"Hummingbird, summer song
Has it brought my life back?
Hangin' in the balance
Have you brought the light back?
Pen pal on a night shift
She's who I get away with
Realising she might
Be all I need in this life"
Hummingbird by James Blake and Metro Boomin
La primera vez que Miles Morales conoció a Gwen Stacy ni siquiera le prestó atención. Él iba sentando en uno de los vagones del subway camino a casa después de una larga noche de vigilancia porque para su mala suerte su motocicleta se había descompuesto. Guardó todo su equipo del merodeador en una mochila negra esperando llegar a casa para poder dormir antes que su tío lo vuelva a llamar para otro trabajo, después de todo él era el Merodeador.
El sol todavía no había salido y la mañana era un poco fría para su gusto. El movimiento del subway comenzó a adormécelo. Miles parpadeó un par de veces para espantar el sueño, pero sus parpados volvían a cerrarse. Rindiéndose al sueño cerró los ojos.
"Solo será un par de minutos" pensó Miles abrazando su mochila.
Pasaron unos minutos hasta que sintió a alguien sentándose a su lado, demasiado cerca para su gusto.
Miles frunció el ceño y abrió los ojos para observar a la persona que había interrumpido sus gloriosos minutos de sueño.
Una chica blanca con el cabello rubio alborotado y la ropa demasiada desalineada estaba justo a su lado. Sus pálidos muslos llenos de moretones sobresalían de su falda corta, chocando contra él. Él pudo haber jurado que ella trataba de meterse debajo de él. Miles trató de alejarse de ella sutilmente, pero ella lo siguió como si necesitara sentirlo.
Con un suspiro de irritación, Miles volteó a mirarla. La chica abrazaba una pequeña maleta rosada mientras se mordía las uñas pintadas en un azul oscuro casi negro. Ambas muñecas estaban llenas de pulseras de colores pegadas con cinta adhesiva para que no se movieran. Miles notó los piercing en sus orejas y la ceja derecha. El estilo de la chica era demasiado punk para su gusto. Miles le restó importancia y volvió a cerrar los ojos tratando de alcanzar unos minutos de sueño.
La chica volvió a acercarse a él, casi apoyando todo su cuerpo contra él. Miles sobresaltado abrió los ojos, giró la cabeza para pedir un poco de espacio personal, cuando vio dos enormes ojos azules mirándolo. Él juró que ella tenía los ojos más azules que había visto en su vida, casi parecían el mismo cielo.
"Acuarela" pensó Miles mientras seguía mirándola. Él notó las pecas salpicadas en las mejillas sonrosadas y en el puente de la pequeña nariz.
"Ella es linda" volvió a pensar Miles, sacudiendo la cabeza para alejar esos pensamientos.
-Lo siento. A veces no me doy cuenta que me acerco mucho a los demás. Lo siento – se disculpó la rubia alejándose de él a una distancia más normal. Miles asintió sintiéndose sorpresivamente decepcionado.
-No hay problema
Ella le sonrió levemente, luego giro su cabeza buscando su teléfono celular.
Miles suspiró. Mirando al frente, pero sin poder evitar robar algunas miradas a la rubia que parecía muy perdida.
Ella miraba a su alrededor como si buscara algo, mordiéndose el labio inferior. Miles frunció el ceño al notar más marcas de moratones en los brazos pálidos cuando las mangas de su sweater negro resbalaron al atarse el cabello en una cola de caballo.
-¿Te encuentras bien? – preguntó Miles con el ceño fruncido. La chica sobresaltada se volvió hacia él. Parpadeó varias veces antes de asentir.
-Sí, estoy bien.
-¿Estas segura? – volvió a preguntar Miles mirando los moratones en los muslos y las piernas. Varias marcas azules y moradas marcaban su piel.
La chica frunció el ceño y asintió con fuerza, sacudiendo todo el cabello rubio.
-Lo estoy. Gracias por preguntar.
Ambos se quedaron mirándose uno al otro como buscando alguna respuesta. Miles apartó la mirada primero con un suspiro.
