Ya pasaba del medio día y él seguía en su habitación, recostado en su cama, las cortinas eran gruesas y la luz del día no pasaba a través de ellas, su ventana estaba cerrada y las luces apagadas, cualquiera creería que aún era de noche si no miraba el reloj de la mesa de noche.

Su cama estaba desordenada, sus cuadernos tirados en su escritorio y sus libros por todos lados al igual que su ropa, su teléfono seguía iluminándose con cada llamada que su primo le hacía, pero él no tenía ganas de responder, ni siquiera tenía ganas de levantarse de su cama, asearse, cambiarse y comer.

¿Cuántos días había pasado así? ¿Cuatro? ¿Cinco? Ya no sé acordaba, sólo sentía el pecho lleno de presión y la dificultad de respirar normalmente, se sentía mal y no sabía por qué, quería llorar y gritar, romper todo y al mismo tiempo sabía que ya no era un niño para hacer una rabieta.

Nuevamente se encontraba suspirando y se giró en su cama para volver a dormir, era lo único que había hecho en esos días.

⸻⊱💔⊰⸻

Un golpe lo despertó, alguien estaba golpeando la puerta, eso sería normal si no fuera por el hecho de que era la puerta de su habitación.

—No necesita nada, Adrien, puedes irte.—dijo sin ocultar su cansancio en su voz.

—No soy Adrien...—habló una voz femenina al otro lado de la puerta.

Félix entró en pánico, ¿quién había entrado y cómo lo hizo?

La fémina continúo.—Adrien me dió la llave para entrar, él iba a venir, pero... Creí que no sería de ayuda...

Félix se tranquilizó y hablo.

—¿Quién eres?

—Soy Mari, Marinette...

Claro, no había ido a clases esa semana y seguramente la profesora le dijo que viniera a ver qué ocurría, ella no vendría por su cuenta, claro, después de todo, desde que llegó a París, ellos dos no se llevaban bien y continuamente ella lo regañaba por su frialdad o falta de tacto para con los demás.

—No necesito nada, puedes irte.—volvió a repetir.

—Félix...—la chica susurró pero aún así pudo escuchar preocupación por él, pero ¿por qué?, ellos no se llevaban bien, quizás era buena fingiendo..., él pensó y ella continúo hablando—no puedes quedarte para siempre en tu habitación, déjame entrar...—aunque hablaba del momento él no pudo evitar creer que ella hablaba de algo más importante, pero él sería terco hoy.

—Sí puedo,—dijo con molestia—es más, lo estoy haciendo ahora, vete y dile a Adrien que no me moleste más.

Marinette suspiró pesadamente.—Si no sales, abriré yo misma la puerta.—sería una broma si no fuera porque su voz sonaba a que no bromeaba.

—Quiero verte hacer eso.—refunfuñó él.

—Bien.—dijo ella, él podría ser terco, pero ella lo era más.

Durante un par de minutos no se escuchó nada y él creyó que ella simplemente se había dado por vencida y se había ido, después de todo, ella no tenía nada que ver con él, pero se dió cuenta de que estaba muy equivocado cuando la puerta se abrió y la luz del exterior iluminó su fúnebre habitación.

—Bien,—empezó ella entrando en la habitación—todo está oscuro, no veo nada...

Él se sentó en su cama pensando en cómo ella había abierto la puerta y al mismo tiempo viendo cómo recogía la ropa del suelo y la doblaba, como si fuera algo que siempre hacía.

Ella caminó hasta la ventana y separó las cortinas dejando entrar la luz del día y él entrecerró los ojos debido al cambio tan abrupto.

—Parece como si un huracán hubiese pasado por aquí,—dijo ella—limpiaremos y luego almorzaremos.

El salió de su estupor y se levantó caminando hacia ella.

—Vete—siseó el chico pero ella ni siquiera se inmutó.

—No me iré, no sin antes de que te asees y comas.—ella habló suave pero firmemente, dando a entender que no había cabida a otra solución.

—No tengo hambre,—habló él—no te necesito, ni necesito nada de tí.

Él caminó de vuelta a su cama y se acostó tapándose con la sábana desde los pies hasta la cabeza, como si esa acción hiciese que ella se fuera.

