Crepúsculo es de Stephenie Meyer, la historia de Lily Jill, la traducción es mía con el debido permiso de la autora.

Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Lily Jill, I'm just translating with the permission of the author.

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―No recuerdo la última vez que me desperté con una blanca Navidad ―comenta Alice mientras miramos el último informe meteorológico en la sala de mis padres. Hemos estado viendo el canal del clima todo el día, ya que es el canal favorito de mi papá, y todas las señales están aquí para una tormenta de nieve: cielo gris, temperaturas frías y nubes cargadas de precipitaciones. Tomé el auto de papá y fui a la tienda de comestibles en la mañana y el aire olía a nieve inminente, y la tienda estaba llena de compradores aterrorizados peleándose por pan, leche y huevos. Nunca entenderé por qué esos tres alimentos son el producto más popular durante una tormenta. Quiero decir, ¿no han comido Tortino's Pizza Rolls?

Es el día antes de Nochebuena, o víspera de Nochebuena como lo llama Bella, y mi familia y yo estamos rodeados de resmas de papel de regalo, moños, cinta adhesiva y tijeras. Es la primera vez que empaco cualquier regalo tan temprano y se siente genial poder hacerlo sin estar bajo presión. En realidad, mis regalos ya están envueltos, bien colocados debajo del árbol esperando ser entregados. No me volví loco este año, ya que solo tuve que envolver unas pocas cosas, pero decidí ser un buen chico y ayudar a mis padres y a mi hermana con todos los suyos porque al parecer intercambian regalos con todos en este lado del Ecuador. Mi papá dirige su propia consulta pediátrica y él y mi madre son muy generosos con su personal cada año. Lo sé porque actualmente estoy envolviendo otra botella de vino, lo cual no es difícil pero ha comenzado a volverse monótono después de la sexta botella.

Alice está en el suelo, sentada con las piernas dobladas debajo de ella y un montón de regalos a su derecha, nuestro árbol de Navidad se cierne sobre nosotros con luces blancas y claras y una cinta roja y dorada enrollada intrincadamente alrededor del árbol de dos metros de altura. Está cubierto de adornos de todos los lugares a los que hemos viajado, en su mayoría adornos caseros que Alice y yo hicimos cuando éramos niños. Algunos de los adornos tienen fotografías nuestras en su interior y las fechas escritas en la parte posterior para solidificar su lugar en el tiempo. Algunos de ellos son completamente horribles, como el que hice con macarrones, pero tal vez algún día, cuando tenga mis propios hijos, entienda el significado de todo esto, o eso dicen mis padres.

―Me pregunto qué harán ahora los compradores de última hora con esta tormenta ―comenta mi madre, sacudiendo la cabeza ante el mal tiempo―. Usualmente ese eres tú, Edward. En el centro comercial en Nochebuena.

Me encojo de hombros.

―Normalmente trabajo hasta el último minuto. Honestamente, creo que la última vez que estuve en casa tan temprano para las fiestas fue la última vez que Alice se despertó con una Blanca Navidad.

―Supongo que tienes razón. No es que me esté quejando. Saben que nos encanta tenerlos a ambos aquí ―interviene mi papá, tomándose un descanso del canal del clima para unirse a nuestra conversación.

―Dices eso ahora, pero todavía estaremos aquí por una semana más ―bromea Alice, tomando sus tijeras y deslizándolas hacia el otro lado del papel de regalo desenrollado.

―Después de tenerlos veinte años a ambos en la casa, creo que podemos soportar una semana más ―se ríe mi papá.

Me río y miro a Alice.

―¿Recuerdas esa vez que tratamos de subir las escaleras después del funeral de la abuela y tiramos todas las flores en las escaleras?

―¿Nosotros? ¡Ese fuiste tú!

―¿A dónde se escabulleron ustedes dos después del funeral de la abuela? ―pregunta mamá.

Alice niega con la cabeza.

―A ninguna parte. Edward y yo estábamos completamente despiertos en medio de la noche y bajamos a hurtadillas para comer algunas sobras. Después de comer, lo cual hicimos increíblemente en silencio, estábamos caminando de regreso escaleras arriba y Edward pisó todas las flores del funeral y las tiró todas por las escaleras, incluidos nosotros. ―Cuando termina su historia, ella y yo nos reímos tanto que nos salen lágrimas de los ojos.

