Adrien miraba la invitación que tenía en sus manos y simplemente no lo podía creer.
¿Estaba molesto? Sí, ¿Estaba triste? Sí, ¿Su corazón estaba hecho trizas? Sí, ¿Tenía derecho de quejarse? No.
La conoces desde los catorce y nunca te has interesado en ella, y ahora que yo quiero salir con ella, ¿te interesa?
Había dicho Félix cuando tenían diecisiete y había conocido a Marinette.
Él había estado rondando, por así decir, a la azabache, nunca había pensado que su primo, que siempre alejaba a todo el mundo, se interesaría en la chica más amable y dulce que había conocido, era divertido, de cierto modo, ver cómo se sonrojaba ante la cercanía de la chica.
Siempre pensó que Marinette tenía ese poder, el de curar el corazón de los demás con su dulzura, amabilidad y cariño, no pensó que eso desembocará sentimientos en su primo, pero tampoco había pensado que el hecho de imaginarlos juntos provocará sentimientos encontrados en él, hasta ese momento, siempre vió a la azabache como una amiga, una buena amiga.
Las cosas cambiaron cuando tenían dieciséis, ella se veía mas cómoda a su lado, diferente a lo que siempre acontecía; que balbuceara palabras sin sentido, se sonrojara y se pusiese nerviosa; y eso de alguna manera le dijo que no volverían a ser igual que antes, pero Marinette siempre estaba allí con él y eso lo calmaba un poco.
Pero cuando Félix llegó un día sin previo aviso, todo se zafó de su lugar.
Él y Marinette de alguna manera congeniaron bien, hablaban de libros, series, arte, musicales y moda.
La mirada que ella tenía cada vez que hablaba con Félix era divina y al mismo tiempo molesta, porque no estaba dirigida a él, como antes lo era.
En algún punto quiso culpar a su padre, él sabía que Gabriel no aceptaría que saliese con Marinette por nada del mundo, pero... Félix le había dicho es tu vida y tú decides que hacer con ella, nadie más puede decidir por ti, y tenía razón, incluso si su padre decía que no, él podría haberse revelado o simplemente no hacerle caso, pero nunca se había planteado desobedecer a su padre, era el único que le quedaba, ¿qué pasaría si pelean y nunca se vuelven a ver?, estaría solo...
Él suspiró, ¿qué se supone que debería hacer ahora?, ¿ir y hacer un escándalo en medio de la ceremonia?, para qué, Marinette ya no lo amaba, lo único que conseguiría sería que lo odiase por arruinar su día y quizá ya no le volvería a hablar, eso dolería más.
Incluso tuvo pensamientos de llevarse a la novia antes de la ceremonia, o de vestirse de Félix y engañarla... Por supuesto, descartó esos pensamientos y los hundió en lo más profundo de su ser, no haría algo tan estúpido.
No había nada más que hacer, ya era muy tarde para planear algo, ya tenían veinticinco, no era el momento de actuar como un niño.
Él se levantó y buscó su ropa, un lindo smoking negro de los de siempre, no había tenido ganas de buscar algo más, después de todo, no estaría tan feliz.
Quedaba una hora, una hora para hundirse en sus pensamientos y sufrir, pero el timbre de la puerta anunció que no sería posible.
Se levantó y abrió la puerta para encontrarse con Kagami que llevaba un lindo vestido sin mangas, la parte de arriba era crema y la falda, que era corta al frente y larga detrás era verde, verde... Siempre creyó que la vería usando rojo toda su vida, pero supuso que era el segundo paso de vivir su vida luego de que decidió desligarse de su madre.
—Veo que ya estás cambiado.—dijo ella—Entonces vámonos.
—Aún falta una hora.
—Sí y posiblemente te suicides en ese tiempo, no dejaré que hagas eso,—ella entró y fue directo a su cuarto—¿Llevas contigo tu cartera y teléfono?
—Sí,—suspiró—no tienes que hacer esto, Kagami.
—No tengo, pero lo haré de igual manera.
Ella lo miró, tan imposible como siempre.
—Eres un idiota, lo sabes, ¿no?
—Gracias por los ánimos.—dijo sarcástico.
—Si no hubieras dejado pasar el tiempo y hubieras seguido mi consejo, tú serías el novio ahora.
—Sí, ya me imaginé ese escenario unas ochocientas veces en estos años.
—Bien, que te sirva como ejemplo de lo que no debes hacer cuando amas a alguien.
Él se quedó en silencio, ser regalado por Kagami no era agradable.
—Eres primo del novio y padrino también, cambia esa cara, alégrate por ellos.
—Está bien...
Ambos salieron y se dirigieron al lugar, la boda sería al aire libre, en un jardín grande y hermoso, el tiempo era bueno, había sol y la brisa era fresca, todo parecía una película de romance, todos estaban felices y vestían sus mejores ropas, Félix llevaba un traje color verde velvet, era un diseño de Marinette, se le notaba nervioso, pero no podía dejar dejar de sonreír como un bobo, pronto Adrien tomó lugar al lado del novio y las damas de honor tomaron sus lugares, sus vestidos era rosa mate de tul, elegantes, frescos y bonitos.
La marcha nupcial empezó a sonar y allí estaba ella, Marinette caminaba del brazo de su padre, su vestido era de un rosa tan ligero que parecía blanco, de hombros descubiertos, de mangas largas y anchas de tul, su corsé tenía flores blancas por todos lados, la falda también las tenía en la parte superior y en la parte inferior, su maquillaje era ligero, su cabello estaba arreglado en un moño alto y el velo era del mismo color que el vestido, con encaje y flores, y le llegaba hasta la cintura, su bouquet tenía rosas rosas y blancas.
Mientras más se acerca al podio, las manos de Adrien sudaban, le cosquilleaba el detener todo esto y declararle su amor a Marinette, pero al ver a Kagami y su mirada, se detuvo de hacer cualquier estupidez.
Ella llegó al podio, su padre le dió un abrazo y la música cesó, su padre se sentó en la primera fila junto a su madre, quien estaba con los ojos vidriosos y un pañuelo, los novios se miraron y él, al estar detrás de Félix, no pudo ver su rostro, pero supuso que también sonreía.
Se leyeron los votos y ambos dieron el sí acepto, se lanzó el bouquet y, por más sorpréndete que sea, cayó en las manos de Kagami, todos se tomaron fotos con los novios, por supuesto él también se tomó una foto junto a ellos y les deseo sus mejores deseos, oficialmente Marinette era una Graham de Vanily.
La fiesta llegó y los novios bailaron su primer baile de casados y ambos parecían estar en otro mundo, sólo se miraban entre sí y sonreían, definitivamente iban a ser la envidia de muchas parejas.
Adrien se quedó un par de horas y luego se despidió, no sabe cómo logro soportar todo eso, pero ya no tenía fuerzas para más.
—¿Te vas?—preguntó Kagami.
—Es difícil ver a tu crush casada con tu primo.
—Sí, lo es.
—¿Te gustaba Félix o Marinette?—preguntó asombrado.
—Baboso,—rió ella—hablo de tí,—aclaró—fue difícil para mí cuando veías a Marinette enamorado y no a mi.
—Perdón...
—No hay nada que disculpar, ya pasó y lo superé.
—¿Vamos por tragos?—continúo ella luego de unos instantes.
—Definitivamente lo necesito ahora.
Quizás ambos no podrían llegar a ser algo, pero era lindo estar acompañado de un buen amigo en ese momento.
