4° comisaria de Paris. Sala celdas. 20:15PM.

—Tienes 20 minutos, Fathom —enuncia Alix, abriéndole la reja— Y ten mucho cuidado con lo que vayas a hablar con este idiota. Hay cámaras vigilando cada movimiento que das.

Se cierra el portón. Félix coge una silla y se sienta frente a su tío. En la celda contigua está Nathalie y en la de en frente, André Bourgeois. Vaya reunión de colegio. Ahora, están solos.

—Esa mujer tiene un encanto natural ¿No crees? —bufa el rubio— Muy amorosa.

—Te acostumbras con el tiempo —le endosa de vuelta, el peliblanco— Antes que todo, solo quiero que sepas que lamento mucho lo de tu madre. Mis condolencias por tu perdida. No pude asistir al funeral por…términos lógicos.

—Gracias. Aunque es mejor así —advierte el cirujano, sereno— Por respeto al poco decoro que te queda.

—Créelo o no, jamás tuve bronca alguna con Amelie. Ella era una mujer muy decente —explica el Agreste, paseándose por la jaula— Los Graham de Vanily son una familia respetable para mí. Y mientras estuvo enferma en vida, le ayudé en todo lo que pude. Pero bueno, supongo que es algo muy complicado de entender. Son…cosas de adultos.

—Claro. Porque según tú, yo soy un niño que no entiende nada —ironiza el ojiverde— ¿No?

—No — niega Gabriel, derrotado— Lo siento, no quise decir eso. Es cierto que en algún momento lo pensé de ti, pero…—exhala— Me equivoqué. Eres todo un hombre, Félix. Y no lo digo porque seas un cirujano exitoso. Lograste salir adelante bastante bien con un divorcio, una hija a cuestas y un accidente fortuito. Tienes...mis respetos.

—Que considerado —Félix bosqueja una sutil sonrisa ladina, sin modificar del todo su latente molesta— ¿Qué quieres de mí?

—Estas molesto conmigo, lo entiendo —narra el diseñador— Pero yo no. Y lamento mucho haber intentado hacerte daño para evitar esto. El trato que hice con Colt, no tiene nada que ver contigo. Soy un idiota.

—El primer paso es admitirlo.

—No hago esto por Adrien o por mi esposa. En el fondo…—se deja caer sobre el borde de su duro colchón, con las manos en la cabeza— Lo hago porque es lo correcto. Alguien debe proteger a esta familia.

—Aun no me respondes lo que te pregunté, tío —Félix replantea la pregunta.

—¿Tienes un cigarrillo de casualidad? —consulta, malogrado.

—No. Lo siento. Lo dejé —miente.

—¿También dejaste el alcohol? —ríe Gabriel, perspicaz— Es curioso que, no siendo hijo mío de sangre, seas lo más parecido a mí en cuanto al estoicismo. Es un rasgo que lamentablemente Adrien no heredó de nadie.

—Escucha, Gabriel —Fathom extraer desde el bolsillo de su pantalón una cajetilla y le ofrece uno, junto con algo de fuego— No vine a hablar de la personalidad de mi primo o de mi manera de canalizar frustración o el hecho de que volviste a fumar luego de casi 30 años.

—No le cuentes a Emilie —implora.

—No lo haré —resopla, desaventurado— Aunque como médico que soy y dada tu avanzada asma prolongada, no te lo recomiendo. A menos que quieras acompañar a mamá más pronto que tarde —reanuda— Sigo sin comprender, por qué tanta urgencia de hablar conmigo. Sospecho que dentro de tu papel de redentor ser de luz, estas tramando algo.

—¿No te lo contó Adrien ya?

—No. Pero a juzgar por la forma en la que me miró hoy, tal vez esperaba que lo hicieras tu —cuestiona Graham de Vanily, turbado— ¿Te vas a entregar?

—Si. Y necesito que tu declares.

—Supongo que a tu favor —arquea una ceja— ¿No?

—En contra.

—Genial. Ahora me dieron ganas de fumar a mi —Fathom enciende un cigarro también— Con un demonio. ¿Por qué haces esto? ¿No es suficiente ya con las pruebas que entregó fiscalía?

—No lo es. Y baja la voz, que hay cámaras —musita el magnate, embrollado— Emilie y Adrien ya declararon. Los abogados creen que con una contra declaración, tendrán que rebajar la pena. Si colaboras, al menos…no me enviarán a prisión de por vida.

—Gabriel, tú sabes que no puedo hacer esto —relata un asustado Félix, pues está al tanto de que él es quien mató a Fei— Yo soy-…

—Tu eres mi sobrino —le intercepta, señalando el aparato de seguridad con la mirada— El único que tengo. Y está bien, entiendo que sea difícil. Pero no olvidemos que intenté inculparte de todo. Tienes derecho a tomar venganza.

—Pero yo…—Fathom rehúye de su mirada, acabado— No quiero…vengarme de nadie. No odio a nadie…

Silencio sepulcral en el ambiente. Su cigarrillo casi se a consumido por completo; en una colilla que cae hechas cenizas, sobre la punta de sus finos zapatos negros. Una de las puertas principales se abre de sopetón, dejando reverberar de lleno el ruidoso escándalo que una mujer se monta, sin tropeles. Es Audrey Bourgeois, quien acaba de ingresar en calidad de detenida. Félix y Gabriel solo se limitan a observar el show.

—Suéltenme, idiotas buenos para nada —berrea la mujer, batallando contra las esposas— ¡¿Que acaso no se dan cuenta de quién soy?! ¡Haré que los despidan a todos!

—Ah ¿Sí? —chista Alix en una risotada sarcástica— ¿Y cómo pretende hacer eso? ¿Hará una llamada desde su celda? ¡Jaja!

—¡Gabriel, sucio traidor! —farfulle colérica Audrey, asesinándolo con los ojos— ¡¿Cómo te atreves a traicionarme?! ¡Eres un mal agradecido! ¡Yo te saqué de la miseria, Grassette!

—No tengo idea de que hablas, Audrey querida —el Agreste se encoge de hombros— Yo jamás haría tal cosa y lo sabes.

—¡¿Y entonces quien demonios fue?! —regresa a Nathalie Sancoeur— ¡¿Fuiste tu, pequeña zorra?!

—¡Hey! ¡Señora! —Kubdel azota su lumpen contra las rejas— Basta de gritos. En mi pasillo se me comportan todos —le quita las esposas, aventándola al interior de la celda— Y créame, esa tipa no ha soltado ni un pio desde que llegó. Será mejor que se divierta con otro.

—¿Qué demonios? —la señora Bourgeois se paraliza, tras percatarse de quien está en la misma jaula con ella— ¡¿Qué significa esto?! No compartiré mi celda con André.

—Mala suerte, vieja bruja —se mofa la detective— Quizás debiste haberlo pensado antes de casarte con él.

—Tsk…ya veo —Audrey se cruza de brazos—Así que fuiste tu quien me traicionó ¿No es así? ¡Genial! ¡Tan inteligente como siempre, tarado! ¡Ahora los dos iremos a prisión y las niñas se quedarán huérfanas!

—En primer lugar, cariño. Zoé y Chloé no son unas niñas ya. Saben cuidarse solas y dinero no les va a faltar —expresa el ex edil, mosqueado— Segundo, no seas tan desvergonzada, por favor. Tu fuiste la primera en traicionarme. Así que digamos que se hizo justicia divina.

—No pasaré ni un solo maldito segundo en esta sucia celda, respirando el mismo aire que tu —protesta, altanera— Me rehúso. Y por lo demás, no me llames "cariño" con tanta audacia, André. Te pedí el divorcio. Eres mi ex esposo ahora.

—Uy, esa es la mejor parte de la telenovela —carcajea la prefecta, jugueteando con las llaves del recinto— Pues ¿Qué cree? Ningún juez aprobará su acta de divorcio mientras ambas partes estén involucradas en un juicio de corrupción fiscal —añade triunfante, saliendo por la puerta— ¡Esto no es Norteamérica, señora! ¡Nos vemos en tribunales!

—¡Arg! ¡Apenas salga de aquí los voy a despedir a todos! ¡Ya lo verán! —lanza su sombrero a la mierda— ¡Perderán todos sus empleos!

—Vaya…que circo tienes aquí dentro —ríe de forma infantil, el joven británico— Al menos no te aburrirás tanto.

—Solo dos días más y esto se acabará —sonríe caviloso, el mayor, reanudando la visual contemplativa que profesa por su familiar— Estas algo tostado. Me enteré de las oportunas vacaciones que te diste por el sudeste asiático. Muy estratégico de tu parte. Te lo concedo.

—De igual forma las merecía —se encoge de hombros.

—Realmente te gusta mucho esa profesora ¿No? —pregunta el Agreste, desprendido.

—Estoy enamorado de ella, tío —confiesa Félix, con pueril simpleza— Imagino que tu mejor que nadie sabe lo que es eso.

—Son tiempos que a veces extraño en sueños…—suspira, cabizbajo— No importa lo que pase conmigo. Emilie seguirá siendo el amor de mi vida.

—Tu hubieras hecho lo mismo.

—No…—admite, en un mohín lagrimoso— Yo lo hubiera hecho terrible. Tú lo hiciste bien. No sientas culpa ni pena por actuar como procediste. Eres un buen chico, Félix. Y espero de corazón que las cosas salgan bien con esa mujer.

—Se acabó el tiempo, doctor Fathom —anuncia el guardia, abriendo la celda.

—Su nombre es Marinette —sentencia por última vez, saliendo por la puerta— Marinette Dupain-Cheng. Espero lo recuerdes.

—Lo recordaré.

[…]

El día del juicio había llegado. Y si bien, estaba consciente de cual sería mi rol al momento de ser convocado al estrado, un tanto escéptico a lo acontecido me hizo dudar de lo que haría. ¿Era realmente lo correcto? Mas que mal, yo había chocado esa noche. Marinette estuvo conmigo en todo momento, demostrando hidalgamente su apoyo incondicional sin declinar. Ver a Gabriel Agreste en el banco de acusados me removió las entrañas. Porque, aunque no deseara expresarlo en palabras, me vi proyectado en el por unos instantes. Pude haber sido yo ¿Saben? Debí haber sido yo. Desde pequeño desconfié irresoluto sobre el significado de la palabra "justicia". Era un concepto que quisquilloso, repudiaba creer.

Y luego de al menos 5 tediosas horas de repasar los cargos, las fotos del sitio del suceso, el alegato de las partes y las defensas pertinentes, acabé convencido una vez mas de que no hay código penal que lo avale. No. En el fondo, no existe tal cosa. Para que eso hubiese ocurrido, yo debería haber perdido a Kagami y así, la divina providencia se habría manifestado en su magnánimo poder. Una vida por otra vida. Era mi credo a lo veraz.