Mis padres también se ríen y mamá se sorprende y se lleva las manos al corazón con sorpresa.

―¿Cómo es que nunca supe de eso?

―Tenías muchas cosas en la cabeza, así que todos pensamos que sería algo de lo que nunca volveríamos a hablar. Hasta ahora, aparentemente ―papá recuerda.

Mamá señala a mi papá.

―¿Tú también lo sabías? ¿Y todos estos años me dijiste que Ellie se comió esas flores durante la noche?

Esto provoca aullidos de risa nuevamente, todos pensamos en el perro de nuestra familia que ha estado ausente durante años y que se llevó la peor parte de las flores arruinadas. Mis risas llegan a su fin mientras me limpio los ojos y coloco otra botella de vino en la pila que se considera terminada, mirando alrededor de la habitación para encontrar otro regalo para envolver. Alice debe leer mi mente y lanza otro en mi dirección, el presente aterriza suavemente a mis pies. Lo recojo y lo giro en mis manos antes de agarrar los suministros que necesito.

―¿Para quién es este?

Es una tarjeta de regalo para un resort Bed and Breakfast Spa.

―Charlie y Renee. Es un pequeño y lindo lugar al que han estado yendo durante años.

―¿Tiene fecha límite? ―intento decirlo tan casualmente como puedo, a pesar de que casi estoy rompiendo el sobre por la mitad tratando de verlo por mí mismo.

―No, ¿por qué? ¿Están planeando otra fiesta o algo así?

―Sí, ustedes fueron terribles ocultando lo que sea que solían planear todo el tiempo.

Si quisiéramos hacer una fiesta, podríamos ir a casa de Emmett y pasar un buen rato, eso no es un problema. El problema que tengo es que desde que Bella y yo casi nos besamos en la cocina hace unos días, es como si todas nuestras familias hubieran decidido entrometerse, ocupando todo nuestro tiempo y privacidad. El único día agradable que tuvimos fue para nuestra primera carrera, y fue la última vez que alguno de nosotros vio el sol; la lluvia llenó los días y las noches y, con las temperaturas finalmente bajando, finalmente apareció la nieve en el horizonte. Con el clima desfavorable y nuestros horarios repentinamente tan exigentes, no hemos podido salir a correr durante algunos días. A Bella y a mí nos encanta la temporada navideña y normalmente yo sería el primero en la fila para participar en las celebraciones y tradiciones, pero todo lo que realmente quiero hacer es estar con Bella, decirle cuánto me ha cambiado y al fin tener ese beso que casi empezamos.

No exagero cuando digo que cada segundo de mi tiempo, excepto cuando estoy durmiendo, ha estado acompañado de alguien. Es Emmett, que vino hace unos días, o Alice, o mis padres. Por su parte, su madre siempre es voluntaria en el hospital infantil de Seattle cada Navidad, y este año no es diferente. La única diferencia es que este año, mi mamá, mi hermana y Bella también la acompañamos.

Esto no me sorprende porque todas son mujeres increíbles que se preocupan más por los demás que por sí mismas.

Pero maldita sea, estoy empezando a sentirme ansioso sin ella, ya que me he acostumbrado a que esté siempre cerca durante la casi semana que llevo en casa. Mi teléfono todavía está pegado a mis dedos, eso es un hecho, listo y esperando cualquier pizca de contacto. Cuando estamos juntos, mis ojos nunca la abandonan, mirándola con miedo de perderme algo. Me he acostumbrado a la sensación en mi estómago que tengo cada vez que ella me mira, me envía esa sonrisa que ojalá no le haya dado a nadie más que a mí. Mi respiración se corta en mi garganta, mi corazón comienza a martillar en mi pecho, y tengo que despabilarme para volver a la realidad sin que nadie se dé cuenta de lo que me está pasando.

A nosotros.

Hemos superado el punto de negar nuestra atracción, y por eso estoy agradecido. Es un alivio saber que lo que siento no es en vano, saber que lo que siento es lo que ella también siente. Nuestras conversaciones en los últimos días se han vuelto mucho más profundas que antes y ambos estamos dispuestos a superar esa barrera.

