir con él.

Así, Saga había intentado sobrevivir a los constantes asedios de parte de todo el mundo; pasó septiembre, y estuvo a punto de sobrevivir octubre, hasta que llegó ese terrible día. Saga despertó como todas las mañanas, sintiendo que algo en su interior le molestaba, y como todas las mañanas lo ignoró, al igual que las palabras de Calvera acerca de provocarse una úlcera si seguía tragándose todo su enojo.

Salió de su cuarto sólo para encontrarse con un extraño y sospechoso silencio. Al bajar la escaleras y llegar a la sala, pensó que tal vez al fin tendría algo de paz, o eso creyó, puesto que pronto el sonido del timbre hizo eco en su silencioso hogar.

Cuando abrió la puerta se encontró con Camus, quien lo miró de vuelta, serio.

—Kanon dijo que viniera —murmuró, mostrando la pantalla de su teléfono encendida, y con el chat abierto.

Saga no pudo responder, Kanon apareció atrás de él con una sonrisa.

—¡Copito! Llegas tarde, te toca invitar las bebidas —dijo Kanon mientras hacía pasar al recién llegado—. Si me disculpas, Saga, tenemos cosas que hacer.

Dicho eso, Kanon sostuvo a Camus de los hombros y lo guío hacia el baño, para sorpresa del francés y del gemelo mayor. En el baño, Camus miró con aún más sorpresa al resto de sus amigos que habían regresado a la "normalidad", todos apretados en el minúsculo baño de un metro por dos setenta; Aioria y Mū estaban sentados en el retrete, al fondo, en la ducha, Shaka, Dysnomia, Afrodita, y Aldebarán (en ese orden) intentaban no estorbarse tanto entre sí, Shura y Aioros estaban cerca del lavabo, también intentando no estorbar demasiado. Al verlos, Camus miró brevemente hacia atrás, donde estaba Kanon, esperando respuestas.

—¿Por qué estamos aquí? —preguntó mientras era empujado hacia Shura, quien lo recibió con los brazos abiertos.

—Estamos en la última fase de mi plan y necesitamos discutir cómo vamos a terminarlo.

—¿Y tenemos que discutirlo en el baño?

—Ni lo intentes, Camus, ese necio no entiende —dijo Shura, mirando al mayor con el ceño fruncido mientras este terminaba de cerrar la puerta con seguro.

—Ahora, hemos pasando estas últimas semanas molestando a Saga a niveles astronómicos —Kanon comenzó a explicar, ignorando las palabras de Shura y Camus—. Su nivel de ira a pasado de aquí —explicó poniendo su mano derecha a la altura de la cintura—, hasta aquí —continuó subiendo la mano hasta la altura de su cabeza—. Pero aún falta un poco más, necesitamos una última cosa que lo haga explotar, así que escucho sus sugerencias.

—Aún no entiendo cómo es que haciéndolo enojar harás que regrese a la normalidad —observó Aioros, moviendo los brazos para evitar chocar contra los cepillos de dientes.

—A este paso lo único que le provocaras será una úlcera —dijo Afrodita, con los brazos cruzados.

—Eso no va a pasar… ¿o sí? —Kanon miró a Mū ligeramente alarmado, el Saga normal no lo perdonaría si terminaba en el hospital.

—Mmm… cincuenta-cincuenta.

—Eso suena bien para mí. Ahora, ideas.

Algunos bufaron por lo bajo mientras desviaba la mirada y comenzaban a idear planes; Aldebarán no pudo evitar recargar el brazo sobre la repisa en la que estaban los shampoos.

—Si Deathmask fuera Deathmask… —murmuró, recordando la habilidad innata de su amigo para molestar a otros.

—Tengo un plan —dijo Aioria, acomodándose para imitar la postura de El pensado—. Pero necesito tres semanas para afinar detalles, conseguir un destapa caños, un reloj cucú, como tres kilos de Kopi luwak, un sacapuntas de titanio, construir un robot de cinco centímetros, aprender cantonés y encontrar a alguien que me ase un pollo de cuatro kilos y medio.

Kanon asintió lentamente ante las palabras de Aioria; la propuesta sonaba interesante, pero no tenían tanto tiempo. El año terminaba, pronto comenzaría a hacer frío de verdad y no quería que su hermano verdaderamente encontrara una razón, válida, para no bañarse. Sin embargo, el silencio se extendió lo suficiente como para hacerlo creer que ya no habría más ideas o solución.

Hasta que Dysnomia levanto la mano como si estuvieran en la escuela, aprovechando para darle un codazo a Afrodita que lo hizo sobarse el brazo con molestia.

—Tengo una idea —dijo cuando Kanon le dio la palabra—. Pero no sé si funcione o si a Saga le importe lo suficiente…

—¿Qué es?

—... Probablemente no, ya pasó mucho tiempo…

—Deja de divagar y cuenta el chisme completo —dijo de inmediato Shura. En el tiempo que había convivido con la mujer se había percatado de que la mente de ella se desviaba con facilidad de los asuntos importantes, en especial cuando se trataban cosas que no le interesaba.

—De acuerdo —dijo de inmediato Dysnomia, pensando en la mejor manera de hacer su comentario—. ¿Cómo se lleva Saga con Minos?