Tras escuchar el fallo del juez, todo atisbo de displicencia melindrosa me abandonó. Mi conclusión era el despojo absoluto de que este no había sido un juicio que le diera descanso a Fei. Ella seguiría muerta. Hugo no tendría de vuelta a su querida madre. Si no más bien, un superfluo reparo retorico, que le diera tranquilidad a Paris. Un contrato, asegurando garantías de compensaciones monetarias al estado y revindicando el apellido de dos familias de renombre.

Gabriel Agreste fue sentenciado a 3 años de presidio calificado, sin derecho a beneficios. Mas el pago de una fianza de €20.000 euros en daños. André Bourgeois recibió una pena d 2 años, por complicidad y estafa a las arcas estatales. Fue vetado para ejercer cargos públicos durante 50 periodos de reelección. No pisaría una alcaldía de nuevo, mientras respirara. Audrey, quedó con arraigo nacional y firma mensual durante 8 meses. Tendrá que esperar un buen rato, para volar a Nueva York de nuevo. Y en cuanto a Nathalie Sancoeur, la asistente de mi tío, solo se determinó pagar una suma de €5.000, añadiendo un dictamen de alejamiento a la familia Agreste. Básicamente, fue despedida.

Kagami Tsurugi fue absuelta de toda sospecha, pues no se logró comprobar que fuese encubridora o hubiera entorpecido la investigación. Cooperó en todo momento. Zoé Lee, nunca entregó la verdadera grabación. Por lo que jamás nadie sabrá, quien fue realmente el que protagonizó el accidente esa fatídica noche. No obstante, fiscalía concluyó que Marinette Dupain-Cheng merecía ser indemnizada por los perjuicios ocasionados. Así que el veredicto final, incluía una póliza por reparaciones de viudes. También tocó parte de la tajada. Tal vez piensen que el dinero siempre es bienvenido en momentos de crisis. Pero no la noté contenta con el resultado. Y es entendible. No hay monto o cifra ecuánime que se pueda comparar al valor de una vida. Aceptó el dinero. No obstante, poco sentido ya comprendía para ella. Habíamos hecho las paces y eso, era mucho más valioso que todo el oro y el moro del mundo.

Se cerraba un ciclo en mi vida. Uno de los más oscuros que me atrevería a relatar hasta el momento. No sé si el futuro me depare más sorpresas amargas. Pero de algo si estoy seguro y es que ya no estaré solo. Nunca más…lo estaré…

Hospital universitario Pitié Salpêtrière. 10 de febrero. 00:20AM

—¿Cómo siguen las cosas en casa, cariño? —Félix habla al teléfono, en lo que camina por el pasillo con un café en la mano— ¿Te ha tocado muy duro?

—Todo bien por acá —responde Marinette del otro lado de la línea, masticando unas uvas— Los niños ya se dieron su baño y ahora están jugando Monopoly en la sala. ¿Cómo va tu turno?

—Un tanto pesado —exhala Fathom, saludando a una enfermera que pasaba— No sabes cuanto detesto tener que molestarte con esto. Pero la mayoría de los internos toman vacaciones por estas fechas y me tocan los nocturnos.

—Que cosas dices, mi amor —ríe jocosa, ahora tragándose unos maníes— Para mi es un placer poder ayudarte y que puedas trabajar tranquilo. Además, tu casa es muy acogedora. Aunque demasiado grande para mi gusto. Me ha costado encontrar algunos utensilios.

—Lo sé. Cuando la compramos con Kagami, fue con la esperanza de tener una familia bastante numerosa —expresa sereno el médico— Pero si necesitas ayuda, pídesela a Emma. Ella conoce los laberintos ocultos.

—Emma ha sido un sol conmigo. Hasta me preparó un baño de espumas —añade Dupain-Cheng. Ahora, está comiendo ensalada de atún con fideos— Por cierto, tuve que asaltar tu refrigerador. Me ha dado un bajón increíble luego de ese baño. Espero no te moleste, prometo compensártelo.

—Tranquila, todo lo que es mío es tuyo y puedes comer lo que desees hasta saciarte —bosqueja cariñoso, el inglés— Solo trata de evitar que se duerman muy tarde.

—Félix, no seas tan estructurado —confiesa la docente. Ahora se come un pote de helado de vainilla y se sienta sobre el sofá del living— Están de vacaciones de invierno. Ya tendrán tiempo para estresarse.

—Lo sé, cariño —musita preocupado, el rubio— Pero Emma es muy suspicaz cuando quiere y temo que se mal acostumbre. Una vez ya me engañó así.

—Que tu hija sea un poco rebelde me parece estupendo, doctor —adiciona, succionando un vasote de malteada de chocolate— A ver si aprende un par de cosas estando conmigo.

—Espero no arrepentirme de esto —bufa Félix, consagrado con su idea.

"Doctor Fathom, lo necesitan en urgencias. Doctor Fathom, a urgencias"

—Debo cortarte. Me están llamando y creo que será una noche ajetreada —dictamina, cambiando de dirección— Te escribiré más rato si no estas dormida. ¿Sí? Te amo.

—Ve a salvar el mundo, mi héroe —Marinette le lanza un besito por el altavoz— Te amo más. Bye~

—¡Bien! Yo he caído en subasta —exclama Hugo, examinando atentamente el tablero— Mhm…me parece que sería un excelente trato para ti, que me cambiaras Londres por Buenos Aires, jeje…

—¿Eres una especie de estafador piramidal? —rechaza Emma, risueña— Londres cuesta €1.000 y Buenos Aires €240. No te lo voy a cambiar.

—Pero Emma, es una subasta justa —explica sereno el varón— Tu necesitas propiedades rojas y yo verdes. Y Buenos Aires es roja. Si no intercambias no subirás de valor el terreno.

—Ajam —recula, divisando sus fichas— Si, bueno. Tienes razón. Solo por esta vez, te dejaré pasar el desfalco.

—Soy un excelente corredor de propiedades —Dupain-Cheng se golpea el pecho— Ahora tiraré dados y te daré €100 de vuelto. Ten —le entrega sus billetes.

—Oye —Tsurugi hace una pausa, observando a Marinette en el salón— ¿No te parece que la señorita Dupain-Cheng está comiendo demasiado?

—¿Qué dices? —la resta importancia, moviendo sus fichas— ¿A quién le importa? Mamá siempre come mucho.

—No es verdad. Acaba de asaltar la alacena de galletas y ya se zampó dos potes de helado de vainilla —argumenta la rubia, suspicaz— ¿Será que tiene la solitaria?

—No sé qué es la solitaria. Pero tiene sentido si se siente así —el peliazul roba un fago de euros del banco; en lo que se distraía— Extraña a Félix.

—¡¿Qué crees que haces, bribón?! —Fathom le palmotea la mano— ¡Devuelve esos billetes!

—¡Caí en el banco! —se excusa, pillado— ¡Me debe dinero!

—¡Tu cola te debe dinero! —Emma forcejea con el— ¡No hagas trampas! ¡Tu le debes pagar al banco! ¡La tarjeta dice que pagues €600!

—¡Emma, no sabes jugar! —tironea de vuelta— ¡Regrésame eso!

—¡No quieras pasarte de listo conmigo! ¡Vi que te aprovechaste! —lo empuja— ¡Dame eso!

—¡Noooo! ¡Mis billetes! —chilla Hugo, jalando hacia atrás— ¡Necesito ser millonario y comprarme Paris! ¡Déjame ganar!

—¡Juegas horrible! ¡Mereces ir a quiebra! —le gruñe la ojiverde, lanzando a la mierda el tablero— ¡Ya retírate!

—¡Niños, niños! ¿Qué demonios están haciendo? —Marinette interrumpe la escena, alertada por la discusión— ¿Se puede saber por qué pelean ahora?

—¡Emma comenzó todo! —la increpa— ¡Está celosa porque voy a ganar!

—¡No es cierto! ¡Hugo no sabe perder! —le tira los dados por la cabeza— ¡No jugaré más contigo!

—¡Niños! ¡Ya contrólense! ¡No pueden estar discutiendo por un juego! —la mayor intenta separarlos a la fuerza, alejándolos con ambas manos— ¡Hugo, no escupas como guanaco! ¡Emma, por favor no le pellizques las tetillas a tu hermano! —no logra su objetivo— ¡Ya basta! ¡No me están haciendo caso! ¡¿Acaso no-…?! —se calla de golpe.

—¿Qué pasa? —Tsurugi se espanta, notando la expresión nauseabunda de la ojiazul— ¿Marinette? ¿Se encuentra bien?

—N-no…yo…creo que comí demasiado o algo así y…—Marinette infla las mejillas, bosquejando una expresión acida y de cadavérica. Se cubra la boca— Ne-Necesito ir al baño…—sale corriendo.

—¡¿Mami?! —brama estupefacto, el pequeño.

—¿Ya ves lo que provocas, bobo? —lo regaña— Ahora tu mamá se fue a vomitar de la vergüenza que le das.

—¡Mami, espera! ¡No te vayas! —Hugo la persigue detrás.

Nadie esperaba un desenlace como ese. Pero Marinette se ha encerrado en el baño y acaba de devolver prácticamente todo lo que comió la semana pasada. Percibe como los pequeños tocan angustiados la puerta. Están preocupados. Es que ha sido muy errática su reacción. Tras un par de minutos descargando el malestar, logra por fin tirar la cadena y enjuagarse la boca; señalando desde el interior que está bien. Que en un momento abre. En cuanto reaparece por la entrada, se topa de lleno con dos niñitos a punto de expirar en llanto. Ella finge estar de maravillas y los envuelve con ternura, uno en cada brazo. No pretendía causarles un susto. Apela al hecho de que realmente hizo mezclas descabelladas de provisiones esa noche y tal vez, lo mas sensato sea dejar de hacer eso. Abusó de su apetito.

—Todo estará bien, mis niños. Tranquilos. No me pasa nada malo —profesa la profesora, regalándoles una sonrisa maternal a ambos— Solo…elegí mal la combinación de alimentos hoy.

—Yo lo noté —expresa angustiada, la muchacha— Nunca la vi engullir tanta comida como hoy. ¿Se siente bien?

—Perdón —revela Marinette, compungida— Quizás…estoy un poco ansiosa por pasar una noche con ustedes y sin Félix a mi lado…

—¿Lo ves? —refuta Hugo— Te dije que lo extraña.

—Si. Ciertamente lo echo mucho de menos, tesoro —consiente su progenitora, depositando un beso casto en su frente— Pero es cosa de costumbre. Debemos hacernos a la idea de que el trabajo de Félix es así. Es doctor y vamos a apoyarlo en todo lo que necesite ¿De acuerdo?

—Por supuesto que sí, mamá —sentencia su primogénito, acurrucándose en sus brazos—Antes solía esperar semanas a mamá Fei. Puedo con turnos extraños, con tal de verlo casi a diario.

