—Pero... ¡No quiero hacer eso!—Marinette se quejó.

Marinette estaba en la puerta del aula junto a Alya, Nino y Kim.

—Vamos, Marinette, accediste a hacerlo ayer.—remarcó Kim—O... ¿Hay algo de verdad en esa broma?—se burló de ella.

—¡No, claro que no!

—Entonces, ve.

En ese momento Adrien estaba subiendo las escaleras y vio la escena intrigado.

—Buenos días, chicos.—saludó a todos y estos voltearon a verlo para saludarlo también—¿Por qué están parados en la puerta?

—Ven, hermano,—Kim se recostó en él poniendo su brazo sobre sus hombros—veremos a Marinette hacer una de sus mejores actuaciones.

El modelo no entendía y miró a su amiga que estaba ligeramente incómoda.

—Vamos, niña—habló Alya—mientras más rápido lo hagas, más rápido termina la pesadilla.—la morena le dió unas palmaditas para darle valor.

—Bien.—resopló la azabache y se dirigió al asiento de la persona a quien debía hacerle esa broma, sus amigos se asomaron como si no supieran nada y se quedaron frente al asiento de Adrien y Nino.

—H-hola chico gu-guapo...—Marinette estaba sonriendo nerviosamente mientras trataba de hacer que sus manos no se movieran de su lugar, Félix por su lado, dejó el libro que leía y la miró divertido e intrigado.

—¿Quién te obligó a hacer esto?—sonrió burlón—Te ves tan incómoda y molesta.

Genial, confundió mi nerviosismo, suspiró mentalmente la azabache.

—No sé de qué hablas...—dijo más calmada—Sólo te he saludado.

—Ajá...—el rubio se recargó en el respaldo de su asiento y cruzó sus brazos—¿De un día para el otro, pase de ser un "molesto entrometido" a un "chico guapo"?—el chico hablaba con una sonrisa pero sin creer lo que pasaba—Discúlpeme si soy escéptico, señorita Dupain-Cheng.

Marinette miró de reojo a sus amigos y Kim le hizo señas con las manos para que continuara con la escena.

La chica suspiró y respiro hondo para darse valor y hacer lo siguiente que había pensado, antes de que el rubio dijese algo más, ella se sentó en su regazo de costado y miró sus manos en su propio regazo.

Félix se paralizó un momento procesando lo que estaba pasando, Marinette estaba en su regazo, estaba tan cerca que podía oler su perfume, era de frutos rojos, además, ella olía a la panadería, tenía ese olor a un postre que recién ha salido del horno, ese tipo de postre que cuando lo comes todo lo malo desaparece, él se obligó a respirar tranquilamente para guardar la calma.

Marinette estaba peor o igual que él, no pensó bien lo que hacía y tampoco pensó que estar tan cerca como para oler su colonia, que por cierto era sutil, como para estar allí siempre pero sin ser hostigosa, pondría todo su mundo de cabeza, se había esforzado mucho esos meses para estar lejos de él y suprimir cualquier sentimiento que pueda tener por él, pero al parecer no funcionó bien...

Ambos se habían quedado así unos minutos, minutos en los que todos los estaban viendo con la boca bien abierta.

—Tú... ¿Quieres salir mañana?—ella preguntó tan bajo que él no escuchó nada de lo que dijo.

—¿Disculpa, dijiste algo?—aunque no deseaba sonar nervioso, su voz lo traicionó.

—¿Quieres salir mañana?—ella estaba tan roja como un tomate y siguió hablando bajito.

—Marinette, en serio, no te escucho nada de lo que dices.—el chico se acercó más a ella para escuchar lo que decía, al mismo tiempo ella levantó su rostro y lo volvió a él, así que ambos quedaron viéndose fijamente.

—¿Quieres salir mañana?—volvió a preguntar sin dejar de verlo.

—¿Qué clase de salida?

—Ya sabes, esas dónde vamos a comer, me tomas de la mano y al final me llevas a casa y me das un beso...

—Preferiría besarte ahora, si no te molesta.

—No me molesta.

Él se acercó más a ella y juntó sus labios, alguien en el fondo hizo una exclamación ahogada, pero no les importó, para ellos el tiempo se había detenido, no existía nadie más que ellos, todo se sentía tan bien, como si flotaran en nubes de algodón, como si estuvieran en un campo de flores en un día brillante con una brisa fresca.

Se habían olvidado de todo, incluso que la campana había sonado, la profesora entró y se preguntó que pasaba hasta que los vió, ella carraspeó más fuerte de lo usual e hizo que los chicos se asustarán y se separaran.

—Bien, eh..., es bueno saber que ya se llevan bien, pero estamos en el colegio, Marinette, ve a tu asiento por favor.

—S-sí...—ella se levantó con cuidado y se dirigió a su asiento, estaba tan roja que se preguntaba si era por la vergüenza o por el beso.

Cualquiera que viera a Félix diría que no le pasaba nada debido a su rostro serio, pero ese fuerte sonrojo lo delataba.

Él puso sus codos en su asiento y habló.—Supongo que te recojo mañana.

Ella no dijo nada y asintió fuertemente.

—Iré a las ocho.—ella no lo veía, pero él tenía una gran y boba sonrisa.