El subway comenzó a detenerse. Miles se levantó de su asiento. Había llegado a su destino. La chica también se levantó de un brinco y se paró junto a él.
Miles la miró con una ceja enarcada preguntándole que estaba haciendo. Ella solo se encogió de hombros. Las puertas se abrieron. Ambos salieron del vagón.
La estación aún seguía vacía, solo algunas personas de baja reputación caminaban por la zona. Miles comenzó a caminar, pero al notar que la chica no estaba a su lado se detuvo. La buscó con la mirada y la vio caminando a un costado de la estación arrastrando la maleta rosa. Ella miraba a su alrededor como buscando algo o a alguien.
-¿Qué le pasa? – murmuró Miles mientras seguía mirándola. Ella se detuvo cerca de los sanitarios. Ella volvió a buscar con la mirada a alguien o algo, luego se sentó en cuclillas junto a su maleta. Ella comenzó a teclear en el teléfono para luego sentarse totalmente en el suelo, la falda subió peligrosamente por sus piernas revelando un poco de su ropa interior negra.
Miles sacudió la cabeza incrédulo por el extraño comportamiento de la chica. Decidió que no era su problema, hasta que vio como un par de hombres se acercaron a ella. Miles frunció el ceño.
Uno de los hombres se sentó a un lado de ella, pasando un brazo por sus hombros, mientras el otro hombre acariciaba el cabello rubio que había escapado de la coleta. Para sorpresa de Miles, ella ni siquiera se inmutaba como si fuera normal que dos hombres desconocidos la tocaran de esa manera. La mirada perdida de la chica mientras los dos hombres la tocaban, molestó a Miles. Con pasos agigantados se acercó a ellos.
-Aléjense de ella – gruño Miles parándose frente a ellos.
Ambos hombres lo miraron con sorpresa mientras la rubia levantó la mirada casi como si estuvieran despertando de un sueño.
-¿Quién te crees que eres? – gruñó uno de los hombres levantándose para enfrentarse a Miles.
Miles sonrió con arrogancia y no esperó ningún segundo antes de darle un puñetazo en la nariz.
El hombre aulló con dolor mientras su compañero se levantaba, pero otro puñetazo lo derribó.
Ambos hombres gemían de dolor en el suelo.
Miles tomó de la mano a la rubia y la levantó de un tirón haciéndola chillar de la sorpresa.
-¿Qué pasa? – ella preguntó mientras corría con Miles, el sonido de la maleta dando tumbos tras ellos.
-Es lo mismo que pregunto – dice Miles mirándola encima de su hombro mientras salían de la estación.
Una vez fuera de la estación ambos caminan por las calles oscuras de Brooklyn. Miles no suelta ni una sola vez a la chica.
-¿A dónde vamos? – pregunta la rubia entrelazando los dedos con él. Miles nota por primera vez lo fría que están las manos de la chica, casi al punto de congelación.
Miles la mira con preocupación. El comportamiento de esta chica no era normal, se dejaba a arrastrar por él, alguien que ni siquiera conocía, estaba cubierta de moratones, dejaba que extraños la tocaran indebidamente… ¿Qué le pasaba a esta chica?
Miles los condujo a su casa. Después de terminar la escuela, Miles había conseguido su propio departamento y era el lugar perfecto para hospedar a esta chica hasta que pueda entender que pasaba con ella.
-Esta es mi casa – dice Miles soltándola para poder abrir la puerta. Ella asiente apreciativamente.
Miles enciende la luz y ambos entran al departamento.
La chica rubia observa a su alrededor. Camina por la sala de estar arrastrando con ella la maleta rosa para luego sentarse en el sillón que había comprado solo hace un par de días. Ella vuelve a mirar a su alrededor y asiente.
-Es un bonito lugar
-Gracias
Miles la mira. Ella parecía pérdida, su ropa desalineada y con marcas de arrugas, el cabello rubio alborotado, los moratones…
-¿Cómo te llamas? – pregunta Miles dándose cuenta que ni siquiera sabe su nombre.