Es cierto…olvidé lo ausente que era Fei. Hugo es un niño muy valiente —asiente complacida, la mayor— Creo que ya fue suficiente comida y juegos por hoy. ¿Nos vamos a la cama?

—Si. Papá le preparó un cuarto especial a Hugo —explica Emma, imperturbable.

—Este…—el menor esboza un mohín, bastante turbado al respecto— No se ofendan ¿Sí? No es que no aprecie que papá Félix se haya preocupado por darme un espacio en su casa para dormir, pero…me gustaría dormir contigo esta noche, mami.

—Bueno, es comprensible —masculle Marinette, compenetrada con su angustia— Estas en casa ajena y ya con el tiempo le agarras cariño. Puedes dormir conmigo en la pieza grande. Vamos…

Emma se había paralizado en medio del pasillo. Ligeramente recelosa y en completo mutismo, se sobaba el brazo izquierdo con desazón. Vamos, no hay que ser adivinos para averiguar que es lo que está pensando. Solo que es muy orgullosa o tímida para admitirlo a viva voz. Marinette se inclina hacia ella y acaricia su nuca con afecto.

—¿Alguna vez dormiste con Kagami?

—Una sola vez…—sisea, ruborizada.

Lo supuse —toma la mano de ambos— No te preocupes, conmigo puedes dormir todo lo que gustes.

—¿De verdad…? —añade, casi haciendo pucherito.

—De verdad. Vamos a dormir los tres juntos en la cama grande ¿Sí? —ríe jovial— Lávense los dientes y pónganse la pijama. Los espero en el cuarto.

Ver sus rostros iluminados por una ráfaga de amor fulminante a enternecido el corazón de la profesora. Son niños, después de todo. Y cada uno busca desesperadamente el calor de una figura familiar. Sabe que a Félix no le hará problema que todos compartan su lecho de soltería. Así que no es preocupante darle tanta importancia a algo tan banal. Lo que, si le asalta escuetamente el sueño, es lo que pasó en el baño. ¿Realmente comió demás o…es otra cosa? Da gracias al universo de que Félix sea médico. Quizás lo consulte con el mas tarde.

A eso de las 06:40AM, las luces de un automóvil estacionando en la entrada cortan el reparador sueño de la madre. A juzgar por la sonajera de llaves y el abrir y cerrar de puertas, el dueño de casa a arribado. Mas somnolienta que otra cosa, divisa a su pareja al borde de la cama, estimulado por una mueca sincera de ternura. Verlos descansar a los tres, es lo mas cercano a disfrutar del paraíso en la tierra. No hace mucho ruido. Cauto y sigiloso de no alertar a los pequeños, besa afectuosamente los labios de su amante en una muestra devota de bienvenida. Opta por dejarlos dormir y se retira a la habitación de invitados a pernoctar. Ha salido bien, después de todo…

A la mañana siguiente.

—Cereal y leche para el príncipe —murmura Dupain-Cheng, depositando un cuenco sobre la mesa— Y sus tostadas a la inglesa para la princesa.

—Yo quiero la miel —Emma pide el frasco a su hermano— Tengo mucha hambre.

—No coman tan rápido o podría pasarles lo que a mi —advierte Marinette, grácil.

—¿Papá Félix no viene a desayunar con nosotros? —cuestiona Hugo, melancólico— Lo extraño.

—No, cariño —niega su madre— Papá Félix está muy cansado. Llegó muy temprano de trabajar y vamos a dejarlo dormir un poco más. Así que, por favor, no hagan mucho ruido o lo despertarán.

—Es usted muy considerada, Marinette —expresa Tsurugi, bebiendo un sorbo de leche— Mamá solía despertarlo sin importar la hora.

—¿Y eso por qué? —parpadea atontada la fémina.

—Es que papá es quien preparaba el desayuno y ella me iba a dejar al colegio —se encoge de hombros, natural— Bueno, esa era la rutina.

—Lamento no ser como Kagami en ese aspecto —la peliazul se sienta frente a ellos, sirviéndose una taza de café en el proceso— Yo supongo que ella era muy meticulosa.

—Mamá era muy estricta —suspira— Incluso los feriados. No hacía excepciones. Ser mas flexible no tiene nada de malo. Me gusta eso de usted.

—Gracias…eres muy amable —se ruboriza en respuesta.

—Quiero ver tele —Hugo prende la TV del salón— Me gusta desayunar viéndola.

—Mamá tampoco permitía eso…—musita cabizbaja, la joven rubia— Solía decir que distraía la digestión de la comida.

—Tu mamá no sabe lo que es disfrutar la vida —chista el ojiazul, con altivez— Mi mamá te enseñará lo que es bueno. Ya verás.

—Si…—Emma le regala una sonrisa pueril a Marinette, animada— Estoy ansiosa por vivirlo…

—Buenos días, familia —Félix Fathom en persona, reaparece por el comedor— Espero hayan dormido de maravillas. Vaya… ¿Y ese olorcito a café tostado? Mhm…huele exquisito.

—¡Papá Félix vino! —brinca Hugo, corriéndole la silla— ¡Siéntate conmigo! ¡Puedes comer de mi cereal!

—Jajaja…gracias. Que amable —manifiesta Graham de Vanily, cogiendo el puesto que ha determinado por excelencia para el— No como cereal por la mañana, pero me animo a probar este café.

—Buenos días, doctor —Marinette besa sus labios, en un pico fugaz; muy escueto— No queríamos despertarlo tan temprano. Noté que llegó en la madrugada.

—Descuide, maestra. Estoy acostumbrado —relata el británico, rellenando su taza— Kagami era excelente entrenadora militar. Debería haber sido general en vez de dedicarse a la política —se gira a la sala— Vaya…y viendo televisión por la mañana. Quien lo diría. ¿Un cambio de aires? ¿Algo interesante que ver?

—Es que me gusta informarme de lo que acontece en el mundo, papá —explica el varón, pegado en las noticias.

—Y yo pensando que solo eras fans de las caricaturas —ríe Félix, cruzado una pierna sobre la otra.

—Espera…súbele a eso —interrumpe Emma, robando el control remoto— ¿Qué hace mamá ahí?

—¿Esa es…Kagami? —parpadea Marinette, atónita con lo que ve.

En la tv.

—Clara Contard con los últimos acontecimientos de las 8:00 —comunica la reportera— Luego de una exhaustiva jornada de votación en la cámara baja, el congreso ha determinado llamar a elecciones por la alcaldía de Paris. Recordemos que el ex edil, André Bourgeois fue retirado de su cargo bajo un controversial juicio de corrupción en su contra —continua— Se han abierto convocatorias para escoger a su reemplazo en la mayor brevedad posible. Y nuestros candidatos ya han salido a la palestra. Me encuentro a las afueras del ayuntamiento en donde la concejala Kagami Tsurugi ha anunciado públicamente su pronunciamiento. El proceso de campañas se ha visto empañado por un segundo contrincante al puesto. La audaz y joven promesa del momento, Iris Verdi —añade— Pasemos a revisar las primeras impresiones.

—Paris es una ciudad que merece ser limpiada por completo —sentencia Kagami, frente al podio de prensa— Y como su futura alcaldesa, les puedo asegurar que no descansaré noche y día hasta erradicar la corrupción y la delincuencia de nuestras figuras públicas. Me siento apta para este cargo de tal envergadura. Sepan ustedes que, si me eligen, le devolveré la paz y la belleza a esta hermosa ciudad como de antaño me propuse hacer de ella. Mano dura, trabajo en equipo y compromiso, es lo que les voy a dar.

—Wow…mamá como alcalde —titubea turbada, Emma— Creo que mas de alguno va a temblar ahora…

—No soy una mujer de escuetas palabras —declara Lila Rossi; la rival— Pero si muy honesta y sincera en mi discurso. Y les aseguro que energías limpias, pago de impuestos justos y responsabilidad les otorgaré. Esta ciudad merece a una mujer al mando. Una que les de confianza y poder femenino empático, con las desamparadas. Odio las mentiras —acaba de mentir.

—Los habitantes de Paris parecen ya tener a una favorita para el puesto —declara Clara, frente a la pantalla— Opiniones divididas aseguran que Tsurugi, no los representa del todo al haber trabajado con Bourgeois en el pasado. Mientras que la comunidad LGBT+ reivindica su máxima postura de apoyo hacia la congresista japonesa de 33 años, que ha declarado abiertamente, tener una relación amorosa con otra mujer. Mas información, ampliada en el noticiero de las 14:00. Adelante, estudio.

—¿Qué demonios hace Lila ahí? —Félix frunce el ceño, receloso— Esa tipa no es para nada confiable. No sé como la gente puede creer semejante discurso.

—Pues al parecer mucha gente no la conoce. La encuesta ciudadana está muy pareja —adiciona Marinette, sorprendida con la noticia— Aunque no me imagino a Paris a manos de esa muchacha insidiosa.

—Espero Kagami sepa lidiar con ella —carraspea Fathom, descontento— Me llama la atención que no me haya comentado de sus intenciones por tirarse a un puesto como este —dice, revisando su móvil— Ni una llamada. Ni un mensaje.

—¿Por qué tendría? —expresa su pareja, confundida— Kagami no es nada tuyo ya.

—Si…bueno…no sé —se encoge de hombros, liado— Kagami y yo tenemos buena comunicación ¿No? —pero nadie parece darle la razón. El silencio otorga en aquella mesa— De acuerdo, retiro lo dicho.

—¿Marinette se puede venir a vivir con nosotros? —suelta Emma, de la nada.

—¡Pff! —Félix escupe su café, atragantado— ¡Cof! ¡Cof! Dios… ¿Qué? Disculpa… ¿A que vino eso de la nada?

—Es solo una pregunta, no te hagas el asmático ahora —le increpa su hija— ¿Puede o no?

—Este…cariño, jeje…—ríe Graham de Vanily, nervioso con su planteamiento— Esa es una pregunta muy seria.

—¿Cuándo dije que era una broma? —arquea una ceja, vivaz.

—Vale, espera. No me mal interpretes por favor —argumenta el neuro cirujano, afligido— No he dicho que sea un chiste. Es solo que lo que planteas es…mh… ¿Algo apresurado?

—¿Apresurado? Llevan un año saliendo, papá.

—S-si…pero…—Félix no sabe ya que responder.

—Y además se fueron de vacaciones juntos. Y además duerme en casa con nosotros. Y además me cuida. Y además yo quiero que viva conmigo —veredicta la menor.

—Amm… —el rubio se rasca la mejilla, barajado— ¿Esto tiene alguna relación con que Kagami ahora quiera ser alcalde de parís?

—¿Disculpa? —Emma lo fulmina con la mirada.