Me habló de la escuela de cocina y de la verdadera razón por la que decidió viajar con sus amigos antes de establecerse en una carrera, y no fue por falta de talento o miedo a la responsabilidad. Al crecer en un pequeño pueblo como hija del jefe de policía y hermana pequeña de Emmett, fue fácil permanecer en las sombras durante tanto tiempo. Su compañera de cuarto en la universidad era exactamente lo opuesto a ella y le mostró una vida que nunca había conocido. Tenía pocas restricciones y disfrutaba de cada parada en el camino. Estaba acostumbrada a hacer lo que quisiera sin preguntas, y ahora vivir en casa comenzaba a restringir sus libertades y las normas que se había conformado.

Los Swan eran grandes personas, no me malinterpreten, y Charlie era realmente genial para ser el jefe de nuestra pequeña, pequeña ciudad. Entendí a Bella completamente, diciéndole que mis padres eran iguales y que no era intencional. Es simplemente lo que hacen los padres. Ellos merodean.

Miro mi teléfono, veo que son poco más de las 9:00 y me pregunto si habrá regresado del centro comercial con Emmett. Él, por supuesto, aún no había comenzado con sus compras y ella accedió a ayudarlo ya que tenía poco tiempo debido a esta tormenta de nieve. Termino de poner la tarjeta de regalo de Charlie y Renee en esta elegante caja de regalo que tiene mi mamá y me levanto de mi lugar en el sofá y me dirijo a la cocina para ver qué tipo de bocadillos puedo encontrar.

Primero escaneo el refrigerador y veo sobras de cenas y almuerzos de los últimos días, ninguna de las cuales realmente me apetece. Cierro la puerta con un suspiro, tentado a abrir el refrigerador nuevamente para ver si encuentro algo, pero no importa cuántas veces lo abra y busque, no aparecerá milagrosamente de la nada. Vuelvo a mirar a mi alrededor y veo el táper rojo y verde lleno de las galletas navideñas que horneamos hace unos días.

Bueno, ya no está lleno porque una vez más Bella tiene razón. Las galletas navideñas se han convertido en el refrigerio preferido en los últimos días, y nuestra provisión se ha reducido peligrosamente. Dijo que se acabarían antes del día de Navidad y no mentía. Abro el táper y saco un ángel, saboreando el dulzor de la galleta de azúcar en mi boca. Saco mi teléfono del bolsillo y le envío un mensaje de texto rápido.

E: Casi se nos acaban las galletas navideñas.

Ella responde un minuto después.

B: ¡Te lo dije!

Me meto otra en la boca y le respondo.

E: Si pudieras venir y hornear un poco más, sería genial.

Su respuesta llega más rápido que la otra y me deja con los hombros caídos en señal de derrota, en completa rendición a esta chica.

B: Si llego ahora no será a hornear unas galletas, eso es seguro.

Gimo en voz alta, mirando mis pantalones para ver la reacción que ella claramente está buscando. Intento llegar arriba a mi habitación antes de que vuelva a cumplir dieciséis años y mis padres me atrapen.

E: ¿Estás intentando matarme?

Envío un mensaje de texto una vez que estoy nuevamente en la seguridad de mi propia habitación, pasándome las manos por el cabello con frustración. Exhalo ruidosamente.

B: ¿No, por qué?

E: ¿Sigues con Emmett?

B: Sí, estamos jugando al juego de envolver regalos de Navidad.

Me dejo caer sobre mis almohadas y le respondo.

E: ¿El qué?

Ella responde rápidamente.

B: Tomas un trago cada vez que pierdes algo, como las tijeras, la cinta adhesiva, los moños, las etiquetas, los bolígrafos, ya sabes.

Me río a carcajadas, muy feliz de no haber jugado a este juego mientras envolvía regalos. Estaría jodido.

E: Guau. Emmett debe estar borracho.

B: Lo está. Pierde algo con cada regalo.

Lo admito.

E: No puedo decir que yo sea mejor.

B: No estoy tan mal, pero este vino es tremendamente bueno.

E: Ah, ¿en serio? ¿Cuántas copas has tomado?

B: Suficientes para pedirte que vengas a hurtadillas esta noche.