Ella lo mira con sus grandes ojos azules.
-Gwen. Gwen Stacy. ¿Cuál es tu nombre?
Miles le sonríe, tratando de darle alguna sensación de seguridad.
-Miles Morales.
Ella sonríe en respuesta. Miles nota el pequeño hueco entre los dientes delanteros. Le parece tierna, demasiado linda.
-Me gusta tu nombre – dice ella apartando un mechó rubio rebelde que había caído frente a sus ojos.
Ambos se quedan en silencio mientras ella sigue mirando a su alrededor.
-¿Por qué dejaste que esos hombres te tocaran de esa manera? ¿Sabes que es peligroso? Pudieron lastimarte.
Ella abre los ojos con sorpresa, pero luego se encoge de hombros.
-Pudieron haberme dado un poco de dinero si hacían lo que querían conmigo – dijo ella casi sin importancia.
Miles siente como si su corazón casi salta de su pecho. ¿Acaso ella era una…?
Ella ríe al notar la reacción de Miles.
-Sé lo que estás pensando y sé que seguro lo desapruebas, pero no tengo otra forma de conseguir dinero para poder salir de aquí.
-¿A dónde quieres ir?
-A casa
Miles la mira todavía sorprendido. Ella se agacha y abre la maleta. Miles ve algunos pantalones, camisetas y faldas. Unas zapatillas de ballet se cuela de la maleta para luego ser metida de nuevo, un pequeño diario hace una aparición para volver a desaparecer entre la ropa, luego ella saca un frasco de pastillas.
-Lo siento, debo tomar mi medicina – dice ella abriendo la tapa del frasco y sacando una pastilla. Miles lee la etiqueta. "Anticonceptivos"
Miles parpadea un par de veces y la ve tomar la pastilla como si fueran caramelos.
-No te preocupes. Es solo por si acaso – dice la chica rubia volviendo a guardar el frasco entre sus cosas.
Miles se mueve incómodo en su lugar.
-¿Sabes dónde está tu casa?
-Antes vivía en Chelsea, pero luego de la muerte de mamá; papá y yo nos mudamos a California… - Gwen hace una pausa como si estuviera recordando. Pasa un mechón de cabello rubio tras su oreja y levanta la mirada.
-Luego papá murió y la familia Parker me acogió en su casa… Ellos eran amigos de la familia…
La chica rubia vuelve a tener la mirada lejana como si recordara. Miles escucha cada palabra. Observa cada gesto que la chica hace.
La rubia sonríe como si recordara buenos tiempos antes de que su semblante vuelva a ser melancólico.
-El tío Ben murió en un asalto… Mi amigo Peter no lo tomó muy bien y saltó de un edificio una semana después. Él estaba seguro que podría balancearse entre los edificios…
Miles tragó saliva con dificultad mientras escuchaba la historia de esta chica extraña. No podía creer lo fácil que estaba hablando de eventos tan horribles.
-La tía May no pudo seguir cuidándome y tuve que ir con una tía que vive en Irlanda, era la única que podía hacerse cargo de mí.
Gwen cerró los ojos un momento antes de agitar la cabeza. Miles nota el pequeño temblor en las manos llenas de cortes.
-Pasaron cosas que no quiero recordar, pero al cumplir 18 años salí de ese lugar y decidí regresar a Estados Unidos, pero me tomó un tiempo reunir el dinero.
La chica abre los ojos y mira a los ojos marrones de Miles que no podía apartar la mirada de ella.
-¿Cuántos años tienes? – preguntó Miles frunciendo el ceño.
Ella se lame los labios antes de encogerse de hombros.
-Acabo de cumplir 20
Miles asiente. Realmente quiere preguntar que hizo para conseguir el dinero para volver aquí, pero los moratones y el frasco de anticonceptivos le dan una idea vaga de lo que pudo haber hecho para reunir ese dinero.
-Me sorprende que puedas contar toda tu historia tan fácilmente a un extraño – le dice Miles con una sonrisa. Aparta una de sus trenzas y se levanta para ir a preparar un poco de café.