—Espera, Félix —Marinette acota, perpetua con su planteamiento— Escucha lo que tu hija quiere decirte ¿Sí? Es válido lo que menciona.

—¿No te incomoda? —repara, incrédulo.

—¿No? ¿Por qué lo haría? —sonríe optimista la profesora— Emma no es una niña tonta. Sabe lo que quiere. Si te lo está preguntando, merece una respuesta.

—¿Tu…quieres vivir con nosotros? —consulta, ruborizado hasta las orejas.

—No lo sé, Félix —exhala, frustrada— ¿Acaso me lo has preguntado?

—Bueno, ahora lo estoy haciendo —dice.

—No. Es Emma quien lo está haciendo —responde, inocua— ¿Es un juego de retórica o qué? No se responde una pregunta con otra.

—¡Yo si quiero vivir con ustedes! —Hugo levanta la mano. Nadie le preguntó, pero le vale— ¡Me gustaría mucho! ¡Amo tu casa, Félix!

—Vaya…—Félix se retrae tímidamente en su silla, como quien se profesa entre la espada y la pared— ¿Es mi idea o me siento acorralado?

—¿Tanto te cuesta responder una pregunta? —le reprende Tsurugi, sagaz— Que cobarde.

—¿Ahora soy cobarde, solo por el hecho de que me hayas tomado por sorpresa y no sepa que decir de inmediato? —se defiende el doctor, despreocupado.

Silencio sepulcral en el ambiente. Ok. Esto…se tornó benignamente incomodo. Mierda. Marinette ahora mismo no me está mirando ni por si acaso. Hugo prefirió seguir tragando su cereal y en cuanto a mi hija…opta por concentrar su visual en un comercial de mierda en la TV. Vamos, chicos. ¿Por qué me hacen esto? De pronto siento que soy el villano de una novela mal contada. ¡No he dicho nada malo! ¡Solo me sorprendió la pregunta! ¿Qué demonios?

—"¡Love is in the air! ¡Ven a disfrutar de un maravilloso viaje por el Senna en este día de los enamorados! ¿Quién dijo que Paris no es la ciudad del amor? Este 14 de febrero te esperamos en el centro cívico de los campos elíseos. Compra tus entradas a través de nuestros puntos de atención y canales web de .com. ¡Los esperamos!"

¿Qué es ese comercial? ¿14 de febrero? Mierda. ¿Qué fecha es hoy? Últimamente he estado tan concentrado en mi trabajo que no me percaté del espacio tiempo. Disimuladamente me hago el esquizo y chequeo el calendario de mi Apple Watch. Es 10 de febrero, carajo. En 4 días mas es el día de los enamorado y no he planeado absolutamente nada para Marinette. Csm…soy un fiasco. En mi defensa, pediré ser comprendido en mi falta de altruismo por ese día, dado que mi ex mujer no era fan de celebrarlo. Digo, si pasamos algunos 14 juntos, pero fue solo los dos primeros años de matrimonio. Cuando nació Emma, todo se derrumbó dentro de mí, dentro de mí. Vale, es que tampoco es tan fácil disfrutar de un momento como ese cuando tienes un bebé a cuestas. No estoy insinuando que soy apático o poco romántico. Amo tanto a esta chica, que, para mí, todos los días son el día del amor. Pero también entiendo dentro de mi virginal falta de socialización que es un momento especial para las mujeres. Se muestran tan afanosas y anheladas por ser agasajadas que no me puedo dar el lujo de fallar.

Bendita sea la mañana que vi ese reclame. O de seguro…todo se va al caño. Piensa, Fathom. No seas pendejo. ¿Qué puedo regalarle? Dios, es que encima ahora están Emma y Hugo. ¿Debería pasarlo con ellos también? ¿Qué significa realmente el 14? ¿Es una conmemoración al romanticismo idílico? ¿Un día para demostrar sínicamente lo que no hago los otros 364 días del año? ¿O es algo familiar con notas amistosas? Necesito ayuda de un profesional en el tema.

[…]

—Disculpa, no estoy entendiendo bien —recapitula Adrien, anonadado con tanta información suelta y sin contexto— ¿Viniste porque se te murió otro paciente o me estas pidiendo consejos sobre que hacer un 14 de febrero?

Edificio Bobigny, centro de Paris. 18:12PM. Centro terapéutico.

—Eres el peor psicólogo que he conocido en mi vida —rezonga Félix, enfurruñado— ¿Si quiera me escuchas?

—Estoy percibiendo mucha negatividad en el ambiente y eso me produce frustración mal canalizada —advierte el Agreste, enmarañado— ¿Realmente quieres terapia o solo querías una segunda opinión? Porque si es lo último, no hacía falta agendar una hora para eso. Era cosa de que me llamaras o nos juntáramos a tomar un café.

—Ok. Discúlpame por no saber gastar bien mis emociones o mis tiempos —protesta Fathom, ofuscado— A veces no me entiendo ni yo. ¿Te lo repito de nuevo?

—En realidad es mi tiempo el que estas gastando —comenta entretenido el rubio— Pero no estoy molesto. Para mi siempre es un placer ayudarte, Félix.

—¿Ya te cogiste a tu secretaria? —curiosea el inglés.

—¿Cómo es que pasamos de tu inexperta forma de lidiar con fechas capitalistas a mi vida sexual? —carcajea Adrien, fútil— Félix, es solo un 14 de febrero. No es el fin del mundo.

—Ya sé. Se que te parezco ridículamente infantil por venir hasta aquí por algo así.

—Al contrario, primo. Me parece muy tierno de tu parte —comenta agraciado, el primo— Pero déjame aclararte, que no pasa nada si no sabes tratar con esto. Marinette es una chica estupenda y ella entenderá tu torpeza. Estoy seguro de que no es tan terrible para ella.

—Para ella no. Pero para mi si ¿Ok? —Graham de Vanily se toma la cabeza, pesaroso— Adrien, esto es de vida o muerte. Es mi primer 14 con el amor de mi vida y no puedo cagarla.

—Si no fueras mi primo hermano, te recetaría un par de píldoras para dormir y serías despachado en un segundo —suspira, congraciado con su causa— Pero dado que te tengo un cariño ancestral, te diré que hacer —deja de lado la tableta y se arrima a él, sentándose a su lado— A ver. ¿Qué es lo que te complica tanto? Y por favor no me vengas con esa redundante típica frase cliché de "no quiero defraudarla" porque llevas un año saliendo con ella, mataste a su esposa y te la llevaste de vacaciones al sudeste asiático.

—Gracias, Adrien —Fathom finge una sonrisa sínica, tocando su hombro— Te juro que no sé que sería de mi sin una persona como tú, que me recuerdo a diario mis cagazos.

—Vale. Lo que tu necesitas es un trago —se levanta, caminando hacia el librero— No vamos a llegar a ningún lado así.

Casa de los Dupain-Cheng. A esa misma hora.

—El sábado es 14 de febrero y no se ha pronunciado ni por insinuación —expone Marinette, melancólica— Temo que no sepa como lidiar con eso y no sea capaz de admitirlo de manera sincera.

—Cielos, amiga. Realmente te ha afectado esta situación —expresa Alya, anonadada— Te veo estresada.

—¿Por qué lo dices? —no comprende.

—Porque ese es el tercer trozo de pastel que te comes y tiemblas cada dos por tres —expresa divertida, Césaire— ¿Se te bajó el azúcar o algo así?

—Dios santo, Alya. No, nada de eso —niega rotundamente, alejando al instante el dulce de su mesa— Gracias. Si no me lo comentabas, no me daba cuenta.

—Vale. Asumiré que el incremento de tu insaciable apetito se debe a que estas enamorada hasta las patas —ríe chistosa la morena— Veo que te sentaron demasiado bien esas vacaciones en las Islas Borneo.

—Parece que si ¿Verdad? —carcajea Dupain-Cheng, no tan segura de lo que ella misma profesa— No te niego que fueron unos días de ensueño. Pero por alguna extraña razón, desde que volví no he parado de tragar.

—Ansiedad, amiga. Es natural —le da unas palmaditas en la espalda— Me pasó con mi primer novio. ¿Si lo conté? Engordé como 10 kilos con él. Dios, que manera de comer. Y ahora que se resolvió el tema del juicio y ya la policía no los persigue, lo normal es que te hayas relajado al fin.

—Si…pero es extraño ¿No crees? —la peliazul se soba la mejilla, complicada— Llevo enamorada de Félix casi un año y no me había pasado antes.

—¿No estarás enferma? —insinúa preocupada, su camarada.

—Es lo que estado pensando —cuestiona dubitativa— Tal vez comí algo por allá y se me formó un parasito en el estómago. Ya sabes, como una lombriz solitaria.

—¿No sería mejor que lo consultaras con Félix? Mas que mal, él es doctor.

—Es neuro cirujano —exhala, abatida— El ve cerebros, no estómagos.

—Es solo una especialización, chica —carcajea animada, la chica de anteojos— Todos son médicos generales hasta que se gradúan de algo. Bueno, es lo que pensaría si es solo hambre lo que te pasa. Porque si no es eso…—calla de golpe, apretando los labios— N-no…bueno…

—Que —Marinette se espanta frente a su mutismo repentino— ¡Que! Alya, dime. ¿En qué estás pensando?

—N-no…es una tontería. No puede ser posible —le resta importancia.

—Por la mierda, ya dime que es —exige, embrollada— No me dejes en ascuas. ¿Qué es lo que estás pensando realmente?

—Marinette…—Alya le clava una mirada certera— Porque…yo imagino que es solo hambre lo que últimamente te pasa. ¿Verdad? No hay mareos de por medio, vómitos… ¿Hinchazón de…alguna parte más de tu cuerpo?

—¿Qué insinu-…? —Marinette entra en shock, abriendo los ojos como platos— No…espera. No, no, no. Eso…—creo que se han sincronizado con la misma duda— No. Insisto. Eso es imposible.

—¿Por qué sería imposible? —recalca Césaire.

—Bueno, porque con Félix he tomado resguardos —musita, con los pómulos enrojecidos del bochorno— Ya sabes. Llevo tiempo saliendo con el y nos hemos cuidado ambos. ¿Si me entiendes? Usamos…preservativos y yo tomé mis pastillas igual.

—¿Siempre usaron? —arquea una ceja, sugerentemente— ¿Siempre, siempre? ¿No hubo ni una sola vez que no?

—Y-yo no…—intenta recordar, pero le cuesta trabajo asimilarlo— No estoy…segura…

—¿Cómo que no estas segura? —Alya se va a la chucha.

—¡No estoy segura! —chilla— ¡Es lo que dije!

—¡¿Segura?! —repite, zarandeándola.

—¡¿Estas sorda o que?! —brinca Marinette, al borde de la historia.

—¡No me gritas, tarada! —Alya le pellizca el brazo— ¡¿Si o no?!