Esta chica realmente va a ser mi muerte. Estoy tratando de hacer lo correcto y ser respetuoso, y ella está haciéndome repensar cada decisión que he tomado. Le respondo el mensaje de texto una vez que lo he pensado de nuevo.

E: Eres consciente de todas las armas que tiene tu papá, ¿verdad?

B: Oh por favor. Todos estarán dormidos. Prometo que no haré demasiado ruido.

Mierda. Mierda. MIERDA.

E: Ahora realmente estás tratando de matarme.

B: Bien, vale. Es sólo que te extraño.

Suspiro.

E: Yo también. ¿Asistirás a la cena mañana en la noche?

B: Por supuesto.

Cada año, mis padres organizan una fiesta en Nochebuena. La tormenta de nieve puede afectar la cantidad de invitados que asistan, pero sabiendo cuántas personas la esperan cada año, no me sorprendería que estemos al máximo de capacidad.

E: No puedo esperar.

xxxx

―¿Quién te enseñó a atar una corbata?

Estoy parada en el vestíbulo la noche siguiente cuando Alice aparece a mi lado, su rostro brillando en el espejo que estoy usando para terminar de prepararme para la fiesta. Estoy profundamente concentrado, mi lengua asomando por la comisura de la boca mientras hago los toques finales. Una vez que termino, paso mi mano por la corbata, inspeccionándola para asegurarme que está en su lugar. Estoy satisfecho con mi apariencia y me dirijo a Alice.

―Shelly. Entré una mañana listo para una reunión importante con un cliente y ella le echó un vistazo a mi desarreglada corbata y no me dejó salir de la oficina hasta que pude hacer el nudo sin equivocarme.

Ella se ríe y niega con la cabeza.

―Estoy impresionada, hermano mayor.

Debo admitir que me tomé el tiempo para lucir presentable esta noche. Me tomé el tiempo para afeitarme la barba que estuvo creciendo durante la semana pasada y me aseguré de que mi cabello estuviera lo suficientemente atenuado para que no estuviera en su habitual maraña rebelde cobre. Me aseguré de que mis pantalones de vestir negros estuvieran planchados e impecables, y me puse una corbata roja sobre una camisa negra con botones.

Esta noche es Nochebuena y no hay manera de que pueda dejar que Bella se vaya sin decirle cómo me siento realmente. Necesito decirle que lo que siento va más allá de un beso; que la conexión que tenemos es real y diferente a todo lo que he conocido. Ella necesita saber que me persigue en todo lo que hago y en cada movimiento también. Que ella siempre está en mi mente de alguna manera y que estoy absolutamente loco por ella.

Pensé mucho en ella durante el último día, más de lo que suelo hacer. La nieve cayó anoche y continuó cayendo durante todo el día, y solo comenzó a disminuir durante la última hora aproximadamente. Mientras estaba acostado en mi cama, viendo cómo la nieve convertía el suelo en un paraíso invernal, me di cuenta de lo afortunado que soy.

¿Con qué frecuencia las personas crecen juntas sólo para separarse y no volver a verse nunca más? ¿Con qué frecuencia las personas son simplemente vecinos, personas a las que saludas mientras vas y vienes de tu auto? ¿Personas que ves cuando recibes el correo o cuando limpias la entrada de tu casa?

Yo no. Yo fui uno de los afortunados. Emmett era mi vecino, sí, pero era mi mejor amigo. Él me apoyó desde el primer día y hasta el día de hoy sería el que estaría a mi lado si alguna vez sucediera algo. Crecimos juntos, experimentamos todo lo que la vida trae consigo y juntos superaríamos el siguiente obstáculo, como siempre lo hemos hecho.

Cuando los Swan se mudaron a la casa de al lado, no tuvimos el tipo de vecinos a los que simplemente saludas. En lugar de vecinos, tenemos familia. Y en Navidad, ¿no es eso lo único que importa?

Todo este tiempo estuve pensando en lo difícil que podría ser esto, en las complicaciones que estos sentimientos entre Bella y yo podrían acarrear, pero no me detuve a pensar en lo fácil y perfecto que podría ser.

Todo lo que tendrán nuestras familias será igual, pero ahora habrá más.