-No eres un extraño para mí.
Miles se detiene y la mira encima de su hombro sorprendido. Ella le sonríe con confianza mientras se recuesta en el sillón estirando las piernas.
Él niega con la cabeza y sonríe antes seguir su camino.
Definitivamente esta chica era una caja de sorpresas.
La taza de café calentó las manos de Gwen. Ella le dio un trago a la bebida y arrugó el rostro por el sabor amargo. Miles soltó una pequeña carcajada y le pasó el recipiente con azúcar.
Ella le dio las gracias y casi llenó la taza de cubos de azúcar.
-Tranquila o morirás de un coma diabético.
Gwen ríe mientras removía la bebida. Volvió a dar un trago de la bebida exageradamente azucarada y sonrió satisfecha.
-¿Mejor? – preguntó Miles mientras bebía su café negro para poder seguir despierto.
Ella asintió.
Un silencio se instaló entre ellos. Miles no pudo dejar de observar a la chica rubia sentada frente a él que seguía metiendo cubos de azúcar en la taza de porcelona. El tintineo de las tazas golpeando de vez en cuando la mesa es lo único que se escuchaba en todo el lugar.
Pasaron un par de minutos antes que Gwen lo mirara con esos grandes ojos azules. Ella apartó la taza a un lado y le sonrío. Miles sintió como su estómago dio un vuelco.
Un cosquilleo lo recorrió casi dejándolo sin respiración.
-Entonces Miles… ¿Cuál es tu historia? – preguntó la chica casi desinteresadamente como si preguntara sobre el clima.
Miles alejó la taza casi vacía de café y se recostó en la silla.
-Mi historia no es tan interesante – dijo él encogiéndose de hombros. Gwen puso los ojos en blanco y le lanzó un cubo de azúcar.
-Te conté mi historia. Lo justo es que me cuentes tu historia.
-De acuerdo, pero no desperdicies el azúcar por favor.
Gwen sonríe victoriosa y se apoya sobre la mesa como si quisiera alcanzarlo.
Miles la observa y puede notar un pequeño lunar a un costado de su cuello pálido.
-Bien… por donde puedo empezar… - susurró Miles tratando de pensar como contar su historia sin confesar que era el maldito Merodeador.
-¿Tus padres siguen vivos? – preguntó Gwen sorprendiéndolo.
-Mi mamá sí. Ella es puertorriqueña y enfermera. La mejor mamá del mundo – Gwen sonrió apoyándose aún más en la mesa.
-Mi papá… murió hace unos años. Él era el capitán de policía – Miles levantó la mirada y notó la mirada de sorpresa de la rubia.
-Mi papá también era capitán de policía, pero renunció después que mamá murió.
-¿De verdad?
-Sí… No recuerdo muy bien, era muy pequeña, pero recuerdo el uniforme azul…
Miles notó que la mirada de Gwen volvía a perderse en los recuerdos.
Miles se quedó en silencio mientras la chica parpadeaba un par de veces antes de sonreír e indicarle que siga hablando.
-Eh… Mi tío Aaron es quien nos apoya desde que papá murió. Siempre estuvo para nosotros. Es el mejor tío.
Gwen asiente, baja la mirada para luego volver a mirarlo.
-¿Tienes algún trabajo o estudias algo? ¿Cuáles son tus pasatiempos?– preguntó la chica con curiosidad.
-¿Acaso estás interrogándome?
-Me gusta saber cosas de la gente que me gusta.
Miles sonríe mareado. No entiende como esta chica que conoció hace una hora lo estaba haciendo sentir cosas que nunca sintió.
-Soy artista. Hago dibujos, retratos, diseños, murales… - los ojos de Gwen se abren con sorpresa.
-Eso realmente es genial.
-¿Practicas ballet? Vi unas zapatillas de ballet en tu maleta.
Gwen se sonroja levemente antes de encogerse de hombros.
-Lo hacía hace tiempo. Practicaba ballet, gimnasia y a veces tocaba la batería…
Ella se quedó en silencio. Ambos seguían mirándose a los ojos.