—¡Ouch! ¡Hey! ¡No! ¡Es un no! ¡No estoy segura! —revela, estupefacta con sus propios dichos. Acto seguido, se toma la cabeza— ¡Con un demonio! ¡No! El día que nos reconciliamos con Félix y nos fuimos a su casa, el no…yo no…—aprieta los labios, tragando saliva con estupor— Mierda. Mierda, mierda, mierda. Estábamos tan calientes que…

—Marinette…no te quiero asustar ni mucho menos alertar de nada —propone su camarada, con mucha templanza en su tono de voz— Pero tu debes hacerte esa prueba.

—¿Estas de broma? —se aterra con la sugerencia— ¿En serio estás asumiéndolo?

—Lo siento, pero es la única forma —veredicta la profesora— Solo así saldrás de la duda y podrás saber…

—No lo digas…—Dupain-Cheng, aprieta el culo en la silla.

Si estás embarazada o no.

Carajo Y lo dijo…

—Ok. Esto está mejor que mi telenovela nocturna —bufa Alya con total desplante— ¿Otra taza de café? Ya que pasamos del 14 a un posible embarazo. No me lo pierdo por nada del mundo, jejeje…

Se creía cirquera ahora…

[…]

—Vamos a ver…—Marinette inhala profundo, dando una extensa bocanada de aire que luego suelta, prolongadamente— Esto es fácil. Ya lo hiciste antes, Marinette. No te comportes como una amateur. Es exactamente igual a como esa vez que me enteré lo de Hugo. Ya fuiste madre una vez. No te acobardes —Pero fue hace 8 años, joder. Ya casi no me acuerdo…— Este…—se pone anteojos y lee la cajita con el instructivo— "Fácil de usar. Resultados en 5 minutos. Lava tus manos y orina en el bote limpio. Introduce la tira reactiva del test en el chorro. Pasado el tiempo, retira el test de la orina y déjalo sobre una superficie lisa. Lee el resultado. Tendrá las marcas (–) para negativos, (+) si estás embarazada o (–) una sola rayita si es negativo o (=) dos si es positivo" —se despeina— Mierda, no recordaba que fuera tan complicado. Ok…aquí vamos.

Marinette hace lo suyo, siguiendo al pie de la letra las instrucciones. Es la primera orina de la mañana. No puede ser tan grave. Ha depositado la prueba sobre el mesón y se pasea descalza de un lado a otro cual león enjaulado por la fría baldosa. El temporizador de su teléfono parece no avanzar, presa de su ansiedad. Transcurridos los 5 minutos, lo coge para comprobar algún resultado.

Sábado 14 de febrero. 10:40AM.

—¡Mamá! ¡Quiero hacer popo! —Hugo golpea la puerta con violencia— ¡¿Te falta mucho?!

¡Con una mierda! —instintivamente, deja caer la prueba al WC. Se jala de las greñas— ¡No me jodas! ¡No ahora!

—¡¿Cómo que no te joda?! —protesta su hijo, apretando las nalgas— ¡Me cago!

—¡N-no hijo! ¡No te lo dije a ti! ¡Ya salgo! —alerta desde el interior, recogiendo el aparato para tirar la cadena— ¡Puta mierda, que torpe eres! ¡La reina de las torpes! —a duras penas logra limpiarlo con ayuda de papel higiénico. Chequea el resultado. Empalidece— Ay…no-te-lo-puedo-creer…

En rojo, delante de la muestra, ha aparecido el símbolo (+). Es real. Tan real, que le cuesta digerirlo. Marinette…está irrefutablemente embarazada.

—¡Mami, por favor! ¡No llevo pañal! —salta de un lado a otro, liado— ¡Me voy a-…! —la ve abrir— ¡Benditos dioses! ¡Con permiso! —corre y se encierra dentro.

En medio del pasillo, en completo hermetismo y más dura que estatua griega.

Vale…—piensa, apretando el test entre sus dedos— Estoy…esperando un bebé de Félix. ¿Qué se supone que tengo que hacer ahora?...

14:21PM. Centro cívico de los campos elíseos.

—¡Marinette! ¡Por acá! —Félix alza los brazos, cual niño pequeño ve a su madre llegar— ¡Estamos aquí!

Ok. Ahí está Félix. Y ha traído a Emma. Genial ¿No? Quiero decir…será un 14 en familia —carraspea, víctima de su propio nerviosismo— ¿Qué debería hacer? ¿Le digo y ya? "¡Félix! ¡Qué bien que viniste! ¿Sabes? Estoy embarazada. ¡Feliz día de los enamorados!" —despabila, negando rotundamente con la cabeza— ¡No, tonta! Arg…que pésimo momento. No ahora. Porque…no hay prisa ¿O sí? No se va a morir si no le digo nada justo ahora. ¿Verdad?

—¿Mami te sientes bien? —cuestiona el pequeño Hugo, a su lado— Llevas 10 minutos hablando sola y no sé si tienes un amigo imaginario nuevo o yo me estoy volviendo loco…

—¡N-no! ¡Claro que no, tesoro! —ríe torpemente la profesora— Solo estaba…disociando. Vamos, nos están esperando.

13:10PM. Arriba de un barco del rio Senna.

—¡Mira eso! ¡Ahí están los corpóreos de Ladybug y Chat Noir! —chilla Emma, correteando de proa a popa— ¡Hey! ¡Salva a parís por mi hoy, Ladybug! —fuera de contexto.

—¡Aquí! ¡Lancen un Lucky Charm! —aúlla Hugo, feliz.

—¡Niños, por favor no corran peligrosamente erráticos por el barco como si se fueran a tirar de el! —berrea una Marinette, mas pálida que un cadáver— Cielos…creo que esa serie es peligrosa para los jóvenes.

—Deben de tener un fandom bien enfermizo ¿No crees? —se mofa Félix, haciéndose el loco— Por cierto, me alegra mucho que hayas aceptado venir hoy. No sabía realmente de qué manera podrías celebrar este día tan especial. Pero luego recordé ¿Qué rayos? Marinette adora pasarlo en familia. Y dado que el 14 de febrero es el día del amor, la amistad y la familia, deduje que-…—nota que su compañera no le está prestando atención para nada— ¿Marinette…?

—¿Dime? —despabila.

—Te…estaba hablando —murmura melancólico, el inglés.

—¡Dios mío! Discúlpame, mi amor. Estaba…divagando en una tontería sin importancia ¡Jajaja! —ríe histéricamente— ¡Wow! ¡Que paseo tan increíble! ¿Quién lo diría? Un hermoso 14 de febrero a bordo de un lindo barquito por el Sena. Me siento muy cómoda contigo, Félix. Es un honor para mí, venir.

—¿Estás molesta por lo de la otra vez? —insinúa cabizbajo, el doctor.

—¿El que? —no capta.

—Ya sabes…—Graham de Vanily desvía la mirada, rascándose la nuca— Cuando Emma preguntó si te podías venir a vivir con nosotros.

—¡Ah! ¡No, no, no! ¡¿Qué cosas dices, tontito?! —ríe, aún más fuerte e hilarante. Le da un golpecito en el pecho— ¡Todo bien! Ya se me había olvidado ese tema, de hecho. Hoy hace un buen clima ¿No crees? Por cierto, luego de esto deberíamos ir al parque temático. Hay un túnel con cisnes que me encantaría compartir contigo —se abraza a él, cual quinceañera— ¿Vamos?

¿Entonces si es de su agrado? Demonios…Adrien tenía razón. Me preocupé por las puras —asiente, febril— Claro que sí, cariño. Hoy haremos lo que tú quieras. Hoy es tu día. Gózalo.

—¡Claro que sí! ¡JAJAJAJA! —calla de un momento a otro, frugal— Hoy es mi día…

Señor…soy yo de nuevo —rezando.

A ver, señoritas. No entiendo que está pasando. Pero asumiré que esta es la Marinette de siempre ¿Ok? Entrañablemente contenta, con aires de garbosa felicidad y complacida con mi cita ideal. Aunque a veces me cuestione seriamente esos drásticos cambios de humor que de pronto muestra, como si fuese un paciente de psiquiatría. De todas formas, quiero aclarar que este es mi primer 14 con ella ¿Vale? Si algo sale mal, será tomado como una madura experiencia resiliente para un futuro. Gracias, primo. Si no fuera por tus azarosos consejos, sería un completo autista. Te llevo en mi cora.

Luego de dar un armonioso paseo por el río, fuimos al parque temático de Saint-Troupé. A las afueras de Paris. La algarabía se respiraba en el ambiente y es que, no pensé que tantas personas disfrutaran afables de un día romántico con niños también de por medio. Me embarqué en la gloriosa misión de complacer a todos. Les compré algodón de azúcar, globos en forma de corazones, un pinta caritas y montamos atracciones que con las medidas de seguridad adecuadas, accedí a subirme. Fue una tarde muy entrañable. Desde el carrusel, hasta la montaña rusa y el túnel del amor. Pero a pesar de todos mis esfuerzos sobre humanos por agradar a mi amada, ella no parecía tan ocurrente de formularse agraciada con mis ofrendas. En más de una ocasión, la noté ida. Distraída. Muy fuera de sí. Era como si estuviera físicamente a mi lado…pero a kilómetros de distancia de lo que mi corazón sentía.

En mi afanoso acierto de darle placer de pajera, aproveché un par de instancia en lo que Hugo y Emma nos dejaban a solas para abordarla. La besé con intenciones reproductivas en más de una oportunidad. Compartí la delicia de tocar su cintura e insanamente sus atributos más femeninos. Le brindé palabras escuetas al oído, con frases subidas de tono y mi picaresco sentido del humor morboso que ella tanto dice galantear. Me mostré enamorado y al mismo tiempo excitado por tenerla conmigo. Pedía a gritos que ella se estremeciera con la pasión que le acaecía de siempre, frente a mis agasajos. Pero todo fue en vano. Marinette, no me correspondía como se supone lo hacia de antaño. Ella siempre fue tan explícita frente a mis melosos encantos masculinos. Profesándose muy estimulada en todo momento. Y ahora mismo…percibo rechazo en sus réplicas. Mierda… ¿Lo eché todo a perder? ¿Acaso hice algo mal? ¿Le dije algo que no debía? La ansiedad comenzó a comerme la cabeza. Que alguien me diga si las cago porque creo que si lo hice…

20:10PM. Restaurante de comida rápida.

—¡Adoro el 14 de febrero! —alardea Hugo, oportuno— ¡Espero todos los años, tengan días como este! Por cierto, quiero la hamburguesa doble, por favor —le pide al camarero.

—Yo un burrito vegano y una coca-cola —añade Emma, entretenida con sus regalos— Hoy gané este peluche en el puesto de disparos. Merecemos un banquete por mi buena puntería.