Más risas, más amor, más tradiciones. La idea me emociona por completo.

Devuelvo mi atención a Alice.

―Gracias. Te ves bien. ¿Tienes una cita esta noche?

Ella se burla y pone los ojos en blanco.

―¿De verdad crees que llevaría una cita a una fiesta con mamá, papá y los Swan? Él huiría gritando.

Me río y trato de convencerla de lo contrario.

―No son tan malos.

Cruza los brazos sobre el pecho, su sarcasmo es transparente y fuerte.

―Correcto. Entonces, ¿por qué no trajiste a Angela aquí para Navidad? ¿O para Acción de Gracias?

Me quedo inexpresivo por unos momentos antes de conceder.

―Buen punto. Además, rompí con Angela unos días después de regresar a casa por Acción de Gracias.

Ella deja de arreglarse el cabello en el espejo y se gira hacia mí.

―¿En serio? Lo último que supe de ustedes fue que estaban genial y se estaban divirtiendo.

Meto las manos en los bolsillos y me encojo de hombros.

―Eso es lo que era. Diversión.

Alice me mira extrañada.

―¿Y desde cuándo no estás dispuesto a divertirte? ―Ya ha terminado en el espejo y se acerca unos pasos más a mí cuando sus manos vuelan hacia su boca recientemente pintada con lápiz labial―. Dios mío, ¿hay alguien más?

Me estremezco por el volumen de su voz.

―¿Qué? No. Baja la voz. ―Miro a mi alrededor rápidamente, esperando que mi madre no esté cerca escuchando esta conversación.

Alice está bloqueando mi escape y está parada con las manos en las caderas.

―¿Quién es ella? Dime.

Me las arreglo para apretarme detrás de ella, tratando de evitar esta conversación tanto como intenté evitar la conversación sobre sexo que tuve con mis padres cuando era adolescente.

―No hay nada que decir. ¿Por qué estás tan cerca?

Su rostro está a centímetros del mío, sus ojos se mueven de un lado a otro mientras me examina desde una distancia que ha invadido mi burbuja personal.

―Porque siempre has sido un mentiroso horrible, así que quiero que me mires a los ojos y me lo digas. ―Sus ojos se abren y bien podría haber estado iluminando mi cara con una gran luz de interrogatorio.

―¿Por qué te importa tanto? ―desvío, pongo mis manos sobre sus hombros y la llevo suavemente hacia su propio espacio.

Ella se queda en silencio por unos momentos, contemplando qué decir. Sus palabras son suaves cuando vuelve a hablar.

―Porque hay algo diferente en ti. He notado pequeñas cosas aquí y allá, y ahora que lo pienso, puedo ver todas las señales.

―¿Qué señales? ―Paso mis manos arriba abajo por mi cara, cerrando los ojos mientras literalmente puedo escuchar mi paciencia siendo puesta a prueba.

Ella comienza a enumerar con los dedos.

―Siempre estás en tu teléfono. Siempre sonriendo. De hecho, has sido un ser humano bastante decente desde que regresaste.

Sonrío y señalo con el dedo en su dirección.

―No significa necesariamente que esté saliendo con alguien.

Ella pone los ojos en blanco.

―No es necesario que estés saliendo con alguien. Pero definitivamente tienes a una persona.

Ahí se va lo que me queda de paciencia.

―¿Una qué? ¿Por qué siento que tengo que sacar un diccionario cada vez que hablo contigo?

―Lo resolverás. Y yo también. ―Ella retrocede lentamente, señalándose los ojos con dos dedos y luego señalándome a mí, imitando a Robert De Niro en cualquiera de sus películas.

―Bueno —digo sarcásticamente, empujándola a un lado en broma mientras trato de salir de la habitación.

―Oh, mírenlos a los dos. ¡Qué hermosos! ¡Está bien, sonrían para la cámara! ―Antes de que Alice y yo podamos protestar, estamos juntos, mi mamá gritando a la cámara como si estuviera en la toma con nosotros. Me pregunto si eso es algo que hacen las mamás en todas partes: sonreír mientras toman la foto de otra persona.

Alice le quita la cámara de la mano a mamá una vez que está satisfecha con su apariencia.

