ANGEL'S PUNISHMENT
DISCLAIMER: Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, pero la historia es de mi autoría.
WARNING: Esta historia contiene descripciones y menciones de actos de violencia sexual, física y psicológica, así como de temas de índole religiosa a los que de ninguna manera se pretende faltar el respeto y son utilizados solo con fines creativos. Por favor, tomarlo en cuenta antes de leer.
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20
PENITENCIA
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A través de los años, no hubo ni una sola noche que Naruto no evocara las experiencias vividas en su juventud y reflexionara sobre ellas hasta caer dormido.
La vida después de huir de "Divinium Reflectum" no fue tan especial o significativa como pensó que seria, a pesar de que se suponía que había saldado cuentas con Dios y renacido en alguien mejor. En cambio, fue tan ordinaria y poco satisfactoria como la de la mayoría de personas en el mundo.
Nunca pudo reconciliarse con sus padres y a estos no les importó en lo absoluto su desaparición; tuvo que trabajar muy duro para poder recibir educación, tener un techo sobre su cabeza y dar al menos una comida diaria; entró a una universidad pública donde estudio arquitectura; encontró un trabajo decente, se casó y tuvo un hijo.
Nada fuera de lo normal.
Nada magnífico o destacable como tanto deseó.
Nada siquiera un poco emocionante o al menos gratificante.
Aunque se esforzó al máximo por siempre hacer lo correcto, esto muchas veces significó pasar por malos momentos o injusticias, tampoco tomó nunca ningún riesgo por temor a caer en terribles equivocaciones, lo que le hizo estar perpetuamente aburrido.
En retrospectiva, lo más extraordinario que le sucedió en la vida fueron las penurias de su adolescencia, más específicamente, el haber conocido a Sasuke y Sakura.
A sus 45 años, no había día que no pensara en ellos.
Los evocaba en cada detalle de su cotidianidad, por pequeño que fuera. En el cielo gris, los árboles marchitos, las camisas blancas de su traje formal, las películas románticas, la música de piano, el arte y, sobre todo, en la iglesia a la que acudía cada domingo.
Esos dos eran una constante en su mente a la que también estaba muy ligado, pero no por temor, sino por afecto.
Así mismo, con frecuencia se preguntaba si aún seguían trabajando como agentes o si habían fallado en alguna encomienda y por lo tanto habían desaparecido. Esperaba que no, porque, a pesar de que su vida no resultó en lo que él esperaba, aún estaba agradecido de que lo hubieran salvado.
Si bien ellos habían manifestado que no lo eran, Naruto los consideraba sus ángeles guardianes y reconocía que era obra suya la persona en la que él se había convertido.
De hecho, esa gratitud que sentía por la intervención divina recibida lo hacía sentir, de cierta forma, conectado a sus padres. Igual que ellos, él también había guardado aprecio por las marcas que aparecieron en su pecho cuando fue purificado y jamás le contó a nadie su procedencia o significado. Esto último no sólo porque sabía que nadie le creería, sino también porque, como en aquel entonces, si intentaba contar lo que había vivido, su boca simplemente no podía producir ni un sonido.
Ahora podía entender por qué sus progenitores siempre miraban de manera tan significativa los cuadros en su oficina, pues él podía pasar largos lapsos de tiempo repasando a través de un espejo cada trazo marcado en su piel y recordando cómo éstos se veían en los cuerpos de aquel par de agentes el día que se los mostraron.
Desgraciadamente, no todo lo que le trajo su experiencia de renacimiento en su antiguo colegio fue positivo, pues con frecuencia reconocía que estaba actuando como un ser humano bueno y correcto, falsamente.
Una hipocresía que le hacía arrepentirse de haber jurado de obediencia y lealtad al todopoderoso, pero a la que elegía aferrarse por temor a pecar de formas aún más imperdonables y volver a llamar su atención.
A veces le era difícil resistirse a aceptar favores de personas cuestionables a pesar de necesitar de ellos, se molestaba consigo mismo por su cobardía al dejar pasar oportunidades con tal de no meterse en problemas y, con mucha frecuencia, se arrepentía de decisiones que había tomado en pro de ser un hombre de bien.
Como, por ejemplo, casarse con Hinata Hyugga.