—¡Yo gané este timbre en la feria del libro romántico! —es una mierda, pero a él le gusta— ¿Alguien quiere que le timbre la mano?

—Vale, campeón. Hazme tu mejor tatuaje —Tsurugi se ofrece como conejillo de indias— ¡En la mano, tarado! ¡En la cara no! —ya se arrepintió.

—¡Jajaja! ¡Ahora tienes una Ladybug en la mejilla! —se mofa el varón.

—Te salvaste solo porque me gusta —le saca la lengua, festiva.

—Marinette…—musita Félix, indiscutiblemente preocupado— ¿Qué pasa? ¿Qué tienes…?

—¿A mí? —contesta serena, depositando un beso en su mejilla— Nada, cariño. Todo bien. Me ha le pasado increíble hoy.

—Por favor, no tienes para que fingir que te diviertes cuando en el fondo no lo haces —exclama el doctor, inquieto— Ni si quiera has probado bocado de tu comida.

—No es nada malo, en serio —miente, fingiendo demencia— Es solo que hoy fue un día muy agotador y ahora mismo…—rehúye de su mirada, pesarosa— No se me antoja la pizza.

—Pero es tu favorita —incursiona Fathom, con desazón— ¿No te gusta ya la pizza margarita?

—Si, me gusta. Pero…—Marinette intenta hilar palabra, lo más sincera posible— Considero que, a estas alturas, es un poco insano comer comida chatarra. ¿No crees?

—Pero a ti te encanta la comida chatarra…—no entiende nada— ¿Acaso estás enferma y no quieres decírmelo?

—Que tonterías dices, mi amor —Dupain-Cheng ríe modestamente— Estoy bien. Estoy sana. Completamente sana y cuerda. Pero como ya te dije, no se me antoja la pizza hoy y estoy algo cansada, nada más eso.

—Si te pasa algo, sabes que puedes contar conmigo —Graham de Vanily le ofrece su mano, compenetrado con su estado anímico— Anda, soy tu pareja. ¿Fue algo que dije o algo que hice?

—Félix, por favor…—exhala, hastiada con tanta insistencia. Abandona su toque— No insistas tanto ¿Quieres? Si te dije que estoy bien, es porque estoy bien. Tu ya me conoces.

—Lo sé. Por lo mismo, como te conozco…—se adjudica, liado— Se reconocer cuando algo te molesta.

—¿Te parezco que esté molesta? —reprende.

—Muy molesta —decreta.

—¿Es una broma? —frunce el ceño, fulminándolo con la mirada— ¿Quieres discutir acaso?

Está furiosa, dios santo…—Félix traga saliva, cabizbajo— No…no quiero pelear. Todo bien. Discúlpame por ser tan intenso…

—Hugh…creo que comí demasiado —se queja Hugo, con la panza afuera— Tengo gases que seguro salen con olor a azufre.

—Gracias, me acabas de quitar el apetito —Emma casi devuelve su comida, del asco que le dio su comentario— Puerco.

—¿Nos llevas a casa, Félix? —inquiere la docente, sin mayores miramientos— Hugo se siente mal. Es hora de irnos.

—Si, claro…—pide la cuenta— Los llevo de vuelta…

¿Será normal sentirse ligeramente miserable un 14 de febrero? Porque la verdad nunca me había pasado. Bueno, igual a quien quiero engañar. Nunca lo celebré realmente de esta forma. Les prometo que no sé qué hice mal, pero quiero que sean testigos que lo di todo, señores. Así que…quien diga que fui un marica acobardado, no le sabe. Le falta calle. Es una lástima que las vacaciones de invierno hubieran durado tan poco. En un abrir y cerrar de ojos, ya era marzo. ¿Me van a creer que Marinette se pasó las siguientes semanas siendo indiferente conmigo? Creo saber que sucede. Se que es porque dudé cuando Emma comentó eso de vivir conmigo. Con una mierda. Yo sí quiero vivir con ella…

¿Cómo se lo digo…?

[…]

—Marinette. Eres mi amiga y te quiero como a mi propia madre —reclama Alya, fastidiada— Pero lo que le estás haciendo a Félix me parece una canallada del porte del Titanic. ¡No! Ni si quiera del Titanic. ¡Del jodido Burj Khalifa en Dubái!

Colegio Françoise Dupont. 25 de marzo. 08:10AM. Sala de profesores.

—Aun estás a tiempo de bloquearme en todas mis redes sociales —se encoge de hombros, derrotada— No sé qué quieres que te diga. No ha sido fácil para mí.

—¿Y tú te piensas que para el sí? —la increpa Césaire, apabullada— ¿Qué demonios te sucede, amiga? ¿Por qué de pronto te acobarda tanto contarle una noticia así a Félix? ¿No se supone que lo amas por la vida?

—Escucha, Alya. Tu no lo entiendes —exhala frustrada Marinette— La situación no es tan sencilla y un embarazo para mi no siempre es símbolo de felicidad.

—Lo dices como si fuera tu primera vez embarazada —la morena se cruza de brazos, cegada.

—Lo de Hugo fue distinto ¿Sabias? Fei y yo estábamos casadas y el fue planeado —narra la peliazul, atontada— Esto es…distinto. Ni si quiera considero que sea adecuado al poco tiempo que llevo con él. Félix es un buen chico, pero no me siento segura de intentar dar otro paso.

—¿Y tu crees que Félix te quiso embarazar a propósito o algo así? —bufa, satirizando el momento— Porque dudo mucho que esto de hacer bebés sea de uno solo.

—Eres muy terca para entender como me siento ¿Ok? —refunfuña malograda la profesora— No me-…

—¡Ah! ¡Profesoras con que aquí estaban! —interrumpe el director Damocles, animado— Las clases ya van a comenzar y les quería recordar que este año hemos decidido cambiar el día de anécdotas y sueños, por el día del ensayo —les entrega los informes— Tómense su tiempo en leerlo y aplíquenlo cuanto antes. Tendremos solo una semana para ello.

—Vaya…esto es nuevo —parpadea Marinette, sorprendida— ¿Ensayo de que…?

Primera clase, salón B. 09:20AM.

—Bueno niños —comenta Dupain-Cheng, en lo que escribe sobre el pizarrón— Nos ha llegado un comunicado desde programación escolar, que este año comenzaremos con una nueva modalidad de bienvenida. El tema será, básicamente crear un ensayo de sus vacaciones de invierno —se gira hacia los pequeños y reparte las tabletas— Cada uno de ustedes, me va a relatar sus experiencias, vivencias y pensamientos en una presentación de no más de 3 páginas. Y tendrán 2 días para acabarlo.

—Ay, no…—Hugo se minimiza en su asiento, turbado— Esto no es bueno…

—¿Qué pasa? —ríe Emma, a su lado— ¿Tienes miedo de que descubran que eres en el fondo una masita, escondido debajo de tu rostro de lord edgy?

—No es eso…—niega abatido el peliazul— Es solo que…lo mío es mas bien el dibujo ¿Sabes? Soy muy malo escribiendo cosas. Sobre todo, si se trata de mí.

—¿Y eso? —pestañea, extrañada— ¿Acaso nunca has escrito una carta si quiera?

—Si lo he hecho, pero…amm…—rehúye de su mirada, ruborizado— Digamos que soy algo "infantil" para expresarme, je.

—¿Y cuál es el problema de eso? Quiero decir, eres un niño. No un adulto en crisis de los 40 —Tsurugi se encoge de hombros, con naturalidad— Relájate. Nadie te juzgará por literalmente ser lo que eres.

—¿En verdad lo crees? —murmura, reculando frente a su planteamiento— Bueno…creo que podría intentarlo. Siempre y cuando no me lo hagan leer en clases delante de todos.

—Cuando lo hayan terminado, pasarán adelante a leerlo delante de todos —sentencia Marinette, sonriente.

—¡Gah…! —Dupain-Cheng se va a la chucha, empalideciendo al instante— No te la puedo creer…en fin. Me voy a la mierda. Fue un placer conocerte, Emma. ¿Abrazo de despedida? —le estira las manitos.

—Yiuk, no me toques, taradito —Fathom le rechaza— No es tan terrible. Si necesitas inspiración puedo ayudarte. Después de todo, compartimos las vacaciones juntos. Mas de alguna cosa tendremos para contar.

—¿Por qué me rechazas así? Ya no me huelen las manos a orín —Hugo hace pucherito— Me las lavo ahora.

—Pues mas te vale porque si no lo hacías tú, te las metía en cloro yo misma —advierte, hastiada— Será mejor que vayas pensando como empezarlo. Y por favor omite las partes que incluyan lenguas y babas.

—Lo sabía —musita amargado— Tu también pensabas que era un pajero.

—¿Te digo la verdad o seguimos siendo amigos? —bufa irónicamente.

—Ni si quiera somos amigos —deditos encontrados— Somos hermanos ahora.

—Hoy toca continuar la lectura de la granja de los animales, del escritor George Orwell —la docente abre el texto, en lo que se mete un trozo de pan con mermelada a la boca— Jean Pierre. Página 35 por favor. En donde Napoleón el cerdito, le dice a Benjamin el burro que la única forma de evitar ser vendido, es la rebelión.

Apartamento de Kagami Tsurugi. A esa misma hora.

—Que estupidez. Definitivamente la gente en parís no tiene cerebro —protesta molesta la japonesa, mientras se pasea por el living leyendo el periódico— Escucha esto: "Lila Rossi tiene el temperamento que a la concejal Tsurugi le faltó, para sacar a André de la alcaldía. A todas luces, se muestra segura de sí misma, pero en el fondo no tiene idea de lo que pasa a su alrededor. Necesitamos a alguien en el cargo, que sea capaz de reconocer la corrupción que desprotege a la ciudadanía y no a una cómoda congresista que prefiere el estatus quo de un rimbombante puesto, asegurando su sueldo y su carrera". Cartas al director, por Chris Lahiffe —lanza el documento a la mierda— ¡¿Puedes creerlo?! ¡Y encima fue valorado con 5 estrellas por la critica opositora!

—Eh…con todo respeto, mi amor —acota Zoé, con una tostada a medio tragar en la mano— Pero ¿Si quiera sabemos quién es ese tal Chris?

—¡Exacto! ¡Ese es el punto! —se toma la cabeza, mosqueada— ¡No lo conocen ni en su casa, pero su jodida columna ya fue leída por la mitad de la población y encima le creen sin tener pruebas de nada! Tsk…como si fuera fácil ser una figura pública.

—Escucha —Lee se levanta, tomándola de los hombros con dulzura y comprensión— Antes que continues, quiero que sepas, que cuando acepté apoyarte en tu afán por tirarte a la alcaldía, lo hice con aprensiones lógicas entorno a la figura que representa Lila —añade— Sabíamos que esa arpía no se quedaría de brazos cruzados, ahora que sus opresores están tras las rejas. Ella es capaz incluso de persuadir o pagarle a un pelafustán de cuarta como ese, para escribir cosas en tu contra.