—¿Minos? ¿El amigo de Aiacos? —Al escuchar el nombre, Afrodita se acomodó sobre su hombro, mirando hacia la derecha, donde estaba Dysnomia, poniéndole toda su atención— ¿Esa rata asaltacunas? ¿Ese malnacido cualquiera? ¿Esa víbora merodeadora de jóvenes…?

—Afrodita, Minos sólo es tres años mayor que Celintha —Aioros intentó razonar con su amigo; casi no había convivido con Minos, pero el abogado le daba una buena sensación, creía, sin pruebas, que era confiable.

—Sí, y cuando mi pequeña y joven hermana estaba coloreando con sus amiguitos en la escuela ese abogaducho se embriagaba y fumaba con Aiacos, no lo nieguen, todos aquí lo saben.

—Creo que sería mejor ya no decir nada —murmuró Dysnomia, sintiendo la burbujeante ira de Afrodita a su lado. Otro poco y también la atacaba a ella.

—Sólo hay que sacarlo de aquí y ya —dijo Shaka mientras recargaba la cabeza contra la pared y miraba a Dysnomia, encontrando la solución a los problemas de todos.

—¡¿Cómo te atreves a sugerir eso, Shaka?! —gritó Afrodita, ofendido.

Al escuchar las palabras del rubio, Kanon alzó una ceja; menos de dos minutos después, Afrodita fue empujado fuera del baño, justo cuando Saga iba pasando.

—¡¿También estabas ahí?! —preguntó Saga con sorpresa e intentando mantener la mente abierta con respecto a lo que fuera que estuviera haciendo su gemelo.

—Por supuesto, Saga —dijo Afrodita en un tenue gruñido. Estaba a punto de golpear la puerta exigiendo regresar cuando esta se abrió un poco y una mano apareció para arrojarle una billetera; al abrirla, Afrodita vio la identificación de Camus con una ceja levantada y la sacó para guardarla en uno de los bolsillos de su pantalón—. Voy a la tienda, ¿se te ofrece algo, Saga?

Saga parpadeó varias veces y negó en voz baja. Por su salud mental, era mejor no saber lo que estaba haciendo su gemelo y amigos.

Dentro del baño, todos escucharon a Dysnomia con atención, en especial Kanon, quien no tardó en comenzar a idear sus propios planes. A pesar de que al principio tuvo sus dudas, ahora estaba seguro de que llevar a Dysnomia con ellos había sido una muy buena inversión, en especial cuando comenzó a maquinar algunas ideas con ella, quien parecía tener una habilidad especial para planear maldades contra otros, sin importar si estas eran bien intencionadas o no.

—Sigo sin entender cómo molestar a Saga lo convencerá de regresar a ser él —observó Aldebarán después de escuchar a Dysnomia y Kanon hablar sobre ex novias y cómo reunirlas a todas sin que ninguna lo sospechara—. Y por qué deberíamos cambiarlo en primer lugar, a mi no me parece tan malo.

—Aldebarán, eres una buena persona, jamás verías el lado malo en otros —señaló Kanon, logrando que hasta Camus asintiera—. Deberías ir a comprar bebidas con Afrodita.

—¡Oye! —se quejó de inmediato Camus, cruzando los brazos— Todavía que me quitas mi cartera y se la das a Afrodita, me acabo de quedar sin efectivo.

—¿Efectivo? —sin poder evitarlo, Shura alzó una ceja y sonrió de lado— Afrodita tiene tu billetera.

—Dile adiós a tus tarjetas —continuó Aioria, también sonriendo.

—¿Qué no Afrodita era el que nos dibujaba bigotes y cosas extrañas en las fotos de las credenciales cuando estaba aburrido? —Mū entrecerró los ojos, recordando que en el último año del Lykeio, la fotografía de su credencial estaba adornada por una barba de candado y un muy buen y detallado sombrero de pirata.

Al escuchar a su amigo, Camus abrió los ojos y casi salió corriendo del baño, dispuesto a encontrar y detener a Afrodita.

—Iré con él, el nuevo Camus puede ponerse algo agresivo —despidiéndose de todos, Aioros se detuvo antes de salir para sostener a Kanon del hombro—. Espero que la próxima vez Saga pueda explotar toda su ira cada vez que quiera.

—Escuchaste eso, Aldebarán, tenemos la bendición de Aioros. Es hora de poner el plan en marcha.

Al escuchar que su hermano lo aprobaba, Aioria alzó los pulgares. Era la oportunidad de molestar a Saga y no pagar las consecuencias de eso, no podía desaprovecharlo.


Comentarios:

¡Gracias por leer!

Dos cosas a explicar:

*El pensado. Esta es probablemente una de las esculturas más famosas del mundo. Fue creada por Auguste Rodin entre 1881 y 1882 para decorar el tímpano de La puerta del Infierno (una escultura aún más grande); al termino de ella fue puesta como entrada el Museo de Artes Decorativas de París de esos años. En la actualidad se encuentra en el Museo Rodin, en París.

*Kopi luwak. También es conocido como café de civeta (mamífero nocturno y carnívoro procedente de Asia tropical y África), debido a que Es obtenido de las heces del animalito. Estos se atiborran de frutos maduros de café y expulsan el grano parcialmente digerido. El café está cotizado en unos 400 euros el kilo, lo que lo convierte en uno de los más caros del mundo.