-¿Qué pasó?
Gwen soltó un suspiro antes de apartarse de la mesa y recostarse en la silla.
-Me rompí la pierna cuando trataba de escapar de la casa de mi tía y no me recuperé totalmente de esa lesión…
-Lo siento…
Ella solo se encogió de hombros antes de sonreírle.
-¿Por qué querrías escapar de la casa de tu tía? - Preguntó Miles sin darse cuenta. Gwen se puso tensa.
-No tienes que responder si no quieres…
-Lo sé…
El sonido de Brooklyn despertando se escuchó a través de la ventana abierta.
-Ella solía golpearme… No le caía muy bien.
Miles frunció el ceño.
-¿Ella te rompió la pierna?
La tensión en la habitación se podía cortar con un cuchillo. Gwen tragó con dificultad, miró a su alrededor como buscando una salida para correr. Luego con un suspiro volvió su mirada al chico con trenzas.
-Sí… Me dio una paliza cuando me trajo de regreso. Nunca me habían golpeado tanto – ella dijo con una carcajada sin gracia.
Miles sintió como la sangre le hervía de rabia. Tuvo ganas de salir con su traje del Merodeador y encontrar a esa mujer…
-Gwen…
-Estoy bien, Miles. Ahora estoy aquí.
Gwen se paró de la silla y caminó hacia el sillón en busca de sus cosas.
Miles alarmado se levantó de su lugar.
-¿Qué estás haciendo? ¿Te quieres marchar? – preguntó Miles con molestia. Realmente no quería que ella se fuera.
Gwen abrió la maleta sacando ropa antes de girar y sonreírle a Miles.
-No, solo quería tomar un baño. No me he bañado en un par de días. Quería preguntarte si me podrías prestar tu ducha por unos minutos.
Miles soltó un suspiro de alivio antes de asentir.
-Por supuesto.
Gwen sonríe con todos sus dientes. Ella recoge su ropa y una toalla amarilla ya descolorida por el uso y camina junto a él para que le indique donde estaba la ducha.
Miles caminó como un león enjaulado mientras escuchaba el agua de la ducha caer. Nunca se había sentido tan preocupado por alguien. Se preguntó que sería de ella una vez que ella se fuera. ¿Volvería a las calles? ¿Se dejaría tocar por otros hombres por dinero? ¿Qué pasa si volvía con esa mujer que se hacía llamar tía? Ella ya estaba muy lastimada… Miles no podía dejarla ir…
El sonido de llamada de su teléfono lo sobresaltó. Su tío Aaron lo llamaba.
Miles gimió con desgana. Levantó su cabeza hacia el baño, el agua seguía cayendo.
Caminó hacia su habitación y cerró la puerta antes de contesta la llamada.
-Hola
-Hola, Miles…
-Tío, estoy muy cansado. No creo que pueda hacer otro trabajo por el día de hoy.
Su tío ríe al otro lado de la llamada.
-No te preocupes, no llamaba por eso. Solo quería saber cómo estabas. El trabajo de anoche fue realmente duro.
Miles soltó un suspiro mientras se recostaba contra la puerta.
-Sí, fue un hueso duro de romper, pero al menos lo terminamos.
-Sí…
-Estoy bien. Solo muy cansado y adolorido. Necesito dormir un poco.
-De acuerdo, te dejo descansar. Solo no olvides que mañana es la fiesta del barrio. Tu mamá espera que lleves el arroz y los frijoles. No lo olvides.
-No lo olvidaré.
-Bien. Descasa Miles.
-Nos vemos tío.
Miles cuelga la llamada. Abre la puerta y ve que la puerta del baño está abierta. Camina con un poco de angustia de no encontrar a la chica rubia. Cuando entra a la sala de estar ve a la rubia tratando de desenredarse el cabello con un peine verde.
Ella gira al escucharlo entrar.