―Aquí, pongamos el cronómetro y podremos tomar una foto grupal. Todos nosotros.

Miro el reloj plateado en mi muñeca para ver si llegarán otros invitados.

―O podemos esperar cinco minutos y alguien más puede tomar la fotografía.

―No, esto es mejor. ¡Está bien, a las tres!

La imagen resulta genial, los cuatro sonriendo y atrapados en el espíritu. Habría sido una excelente tarjeta de Navidad si mamá no hubiera tomado ya una de nosotros cuatro durante el fin de semana de Acción de Gracias y las hubiera enviado por correo unos días después. De todos modos, es una gran foto y nos tomamos los siguientes minutos enviándola entre nosotros para que todos tengamos una copia antes de que suene el timbre y los invitados comiencen a llegar.

Estoy en medio de una conversación con uno de los colegas de mi papá cuando suena el timbre como una formalidad y la puerta se abre, Emmett hace su entrada a la fiesta. Es recibido con deseos navideños de todos los que lo rodean antes de regresar a sus conversaciones anteriores, dándole a Emmett la oportunidad de abrir la puerta y hacerse a un lado para que el resto de su familia pueda entrar. Sus ojos encuentran los míos cuando Rose entra, y me disculpo de mi conversación para encontrarme con él.

―Feliz Nochebuena, hermano. ―Extiende su mano para estrecharla y yo le devuelvo el gesto con seriedad.

―Tú también, hombre. Déjame tomar tu abrigo ―le digo a Rose antes de que se gire para hacer espacio para Charlie y Renee. Tomo sus abrigos también después de saludarlos, notando que Bella no está por ningún lado. Intento ocultar mi decepción, sin confiar lo suficiente en mi voz como para preguntar dónde está. Los Swan, Emmett y Rose no necesitan ser presentados a nadie más debido a que todos ya se conocen, así que me deslizo hacia la habitación libre a un lado de la sala para colocar sus chaquetas en la cama con todas las demás chaquetas de los asistentes a la fiesta.

Estoy cerrando la puerta de la habitación cuando escucho el timbre nuevamente, y tratando de no tropezar con mis propios pies o empujar a nadie fuera de mi camino, finalmente me dirijo hacia la puerta.

Sin embargo, no lo suficientemente rápido, ya que Alice se me adelanta y patino hasta detenerme, casi chocando contra la pobre señora Clearwater, nuestra otra vecina. Alice abre la puerta y recibo un regalo de Navidad anticipado que hasta hace poco ni siquiera sabía que quería.

Por supuesto, es Bella la que está ahí, y tiene pequeños copos de nieve en su cabello y en su chaqueta, y le está dando a Alice un abrazo que debería darme a mí. Quiero interrumpirlas y empujar a mi hermana hacia afuera, hacia la nieve, pero en lugar de eso, mis pies están plantados en su lugar una vez que Bella se quita el abrigo y se lo entrega a Alice.

Soy un hombre. No sé mucho sobre ropa, vestidos, peinado o maquillaje, pero lo que veo es una de las cosas más hermosas que he visto en mi vida. Lleva un vestido, un vestido negro con mangas de encaje hasta las muñecas y encaje que recubre los bordes del vestido. Cae elegantemente hasta sus muslos, lo suficientemente corto como para permitirme disfrutar de la vista pero lo suficientemente respetable para una agradable cena de Navidad. Su cabello oscuro está rizado con la mitad recogido en un clip y el resto cayendo espesamente en el medio de su espalda. Sus ojos están llenos de humo y sus labios brillan a la luz del pasillo, y fácilmente podría haber pasado la siguiente hora allí parado admirándola desde lejos, pero la voz de Emmett retumba en el pasillo.

―¿A dónde fuiste, Cullen? Te traje una bebida.

Quiero agradecerle por la distracción, pero no lo hago, en lugar de eso tomo el ponche que me ofrece con una risa distraída.

―Lo siento, sólo estaba guardando los abrigos.

―Oye, Alice, te estaba buscando ―dice Emmett, caminando hacia donde Alice y Bella están en la puerta. Bella levanta la vista y me nota parado allí. Ella sonríe lentamente, mirando sus tacones que dejan fantasías fantásticas en mi cabeza.