El tenerla como esposa en sí no había sido en lo absoluto una mala elección. Habiéndola conocido en sus días en aquel terrible colegio y reencontrado años después en la universidad, la chica de ojos perlados representaba para él una especie de señal divina. Como si una parte de su pasado regresara al presente para indicarle que estaba yendo por el buen camino y cómo debía proceder.
Y recordando lo mucho que Sakura apreciaba a la chica y lo clara que fue respecto a que debía ser bueno, respetuoso y considerado con ella, no se le hacía descabellado que Hinata hubiera sido puesta en su camino por obra de la pelirrosa.
Además, era una buena esposa. Amable, paciente, confortable y un gran apoyo cuando la necesitaba... Aunque, aun así, siempre sintió que algo le faltaba a su matrimonio para ser completamente feliz.
Y fue cuando conoció a cierta persona que se dio cuenta que eso era deseo.
Un deseo insano y pecaminoso que lo hizo hincarse y orar por fortaleza para resistirse a él cada noche, a partir de que le fue presentada.
Uno lo suficientemente fuerte como para volverlo poco a poco más introvertido y reservado, hasta el punto en que su esposa se dio cuenta de ello y más tarde él tuvo que pedir perdón a Dios por haberle mentido.
Uno que lo hacía sentirse como aquel niñato impotente y miedoso que alguna vez fue.
Si bien siempre deseó que su vida tuviera un poco de excitación o la mínima chispa para hacerlo sentir algo, el desear a una mujer que no era la propia no era lo que se imaginó que obtendría. Sobre todo, porque en lugar de darle un toque positivo a su monótona existencia hizo todo lo contrario.
De cierta manera lo reconfortaba saber que no estaba incurriendo en una infidelidad emocional, pues se trataba de simple lujuria, pero aun así su punto más bajo llegó cuando comenzó a soñar con ella en situaciones altamente subidas de tono y no pudo resiste a masturbarse con su recuerdo en la ducha.
Su situación actual le recordaba a aquel lejano enamoramiento y anhelo por Sakura, aunque por ella, además de simple deseo sexual, también había albergado ilusiones románticas y un apego bastante profundo. Uno del que aún hoy en día no podía deshacerse.
En realidad, ella era la única persona por la que había caído enamorado locamente en toda su vida y, cuando pensaba en eso, a su vez también reconocía que Sasuke había sido el único al que considero un verdadero amigo.
¿Por qué no podía dejar de pensar en ellos cada que tenía un problema? Se sentía como si estuviera estancado en su yo adolescente y eso agregaba el pecado de la ira a su lista de ofensas a Dios.
—¿Naruto-kun? — la suave y gentil voz de su esposa lo llamó desde el asiento del copiloto. El rubio salió de su ensoñación y apartó la mirada del semáforo en rojo para verla a ella —. ¿Estas bien?
—Sí, no te preocupes, solo estoy un poco nervioso — respondió con una verdad a medias y le sonrió levemente al tiempo que se permitía estirar una mano y acariciarle la mejilla.
No.
Definitivamente no podía hacerle eso a Hinata.
No podía traicionarla así.
No cuando ella era tan buena con él y lo había amado con todo corazón y devoción todos esos años. Mucho más de lo que él se merecía.
Más que deberle fidelidad porque juró ante Dios que así lo haría, quería mantenerse leal a ella porque era su esposa y la quería y respetaba como tal.
—Tranquilo, Boruto estará muy feliz de verte y agradecido de que hagas esto por él.
—Pero si no estoy haciendo nada especial... Esto es lo mínimo que me corresponde como su padre.
Lo cierto era que, aunque ir a reunirse con su hijo para cenar no debería ser algo fuera lo común o un ejemplo de su esfuerzo por ser un buen padre, dado que tenía una relación distante y complicada con Boruto, sí era un evento anormal.
El chico de 19 años e idéntico a él físicamente no tenía en alta estima a su padre debido a lo mucho que éste pasó tiempo dedicado a su trabajo desde que él era pequeño, lo que siempre lo hizo sentir en segundo plano. Naruto intentó de muchas maneras congraciarse con su hijo, pero éste nunca dio su brazo a torcer y, cuando creció y se convirtió en un chico duro, rencoroso y un poco problemático, fue aún más imposible obtener su simpatía.