-¿Cómo estuvo la ducha? – pregunta Miles con una sonrisa suave acercándose a ella. Gwen le sonríe mientras termina de peinar su cabello. Guarda el peine en un pequeño bolso antes de meterlo nuevamente a la maleta rosa.
-Muy bien. La sensación a limpio es lo mejor.
Miles observa la blusa negra que cae holgada dejando a la vista un hombro pálido, los pantalones cortos de mezclilla y las medias negras que cubren sus piernas.
Ella se sienta en el sillón y se pone los zapatos. Las pulseras siguen sin moverse de sus brazos.
-¿A dónde vas? – pregunta Miles cuando la ve guardar todas sus cosas y ponerse de pie.
Gwen parpadea un par de veces sorprendida.
-Tengo que ir a casa. No puedo quedarme aquí.
Miles sintió como el pánico crecía dentro de él.
-Puedes quedarte si quieres. No es necesario que tengas que irte ahora. Puedes descansar y luego te acompaño hasta tu casa.
Gwen lo mira con los ojos abiertos como platos.
-¿Lo dices en serio?
-Por supuesto.
Gwen sonríe. Pone un mechón de cabello atrás de su oreja.
-De acuerdo.
Miles sonríe aliviado.
Miles se siente adormilado mientras observa a Gwen acostarse en el sillón de su sala.
-Sabes que puedes dormir en mi cama y yo me quedo en el sillón.
Ella niega con la cabeza mientras se cubre con la manta que Miles le prestó hasta la barbilla.
-Soy la invitada, me quedo aquí.
-Gwen…
-No discutas
Ambos se miraron antes de reírse.
Apenas eran las dos de la tarde, pero ambos no habían dormido nada y necesitaban descansar.
-De acuerdo – Miles admitió su derrota levantando ambas manos.
Ella sonríe.
-Descansa.
-Descansa, Gwen.
Miles estaba soñando con ojos azules y cabello rubio cuando el peso de un cuerpo acostándose a su lado lo despertó.
Parpadeó un par de veces antes de abrir los ojos confundido.
El rostro pálido de su invitada cubrió su visión.
-¿Gwen? – preguntó él con la voz ronca por el sueño.
-Ssshh…
Miles trató de levantarse, pero la rubia lo empujó suavemente mientras se cernía sobre él, acercando su rostro al de él.
-¿Qué haces? – volvió a preguntar casi en un susurro hipnotizado por el par de ojos azules.
-Dándote las gracias – ella susurró besándolo en la mejilla. Miles sintió como la piel se le estremeció al sentir los labios de la chica. Ella volvió besarlo mientras una mano descendía hasta alcanzar la cinturilla de su pijama.
-Espera, Gwen. No es necesario que hagas esto – dijo él agarrándola del brazo para detenerla. Ella parpadeo sorprendida antes de volver a inclinarse para besarlo esta vez en los labios.
Miles se derritió contra ella y respondió a los besos acaloradamente.
Ambos se separaron con la respiración agitada.
-Quiero hacerlo Miles. Nunca me había sentido así por alguien – ella susurró mientras dejaba pequeños besos en la barbilla del chico que cerraba los ojos placer.
-Yo tampoco. Y es confuso… Apenas nos conocimos hace unas horas, pero te quiero conmigo – gimió Miles mientras Gwen atacaba su cuello con besos. Miles levantó sus manos para agarrar la cintura de la chica para girarla y dejarla bajo él. Ella suspira mientras Miles la cubre con su cuerpo duro. Ella era tan blanda y cálida.
-Miles…- ella suspira cuando el chico besa el cuello pálido de la chica. Gwen se abraza a Miles, enredando sus piernas en la cintura de él.
Miles gime al sentir la presión de su entrepierna ya dura contra ella.
-Eres hermosa… - suspira Miles mirando al rostro sonrojado de la rubia. Ella se lame los labios antes de levantar el rostro y lamer los labios de Miles. Él gruñe y devora la boca de la chica dejándose llevar por el fuego.
Ambos se mueven uno contra el otro, frotándose, buscando el placer que le brinda el cuerpo del otro.