—Lo sé. Está claro que busca desacreditarme y personajes como ella, sin inescrupulosos a la hora de jalar los hilos —rezonga fatigada, la nipona— Pero es esto mismo lo que me da coraje y valor para no declinar. No permitiré que gane estas elecciones. De alguna manera…tengo que lograr torcerle la mano. Debo contratacar —manifiesta, decidida.

—A gente como Lila no se le puede derrotar en contra ataques, cariño —sisea la rubia— La única forma de sacarla del eje sobre el cual gira su narcisismo, es entrar en su juego. Vencerla con sus propias estrategias. ¿Me explico?

—¿Y qué propones? —alega Kagami, turbada— ¿Qué haga lo mismo que ella? ¿Venderme para ganar? ¿Acaso debo acostarme con el director de prensa para que me apoye?

—No, bobita —la ojiazul gesticula una mueca sincera, pero templada— Hablo de que, la única rival de Lila…es la Lila misma en persona. Si quieres ganar, tendrás que lograr que sea ella misma quien caiga en su red y se le derrumbe la careta de "Mujer de bien".

—¿Te refieres a inducirla al error? —sugiere la política, animosa con su idea.

—Ya captaste mi idea —le guiñe el ojo— Eres rápida. Lo mejor que podemos hacer ahora es no entrar en histeria ni pánico. Darle poder a tus enemigos para que te destruyan, es dejar que te vean mal.

—Jamás he dejado que nadie me vea mal —sentencia Kagami, con voz metálica— Ni si quiera el tarado de mi ex marido.

—Eso no es verdad. Yo ya te he visto así —Zoé le pica la nariz con los dedos— Pero tu eres mi novia y conmigo jamás debes sentir miedo a mostrarte débil. Sabes que estaré ahí para ti.

—Gracias, cariño. Tu siempre tan complaciente conmigo —Kagami le brinda un beso en los labios, a modo de orgullo— Bien…al menos ahora se lo que debo hacer. Solo generar una serie de escenarios que provoquen que la propia Lila, cometa el error. Y creo…ya tener algo en mente para eso —esboza, maquiavélica.

Hospital universitario Pitié Salpêtrière. 10:50AM. Oficina del doctor Fathom.

—¿Y que harás al respecto? —consulta Luka, preocupado— ¿Ya tienes algo en mente?

—¿Eh? ¿Qué? —Félix despabila, para nada concentrado— Disculpa. Creo que no te escuché. ¿Me lo repites?

—Hablaba sobre tu cumpleaños, Félix —añade, absorto— ¿Te sientes bien? ¿Acaso pasó algo en casa o es por lo de la muerte de tu madre?

—N-no, no. Mi madre…—Graham de Vanily abre una carpeta sobre su escritorio, más abstraído que otra cosa— Ella ya está en su paraíso. No pienso tanto en ella ahora, porque se que descansa al fin. Estaba…pensando en el caso de esta paciente en particular. La señorita Bernard.

—Ah. Eso —parpadea Couffaine, taciturno— Si…esa paciente. Veo que no estás seguro de querer intervenirla.

—No sé si pueda hacerlo, Luka —confiesa mortificado, el médico— La mujer está embarazada. Y someter a cirugía de esa envergadura a una persona así, me parece algo irresponsable. No puedo cometer errores —le regresa la visual— ¿Sabes lo que pasaría si fallo o no resiste a la anestesia?

—Te comprendo y sé que te acongojan las probabilidades de un fatídico desenlace —murmura meditativo el anestesista— Pero te recuerdo que tiene 7 meses de gestación ya. En el peor de los casos…tendremos que elegir al bebé que lleva.

—¿Puedes creerlo? —Fathom se levanta de su silla, desplazándose intranquilo por la habitación— Ella dijo exactamente lo mismo cuando firmó el jodido papel de consentimiento. Sin duda hay cosas que no comprendo de las mujeres.

—Creo que tiene que ver mas con el sentimiento natural de ser un progenitor, que ser mujer —reverbera el peliazul, despejado— Lo normal es que un padre o una madre elija a su hijo por sobre su vida. Se que tu harías lo mismo.

—Si, pero si está tan convencida de que podrá morir ¿Para que desgastarse en operarse? —gruñe, frunciendo el ceño— Es como si quisiera hacernos perder el tiempo por la puras.

—Porque aun mantiene la esperanza intacta, de que vivirá para ver crecer a su retoño —explica Luka, airoso— Y no podemos darnos el lujo de rechazar a una persona, que anhela la vida.

—Mhm…—Félix desvía la mirada, afligido— No lo sé…no me convence.

—A ti algo te tiene mal y ciertamente no es solo esta intervención —Couffaine se para frente a el— ¿O me equivoco? Vamos, sabes que puedes contar conmigo para lo que gustes. Somos amigos.

—Perdona…—reniega con la cabeza, liado— Me estoy desviando de mi trabajo y eso es muy poco profesional.

—Félix, debajo de esa bata…eres humano también —sonríe afable— ¿Qué pasa? ¿Es Marinette de nuevo?

—Luka…creo que la cagué de nuevo —revela el inglés, con la ansiedad a tope— Hace como un mes atrás, durante un desayuno. Emma me hizo una pregunta tan simplona y burda que, con todo el afán de complicarme solo, yo no…supe que responder.

—¿Tan terrible fue?

—¡Eso es lo mas trágico! ¡No lo fue! —exclama pasmado, el británico— ¿Recuerdas esa semana que tuve el turno de noche y Marinette se quedó con los niños en mi casa? —su compañero asiente— Pues resulta que a Emma le gustó tanto pasar tiempo con ella, que preguntó si Marinette podía venirse a vivir con nosotros.

—¿Y eso…es…malo? —arquea una ceja, sin entender muy bien.

—¡No! ¡¿Qué no ves?! ¡No lo es! —chilla Félix, embrollado hasta las pelotas— ¡Era simple! Tu sabes cuanto amo a Marinette. La amo con el alma. Yo que daría porque viviera conmigo. Y si bien, me tomó por sorpresa su planteamiento, por alguna razón yo… ¡Estúpidamente titubeé y me callé! En vez de decirle la verdad. Lo que realmente siento y anhelo en mi corazón.

—Y eso es, imagino…—agrega el ojiazul, conmovido con su relato— Hacerlo realidad ¿No? Deseas que Marinette si viva contigo.

—¡Si! Es lo que quiero —sentencia Graham de Vanily, abochornado— Quiero que se venga conmigo. Ella y Hugo. Ya sé que no estamos casados ni nada, pero me da lo mismo tal formalidad. Esa mañana que llegué a casa y los vi dormir tan placenteramente cómodos en mi cama, yo…—aprieta los labios, atragantado— Dios. Lo único que pensé fue: "A partir de hoy, quiero verte despertar todos los días así. A mi lado…"

—¿Y por qué no solo se lo dices ahora y ya? —sugiere brioso su camarada— Quiero decir, ahora que estás muy seguro.

—¡Lo intenté! Intenté remediarlo —Fathom reanuda su paseo incauto por la oficina, como quien busca un trago mañanero— Tenía pensado preguntárselo de nuevo el día de los enamorados. Pero ella se mostró tan…errante conmigo, que me apabullé miedosamente y no conseguí el valor para hacerlo.

—Vaya —el lozano anestesista se toca la mejilla— Pensé que habías dicho que el 14 de febrero estuvo increíble

—¿Mentí…?

—Eres muy malo en ello. De igual forma no te creí —carcajea garboso, Couffaine. Lo detiene, sujetando sus hombros con potestad— Félix, no es tarde. Aun puedes preguntárselo de nuevo. No es el fin del mundo ¿Sí? Siento que tu ansiedad te manipula para auto boicotearte, ahogándote en un vaso de agua. Marinette te ama, amigo. Si que lo hace.

—¿Sabes? —Fathom levanta una ceja, suspicaz— Comienzas a hablar como mi primo.

—Adrien es sin duda un muy buen terapeuta —advierte Luka— Juleka no deja de hablar de eso. Pero no nos desviemos del tema y no me lo cambies o te daré un golpe —amenaza— Ve y díselo. Ya está. Hoy mismo.

—¿Ho-Hoy mismo…? —nuevamente el rubio se contrae, como si le hubiesen metido un supositorio por el ano— ¿Es necesario que sea…ahorita?

—Ya basta. Te estas ganando la patada —veredicta, seguro— ¡Hoy mismo! No dejes pasar la oportunidad de arreglar esto. Ahora que irás por Emma a la escuela, aprovecha la oportunidad. Ármate de valor y proponele la idea. Se que no te rechazará. Te lo prometo.

—Y-yo…—traga saliva, espoleando la cabeza de lado a lado, en el proceso— Bien…hoy se lo preguntaré. Claro que lo haré. Tienes razón. ¡Marinette! ¡Hoy será el día!

[…]

—¿Te puedo copiar? —inquiere un azorado Hugo, sentándose a su lado— Es que estoy más seco que escupo de momia.

No —impugna Emma, apoyando todo el torso sobre su tableta— Largo. Este ensayo es mío.

Biblioteca de Françoise Dupont. 11:16AM.

—¡Hermana, por favor! —protesta Dupain-Cheng, lioso— ¡Si no me ayudas, no podré-…!

¡Shhh! —le intercepta su madre, del otro lado del salón— ¡Guarda silencio, que estamos en una biblioteca! —sisea, molesta.

Perdón, mami…—el menor se retrae instantáneamente, corriendo la silla hacia un costado. Esta vez, ambos murmuran bajito— Vamos, Emma…dijiste que me ayudarías. Al menos si no me dejas copiarte dame un chance de inspiración.

—Dios, Hugo. Eres peor que un mosquito de verano —retoza la rubia, exhalando rendida— Ok, ok. A ver, te ayudo. ¿En dónde vas?

—En…—el varón hace una pausa, gesticulando una mueca de zozobra— ¿Mi nombre?

—Genial. Al menos sabes cómo te llamas —rueda los ojos, irónica— De acuerdo. Veamos…—coge su texto y lo relee— Yo partí por la parte en donde tomamos el avión en el aeropuerto. Pero no fue fácil ¿Eh? Me costó trabajo darle un contexto inicial.

—¿Qué es un contexto?

—Lo que te tragas sin pretexto —ríe.

—¿Panecillos de canela? —no entendió nada.

—Eh…—despabila. Lo ignora— Olvida eso. No es nada —reanuda— Mira, para todo ensayo debes empezar con un inicio ¿Sí? Ya sabes, comenzar con alguna frase corta, un pensamiento o una experiencia. Como, por ejemplo, mhm…lo que hiciste cuando te levantaste esa mañana o bien, retomar la historia estando ya en las islas.