—Bien,—suspiró ella y él creyó que se iría, pero no—limpiare y luego te despertaré para que comas.

Él no se movió y no hizo ningún sonido.

El tiempo pasó con ella entrando y saliendo de su habitación mientras limpiaba y ordenaba todo, Félix no pudo dormir ya que todo lo hacía sentir incómodo, al cabo de casi una hora ella volvió a hablar.

—Félix,—ella tocó su hombro para despertarlo, después de todo sí se quedó dormido.

Él hizo un sonido somnoliento.—Debes comer,—susurró mientras lo sentaba y acariciaba su espalda—ya he calentado la comida.

Antes de que él pudiera entender todo el olor de comida casera inundó sus fosas nasales y su cuerpo recuperó todo el hambre que no había tenido en días, así que no fue difícil para ella llevar una cuchara de comida a su boca y él comió sin quejarse.

Es muy apacible cuando está medio dormido, pensó Marinette.

—¿Qué estás haciendo?—preguntó Félix aún medio dormido.

—Dándote de comer.—contestó ella mientras tomaba más comida con la cuchara.

—Yo puedo hacer eso solo.—dijo él.

—Puedes, pero no lo harás.—contraatacó ella mientras él comía y hacía un sonido de queja.

Cuando Félix se recuperó de su conciencia adormecida se giró hacia la chica que había dejado los platos de comida en el escritorio y ahora se había dirigido a su armario a buscar ropa.

—¿¡Qué estás haciendo!?

Marinette rodó los ojos.—Buscándote ropa limpia,—y agregó—como te dije antes de levantarme.

Félix abrió su boca para quejarse de algo más, hasta que vió su habitación y sus cosas limpias y ordenadas y no supo exactamente de qué quejarse.

—¿Por qué...—fue lo único que salió de él.

Marinette volvió a él con un pantalón de algodón, una camisa de manga larga de tela ligera y bóxers.

—Porque me preocupas.—dijo y se sentó a su lado, él la miró asombrado.

—¿Por qué lo harías?

—Félix, no siempre hay un por qué.

—No es verdad, siempre lo hay.

Marinette suspiró.—Porque eres mi amigo, ¿feliz?

Félix se rió amargamente.—No somos amigos.—dijo con frialdad.

—Que te regañe por tu mal comportamiento no quiere decir que no me importe cómo te sientas, Félix.

La mirada que Marinette le daba era sincera y preocupada y Félix no supo cómo sentirse, él desvió su mirada, observando su habitación, los platos de comida y la ropa que aún estaba en las manos de ella y sintió que el dolor de su pecho aumentaba más, porque ahora ella había visto su debilidad y seguramente luego de esto creerá que él es alguien que necesita ser cuidado como un niño pequeño, Félix se estaba perdiendo en sus pensamientos mientras la ansiedad salía a flote y su respiración se hacía más inestable y Marinette lo veía aún más preocupada.

—Tranquilo, Félix.—la chica lo abrazó suavemente mientras acariciaba su espalda y él sentía que sus lágrimas caían sin poder controlarlas y se aferraba a ella, al principio Marinette se sorprendió cuando él empezó a sollozar pero continúo acariciando su espalda y su cabello mientras susurraba: está bien, todo estará bien ahora y trataba de tranquilizarlo.

⸻⊱💔⊰⸻

Varios minutos habían pasado pero él no dejaba de abrazarla y aún hipaba un poco, en algún punto ambos se habían tumbado en la cama y habían quedado de costado.

Marinette decidió hablar cuando la respiración del rubio ya se había controlado un poco.

—¿Qué fue lo que pasó, Félix?—preguntó con cautela, no quería que él se molestara o que entrará en un ataque nuevamente.

—Yo...—Félix no sabía qué debía decir.

—Está bien si ahora no quieres decirme nada concreto, sólo... Sólo quiero saber cómo apoyarte.

—Es que yo... Yo no sé,—dijo con la voz entrecortada—no entiendo qué me pasa y no sé qué hacer y yo... Yo...—él parecía que volvía a sumergirse en pensamientos nada buenos así que ella lo calmó primero.

—Está bien,—susurró—todos tenemos esos días.

—Yo, nunca me sentí antes así... Empezó después de la muerte de mi padre,—confesó él.