―Hola, Edward ―saluda. Como hago con todos los demás invitados, me inclino y le doy un suave beso en la mejilla. Intento ocultar mis sentimientos, con la esperanza de que parezca que no es gran cosa saludarla así, pero por dentro, mi ritmo cardíaco aumenta a medida que me alejo de ella.

Emmett no tiene ni idea mientras termina su vaso de ponche de huevo, con la cabeza levantada hacia atrás mientras intenta beber hasta la última gota. Rose acaba de unirse a nosotros así que no fue testigo de nuestro saludo.

Pero cometí un error.

Y sé qué error es ese cuando capto la mirada cómplice de mi hermana mientras está ligeramente detrás de Bella.

Lo sabe.

Y ella sabe que lo sabe porque ella misma lo dijo hace una hora. Soy un mentiroso horrible.

Comienza a reír en silencio y sacudo la cabeza tan sutilmente que ni siquiera sé si me ve, pero sé que lo hace cuando se gira hacia Emmett.

―¿Me estabas buscando? ¿Por qué? ―le responde como si nada hubiera pasado entre nosotros, sin perder el ritmo. Dejo escapar el aliento que ni siquiera me di cuenta que estaba conteniendo. Si Bella es consciente de lo que acababa de pasar entre Alice y yo, no lo demuestra, su atención está en Emmett mientras está a punto de responderle a Alice.

―Acabo de contratar a este tipo en el trabajo. Creo que sería perfecto para ti.

―¿No aprendiste la lección con el último tipo con el que me presentaste? ―Todos nos reímos, recordando al tipo que Emmett envió a Kline's con Alice hace unos años. Estaba tan fuera de su alcance que ni siquiera era gracioso, a pesar de que todos nos reímos mucho de ello.

Él niega con la cabeza.

―No, este tipo, Jasper, es genial. Tiene ese acento sureño y...

―¿Acento? ―interviene Alice, entrelazando su brazo con el de él―. Hablemos mientras tomamos una copa, ¿de acuerdo?

Se ríen mientras ellos dos y Rose desaparecen en la cocina, dejándonos a Bella y a mí solos en el vestíbulo. Ella niega con la cabeza.

―Estaría asustada si fuera Alice. ¿Confiamos en el juicio de Emmett?

―La mayoría de las veces, no. Pero quién sabe, tal vez esto funcione.

―Eres tremendamente optimista.

―Eres hermosa.

Caminamos desde el vestíbulo hasta la sala, donde los invitados acaban de salir para dirigirse al comedor y comenzar a preparar sus platos para la cena. Bella se detiene frente al árbol de Navidad y, por primera vez desde que la conozco, sonríe tímidamente y mira hacia abajo. Sin embargo, no pasa mucho tiempo y pronto me pierdo nuevamente en los charcos de chocolate de sus ojos.

―Gracias ―susurra―. ¿Estás seguro de que no se trata sólo de la magia navideña?

Sacudo la cabeza con fuerza, tomo sus manos y las coloco entre las mías, manteniéndolas en su lugar entre nosotros a la altura de nuestras cinturas.

―No puede ser. Me he sentido así desde que te vi en la Noche de Tarta.

Estoy sosteniendo sus manos entre las mías, mis dedos recorriendo su piel en círculos y patrones al azar. Sus dedos persiguen los míos, y de vez en cuando nuestras manos se encuentran y comenzamos de nuevo los caminos, dejando fuego a su paso. Me alzo sobre ella en altura y ella me mira con una sonrisa juguetona.

―Noche de Tarta es el comienzo de la temporada navideña ―explica, sabiendo muy bien que no es el ajetreo de la temporada navideña lo que nos ha traído a este momento. Estamos parados frente al árbol, las luces proyectan sombras que bailan en su rostro, cristalizando su piel y sus ojos en una imagen de belleza.

Sacudo la cabeza de nuevo, esta vez mis manos dejan las de ella para tomar suavemente su rostro con ambas manos.

―No es la temporada navideña, no es el vino y no es la nieve. Solo eres tú, Bella. ―Mi voz suena ronca y honesta, y sé que me estoy lanzando, pero estoy demasiado en el momento para que me importe. Apoyo mi frente contra la de ella, cierro los ojos y asimilo todo. Su voz, su olor, su tacto―. ¿Lo sientes también?