Boruto lo prefería lejos de él. Tanto que se había mudado a una ciudad vecina para estudiar en su actual universidad.
El viaje para ir a visitarlo se le hizo largo debido a los muchos pensamientos intrusivos que se agolparon en su cabeza hasta que necesitó medicarse para prevenir una migraña. Comportamiento que provocó preocupación en su esposa, aunque se lo atribuyó otra vez al nerviosismo de reunirse con su hostil hijo.
Ella definitivamente no podía imaginarse lo que pasaba dentro de su cabeza y así debía mantenerse.
Solo que cuando arribó a la dirección que su hijo le envió para verse y bajaron del auto para ser bienvenidos, tuvo que luchar el doble por mantener a raya sus conflictos internos.
Sobre todo, cuando ella se acercó a abrazarlo y saludarlo.
—Uzumaki-sama, me alegra mucho que haya podido venir — aquella joven con la que su hijo llevaba casi un año saliendo le sonrió de oreja a oreja, lo que hizo que las rodillas le temblaran.
—No podía faltar por nada del mundo — respondió con un hilo de voz sin dejar de observar ligeramente afectado a la chica frente a él.
—Sí claro, como si no hubieras cancelado planes como estos antes — Boruto intervino con sarcasmo, aunque tenía una sonrisa en su rostro que demostraba que estaba feliz de que estuviera ahí para él —. Vamos adentro o perderemos la reservación.
Sin esperar respuesta, el universitario rodeó a su madre por los hombros y, entre risas, ambos entraron al restaurante donde cenarían. El otro par de invitados los siguieron a pocos pasos detrás.
—Luce muy elegante con ese traje Uzumaki-sama, sin duda Boruto heredó de usted su galantería — la joven lo alagó inocentemente, aunque para Naruto sus palabras tuvieron el efecto contrario.
Ser considerado atractivo por ella envió a través de él una descarga de excitación y alegría que lo hizo reír radiante.
Un acto tan genuino y simple, pero al mismo tiempo incorrecto, que rápidamente se regañó a sí mismo y volvió a su intento de mantener una respetuosa distancia con ella.
Porque, como si el estarle siendo infiel a su esposa en su mente no fuera lo suficientemente malo, la persona a la que sus más morbosos deseos estaban dirigidos era su nuera, la novia de su amado y único hijo.
Una hermosa, elocuente e inteligente muchacha a la que le doblaba la edad y que lo desarmó con la simpleza de una sonrisa el día que se conocieron.
Una atracción prohibida a la que nunca podría sucumbir y cuya indisponibilidad de cierta forma le consolaba.
Como ella nunca podría ser suya, su vida se mantendría tan recta como prometió a Dios y a sí mismo que sería.
—Sé que es tarde, lo lamento, pero no deben tardar en llegar — la joven se disculpó al tiempo que componía una expresión de aflicción por el retraso de sus padres.
Se suponía que esa noche los suegros de Boruto también asistirían a la cena para conocerlo a él y a sus progenitores.
—No te preocupes, cariño. No nos importa esperarlos — Hinata, tan dulce y comprensiva como siempre, la tranquilizó. Luego su expresión se tornó en abierta sorpresa de manera abrupta cuando vio quienes venían entrando al restaurante —. No puede ser...
—¡Ahí están! ¡Ya era hora!
Fue en ese momento que Naruto levantó la mirada después de haberla mantenido baja desde que llegaron a la mesa y quedó tan anonadado como su esposa.
—¡Sakura! ¡No puedo creerlo! — Hinata se levantó rápidamente y con la más hermosa sonrisa que la había visto esbozar en mucho tiempo abrazó a la recién llegada.
"En efecto, esto es increíble" el Uzumaki mayor pensó observando impresionado a quienes resultaron ser los suegros de Boruto.
Siempre creyó que si volviera a ver a Sasuke y Sakura sería en el momento de su muerte y que estos lo recibirían con las apariencias que habían tenido en antaño, sin embargo, ahora que volvía a tenerlos enfrente, lo mucho que habían cambiado desplazó por completo su confusión por su presencia.