—Me gustaría escribir sobre el olor que tenía el cuarto de hotel —expresa, templado.

—¿El cuarto de hotel tenía olor? —parpadea, sorprendida.

—Claro —explica el menor— Coco al sol.

—¿Los cocos cuando están al sol…tienen olor? —Emma se lo cuestiona seriamente, pero no suena tan loco. Está bien. Lo acepta— Bien, genial. Puede funcionar. Entonces pones: "Todo comenzó con aquel olor a coco"

—Oh. Si. Ya lo capto —escribe, obedientemente— Y también quiero poner que estaba que me orinaba.

—Bueno…—suelta una risita endeble en respuesta— Pero recuerda que toda la clase escuchará esto.

—Cierto —descartado. Dupain-Cheng lo borra— No hace falta que la gente se entere de mis problemas de continencia urinaria, jeje…—y agrega— "Y mis ganas de conocer un lugar nuevo para mí. Nunca vi colores tan lindos". ¿Así? —pregunta, apelando a su aprobación.

—Está perfecto, niño torpe —Tsurugi le remueve los cabellos, ocurrente— Adelante. ¿Qué más?

—"Me sentía triste porque mamá Fei partió de este mundo. Antes solía pensar que mi vida era cruel y desabrida. Pero cuando encontré al doctor Fathom y a Emma, todo cobró sentido para mí. Soy pequeño, porque tengo 8 años recién. No tengo pelo en el cuerpo y constantemente me hago preguntas que provocan rubor en los adultos. Sin embargo, conocerlos a ellos dos me ha dado valor para no seguir avergonzándome de mis dudas. Necesito encontrar respuestas y este viaje me las respondió todas. Fueron mis mejores vacaciones. Las únicas que he tenido. Nunca vi a mi mami tan feliz. Reía hasta con la puesta de sol. Comí toda clase de frutas, jugué mucho, vi fuegos artificiales, bailé en traje de baño. Pero todo esto cobra sentido porque mi familia estaba ahí conmigo" —revela Hugo, ansioso por lo que plasmó— ¿Está bien esto, Emma?

Para su sorpresa e indudable ingenuidad, Emma está sollozando. No ha soportado ni un segundo el relato que su nuevo hermanastro profesa por ella. Tan dura y fría como suele mostrarse, se limpia los mocos de la cara, desviando la mirada.

—¿Qué pasa? —consulta Hugo, derrotado— ¿No te ha gustado el inicio de mi ensayo?

—N-no…yo creo…—desvía la mirada, acongojadamente ruborizada— Que ha sido maravilloso…sigue así. ¿Ok? No te detengas…—sisea, conmovida hasta las lágrimas.

—Bien —escribe el varón, entusiasmado— ¡El otro día conocí a Odín en persona! ¡Me caí de una tortuga! Y mi hermana…

—¡Eso no, tarado! —Emma le jala de las greñas.

A la salida de Françoise Dupont. 14:00PM.

—Alya ¿Te vas a comer eso? —incursiona Marinette, más hambrienta que nada— Ese sándwich de atún se ve exquisito.

—Ya basta —rezonga su amiga, hastiada con su actitud— Por última vez te lo digo. Mira, si no vas a contárselo tu. Te juro que yo misma voy a-…

—¡Emma! —exclama Félix, alegre con verla. La abraza entremedio de todos— ¡Hola, mi niña linda! ¿Te fue bien hoy en tu primer día de clases?

—¡Papito! —Tsurugi lo rodea con sus brazos, con zozobra de algarabía— ¡Ha sido un día increíble! ¿Sabes? Estamos escribiendo un ensayo de nuestras vacaciones de invierno.

—¿En serio? —Fathom hace una pausa, indiscutiblemente atraído por la figura de Marinette, detrás— ¿Fue idea de tu profesora?

—Creo que si —la rubia se voltea a verle.

—En realidad…—carraspea Dupain-Cheng, con designios de falsa modestia— Yo solo sigo instrucciones de la directiva. No fue cosa mía.

—Ya veo —murmura contento, el doctor— De igual manera, me alegra que puedan compartir una actividad juntos. Porque mas que mal, fueron unas vacaciones bastante compartidas.

—¡¿Quieres leer lo que llevo de mi ensayo, Félix?! —brinca Hugo, jocoso por adelantarse.

—Hugo, ve al auto y espérame ahí por favor —sentencia con autoridad, la docente.

—Pero mami —refuta el peliazul— ¿No iremos a almorzar con mi hermanita como siempre?

—Hoy no, cariño. No me siento bien físicamente —añade— Y, además, debemos ir a comprarte zapatillas nuevas porque pegaste un extraño estirón en las islas.

—De acuerdo…—resopla, amargado.

—¿Qué sucede, Marinette? ¿Acaso estás enferma? —Félix es alertado por un sentimiento de extrema preocupación. Tentado, se aproxima a ella— Sabes que puedes contarme los síntomas. Soy doctor.

—Eres neuro cirujano, Félix —espeta.

—Es mi especialidad, sí —narra— Pero también soy médico general.

—Yo no…—la fémina nota solapadamente la mirada furtiva que su amiga, le ha pegado a lo lejos. Es casi una sentencia de muerte. Se retracta y suspira— Vale, am…Félix ¿Tienes un minuto? Quisiera…platicarte sobre algo —indiscretamente rueda los ojos hacia Emma.

—Si, claro que sí. De hecho, yo también tenia algo muy importante que decirte —ríe nervudo— Hija, espérame en el auto tú también.

—Como quieras, rey misterio —rezonga malograda la pequeña, obedeciendo de mala gana también.

Una vez a solas…

—Ok, este…—Marinette se soba la parte posterior del cuello, muy complicada— Escucha, si te lo cuento es porque no veo factible la idea de seguir ocultándote lo que siento. Considero que tienes derecho a saberlo, porque de seguro me has visto muy errática últimamente.

—Espera, ya se lo que me dirás —la intercepta.

—¿Qué? —se retrae, pasmada— ¿Lo sabes? ¿Cómo…?

—Es por eso que tomé la decisión de también hablarlo contigo ahora —Fathom exhala, armándose de valor— Marinette…no quiero que me mal interpretes mas ¿De acuerdo? Te amo y creo que al igual que tú, mereces saberlo.

—Es-Espera un segundo —Dupain-Cheng lo asalta— Me parece que no estamos hablando de lo mismo.

—Ah… ¿No? —parpadea, atónito.

—No. Esto no tiene nada que ver con lo tuyo —niega, indiscutiblemente ruborizada— Pero me siento tan nerviosa ahora mismo, que no sé cómo decírtelo…

—Vaya, que coincidencia. Porque me siento igual —manifiesta el inglés, muy turbado— Creo que es algo importante y ninguno de los dos se siente tranquilo. ¿Lo dices tu primero y luego yo?

—Si —acepta— Quiero decir, no —recula— Mejor…tu primero.

—Es que…amm…—Graham de Vanily se muerde el labio inferior, demasiado intranquilo para confesarlo— No…las damas primero.

—Dios —la profesora se toca la sien, confundida— Parecemos dos niños pequeños. Tengo una idea. Lo decimos juntos al mismo tiempo.

—Bien —le endosa el rubio.

—A la cuenta de 3 —propone la ojiazul— ¿Va?

—Va —consiente el varón.

—Vale…—Marinette inhala profundo— 1…

—2…—cuenta.

—Y…

—¡3!

¡Quiero que vivas conmigo!

¡Estoy embarazada!

—…

—…

—…

—¿Qué…? —Félix se paraliza de golpe, enrojecido como un tomate maduro.

—¿Ah…? —Marinette está de piedra, tan perpleja como él.

—¿Co-Como que estás…? —lo escucha, pero no lo cree. Completamente en shock, da un paso hacia adelante— ¿Estás…embarazada? ¿Realmente embarazada? ¿Hablas a nivel psicológico, metafísico, sentimental o metafórico…?

—Con un demonio, Félix —ríe la muchacha, entregada a la verdad— Hablo de que estoy…esperando un bebé. Un hijo tuyo…—sisea, mas tranquila.

—Un…bebé…mío…—traga saliva, profesando una respiración ansiosamente a tope— No puede ser, es…es…maravilloso…

—¿En serio quieres…que viva contigo? —Dupain-Cheng ha cambiado drásticamente el tema, pero no es menos importante.

—Si. Completamente sí. Rotundamente si —Fathom la toma de sus manitas, casi con lagrimas en los ojos— Por favor, vente a vivir conmigo. Si realmente estás embarazada…tienes que aceptar. Debes estar a mi lado. Déjame…cuidarte.

—¿No estás molesto conmigo?

—¿Cómo podría estar molesto? ¿Es una broma? —musita, tembloroso cual adolescente enamorado— Te amo…te amo tanto. Te amo mucho. Es la mejor noticia que me han dado en años. Un bebé…—adiciona, atragantado de la emoción que lo carcome por dentro— Voy a ser padre de nuevo. Siempre quise tener mas hijos. Es una bendición...

—Mierda, tengo el corazón latiéndome a mil por hora en estos momentos —tartamudea la chica— Pero quiero que sepas, que acepto tu propuesta. Claro que me iré a vivir contigo. Somos una familia ¿No?

—Lo somos. Ahora mas que nunca lo somos —sentencia el británico, enardecido en cándido cariño. Sujeta su mentón y besa sus labios, torpemente— Tu tienes que estar conmigo a partir de ahora. Es más, creo que tú y yo deberíam-…

—Vamos a casarnos —le interrumpe de sopetón, febril hasta los oídos— Se mi marido, por favor.

—Se tu mi esposa, por favor —asiente, cual niño pequeño— Si, todo el rato. Marinette… ¿Te casarías conmigo?

—¡Por supuesto que me caso contigo! —chilla mimosa la maestra, lanzándose a sus brazos con jocosa intencionalidad— ¡Si acepto! ¡Te amo, Félix!

—¡Y yo a ti, Marinette! ¡Ahh! —la apretuja entre sus brazos, dándole un par de vueltas del jolgorio— ¡Este es el mejor día de mi vida! ¡Jajaja! ¡Dios! ¡Muchas gracias! —añade, entre lagrimas humildes— Santo cielo…que increíble eres…

—Todo esto me parece tan rápido…pero no me importa ya mas nada —carcajea pueril la muchacha, derramando las mismas lagrimas que su compañero— ¡Gracias a ti! ¡Eres tan maravilloso!

—¡Vamos a ser papás de nuevo! —brama al cielo, brioso en jubilo.

Ambos ríen y dan vueltas, entre besos, abrazos endulzados y mucha algarabía incandescente. Alya Césaire ha sido testigo fehaciente de lo atosigados que se muestran a lo lejos, soltando una sonrisa satisfactoria en el proceso.

—Que buen inicio de año, señores —asiente, orgullosa— Se nos viene bodita…