Ambos no se dan cuenta cuando ambos quedaron desnudos, pero no les importa. Ellos siguen explorando el cuerpo de otro. Miles se toma el tiempo de besar cada cicatriz y moratón del cuerpo de la chica. Gwen gime y se retuerce bajo él. Cuando Miles llega a su centro, Gwen grita al sentir la presión contra su clítoris. Miles lame y chupa a la mujer que gime bajo él como si fuera un manjar. Ella no puede dejar de gemir mientras cada vez se humedece cada vez más.
-Me encanta tu sabor… -gruñe Miles metiendo dos dedos dentro de ella, jugando con el punto de placer de la chica que abre aún más sus piernas.
-Miles… No puedo más – lloriquea la chica agarrando con fuerza las sábanas. Miles sonríe al verla con los ojos cerrados por el placer. La piel blanca ahora casi roja por el calor del placer.
Miles mete un tercer dedo dentro de ella bombeándolo con fuerza y chupa con ímpetu el clítoris que palpita con fuerza.
Gwen alcanza su orgasmo con un grito. La mitad de su cuerpo se separa de la cama mientras recibe latigazos de placer. Miles la sostiene sin dejar de mover sus dedos. Él la observa bajar de su placer para luego gemir nuevamente al sentir que los dedos de su amante siguen hurgando dentro de ella.
-Miles, es demasiado… Basta – gime la rubia tratando de empujarlo, pero cuando él mueve sus dedos para sacarlos de su interior otro orgasmo la golpea dejándola sin aliento.
Ella cae en la cama mientras se retuerce por las olas de placer que la golpean. Miles se lame los dedos mientras la mira.
Cuando ella vuelve de su nube de placer, le sonríe cansada al hombre que le acaricia el rostro con una mano. Ella besa la mano de Miles. Él gime cuando siente como ella agarra su pene. Gwen lo bombea por un momento mientras le deja besos en el rostro moreno. Miles la detiene cuando ella se levanta para darle una mamada.
-¿Qué sucede? – pregunta la rubia confundida cuando Miles la empuja suavemente contra la cama.
-Quiero follarte – gruñe Miles abriéndole las piernas para acomodarse y dejándole besos en los pechos blanquecinos llenos de moretones. Miles frunce el ceño y besa cada marca para luego mordisquear la piel. Gwen gime extasiada abrazando a Miles.
-Sí… Follame, Miles – ella gime al sentirlo frotarse contra ella. Ambos se frotan y se besan. Ella abre la boca dejando que Miles se salga con la suya. Sus lenguas se encuentran, sus dientes chocan un par de veces pero no les importa.
Miles se separa un momento para ubicarse y penetrarla. Gwen lo agarra de la base para detenerlo. Miles gime y levanta la mirada hacia la chica.
-¿Estás seguro, Miles? Yo… yo he estado con otras personas.
Miles observa los ojos azules de la chica. Puede ver el miedo y la vergüenza, pero a él no le importa porque ella ahora está con él…
-Ahora está conmigo. No me importa lo que hiciste antes de estar aquí. Me importa lo que harás ahora… y quiero estar dentro de ti, Gwen.
Él la besa con cariño en los labios. Ella lo suelta y enreda sus brazos en el cuello del Miles. Él vuelve a posicionarse y empuja la punta contra la entrada de la chica.
Gwen gime al sentirlo entrar en ella. Sus piernas tiemblan cada vez que el pene de Miles se abre camino dentro de ella. Él gime de placer al sentir lo estrecha que era, casi succionándolo.
-Mierda… eres demasiado estrecha- gruñe Miles empujando con más fuerza para poder entrar totalmente dentro de ella.
Gwen parece que no puede dejar de gemir. Sus ojos se ponen en blanco cuando Miles comienza a embestirla llenándola por completa. Gwen suelta un grito cuando la punta de Miles golpea contra ese punto que la hacía ver estrellas.
-Miles… joder…SI, SI – gime Gwen moviéndose contra él. Miles mueves las caderas con fuerza y rapidez. Afuera, adentro, afuera, adentro… Abriéndose camino dentro de ella.