El Uchiha se había convertido en un hombre aún más alto, imponente y distinguido que antes. Su rostro se había endurecido, aunque aún conservaba el semblante amable. Era más fornido que él y exudaba una virilidad más que innegable, seguro que a su edad aún podía capturar las miradas a donde quiera que fuera. Aunque eso último era más bien algo que recaía sobre Sakura.
La pelirrosa no había perdido ni un poco del encanto del que había gozado durante la adolescencia. Aunque ahora era más alta, con más curvas, se había dejado crecer nuevamente el cabello y sus facciones se habían vuelto más finas y elegantes.
Estaba mucho más hermosa de lo que podía recordar y viéndola sonreír a Hinata, feliz por su reencuentro, Naruto se dio cuenta de por qué Sarada había capturado su atención con tanta facilidad desde su primer encuentro.
—Hola, Naruto. Me da mucho gusto volverte a ver.
Porque la manera en que le sonreía y le miraba era la misma que su madre.
—Te ves bien, Naruto.
Y por supuesto, ahora podría ver que los ojos y el cabello negro de la joven se le hacían tan conocidos debido a que eran rasgos heredados de su padre.
—U-ustedes también — respondió en un pequeño hilo de voz, todavía sin poder moverse o levantarse de su asiento.
Algo que a Hinata le disgustó y por ello con una expresión discreta le pidió que se acercara a saludarlos apropiadamente. El rubio mayor no tuvo de otra más que obedecerle y, evitando mirar demasiado a los ojos de Sasuke, le dio un amistoso apretón de manos. Pensaba hacer lo mismo con la pelirrosa, pero ésta fue más rápida y lo envolvió en un prolongado abrazo.
—Tranquilo, no venimos por ti — Sakura susurró en su oído y le besó la mejilla, para luego retirarse y darle una mirada de falsa reprimenda —. Aunque sí te estuvimos probando un poquito y debo decir que estoy orgullosa de ti.
—Entonces... — la cuestionó en un murmullo asustado que solo ella pudo escuchar, aunque ésta en lugar de responderle simplemente pasó de él, componiendo esa encantadora y endemoniada sonrisa que tantos problemas había provocado en el pasado.
Naruto se dio la vuelta y el alma se le cayó a los pies cuando vio a Sakura abrazar a Boruto y como éste quedó deslumbrado inmediatamente por ella.
La forma tan atenta y maravillada en que los ojos azules del chico escanearon a su suegra de arriba a abajo, sin ninguna restricción, especialmente demorándose en sus generosas caderas delineadas por su ajustado vestido rojo, lo hizo entender de inmediato que estaba por repetirse una historia que él conocía demasiado bien.
—Es una pena que el ciclo no haya podido romperse — Sasuke le dijo palmeándole el hombro en un gesto amistoso y lanzando un suspiro —. Pero tranquilo, ahora tenemos ayuda extra para cumplir nuestro trabajo sin tantos problemas de por medio.
Y como si lo hubieran escuchado a pesar de estar inmersas en otra conversación, Sakura y Sarada voltearon a verlo al mismo tiempo con suaves sonrisas en sus rostros.
En vista de las circunstancias, lo que iba a pasar y no podía detener, a él no le quedaba más que rezar con toda su fe y rogar compasión para que su querido hijo superara su prueba, sin tener que pasar por el calvario que él tuvo que experimentar.
Al menos, a pesar de que la intensa testarudez de Boruto podría llevarlo a superar la paciencia de sus agentes, como sucedió con él, también era más fuerte, valiente y determinado, así que seguro lo lograría.
Con mucha suerte, muy pronto su boca podría desbloquearse finalmente y tendría con quien hablar acerca de las poco ortodoxas, pero efectivas, intervenciones de Dios.
FIN
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NOTAS FINALES:
AVEDAAAAAAAAA. Se logró! Antes de que terminara la semana y el año. Queridos lectores, aquí esta otro fic terminado.
No puedo agradecerles lo suficiente por acompañarme en este camino y apoyarme con todos sus bonitos comentarios. En serio mil gracias al grupo de personas que estuvieron aquí sin falta y a los que les debo toda mi motivación para escribir: Espero esta historia les haya gustado, tanto como a mí me gustó escribirla y puedan hacérmelo saber.
Sin más por añadir, nos vemos en la siguiente historia! Bye!
