Marinette estaba sentada abrazando sus rodillas contra su pecho mientras Tikki la miraba preocupada, no había dormido nada.

—Deberías faltar hoy, Marinette,—dijo su kwami acariciando sus cabellos—no has dormido nada, debes estar cansada.

—¿De qué serviría, Tikki?—se quejó la niña—Incluso si me quedo volveré a tener a tener pesadilla y no dormiré nada.

La niña bajó de su cama, estaba cansada, mucho, no solo físicamente, mentalmente estaba harta de todo, gracias a su amor por cierto rubio tomó un riesgo demasiado grande y perdió todos los Miraculous, no era su primer error, ya no estaba el maestro Fu, también por lo mismo y ni hablar de Chat Blanc, había un sentimiento de inutilidad y pesadez en su pecho, cada noche era igual, recordaba todos los sucesos y al mismo tiempo se le ocurrían cosas que pudría haber hecho para evitarlo, pero ya era muy tarde.

Ella bajó a la cocina y tomó solo un vaso de agua y algún pan, no tenía hambre, bajo a la panadería y se despidió de sus padres, ellos la veían mal, trataron de preguntarle qué pasaba; pero ella les aseguro que no pasaba nada, que estaba bien; pero ellos no estaban del todo seguros y no podían preguntar más, temiendo que su hija se encierre más de la cuenta.

⸻💤 ⸻

Era muy temprano, casi no había nadie en la escuela, al entrar al aula sólo se encontró con la razón de su malestar, aunque una parte de ella sabía que no era totalmente culpa de él.

El chico estaba en su asiento leyendo algún libro y al escuchar entrar a alguien medio que alzó la mirada, la niña estaba viéndolo, pero al mismo tiempo parecía que estaba en otro lugar, él era bastante observador y se había dado que la azabache no estaba bien, aún si su amiga trataba de animarla, ella parecía muy distante.

La niña camino para subir la escalera hasta su asiento, pero debido al cansancio físico que tenía su cuerpo, casi cae de bruces, pero logró estabilizarse antes de caer, suspiró y se apoyó en el primer asiento.

El niño, preocupado por ella, se acercó suavemente y la ayudó a erguirse, la niña ni siquiera lo notó, él la llevó hasta su asiento y la sentó a su lado, él se acomodó lo mejor que pudo, la sentó en su regazo de costado haciendo de cuna para ella y comenzó a mecerla y arrullarla, la niña lo dejó ser y se entregó al dulce sueño que la llamaba.

⸻💤 ⸻

Unos minutos más tarde llegaron algunos alumnos que vieron la escena, algunos preocupados, otros interesados por saber qué había pasado.

—¿Qué fue lo qué- —empezó Alya, pero Félix llevó un dedo a sus labios indicando que no hiciera ruido, todos en aula habían seguido esa indicación tácita al llegar, después de todo, habían visto a la azabache bostezar y cabecearse de vez en cuando en clases.

—La llevaré a la enfermería,—susurró el rubio—avisale a la profesora.

Dicho eso, el chico se levantó suavemente haciendo que la niña se quejara, pero no despertandola, la cargó al estilo nupcial y salió del aula.

⸻💤 ⸻

En sus sueños cada vez que soñaba algo que le dolía o que le asustaba, Marinette sentía que alguien tapaba sus ojos y susurraba todo estará bien, nada malo pasará, todo está bien, mientras un calor la envolvía y la hacía sentir calmada.

⸻💤 ⸻

En el receso sus compañeros fueron a la enfermería, pues Félix no había vuelto y quería saber cómo estaba su amiga.

Al entrar la enfermera les pidió silencio y se acercaron a la camilla donde estaba ella.

Allí, Félix estaba en la misma posición que en el aula, solo que ahora más cómodo, estaba frotando la espalda de la niña mientras siseaba y la arrullaba.

—¿Cómo está?—susurró Alya.

—Ha tenido varias pesadillas,—contestó el chico en un susurró igual—la enfermera me dió el permiso de quedarme hasta que se levantará.

—¿No deberías levantarla para que coma?—sugirió Adrien—Creo que no ha comido bien estos días...

—Podría, pero si la levanto, temo que no volverá a dormir después.

—Cierto..., puede ser algo terca a veces.

Los chicos dejaron algunas frutas que traían de la cafetería y una botella de agua y luego salieron de la enfermería.

Félix se alegraba que la niña no había balbuceado mientras ellos estaban allí.

⸻💤 ⸻

Al despertarse, Marinette se sentía envuelta en un calor agradable y se acurrucó más a él, pero lo último que recordaba era estar en el aula y ver a Félix, por lo que no entendía qué había pasado luego.

Alzó su rostro y lo vio, el chico estaba mirándola, su mirada era seria pero suave.

—¿Qué...?

—Te traje a la enfermería.

—¿Por qué?

—Te quedaste dormida.—el chico estiró su brazo y tomó la manzana que había traído Alya—Tu amiga trajo esto para ti, debes tener hambre, come.

La niña tomó la fruta y la mordió, realmente tenía mucha hambre.—¿Por qué estamos así?—preguntó luego de pasar lo masticado.

—Tenías pesadillas,—dijo él, dejando que ella se acomode mejor—y era mejor que estuviera yo aquí a que la enfermera escuchará tus secretos.

La niña se asustó y lo miró.—Tú... no...?

Él asintió en silencio.

—¡Olvídalo, no fue real, no-

—Lo siento, Marinette.—dijo él abrazándola—No quise lastimarte...

—¿Por qué lo hiciste?

El dudo, pero respiró hondo y respondido.—Para salvar mi vida y la de alguien a quien estimo.

La niña se separó del abrazo y lo miró preocupada.—¿Para salvar... Tu vida...?

—Sí,—respondió él—pero no es una historia que te contaré hoy, estás cansada, debes dormir y comer como se debe, te llevaré a tu casa, si gustas.

Ella asintió y él la ayudó a levantarse de la camilla, tomó la botella y bebió todo de golpe y luego comió el resto se frutas que quedaban, al salir, ambos agradecieron a la enfermera y salieron del colegio.

Tenían mucho de que hablar y mucho que solucionar.