Marinette creía que quizás la muerte de su padre fue algo muy doloroso para él y que aún no había sanado las heridas de su partida... Hasta que él continúo hablando.

—Mi padre era... Un hombre difícil, siempre había algo de qué culparme, siempre me gritaba por algo que hacía o no hacía,—el chico apretó más su abrazo con ella—yo traté de hacer que él se sintiera orgulloso de mí, mejore mis notas, participé en actividades que él quería y nunca lo desobedecí... Pero... Yo no fuí- no soy suficiente...—él susurró y escondió su rostro en el pecho de la chica y ella pudo sentir como temblaba ligeramente.

—No es verdad, Félix...—dijo ella con voz preocupada—tú... Eres realmente una persona increíble y maravillosa, lo que tú padre haya dicho no es verdad.

—¿Entonces por qué no me amó? ¿Qué hice mal, Marinette?—dijo sollozando.

—Tú no has hecho nada malo, Félix,—dijo con voz suave pero firme—no tienes que culparte por el error de alguien más.—ella continúo antes de que él pudiera decir algo más—Hay personas que se preocupan por tí aquí y que te quieren tal y como eres, aunque a veces te burles de los demás o seas muy distante.—trató de decir lo último de manera juguetona para apaciguar la situación.

Tuvo efecto, ya que el rió suavemente.-—Perdón...—y eso ella no lo esperó.

—¿De qué te disculpas?

—Yo, no sé tratar con las personas...—dijo él—cuando hice amigos, mi padre me obligó a dejar de verme con ellos o hablarles y las otras personas que se acercan a mí es sólo por el dinero de mi familia así que yo... Trato de no caerles bien...

Marinette acarició sus cabellos.—Entiendo... Pero no te preocupes,—le aseguró ella—los chicos del aula no te buscarán por esas cosas, ellos realmente se preocupan por tí, vieras la cantidad de mensajes que mandaron al grupo y a Adrien preguntando por tí.—ella rió suavemente.

—¿Ellos hicieron eso...?

—¡Claro que sí! No fuiste al colegio y creímos que estabas enfermo, pero cuando le preguntamos a Adrien y dijo que no te había contactado desde hace rato me- nos preocupamos por tí...

—Lamento preocuparlos...

—Está bien, al menos ya ví que pasó y ya comiste...

Algo pareció sonar en la cabeza de Félix porque recién ahora se daba cuenta de cómo estaban ambos y definitivamente si su madre estuviese allí y los viera diría que es escandaloso, así que él se separó rápidamente de ella y se sentó.

—Lo siento, no sé qué me pasó... Yo, no quería tocarte... Es decir... Uhh...—Félix se preparó para un regaño de ella.

—Está bien,—dijo en cambio ella—cuando uno está triste un abrazo es lo mejor, ¿no?

—Eh... Sí, gracias.—él estaba sonrojado.

Marinette vió a la ventana y se dió cuenta de que había pasado tanto tiempo que había anochecido.

—Creo que sería bueno que te dieras una ducha,—dijo ella y luego se dió cuenta de cómo sonaba eso—no es que olieras mal, digo, no te estuve oliendo, osea, yo... Creo que sería bueno para que te relajaras.

—Sí...—dijo él—Creo que es buena idea.

Él tomó la ropa y la miró un momento dudando.

—¿O quieres que te ayude yo?—dijo Marinette burlonamente, pero se sonrojo rápidamente al entender lo que implicaba eso, para su buena suerte Félix habló antes.

—¡Puedo hacer eso yo sólo!—dijo tomando la ropa y yéndose lo más rápido posible y Marinette creyó ver qué él también estaba sonrojado como ella.

—¡Prepararé algo para la cena!—le avisó ella.

Marinette tomó su teléfono y le escribió a su madre que llegaría un poco más tarde, bien podría irse, pero aún no quería dejar a Félix solo y quería que él cenará, incluso podría quedarse a dormir si sólo así viera que él se levantará a desayunar, pero eso hizo que se sonrojara más así que decidió levantarse de la cama e ir a la cocina a hacer lo que quería hacer antes de que él saliera del baño, por alguna razón, había un sentimiento de familiaridad en todo y eso le gustaba.