Ella responde en un susurro, sus brazos suben lentamente para rodear mi cintura.

―¿Cómo no voy a hacerlo? Lo siento cuando me despierto, cuando me voy a dormir. Todo el tiempo.

Aparto mi frente de la de ella, creando una distancia entre nosotros que desprecio de inmediato. La distancia no es por mucho tiempo, y con su rostro todavía entre mis manos y sus brazos alrededor de mi cintura, finalmente terminamos el casi beso de hace unos días. Sus labios son suaves y cálidos, incluso mejor de lo que imaginaba que se sentirían contra los míos. Nos movemos tan lento como las luces parpadeantes del árbol detrás de nosotros, y de alguna manera sé que este es mi último primer beso. No se parece a nada que haya experimentado antes mientras creamos un ritmo cómodo entre nosotros, presiones suaves, tirones lentos y respiraciones temblorosas en el medio.

Se siente como toda una vida cuando finalmente nos separamos y me pregunto si mi sonrisa es tan amplia como la de ella.

―Feliz Nochebuena, Bella. ―Mi respiración sale un poco más agitada de lo que pretendía, lo cual es impactante considerando que puedo correr cinco kilómetros por día sin siquiera resoplar. Sin estar listo para terminar este momento entre nosotros, la atraigo hacia mí y presiono tres besos cortos contra sus labios nuevamente antes de separarnos.

―Feliz Nochebuena, Edward.

xxxx

―Creo que es el último ―indica mamá mientras carga el último plato en el lavavajillas. La fiesta terminó hace una hora y rápidamente intentamos limpiar los restos del buen momento, al menos hasta el punto de poder disfrutar de la mañana de Navidad sin desorden a nuestro alrededor. Mis pies me están matando, estoy más que cansado, pero no importa. Supongo que así es como se siente la nube nueve, cuando toda tu vida puede ser un caos a tu alrededor pero eres completamente ajeno a ello porque lo único en lo que puedes pensar y lo único que importa es la persona que te puso en la nube nueve.

Mis labios todavía hormiguean por el beso de Bella unas horas atrás, y sacudo la cabeza avergonzado de haber pasado treinta años sin haber besado a Bella antes de esta noche. Me estaba privando seriamente de algo tan grandioso que una pequeña parte de mí siente lástima por todos los demás hombres del mundo que nunca llegarán a experimentarlo.

Una parte muy, muy pequeña de mí porque ningún hombre volverá a tener la oportunidad.

Les doy las buenas noches a mis padres y a mi hermana, y todos desaparecemos bostezando y arrastrando los pies. Estoy dos pasos dentro de mi habitación cuando mi teléfono suena y en el segundo siguiente, prácticamente estoy corriendo hacia la puerta principal después de leer el mensaje de texto en mi teléfono.

Abro la puerta rápidamente y apenas la veo antes de que tenga mi corbata en sus manos. Me atrae hacia ella con brusquedad, capturando mis labios con los suyos y de repente la tengo en mis brazos, nuestras bocas se encuentran en un fuego frenético. Nuestros labios se abren y siento su lengua bailar con la mía, mi brazo presionándola contra mí mientras trato de alguna manera cerrar la puerta detrás de nosotros en silencio. Una vez que la puerta está cerrada, la apoyo contra ella, mi boca deja la de ella por primera vez para bajar por su mandíbula y detrás de su oreja. Siento sus manos deslizarse arriba abajo por mi espalda antes de posarse en mi cabello y acercar mis labios a los de ella, nuestra respiración se vuelve más pesada a medida que nos perdemos el uno en el otro.

―Tenía. Que. Verte ―murmura entre besos.

Creo que asiento, sé que deslizo mis dedos debajo de su camiseta para encontrarme con la suave y sedosa piel de su espalda. Me alejo y los dos respiramos como si acabáramos de correr.

Presiono mi frente contra la de ella mientras intentamos regresar a la Tierra. Bajo la luz de la luna y la suave nieve que cae sobre el suelo detrás de nosotros, la beso de nuevo, esta vez suavemente antes de alejarme para mirarla.

―Nunca te dejaré ir.