-Gwen… te sientes tan bien. Estas ardiendo como un maldito horno – gruñe Miles agarrando las caderas de Gwen para penetrarla desde otro ángulo. Gwen agarra la cabeza de Miles y empuja su boca contra la de él. Sus lenguas vuelven a encontrarse en otra batalla.
La caderas de Miles siguen moviéndose sin ningún pudor. En la habitación solo se escucha los gemidos y el sonido de piel contra piel.
Gwen gime sin control cuando su orgasmo vuelve a acercarse. Se agarra con fuerza de los hombros de Miles y enreda sus piernas en el torso del chico que sigue golpeando con fuerza dentro de ella.
-Miles, me encanta… Me encanta – grita con los ojos en blanco sintiendo los primeros temblores del orgasmo alcanzándola.
Miles gruñe cuando el interior de la rubia lo aprieta con fuerza. Sus embestidas se vuelven erráticas, desesperadas.
Miles besa los pechos de la chica mientras sigue moviéndose buscando el punto culminante del placer. Gwen siente como el placer acumulado en ella se libera cuando una fuerte embestida golpea una vez más el punto de placer dentro de ella. Olas y olas de placer la golpean dejándola sin aliento y viendo puntos blancos. Su cuerpo tiembla sin control.
Miles gime sin control cuando el interior de la rubia lo aprieta con fuerza forzándolo a llegar a un orgasmo brutal junto a ella. Él se libera dentro de ella. Oleadas de placer lo alcanzan. Ambos cabalgan el placer juntos.
El tiempo parece detenerse mientras ambos gimen y siguen moviéndose.
Miles se recupera antes que ella. Gwen sigue gimiendo mientras se aferra con fuerza a Miles.
Pasa un par de minutos antes que Gwen pueda abrir los ojos. Cuando lo hace ella se encuentra con la sonrisa cálida de Miles. Ella le sonríe y lo besa en los labios.
-Nunca había sentido esto – dice Gwen enredando los brazos en el cuello de Miles. Miles sonríe y asiente en acuerdo.
-Estoy de acuerdo. Nunca había sentido esto tampoco.
Miles volvió a besarla, saboreando a la chica.
Ambos se abrazan mientras disfrutan la sensación relajadora del post sexo.
-¿Miles? – pregunta Gwen besándolo en la mejilla.
-¿Sí? – responde él con los ojos cerrados apretando el cuerpo de la chica más a él.
-¿Sería raro si te digo que creo que eres mi otra mitad?
Miles abre los ojos y la mira con sorpresa. No, él no creía que fuera raro. Él sentía lo mismo. Nunca se sintió tan completo con otra persona. Es verdad, apenas se conocían hace unas horas, pero al mismo tiempo sentía como si se conocieran de toda la vida.
-No, yo también lo creo – dice Miles acercándola más a él.
Ella sonríe. Él le besa la frente.
-Quédate conmigo – Miles le susurra al oído. Ella gira el rostro para míralo a los ojos.
-¿Estás seguro? ¿Qué pasa si te cansa de mí?
Miles niega la cabeza. Besándola nuevamente.
-Nunca podría. Eres de otro mundo, Gwen Stacy.
Ella lo mira con una sonrisa tímida.
-Puedo ayudarte a buscar tu hogar también. No te estoy obligando a que te quedes conmigo. Es solo que siento que perteneces aquí, a mi lado y yo pertenezco estar a tu lado.
Ella gira para mirarlo al rostro.
-No es necesario buscar mi hogar. Ya lo encontré.
Miles la mira sorprendido mientras observa las lágrimas de Gwen caer por las mejillas sonrojadas.
Él la besa para luego acercarla más a de él. Ambos cuerpos encajados perfectamente como un rompecabezas.
-Bienvenida a casa, mi amor.
Curiosidad: Gwen en realidad no estaba buscando un lugar físico como su hogar, sino un lugar donde fuera feliz y lo encontró con Miles.
