No lo olvides, dulce hermana
Disclaimer: Todo pertenece a George R. R. Martin.
Esta historia participa en el torneo de Desembarco del Rey del foro Alas negras, palabras negras. Mis condiciones eran Aerys II, la canción Mi señora esposa y el género drama.
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Rhaella pasa la noche antes de su boda despierta. No puede dormir y tampoco quiere hacerlo. En parte es un gesto de rebeldía. Sus padres le han prohibido quedarse a rezar en el septo porque una novia debe estar descansada en su día especial y ella está decidida a llegar a la ceremonia con ojeras. Es el único desafío que puede permitirse.
Rhaella nunca ha sido una persona muy devota, a pesar de llevar el nombre de una septa. Si pidió pasar la noche en el septo se debe únicamente a que desde allí le sería más fácil escapar. Quizá sus padres lo saben y es por eso que no se lo han permitido, como tampoco le permiten ir sola a ningún lugar desde el anuncio de su boda. Rhaella piensa que es injusto teniendo en cuenta que ellos se escaparon para casarse en secreto. Deberían comprenderla mucho mejor.
No obstante, con quien más enfadada está es con su abuelo. Aegon V el Improbable siempre ha defendido que hay que dejar atrás las viejas tradiciones, que son un lastre para la familia y, sin embargo, ahora pretende volver a ellas. Rhaella ha intentado razonar con él en varias ocasiones, pero su abuelo se ha limitado a sonreírle con condescendencia y darle un discurso sobre el deber que la familia Targaryen tiene con el reino.
Las horas pasan. Rhaella permanece tendida en la cama con los ojos abiertos. En ocasiones se levanta y mira por la ventana esperando ver algo, pero siempre vuelve a acostarse decepcionada.
En realidad no sabe qué está esperando. Nadie va a venir en su ayuda. La vida no es una canción y no va a haber un caballero que rescate a la princesa. Su caballero, de hecho, le dijo que no pensaba interponerse en su camino nada más conocer el anuncio de la boda. Rhaella intentó explicarle que ella no sentía ningún deseo de casarse con su hermano, pero Bonifer respondió que un rey era todo lo que ella merecía y que siendo reina tendría una vida mucho mejor que la que él le podía ofrecer. Había terminado diciendo que él siempre había sabido que su amor nunca podría terminar en matrimonio y Rhaella no había podido decir nada ante eso porque ella también lo había sabido siempre.
Habría estado dispuesta a renunciar a él si su casamiento fuera a ser con otro, con un gran señor amable y apuesto o con un exótico arconte que la llevara a conocer las Ciudades Libres. No obstante, que ella hubiera podido renunciar a él no significa que no le duela el hecho de que él también esté dispuesto a renunciar a ella. La promesa de que nunca se casará porque solo la Doncella podría equiparársele no contribuye mucho a mitigar ese dolor. Es una bonita declaración y Rhaella no duda de que Bonifer cumplirá con su palabra, pero hubiera preferido una promesa más ardiente, un plan de rescate y una boda secreta como la de sus padres. Si ya estuviera casada la corte debería aceptarlo, igual que todos aceptaron a Jenny. Bonifer no quiso ni oír hablar del tema, aunque Rhaella habría ido al septo de todos modos por si acaso hubiera cambiado de opinión si no se lo hubieran impedido.
La mañana llega y las criadas invaden la habitación. Traen aceites, perfumes y las ropas que se va a poner. La bañan y la peinan. La visten con el traje de novia que más bien le parece una mortaja y la maquillan hasta que no hay rastro de sus ojeras. Ya no hay vuelta atrás.
Por un momento Rhaella acaricia la idea de huir por su cuenta, pero sabe que eso es imposible. Cualquiera que la viera la reconocería y la devolvería con su familia. Además, tiene que reconocer que por romántica que suene la idea de ser una fugitiva, ella no sabría sobrevivir lejos de la corte ni tampoco sería feliz viviendo una vida sin los lujos que conlleva ser princesa.
Ya en el septo los novios se encuentran. Su hermano está más guapo que nunca. Se han esmerado en engalanarlo como han hecho con ella. Aerys le sonríe y Rhaella le devuelve la sonrisa. Quizá su matrimonio no vaya a ser tan horrible. A lo mejor Aerys y ella pueden entenderse.
La ceremonia pasa en un suspiro. Rhaella ha leído que sus antepasados Daemon y Rhaenyra se casaron en una ceremonia valyria. No tiene muy claro en qué consisten esas ceremonias ya perdidas, pero imagina que no serían tan sosas como lo es la de su boda, que consiste en una serie de promesas vacías y repeticiones de palabras.
A la hora del banquete su ahora esposo y ella bailan juntos. Rhaella también ha leído que en la boda de Rhaenyra Targaryen con ser Laenor Velaryon los novios hicieron un antiguo baile valyrio, pero ellos dos se limitan a bailar Mi señora esposa como cualquier otra pareja de Poniente. Rhaella piensa que, puestos a recuperar tradiciones, su abuelo podría haberse esmerado más.
–¿Disfrutas del baile, dulce hermana?
A Rhaella le resulta un tanto perturbador que se refiera a ella de ese modo ahora que son marido y mujer. Su padre desde luego nunca llama así a su madre. No obstante, decide pasarlo por alto y ser clara con él para empezar su matrimonio con buen pie.
–Sé que ni tú ni yo hemos estado de acuerdo con la decisión que tomó nuestro abuelo de casarnos, pero ya que el enlace se ha llevado a cabo, creo que estaría bien hablar entre nosotros sobre cómo queremos que sea este matrimonio.
–Pensaba que eso estaba claro.
Aerys la hace girar, como si no le importara en absoluto la conversación. Probablemente sea así. A su hermano nunca le ha importado lo que ella tenga que decir.
–¿A qué te refieres con que está claro?
–Yo seré rey.
A Rhaella le molesta que esté siendo tan parco en palabras, pero hace un esfuerzo por ser paciente.
–Ya lo sé, pero ¿qué tiene que ver eso con nuestro matrimonio?
Aerys la pega a él con otro giro y le habla prácticamente al oído esta vez. Rhaella ve lujuria en su mirada y también algo más que no sabe bien cómo interpretar, pero que hace que un escalofrío la recorra incluso antes de que él comience a hablar.
–Yo seré rey y un rey puede hacer lo que quiera, cuando quiera y con quien quiera. No lo olvides, dulce hermana.
En ese momento la canción termina y Aerys la suelta. La deja allí plantada para ir a sentarse con sus amigos. Su tío Duncan, siempre tan galante, salva la situación cogiéndole la mano y pidiéndole un baile, pero Rhaella niega con la cabeza y se marcha a sentarse con otras damas. Ahora mismo no quiere estar con él. No quiere estar con nadie que haya conseguido casarse por amor y tener un matrimonio feliz. Sus sueños de escapar con Bonifer murieron esa mañana y ahora acaba de morir su esperanza de tener un matrimonio si no dichoso por lo menos agradable. Por primera vez desde el anuncio de su boda no siente tristeza ni furia. Después de lo que su hermano le ha dicho y de la mirada que ha visto en sus ojos, todo lo que puede sentir es miedo.
